Europa, patio trasero de Estados Unidos- Juanlu González

De nue­vo Ucra­nia en el foco de aten­ción de la actua­li­dad inter­na­cio­nal. Mer­kel y Hollan­de están en Mos­cú tra­tan­do de pac­tar con Putin una sali­da dig­na a una gue­rra civil —que van per­dien­do— y que aso­la el país des­de el gol­pe de esta­do eje­cu­ta­do en Mai­dán por gru­pos vio­len­tos fuer­te­men­te arma­dos de filia­ción neo­na­zi. Aun­que la pro­pa­gan­da mediá­ti­ca occi­den­tal haya cons­trui­do un dis­cur­so de con­su­mo públi­co fan­tás­ti­co pla­ga­do, como sue­le ser habi­tual, de refe­ren­cias a la demo­cra­cia y a la liber­tad, no se pue­den escon­der los ver­da­de­ros intere­ses que per­si­guen Esta­dos Uni­dos y sus vasa­llos con este gol­pe y la gue­rra sub­si­guien­te: la des­co­ne­xión eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca de Rusia con Euro­pa y el cie­rre del cin­tu­rón mili­tar de la OTAN en torno al país.

Obvia­men­te la con­se­cu­ción de una pie­za geo­es­tra­té­gi­ca de la talla de Ucra­nia, requie­re de una lar­ga pla­ni­fi­ca­ción inte­gra­da, no es una sim­ple ocu­rren­cia de un gobierno al final del man­da­to de su pre­si­den­te. De hecho, una por­ta­voz del gobierno de Esta­dos Uni­dos reco­no­ció que lle­va­ba inver­ti­dos más de 5.000 millo­nes de dóla­res (muchos de ellos des­ti­na­dos a ONGs tapa­de­ra) en la con­quis­ta de Ucra­nia duran­te los últi­mos dece­nios. Las pala­bras fue­ron pro­nun­cia­das por la secre­ta­ria de Esta­do de EEUU para temas de Euro­pa y Eura­sia, Vic­to­ria Nuland a la CNN, el dato es incon­tes­ta­ble.

El sopor­te, lla­mé­mos­le ideo­ló­gi­co o teó­ri­co de la ope­ra­ción fago­ci­ta­do de Ucra­nia lo tene­mos escri­to en bas­tan­tes docu­men­tos. El mis­mí­si­mo Hun­ting­ton se esfor­za­ba en aquel denos­ta­do «Cho­que de Civi­li­za­cio­nes» por apar­tar a Rusia de la cul­tu­ra occi­den­tal, una autén­ti­ca bar­ba­ri­dad que va con­tra la his­to­ria de la músi­ca, la lite­ra­tu­ra o la His­to­ria con mayús­cu­las, por mucho que aho­ra inten­ten escon­der has­ta el papel de Rusia en la libe­ra­ción de Euro­pa y Ale­ma­nia del yugo nazi, como hemos vis­to días atrás. En un docu­men­to más ope­ra­ti­vo, redac­ta­do por la inte­li­gen­cia nor­te­ame­ri­ca­na en el año 2.000 lla­ma­do «Ten­den­cias Mun­dia­les 2015» pre­veía que para esa fecha Ucra­nia ya se habría vuel­to hacia el este defi­ni­ti­va­men­te. Tam­bién Brze­zins­ki, con­se­je­ro de Segu­ri­dad Nacio­nal del gobierno de Car­ter, opi­na­ba que Rusia debe­ría acep­tar el pro­ce­so de «domes­ti­ca­ción» que la OTAN y EEUU le esta­ba impo­nien­do a mar­chas for­za­das, don­de la inte­gra­ción de Ucra­nia en la OTAN era la pie­za fun­da­men­tal para des­vin­cu­lar a Rusia del vie­jo con­ti­nen­te. En ello están.

