Las contradicciones en el seno del pueblo

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Nues­tro tema gene­ral es el pro­ble­ma del tra­ta­mien­to correc­to de las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. Para faci­li­tar su expo­si­ción, este tema se divi­de en doce par­tes. Aquí se exa­mi­na tam­bién el pro­ble­ma de las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go, pero la aten­ción se cen­tra prin­ci­pal­men­te en el examen de las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo.

Dos tipos de contradicciones de diferente carácter

En la actua­li­dad, nues­tro país está más uni­do que nun­ca. Las vic­to­rias de la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa y de la revo­lu­ción socia­lis­ta, así como los éxi­tos de la edi­fi­ca­ción del socia­lis­mo, han cam­bia­do rápi­da­men­te la fiso­no­mía de la vie­ja Chi­na. Ante nues­tra patria se abre un futu­ro más radian­te aún. Per­te­ne­cen para siem­pre al pasa­do los días de divi­sión y caos en el país, tan odia­dos por el pue­blo. Bajo la direc­ción de la cla­se obre­ra y del Par­ti­do Comu­nis­ta, los 600 millo­nes de seres de nues­tro pue­blo, uni­dos en apre­ta­do haz, están rea­li­zan­do la gran obra de la cons­truc­ción socia­lis­ta. La uni­fi­ca­ción de nues­tro país, la uni­dad de nues­tro pue­blo y la uni­dad de nues­tras diver­sas nacio­na­li­da­des cons­ti­tu­yen las garan­tías fun­da­men­ta­les que ase­gu­ran la vic­to­ria de nues­tra cau­sa. Pero esto no sig­ni­fi­ca que en nues­tra socie­dad ya no exis­ta con­tra­dic­ción algu­na. La idea de que no hay con­tra­dic­cio­nes es una inge­nui­dad que no corres­pon­de a la reali­dad obje­ti­va. Ante noso­tros exis­ten dos tipos de con­tra­dic­cio­nes socia­les: con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go y con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. Estos dos tipos de con­tra­dic­cio­nes son de natu­ra­le­za com­ple­ta­men­te dife­ren­te.

A fin de com­pren­der correc­ta­men­te estos dos tipos dife­ren­tes de con­tra­dic­cio­nes —con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go y con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo— es nece­sa­rio ante todo saber con cla­ri­dad lo que es el «pue­blo» y lo que es el «enemi­go». El con­cep­to de «pue­blo» tie­ne dife­ren­te con­te­ni­do en los diver­sos paí­ses y en los dis­tin­tos perio­dos de la his­to­ria de cada país. Tome­mos, por ejem­plo, la situa­ción en Chi­na. Duran­te la Gue­rra de Resis­ten­cia con­tra el Japón, el pue­blo lo inte­gra­ban todas las cla­ses, capas y gru­pos socia­les que se opo­nían a la agre­sión japo­ne­sa, mien­tras que los impe­ria­lis­tas nipo­nes, los chi­nos cola­bo­ra­cio­nis­tas y los ele­men­tos pro-japo­ne­ses eran todos enemi­gos del pue­blo. En el perio­do de la Gue­rra de Libe­ra­ción, los enemi­gos del pue­blo fue­ron los impe­ria­lis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos y sus laca­yos —la bur­gue­sía buro­crá­ti­ca y la cla­se terra­te­nien­te, así como los reac­cio­na­rios del Kuo­min­tang que repre­sen­ta­ban a estas cla­ses — ; el pue­blo lo cons­ti­tuían todas las cla­ses, capas y gru­pos socia­les que lucha­ban con­tra estos enemi­gos. En la eta­pa actual, el perio­do de edi­fi­ca­ción del socia­lis­mo, inte­gran el pue­blo todas las cla­ses, capas y gru­pos socia­les que aprue­ban y apo­yan la cau­sa de la cons­truc­ción socia­lis­ta y par­ti­ci­pan en ella; son enemi­gos del pue­blo todas las fuer­zas y gru­pos socia­les que opo­nen resis­ten­cia a la revo­lu­ción socia­lis­ta y se mues­tran hos­ti­les a la edi­fi­ca­ción socia­lis­ta o la sabo­tean.

Las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go son con­tra­dic­cio­nes anta­gó­ni­cas. En el seno del pue­blo, las con­tra­dic­cio­nes entre las masas tra­ba­ja­do­ras no son anta­gó­ni­cas, mien­tras que las con­tra­dic­cio­nes entre la cla­se explo­ta­da y la explo­ta­do­ra, ade­más del anta­gó­ni­co, tie­nen un aspec­to no anta­gó­ni­co. Las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo no datan de hoy, pero cam­bian de con­te­ni­do en cada perio­do de la revo­lu­ción y en el de la cons­truc­ción socia­lis­ta. En las con­di­cio­nes actua­les de Chi­na, las que lla­ma­mos con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo inclu­yen las siguien­tes: con­tra­dic­cio­nes den­tro de la cla­se obre­ra; con­tra­dic­cio­nes den­tro del cam­pe­si­na­do; con­tra­dic­cio­nes den­tro de la inte­lec­tua­li­dad; con­tra­dic­cio­nes entre la cla­se obre­ra y el cam­pe­si­na­do; con­tra­dic­cio­nes entre los obre­ros y los cam­pe­si­nos, por una par­te, y los inte­lec­tua­les, por otra; con­tra­dic­cio­nes entre la cla­se obre­ra y el res­to del pue­blo tra­ba­ja­dor, por una par­te, y la bur­gue­sía nacio­nal, por otra; con­tra­dic­cio­nes den­tro de la bur­gue­sía nacio­nal; etc. Nues­tro Gobierno Popu­lar es un gobierno que repre­sen­ta real­men­te los intere­ses del pue­blo, un gobierno que sir­ve al pue­blo; sin embar­go, entre él y las masas popu­la­res tam­bién exis­ten cier­tas con­tra­dic­cio­nes. Éstas com­pren­den las con­tra­dic­cio­nes entre los intere­ses esta­ta­les, los intere­ses colec­ti­vos y los intere­ses indi­vi­dua­les; entre la demo­cra­cia y el cen­tra­lis­mo; entre diri­gen­tes y diri­gi­dos; y entre el esti­lo buro­crá­ti­co de pro­ce­der de algu­nos tra­ba­ja­do­res esta­ta­les y las masas. Todas estas con­tra­dic­cio­nes tam­bién son con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. Hablan­do en gene­ral, las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo son las que exis­ten sobre la base de la iden­ti­dad fun­da­men­tal de los intere­ses de éste.

En nues­tro país, la con­tra­dic­ción entre la cla­se obre­ra y la bur­gue­sía nacio­nal per­te­ne­ce a la cate­go­ría de las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. La lucha de cla­ses entre la cla­se obre­ra y la bur­gue­sía nacio­nal está inclui­da, en gene­ral, en la lucha de cla­ses den­tro del pue­blo, por­que la bur­gue­sía nacio­nal chi­na tie­ne un doble carác­ter. En el perio­do de la revo­lu­ción demo­crá­ti­co-bur­gue­sa, la bur­gue­sía nacio­nal poseía en su carác­ter tan­to el aspec­to revo­lu­cio­na­rio como el con­ci­lia­dor. En el perio­do de la revo­lu­ción socia­lis­ta, por una par­te explo­ta a la cla­se obre­ra en bus­ca de ganan­cias y, por otra par­te, apo­ya la Cons­ti­tu­ción y se mues­tra dis­pues­ta a acep­tar la trans­for­ma­ción socia­lis­ta. La bur­gue­sía nacio­nal se dife­ren­cia del impe­ria­lis­mo, de la cla­se terra­te­nien­te y de la bur­gue­sía buro­crá­ti­ca. La con­tra­dic­ción entre la cla­se obre­ra y la bur­gue­sía nacio­nal es una con­tra­dic­ción entre explo­ta­dos y explo­ta­do­res, anta­gó­ni­ca de por sí. Sin embar­go, en las con­di­cio­nes con­cre­tas de Chi­na, si esta con­tra­dic­ción anta­gó­ni­ca se tra­ta debi­da­men­te, pue­de trans­for­mar­se en no anta­gó­ni­ca y resol­ver­se por medio pací­fi­co. Si no la tra­ta­mos como es debi­do y no segui­mos la polí­ti­ca de unir­nos con la bur­gue­sía nacio­nal, cri­ti­car­la y edu­car­la, o si la bur­gue­sía nacio­nal no acep­ta esta polí­ti­ca nues­tra, enton­ces esa con­tra­dic­ción se con­ver­ti­rá en con­tra­dic­ción entre noso­tros y el enemi­go.

Las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go y las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo, por ser de dife­ren­te natu­ra­le­za, requie­ren méto­dos dis­tin­tos para resol­ver­las. En pocas pala­bras, en las pri­me­ras es cues­tión de tra­zar una cla­ra dis­tin­ción entre noso­tros y el enemi­go, mien­tras que en las segun­das se tra­ta de una cues­tión de esta­ble­cer una dis­tin­ción pre­ci­sa entre lo correc­to y lo erró­neo. Cla­ro que dis­tin­guir entre noso­tros y el enemi­go es tam­bién un pro­ble­ma que ata­ñe a lo correc­to y lo erró­neo. Por ejem­plo, la cues­tión de quién tie­ne la razón: noso­tros o los reac­cio­na­rios inte­rio­res y exte­rio­res —el impe­ria­lis­mo, el feu­da­lis­mo y el capi­ta­lis­mo buro­crá­ti­co — , es asi­mis­mo una cues­tión rela­cio­na­da con lo correc­to y lo erró­neo, pero, por su natu­ra­le­za, per­te­ne­ce a otro tipo de pro­ble­mas dis­tin­to de los de lo correc­to y lo erró­neo exis­ten­tes en el seno del pue­blo.

Nues­tro Esta­do es un Esta­do de dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar, diri­gi­do por la cla­se obre­ra y basa­do en la alian­za obre­ro-cam­pe­si­na. ¿Cuá­les son las fun­cio­nes de esta dic­ta­du­ra? Su pri­me­ra fun­ción es repri­mir den­tro del país a las cla­ses y ele­men­tos reac­cio­na­rios y a los explo­ta­do­res que opo­nen resis­ten­cia a la revo­lu­ción socia­lis­ta, repri­mir a los que sabo­tean la edi­fi­ca­ción socia­lis­ta, es decir, resol­ver las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go den­tro del país. En esta esfe­ra de nues­tra dic­ta­du­ra están inclui­das, por ejem­plo, la deten­ción y la con­de­na a cier­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios y, duran­te un deter­mi­na­do tiem­po, la pri­va­ción de dere­chos elec­to­ra­les y liber­tad de pala­bra a los terra­te­nien­tes y los ele­men­tos de la bur­gue­sía buro­crá­ti­ca. Para man­te­ner el orden social y defen­der los intere­ses de las gran­des masas popu­la­res, es igual­men­te nece­sa­rio ejer­cer la dic­ta­du­ra sobre los ladro­nes, esta­fa­do­res, ase­si­nos, incen­dia­rios, las ban­das de mal­he­cho­res y los diver­sos ele­men­tos per­ni­cio­sos que vio­lan seria­men­te el orden social. La dic­ta­du­ra tie­ne ade­más otra fun­ción: defen­der nues­tro país con­tra las acti­vi­da­des sub­ver­si­vas y la posi­ble agre­sión de los enemi­gos exte­rio­res. Cuan­do sur­ge tal situa­ción, la dic­ta­du­ra tie­ne a su car­go la tarea de resol­ver las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go del exte­rior. El obje­ti­vo de la dic­ta­du­ra con­sis­te en pro­te­ger a todo el pue­blo para que pue­da tra­ba­jar en paz y trans­for­mar a Chi­na, median­te la cons­truc­ción, en un país socia­lis­ta con una indus­tria, una agri­cul­tu­ra, una cien­cia y una cul­tu­ra moder­nas. ¿Quié­nes ejer­cen la dic­ta­du­ra? Natu­ral­men­te, la cla­se obre­ra y el pue­blo ente­ro diri­gi­do por ésta. La dic­ta­du­ra no se apli­ca den­tro del pue­blo. El pue­blo no pue­de ejer­cer la dic­ta­du­ra sobre sí mis­mo, ni una par­te del pue­blo pue­de opri­mir a otra. Los que, en el seno del pue­blo, vio­lan las leyes, tam­bién deben ser cas­ti­ga­dos con arre­glo a la ley, pero entre esto y la dic­ta­du­ra que repri­me a los enemi­gos del pue­blo exis­te una dife­ren­cia de prin­ci­pios. Den­tro del pue­blo se prac­ti­ca el cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co. Nues­tra Cons­ti­tu­ción esti­pu­la que los ciu­da­da­nos de la Repú­bli­ca Popu­lar Chi­na tie­nen liber­tad de pala­bra, de pren­sa, de reunión, de aso­cia­ción, de des­fi­le, de mani­fes­ta­ción, de cre­do, etc. En nues­tra Cons­ti­tu­ción se esti­pu­la tam­bién que los orga­nis­mos del Esta­do prac­ti­can el cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co, que debe apo­yar­se en las masas popu­la­res y que su per­so­nal debe ser­vir al pue­blo. Nues­tra demo­cra­cia socia­lis­ta es la demo­cra­cia más amplia, una demo­cra­cia que no pue­de exis­tir en nin­gún país bur­gués. Nues­tra dic­ta­du­ra se lla­ma dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar diri­gi­da por la cla­se obre­ra y basa­da en la alian­za obre­ro-cam­pe­si­na. Esto sig­ni­fi­ca que den­tro del pue­blo se ejer­ce la demo­cra­cia, mien­tras que la cla­se obre­ra, en unión con todos los que gozan de dere­chos cívi­cos, el cam­pe­si­na­do en pri­mer lugar, ejer­ce la dic­ta­du­ra sobre las cla­ses y ele­men­tos reac­cio­na­rios y los ele­men­tos que se opo­nen a la trans­for­ma­ción y cons­truc­ción socia­lis­ta. En el sen­ti­do polí­ti­co, por dere­chos cívi­cos se entien­den los dere­chos a la liber­tad y a la demo­cra­cia.

Sin embar­go, esta liber­tad es una liber­tad diri­gi­da y esta demo­cra­cia es una demo­cra­cia bajo la guía del cen­tra­lis­mo; no es la anar­quía. La anar­quía no res­pon­de a los intere­ses y deseos del pue­blo.

Los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría ale­gra­ron a algu­nas gen­tes en nues­tro país. Abri­ga­ban espe­ran­zas de que en Chi­na tam­bién se pro­du­ci­rían suce­sos seme­jan­tes y que miles y miles de per­so­nas se echa­rían a la calle para pro­nun­ciar­se con­tra el Gobierno Popu­lar. Estas espe­ran­zas están en pug­na con los intere­ses de las masas popu­la­res y no pue­den obte­ner su apo­yo. En Hun­gría, una par­te de las masas fue enga­ña­da por las fuer­zas con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias inte­rio­res y exte­rio­res y come­tió el error de recu­rrir a la vio­len­cia con­tra el Gobierno Popu­lar, a con­se­cuen­cia de lo cual sufrie­ron pér­di­das tan­to el Esta­do como el pue­blo. Será nece­sa­rio un lar­go tiem­po para repa­rar los daños oca­sio­na­dos a la eco­no­mía en unas pocas sema­nas de motín. Hay en Chi­na otras gen­tes que ante el pro­ble­ma de Hun­gría toma­ron una acti­tud vaci­lan­te por­que igno­ra­ban la situa­ción con­cre­ta del mun­do. Creen que bajo nues­tro sis­te­ma demo­crá­ti­co popu­lar hay dema­sia­da poca liber­tad, mien­tras que bajo el sis­te­ma demo­crá­ti­co par­la­men­ta­rio de Occi­den­te hay mucha más. Piden que se implan­te, a la mane­ra occi­den­tal, el sis­te­ma de dos par­ti­dos, según el cual un par­ti­do está en el poder y el otro fue­ra de él. No obs­tan­te, este lla­ma­do sis­te­ma de dos par­ti­dos es sola­men­te un medio de man­te­ner la dic­ta­du­ra bur­gue­sa, y en nin­gún caso pue­de ase­gu­rar al pue­blo tra­ba­ja­dor el dere­cho a la liber­tad. En reali­dad, en el mun­do sólo hay liber­tad y demo­cra­cia con­cre­tas, y no exis­ten liber­tad ni demo­cra­cia abs­trac­tas. En una socie­dad don­de exis­te lucha de cla­ses, si hay liber­tad para que las cla­ses explo­ta­do­ras explo­ten al pue­blo tra­ba­ja­dor, no hay liber­tad para que éste no sea explo­ta­do; si hay demo­cra­cia para la bur­gue­sía, no la hay para el pro­le­ta­ria­do y el res­to del pue­blo tra­ba­ja­dor. En algu­nos paí­ses capi­ta­lis­tas tam­bién se per­mi­te la exis­ten­cia legal de los par­ti­dos comu­nis­tas, pero úni­ca­men­te en la medi­da en que esto no pone en peli­gro los intere­ses fun­da­men­ta­les de la bur­gue­sía; no está per­mi­ti­da más allá de ese lími­te. Los que piden liber­tad y demo­cra­cia en abs­trac­to creen que la demo­cra­cia es un fin y no un medio. A veces la demo­cra­cia pare­ce un fin, pero en reali­dad es sólo un medio. El mar­xis­mo nos ense­ña que la demo­cra­cia for­ma par­te de la super­es­truc­tu­ra y per­te­ne­ce a la cate­go­ría de la polí­ti­ca. Esto sig­ni­fi­ca que, en fin de cuen­tas, la demo­cra­cia sir­ve a la base eco­nó­mi­ca. Lo mis­mo ocu­rre con la liber­tad. Tan­to la demo­cra­cia como la liber­tad son rela­ti­vas y no abso­lu­tas, han sur­gi­do y se desa­rro­llan en el cur­so de la his­to­ria. En el seno del pue­blo, la demo­cra­cia es corre­la­ti­va con el cen­tra­lis­mo y la liber­tad con la dis­ci­pli­na. Son dos aspec­tos opues­tos de un todo úni­co, con­tra­dic­to­rios y a la vez uni­dos. No debe­mos recal­car uni­la­te­ral­men­te uno de ellos negan­do el otro. En el seno del pue­blo, no se pue­de pres­cin­dir de la liber­tad, tam­po­co se pue­de excluir la dis­ci­pli­na; no se pue­de pres­cin­dir de la demo­cra­cia, tam­po­co se pue­de excluir el cen­tra­lis­mo. Tal uni­dad de demo­cra­cia y cen­tra­lis­mo, de liber­tad y dis­ci­pli­na, cons­ti­tu­yen nues­tro cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co. Bajo este sis­te­ma, el pue­blo dis­fru­ta de una demo­cra­cia y una liber­tad amplias, pero al mis­mo tiem­po debe man­te­ner­se den­tro de los lími­tes de la dis­ci­pli­na socia­lis­ta. Esta ver­dad la com­pren­den bien las gran­des masas popu­la­res.

