Arte y Revolución, una conversación entre Javier Montero y Gerald Raunig

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Arte y Revo­lu­ción
Con­ver­sa­ción con Gerald Rau­nig
Por Javier Mon­te­ro (publi­ca­do ori­gi­nal­men­te en Redes Secre­tas)

I want to be a machi­ne
Ultra­vox

El filó­so­fo y teó­ri­co del arte aus­tria­co Gerald Rau­nig es uno de los pen­sa­do­res con­tem­po­rá­neos más intere­san­tes y ori­gi­na­les. Inves­ti­ga temas como la crí­ti­ca de la crea­ti­vi­dad capi­ta­lis­ta, la pro­duc­ción de bie­nes comu­nes, la rela­ción entre arte y acti­vis­mo polí­ti­co o la crí­ti­ca de la repre­sen­ta­ción. Es autor de tex­tos tan influ­yen­tes como ‘Art and Revo­lu­tion’, una cró­ni­ca alter­na­ti­va y no-lineal de las revo­lu­cio­nes esté­ti­co-polí­ti­cas siglo XX. La con­ver­sa­ción comien­za en torno a su nue­vo libro ‘Fac­to­ries of Know­led­ge’, recien­te­men­te publi­ca­do por el The MIT Press, del Mas­sa­chu­setts Ins­ti­tu­te of Tech­no­logy, para lue­go ir explo­ran­do otros terri­to­rios, tenien­do muy pre­sen­te el momen­to de efer­ves­cen­cia que esta­mos vivien­do en los últi­mos tiem­pos.

ARTE 1: sobre la crea­ti­vi­dad
1. Dis­to­pia: ¿hacia el final de la crea­ti­vi­dad?

Es muy intere­san­te la idea que sugie­res en tu libro sobre cómo la pau­la­ti­na modu­la­ción y colo­ni­za­ción de la crea­ti­vi­dad, “que afec­ta a los modos de sub­je­ti­va­ción y a las for­mas de vida (…) tie­ne el poten­cial de ago­tar­la” (pp.103–4). La crea­ti­vi­dad como un régi­men que pue­de lle­gar a un pun­to muer­to bajo cier­tas con­di­cio­nes polí­ti­cas es una visión dis­tó­pi­ca, al tiem­po terri­ble y fas­ci­nan­te. Tie­ne mucho ver con una idea que me vie­ne ron­da­do la cabe­za. La lla­ma­da cul­tu­ra de la tran­si­ción, aun­que no me gus­ta dema­sia­do este tér­mino, más que una serie de pro­duc­tos y autores/​marcas, se tra­ta de la pro­duc­ción de un ima­gi­na­rio que es fun­da­men­tal­men­te inca­paz de pen­sar y pen­sar­se fue­ra de sus ins­ti­tu­cio­nes, jerar­quías y reglas. Este régi­men esté­ti­co ha pro­du­ci­do autén­ti­cas dis­to­pias como la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria espa­ño­la, pai­sa­jes de pesa­di­lla de una feal­dad extre­ma que pue­de ser cali­fi­ca­da como polí­ti­ca. ¿Podrías desa­rro­llar más la idea de ese posi­ble esce­na­rio?

Gerald: Sí cla­ro. Depen­de de qué cla­se de crea­ti­vi­dad este­mos tra­tan­do. Si habla­mos de la pro­duc­ción subor­di­na­da como ocu­rre en las indus­trias crea­ti­vas, ésta podría con­ti­nuar estan­ca­da a modo de una eter­na repe­ti­ción indi­fe­ren­cia­da. La máqui­na capi­ta­lis­ta tie­ne una con­cep­ción del tiem­po basa­da en la lógi­ca lineal del pasa­do, el pre­sen­te y el futu­ro, así como en la idea teleo­ló­gi­ca de pro­gre­so como sen­ti­do últi­mo de la his­to­ria. En este sen­ti­do pode­mos lle­gar a un tiem­po sin crea­ti­vi­dad, don­de sim­ple­men­te nada ocu­rre, nada más es crea­do, tan solo una eter­na repe­ti­ción indi­fe­ren­cia­da de lo mis­mo. Pero si pen­sa­mos el pre­sen­te no como un momen­to de tran­si­ción entre el pasa­do y el futu­ro, sino como un tiem­po don­de y cuan­do las cosas se expan­den, este ‘lle­gar a ser pre­sen­te’ es un tiem­po muy espe­cí­fi­co de crea­ti­vi­dad.