¿Cuál es el pro­ble­ma con Rusia? En tiem­pos de la gue­rra fría, la Unión Sovié­ti­ca encar­na­ba una alter­na­ti­va eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca al capi­ta­lis­mo de occi­den­te. Lograr el apo­yo de la URSS era la mane­ra, para mul­ti­tud de gru­pos revo­lu­cio­na­rios (aun­que no pro­fe­sa­ran el comu­nis­mo), de tra­tar de sacu­dir­se de la vora­ci­dad esta­dou­ni­den­se, que impo­nía tira­nías fas­cis­tas en medio mun­do para apro­piar­se de sus recur­sos natu­ra­les y geo­po­lí­ti­cos. En aquel tiem­po, la voca­ción sovié­ti­ca era inequí­vo­ca­men­te uni­ver­sal, no como en estos momen­tos con Rusia. Es cier­ta­men­te paten­te su impli­ca­ción en Siria y en Ucra­nia, entre otras cosas para defen­der dos de las esca­sas ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res que les res­tan de tiem­pos pasa­dos: la base de Tar­tús, en el oes­te de Siria y las de Cri­mea y Sebas­to­pol, bases de la flo­ta del Mar Negro. Sin embar­go, no exis­ten evi­den­cias de la imple­men­ta­ción de un plan para res­ca­tar el con­cep­to de una nue­va URSS o del impe­rio ruso, como macha­co­na­men­te repi­te la pren­sa en una estra­te­gia can­si­na y goeb­be­lia­na. Los movi­mien­tos de Rusia son téc­ni­ca­men­te defen­si­vos, de res­pues­ta al impa­ra­ble cer­co mili­tar occi­den­tal. Solo una gran dosis de into­xi­ca­ción de medios de des­in­for­ma­ción masi­va pue­de hacer que vea­mos lo con­tra­rio. Ahí están los mapas y un buen time­li­ne para demos­trar­lo.

El pro­ble­ma no es polí­ti­co ni eco­nó­mi­co, sino mili­tar. Rusia con­ser­va bue­na par­te del pode­río mili­tar de la Unión Sovié­ti­ca, sufi­cien­te para con­te­ner disua­so­ria­men­te a EEUU, que da sus últi­mos ester­to­res como poten­cia mun­dial eco­nó­mi­ca y comien­za a decaer en el plano mili­tar. El fla­man­te escu­do anti­mi­si­les grin­go es abso­lu­ta­men­te insu­fi­cien­te para con­tra­rres­tar las fuer­zas misi­lís­ti­cas de últi­ma gene­ra­ción rusas con las que está sien­do con­tra­rres­ta­do. Para EEUU es abso­lu­ta­men­te indis­pen­sa­ble anu­lar los arse­na­les rusos para poder seguir ejer­cien­do de poli­cía uni­ver­sal, una vez per­di­do el pul­so mili­tar ante Chi­na y el sur­gi­mien­to de blo­ques como el de los BRICS que ame­na­zan inclu­so las ins­ti­tu­cio­nes mone­ta­rias como el FMI y el Ban­co Mun­dial, con las que Washing­ton ha con­tro­la­do con puño de hie­rro la eco­no­mía inter­na­cio­nal.

Para­fra­sean­do a Anto­nio Sán­chez Perey­ra en «Geo­po­lí­ti­ca de la Expan­sión de la OTAN», «la OTAN es el dis­po­si­ti­vo median­te el cual Washing­ton pre­ten­de divi­dir y man­te­ner subor­di­na­da a Euro­pa, evi­tan­do a toda cos­ta su auto­no­mi­za­ción como poder mili­tar».

Mien­tras que los euro­peos no nos demos cuen­ta de ello, segui­re­mos sub­yu­ga­dos por los Esta­dos Uni­dos y sufrien­do la ines­ta­bi­li­dad de su Gran Jue­go geo­po­lí­ti­co en nues­tras pro­pias car­nes, en nues­tro pro­pio sue­lo, mien­tras ellos se dedi­can a inven­tar gue­rras, san­cio­nes, blo­queos y a jugar con los sol­da­di­tos lejos de sus fron­te­ras. Ya está bien de ser el patio trasero nor­te­ame­ri­cano y su tea­tro de ope­ra­cio­nes. Haga­mos una Euro­pa uni­da, fuer­te, inte­gra­do­ra, social… e inde­pen­dien­te. No se tra­ta de esco­ger entre Rusia (o la ima­gen que nos pro­yec­tan de ella) y Esta­dos Uni­dos, entre Putin y Oba­ma. Se tra­ta de esco­ger entre liber­tad y sumi­sión, entre inde­pen­den­cia o eman­ci­pa­ción.