Al abo­gar por la liber­tad diri­gi­da y por la demo­cra­cia bajo la guía del cen­tra­lis­mo, no que­re­mos decir en modo alguno que, en el seno del pue­blo, deban resol­ver­se emplean­do medi­das coac­ti­vas las cues­tio­nes ideo­ló­gi­cas y los pro­ble­mas rela­ti­vos a la dis­tin­ción entre lo correc­to y la erró­neo. Los inten­tos de solu­cio­nar los pro­ble­mas ideo­ló­gi­cos y el pro­ble­ma de lo correc­to y lo erró­neo por medio de órde­nes admi­nis­tra­ti­vas y con méto­dos coac­ti­vos no sólo son inefi­ca­ces sino tam­bién per­ju­di­cia­les. No pode­mos abo­lir la reli­gión por medio de órde­nes admi­nis­tra­ti­vas, ni obli­gar a la gen­te a no creer en ella. No se pue­de for­zar a la gen­te a que aban­do­ne el idea­lis­mo, tam­po­co pode­mos com­pe­ler­la a creer en el mar­xis­mo. Todos los pro­ble­mas de carác­ter ideo­ló­gi­co, todas las cues­tio­nes de con­tro­ver­sia den­tro del pue­blo, pue­den zan­jar­se úni­ca­men­te por el méto­do demo­crá­ti­co, por medio de la dis­cu­sión, la crí­ti­ca, la per­sua­sión y la edu­ca­ción, y no por méto­dos coac­ti­vos o repre­si­vos. A fin de poder dedi­car­se fruc­tí­fe­ra­men­te a la pro­duc­ción y al estu­dio y vivir en un ambien­te de orden, el pue­blo quie­re que su gobierno y los diri­gen­tes de la pro­duc­ción y de los orga­nis­mo cul­tu­ra­les y edu­ca­ti­vos dic­ten apro­pia­das dis­po­si­cio­nes admi­nis­tra­ti­vas de carác­ter obli­ga­to­rio. Es de sen­ti­do común que sin estas dis­po­si­cio­nes admi­nis­tra­ti­vas resul­ta impo­si­ble man­te­ner el orden social. Las órde­nes admi­nis­tra­ti­vas y el méto­do de per­sua­sión y edu­ca­ción, emplea­do para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo, son dos aspec­tos que se com­ple­men­tan mutua­men­te. Las órde­nes admi­nis­tra­ti­vas dic­ta­das con el fin de man­te­ner el orden social deben ir acom­pa­ña­das de la per­sua­sión y de la labor edu­ca­ti­va, ya que, en muchos casos, no darán resul­ta­do por sí solas.

En 1942 con­cre­ta­mos este méto­do demo­crá­ti­co de resol­ver las con­tra­dic­cio­nes den­tro del pue­blo en la fór­mu­la «uni­dad — crí­ti­ca — uni­dad». Expre­sa­do en for­ma deta­lla­da, sig­ni­fi­ca par­tir del deseo de uni­dad, resol­ver las con­tra­dic­cio­nes a tra­vés de la crí­ti­ca o lucha y alcan­zar así una nue­va uni­dad sobre una nue­va base. Según nues­tra expe­rien­cia, éste es el méto­do correc­to para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. En 1942 emplea­mos este méto­do correc­to para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes den­tro del Par­ti­do Comu­nis­ta, o sea, las con­tra­dic­cio­nes entre los dog­má­ti­cos y la gran masa de mili­tan­tes del Par­ti­do, entre las ideas del dog­ma­tis­mo y las del mar­xis­mo. En el pasa­do, los dog­má­ti­cos «izquier­dis­tas» emplea­ban en la lucha inter­na del Par­ti­do el méto­do de «lucha des­pia­da­da y gol­pes impla­ca­bles». Este méto­do era erró­neo. Cuan­do cri­ti­ca­mos el dog­ma­tis­mo de «izquier­da», no apli­ca­mos este vie­jo méto­do, sino uno nue­vo, que con­sis­te en par­tir del deseo de uni­dad, dis­tin­guir entre lo correc­to y lo erró­neo a tra­vés de la crí­ti­ca y lucha y alcan­zar una nue­va uni­dad sobre una nue­va base. Este méto­do se empleó en la cam­pa­ña de rec­ti­fi­ca­ción en 1942. Unos años des­pués, en 1945, cuan­do el Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na cele­bró su VII Con­gre­so Nacio­nal, se logró en efec­to la uni­dad de todo el Par­ti­do y, como con­se­cuen­cia de ello, se alcan­zó la gran vic­to­ria de la revo­lu­ción popu­lar. En esto es nece­sa­rio ante todo par­tir del deseo de uni­dad. Si sub­je­ti­va­men­te no exis­te este deseo, es inevi­ta­ble que la lucha con­duz­ca a una con­fu­sión difí­cil de con­tro­lar. ¿Aca­so no equi­val­dría esto a la «lucha des­pia­da­da y gol­pes impla­ca­bles»? ¿Y de qué uni­dad del Par­ti­do podría hablar­se? Fun­dán­do­nos en esta expe­rien­cia, dedu­ji­mos la fór­mu­la: «uni­dad —crí­ti­ca— uni­dad». O sea, dicho en otros tér­mi­nos, «sacar lec­cio­nes de los erro­res pasa­dos para evi­tar­los en el futu­ro; tra­tar la enfer­me­dad para sal­var al pacien­te». Exten­di­mos este méto­do fue­ra del Par­ti­do. Lo apli­ca­mos con gran­des éxi­tos en todas las bases anti­ja­po­ne­sas al tra­tar las rela­cio­nes entre la direc­ción y las masas, entre el ejér­ci­to y el pue­blo, entre los ofi­cia­les y los sol­da­dos, entre las diver­sas uni­da­des del ejér­ci­to, y entre los dis­tin­tos gru­pos de cua­dros. El uso de este méto­do pue­de remon­tar­se a tiem­pos aún ante­rio­res en la his­to­ria de nues­tro Par­ti­do. Des­de que crea­mos en 1927 nues­tras fuer­zas arma­das y bases revo­lu­cio­na­rias en el sur, se ha apli­ca­do este méto­do para tra­tar las rela­cio­nes entre el Par­ti­do y las masas, entre el ejér­ci­to y el pue­blo, entre los ofi­cia­les y los sol­da­dos, así como otras rela­cio­nes en el seno del pue­blo. La úni­ca dife­ren­cia resi­de en que, duran­te la gue­rra anti­ja­po­ne­sa, este méto­do se emplea­ba de una mane­ra mucho más cons­cien­te. Des­pués de la libe­ra­ción de todo el país, hemos emplea­do el mis­mo méto­do de «uni­dad —crí­ti­ca— uni­dad» en nues­tras rela­cio­nes con los par­ti­dos demo­crá­ti­cos y con los círcu­los de indus­tria­les y comer­cian­tes. Nues­tra tarea actual con­sis­te en seguir difun­dien­do y apli­can­do toda­vía mejor este méto­do entre todo el pue­blo; exi­gi­mos que todas las fábri­cas, coope­ra­ti­vas, esta­ble­ci­mien­tos comer­cia­les, cen­tros docen­tes, orga­nis­mos del Esta­do y orga­ni­za­cio­nes popu­la­res, en una pala­bra, los seis­cien­tos millo­nes de seres de nues­tro pue­blo, usen este méto­do para resol­ver sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas.

En cir­cuns­tan­cias habi­tua­les, las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo no son anta­gó­ni­cas. Sin embar­go, si no se tra­tan como es debi­do o si se pier­de el sen­ti­do de la vigi­lan­cia y se incu­rre en negli­gen­cias, pue­de sur­gir el anta­go­nis­mo. En un país socia­lis­ta, tal esta­do de cosas sue­le ser un fenó­meno par­cial y pasa­je­ro. Esto se expli­ca por­que se ha abo­li­do allí el sis­te­ma de explo­ta­ción del hom­bre por el hom­bre y los intere­ses del pue­blo son idén­ti­cos en lo fun­da­men­tal. Las accio­nes anta­gó­ni­cas que tuvie­ron lugar en una esca­la bas­tan­te gran­de duran­te los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría se debie­ron a la inter­ven­ción de los fac­to­res con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios inte­rio­res y exte­rio­res. Este fue un fenó­meno par­ti­cu­lar y tem­po­ral. Fue un caso en que los reac­cio­na­rios den­tro de un país socia­lis­ta, en colu­sión con los impe­ria­lis­tas, apro­ve­cha­ban las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo para sem­brar dis­cor­dias y pro­vo­car des­ór­de­nes e inten­ta­ban hacer reali­dad sus intri­gas. Esta ense­ñan­za de los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría mere­ce la aten­ción de todos.

A muchos les pare­ce que el empleo de méto­dos demo­crá­ti­cos para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo es una cues­tión nue­va. Mas, en reali­dad, no es así. Los mar­xis­tas siem­pre han con­si­de­ra­do que la cau­sa del pro­le­ta­ria­do debe apo­yar­se en las masas popu­la­res, y que los comu­nis­tas, al tra­ba­jar entre el pue­blo tra­ba­ja­dor, deben emplear el méto­do demo­crá­ti­co de per­sua­sión y edu­ca­ción, sin recu­rrir en nin­gún caso a acti­tu­des auto­ri­ta­rias y medi­das coac­ti­vas. El Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na se atie­ne fiel­men­te a este prin­ci­pio mar­xis­ta-leni­nis­ta. Noso­tros hemos sos­te­ni­do siem­pre que, bajo la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar, deben usar­se dos méto­dos dife­ren­tes —la dic­ta­du­ra y la demo­cra­cia— para resol­ver dos tipos de con­tra­dic­cio­nes dis­tin­tos por su carác­ter: las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go, y las exis­ten­tes en el seno del pue­blo. De ello se ha habla­do mucho en nume­ro­sos docu­men­tos ante­rio­res de nues­tro Par­ti­do y en los dis­cur­sos de muchos de sus res­pon­sa­bles. En Sobre la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar, que escri­bí en 1949, decía que «la com­bi­na­ción de estos dos aspec­tos, demo­cra­cia para el pue­blo y dic­ta­du­ra para los reac­cio­na­rios, cons­ti­tu­ye la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar», y que, para resol­ver los pro­ble­mas en el seno del pue­blo, «el méto­do que emplea­mos al res­pec­to es demo­crá­ti­co, o sea, un méto­do de per­sua­sión, y no de coac­ción». Cuan­do inter­vi­ne en la II Sesión del Con­se­jo Con­sul­ti­vo Polí­ti­co del Pue­blo Chino, cele­bra­da en junio de 1950, dije tam­bién: «La dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar emplea dos méto­dos. Con los enemi­gos se uti­li­za el méto­do dic­ta­to­rial, es decir, duran­te un perio­do nece­sa­rio no se les per­mi­te par­ti­ci­par en acti­vi­da­des polí­ti­cas y se les obli­ga a some­ter­se a la ley del Gobierno Popu­lar, a hacer tra­ba­jo físi­co y a trans­for­ma­se en hom­bres nue­vos median­te dicho tra­ba­jo. Por el con­tra­rio, con el pue­blo no se emplea la coac­ción, sino méto­dos demo­crá­ti­cos, esto es, hay que ofre­cer­le la posi­bi­li­dad de par­ti­ci­par en acti­vi­da­des polí­ti­cas y, en vez de obli­gar­le a hacer esto o aque­llo, usar los méto­dos demo­crá­ti­cos para edu­car­lo y per­sua­dir­lo. Esta edu­ca­ción es la auto­edu­ca­ción en el seno del pue­blo, y la crí­ti­ca y la auto­crí­ti­ca son el méto­do fun­da­men­tal de auto­edu­ca­ción». Ya hemos habla­do muchas veces en el pasa­do del empleo de méto­dos demo­crá­ti­cos para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo, y así hemos obra­do en lo fun­da­men­tal en nues­tro tra­ba­jo; muchos cua­dros y gran par­te del pue­blo lo han com­pren­di­do en la prác­ti­ca. ¿Por qué pien­san aho­ra algu­nos que se tra­ta de algo nue­vo? Por­que la lucha entre noso­tros y el enemi­go, tan­to inte­rior como exte­rior, fue muy inten­sa en el pasa­do, y la gen­te no fija­ba su aten­ción tan­to como aho­ra sobre las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo.

Mucha gen­te no pue­de dis­tin­guir con cla­ri­dad estos dos tipos de con­tra­dic­cio­nes dife­ren­tes por su carác­ter —las exis­ten­tes entre noso­tros y el enemi­go, y las que hay en el seno del pue­blo— y los con­fun­den fácil­men­te. Debe­mos reco­no­cer que a veces es fácil con­fun­dir­los. Tene­mos casos de tal con­fu­sión en nues­tra labor pasa­da. En el cur­so de la liqui­da­ción de con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, a veces se tomó equi­vo­ca­da­men­te por malas a per­so­nas bue­nas, y esto ocu­rre tam­bién aho­ra. El hecho de que haya­mos sido capa­ces de redu­cir nues­tras equi­vo­ca­cio­nes se debe a que en nues­tra polí­ti­ca se ha esti­pu­la­do esta­ble­cer una cla­ra línea divi­so­ria entre noso­tros y el enemi­go y sub­sa­nar los erro­res come­ti­dos.

La filo­so­fía mar­xis­ta sos­tie­ne que la ley de la uni­dad de los con­tra­rios es una ley bási­ca del uni­ver­so. Esta ley tie­ne vali­dez uni­ver­sal en la natu­ra­le­za, en la socie­dad huma­na y en la men­te del hom­bre. Los con­tra­rios en una con­tra­dic­ción for­man una uni­dad a la vez que luchan entre sí, lo cual impul­sa el movi­mien­to y el cam­bio de las cosas. Con­tra­dic­cio­nes exis­ten en todas par­tes, pero su carác­ter es dife­ren­te según sea el carác­ter de las cosas. En cada cosa con­cre­ta, la uni­dad de los con­tra­rios es con­di­cio­nal, tem­po­ral y tran­si­to­ria, y por eso rela­ti­va, mien­tras que la lucha entre los con­tra­rios es abso­lu­ta. Lenin expu­so esta ley con gran cla­ri­dad. En nues­tro país es cada vez mayor el núme­ro de per­so­nas que la com­pren­den. Para muchos, sin embar­go, una cosa es reco­no­cer esta ley y otra apli­car­la en el examen y abor­da­mien­to de los pro­ble­mas. Muchos no se atre­ven a reco­no­cer abier­ta­men­te que en el seno de nues­tro pue­blo exis­ten toda­vía con­tra­dic­cio­nes, aun­que pre­ci­sa­men­te son ellas las que impul­san nues­tra socie­dad hacia ade­lan­te. Muchos no reco­no­cen que en la socie­dad socia­lis­ta exis­ten aún con­tra­dic­cio­nes y, por ello, al topar­se con las con­tra­dic­cio­nes socia­les, se ame­dren­tan, vaci­lan y caen en la pasi­vi­dad; no com­pren­den que en el pro­ce­so de tra­tar y resol­ver ince­san­te y correc­ta­men­te las con­tra­dic­cio­nes se con­so­li­da­rán cada vez más la cohe­sión y la uni­dad inter­nas de la socie­dad socia­lis­ta. Sur­ge, por con­si­guien­te, la nece­si­dad de lle­var a cabo una labor expli­ca­ti­va entre el pue­blo de nues­tro país, y ante todo entre los cua­dros, a fin de con­du­cir­los a com­pren­der las con­tra­dic­cio­nes en la socie­dad socia­lis­ta y apren­der a tra­tar­las por méto­dos correc­tos.

Las con­tra­dic­cio­nes en la socie­dad socia­lis­ta son radi­cal­men­te dis­tin­tas de las exis­ten­tes en las vie­jas socie­da­des, como, por ejem­plo, en la capi­ta­lis­ta. Las con­tra­dic­cio­nes en la socie­dad capi­ta­lis­ta se mani­fies­tan en bru­ta­les anta­go­nis­mos y con­flic­tos, en una áspe­ra lucha de cla­ses; no pue­den ser zan­ja­das por el pro­pio sis­te­ma capi­ta­lis­ta, y sólo pue­den resol­ver­se con la revo­lu­ción socia­lis­ta. Por el con­tra­rio, es dis­tin­to lo que ocu­rre con las con­tra­dic­cio­nes en la socie­dad socia­lis­ta, las cua­les no son anta­gó­ni­cas y pue­den ser resuel­tas una tras otra por el pro­pio sis­te­ma socia­lis­ta.