2. El ‘inte­lec­to trans­ver­sal’

Los apa­ra­tos des­truc­to­res de la crea­ti­vi­dad de las ins­ti­tu­cio­nes dis­ci­pli­na­rias, la apli­ca­ción de los cri­te­rios, méto­dos y valo­res de nego­cio a la sub­je­ti­vi­dad, la pre­ca­ri­za­ción total, la subor­di­na­ción de nues­tros deseos… En ‘Fac­to­ries of Know­led­ge’ tra­zas un mapa de la crea­ti­vi­dad como herra­mien­ta de con­trol de los medios de pro­duc­ción de sub­je­ti­vi­dad. El artis­ta se ha con­ver­ti­do en el mode­lo empre­sa­rial y la crea­ti­vi­dad en una pie­dra angu­lar del capi­ta­lis­mo. El resul­ta­do sería la pre­ca­ri­za­ción de las con­di­cio­nes de vida, el ‘yo’ como mar­ca, el auto-con­trol, la auto-dis­ci­pli­na y el gobierno neo­li­be­ral del indi­vi­duo. En este régi­men, ¿cómo podría ser desa­rro­lla­da una pro­duc­ción artís­ti­ca expe­ri­men­tal, anta­go­nis­ta, des­bor­dan­te y cons­ti­tu­yen­te?

Gerald: Creo que debe evi­tar­se la sepa­ra­ción de lo esté­ti­co y lo polí­ti­co. De modo que no estoy segu­ro como la pro­duc­ción artís­ti­ca en una cam­po social espe­cí­fi­co, ‘el mun­do del arte’, podría ser sal­va­je, expe­ri­men­tal o desobe­dien­te. Si habla­mos de trans­ver­sa­li­dad, en su pro­pia defi­ni­ción está la capa­ci­dad de enra­re­cer el orden de los cam­pos socia­les. Mi pro­pues­ta sería inser­tar en los movi­mien­tos acti­vis­tas los cono­ci­mien­tos esté­ti­cos y téc­ni­cos espe­cí­fi­cos de las per­so­nas que tra­ba­jan como artis­tas. Y no hacer­lo como espe­cia­lis­tas que rea­li­zan su labor en un nicho cerra­do den­tro de com­par­ti­men­tos estan­cos, sino mez­clan­do sus sabe­res con otros com­po­nen­tes de una ‘inte­lec­to trans­ver­sal’ [‘trans­ver­sal inte­llect’].

En ‘Fac­to­ries of Know­led­ge’ hablas de ese ‘inte­lec­to trans­ver­sal’, “que se mue­ve a tra­vés de la dico­to­mía entre lo indi­vi­dual y lo colec­ti­vo” (p 66) como un des­bor­da­mien­to crí­ti­co de la noción del ‘Gene­ral Inte­llect’ o cono­ci­mien­to social. ¿Pue­des desa­rro­llar esta idea un poco más y las mane­ras en que pue­de ser inven­ta­do hoy en día?

Gerald: La inte­lec­tua­li­dad social es plu­ral, es maquí­ni­ca. No es la cua­li­dad vaga de una ‘inte­li­gen­cia colec­ti­va’, toman­do recur­sos de una reser­va de ‘know-how’, que sería tan iden­ti­ta­ria y cerra­da como la ima­gen de la inte­li­gen­cia del indi­vi­duo limi­ta­da por un cuer­po humano. La inte­lec­tua­li­dad social se conec­ta a la corrien­te de pen­sa­mien­to que per­mea lo indi­vi­dual y lo colec­ti­vo.

El hecho de que, como escri­be Marx, “las con­di­cio­nes pro­pias de los pro­ce­sos de vida social hayan pasa­do al con­trol del Gene­ral Inte­llect”, no tie­ne úni­ca­men­te una cua­li­dad eman­ci­pa­do­ra. Su ambi­va­len­cia con­sis­te en que, has­ta cier­to pun­to, esto se ha hecho reali­dad en el capi­ta­lis­mo cog­ni­ti­vo, no sólo como el con­trol de las con­di­cio­nes de vida y tra­ba­jo de la mayo­ría de las per­so­nas, sino inclu­so tam­bién como una valo­ri­za­ción de la coope­ra­ción e inclu­so del pro­pio pen­sa­mien­to. Toni Negri, Pao­lo Virno y otros escri­to­res post-ope­ra­rios con­cep­tua­li­zan este cam­bio como el “comu­nis­mo del capi­ta­lis­mo”. El Gene­ral Inte­llect y su con­trol sobre los pro­ce­sos de vida dege­ne­ran aquí en una sumi­sión com­ple­ta del inte­lec­to y el len­gua­je, de la infor­ma­ción y la comu­ni­ca­ción, de la ima­gi­na­ción y la inven­ción.