Esta­dos Uni­dos no ha duda­do en usar al terro­ris­mo yiha­dis­ta en su bene­fi­cio en múl­ti­ples gue­rras, pero en Euro­pa, en Ucra­nia, no ha duda­do inclu­so en tirar de neo­na­zis para con­se­guir sus fines geo­po­lí­ti­cos. En efec­to, las fuer­zas de cho­que fas­cis­tas del euro­mai­dán fue­ron entre­na­das en bases mili­ta­res de la OTAN de varios paí­ses del este como se pudo obser­var en un com­ple­to repor­ta­je de foto­gra­fías publi­ca­do en varios medios de comu­ni­ca­ción del que nos hici­mos eco en los biTs Roji­Ver­des. Es cier­to que los neo­na­zis en la actua­li­dad han des­apa­re­ci­do de la pri­me­ra fila del gobierno, pero no es menos cier­to que se han inte­gra­do en el ejér­ci­to regu­lar con­for­man­do bata­llo­nes com­ple­tos san­gui­na­rios res­pon­sa­bles de múl­ti­ples vio­la­cio­nes de los dere­chos huma­nos y crí­me­nes de gue­rra con­ve­nien­te­men­te tapa­das —has­ta don­de han podi­do— por los medios de comu­ni­ca­ción occi­den­ta­les a pesar de ser reco­no­ci­dos inclu­so por pre­emi­nen­tes polí­ti­cos nor­te­ame­ri­ca­nos como John McCain o por la pro­pia OSCE.

Esta últi­ma ron­da de nego­cia­cio­nes de Mos­cú, que tra­ta de bus­car el refren­do prác­ti­co de los falli­dos acuer­dos de Minsk, ha pues­to de mani­fies­to algo que era bien paten­te para cual­quier obser­va­dor impar­cial, que Rusia no con­tro­la a las auto­de­fen­sas de Novo­rus­sia, que el hecho de que sean pro­ru­sas, no sig­ni­fi­ca que sean una exten­sión del ejér­ci­to rojo.

Esta es una de las men­ti­ras más habi­tua­les de los media, al mis­mo nivel que las que afir­man, sin nin­gu­na prue­ba feha­cien­te, que hay tro­pas rusas en Ucra­nia com­ba­tien­do con las mili­cias inde­pen­den­tis­tas de Donetsk y Lugansk, a pesar de que hace unos pocos días, a fina­les de enero, el jefe del Esta­do Mayor Gene­ral de Ucra­nia, Víc­tor Muz­hen­ko, reco­no­ció públi­ca­men­te en rue­da de pren­sa que no había tro­pas rusas com­ba­tien­do en el sur y el este del país. Lógi­ca­men­te, hay en Novo­rus­sia ciu­da­da­nos rusos defen­dien­do a sus com­pa­trio­tas, fami­lia­res y ami­gos de los ata­ques de los neo­na­zis de la Guar­dia Nacio­nal ucra­nia­na, pero tam­bién los hay —obvia­men­te en menor medi­da— de muchos otros paí­ses, inclu­yen­do a un gru­po de anti­fas­cis­tas espa­ño­les y miem­bros del Par­ti­do Comu­nis­ta patrio. Por con­tra, ase­so­res mili­ta­res, mer­ce­na­rios (aca con­tra­tis­tas pri­va­dos de segu­ri­dad) y arma­men­to de la OTAN sí que ha sido vis­to y gra­ba­do abier­ta­men­te en la gue­rra civil.

Cada día que pasa, se hace más difí­cil una sali­da nego­cia­da al con­flic­to. Con­for­me más y más crí­me­nes de gue­rra se suce­dan, cuan­tas más bom­bas de raci­mo, cuan­to más fós­fo­ro blan­co, cuan­tos más edi­fi­cios civi­les sean ata­ca­dos, la ciu­da­da­nía de las repú­bli­cas de Donetsk y Lugansk jamás podrán vivir bajo el dic­ta­do del gobierno cri­mi­nal de Kiev. Bien­ve­ni­dos los cas­cos azu­les y las fuer­zas de inter­po­si­ción, pero la ilu­sión de una Ucra­nia uni­da se pue­de disol­ver como un azu­ca­ri­llo a cada día que pasa sin que se pro­duz­ca un acuer­do jus­to que reco­noz­ca el dere­cho de auto­go­bierno y auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos de Novo­rus­sia.

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