Reflexiones sobre el copago ¿o repago? sanitario

En este bre­ve escri­to que­re­mos plan­tear algu­nas refle­xio­nes en rela­ción con el lla­ma­do copa­go sani­ta­rio que en reali­dad no es más que un aspec­to —más sub­je­ti­vo que obje­ti­vo— del gran deba­te de base entre ser­vi­cios públi­cos y pri­va­dos; y, que a su vez, es solo la pun­ta del ice­berg de la gran con­tra­dic­ción que aflo­ra con­ti­nua­men­te en los ser­vi­cios públi­cos implan­ta­dos en un gran entra­ma­do pri­va­do.

Para empe­zar el lla­ma­do co-pago es, real­men­te, un repa­go por­que la sani­dad, los ser­vi­cios y pres­ta­cio­nes sani­ta­rias (entre otros) lo paga­mos todas a tra­vés de impues­tos gene­ra­les. Si, ade­más, debe­mos pagar por deter­mi­na­das prue­bas o tra­ta­mien­tos, lo que vie­ne ocu­rrien­do des­de siem­pre con los medi­ca­men­tos y otras pres­ta­cio­nes com­ple­men­ta­rias, a eso lo lla­ma­ría­mos mejor, repa­go. Pero más allá del nom­bre, si el lla­ma­do copa­go fue­ra la solu­ción, o par­te de la solu­ción, a la supues­ta insos­te­ni­bi­li­dad (finan­cie­ra se entien­de) del sis­te­ma sani­ta­rio como muchos tra­tan hacer creer, ¿por­que sigue sien­do el capí­tu­lo de medi­ca­men­tos uno de los que acu­mu­lan más défi­cit? Lo que nos lle­va a otra pre­gun­ta, que en reali­dad es par­te de su res­pues­ta ¿por­qué los medi­ca­men­tos y las tec­no­lo­gías sani­ta­rias son cada vez más caras? Es bien cono­ci­do los gran­des bene­fi­cios de las com­pa­ñías far­ma­céu­ti­cas muchas de ellas for­man­do par­te de con­glo­me­ra­dos trans­na­cio­na­les que aúnan al sec­tor quí­mi­co (fer­ti­li­zan­tes y agro­tó­xi­cos), a los pro­pios medi­ca­men­tos y a la mal lla­ma­da bio­tec­no­lo­gía (como Mon­san­to, Dupont, Syn­gen­ta o Bayer). Y que a su vez ocu­pan los pri­me­ros luga­res en el nego­cio de semi­llas paten­ta­das, inclui­das las trans­gé­ni­cas, y han esta­ble­ci­do un impe­rio mono­pó­li­co sobre las semi­llas y los ali­men­tos con todas las con­se­cuen­cias nega­ti­vas para los pue­blos del mun­do y para el medio ambien­te. Que, ade­más, dichos bene­fi­cios mone­ta­rios tie­nen que ver con el mayor valor aña­di­do que impli­ca una inver­sión com­ple­ja que lle­va tiem­po, cono­ci­mien­tos y gran­des capi­ta­les (no solo de dine­ro sino de recur­sos huma­nos for­ma­dos en inves­ti­ga­ción y desa­rro­llo). Pre­ci­sa­men­te es uno de los argu­men­tos que esgri­men para jus­ti­fi­car sus enor­mes bene­fi­cios. Que deben inver­tir can­ti­da­des millo­na­rias en inves­ti­ga­ción, desa­rro­llo e inno­va­ción (I+D+i), pero la reali­dad es que la obten­ción de nue­vos medi­ca­men­tos y otras tec­no­lo­gías sani­ta­rias se pro­du­cen por la inver­sión de fon­dos públi­cos guber­na­men­ta­les en un 84%, de los gru­pos de inves­ti­ga­ción que tra­ba­jan y se for­man en las uni­ver­si­da­des públi­cas, mien­tras que las gran­des fir­mas far­ma­céu­ti­cas solo invier­ten el 16% res­tan­te. Por tan­to, reivin­di­car los ser­vi­cios públi­cos y la inves­ti­ga­ción públi­ca no tie­ne nin­gún sen­ti­do si dicha inves­ti­ga­ción no tie­ne en cuen­ta aspec­tos éti­cos impres­cin­di­bles sobre a quién bene­fi­cia real­men­te, como se ha pro­du­ci­do, en qué con­di­cio­nes labo­ra­les y ambien­ta­les, de don­de par­te el cono­ci­mien­to y hacia dón­de va en el futu­ro. El nego­cio que bene­fi­cia a una ínfi­ma mino­ría de la pobla­ción a cos­ta de la salud huma­na debe ser erra­di­ca­do y con­ti­nua­men­te denun­cia­do. Un ejem­plo estre­me­ce­dor de esto que deci­mos es el escán­da­lo de las paten­tes y los exor­bi­ta­dos pre­cios de medi­ca­men­tos esen­cia­les, como la tera­pia anti­rre­tro­vi­ral fren­te al SIDA, que ha pro­vo­ca­do millo­nes de muer­tes de hom­bres, muje­res y niños del pla­ne­ta, espe­cial­men­te del Áfri­ca sub­saha­ria­na. Estas muer­tes se han pro­du­ci­do inclu­so cuan­do labo­ra­to­rios hin­dúes ya podían fabri­car esos medi­ca­men­tos a pre­cios mucho más bara­tos y des­pués de años de luchas de dife­ren­tes colec­ti­vos socia­les inten­tan­do bajar los pre­cios de las far­ma­céu­ti­cas que tenía el mono­po­lio de su ven­ta.