El inte­lec­to que no asi­mi­la los flu­jos del cono­ci­mien­to social en una uni­dad gene­ral uni­ver­sal, el inte­lec­to que no debe nada a esta for­ma de uni­dad y no nece­si­ta des­pe­gar­se de ella, debe ser inven­ta­do como inte­lec­to trans­ver­sal. Y es trans­ver­sal por­que emer­ge al atra­ve­sar las sin­gu­la­ri­da­des del pen­sar y del hablar, fabri­can­do cono­ci­mien­to: una corrien­te maquí­ni­ca de pen­sa­mien­to que se mue­ve a tra­vés de la dico­to­mía de lo indi­vi­dual y lo colec­ti­vo, que per­mea los indi­vi­duos y los colec­ti­vos, habi­ta los espa­cios entre ellos. El inte­lec­to trans­ver­sal es afec­ta­do por corrien­tes y enjam­bres orgiás­ti­cas; soviets nóma­das de pro­duc­ción de cono­ci­mien­to que tra­zan líneas de esca­pe de los vie­jos mode­los de la van­guar­dia his­tó­ri­ca y de la uni­ver­sa­li­dad.

3. Ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les: de lo públi­co al común

Las ins­ti­tu­cio­nes artís­ti­cas públi­ca y pri­va­das han sido las pro­duc­to­ras tra­di­cio­na­les de valor esté­ti­co [valo­ri­za­ción]. En tu ensa­yo ‘Art and Revo­lu­ción’ inves­ti­gas máqui­nas com­ple­jas que desafían y tra­tan de sub­ver­tir esta noción, al tiem­po que están inmer­sas en la vida coti­dia­na. Las gran­des ins­ti­tu­cio­nes como los museos con­tem­po­rá­neos, fun­da­cio­nes, gale­rías, casas de subas­tas y ferias de arte toda­vía gene­ran, finan­cian, estruc­tu­ran, nego­cian y deter­mi­nan el valor de los tra­ba­jos y pro­ce­sos. Da la sen­sa­ción de que las pro­pias ins­ti­tu­cio­nes tra­tan de com­ba­tir la ame­na­za de pér­di­da del mono­po­lio con la auto-refe­ren­cia del pro­ce­so de la pér­di­da del mono­po­lio, usan­do la pro­duc­ción para jus­ti­fi­car su pro­pia media­ción.

¿Esta­mos vivien­do el final del mono­po­lio sobre la gene­ra­ción de valor? ¿Cómo crees que sería posi­ble revo­lu­cio­nar las ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les?

Gerald: Creo que es impor­tan­te que la ins­ti­tu­ción artís­ti­ca no sea con­si­de­ra­da ni como un apén­di­ce del esta­do o del mer­ca­do del arte ni como hete­ro­to­pía, es decir, algo que podría fun­cio­nar por si mis­ma inde­pen­dien­te de ambos. ¿Qué ocu­rre si es capaz de trans­for­mar el apa­ra­to del esta­do des­de su inte­rior, has­ta el extre­mo de que lle­ga a ser una poten­cial ins­ti­tu­ción del común?

La cri­sis no es sólo eco­nó­mi­ca. No solo afec­ta a los pre­su­pues­tos; en el mejor de los casos, fuer­za a la ins­ti­tu­ción a pen­sar en un fun­cio­na­mien­to dife­ren­te en el que entre en rela­ción con nue­vos agen­tes socia­les y nue­vas geo­gra­fías. Es exac­ta­men­te en esta rup­tu­ra, pro­vo­ca­da por la cri­sis de la ins­ti­tu­ción artís­ti­ca, don­de pue­de ser ima­gi­na­da una ofen­si­va que impul­se la trans­for­ma­ción de la ‘ins­ti­tu­ción públi­ca’ en la ‘ins­ti­tu­ción del común’. El pun­to es reor­ga­ni­zar los res­tos de la esfe­ra públi­ca civil y de la socie­dad con­ce­bi­da como social­de­mó­cra­ta, para trans­for­mar lo públi­co en común. En cier­ta mane­ra, esto impli­ca nada menos que inven­tar de nue­vo el esta­do. O mejor, inven­tar una nue­va una nue­va for­ma de apa­ra­to del esta­do mien­tras el vie­jo toda­vía exis­te.

En el cam­po del arte, es posi­ble cons­truir sobre la expe­rien­cia con­cre­ta de algu­nas ins­ti­tu­cio­nes pro­gre­sis­tas euro­peas. Mien­tras las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, a veces bajo la ban­de­ra de un ‘Nue­vo Ins­ti­tu­cio­na­lis­mo’, mina­ron las ins­ti­tu­cio­nes en los años noven­ta y pri­me­ra déca­da de este siglo, se desa­rro­lló una línea mino­ri­ta­ria de polí­ti­cas cul­tu­ra­les radi­ca­les en el cam­po de las artes visua­les, que pue­de ser aho­ra inter­pre­ta­da, en cier­ta aspec­tos, en la direc­ción del común. Habían pues­to en mar­cha expe­ri­men­tos más o menos radi­ca­les de auto-trans­for­ma­ción, a veces en el nivel del con­te­ni­do, teo­ría y dis­cur­so, a veces, tam­bién, en rela­ción a sus modos de pro­duc­ción y for­mas de orga­ni­za­ción mole­cu­la­res. Hay ejem­plos intere­san­tes, como el Shed­ha­lle en Zurich, que ya en los años 90 era un espa­cio de crí­ti­ca radi­cal femi­nis­ta, y aho­ra está abrién­do­se de nue­vo a múl­ti­ples luchas más allá del cam­po del arte. O pen­se­mos en algu­nos gran­des museos como el Vanab­be en Eind­ho­ven, pro­du­cien­do una varian­te holan­de­sa de prác­ti­cas de crí­ti­ca artís­ti­ca trans­na­cio­nal y pro­yec­tos edu­ca­ti­vos.