Las con­tra­dic­cio­nes fun­da­men­ta­les en la socie­dad socia­lis­ta siguen sien­do las exis­ten­tes entre las rela­cio­nes de pro­duc­ción y las fuer­zas pro­duc­ti­vas, entre la super­es­truc­tu­ra y la base eco­nó­mi­ca. Estas con­tra­dic­cio­nes, sin embar­go, son radi­cal­men­te dis­tin­tas por su carác­ter y cir­cuns­tan­cias de las exis­ten­tes en las vie­jas socie­da­des entre las rela­cio­nes de pro­duc­ción y las fuer­zas pro­duc­ti­vas y entre la super­es­truc­tu­ra y la base eco­nó­mi­ca. El pre­sen­te sis­te­ma social de nues­tro país es muy supe­rior al de anta­ño. Si no fue­ra así, el vie­jo sis­te­ma no hubie­ra sido derro­ca­do y no hubie­ra podi­do ins­ti­tuir­se el nue­vo. Cuan­do se dice que las rela­cio­nes de pro­duc­ción socia­lis­tas son más apro­pia­das que las rela­cio­nes de pro­duc­ción de la vie­ja épo­ca para el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, se quie­re decir que las pri­me­ras per­mi­ten a las fuer­zas pro­duc­ti­vas desa­rro­llar­se a un rit­mo sin pre­ce­den­te en la vie­ja socie­dad, gra­cias a lo cual, la pro­duc­ción pue­de ampliar­se de con­ti­nuo y las siem­pre cre­cien­tes nece­si­da­des del pue­blo pue­den irse satis­fa­cien­do de mane­ra gra­dual. En la vie­ja Chi­na some­ti­da a la domi­na­ción del impe­ria­lis­mo, el feu­da­lis­mo y el capi­ta­lis­mo buro­crá­ti­co, las fuer­zas pro­duc­ti­vas tuvie­ron un desa­rro­llo extre­ma­da­men­te len­to. Duran­te más de medio siglo antes de la libe­ra­ción del país, la pro­duc­ción anual de ace­ro de toda Chi­na, a excep­ción del nor­des­te, no pasa­ba de unas dece­nas de miles de tone­la­das. Inclui­do el nor­des­te, la pro­duc­ción máxi­ma anual de ace­ro alcan­zó sólo un poco más de 900.000 tone­la­das. En 1949, la pro­duc­ción de ace­ro en todo el país fue sólo de poco más de 100.000 tone­la­das, pero aho­ra, sólo sie­te años des­pués de la libe­ra­ción del país, la pro­duc­ción de ace­ro ya alcan­za cua­tro millo­nes y varios cien­tos de miles de tone­la­das. Hoy han sido crea­das la indus­tria de maqui­na­rias, casi inexis­ten­te en la vie­ja Chi­na, y la de fabri­ca­ción de auto­mó­vi­les y avio­nes que antes no exis­tía en abso­lu­to. ¿Hacia dón­de debía mar­char Chi­na una vez que el pue­blo derro­có la domi­na­ción del impe­ria­lis­mo, el feu­da­lis­mo y el capi­ta­lis­mo buro­crá­ti­co? ¿Hacia el capi­ta­lis­mo o hacia el socia­lis­mo? Mucha gen­te no tuvo una idea cla­ra de esta cues­tión. Los hechos han dado la res­pues­ta: sólo el socia­lis­mo pue­de sal­var a Chi­na. El sis­te­ma socia­lis­ta ha pro­mo­vi­do el impe­tuo­so desa­rro­llo de nues­tras fuer­zas pro­duc­ti­vas, lo cual se ven obli­ga­dos a reco­no­cer inclu­so nues­tros enemi­gos del exte­rior.

Pero nues­tro sis­te­ma socia­lis­ta aca­ba de ins­tau­rar­se; aún no está cabal­men­te esta­ble­ci­do ni con­so­li­da­do por com­ple­to. En las empre­sas indus­tria­les y comer­cia­les de tipo mix­to, esta­tal-pri­va­do, los capi­ta­lis­tas reci­ben toda­vía un divi­den­do fijo, es decir, aún exis­te explo­ta­ción. En cuan­to a la pro­pie­dad se refie­re, las empre­sas de este tipo aún no tie­nen un carác­ter com­ple­ta­men­te socia­lis­ta. Una par­te de las coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción agrí­co­la y de las coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción arte­sa­nal siguen sien­do de carác­ter semi­so­cia­lis­tas. En las coope­ra­ti­vas ente­ra­men­te socia­lis­tas, que­dan por resol­ver algu­nos pro­ble­mas par­ti­cu­la­res acer­ca de la pro­pie­dad. En las dis­tin­tas ramas de la eco­no­mía, las rela­cio­nes entre la pro­duc­ción y el inter­cam­bio se van esta­ble­cien­do de modo gra­dual, en con­so­nan­cia con los prin­ci­pios socia­lis­tas, y van bus­can­do poco a poco for­mas rela­ti­va­men­te ade­cua­das. Den­tro de cada uno de los dos sec­to­res de la eco­no­mía socia­lis­ta —el basa­do en la pro­pie­dad de todo el pue­blo y el basa­do en la pro­pie­dad colec­ti­va— entre los mis­mos dos sec­to­res, la pro­por­ción entre la acu­mu­la­ción y el con­su­mo cons­ti­tu­ye un pro­ble­ma com­pli­ca­do, al cual no es fácil encon­trar de una vez una solu­ción com­ple­ta­men­te racio­nal. En resu­mi­das cuen­tas, ya se han crea­do las rela­cio­nes de pro­duc­ción socia­lis­tas y están en con­so­nan­cia con el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas; pero, al mis­mo tiem­po, están lejos de ser per­fec­tas, y esta imper­fec­ción se halla en con­tra­dic­ción con el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Ade­más de la con­so­nan­cia y a la vez la con­tra­dic­ción entre las rela­cio­nes de pro­duc­ción y el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, exis­ten asi­mis­mo con­so­nan­cia y con­tra­dic­ción entre la super­es­truc­tu­ra y la base eco­nó­mi­ca. La super­es­truc­tu­ra —el sis­te­ma esta­tal y las leyes de la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar, así como la ideo­lo­gía socia­lis­ta guia­da por el mar­xis­mo-leni­nis­mo— desem­pe­ña un papel posi­ti­vo y de empu­je para la vic­to­ria de la trans­for­ma­ción socia­lis­ta y el esta­ble­ci­mien­to de la orga­ni­za­ción socia­lis­ta del tra­ba­jo en nues­tro país; está en con­so­nan­cia con la base eco­nó­mi­ca socia­lis­ta, es decir, con las rela­cio­nes de pro­duc­ción socia­lis­tas. Pero la super­vi­ven­cia de la ideo­lo­gía bur­gue­sa, cier­ta for­mas buro­crá­ti­cas de ope­rar en nues­tros orga­nis­mos esta­ta­les y las defi­cien­cias en algu­nos esla­bo­nes del sis­te­ma esta­tal están en con­tra­dic­ción a su vez con la base eco­nó­mi­ca socia­lis­ta. En ade­lan­te, debe­mos seguir solu­cio­nan­do estas con­tra­dic­cio­nes de acuer­do con las cir­cuns­tan­cias con­cre­tas. Natu­ral­men­te, una vez resuel­tas estas con­tra­dic­cio­nes, sur­gi­rán nue­vos pro­ble­mas. Y las nue­vas con­tra­dic­cio­nes exi­gi­rán tam­bién solu­ción. Por ejem­plo, se nece­si­ta un cons­tan­te pro­ce­so de reajus­te median­te los pla­nes del Esta­do para tra­tar las con­tra­dic­cio­nes entre la pro­duc­ción social y las nece­si­da­des socia­les, que exis­ti­rán obje­ti­va­men­te duran­te un lar­go perio­do. Nues­tro país ela­bo­ra cada año un plan eco­nó­mi­co y esta­ble­ce la pro­por­ción ade­cua­da entre la acu­mu­la­ción y el con­su­mo, a fin de lograr el equi­li­brio entre la pro­duc­ción y las nece­si­da­des. Lo que lla­ma­mos equi­li­brio es la uni­dad tem­po­ral y rela­ti­va de los con­tra­rios. Un año des­pués, este equi­li­brio, toma­do en su con­jun­to, es roto por la lucha de los con­tra­rios, la uni­dad obte­ni­da sufre un cam­bio, el equi­li­brio se con­vier­te en des­equi­li­brio, la uni­dad deja de ser­lo, y una vez más se hace nece­sa­rio con­se­guir el equi­li­brio y la uni­dad para el año siguien­te. En esto resi­de la supe­rio­ri­dad de nues­tra eco­no­mía pla­ni­fi­ca­da. En reali­dad, este equi­li­brio y esta uni­dad se rom­pen par­cial­men­te cada mes y cada tri­mes­tre, y se nece­si­ta hacer reajus­tes par­cia­les. A veces, debi­do a que las dis­po­si­cio­nes sub­je­ti­vas no corres­pon­den a la reali­dad obje­ti­va, apa­re­cen con­tra­dic­cio­nes y se rom­pe el equi­li­brio. Esto es lo que lla­ma­mos come­ter un error. Las con­tra­dic­cio­nes sur­gen de con­ti­nuo y se resuel­ven tam­bién con­ti­nua­men­te: he aquí la ley dia­léc­ti­ca del desa­rro­llo de las cosas.

La situa­ción actual es la siguien­te: la tem­pes­tuo­sa y amplia lucha de cla­ses de las masas carac­te­rís­ti­ca de los perio­dos revo­lu­cio­na­rios ha ter­mi­na­do en lo fun­da­men­tal, pero la lucha de cla­ses no ha cesa­do por com­ple­to. Mien­tras dan la bien­ve­ni­da al nue­vo sis­te­ma, las gran­des masas popu­la­res aún no están muy acos­tum­bra­das a él. Los tra­ba­ja­do­res esta­ta­les no tie­nen sufi­cien­te expe­rien­cia, y deben seguir exa­mi­nan­do y explo­ran­do en lo tocan­te al pro­ble­ma de las medi­das polí­ti­cas con­cre­tas. En otras pala­bras, se nece­si­ta un pro­ce­so para que nues­tro sis­te­ma socia­lis­ta con­ti­núe esta­ble­cién­do­se y se con­so­li­de, para que las masas se acos­tum­bren al nue­vo sis­te­ma y para que los tra­ba­ja­do­res esta­ta­les estu­dien y adquie­ran expe­rien­cia. En este momen­to es, pues, impe­ra­ti­vo que plan­tee­mos la cues­tión de dife­ren­ciar las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo de las exis­ten­tes entre noso­tros y el enemi­go, así como el tra­ta­mien­to correc­to de las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo, con el obje­to de cohe­sio­nar al pue­blo de todas las nacio­na­li­da­des de nues­tro país para empren­der una nue­va bata­lla, la bata­lla con­tra la natu­ra­le­za, desa­rro­llar nues­tra eco­no­mía y nues­tra cul­tu­ra, a fin de que todo el pue­blo atra­vie­se de mane­ra rela­ti­va­men­te feliz el actual perio­do de tran­si­ción y a fin de con­so­li­dar nues­tro nue­vo sis­te­ma y cons­truir nues­tro nue­vo Esta­do.

El problema de la eliminación de los contrarrevolucionarios

El pro­ble­ma de la eli­mi­na­ción de los con­tra­rios revo­lu­cio­na­rios es una cues­tión de la lucha entre noso­tros y el enemi­go, una con­tra­dic­ción entre noso­tros y el enemi­go. Den­tro del pue­blo hay quie­nes sos­tie­nen dis­tin­tos pun­tos de vis­ta acer­ca de este pro­ble­ma. Hay dos tipos de per­so­nas cuya opi­nión difie­re de la nues­tra. Los que tie­nen una mane­ra de pen­sar dere­chis­ta no esta­ble­cen dis­tin­ción entre noso­tros y el enemi­go y toman al enemi­go por gen­te nues­tra. Con­si­de­ran como ami­gos a los que las gran­des masas miran como enemi­gos. Los que tie­nen una mane­ra de pen­sar «izquier­dis­ta», exa­ge­ran el alcan­ce de las con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go has­ta tal gra­do que toman cier­tas con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo por con­tra­dic­cio­nes entre noso­tros y el enemi­go y con­si­de­ran con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios a per­so­nas que en reali­dad no lo son. Ambas con­cep­cio­nes son erró­neas. Nin­gu­na de las dos pue­de con­du­cir al tra­ta­mien­to correc­to del pro­ble­ma de la eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, ni a una acer­ta­da valo­ra­ción de este tra­ba­jo nues­tro.

Para eva­luar con acier­to nues­tro tra­ba­jo de eli­mi­nar a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, vea­mos los efec­tos que los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría ejer­cie­ron sobre nues­tro país. Dichos acon­te­ci­mien­tos sus­ci­ta­ron cier­tas vaci­la­cio­nes entre algu­nos de nues­tros inte­lec­tua­les, mas no pro­vo­ca­ron nin­gún des­or­den. ¿Cómo se expli­ca esto? Una de las razo­nes, debe­mos decir­lo, es que había­mos eli­mi­na­do casi por com­ple­to a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios.

Cla­ro que la con­so­li­da­ción de nues­tro Esta­do no se debe pri­me­ra­men­te a la eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Se debe, ante todo, a que con­ta­mos con un Par­ti­do Comu­nis­ta, un Ejér­ci­to de Libe­ra­ción y un pue­blo tra­ba­ja­dor tem­pla­dos en dece­nios de lucha revo­lu­cio­na­ria. Nues­tro Par­ti­do y nues­tras fuer­zas arma­das han arrai­ga­do en las masas, se han tem­pla­do en las lla­mas de una revo­lu­ción pro­lon­ga­da, tie­nen capa­ci­dad com­ba­ti­va. Nues­tra Repú­bli­ca Popu­lar no fue for­ma­da de la noche a la maña­na, sino que se desa­rro­lló poco a poco par­tien­do de las bases revo­lu­cio­na­rias. Algu­nas per­so­na­li­da­des demó­cra­tas se han tem­pla­do tam­bién en la lucha, en mayor o menor gra­do, y sufrie­ron jun­to a noso­tros tri­bu­la­cio­nes y penas. Algu­nos inte­lec­tua­les se tem­pla­ron en la lucha con­tra el impe­ria­lis­mo y las fuer­zas reac­cio­na­rias, y muchos de ellos pasa­ron, des­pués de la Libe­ra­ción, por un pro­ce­so de trans­for­ma­ción ideo­ló­gi­ca encau­za­da a tra­zar una cla­ra dis­tin­ción entre noso­tros y el enemi­go. La con­so­li­da­ción de nues­tro Esta­do se debe, ade­más, al hecho de que las medi­das eco­nó­mi­cas que adop­ta­mos son bási­ca­men­te acer­ta­das, a que la vida del pue­blo es segu­ra y mejo­ra gra­dual­men­te, a que nues­tra polí­ti­ca res­pec­to a la bur­gue­sía nacio­nal y otras cla­ses es asi­mis­mo correc­ta, etc. Sin embar­go, nues­tros éxi­tos en la eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios son, sin duda algu­na, una de las cau­sas impor­tan­tes de la con­so­li­da­ción de nues­tro Esta­do. En vir­tud de todo lo cual, nues­tros estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios, con pocas excep­cio­nes, son patrio­tas y apo­yan el socia­lis­mo, aun­que muchos de ellos pro­vie­nen de fami­lias no tra­ba­ja­do­ras; no ori­gi­na­ron des­ór­de­nes duran­te los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría. Lo mis­mo ocu­rre con la bur­gue­sía nacio­nal, por no hablar de las masas bási­cas: los obre­ros y cam­pe­si­nos.

Des­pués de la Libe­ra­ción, eli­mi­na­mos cier­to núme­ro de ele­men­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Algu­nos de ellos fue­ron sen­ten­cia­dos a muer­te por sus gra­ves crí­me­nes. Esto fue de nece­si­dad abso­lu­ta, fue deman­da de las amplias masas popu­la­res y se hizo para libe­rar a las amplias masas opri­mi­das duran­te lar­gos años por los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios y toda suer­te de tira­nos loca­les, o sea, para libe­rar las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Si no hubié­ra­mos obra­do así, las masas popu­la­res no hubie­ran podi­do levan­tar la cabe­za. La situa­ción cam­bió radi­cal­men­te des­de 1956. Toman­do el país en su con­jun­to, las fuer­zas prin­ci­pa­les de la con­tra­rre­vo­lu­ción ya han sido liqui­da­das. Nues­tra tarea fun­da­men­tal ha pasa­do de la libe­ra­ción de las fuer­zas pro­duc­ti­vas a la pro­tec­ción y desa­rro­llo de éstas según las nue­vas rela­cio­nes de pro­duc­ción. Algu­nos no com­pren­den que nues­tra polí­ti­ca actual corres­pon­de a la situa­ción de hoy y que nues­tra polí­ti­ca ante­rior corres­pon­día la situa­ción pasa­da. Pre­ten­den uti­li­zar nues­tra polí­ti­ca actual para revo­car las deci­sio­nes toma­das en el pasa­do e inten­tan negar los enor­mes éxi­tos que con­se­gui­mos en la eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Esto es com­ple­ta­men­te erró­neo, y las masas popu­la­res no lo per­mi­ti­rán.

En nues­tro tra­ba­jo de eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, los éxi­tos fue­ron lo prin­ci­pal, pero tam­bién hubo erro­res. En algu­nos casos se come­tie­ron exce­sos, mien­tras en otros se esca­pa­ron con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios de nues­tra red. Nues­tra orien­ta­ción es la siguien­te: «Los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios deben ser eli­mi­na­dos cuan­do se les encuen­tre, los erro­res deben ser corre­gi­dos si se come­ten». La línea que hemos adop­ta­do en dicho tra­ba­jo es la línea de eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios por las pro­pias masas. Cla­ro que inclu­so con la línea de masas podrían come­ter­se tam­bién erro­res en nues­tra labor, pero serían meno­res en núme­ro y más fáci­les de corre­gir. Las masas ganan expe­rien­cia a tra­vés de la lucha. De lo rea­li­za­do con acier­to, adquie­ren expe­rien­cias correc­tas. En lo que se hace mal, sacan lec­cio­nes de los erro­res come­ti­dos.