Ade­más, hablar del lla­ma­do copa­go, es tocar la impor­tan­tí­si­ma cues­tión de qué tipo de sani­dad, que­re­mos, ¿públi­ca o pri­va­da?, y de todos los pasos inter­me­dios que se pue­dan dar. La defen­sa de los bene­fi­cios de una Sani­dad Públi­ca, de pro­vi­sión y ges­tión públi­ca es nece­sa­ria y con­ti­nua como nos demues­tran los acon­te­ci­mien­tos ocu­rri­dos en la Comu­ni­dad de Madrid. Y esta últi­ma pala­bra, ges­tión, debe ser recal­ca­da espe­cial­men­te por­que como todas sabe­mos corren vien­tos de una inten­si­fi­ca­ción y exten­sión de la ges­tión pri­va­da en los cen­tros sani­ta­rios, ade­más de las exter­na­li­za­cio­nes (pri­va­das) de todo tipo que siem­pre han sal­pi­ca­do a los sis­te­mas públi­cos de salud como el nues­tro. Tene­mos recien­te el mayor escán­da­lo sani­ta­rio pro­du­ci­do en Gran Bre­ta­ña entre los años 2005–2008, en don­de el gobierno ha teni­do que reco­no­cer, y pedir per­dón, por la muer­te de más de 20.000 pacien­tes de edad. Al menos 14 hos­pi­ta­les públi­cos están invo­lu­cra­dos, sobre todo en el cen­tro de Ingla­te­rra. En las tele­vi­sio­nes y titu­la­res de perió­di­cos se habla­ba de hos­pi­ta­les públi­cos, pero no aña­dían que eran de ges­tión pri­va­da. En las inves­ti­ga­cio­nes rea­li­za­das por la pre­sión y múl­ti­ples denun­cias de los fami­lia­res de las per­so­nas falle­ci­das se demos­tró, entre otras, que pri­ma­ban los obje­ti­vos eco­nó­mi­cos y no la cali­dad del ser­vi­cio (pre­pa­ra­ción del per­so­nal sani­ta­rio, deja­dez en la aten­ción sani­ta­ria y de cui­da­dos, de agua y comi­das). Pese al reco­no­ci­mien­to públi­co del escán­da­lo y a los con­tro­les y reco­men­da­cio­nes ins­tau­ra­das no se ata­jan lo pro­ble­mas de cali­dad y sufi­cien­cia del per­so­nal sani­ta­rio. Ponien­do el acen­to en la res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual y no en los pro­ble­mas de los mode­los de ges­tión pri­va­da y en los recor­tes pre­su­pues­ta­rios que se intro­du­je­ron des­de el gobierno de Mar­ga­ret Tat­cher y en los suce­si­vos gobier­nos has­ta la actua­li­dad.