A pesar de la efer­ves­cen­cia polí­ti­ca que esta­mos vivi­do en los últi­mos años en el esta­do espa­ñol, toda­vía hay un pro­fun­do divor­cio entre la pro­duc­ción artís­ti­ca y esté­ti­ca, por un lado, y el acti­vis­mo polí­ti­co, por otro. Hay una caren­cia de espa­cios de encuen­tro, de refle­xio­nes com­par­ti­das y de prác­ti­cas con­ca­te­na­das. Pro­ba­ble­men­te, des­de el comien­zo de la mal lla­ma­da tran­si­ción la pro­duc­ción cul­tu­ral no ha sido sólo ni una deter­mi­na­da polí­ti­ca de ges­tión ni los pro­ce­sos de comer­cia­li­za­ción de una serie de autores/​marcas y pro­duc­tos cul­tu­ra­les de con­su­mo, sino la cons­truc­ción de un régi­men bio­po­lí­ti­co neo­li­be­ral pro­duc­tor de sub­je­ti­vi­da­des espe­cí­fi­cas y la valo­ra­ri­za­ción total de for­mas-de-vida. Como dice Félix Guat­ta­ri, así como el capi­tal es un modo de semioti­za­ción que per­mi­te tener un equi­va­len­te gene­ral para las pro­duc­cio­nes eco­nó­mi­cas y socia­les, la cul­tu­ra es el equi­va­len­te gene­ral para las pro­duc­cio­nes de poder.

Aun­que el 15M fue, enton­ces, una bom­ba de relo­je­ría en el cen­tro de este apa­ra­to, nece­si­ta­mos gran­des dosis de ima­gi­na­ción polí­ti­ca y esté­ti­ca para desa­rro­llar nue­vos esce­na­rios de rup­tu­ra. Algu­nas ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les han tra­ta­do de abrir­se a los movi­mien­tos socia­les y plan­tear polí­ti­cas pro­gre­sis­tas, pero no han per­di­do su carác­ter, o su per­te­nen­cia, a estruc­tu­ras fuer­te­men­te jerár­qui­cas, buro­crá­ti­cas, con­tro­la­do­ras, muy ale­ja­das en su fun­cio­na­mien­to interno de lo que sería una ins­ti­tu­ción del común, del ejer­ci­cio de la demo­cra­cia direc­ta y de prác­ti­cas de ges­tión abier­ta y hori­zon­tal. Tan­to en su fun­cio­na­mien­to, como en su modo de mos­trar­se, for­man par­te de un apa­ra­to esta­tal rígi­do, con­tro­la­dor y poli­cial. Pare­ce que, a pesar de las intere­san­tes excep­cio­nes, este inten­to refor­mis­ta des­de el inte­rior del pro­pio apa­ra­to se enfren­ta a una tarea casi impo­si­ble, si no cuen­ta con la fuer­za des­bor­dan­te de otros agen­tes, y está con­de­na­da a jugar el papel de ins­ti­tu­ción social­de­mó­cra­ta, pater­na­lis­ta y co-opta­do­ra.

Gerald: Qui­zás, parez­ca des­ca­be­lla­do espe­rar que las ins­ti­tu­cio­nes artís­ti­cas re-inven­ten el esta­do. Esta expec­ta­ti­va pue­de no tener éxi­to, pero, tam­bién, hay que tener en con­si­de­ra­ción que en com­pa­ra­ción con otras ins­ti­tu­cio­nes, como las dedi­ca­das a la salud, la edu­ca­ción, la cien­cia, la inves­ti­ga­ción o el comer­cio, el cam­po del arte tie­ne cier­tas ven­ta­jas. Pre­sen­ta una extra­ña mez­cla de deman­das de auto­no­mía, ten­den­cias expe­ri­men­ta­les, expec­ta­ti­vas de posi­cio­nes crí­ti­cas y aten­ción a los temas polí­ti­cos, que hacen de ellas casos excep­cio­na­les si las com­pa­ra­mos con otras ins­ti­tu­cio­nes.