Se han toma­do o se están toman­do medi­das para corre­gir los erro­res des­cu­bier­tos en la labor de eli­mi­nar a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Los erro­res aún no des­cu­bier­tos serán enmen­da­dos en cuan­to se pon­gan de mani­fies­to. Las deci­sio­nes acer­ca de reha­bi­li­ta­cio­nes deben dar­se a cono­cer den­tro de la mis­ma esfe­ra de las deci­sio­nes ori­gi­na­les equi­vo­ca­das. Pro­pon­go que este año, o el pró­xi­mo, se reali­ce una com­pro­ba­ción gene­ral de la labor de eli­mi­na­ción de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, a fin de sin­te­ti­zar la expe­rien­cia, esti­mu­lar el espí­ri­tu de jus­ti­cia y com­ba­tir las ten­den­cias malas. Esta com­pro­ba­ción se debe lle­var a cabo a esca­la nacio­nal bajo la direc­ción del Comi­té Per­ma­nen­te de la Asam­blea Popu­lar Nacio­nal y del Comi­té Per­ma­nen­te del Comi­té Nacio­nal del Con­se­jo Con­sul­ti­vo Polí­ti­co del Pue­blo Chino, y a esca­la local bajo la direc­ción de los Comi­tés Popu­la­res pro­vin­cia­les y muni­ci­pa­les y de los comi­tés loca­les del Con­se­jo Con­sul­ti­vo Polí­ti­co del Pue­blo Chino. Duran­te esta com­pro­ba­ción, debe­mos ayu­dar a los nume­ro­sos cua­dros y acti­vis­tas que par­ti­ci­pa­ron en este tra­ba­jo, y no echar­les un bal­de de agua fría, ya que esto sería inco­rrec­to. No obs­tan­te, los erro­res deben ser rec­ti­fi­ca­dos ape­nas se des­cu­bran. Tal debe ser la acti­tud de todos los depar­ta­men­tos de segu­ri­dad públi­ca, de fis­ca­li­za­ción y de jus­ti­cia, las pri­sio­nes y los orga­nis­mos admi­nis­tra­ti­vos encar­ga­dos de la reedu­ca­ción de los cri­mi­na­les median­te el tra­ba­jo. Espe­ra­mos que todos los miem­bros del Comi­té Per­ma­nen­te de la Asam­blea Popu­lar Nacio­nal, los miem­bros del Con­se­jo Con­sul­ti­vo Polí­ti­co del Pue­blo Chino y los dipu­tados popu­la­res par­ti­ci­pa­rán en esta com­pro­ba­ción siem­pre que ten­gan la posi­bi­li­dad de hacer­lo. Esto con­tri­bui­rá a per­fec­cio­nar nues­tro sis­te­ma legal y a tra­tar correc­ta­men­te a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios y a otros cri­mi­na­les.

La situa­ción pre­sen­te, en lo que con­cier­ne a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, pue­de carac­te­ri­zar­se con las pala­bras siguien­tes: toda­vía hay con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, pero no muchos. En pri­mer lugar, aún exis­ten. Algu­nos dicen que ya no los hay, que por doquier rei­na una paz com­ple­ta, que se pue­den mullir bien las almoha­das y dor­mir a pier­na suel­ta. Esto no corres­pon­de a la reali­dad. De hecho, los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios exis­ten toda­vía (no en cada loca­li­dad ni en cada orga­ni­za­ción, por supues­to), y es pre­ci­so pro­se­guir la lucha con­tra ellos. Debe­mos com­pren­der que los ele­men­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios ocul­tos, no eli­mi­na­dos has­ta la fecha, no aban­do­na­rán sus intri­gas y tra­ta­rán segu­ra­men­te de apro­ve­char cual­quier opor­tu­ni­dad para pro­du­cir dis­tur­bios. Los impe­ria­lis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos y la cama­ri­lla de Chiang Kai-shek envían con fre­cuen­cia agen­tes secre­tos a nues­tro país, con el fin de efec­tuar sabo­ta­jes. Inclu­so si estu­vie­ran eli­mi­na­dos todos los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios exis­ten­tes, podrían apa­re­cer otros nue­vos. Si deja­mos de estar vigi­lan­tes, cae­re­mos en la tram­pa y paga­re­mos un alto pre­cio por ello. Don­de­quie­ra que apa­rez­can con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios crean­do dis­tur­bios, hay que eli­mi­nar­los con mano fir­me. Pero, con­si­de­ran­do el país en su con­jun­to, no que­dan ya efec­ti­va­men­te muchos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Sería asi­mis­mo erró­neo decir que en Chi­na hay toda­vía nume­ro­sos ele­men­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios, se daría tam­bién lugar a con­fu­sio­nes.

El problema de la cooperación agrícola

Tene­mos una pobla­ción rural de más de qui­nien­tos millo­nes de habi­tan­tes, por lo cual, la situa­ción de nues­tros cam­pe­si­nos influ­ye con­si­de­ra­ble­men­te en el desen­vol­vi­mien­to de nues­tra eco­no­mía y en la con­so­li­da­ción de nues­tro poder esta­tal. Esti­mo que la situa­ción es, en lo fun­da­men­tal, bue­na. La coope­ra­ción agrí­co­la ha sido cum­pli­da, cosa que ha resuel­to en nues­tro país la gran con­tra­dic­ción entre la indus­tria­li­za­ción socia­lis­ta y la eco­no­mía agrí­co­la indi­vi­dual. La rápi­da cul­mi­na­ción de la coope­ra­ción agrí­co­la inquie­ta a algu­nas gen­tes, que se pre­gun­tan si habrá defec­tos. Sí que exis­ten algu­nos, pero afor­tu­na­da­men­te no son gran­des, y el movi­mien­to es, en lo fun­da­men­tal, sano. Los cam­pe­si­nos mues­tran gran entu­sias­mo en la pro­duc­ción. A pesar de que las cala­mi­da­des pro­du­ci­das por las inun­da­cio­nes, la sequía y los tifo­nes fue­ron, el año pasa­do, más gran­des que en cual­quie­ra de los años ante­rio­res, la pro­duc­ción de cerea­les aumen­tó en todo el país. Aun así, algu­nos han pro­vo­ca­do un tifón en minia­tu­ra, pues dicen que la coope­ra­ción agrí­co­la no sir­va para nada, que no ofre­ce ven­ta­jas. ¿Tie­ne o no ven­ta­jas la coope­ra­ción agrí­co­la? Entre los docu­men­tos dis­tri­bui­dos hoy en la reunión se encuen­tra un mate­rial sobre una coope­ra­ti­va del dis­tri­to de Tsün­jua, en la pro­vin­cia de Jopei, diri­gi­da por Wang Kuo-fan. Les acon­se­jo leer­lo. Esta coope­ra­ti­va se halla en una zona mon­ta­ño­sa, muy pobre en el pasa­do y que depen­día de la ayu­da del Gobierno Popu­lar, quien le envia­ba cerea­les todos los años. Cuan­do, en 1953, se fun­dó allí la coope­ra­ti­va, la lla­ma­ban «coope­ra­ti­va de los des­ca­mi­sa­dos». Pero, tras cua­tro años de lucha tenaz, su situa­ción ha ido mejo­ran­do sin cesar, y hoy la mayor par­te de las fami­lias miem­bros de la coope­ra­ti­va poseen reser­vas de cereal. Lo que pue­de con­se­guir esta coope­ra­ti­va deben tam­bién lograr­lo, en con­di­cio­nes nor­ma­les, las demás en el mis­mo lap­so o en un lap­so un poco más lar­go. Se ve cla­ro, enton­ces, que no hay fun­da­men­to para decir que la coope­ra­ción no es bue­na.

De ahí se des­pren­de tam­bién que las coope­ra­ti­vas deben crear­se median­te una lucha tenaz. Toda cosa nue­va expe­ri­men­ta difi­cul­ta­des y reve­ses en su cre­ci­mien­to. Sue­ña quien crea que la cau­sa del socia­lis­mo es como nave­gar vien­to en popa, empre­sa de éxi­to fácil en la que no se tro­pie­za con difi­cul­ta­des ni se sufren reve­ses ni se requie­ren inmen­sos esfuer­zos.

¿Quie­nes apo­yan acti­va­men­te las coope­ra­ti­vas? La inmen­sa mayo­ría de los cam­pe­si­nos pobres y los cam­pe­si­nos medios de la capa infe­rior, que cons­ti­tu­yen más del 70 por cien­to de la pobla­ción rural. La mayo­ría de los cam­pe­si­nos res­tan­tes cifran tam­bién sus espe­ran­za en las coope­ra­ti­vas. Los real­men­te des­con­ten­tos repre­sen­tan sólo una ínfi­ma mino­ría. Mucha gen­te no ha ana­li­za­do esta situa­ción, no ha estu­dia­do en todos sus aspec­tos los éxi­tos y las defi­cien­cias de las coope­ra­ti­vas, ni tam­po­co las cau­sas que moti­va­ron tales defi­cien­cias, han toma­do lo par­cial y frag­men­ta­rio por el todo; de ahí que entre cier­tas per­so­nas se haya pro­vo­ca­do el peque­ño tifón de que las coope­ra­ti­vas no ofre­cen ven­ta­jas.

¿Cuán­to tiem­po hace fal­ta para con­so­li­dar las coope­ra­ti­vas y para ter­mi­nar con las habla­du­rías de que care­cen de supe­rio­ri­dad? A juz­gar por la expe­rien­cia del desa­rro­llo de muchas coope­ra­ti­vas, harán fal­ta unos cin­co años o algo más. Hoy, la mayor par­te de las coope­ra­ti­vas a tra­vés del país exis­ten sólo des­de hace más de un año, no es razo­na­ble exi­gir que sean per­fec­tas. En mi opi­nión, ya sería muy bueno si con­si­guié­ra­mos crear las coope­ra­ti­vas duran­te el Pri­mer Plan Quin­que­nal y con­so­li­dar­las duran­te el Segun­do.

Las coope­ra­ti­vas se hallan aho­ra en un pro­ce­so de con­so­li­da­ción pau­la­ti­na. Que­dan por resol­ver algu­nas con­tra­dic­cio­nes, como las exis­ten­tes entre el Esta­do y las coope­ra­ti­vas, den­tro de cada uno de éstas y entre unas coope­ra­ti­vas y otras.

Para tra­tar estas con­tra­dic­cio­nes, debe­mos pres­tar cons­tan­te aten­ción a los pro­ble­mas de la pro­duc­ción y la dis­tri­bu­ción. Vea­mos el pro­ble­ma de la pro­duc­ción. Por un lado, la eco­no­mía de la coope­ra­ti­va debe subor­di­nar­se a la direc­ción del plan eco­nó­mi­co esta­tal uni­fi­ca­do; al mis­mo tiem­po, debe con­ser­var cier­ta fle­xi­bi­li­dad e inde­pen­den­cia con tal de que no vul­ne­re los pla­nes uni­fi­ca­dos, la polí­ti­ca, las leyes y las dis­po­si­cio­nes del Esta­do. Por otro lado, cada fami­lia miem­bro de una coope­ra­ti­va, con la excep­ción de que pue­de con­fec­cio­nar sus pro­pios pla­nes ade­cua­dos para la par­ce­la reser­va­da al uso indi­vi­dual y otras acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas de admi­nis­tra­ción pri­va­da, debe subor­di­nar­se al plan gene­ral de la coope­ra­ti­va o del equi­po de pro­duc­ción a que per­te­ne­ce. En lo tocan­te a la dis­tri­bu­ción, debe­mos tener en cuen­ta los intere­ses esta­ta­les, colec­ti­vos e indi­vi­dua­les. Es pre­ci­so tra­tar en for­ma apro­pia­da la rela­ción entre los impues­tos agrí­co­las esta­ta­les, los fon­dos de acu­mu­la­ción de las coope­ra­ti­vas y los ingre­sos per­so­na­les de los cam­pe­si­nos, y pres­tar aten­ción cons­tan­te a hacer reajus­tes para resol­ver las con­tra­dic­cio­nes entre ellos. Tan­to el Esta­do como las coope­ra­ti­vas deben acu­mu­lar, pero estas acu­mu­la­cio­nes no deben ser exce­si­vas. Debe­mos hacer todo lo posi­ble para que, en los años de cose­cha nor­mal, los cam­pe­si­nos vayan aumen­tan­do año tras año sus ingre­sos per­so­na­les a medi­da que se incre­men­ta la pro­duc­ción.

Muchos dicen que los cam­pe­si­nos tie­nen una dura vida. ¿Es acer­ta­da esa opi­nión? Por un lado, sí. Es decir, como Chi­na estu­vo some­ti­da duran­te más de cien años a la opre­sión y la explo­ta­ción de los impe­ria­lis­tas y sus agen­tes, se con­vir­tió en un país muy pobre, en el cual no sólo es bajo el nivel de vida de los cam­pe­si­nos, sino tam­bién el de los obre­ros e inte­lec­tua­les. Nece­si­ta­re­mos varias déca­das de inten­si­vos esfuer­zos para poder ele­var pau­la­ti­na­men­te el nivel de vida de todo el pue­blo. En este sen­ti­do es correc­to decir «dura». Más, por otro lado, no lo es. Me refie­ro a la afir­ma­ción de que, duran­te los sie­te años trans­cu­rri­dos des­de la Libe­ra­ción, la vida de los cam­pe­si­nos no ha mejo­ra­do y sólo ha mejo­ra­do la vida de los obre­ros. En reali­dad, sal­vo ínfi­mas excep­cio­nes, ha mejo­ra­do ya en cier­to gra­do tan­to la vida de los obre­ros como la de los cam­pe­si­nos. Des­pués de la Libe­ra­ción, los cam­pe­si­nos se han des­em­ba­ra­za­do de la explo­ta­ción de los terra­te­nien­tes, y su pro­duc­ción aumen­ta de año en año. Tome­mos por ejem­plo los cerea­les. En 1949, la pro­duc­ción de cerea­les sólo lle­gó en todo el país a algo más de 210.000 millo­nes de jin1. En 1956 sobre­pa­só los 360.000 millo­nes de jin, con un incre­men­to de casi 150.000 millo­nes. El impues­to agrí­co­la esta­tal no es gra­vo­so, alcan­zan­do sólo un poco más de 30.000 millo­nes de jin anua­les. La can­ti­dad de cerea­les que com­pra el Esta­do anual­men­te a los cam­pe­si­nos a pre­cio nor­mal no pasa de algo más de 50.000 millo­nes de jin. Tota­li­za­das estas dos sumas, resul­tan más de 80.000 millo­nes de jin. Más de la mitad de esta can­ti­dad se ven­de en las aldeas y en las pobla­cio­nes de sus alre­de­do­res. Así se ve que no pue­de decir­se que no haya mejo­ra­do la vida de los cam­pe­si­nos. Nos pro­po­ne­mos esta­bi­li­zar, en los pró­xi­mos años, el total de cerea­les que el Esta­do reci­be de los cam­pe­si­nos a títu­lo de impues­to y median­te com­pra apro­xi­ma­da­men­te en la cifra de más de 80.000 millo­nes de jin anua­les, a fin de que se desa­rro­lle la agri­cul­tu­ra y se con­so­li­den las coope­ra­ti­vas. De este modo, el redu­ci­do núme­ro de fami­lias cam­pe­si­nas que no tie­nen sufi­cien­tes cerea­les deja­rán de care­cer de éstos, todas las fami­lias cam­pe­si­nas —excep­to algu­nas espe­cia­li­za­das en los cul­ti­vos indus­tria­les— ten­drán exce­den­te de cerea­les o dis­pon­drán de grano en bas­tan­te can­ti­dad para satis­fa­cer su pro­pio con­su­mo, no habrá cam­pe­si­nos pobres en las zonas rura­les y todo el cam­pe­si­na­do alcan­za­rá o sobre­pa­sa­rá el nivel de vida de los cam­pe­si­nos medios. No es ade­cua­do com­pa­rar sim­ple­men­te los ingre­sos medios anua­les de un cam­pe­sino con los del obre­ro y dedu­cir de ello que unos son dema­sia­do bajos y los otros dema­sia­do altos. La pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo de los obre­ros es mucho mayor que la de los cam­pe­si­nos, mien­tras que el cos­to de vida de éstos es muy infe­rior al de los obre­ros urba­nos. Por eso, no pue­de afir­mar­se que los obre­ros reci­ben un tra­to pre­fe­ren­cial del Esta­do. Una peque­ña par­te de obre­ros y algu­nos tra­ba­ja­do­res esta­ta­les sí per­ci­ben sala­rios algo ele­va­dos. Los cam­pe­si­nos tie­nen razón de estar des­con­ten­tos de ello. De ahí que sea nece­sa­rio efec­tuar cier­to reajus­te ade­cua­do con­for­me a las cir­cuns­tan­cias con­cre­tas.

El problema de los industriales y los comerciantes

Con res­pec­to a la trans­for­ma­ción del sis­te­ma social de nues­tro país, se cum­plió en 1956 la con­ver­sión de las empre­sas de la indus­tria y del comer­cio par­ti­cu­la­res en empre­sas mix­tas, esta­tal-pri­va­das, ade­más de la coope­ra­ción en la agri­cul­tu­ra y en la arte­sa­nía. La rápi­da y feliz rea­li­za­ción de esta con­ver­sión está estre­cha­men­te vin­cu­la­da al hecho de que tra­ta­mos las con­tra­dic­cio­nes entre la cla­se obre­ra y la bur­gue­sía nacio­nal como con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo. ¿Han sido resuel­tas por com­ple­to dichas con­tra­dic­cio­nes de cla­ses? No. Se requie­re toda­vía con­si­de­ra­ble tiem­po para resol­ver­las total­men­te. Sin embar­go, algu­nos dicen que los capi­ta­lis­tas están ya tan trans­for­ma­dos que casi no se dife­ren­cian de los obre­ros, y que ya no es nece­sa­rio pro­se­guir su trans­for­ma­ción. Otros lle­gan inclu­so a decir que los capi­ta­lis­tas son has­ta algo mejo­res que los obre­ros. Y hay tam­bién quie­nes dicen que, si hace fal­ta la trans­for­ma­ción, ¿por qué la cla­se obre­ra no la nece­si­ta? ¿Son correc­tas estas opi­nio­nes? Cla­ro que no.