Cree­mos que no se nece­si­tan muchos argu­men­tos para mos­trar las ven­ta­jas, la nece­si­dad de una sani­dad públi­ca, que se carac­te­ri­ce —entre otros prin­ci­pios irre­nun­cia­bles— por la uni­ver­sa­li­dad y la equi­dad, dan­do más al que más lo nece­si­ta, igual que se debe defen­der la edu­ca­ción públi­ca y otros ser­vi­cios socia­les impres­cin­di­bles para la cali­dad de vida, para la salud, de la pobla­ción. Aun­que cuan­do se habla de ser­vi­cios públi­cos, solo se toca la sani­dad, la edu­ca­ción y las pen­sio­nes, no debe­mos olvi­dar­nos de otros esen­cia­les como la vivien­da, las ener­gías reno­va­bles, los ali­men­tos eco­ló­gi­cos o el agua (otro sec­tor que sien­do de com­pe­ten­cia y titu­la­ri­dad muni­ci­pal, está sien­do inten­sa­men­te pri­va­ti­za­dos). Y don­de en todos ellos debe pre­va­le­cer la cali­dad del ser­vi­cio, el pleno empleo y unas ade­cua­das con­di­cio­nes labo­ra­les. Por­que los ali­men­tos sanos, la vivien­da, el agua o la ener­gía lim­pia tam­bién son nece­si­da­des irre­nun­cia­bles de la pobla­ción que no pue­den incluir­se en la lógi­ca mer­can­ti­lis­ta capi­ta­lis­ta, no debe ser una mer­can­cía que se pue­da com­prar y ven­der, sino un bien común, un dere­cho fun­da­men­tal que debe ser pro­te­gi­da por el Esta­do —por los gobier­nos corres­pon­dien­tes— de los vai­ve­nes del mer­ca­do bur­sá­til. Blin­dar estos ser­vi­cios esen­cia­les para la pobla­ción es ase­gu­rar una cali­dad de vida y la salud de nues­tra gen­te, inclu­so en perio­dos de coexis­ten­cia con la pro­pie­dad pri­va­da de las gran­des empre­sas. Pero para eso, hay que decir­lo muy cla­ro, se nece­si­ta sobe­ra­nía polí­ti­ca, auten­ti­co poder de deci­sión y acción.

Por tan­to, y cen­trán­do­nos en los ser­vi­cios sani­ta­rios y en Anda­lu­cía, la sani­dad públi­ca, de pro­vi­sión y ges­tión públi­ca, lle­va implí­ci­to su carác­ter de bien social y por ello su obje­ti­vo cons­tan­te debe ser la cali­dad de las pres­ta­cio­nes, de unas ade­cua­das con­di­cio­nes labo­ra­les de sus tra­ba­ja­do­res que rever­ti­rá en la mejor aten­ción sani­ta­ria de las per­so­nas. La uni­ver­sa­li­dad, ade­más, per­mi­te pro­mo­ver la pre­ven­ción, la pro­mo­ción y la par­ti­ci­pa­ción de la pobla­ción. El ser­vi­cio de salud en Anda­lu­cía y sus acti­vi­da­des de pre­ven­ción ha supues­to una mejo­ra, una con­quis­ta logra­da por todas, una reali­dad incues­tio­na­ble que ha sido muy faci­li­ta­do por su carác­ter públi­co, inclui­da la edu­ca­ción y for­ma­ción públi­ca de sus pro­fe­sio­na­les. A pesar de ello exis­ten gra­ves pro­ble­mas que tie­nen mucho que ver con el estran­gu­la­mien­to finan­cie­ro, los recor­tes y el aumen­to del copa­go de medi­ca­men­tos, cada vez más enca­re­ci­dos. La pro­mo­ción de la salud nace coja si el sis­te­ma públi­co de salud se asien­ta en un gran sis­te­ma pri­va­do como el nues­tro que pro­vo­ca paro, inse­gu­ri­dad labo­ral o gra­ves pro­ble­mas de con­ta­mi­na­ción ambien­tal, espe­cial­men­te en los polos quí­mi­cos de Huel­va y en la Bahía de Alge­ci­ras. Ade­más, la par­ti­ci­pa­ción de los pro­fe­sio­na­les y usua­rios del Ser­vi­cio Anda­luz de Salud, ha esta­do cla­ra­men­te ausen­te. Y la par­ti­ci­pa­ción es la base impres­cin­di­ble de unos ser­vi­cios demo­crá­ti­cos y trans­pa­ren­tes.