PARTE 2: sobre la revo­lu­ción – la oku­pa­ción

4. Micro­po­lí­ti­cas ver­sus bio­po­lí­ti­cas

Hay en ‘Fac­to­ries of Know­led­ge’ una defen­sa de la bre­ve­dad tem­po­ral de las accio­nes polí­ti­cas des­ti­tu­yen­tes, una poé­ti­ca de la trans­for­ma­ción sua­ve, gen­til, débil, micro, incon­cre­ta, “que no deman­da nada”… Fren­te a esta pos­tu­ra, es intere­san­te traer a cola­ción ejem­plos de acti­vis­mo y lucha tan intere­san­tes como el de la PAH, con deman­das muy con­cre­tas, o el desa­rro­llo su Obra Social, que libe­ra edi­fi­cios de vivien­das vacías en manos de los ban­cos, para alo­jar per­so­nas desahu­cia­das o sen­ci­lla­men­te sin casa. Así como la evo­lu­ción del acti­vis­mo en los últi­mos años, capaz de apo­de­rar­se y des­bor­dar iden­ti­da­des fuer­tes, sin caer en vie­jos mode­los repre­sen­ta­ti­vos.

Estos años de radi­ca­li­za­ción de las estra­te­gias neo­li­be­ra­les, vio­len­cia sis­te­má­ti­ca gene­ra­li­za­da, con­trol mediá­ti­co y robo de los bie­nes públi­cos y comu­nes, lo que se ha lla­ma­do la ‘cri­sis’, pare­ce que han mos­tra­do que el mode­lo de trans­for­ma­cio­nes micro-polí­ti­cas, desa­rro­lla­do con el 15M, no era sufi­cien­te. Y se ha vis­to empu­ja­do hacia un enfren­ta­mien­to gene­ral por la super­vi­ven­cia de las for­mas-de-vida, al tiem­po que, el régi­men espa­ñol, naci­do des­pués de la muer­te de Fran­co, se encuen­tra en un esta­do de cri­sis ter­mi­nal.

Hay un cam­bio de para­dig­ma en el inten­to de com­bi­nar prác­ti­cas no- repre­sen­ta­ti­vas y repre­sen­ta­ti­vas, for­mas reno­va­das de dete­rri­to­ria­li­za­ción y rete­rri­to­ria­li­za­ción. Se están pro­du­cien­do ini­cia­ti­vas sor­pren­den­tes que bus­can des­bor­dar la dico­to­mía entre ins­ti­tu­cio­nes y polí­ti­cas hori­zon­ta­les comu­nes, narra­ti­vas fuer­tes y obli­cuas micro-narra­ti­vas, macro y micro-polí­ti­cas. El obje­ti­vo es hacer fren­te e inclu­so tomar los apa­ra­tos del esta­do para demo­cra­ti­zar­los de mane­ra radi­cal. Nume­ro­sos ejem­plos intere­san­tes pro­li­fe­ran por todas par­tes. Las CUP, un movi­mien­to muni­ci­pa­lis­ta pre­sen­te aho­ra en el Par­la­men­to Cata­lán, mez­cla la demo­cra­cia direc­ta y polí­ti­cas de cor­te repre­sen­ta­ti­vo con con­si­de­ra­ble agu­de­za. Otro caso es el Guan­ya­rem Bar­ce­lo­na, en el que está direc­ta­men­te impli­ca­da Ada Colau, quien fue­ra por­ta­voz de la PAH, que está tra­ba­jan­do jun­to a otros muchos acti­vis­tas, par­ti­dos polí­ti­cos, colec­ti­vos y ciu­da­da­nos en la cons­truc­ción de una amplia ini­cia­ti­va para tomar el ayun­ta­mien­to de esta ciu­dad. Una ini­cia­ti­va que está en mar­cha en otras muchas ciu­da­des. Pode­mos, una espe­cia de par­ti­do polí­ti­co de nue­vo for­ma­to en cons­truc­ción abier­ta, es otro caso intere­san­te. Todos estos ejem­plos com­par­ten fuer­tes cone­xio­nes con el suje­to polí­ti­co sur­gi­do del 15M.
El régi­men espa­ñol, des­de sus medios de pro­pa­gan­da a sus cla­ses diri­gen­tes y par­ti­dos polí­ti­cos, pare­ce ate­rro­ri­za­do ante la fuer­za de estos movi­mien­tos, que han per­mea­do gran­des estra­tos de la socie­dad. Es muy intere­san­te cons­ta­tar que ni siquie­ra dis­po­ne de las herra­mien­tas para poder enten­der estos nue­vos suje­tos polí­ti­cos. Su úni­ca res­pues­ta es repre­sión y cen­su­ra.

¿Estos esce­na­rios de rup­tu­ra no con­tra­di­cen de mane­ra cla­ra tu idea de las sua­ves, pla­nea­do­ras, gen­ti­les y bre­ves con­ca­te­na­cio­nes accio­nes polí­ti­cas des­ti­tu­yen­tes?