En el cur­so de la cons­truc­ción de una socie­dad socia­lis­ta, todos nece­si­tan trans­for­mar­se, tan­to los explo­ta­do­res como los tra­ba­ja­do­res. ¿Quién dice que la cla­se obre­ra no nece­si­ta trans­for­ma­ción? Por supues­to, la trans­for­ma­ción de los explo­ta­do­res y la de los tra­ba­ja­do­res es, por su natu­ra­le­za, dife­ren­te una de la otra y no deben con­fun­dir­se. La cla­se obre­ra trans­for­ma a toda la socie­dad en la lucha de cla­ses y en la lucha con­tra la natu­ra­le­za; al mis­mo tiem­po, se trans­for­ma a sí mis­ma. La cla­se obre­ra debe apren­der sin cesar en el tra­ba­jo, supe­rar poco a poco sus defec­tos y nun­ca debe estan­car­se. Muchos de noso­tros hace­mos algu­nos pro­gre­sos cada año, es decir, nos trans­for­ma­mos de año en año. Yo mis­mo sos­te­nía antes diver­sas con­cep­cio­nes no mar­xis­tas. El mar­xis­mo lo acep­té des­pués. Apren­dí un poco de mar­xis­mo en los libros, y así hice una remo­de­la­ción ini­cial de mis ideas. Sin embar­go, me trans­for­mé sobre todo toman­do par­te en la lar­ga lucha de cla­ses. Y ten­go que seguir estu­dian­do, para poder pro­gre­sar más; de lo con­tra­rio, me que­da­ré reza­ga­do. ¿Aca­so los capi­ta­lis­tas son tan talen­to­sos que ya no nece­si­tan trans­for­mar­se?

Algu­nos sos­tie­nen que la bur­gue­sía chi­na ya no tie­ne doble carác­ter, sino sim­ple. ¿Es así, en reali­dad? No, no es así. Por un lado, los ele­men­tos bur­gue­ses se han con­ver­ti­do en per­so­nal admi­nis­tra­ti­vo de las empre­sas mix­tas esta­tal-pri­va­das y se están trans­for­man­do de explo­ta­do­res en tra­ba­ja­do­res que viven de su pro­pio tra­ba­jo. Por otro lado reci­ben aún en las empre­sas mix­tas un divi­den­do fijo, esto es, no han aban­do­na­do aún las raí­ces de la explo­ta­ción. Entre ellos y la cla­se obre­ra media aún una con­si­de­ra­ble dis­tan­cia en cuan­to a ideo­lo­gía, sen­ti­mien­tos y mane­ra de vivir. ¿Cómo pue­de afir­mar­se que ya no tie­nen doble carác­ter? Inclu­so si deja­ran de per­ci­bir el divi­den­do fijo y se les qui­ta­ra el mar­be­te de bur­gués, sería nece­sa­rio pro­se­guir su trans­for­ma­ción ideo­ló­gi­ca duran­te bas­tan­te tiem­po. Si se opi­na que la bur­gue­sía no tie­ne ya doble carác­ter, enton­ces los capi­ta­lis­tas ya no ten­drían la tarea de trans­for­mar­se y estu­diar.

Hay que decir que esa opi­nión no sólo no con­cuer­da con la situa­ción real de los indus­tria­les y los comer­cian­tes, sino que tam­po­co res­pon­de a los deseos de la mayo­ría de ellos. Duran­te los últi­mos años, la mayor par­te de los indus­tria­les y comer­cian­tes se han mos­tra­do deseo­sos de estu­diar y han rea­li­za­do nota­bles pro­gre­sos. La trans­for­ma­ción a fon­do de unos y otros debe veri­fi­car­se en el tra­ba­jo; deben tra­ba­jar en las empre­sas, jun­to con los obre­ros y emplea­dos, tomán­do­las como base de su pro­pia remo­de­la­ción. Es tam­bién impor­tan­te que ellos cam­bien algu­nas de sus vie­jas con­cep­cio­nes por medio del estu­dio. Su estu­dio debe basar­se en la volun­ta­rie­dad. Muchos indus­tria­les y comer­cian­tes, cuan­do retor­nan a sus fábri­cas des­pués de haber asis­ti­do a cur­sos de estu­dio duran­te unas sema­nas, encuen­tran que tie­nen más len­gua­je común con las masas obre­ras y los repre­sen­tan­tes del sec­tor esta­tal, mejo­ran­do así las con­di­cio­nes del tra­ba­jo con­jun­to. Com­pren­den por su pro­pia expe­rien­cia que les es útil con­ti­nuar estu­dian­do y trans­for­mán­do­se. La opi­nión a que me he refe­ri­do de que no es nece­sa­rio estu­diar ni remo­de­lar­se no refle­ja el pun­to de vis­ta de la mayo­ría de los indus­tria­les y comer­cian­tes, sino sólo de un peque­ño núme­ro de per­so­nas.

El problema de los intelectuales

Las con­tra­dic­cio­nes exis­ten­tes en el seno del pue­blo de nues­tro país se mani­fies­tan tam­bién entre los inte­lec­tua­les. Varios millo­nes de inte­lec­tua­les que antes ser­vían a la vie­ja socie­dad han pasa­do a pres­tar sus ser­vi­cios a la nue­va socie­dad. Y aquí sur­ge el pro­ble­ma de cómo pue­den adap­tar­se a las deman­das de la socie­dad nue­va y cómo les ayu­da­mos a con­se­guir este fin. Esta es tam­bién una con­trac­ción exis­ten­tes en el seno del pue­blo.

La mayo­ría de nues­tros inte­lec­tua­les han rea­li­za­do ya pro­gre­sos evi­den­tes duran­te los sie­te últi­mos años. Se pro­nun­cian por el sis­te­ma socia­lis­ta. Muchos estu­dian el mar­xis­mo con ahín­co, y algu­nos se han hecho ya comu­nis­tas. Su núme­ro, aún peque­ño en la actua­li­dad, va cre­cien­do pau­la­ti­na­men­te. Cla­ro que aún exis­ten algu­nos inte­lec­tua­les que toda­vía siguen dudan­do del socia­lis­mo o no lo aprue­ban, pero no son más que una mino­ría.

Chi­na nece­si­ta la mayor can­ti­dad posi­ble de inte­lec­tua­les para que sir­van a la ardua cau­sa de la cons­truc­ción socia­lis­ta. Debe­mos con­fiar en todos los inte­lec­tua­les que de ver­dad están dis­pues­tos a ser­vir a la cau­sa del socia­lis­mo, mejo­rar de mane­ra radi­cal nues­tras rela­cio­nes con ellos y ayu­dar­les a resol­ver todos los pro­ble­mas cuya solu­ción es nece­sa­ria, para que pue­dan poner en pleno jue­go sus facul­ta­des. Muchos de nues­tros cama­ra­das no saben unir­se a los inte­lec­tua­les, los tra­tan de un modo rígi­do, no res­pe­tan su labor y, en el tra­ba­jo cien­tí­fi­co y cul­tu­ral, se inmis­cu­yen inade­cua­da­men­te en asun­tos en los cua­les no debe­rían inter­ve­nir. Debe­mos ter­mi­nar con todas estas defi­cien­cias.

Aun­que las amplias masas de inte­lec­tua­les han hecho pro­gre­sos, no deben por ello sen­tir­se satis­fe­chos de sí mis­mos. Deben seguir trans­for­mán­do­se, des­pren­dién­do­se poco a poco de su con­cep­ción bur­gue­sa del mun­do y adqui­rien­do la con­cep­ción del mun­do pro­le­ta­rio, comu­nis­ta, con el fin de poder adap­tar­se ple­na­men­te a las nece­si­da­des de la nue­va socie­dad y unir­se con los obre­ros y cam­pe­si­nos. Este cam­bio en la con­cep­ción del mun­do es un cam­bio fun­da­men­tal, y has­ta la fecha no se pue­de decir que la mayo­ría de los inte­lec­tua­les lo hayan rea­li­za­do. Espe­ra­mos que éstos sigan avan­zan­do y que, en el cur­so de su tra­ba­jo y estu­dio, vayan adqui­rien­do gra­dual­men­te una con­cep­ción comu­nis­ta del mun­do, adqui­rien­do paso a paso una com­pre­sión mayor del mar­xis­mo-leni­nis­mo, e iden­ti­fi­cán­do­se poco a poco con los obre­ros y cam­pe­si­nos. Espe­ra­mos que no se deten­gan a medio camino, y menos aún que retro­ce­dan, pues el retro­ce­so no les ofre­ce futu­ro alguno. Como el sis­te­ma social de nues­tro país ha cam­bia­do y la base eco­nó­mi­ca de la ideo­lo­gía bur­gue­sa ha sido liqui­da­da en lo fun­da­men­tal, no sólo es nece­sa­rio, sino tam­bién posi­ble, que muchos de nues­tros inte­lec­tua­les cam­bien su con­cep­ción del mun­do. Pero el cam­bio total de la con­cep­ción del mun­do exi­ge un lap­so muy dila­ta­do y debe­mos actuar con pacien­cia, sin apre­su­ra­mien­to. Exis­ten, efec­ti­va­men­te, gen­tes que se nie­gan siem­pre a acep­tar ideo­ló­gi­ca­men­te el mar­xis­mo-leni­nis­mo, el comu­nis­mo. No debe­mos ser muy exi­gen­tes con ellos. Si obe­de­cen a los reque­ri­mien­tos del Esta­do y sus acti­vi­da­des son líci­tas, debe­mos dar­les la posi­bi­li­dad de dedi­car­se a un tra­ba­jo ade­cua­do.

En los últi­mos tiem­pos el tra­ba­jo ideo­ló­gi­co y polí­ti­co entre los inte­lec­tua­les y jóve­nes estu­dian­tes se ha debi­li­ta­do y han sur­gi­do algu­nas ten­den­cias mal­sa­nas. A los ojos de algu­nos, ya es inne­ce­sa­rio preo­cu­par­se de la polí­ti­ca, el futu­ro de la patria o los idea­les de la huma­ni­dad. Les pare­ce que el mar­xis­mo que esta­ba antes tan de moda ya no lo está tan­to. Para con­tra­rres­tar estas ten­den­cias, debe­mos aho­ra inten­si­fi­car nues­tro tra­ba­jo ideo­ló­gi­co y polí­ti­co. Tan­to los inte­lec­tua­les como los jóve­nes estu­dian­tes deben estu­diar con ahín­co. A la par que estu­dian sus espe­cia­li­da­des, tie­nen que pro­gre­sar ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca­men­te, y para eso deben estu­diar el mar­xis­mo, los asun­tos de actua­li­dad y la polí­ti­ca. No tener un correc­to pun­to de vis­ta polí­ti­co equi­va­le a no tener alma. La trans­for­ma­ción ideo­ló­gi­ca rea­li­za­da en el pasa­do fue nece­sa­ria y repor­tó resul­ta­dos posi­ti­vos. Pero los méto­dos emplea­dos fue­ron un tan­to brus­cos y los sen­ti­mien­tos de algu­nos fue­ron heri­dos, lo cual no está bien. En ade­lan­te hay que evi­tar este defec­to. Todos los depar­ta­men­tos y orga­ni­za­cio­nes deben res­pon­sa­bi­li­zar­se de la labor ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca. Esto se apli­ca al Par­ti­do Comu­nis­ta, a la Liga de la Juven­tud, a los depar­ta­men­tos guber­na­men­ta­les encar­ga­dos de eta labor y, con mayor moti­vo, a los direc­to­res y pro­fe­so­res de los cen­tros docen­tes. Nues­tra polí­ti­ca edu­ca­cio­nal debe per­mi­tir a todos aque­llos que reci­ben edu­ca­ción desa­rro­llar­se moral, inte­lec­tual y físi­ca­men­te y con­ver­tir­se en tra­ba­ja­do­res cul­tos y con con­cien­cia socia­lis­ta. Debe­mos pro­pa­gar la idea de cons­truir el país con labo­rio­si­dad y eco­no­mía. Debe­mos hacer com­pren­der a toda la juven­tud que nues­tro país es toda­vía muy pobre, que no pode­mos cam­biar esta situa­ción de mane­ra radi­cal en un pla­zo bre­ve, y que sólo por los esfuer­zos man­co­mu­na­dos que des­plie­gan la joven gene­ra­ción y todo el pue­blo tra­ba­jan­do con ahín­co con sus pro­pias manos, Chi­na podrá hacer­se rica y pode­ro­sa en el cur­so de varios dece­nios. La ins­tau­ra­ción del sis­te­ma socia­lis­ta nos ha abier­to el camino que con­du­ce a la socie­dad ideal, pero para que ésta se haga reali­dad tene­mos que tra­ba­jar dura­men­te. Algu­nos jóve­nes con­si­de­ran que, una vez esta­ble­ci­da la socie­dad socia­lis­ta, todo debe ser per­fec­to y pue­den gozar de una vida feliz que ya está dada, sin nece­si­dad de tra­ba­jar por ella. Este cri­te­rio no corres­pon­de a la reali­dad.

El problema de las minorías nacionales

El núme­ro de per­so­nas que per­te­ne­cen a las mino­rías nacio­na­les exce­de, en nues­tro país, los 30 millo­nes. Aun­que solo repre­sen­tan el 6 por cien­to de la pobla­ción de Chi­na, habi­tan exten­sas regio­nes que cons­ti­tu­yen del 50 al 60 por cien­to de la super­fi­cie total del país. Por eso es de nece­si­dad impe­rio­sa fomen­tar las bue­nas rela­cio­nes entre la nacio­na­li­dad han y las mino­rías nacio­na­les. La cla­ve de este pro­ble­ma está en supe­rar el cho­vi­nis­mo de gran han. Al mis­mo tiem­po, hay que supe­rar tam­bién el nacio­na­lis­mo local en aque­llas mino­rías nacio­na­les en don­de exis­te. Tan­to el cho­vi­nis­mo de gran han como el nacio­na­lis­mo local des­fa­vo­re­cen la uni­dad entre la nacio­na­li­da­des; éstas son con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo que debe­mos supe­rar. Hemos rea­li­za­do ya cier­ta labor en ese sen­ti­do. En la mayo­ría de las regio­nes pobla­das por mino­rías nacio­na­les, las rela­cio­nes entre las nacio­na­li­da­des han mejo­ra­do mucho, con res­pec­to al perio­do ante­rior. Sin embar­go, que­dan algu­nos pro­ble­mas en espe­ra de solu­ción. Aún exis­ten, en par­te de dichas regio­nes, mani­fes­ta­cio­nes serias tan­to del cho­vi­nis­mo de gran han como del nacio­na­lis­mo local, a lo cual debe pres­tar­se sufi­cien­te aten­ción. Como resul­ta­do de los esfuer­zos rea­li­za­dos por el pue­blo de todas las nacio­na­li­da­des duran­te los últi­mos años, en la inmen­sa mayo­ría de las regio­nes habi­ta­das por las mino­rías nacio­na­les en nues­tro país se han com­ple­ta­do ya, en lo fun­da­men­tal, las refor­mas demo­crá­ti­cas y las trans­for­ma­cio­nes socia­lis­tas. En el Tibet no se han implan­ta­do aún las refor­mas demo­crá­ti­cas debi­do a que allí las con­di­cio­nes no están toda­vía madu­ras. Según el acuer­do de die­ci­sie­te artícu­los, con­cer­ta­do entre el Gobierno Popu­lar Cen­tral y el gobierno local del Tibet, la refor­ma del sis­te­ma social debe rea­li­zar­se, pero el momen­to para su implan­ta­ción podrá ser deci­di­do sólo cuan­do la gran mayo­ría del pue­blo tibe­tano y sus per­so­na­li­da­des diri­gen­tes lo con­si­de­ren fac­ti­ble. Sobre este par­ti­cu­lar no pue­de haber pre­ci­pi­ta­ción. Por aho­ra, se ha toma­do la deci­sión de no implan­tar refor­mas duran­te el Segun­do Plan Quin­que­nal. La cues­tión de si éstas serán intro­du­ci­das duran­te el Ter­cer Plan Quin­que­nal será deci­di­da a la luz de la situa­ción enton­ces exis­ten­te.