Sin embar­go, los bene­fi­cios de los sis­te­mas sani­ta­rios públi­cos siguen sien­do valo­ra­dos, al menos has­ta aho­ra, por una gran par­te de la pobla­ción anda­lu­za. El pro­ble­ma es cuan­do se con­fun­den las cau­sas pro­fun­das de la insos­te­ni­bi­li­dad del sis­te­ma sani­ta­rio con las cau­sas pro­fun­das de la insos­te­ni­bi­li­dad del sis­te­ma eco­nó­mi­co-polí­ti­co, some­ti­do a los vai­ve­nes de las cri­sis capi­ta­lis­tas. Exis­te dine­ro y recur­sos, si habla­mos en abs­trac­to, pero serán las deci­sio­nes eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas las que deben prio­ri­zar, en el repar­to del dine­ro y en la pro­gre­si­vi­dad de los ingre­sos. Los datos sobre el gas­to sani­ta­rio del esta­do espa­ñol son reve­la­do­res y bas­tan­te coin­ci­den­tes: el gas­to sani­ta­rio públi­co en rela­ción a su PIB (y per cápi­ta), es el más bajo de la UE-15 (71,6%) y el gas­to pri­va­do el más alto (28,4%), en la mis­ma com­pa­ra­ción. Si los recur­sos exis­ten, el tema es de qué mane­ra debe ser la recau­da­ción por par­te del Esta­do. Y vol­ve­mos al con­cep­to de equi­dad, en dar más a los que tie­nen menos y reco­ger más a los que tie­nen más. Por­que en la actua­li­dad los impues­tos (vía IRPF) hacen pagar más (en pro­por­ción cla­ro está), a las ren­tas medias y bajas res­pec­to a las que pagan las ren­tas más altas para sos­te­ner estos ser­vi­cios públi­cos. Una polí­ti­ca fis­cal real­men­te pro­gre­si­va mejo­ra­ría la equi­dad y sin parar­nos a valo­rar la mag­ni­tud del frau­de fis­cal, la amnis­tía recien­te­men­te pro­mul­ga­da y los nume­ro­sos casos de corrup­ción. En defi­ni­ti­va, sin entrar en los erro­res pro­fun­dos que ha per­mi­ti­do duran­te déca­das los frau­des y corrup­cio­nes en dife­ren­tes luga­res del Esta­do espa­ñol, y esta­mos hablan­do de miles de millo­nes de euros, en eva­sio­nes fis­ca­les espe­cial­men­te de las gran­des empre­sas.

Defen­der un sis­te­ma sani­ta­rio públi­co, de pro­vi­sión y ges­tión públi­ca, impli­ca tam­bién tra­ba­jar y ana­li­zar, valo­rar y medir, de for­ma trans­pa­ren­te los aspec­tos mejo­ra­bles. Por ejem­plo el con­fort, las lis­tas de espe­ra o los tiem­pos pro­me­dios de con­sul­ta. Mejo­rar la ges­tión, dotar­nos de más recur­sos finan­cie­ros y con­ti­nuar mejo­ran­do la for­ma­ción de los pro­fe­sio­na­les sani­ta­rios (y en este aspec­to las uni­ver­si­da­des públi­cas tene­mos tam­bién mucho que decir) que de for­ma retro­ac­ti­va mejo­ra­rán la cali­dad de la aten­ción, ade­más de con­tar con la par­ti­ci­pa­ción de los pro­fe­sio­na­les exper­tos en el tra­ba­jo del día a día. Pro­mo­ver la par­ti­ci­pa­ción de la pobla­ción que aten­de­mos, para que no solo opi­nen sino que inter­ven­gan acti­va­men­te en las pro­pues­tas de mejo­ras. Como decía­mos, la par­ti­ci­pa­ción comu­ni­ta­ria —jun­to con la impo­si­bi­li­dad de una ver­da­de­ra pro­mo­ción de la salud— es uno de los aspec­tos menos alcan­za­dos y defen­di­dos del Sis­te­ma Sani­ta­rio Públi­co de Anda­lu­cía.