Gerald: Conoz­co y he expe­ri­men­ta­do algu­nos de los desa­rro­llos posi­ti­vos post-15M. Para mí son ejem­plos de una inci­pien­te revo­lu­ción mole­cu­lar. Uno de los aspec­tos más exci­tan­tes es una nue­va prác­ti­ca de ‘inclu­sión radi­cal’, que de nin­gu­na mane­ra se tra­ta de la repe­ti­ción de un absur­do sue­ño hip­pie, ni una pro­yec­ción román­ti­ca de la sus­pen­sión de las barre­ras de cla­se y las fron­te­ras nacio­na­les, ni la fan­ta­sía de una fra­ter­ni­za­ción sin dolor. La inclu­sión radi­cal sig­ni­fi­ca la poten­cia­li­dad de la aper­tu­ra del pro­pio terri­to­rio exis­ten­cial, un terri­to­rio fun­da­men­tal­men­te inclu­si­vo sin puer­tas ni umbra­les, un modo de rete­rri­to­ria­li­za­ción del espa­cio y el tiem­po.

Lo que da for­ma a los modos de acción de los indig­na­dos no es sólo apli­ca­ble al espa­cio, sino a la reapro­pia­ción del tiem­po. Se toman su tiem­po para rea­li­zar lar­gas y pacien­tes dis­cu­sio­nes asam­blea­rias, para per­ma­ne­cer en el lugar que ocu­pan y desa­rro­llar día-a-día una nue­va coti­dia­nei­dad. No es una esca­pa­da, ni un desen­ten­der­se del mun­do, no es un fue­ra-del-tiem­po, sino una bre­cha en el régi­men de subor­di­na­ción tem­po­ral. No es una lucha por una mera reduc­ción de la jor­na­da labo­ral, sino un nue­va con­cep­ción del tiem­po.

En el capi­ta­lis­mo maquí­ni­co la apues­ta es la apro­pia­ción total del tiem­po. En medio de las angus­tias de la vida pre­ca­ria, un exce­den­te es inven­ta­do, el deseo de no ser co-opta­do. Los acti­vis­tas pre­ca­rios, orga­ni­za­do­res e, inclu­so, los nue­vos coor­di­na­do­res de los par­ti­dos y movi­mien­tos socia­les que men­cio­nas apli­can, enton­ces, dife­ren­tes rela­cio­nes tem­po­ra­les.

En vez de acep­tar las narra­cio­nes de la his­to­ria revo­lu­cio­na­ria (y de su his­to­rio­gra­fía estruc­tu­ra­do­ra) como el úni­co camino posi­ble y repro­du­cir­lo has­ta la infi­ni­dad, hay una nece­si­dad de inven­tar, de inno­var y mul­ti­pli­car­las prác­ti­cas y narra­ti­vas revo­lu­cio­na­rias. Enton­ces el ‘úni­co gran even­to’ revo­lu­cio­na­rio se con­vier­te en una cade­na sin final de prác­ti­cas ins­ti­tu­yen­tes, la inven­ción de una siem­pre reno­va­ble ins­ti­tu­ción mons­truo­sa: la ins­ti­tu­ción del común.

5. La ocu­pa­ción como inven­ción de una nue­va ins­ti­tu­ción

Vuel­vo al tema de la sua­vi­dad y bre­ve­dad de las accio­nes revo­lu­cio­na­rias. Cito del libro ‘Art and Revo­lu­tion’, las “tran­si­cio­nes, super­po­si­cio­nes y con­ca­te­na­cio­nes de arte y revo­lu­ción lle­gan a ser posi­bles por un espa­cio limi­ta­do de tiem­po” (p. 18). Pien­so en rela­tos como el docu­men­tal ‘The Spi­rit of 45’ de Ken Loach sobre la crea­ción del esta­do del bien­es­tar y el papel que jugó el gobierno del Par­ti­do Labo­ris­ta, tan dife­ren­te del actual, por cier­to, en el apa­ra­to del esta­do.

Se me ocu­rren varias cues­tio­nes: ¿Deben las luchas por una pro­fun­da trans­for­ma­ción de las con­di­cio­nes de vida ser por un bre­ve perio­do de tiem­po y ocu­rrir fue­ra del apa­ra­to del esta­do, como comen­tas en tu libro? ¿Por qué este mode­lo de sua­ves ope­ra­cio­nes no podría ser fácil­men­te co-opta­do y como­di­fi­ca­do por el mer­ca­do? ¿Pue­de un nue­vo poder cons­ti­tu­yen­te durar el tiem­po sufi­cien­te para desa­rro­llar nue­vas for­ma­cio­nes y con­di­cio­nes de vida?