Planificación total y disposiciones apropiadas

Por pla­ni­fi­ca­ción total enten­de­mos una pla­ni­fi­ca­ción que ten­ga en cuen­ta a nues­tros 600 millo­nes de habi­tan­tes. Al tra­zar los pla­nes, mane­jar los asun­tos o con­si­de­rar los pro­ble­mas, debe­mos par­tir del hecho de que Chi­na tie­ne una pobla­ción de 600 millo­nes de habi­tan­tes, hecho que no pode­mos olvi­dar jamás. ¿Por qué se plan­tea seme­jan­te cues­tión? ¿Aca­so pue­de haber quien aún no sepa que nues­tro país tie­ne una pobla­ción de 600 millo­nes? Todos lo saben, natu­ral­men­te, pero, en la prác­ti­ca, algu­nos lo olvi­dan y les pare­ce que sería mejor cuan­to menos gen­te hubie­ra y más redu­ci­do fue­ra el círcu­lo. Los que tie­nen esta men­ta­li­dad de peque­ño círcu­lo ofre­cen resis­ten­cia a la idea de poner en jue­go todos los fac­to­res posi­ti­vos, unir a todos los que son sus­cep­ti­bles de ser uni­dos y, en la medi­da de lo posi­ble, trans­for­mar los fac­to­res nega­ti­vos en posi­ti­vos para que sir­van a la gran cau­sa de la edi­fi­ca­ción de una socie­dad socia­lis­ta. Espe­ro que esa gen­te ensan­che sus hori­zon­tes y reco­noz­ca de veras que tene­mos una pobla­ción de 600 millo­nes, que éste es un hecho obje­ti­vo y que cons­ti­tu­ye nues­tro capi­tal. Nues­tra pobla­ción nume­ro­sa es una cosa bue­na, pero, cla­ro está, que impli­ca tam­bién difi­cul­ta­des. Nues­tra cons­truc­ción se desen­vuel­ve con ímpe­tu en todos los terre­nos y ha con­se­gui­do gran­des éxi­tos, pero en el actual perio­do de tran­si­ción, de gran­des cam­bios socia­les, hay aún muchos pro­ble­mas difí­ci­les. La exis­ten­cia simul­tá­nea del avan­ce y las difi­cul­ta­des es, pre­ci­sa­men­te, una con­tra­dic­ción. Sin embar­go, todas las con­tra­dic­cio­nes no sólo deben ser resuel­tas sino que pue­den ser­lo por com­ple­to. Nues­tro polí­ti­ca es pla­ni­fi­ca­ción total y dis­po­si­cio­nes apro­pia­das. En todos los pro­ble­mas, ya se tra­te de cerea­les, de cala­mi­da­des de la natu­ra­le­za, del empleo, la edu­ca­ción, los inte­lec­tua­les, del fren­te úni­co de todas las fuer­zas patrio­tas, de las mino­rías nacio­na­les, o de otros pro­ble­mas, hay que par­tir del pun­to de vis­ta de la pla­ni­fi­ca­ción total que toma en con­si­de­ra­ción a todo el pue­blo, y tomar las diver­sas dis­po­si­cio­nes apro­pia­das de acuer­do con las posi­bi­li­da­des reales en el tiem­po y lugar dados, una vez se con­sul­te a los intere­sa­dos. De nin­gún modo se pue­den elu­dir las cues­tio­nes, argu­yen­do que la gen­te es muchí­si­ma, está muy atra­sa­da y que el asun­to es com­pli­ca­do y difí­cil de rea­li­zar. ¿Sig­ni­fi­ca lo dicho que el Gobierno debe preo­cu­par­se de cada habi­tan­te y de la eje­cu­ción de todas las cosas? Cla­ro está que no. En muchos casos, pue­den preo­cu­par­se de ellos las orga­ni­za­cio­nes socia­les o las masas direc­ta­men­te, ya que ambas son ple­na­men­te capa­ces de idear muchas bue­nas solu­cio­nes. Esto tam­bién entra den­tro de la polí­ti­ca de pla­ni­fi­ca­ción total y dis­po­si­cio­nes apro­pia­das. Debe­mos orien­tar hacer así a las orga­ni­za­cio­nes socia­les y a las masas de todas las regio­nes del país.

Sobre las consignas de que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento, y coexistencia duradera y supervisión mutua

¿Cómo se plan­tea­ron las con­sig­nas de que se abran cien flo­res y com­pi­tan cien escue­las de pen­sa­mien­to y coexis­ten­cia dura­de­ra y super­vi­sión mutua? Fue­ron enun­cia­das en base a la situa­ción con­cre­ta de Chi­na, en base al reco­no­ci­mien­to de que en la socie­dad socia­lis­ta siguen exis­tien­do diver­sas cla­ses de con­tra­dic­cio­nes, en base a la exi­gen­cia apre­mian­te de ace­le­rar el desen­vol­vi­mien­to eco­nó­mi­co y cul­tu­ral del país. La orien­ta­ción de que se abran cien flo­res y com­pi­tan cien escue­las de pen­sa­mien­to es la orien­ta­ción para pro­mo­ver el desa­rro­llo del arte y el pro­gre­so de la cien­cia, para hacer flo­re­cer la cul­tu­ra socia­lis­ta de nues­tro país. Pue­den desa­rro­llar­se libre­men­te dis­tin­tas for­mas y esti­los en el arte, y com­pe­tir libre­men­te dife­ren­tes escue­las en la cien­cia. Con­si­de­ra­mos que es per­ju­di­cial al desa­rro­llo del arte y de la cien­cia recu­rrir a medi­das admi­nis­tra­ti­vas para impo­ner un par­ti­cu­lar esti­lo de arte o escue­la de pen­sa­mien­to y prohi­bir otro. El pro­ble­ma de lo correc­to y lo erró­neo en el arte y en la cien­cia debe resol­ver­se median­te dis­cu­sio­nes libres en los círcu­los artís­ti­cos y cien­tí­fi­cos, a tra­vés de la prác­ti­ca del arte o de la cien­cia, y no de mane­ra sim­plis­ta. Para deter­mi­nar si una cosa es correc­ta o erró­nea se requie­re a menu­do un perio­do de prue­ba. En la his­to­ria es fre­cuen­te que lo nue­vo, lo acer­ta­do, no obten­ga al prin­ci­pio el asen­so de la mayo­ría de las per­so­nas, y que sólo pue­da desa­rro­llar­se de mane­ra tor­tuo­sa en la lucha. Muchas veces, lo jus­to y bueno no ha sido con­si­de­ra­do al prin­ci­pio como flor fra­gan­te, sino, por el con­tra­rio, como hier­ba vene­no­sa. La tesis de Copér­ni­co sobre el sis­te­ma solar y la teo­ría de la evo­lu­ción de Dar­win, fue­ron con­si­de­ra­das erró­neas en un tiem­po y atra­ve­sa­ron una ardua lucha. La his­to­ria de Chi­na ofre­ce nume­ro­sos ejem­plos análo­gos. En la socie­dad socia­lis­ta, las con­di­cio­nes para el desa­rro­llo de las cosas nue­vas son radi­cal­men­te dis­tin­tas y mucho más pro­pi­cias que en la socie­dad vie­ja. Sin embar­go, aún suce­de con fre­cuen­cia que las fuer­zas nacien­tes son fre­na­das, y las opi­nio­nes razo­na­bles, supri­mi­das. La expan­sión de las cosas nue­vas pue­de ser tam­bién obs­ta­cu­li­za­da, no por una repre­sión hecha adre­de, sino por fal­ta de dis­cer­ni­mien­to. Razón por la cual, ante la cues­tión de lo correc­to y lo erró­neo en la cien­cia y en el arte, debe­mos adop­tar una acti­tud pru­den­te, esti­mu­lar la dis­cu­sión libre y evi­tar las con­clu­sio­nes pre­ci­pi­ta­das. Cree­mos que la adop­ción de esta acti­tud pue­de ase­gu­rar un desa­rro­llo rela­ti­va­men­te fácil del arte y la cien­cia.

El mar­xis­mo se ha desa­rro­lla­do tam­bién en la lucha. Al prin­ci­pio, fue obje­to de toda suer­te de ata­ques y con­si­de­ra­do como hier­ba vene­no­sa. Aún hoy es ata­ca­do y con­si­de­ra­do como hier­ba vene­no­sa en muchos luga­res del mun­do. Sin embar­go, goza de una posi­ción muy dife­ren­te en los paí­ses socia­lis­tas. Pero, inclu­so en éstos, exis­ten toda­vía ideas no mar­xis­tas, así como tam­bién anti­mar­xis­tas. En Chi­na, aun­que en lo fun­da­men­tal se ha con­su­ma­do la trans­for­ma­ción socia­lis­ta de la pro­pie­dad y han ter­mi­na­do las vas­tas y tem­pes­tuo­sas luchas de cla­se de las masas, carac­te­rís­ti­cas de los ante­rio­res perio­dos revo­lu­cio­na­rios, sub­sis­ten rema­nen­tes de las cla­ses derro­ca­das: la cla­se terra­te­nien­te y la bur­gue­sía com­pra­do­ra; sub­sis­te la bur­gue­sía, y la trans­for­ma­ción de la peque­ña bur­gue­sía sólo aca­ba de empe­zar. La lucha de cla­ses no ha ter­mi­na­do. La lucha de cla­ses entre el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía, entre las dife­ren­tes fuer­zas polí­ti­cas y entre el pro­le­ta­ria­do y la bur­gue­sía en el terreno ideo­ló­gi­co, será aún lar­ga, tor­tuo­sa y a veces inclu­so muy enco­na­da. El pro­le­ta­ria­do aspi­ra a trans­for­mar el uni­ver­so según su con­cep­ción del mun­do, y la bur­gue­sía, según la suya. A este res­pec­to, aún no ha sido resuel­ta en defi­ni­ti­va la cues­tión de quién ven­ce­rá: el socia­lis­mo o el capi­ta­lis­mo. Los mar­xis­tas siguen cons­ti­tu­yen­do una mino­ría en la pobla­ción, así como entre los inte­lec­tua­les. Por eso el mar­xis­mo tie­ne toda­vía que seguir desa­rro­llán­do­se a tra­vés de la lucha. El mar­xis­mo sólo pue­de desa­rro­llar­se en la lucha, esto es cier­to no sólo para el pasa­do y el pre­sen­te, tam­bién es nece­sa­ria­men­te cier­to para el futu­ro. Lo correc­to se desa­rro­lla siem­pre en el pro­ce­so de la lucha con­tra lo erró­neo. Lo verí­di­co, lo bueno y lo her­mo­so siem­pre exis­ten en con­tras­te con lo fal­so, lo malo y lo feo, siem­pre se desa­rro­llan en la lucha con­tra ellos. Cuan­do la huma­ni­dad desecha en gene­ral un error y acep­ta una ver­dad, una nue­va ver­dad comien­za a luchar con­tra las nue­vas ideas erró­neas. Esta lucha no cesa­rá jamás. Esta es la ley del desa­rro­llo de la ver­dad y, des­de lue­go, la ley del desa­rro­llo del mar­xis­mo.

Pasa­rá un tiem­po bas­tan­te lar­go antes de que se resuel­va la cues­tión de quién ven­ce­rá a quién en la lucha ideo­ló­gi­ca entre el socia­lis­mo y el capi­ta­lis­mo en Chi­na. Esto se expli­ca por­que la influen­cia de la bur­gue­sía y de los inte­lec­tua­les pro­ve­nien­tes de la vie­ja socie­dad sub­sis­ti­rá por un lar­go tiem­po en nues­tro país, y así tam­bién su ideo­lo­gía de cla­se. Quien no lo com­pren­da bien, o no lo com­pren­da en abso­lu­to, come­te­rá el más gra­ve de los erro­res y pasa­rá por alto la nece­si­dad de la lucha en el terreno ideo­ló­gi­co. La lucha ideo­ló­gi­ca difie­re de otras for­mas de lucha. En ella no pue­den emplear­se pro­ce­di­mien­tos tos­cos y coer­ci­ti­vos, sino sólo el méto­do del minu­cio­so razo­na­mien­to. Hoy, el socia­lis­mo está en una posi­ción ven­ta­jo­sa en la lucha ideo­ló­gi­ca. La fuer­za bási­ca del Poder se halla en manos del pue­blo tra­ba­ja­dor diri­gi­do por el pro­le­ta­ria­do. El Par­ti­do Comu­nis­ta es fuer­te y goza de alto pres­ti­gio. Aun­que hay defec­tos y erro­res en nues­tro tra­ba­jo, cual­quier per­so­na impar­cial pue­de ver que somos lea­les al pue­blo, que esta­mos ple­na­men­te deci­di­dos a edi­fi­car bien nues­tra patria jun­to con el pue­blo y somos capa­ces de hacer­lo, y que ya hemos con­se­gui­do gran­des éxi­tos y obten­dre­mos otros mayo­res aún. La inmen­sa mayo­ría de los ele­men­tos bur­gue­ses y de los inte­lec­tua­les pro­ve­nien­tes de la vie­ja socie­dad son patrio­tas, están dis­pues­tos a ser­vir a su flo­re­cien­te patria socia­lis­ta, y saben que si se apar­tan de la cau­sa del socia­lis­mo y del pue­blo tra­ba­ja­dor diri­gi­do por el Par­ti­do Comu­nis­ta, no ten­drán dón­de apo­yar­se y, en con­se­cuen­cia, care­ce­rán de futu­ro lumi­no­so.

Cabe la siguien­te pre­gun­ta: ¿Pue­de ser cri­ti­ca­do el mar­xis­mo, pues­to que es acep­ta­do como ideo­lo­gía rec­to­ra por la mayo­ría del pue­blo de nues­tro país? Des­de lue­go que sí. El mar­xis­mo es una ver­dad cien­tí­fi­ca y no teme la crí­ti­ca. Si temie­se la crí­ti­ca, si pudie­se ser derro­ta­do con crí­ti­cas, no ten­dría valor alguno. ¿Aca­so, de hecho, los idea­lis­tas no cri­ti­can el mar­xis­mo a dia­rio y por todos los medios? ¿Aca­so los que se afe­rran a las ideas bur­gue­sas o peque­ño­bur­gue­sas y no desean modi­fi­car­las, no cri­ti­can el mar­xis­mo tam­bién por todos los medios? Los mar­xis­tas no deben temer la crí­ti­ca, ven­ga ésta de don­de ven­ga. Por el con­tra­rio, los mar­xis­tas tie­nen que tem­plar­se, desa­rro­llar­se y ampliar sus posi­cio­nes pre­ci­sa­men­te a tra­vés de la crí­ti­ca, en la tor­men­ta de la lucha. La lucha con­tra las ideas erró­neas pue­de com­pa­rar­se con la vacu­na­ción: el hom­bre está inmu­ne con­tra la enfer­me­dad una vez que la vacu­na ha hecho efec­to. La cosa crea­da en inver­na­de­ro no pue­de tener gran vita­li­dad. La rea­li­za­ción de la polí­ti­ca de que se abran cien flo­res y com­pi­tan cien escue­las de pen­sa­mien­to no debi­li­ta­rá sino for­ta­le­ce­rá la posi­ción rec­to­ra del mar­xis­mo en el cam­po ideo­ló­gi­co.

¿Cuál debe ser nues­tra polí­ti­ca con res­pec­to a las ideas no mar­xis­tas? En lo que con­cier­ne a los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios evi­den­tes y a los sabo­tea­do­res de la cau­sa socia­lis­ta, la cosa es fácil: les pri­va­mos sim­ple­men­te de la liber­tad de pala­bra. Pero el asun­to se pre­sen­ta de muy dis­tin­ta mane­ra si se tra­ta de ideas erró­neas en el seno del pue­blo. ¿Pue­den prohi­bir­se tales ideas y no dar­les la menor opor­tu­ni­dad de expre­sar­las? Des­de lue­go que no. La apli­ca­ción de méto­dos sim­plis­tas para tra­tar pro­ble­mas ideo­ló­gi­cos en el seno del pue­blo, pro­ble­mas refe­ren­tes al mun­do espi­ri­tual del hom­bre, es no sólo inefi­caz sino ade­más suma­men­te per­ni­cio­sa. Se pue­de prohi­bir la expre­sión de ideas erró­neas, pero éstas siguen exis­tien­do. Por otro lado, si las ideas acer­ta­das han sido cul­ti­va­das en inver­na­de­ro, si no han sido expues­tas a los vien­tos y las llu­vias, si no han sido inmu­ni­za­das, no podrán ven­cer al enfren­tar­se con las ideas erró­neas. Por eso, sólo emplean­do los méto­dos de dis­cu­sión, crí­ti­ca y razo­na­mien­to pode­mos real­men­te fomen­tar las ideas acer­ta­das, supe­rar las erró­neas y solu­cio­nar en reali­dad los pro­ble­mas.

La bur­gue­sía y la peque­ña bur­gue­sía exte­rio­ri­za­rán inde­fec­ti­ble­men­te su ideo­lo­gía. Se expre­sa­rán, obs­ti­na­da­men­te y por todos los medios posi­bles, en las cues­tio­nes polí­ti­cas e ideo­ló­gi­cas. No se pue­de espe­rar que no pro­ce­dan así. No debe­mos impe­dir median­te coac­ción que se mani­fies­ten; al con­tra­rio, debe­mos per­mi­tir­les que lo hagan y, al mis­mo tiem­po, deba­tir con ellos y some­ter­los a una crí­ti­ca ade­cua­da. Está fue­ra de duda que debe­mos cri­ti­car las ideas erró­neas de toda índo­le. Por supues­to que es inad­mi­si­ble abs­te­ner­se de cri­ti­car las ideas equi­vo­ca­das, con­tem­plar con indi­fe­ren­cia cómo se difun­den por todas par­tes y per­mi­tir­les mono­po­li­zar el mer­ca­do. Todo error debe ser cri­ti­ca­do y toda hier­ba vene­no­sa, arran­ca­da. Sin embar­go, la crí­ti­ca no ha de ser dog­má­ti­ca; no hay que emplear el méto­do meta­fí­si­co, sino esfor­zar­se por apli­car el méto­do dia­léc­ti­co. Lo que se nece­si­ta es aná­li­sis cien­tí­fi­co y argu­men­tos ple­na­men­te con­vin­cen­tes. La crí­ti­ca dog­má­ti­ca no resuel­ve nada. Esta­mos con­tra toda cla­se de hier­bas vene­no­sas, pero debe­mos dis­tin­guir con cui­da­do qué es en ver­dad una hier­ba vene­no­sa y qué es una autén­ti­ca flor fra­gan­te. Debe­mos apren­der, jun­to con las masas popu­la­res, a esta­ble­cer con cui­da­do esta dis­tin­ción y a usar méto­dos acer­ta­dos para com­ba­tir las hier­bas vene­no­sas.

A la par que cri­ti­ca­mos el dog­ma­tis­mo, debe­mos tam­bién aten­der a la crí­ti­ca del revi­sio­nis­mo. El revi­sio­nis­mo u opor­tu­nis­mo de dere­cha es una ten­den­cia ideo­ló­gi­ca bur­gue­sa; es más peli­gro­so que el dog­ma­tis­mo. Los revi­sio­nis­tas, opor­tu­nis­tas de dere­cha, ala­ban de pala­bra el mar­xis­mo; tam­bién ata­can el «dog­ma­tis­mo», pero lo que ata­can es pre­ci­sa­men­te la quin­tae­sen­cia del mar­xis­mo. Com­ba­ten o ter­gi­ver­san el mate­ria­lis­mo y la dia­léc­ti­ca; com­ba­ten o inten­tan debi­li­tar la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar y la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta; com­ba­ten o inten­tan debi­li­tar la trans­for­ma­ción y la cons­truc­ción socia­lis­tas. Inclu­so des­pués de la vic­to­ria fun­da­men­tal de la revo­lu­ción socia­lis­ta en nues­tro país, que­da toda­vía un cier­to núme­ro de gen­tes que sue­ñan con res­tau­rar el sis­te­ma capi­ta­lis­ta; estas gen­tes luchan con­tra la cla­se obre­ra en todos los fren­tes, inclui­do el ideo­ló­gi­co. Y en esta lucha, tie­nen en los revi­sio­nis­tas a sus mejo­res asis­ten­tes.