Por tan­to, el deba­te de qué ges­tión es más efi­cien­te, la pri­va­da o la públi­ca, o si el co-pago o los recor­tes van a hacer más «sos­te­ni­ble» el sis­te­ma sani­ta­rio cree­mos que está amplia­men­te supe­ra­do por la evi­den­cia, la expe­rien­cia y por la lógi­ca más ele­men­tal. Y englo­bán­do­lo todo, por la éti­ca. La revis­ta BMJ ha publi­ca­do varios tra­ba­jos que mues­tran el incre­men­to del gas­to que ha supues­to el mode­lo de ges­tión pri­va­da en hos­pi­ta­les públi­cos de Gran Bre­ta­ña, cuyos pro­ble­mas de cali­dad han sali­do a los gran­des medios de comu­ni­ca­ción con el escán­da­lo sani­ta­rio comen­ta­do. Tam­bién tene­mos la expe­rien­cia, por ejem­plo del lla­ma­do mode­lo Alzi­ra (Ali­can­te), implan­ta­do hace más de 17 años, cuyas empre­sas han obte­ni­do bene­fi­cios millo­na­rios que no revier­ten en los con­tri­bu­yen­tes sino en los accio­nis­tas de tales con­glo­me­ra­dos. Lla­ma la aten­ción que los polí­ti­cos que defien­den la ges­tión pri­va­da por­que es mejor que la públi­ca, ponen en tela de jui­cio su pro­pia capa­ci­dad de mane­jar el dine­ro de los con­tri­bu­yen­tes. Otro ejem­plo en la Comu­ni­dad de Valen­cia que en el año 2012 su gobierno tuvo que pagar un canon de 639 euros por habi­tan­te a la empre­sa pri­va­da, Ribe­ra Salud, que aho­ra pide ele­var la tasa por insu­fi­cien­te, mien­tras se ale­ga que la ges­tión pri­va­da es más bara­ta —441 euros por habi­tan­te y año fren­te a los 600 de la ges­tión públi­ca.

Que la efi­cien­cia, esto es, dar la mayor cali­dad posi­ble al menor pre­cio posi­ble, es mayor en los sis­te­mas de ges­tión públi­ca, es de una lógi­ca ele­men­tal. Sim­ple­men­te por­que si una empre­sa con áni­mo de lucro ges­tio­na un cen­tro sani­ta­rio públi­co, sus ganan­cias millo­na­rias tie­nen que salir de algún lado, gene­ral­men­te en recor­tes de pues­tos de tra­ba­jo y/​o mayor pre­ca­rie­dad de este, y a su vez esta situa­ción afec­ta­rá, como veni­mos repi­tien­do, en la cali­dad de la aten­ción. Y sin entrar en las cono­ci­das «puer­tas gira­to­ria» entre polí­ti­cos y empre­sas pri­va­das; el tras­va­se de direc­ti­vos del sec­tor públi­co al pri­va­do; la opa­ci­dad de las cuen­tas y los abru­ma­do­res casos de corrup­ción y frau­des millo­na­rios. Que nos lle­va a los pro­fun­dos pro­ble­mas éti­cos de un sis­te­ma que se basa en el nego­cio y en el áni­mo de lucro.

Jus­ti­fi­car lo injus­ti­fi­ca­ble como es el caso del lla­ma­do co-pago pro­du­ce situa­cio­nes y argu­men­tos que tra­tan de con­fun­dir y enga­ñar a la opi­nión públi­ca des­con­tex­tua­li­zan­do los temas, las cau­sas y los efec­tos. Por ejem­plo, poner en el cen­tro del deba­te de la supues­ta insos­te­ni­bi­li­dad del sis­te­ma sani­ta­rio el co-pago y el supues­to abu­so de la pobla­ción, es, cuen­to menos, poco rigu­ro­so por no decir tram­po­so. Repe­tir macha­co­na­men­te que el ciu­da­dano abu­sa de los sis­te­mas públi­cos sin evi­den­cia que lo demues­tre, es elu­dir la res­pon­sa­bi­li­dad pro­pia y deri­var­la en las per­so­nas que están sufrien­do como nun­ca los efec­tos de la cri­sis. Des­alen­tar el supues­to abu­so para intro­du­cir los copa­gos ten­dría poco impac­to des­in­cen­ti­va­dor en gene­ral y sí tie­ne impac­tos muy nega­ti­vos para los sec­to­res de más bajos ingre­sos que son las más afec­ta­das por la enfer­me­dad. De hecho, el lla­ma­do copa­go se está dejan­do sen­tir en las per­so­nas más vul­ne­ra­bles en un con­tex­to de enor­me paro y recor­tes de todo tipo, como el menor con­su­mo de medi­ca­men­tos y pro­duc­tos sani­ta­rios nece­sa­rios.