Gerald: Por supues­to, no pode­mos con­ten­tar­nos con pie­zas limi­ta­das de tiem­po, tene­mos que pen­sar en trans­for­ma­cio­nes per­sis­ten­tes. Per­ma­nez­ca­mos en el cam­po del arte. En los últi­mos 50 años muchos movi­mien­tos de ocu­pa­ción inclu­ye­ron acto­res del cam­po artís­ti­co, des­de las ocu­pa­cio­nes socio-cul­tu­ra­les de los 70 a los squats polí­ti­cos de la auto­no­mía ita­lia­na en los 80 o las dife­ren­tes gene­ra­cio­nes de cen­tros socia­les que se han suce­di­do has­ta aho­ra. En el año 2011, duran­te las revo­lu­cio­nes de la Pri­ma­ve­ra Ára­be y el movi­mien­to 15M, emer­gió una nue­va ola de ocu­pa­cio­nes en Ita­lia en el cam­po de las artes escé­ni­cas, que con­ti­núa has­ta hoy. Muchos tea­tros y espa­cios cul­tu­ra­les han sido ocu­pa­dos en Ita­lia, des­de Milán a Paler­mo.

Todas estas prác­ti­cas están influen­cia­das por la ocu­pa­ción del Tea­tro Valle, el tea­tro más anti­guo de Roma, fun­da­do en 1727 y ame­na­za­do de pri­va­ti­za­ción. Fue ocu­pa­do por acto­res, direc­to­res, músi­cos y otros tra­ba­ja­do­res cul­tu­ra­les en Junio de 2011, pre­ci­sa­men­te el día que tuvo lugar en Ita­lia el refe­rén­dum sobre el agua, en el que se decla­ró un bien común. Renom­bra­ron el espa­cio como Tea­tro Valle Ocu­pa­to y fue decla­ra­do tam­bién un bien común. Había una cone­xión direc­ta entre ambos acon­te­ci­mien­tos que sig­ni­fi­ca­ban el retorno de los dos sig­ni­fi­ca­dos del común: el pri­mer aspec­to, el mate­rial, el com­po­nen­te ‘natu­ral’, repre­sen­ta­do por el agua, fue conec­ta­do al bien inma­te­rial de la pro­duc­ción cul­tu­ral.
Las máqui­nas socia­les y las máqui­nas-cor­po­ra­les de los acto­res, músi­cos, direc­to­res, téc­ni­cos y otros tra­ba­ja­do­res cul­tu­ra­les han rete­rri­to­ria­li­za­do la vida coti­dia­na tra­di­cio­nal de un tea­tro y han fabri­ca­do un nue­vo terri­to­rio. Por supues­to que esta ocu­pa­ción está basa­da en la pro­fun­da cri­sis labo­ral y en la pre­ca­ri­za­ción de la cul­tu­ra, así como en la corrup­ción de las pro­duc­cio­nes tea­tra­les clá­si­cas y de sus for­mas de con­su­mo. Pero sería dema­sia­do limi­ta­do con­cep­tua­li­zar al Tea­tro Valle Occu­pa­to como sólo otro signo de pro­tes­ta del mun­do tea­tral.

Sin duda, es una expe­rien­cia fas­ci­nan­te que mere­ce la pena ana­li­zar en deta­lle. Ese mis­mo año, unos meses des­pués del des­alo­jo de la acam­pa­da del 15M en Madrid, tras la gigan­tes­ca mani­fes­ta­ción del 15O, se ocu­pó el Hotel Madrid muy cer­ca de la pro­pia puer­ta del Sol. Tras des­cu­brir que exis­tía en su inte­rior una puer­ta que conec­ta­ba direc­ta­men­te con el Tea­tro Albe­niz, un tea­tro his­tó­ri­co cerra­do des­de hacía años que esta­ba ame­na­za­do con con­ver­tir­lo en el enési­mo cen­tro comer­cial de la ciu­dad, se plan­teó duran­te unas sema­nas su ocu­pa­ción. Se orga­ni­za­ron nume­ro­sas asam­bleas de enor­me inten­si­dad en las que par­ti­ci­pa­ron acti­vis­tas del 15M y un amplio espec­tro de tra­ba­ja­do­res del mun­do de la cul­tu­ra. El obje­ti­vo era libe­rar­lo para que se con­vir­tie­ra en el pri­mer tea­tro de la ciu­dad en manos del común con modos de pro­duc­ción cul­tu­ral acor­de a ello. Apa­re­ció, enton­ces, una Fun­da­ción dedi­ca­da a la supues­ta defen­sa del edi­fi­co, que boi­co­teó de mane­ra drás­ti­ca su libe­ra­ción. Fren­te a la idea de con­ver­tir­lo en un espa­cio del común que era el eje del tra­ba­jo de la asam­blea, ésta pre­ten­día seguir un pro­ce­so judi­cial, que toda­vía con­ti­núa, con el pro­pó­si­to de con­ver­tir­lo en un tea­tro públi­co al uso, diri­gi­do por los esta­men­tos polí­ti­cos repre­sen­ta­ti­vos del régi­men. Comen­zó un intere­san­te deba­te, sobre qué tipo de tea­tro debía ser y qué cla­se de pro­duc­ción escé­ni­ca podría rea­li­zar, que se aca­bó per­dien­do. Al final el tea­tro ha ter­mi­na­do en manos de la enti­dad ban­ca­ria Kutxa­bank, noto­ria por su vora­ci­dad espe­cu­la­do­ra, y con­ti­núa toda­vía cerra­do. Fue una expe­rien­cia al tiem­po frus­tran­te, inten­sa y, como decía, sin­to­má­ti­ca. Una con­clu­sión que se pudo extraer es que la bre­cha entre el mun­do de la pro­duc­ción cul­tu­ral y el del acti­vis­mo polí­ti­co era, y en gran medi­da sigue sien­do, dema­sia­do gran­de y no se dis­po­nían ni de herra­mien­tas ni de expe­rien­cias comu­nes para un desafío de ese tipo. En bue­na medi­da, ahí nace el pro­yec­to escé­ni­co ‘El Tea­tro de Acción Vio­len­ta pre­sen­ta El Ruí­do y la Furia’, que pre­sen­ta­mos unos meses más tar­de.