Estas dos con­sig­nas —que se abran cien flo­res y com­pi­tan cien escue­las de pen­sa­mien­to— no tie­nen, ver­bal­men­te, carác­ter de cla­se; las pue­de uti­li­zar el pro­le­ta­ria­do, así como tam­bién la bur­gue­sía, u otras gen­tes. Cada cla­se, cada capa y cada gru­po social, tie­ne su pro­pio pun­to de vis­ta acer­ca de qué son flo­res fra­gan­tes y qué hier­bas vene­no­sas. Enton­ces, des­de el pun­to de vis­ta de las gran­des masas popu­la­res, ¿cuá­les deben ser hoy nues­tros cri­te­rios para dis­tin­guir a las flo­res fra­gan­tes de las hier­bas vene­no­sas? ¿Cómo juz­gar, en el mar­co de la vida polí­ti­ca de nues­tro pue­blo, si son correc­tas o erró­neas nues­tras pala­bras y actos? Con­si­de­ra­mos que, con arre­glo a los prin­ci­pios de nues­tra Cons­ti­tu­ción, la volun­tad de la aplas­tan­te mayo­ría de nues­tro pue­blo y las posi­cio­nes polí­ti­cas comu­nes pro­cla­ma­das en varias oca­sio­nes por los par­ti­dos y gru­pos polí­ti­cos de nues­tro país, se pue­den for­mu­lar, en tér­mi­nos gene­ra­les, los siguien­tes cri­te­rios: 1) las pala­bras y actos deben con­tri­buir a unir, y no a divi­dir, a los pue­blos de nues­tras dis­tin­tas nacio­na­li­da­des; 2) deben favo­re­cer, y no per­ju­di­car, la trans­for­ma­ción y la cons­truc­ción socia­lis­tas; 3) deben con­tri­buir a con­so­li­dar, y no a minar o debi­li­tar, la dic­ta­du­ra demo­crá­ti­ca popu­lar; 4) deben con­tri­buir a afian­zar, y no a soca­var o debi­li­tar, el cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co; 5) deben con­tri­buir a for­ta­le­cer, y no a des­car­tar o debi­li­tar, la direc­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta; 6) deben favo­re­cer, y no per­ju­di­car, la uni­dad inter­na­cio­nal socia­lis­ta y la uni­dad de los pue­blos de todo el mun­do aman­te de la paz. De estos seis cri­te­rios, los más impor­tan­tes son el camino socia­lis­ta y la direc­ción del Par­ti­do. Estos cri­te­rios se plan­tean con el fin de ayu­dar al pue­blo a fomen­tar, y no a obs­ta­cu­li­zar, la libre dis­cu­sión de las dis­tin­tas cues­tio­nes. Los que desaprue­ban estos cri­te­rios pue­den, des­de lue­go, expre­sar sus pro­pias opi­nio­nes y argu­men­tar­las. Sin embar­go, cuan­do la mayo­ría de la gen­te tie­ne cri­te­rios bien defi­ni­dos, se pue­den encau­zar la crí­ti­ca y la auto­crí­ti­ca, y apli­car esos cri­te­rios a las pala­bras y las accio­nes de las per­so­nas para deter­mi­nar si son correc­tas o erró­neas, si se tra­ta de flo­res fra­gan­tes o de hier­bas vene­no­sas. Los cri­te­rios men­cio­na­dos son cri­te­rios polí­ti­cos. Cla­ro que para juz­gar sobre la cer­te­za de las tesis cien­tí­fi­cas y el nivel artís­ti­co de las obras de arte hacen fal­ta ade­más otros cri­te­rios espe­cí­fi­cos. No obs­tan­te, los seis cri­te­rios polí­ti­cos enun­cia­dos son apli­ca­bles a cual­quier acti­vi­dad cien­tí­fi­ca o artís­ti­ca. ¿Aca­so, en un país socia­lis­ta como el nues­tro, pue­de exis­tir algu­na acti­vi­dad cien­tí­fi­ca o artís­ti­ca útil que esté en pug­na con estos cri­te­rios polí­ti­cos?

Todos los pun­tos de vis­ta expues­tos arri­ba están basa­dos en las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas con­cre­tas de Chi­na. En cada país socia­lis­ta y en cada Par­ti­do Comu­nis­ta las con­di­cio­nes varían. Por eso noso­tros no con­si­de­ra­mos, ni mucho menos, que ellos ten­gan nece­si­dad o deban seguir el camino chino.

La con­sig­na «coexis­ten­cia dura­de­ra y super­vi­sión mutua» tam­bién es fru­to de las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas con­cre­tas de nues­tro país. La pre­sen­ta­ción de esta con­sig­na no ha sido en modo alguno súbi­ta, pues­to que esta­ba madu­ran­do ya duran­te varios años. La idea de la coexis­ten­cia dura­de­ra vive des­de hace mucho tiem­po. Des­pués de ser esta­ble­ci­do en lo fun­da­men­tal el sis­te­ma socia­lis­ta el año pasa­do, esta con­sig­na fue plan­tea­da en tér­mi­nos explí­ci­tos. ¿Por qué, enton­ces, hay que admi­tir una lar­ga coexis­ten­cia de los par­ti­dos demo­crá­ti­cos de la bur­gue­sía y de la peque­ña bur­gue­sía con el par­ti­do polí­ti­co de la cla­se obre­ra? Por­que no tene­mos moti­vo para no adop­tar la polí­ti­ca de coexis­ten­cia dura­de­ra con res­pec­to a todos los par­ti­dos sin­ce­ra­men­te dedi­ca­dos a la tarea de unir al pue­blo en la cau­sa del socia­lis­mo y que gozan de la con­fian­za del pue­blo. En la II Sesión del Con­se­jo Con­sul­ti­vo Polí­ti­co del Pue­blo Chino, cele­bra­da en junio de 1950, ya dije: «Si alguien tie­ne el ver­da­de­ro deseo de ser­vir al pue­blo, si ha ayu­da­do real­men­te al pue­blo en un perio­do difí­cil para éste, ha rea­li­za­do bue­nas obras y sigue hacién­do­las con­se­cuen­te­men­te sin dete­ner­se a medio camino, ni el pue­blo ni el gobierno del pue­blo ten­drán moti­vos para renun­ciar a él, para negar­le la posi­bi­li­dad de exis­tir y de pres­tar sus ser­vi­cios». Lo que defi­ní aquí es, pre­ci­sa­men­te, la base polí­ti­ca de la coexis­ten­cia dura­de­ra de los par­ti­dos. La coexis­ten­cia dura­de­ra del Par­ti­do Comu­nis­ta con los par­ti­dos demo­crá­ti­cos cons­ti­tu­ye nues­tro deseo y tam­bién nues­tra polí­ti­ca. La exis­ten­cia pro­lon­ga­da de los par­ti­dos demo­crá­ti­cos no depen­de tan sólo de los deseos del Par­ti­do Comu­nis­ta; depen­de tam­bién de cómo se com­por­tan ellos mis­mos, de si gozan de la con­fian­za del pue­blo. La super­vi­sión mutua entre los dis­tin­tos par­ti­dos es un hecho que exis­te des­de hace tiem­po, en la for­ma de con­se­jo y crí­ti­ca recí­pro­cos. La super­vi­sión mutua no es, des­de lue­go, un asun­to uni­la­te­ral; sig­ni­fi­ca que el Par­ti­do Comu­nis­ta pue­de ejer­cer super­vi­sión sobre los par­ti­dos demo­crá­ti­cos, y éstos asi­mis­mo pue­den hacer lo mis­mo sobre el Par­ti­do Comu­nis­ta. ¿Por qué, pues, se admi­te la super­vi­sión de los par­ti­dos demo­crá­ti­cos sobre el Par­ti­do Comu­nis­ta? Por­que un par­ti­do, lo mis­mo que una per­so­na, tie­ne gran nece­si­dad de oír opi­nio­nes dife­ren­tes de las suyas. Es de todos cono­ci­do que la super­vi­sión sobre el Par­ti­do Comu­nis­ta la ejer­cen prin­ci­pal­men­te el pue­blo tra­ba­ja­dor y sus mili­tan­tes. Pero será más pro­ve­cho­sa aún para noso­tros la par­ti­ci­pa­ción de los par­ti­dos demo­crá­ti­cos. Cla­ro que las opi­nio­nes y crí­ti­cas inter­cam­bia­das por los par­ti­dos demo­crá­ti­cos y el Par­ti­do Comu­nis­ta podrán desem­pe­ñar el papel posi­ti­vo de la super­vi­sión mutua sólo cuan­do corres­pon­dan a los seis cri­te­rios polí­ti­cos antes enun­cia­dos. Por eso espe­ra­mos que los par­ti­dos demo­crá­ti­cos pres­ten aten­ción a la trans­for­ma­ción ideo­ló­gi­ca y se esfuer­cen por una coexis­ten­cia dura­de­ra y una super­vi­sión mutua con el Par­ti­do Comu­nis­ta, para adap­tar­se a las nece­si­da­des de la nue­va socie­dad.

Acerca de los desórdenes producidos por un pequeño número de personas

En 1956, se regis­tra­ron en algu­nos luga­res huel­gas de un insig­ni­fi­can­te núme­ro de obre­ros y estu­dian­tes. La cau­sa inme­dia­ta de estos dis­tur­bios fue el hecho de no haber­se resuel­to favo­ra­ble­men­te algu­nas deman­das de bene­fi­cios mate­ria­les, de las cua­les algu­nas deben y pue­den ser con­ce­di­das mien­tras otras son inade­cua­das o exce­si­vas, por lo cual, de momen­to, no pue­den aten­der­se. Pero la cau­sa más impor­tan­te de los des­ór­de­nes fue el buro­cra­tis­mo de los que ocu­pa­ban pues­tos diri­gen­tes. La res­pon­sa­bi­li­dad de estos erro­res buro­crá­ti­cos debe impu­tar­se, en algu­nos casos, a las auto­ri­da­des supe­rio­res, y no pue­de cul­par­se tan sólo a los nive­les infe­rio­res. Otra cau­sa de los dis­tur­bios resi­de en la insu­fi­cien­te edu­ca­ción ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca dada a los obre­ros y a los estu­dian­tes. Duran­te el mis­mo año, un peque­ño núme­ro de miem­bros de coope­ra­ti­vas agrí­co­las pro­du­je­ron des­ór­de­nes, moti­va­dos prin­ci­pal­men­te tam­bién por el buro­cra­tis­mo de la direc­ción y por la insu­fi­cien­cia de edu­ca­ción dada a las masas.

Se debe admi­tir que, con la mayor fre­cuen­cia, algu­nos se incli­nan a preo­cu­par­se de los intere­ses inme­dia­tos, par­cia­les y per­so­na­les y no com­pren­den o com­pren­den insu­fi­cien­te­men­te los intere­ses a lar­go pla­zo, nacio­na­les y colec­ti­vos. Una bue­na par­te de la juven­tud, por fal­ta de expe­rien­cia polí­ti­ca y vida social, no sabe com­pa­rar la Nue­va Chi­na con la vie­ja; no le resul­ta fácil com­pren­der a fon­do ni las incon­ta­bles pena­li­da­des que nues­tro pue­blo ha expe­ri­men­ta­do en su lucha para libe­rar­se de la opre­sión del impe­ria­lis­mo y de la reac­ción kuo­min­ta­nis­ta, ni el lar­go perio­do de arduo tra­ba­jo nece­sa­rio para cons­truir una bella socie­dad socia­lis­ta. He aquí por qué debe­mos rea­li­zar cons­tan­te­men­te una edu­ca­ción polí­ti­ca viva y efi­caz entre las masas, decir­les siem­pre la ver­dad sobre las difi­cul­ta­des que sur­jan y estu­diar con ellas la mane­ra de resol­ver­las.

No apro­ba­mos los des­ór­de­nes, ya que las con­tra­dic­cio­nes en el seno del pue­blo pue­den ser resuel­tas por el méto­do de «uni­dad ―crí­ti­ca― uni­dad»; ade­más, los des­ór­de­nes siem­pre cau­san cier­tas pér­di­das y son per­ju­di­cia­les para el avan­ce de la cau­sa socia­lis­ta. Esta­mos con­ven­ci­dos de que las amplias masas popu­la­res de nues­tro país están por el socia­lis­mo, obe­de­cen cons­cien­te­men­te la dis­ci­pli­na y son razo­na­bles y no crea­rán des­ór­de­nes sin moti­vo. Pero en modo alguno esto sig­ni­fi­ca que en nues­tro país está exclui­da la posi­bi­li­dad de que se pro­duz­can des­ór­de­nes. Sobre este asun­to, debe­mos pres­tar aten­ción a lo siguien­te: 1) Para eli­mi­nar radi­cal­men­te las cau­sas del sur­gi­mien­to de des­ór­de­nes, debe­mos extir­par resuel­ta­men­te el buro­cra­tis­mo, inten­si­fi­car en gra­do con­si­de­ra­ble la edu­ca­ción ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca, y tra­tar de mane­ra ade­cua­da todas las con­tra­dic­cio­nes. Hecho esto, en gene­ral, no habrá más des­ór­de­nes. 2) Si sur­gen des­ór­de­nes a con­se­cuen­cia de nues­tro mal tra­ba­jo, habrá que con­du­cir al camino acer­ta­do a quie­nes par­ti­ci­pen en ellos, y apro­ve­char los des­ór­de­nes como un medio espe­cial para mejo­rar nues­tra labor, edu­car a los cua­dros y a las masas, así como para resol­ver las cues­tio­nes que habían que­da­do sin solu­cio­nar en el pasa­do. Al tra­tar los des­ór­de­nes debe­mos rea­li­zar un tra­ba­jo minu­cio­so, sin emplear méto­dos sim­plis­tas, y no decla­rar la cues­tión zan­ja­da antes de que haya sido efec­ti­va­men­te resuel­ta. No debe­mos pre­ci­pi­ta­da­men­te expul­sar de su tra­ba­jo a los cabe­ci­llas de los des­ór­de­nes, sal­vo aque­llos que hayan infrin­gi­do el códi­go penal o que sean con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios acti­vos, los cua­les deben ser cas­ti­ga­dos con arre­glo a la ley. En un país tan gran­de como el nues­tro, no es alar­man­te que un minúscu­lo núme­ro de per­so­nas pro­vo­que dis­tur­bios; al con­tra­rio, eso pue­de ayu­dar­nos a supe­rar el buro­cra­tis­mo.

En nues­tra socie­dad hay tam­bién un insig­ni­fi­can­te núme­ro de per­so­nas que no se preo­cu­pan de los intere­ses públi­cos, no escu­chan razo­nes, come­ten crí­me­nes y vio­lan la ley. Pue­de que uti­li­cen y ter­gi­ver­sen nues­tras polí­ti­cas y pre­sen­ten malin­ten­cio­na­da­men­te reivin­di­ca­cio­nes irra­cio­na­les, a fin de ins­ti­gar a las masas, o que, con avie­sa inten­ción, difun­dan rumo­res, pro­vo­quen dis­tur­bios y des­ba­ra­ten el orden nor­mal de la socie­dad. De nin­gún modo apro­ba­mos la tole­ran­cia con las gen­tes de esta cala­ña; por el con­tra­rio, hay que tomar con ellas las medi­das puni­ti­vas que dic­ta la ley. Las gran­des masas de la socie­dad exi­gen el cas­ti­go de esta cla­se de gen­tes; el no cas­ti­gar­las se con­tra­pon­drá al deseo de las masas.

¿Puede una cosa mala transformarse en buena?

En nues­tra socie­dad, como he dicho antes, es una cosa mala el que algu­nas per­so­nas pro­vo­quen des­ór­de­nes y no lo apro­ba­mos. Sin embar­go, el sur­gi­mien­to de ellos pue­de pro­mo­ver­nos a sacar lec­cio­nes, supe­rar el buro­cra­tis­mo y edu­car a los cua­dros y a las masas. En este sen­ti­do, una cosa mala pue­de con­ver­tir­se en bue­na. Los des­ór­de­nes tie­nen un doble carác­ter. Toda cla­se de dis­tur­bios pue­de ser con­si­de­ra­do des­de este pun­to de vis­ta.

Los acon­te­ci­mien­tos de Hun­gría no fue­ron una cosa bue­na; eso está cla­ro para todos. Pero tam­bién tie­nen un doble carác­ter. Gra­cias a que los cama­ra­das hún­ga­ros adop­ta­ron medi­das acer­ta­das duran­te los suce­sos, éstos, de una cosa mala, se trans­for­ma­ron en bue­na. Hun­gría se ha con­so­li­da­do más que antes; y todos los paí­ses del cam­po socia­lis­ta han saca­do de ello una lec­ción.

La cam­pa­ña anti­co­mu­nis­ta y anti­po­pu­lar des­en­ca­de­na­da en el mun­do duran­te la segun­da mitad del año 1956 fue tam­bién, des­de lue­go, un cosa mala. Pero edu­có a los Par­ti­dos Comu­nis­tas y a la cla­se obre­ra de diver­sos paí­ses, los tem­pló, y de esta mane­ra se trans­for­mó en una cosa bue­na. Duran­te esta cam­pa­ña, en muchos paí­ses, aban­do­na­ron las filas de los Par­ti­dos Comu­nis­tas una par­te de sus miem­bros. Esas renun­cias redu­cen el núme­ro de miem­bros de esos Par­ti­dos, lo cual es, por supues­to, una cosa mala. Pero tam­bién hay en ello su lado bueno. Los ele­men­tos vaci­lan­tes no qui­sie­ron per­ma­ne­cer en las filas de esos Par­ti­dos y se reti­ra­ron de ellos, mien­tras que la mayo­ría de los afi­lia­dos, de con­vic­ción fir­me, se unie­ron más toda­vía para la lucha. ¿No es esto una cosa bue­na?