Por tan­to, la defen­sa de ser­vi­cios públi­cos y esen­cia­les para la pobla­ción en una tie­rra tan rica como Anda­lu­cía es una prio­ri­dad. Rica en recur­sos natu­ra­les como la tie­rra, el mar (y por tan­to los ali­men­tos) o en ener­gías reno­va­bles (como la solar, la eóli­ca y la bio­ma­sa), rica en recur­sos huma­nos, en per­so­nas pre­pa­ra­das en cono­ci­mien­to, inves­ti­ga­ción e inno­va­ción, rica en arte, en una cul­tu­ra vital y crea­ti­va. Un poten­cial de tal mag­ni­tud debe tomar las rien­das de su pro­pio des­tino, no solo con­tar con el apo­yo públi­co de sani­dad, edu­ca­ción e inves­ti­ga­ción y desa­rro­llo, que debe ser más finan­cia­da. Tam­bién se tie­ne que dar un vuel­co de 180 gra­dos en las deci­sio­nes polí­ti­cas para que dichos recur­sos revier­ta real­men­te en su pobla­ción. El repar­to de la tie­rra, la sub­ven­cio­nes a la pro­duc­ción que cree empleo digno y cali­dad (ali­men­ta­ria, indus­trial, ener­gé­ti­ca) y a las pres­ta­cio­nes sani­ta­rias, edu­ca­ti­vas, de inves­ti­ga­ción y de ser­vi­cios socio­sa­ni­ta­rios.

Que la inves­ti­ga­ción, mayo­ri­ta­ria­men­te públi­ca que se rea­li­za en Anda­lu­cía revier­ta en las per­so­nas, en el ámbi­to sani­ta­rio y en otros ámbi­tos como el de las ener­gías reno­va­bles, en el sec­tor agro­li­men­ta­rio, espe­cial­men­te eco­ló­gi­co, en cien­cias bási­cas. Que los des­cu­bri­mien­tos que se pro­du­cen para tra­tar y com­pren­der enfer­me­da­des tan impor­tan­tes como el cán­cer no ter­mi­nen sien­do un nego­cio de las gran­des empre­sas, que enca­re­cen enor­me­men­te el pro­duc­to. De esta for­ma rom­pe­re­mos el círcu­lo vicio­so de tener que pagar cada vez más por nue­vos medi­ca­men­tos y otras tec­no­lo­gías sani­ta­rias diag­nós­ti­cas y tera­péu­ti­cas, impres­cin­di­bles para aten­der ade­cua­da­men­te a nues­tra pobla­ción.

Pero para ello decía­mos, nece­si­ta­mos auten­ti­ca sobe­ra­nía que nos per­mi­ta deci­dir sobre nues­tros recur­sos y sobre la orga­ni­za­ción más ade­cua­da a nues­tra pobla­ción. Actual­men­te se está nego­cian­do de for­ma secre­ta aun­que des­ve­la­da recien­te­men­te, un Tra­ta­do de «Libre» Comer­cio entre Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea que si no lo evi­ta­mos supon­dría nue­vas regu­la­cio­nes sobre sani­dad y pro­duc­tos fito­sa­ni­ta­rios y que alcan­za­ría a todos los sec­to­res de la eco­no­mía, inclui­do el sec­tor públi­co, que como todas sabe­mos se encuen­tran mucho más pri­va­ti­za­dos en Esta­dos Uni­dos. Tra­ta­dos inter­na­cio­na­les que soca­van la sobe­ra­nía de los pue­blos, como el anda­luz, inclu­so los pue­blos con Esta­do, verían redu­ci­das su capa­ci­dad de inter­ve­nir al con­ce­der­se una mayor pro­tec­ción legal a las gran­des empre­sas. Con cláu­su­las a los inver­so­res extran­je­ros que per­mi­ti­rá a las mul­ti­na­cio­na­les deman­dar a los Esta­dos cuyos gobier­nos aprue­ben leyes que afec­ten a sus bene­fi­cios eco­nó­mi­cos pre­sen­tes o futu­ros.

Luchar con­tra el copa­go, ¿o repa­go? y por una sani­dad públi­ca es solo una par­te de la lucha de nues­tro pue­blo por una vida mejor, jun­tas, de for­ma colec­ti­va, cada una en su ámbi­to de actua­ción, una empre­sa, un barrio, un cam­po o en su casa, pero con una meta común que vis­lum­bre un hori­zon­te lumi­no­so para nues­tra Anda­lu­cía.

Con­cep­ción Cruz Rojo
Sevi­lla, 1 de diciem­bre de 2014.

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