En pocas pala­bras, tene­mos que apren­der a exa­mi­nar las cues­tio­nes en todos sus aspec­tos, a ver no sólo el anver­so de las cosas, sino tam­bién su rever­so. En deter­mi­na­das con­di­cio­nes, una cosa mala pue­de con­du­cir a bue­nos resul­ta­dos, y una cosa bue­na, a resul­ta­dos malos. Hace más de dos mil años, decía ya Lao Tsi: «En la des­gra­cia vive la suer­te, en la suer­te se ocul­ta la des­gra­cia». Los japo­ne­ses cali­fi­ca­ban de vic­to­ria su inva­sión de Chi­na. Los chi­nos esti­ma­ban como derro­ta la ocu­pa­ción por el agre­sor de vas­tos terri­to­rios de Chi­na. Sin embar­go, la derro­ta de Chi­na lle­va­ba con­si­go el ger­men de la vic­to­ria, mien­tras que la vic­to­ria del Japón con­te­nía el embrión de la derro­ta. ¿Aca­so no lo ha con­fir­ma­do la his­to­ria?

En todos los paí­ses se dis­cu­te aho­ra si esta­lla­rá o no una ter­ce­ra gue­rra mun­dial. Fren­te a esta cues­tión, tam­bién debe­mos estar espi­ri­tual­men­te pre­pa­ra­dos y exa­mi­nar­la de modo ana­lí­ti­co. Esta­mos resuel­ta­men­te por la paz y con­tra la gue­rra. No obs­tan­te, si los impe­ria­lis­tas insis­ten en des­en­ca­de­nar una gue­rra, no debe­mos sen­tir temor. Nues­tra acti­tud ante este asun­to es la mis­ma que ante cual­quier otro «des­or­den»; en pri­mer lugar, esta­mos en con­tra; en segun­do, no lo teme­mos. Des­pués de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial apa­re­ció la Unión Sovié­ti­ca, con 200 millo­nes de habi­tan­tes; des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial sur­gió el cam­po socia­lis­ta, que abar­ca a 900 millo­nes de seres. Pue­de afir­mar­se que si, a pesar de todo, los impe­ria­lis­tas des­en­ca­de­nan una ter­ce­ra gue­rra mun­dial, como resul­ta­do de ésta, otros cen­te­na­res de millo­nes pasa­rán inevi­ta­ble­men­te al lado del socia­lis­mo, y a los impe­ria­lis­tas no les que­da­rá mucho espa­cio en el mun­do; inclu­so es pro­ba­ble que se derrum­be por com­ple­to todo el sis­te­ma impe­ria­lis­ta.

Bajo deter­mi­na­das con­di­cio­nes, los dos aspec­tos opues­tos de una con­tra­dic­ción se con­vier­ten inevi­ta­ble­men­te en sus res­pec­ti­vos con­tra­rios, como resul­ta­do de la lucha entre ellos. En este caso, tie­nen impor­tan­cia las con­di­cio­nes. Sin las con­di­cio­nes deter­mi­na­das, nin­guno de los dos aspec­tos que luchan entre sí pue­de trans­for­mar­se en su con­tra­rio. En el mun­do, el pro­le­ta­ria­do es el que más desea cam­biar su posi­ción, le sigue el semi­pro­le­ta­ria­do, por cuan­to el pri­me­ro nada tie­ne, y el segun­do, poco. La actual situa­ción, en que los Esta­dos Uni­dos mane­jan la mayo­ría de los votos de las Nacio­mes Uni­das y con­tro­lan muchas par­tes del mun­do, es sólo tem­po­ral. Lle­ga­rá infa­li­ble­men­te el día en que esta situa­ción cam­bie. La posi­ción de Chi­na como país pobre y pri­va­do de sus dere­chos en la are­na inter­na­cio­nal tam­bién cam­bia­rá: el país pobre se tor­na­rá rico, el país pri­va­do de sus dere­chos se con­ver­ti­rá en país que goza de ellos, es decir, una trans­for­ma­ción de las cosas en sus con­tra­rios. Las con­di­cio­nes deci­si­vas para ello son el sis­te­ma socia­lis­ta y los esfuer­zos man­co­mu­na­dos de todo un pue­blo uni­do.

Sobre la práctica del ahorro

Qui­sie­ra aho­ra dete­ner­me en la cues­tión de hacer eco­no­mías. Nos dis­po­ne­mos a rea­li­zar una cons­truc­ción a gran esca­la; pero nues­tro país es muy pobre toda­vía: he aquí un con­tra­dic­ción. Uno de los méto­dos para resol­ver­la es el sos­te­ni­do esfuer­zo para prac­ti­car rigu­ro­sa­men­te eco­no­mías en todos los terre­nos.

Duran­te el movi­mien­to «con­tra los tres males», efec­tua­do en 1952, com­ba­ti­mos la corrup­ción, el des­pil­fa­rro y el buro­cra­tis­mo, con énfa­sis en la lucha con­tra la corrup­ción. En 1955 abo­ga­mos por la prác­ti­ca de eco­no­mías, con la aten­ción prin­ci­pal en com­ba­tir las nor­mas exce­si­va­men­te altas en las cons­truc­cio­nes bási­cas de carác­ter impro­duc­ti­vo, y en eco­no­mi­zar mate­rias pri­mas en la pro­duc­ción indus­trial; obtu­vi­mos gran­des éxi­tos en este terreno. Pero por aquel enton­ces la polí­ti­ca de prac­ti­car eco­no­mías no se apli­ca­ba seria­men­te en todas las ramas de la eco­no­mía nacio­nal, ni en los orga­nis­mos, uni­da­des mili­ta­res, cen­tros docen­tes y orga­ni­za­cio­nes popu­la­res en gene­ral. Este año hay que esti­mu­lar la prác­ti­ca de eco­no­mías y luchar con­tra el derro­che en todos los aspec­tos a tra­vés del país. Nos fal­ta aún expe­rien­cia en el tra­ba­jo de cons­truc­ción. Duran­te los últi­mos años hemos con­se­gui­do gran­des éxi­tos, pero tam­bién ha habi­do derro­che. Tene­mos que ir cons­tru­yen­do gra­dual­men­te una serie de gran­des empre­sas moder­nas, como arma­zón de nues­tra indus­tria; sin ellas es impo­si­ble trans­for­mar nues­tro país, en unos dece­nios, en una poten­cia indus­trial moder­na. Pero la mayo­ría de nues­tras empre­sas no deben ser cons­trui­das de esta mane­ra; debe­mos cons­truir más empre­sas media­nas y peque­ñas, apro­ve­char al máxi­mo la base indus­trial here­da­da de la vie­ja socie­dad, y tra­tar, por todos los medios, de rea­li­zar eco­no­mías, a fin de hacer más con la menor can­ti­dad de dine­ro. En los últi­mos meses, des­pués de que el II Pleno del Comi­té Cen­tral del Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na, cele­bra­do en noviem­bre pasa­do, plan­tea­ra con mayor énfa­sis la orien­ta­ción de prac­ti­car estric­ta­men­te el aho­rro y luchar con­tra el des­pil­fa­rro, empe­za­ron a notar­se los bene­fi­cio­sos efec­tos. El movi­mien­to por la prác­ti­ca del aho­rro debe ser esta vez con­se­cuen­te y pro­lon­ga­do. La lucha con­tra el derro­che, igual que la crí­ti­ca de otros defec­tos y erro­res, pue­de com­pa­rar­se con el acto de lavar­se la cara. ¿Aca­so no hay que lavar­se la cara todos los días? El Par­ti­do Comu­nis­ta de Chi­na, los par­ti­dos demo­crá­ti­cos, los demó­cra­tas sin par­ti­do, inte­lec­tua­les, indus­tria­les y comer­cian­tes, obre­ros, cam­pe­si­nos y arte­sa­nos, en una pala­bra, todos noso­tros —los 600 millo­nes de habi­tan­tes— debe­mos aumen­tar la pro­duc­ción, prac­ti­car eco­no­mías y luchar con­tra el gas­to exce­si­vo y el des­pil­fa­rro. Esto tie­ne gran­dí­si­ma impor­tan­cia, no sólo eco­nó­mi­ca, sino tam­bién polí­ti­ca. Entre muchos de nues­tros cua­dros cre­ce aho­ra una ten­den­cia peli­gro­sa: nega­ti­va a com­par­tir ale­grías y penas con las masas y preo­cu­pa­ción por la fama y el pro­ve­cho per­so­na­les. Esto es muy malo. En el cur­so de la cam­pa­ña por aumen­tar la pro­duc­ción y prac­ti­car eco­no­mías, debe­mos sim­pli­fi­car nues­tras orga­ni­za­cio­nes y trans­fe­rir cua­dros a los nive­les infe­rio­res a fin de que un núme­ro con­si­de­ra­ble de los cua­dros se rein­cor­po­re a la pro­duc­ción. Esta es una mane­ra de ven­cer esa ten­den­cia peli­gro­sa. Debe­mos velar por­que todos nues­tros cua­dros y todo nues­tro pue­blo ten­gan siem­pre pre­sen­te que Chi­na es un gran país socia­lis­ta, pero al mis­mo tiem­po un país eco­nó­mi­ca­men­te atra­sa­do y pobre, y que esto es una con­tra­dic­ción muy gran­de. Para con­ver­tir nues­tro país en país rico y pode­ro­so, se requie­ren varios dece­nios de inten­sos esfuer­zos, que supo­nen, entre otras cosas, la apli­ca­ción de la polí­ti­ca de cons­truir nues­tro país con labo­rio­si­dad y eco­no­mía, que con­sis­te en la prác­ti­ca del aho­rro y la lucha con­tra el des­pil­fa­rro.

El camino de la industrialización de China

Al hablar sobre nues­tro camino hacia la indus­tria­li­za­ción, me refe­ri­ré aquí prin­ci­pal­men­te a la rela­ción entre el desa­rro­llo de la indus­tria pesa­da, la lige­ra y la agri­cul­tu­ra. Hay que reafir­mar que la indus­tria pesa­da es el cen­tro de la cons­truc­ción eco­nó­mi­ca de nues­tro país. Al mis­mo tiem­po, es nece­sa­rio pres­tar ple­na aten­ción al desen­vol­vi­mien­to de la agri­cul­tu­ra y de la indus­tria lige­ra.

Como Chi­na es un gran país agra­rio con más del 80 por cien­to de la pobla­ción en las áreas rura­les, la indus­tria deber desa­rro­llar­se a la par de la agri­cul­tu­ra; sólo así podrá la indus­tria dis­po­ner de mate­rias pri­mas y de mer­ca­do; sólo así se podrán acu­mu­lar mayor núme­ro de fon­dos para crear una pode­ro­sa indus­tria pesa­da. Todos saben que la indus­tria lige­ra y la agri­cul­tu­ra están estre­chí­si­ma­men­te entre­la­za­das. Sin agri­cul­tu­ra no pue­de haber indus­tria lige­ra. Pero, aún hoy no com­pren­de bien la gen­te que la agri­cul­tu­ra pro­por­cio­na un impor­tan­te mer­ca­do a la indus­tria pesa­da. Sin embar­go, a medi­da que se desa­rro­lla la trans­for­ma­ción téc­ni­ca y la cons­tan­te moder­ni­za­ción de la agri­cul­tu­ra, se desa­rro­lla­rán las ramas de pro­duc­ción que la sir­ven, tales como maqui­na­rias, fer­ti­li­zan­tes, obras hidráu­li­cas, ins­ta­la­cio­nes de ener­gía eléc­tri­ca, trans­por­te, com­bus­ti­ble y mate­ria­les de cons­truc­ción para la pobla­ción. Enton­ces com­pren­de­rá la gen­te más fácil­men­te que la agri­cul­tu­ra pro­por­cio­na un impor­tan­te mer­ca­do a la indus­tria pesa­da. Si duran­te el perio­do del Segun­do y Ter­cer Plan Quin­que­nal pue­de dar­se un mayor impul­so a la agri­cul­tu­ra y, en corres­pon­den­cia con ello, se desa­rro­lla más la indus­tria lige­ra, resul­ta­rá bene­fi­cia­da toda la eco­no­mía nacio­nal. Si se desa­rro­llan la agri­cul­tu­ra y la indus­tria lige­ra, la indus­tria pesa­da encon­tra­rá mer­ca­do y fon­dos y se ace­le­ra­rá su cre­ci­mien­to. A pri­me­ra vis­ta pue­de pare­cer que el rit­mo de la indus­tria­li­za­ción es des­pa­cio, sin embar­go, en reali­dad no es así e inclu­so pue­de ser más rápi­do. Den­tro de tres quin­que­nios o algo más, nues­tra pro­duc­ción anual de ace­ro podrá pasar de unas 900.000 tone­la­das, regis­tra­das en 1943, la más alta cifra anual antes de la Libe­ra­ción a 20 millo­nes de tone­la­das o más toda­vía. Enton­ces esta­rá satis­fe­cha la pobla­ción urba­na y rural.

Hoy no pien­so exten­der­me mucho hablan­do de los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos. Care­ce­mos toda­vía de expe­rien­cia en la cons­truc­ción eco­nó­mi­ca, ya que lle­va­mos tan sólo sie­te años ocu­pán­do­nos de ella; nece­si­ta­mos acu­mu­lar expe­rien­cias. En el terreno de la revo­lu­ción tam­po­co tenía­mos al prin­ci­pio expe­rien­cia, sólo des­pués de haber sufri­do reve­ses y adqui­ri­do expe­rien­cia, obtu­vi­mos la vic­to­ria en todo el país. Aho­ra debe­mos lograr que el tiem­po nece­sa­rio para adqui­rir expe­rien­cia de la cons­truc­ción eco­nó­mi­ca no sea tan lar­go, ni el pre­cio tan alto, como lo que nos cos­tó pose­sio­nar­nos de la expe­rien­cia de la revo­lu­ción. De todas mane­ras, ten­dre­mos que pagar algún pre­cio por ello, pero espe­ra­mos que no sea tan­to como lo fue en el perio­do de la revo­lu­ción. Es nece­sa­rio com­pren­der que en esto hay una con­tra­dic­ción, la exis­ten­te entre las leyes obje­ti­vas del desa­rro­llo eco­nó­mi­co de la socie­dad socia­lis­ta y nues­tro cono­ci­mien­to sub­je­ti­vo sobre ellas y debe ser resuel­ta en la prác­ti­ca. Esta con­tra­dic­ción se reve­la tam­bién como una con­tra­dic­ción entre per­so­nas, entre los que com­pren­den con rela­ti­va cer­te­za las leyes obje­ti­vas y los que las com­pren­den de mane­ra rela­ti­va­men­te inco­rrec­ta; es, pues, una con­tra­dic­ción en el seno del pue­blo. Todas las con­tra­dic­cio­nes exis­ten obje­ti­va­men­te, y nues­tra tarea con­sis­te en cono­cer­las y resol­ver­las correc­ta­men­te, en la medi­da de lo posi­ble.

Para trans­for­mar a Chi­na en un país indus­trial debe­mos estu­diar a con­cien­cia la expe­rien­cia avan­za­da de la Unión Sovié­ti­ca. Des­de hace ya cua­ren­ta años, la URSS edi­fi­ca el socia­lis­mo y su expe­rien­cia es muy valio­sa para noso­tros. Vea­mos, ¿quién ha pro­yec­ta­do y equi­pa­do para noso­tros tan­tas fábri­cas impor­tan­tes? ¿Aca­so los Esta­dos Uni­dos? ¿Ingla­te­rra, tal vez? No, nin­guno de ellos. Sólo la Unión Sovié­ti­ca estu­vo deseo­sa de hacer­lo, por­que es un país socia­lis­ta y alia­do nues­tro. Ade­más de la Unión Sovié­ti­ca, tam­bién nos han pres­ta­do cier­ta ayu­da algu­nos paí­ses her­ma­nos de la Euro­pa Orien­tal. Es com­ple­ta­men­te cier­to que tene­mos que apren­der de las bue­nas expe­rien­cias de todos los paí­ses, inde­pen­dien­te­men­te de si son socia­lis­ta o capi­ta­lis­tas; eso no cabe duda. Sin embar­go, apren­de­mos prin­ci­pal­men­te de la Unión Sovié­ti­ca. Hay dos mane­ra de apren­der de otros. Una es la dog­má­ti­ca, que sig­ni­fi­ca copiar­lo todo, sea o no apli­ca­ble a las con­di­cio­nes de nues­tro país. Esta no es una bue­na acti­tud. La otra es hacer fun­cio­nar nues­tras cabe­zas y apren­der lo que se adap­te a nues­tras con­di­cio­nes, es decir, asi­mi­lar cuan­ta expe­rien­cia nos sea útil. Esta es la acti­tud que debe­mos adop­tar.

Refor­zar nues­tra soli­da­ri­dad con la Unión Sovié­ti­ca y con todos los paí­ses socia­lis­tas: tal es nues­tra polí­ti­ca fun­da­men­tal, en ello está nues­tro inte­rés bási­co. Debe­mos tam­bién con­so­li­dar y desa­rro­llar la soli­da­ri­dad con los paí­ses de Asia y Áfri­ca, así como con todos los paí­ses y pue­blos aman­tes de la paz. Uni­dos a estas dos fuer­zas, ya no esta­re­mos solos. En cuan­to a los paí­ses impe­ria­lis­tas, debe­mos unir­nos tam­bién con sus pue­blos y esfor­zar­nos por coexis­tir pací­fi­ca­men­te con estos paí­ses, comer­ciar con ellos y con­ju­rar toda posi­ble gue­rra. Sin embar­go, de nin­gún modo debe­mos abri­gar ideas ilu­so­rias res­pec­to a ellos.

17 de febre­ro de 1957

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