¿Pue­des ampliar la refle­xión sobre la expe­rien­cia del Tea­tro Valle Occu­pa­to?

Gerald: Como en todos los casos del movi­mien­to de ocu­pa­ción ita­liano en 2011 y en el que comen­tas en Madrid, la toma del espa­cio está conec­ta­da con cues­tio­nes de asam­blea­ris­mo, así como del lugar y el tiem­po de rete­rri­to­ria­li­za­ción. Como decía­mos en el caso de los indig­na­dos, los ocu­pan­tes se toma­ron muy en serio tan­to el espa­cio como el tiem­po que esta­ble­cen, tomán­do­se su tiem­po para lar­gas y pacien­tes dis­cu­sio­nes y, tam­bién, para estar en el lugar, desa­rro­llan­do cada día nue­vas for­mas de orga­ni­za­ción y pro­duc­ción. En este sen­ti­do, la ocu­pa­ción es una huel­ga. El tea­tro no es sólo un sím­bo­lo, un espa­cio pri­vi­le­gia­do de repre­sen­ta­ción, sino un lugar de orga­ni­za­ción no-repre­sen­ta­ti­va, de inclu­sión radi­cal, mole­cu­lar.

La idea del tea­tro como un bien común no es la expre­sión colo­ris­ta de un gru­po de nue­vos hip­pies den­tro del mar­co de las indus­trias crea­ti­vas. Está estre­cha­men­te conec­ta­da con la inven­ción social y jurí­di­ca de una ins­ti­tu­ción del común. En este sen­ti­do, se tra­ba­jó en con­cien­cia para esta­ble­cer una nue­va estruc­tu­ra legal como ‘Fon­da­zio­nes Tea­tro Valle bene comu­ne’. En su ‘codex’ polí­ti­co lo decla­ra­ron como una ins­ti­tu­ción basa­da en la auto-orga­ni­za­ción y el con­sen­so, en nue­vas for­mas de segu­ri­dad social acor­des a la dis­con­ti­nui­dad del tra­ba­jo crea­ti­vo, en un mode­lo eco­nó­mi­co anti-pri­va­ti­za­ción y, final­men­te, en el enten­di­mien­to de la pro­pie­dad inte­lec­tual como rique­za social. De este modo, los pro­ta­go­nis­tas trans­cen­die­ron la lógi­ca mera­men­te legal. El obje­ti­vo no era com­ple­tar una cons­ti­tu­ción aca­ba­da y esta­ble, sino lan­zar un pro­ce­so cons­ti­tu­yen­te, una huel­ga mole­cu­lar en bus­ca del común-ismo [com­mo­nism]. Las incon­ta­bles asam­bleas, pro­yec­tos trans­ver­sa­les y expe­ri­men­tos éti­co-esté­ti­cos no bus­ca­ban ser estan­di­za­dos y tro­cea­dos por la estruc­tu­ra legal de una nue­va fun­da­ción, sino que los pro­ce­di­mien­tos del pro­ce­so cons­ti­tu­yen­te fue­ron pro­du­cien­do el común como auto-orga­ni­za­ción y apren­di­za­je.

En este sen­ti­do los esta­tu­tos de fun­da­ción pue­den sólo ser­vir como com­po­nen­tes de un ‘lle­gar a ser’ común. Ocu­par una ins­ti­tu­ción no sig­ni­fi­ca tomar las vie­jas ins­ti­tu­cio­nes y dar­les nue­vas reglas, sino trans­for­mar y re-inven­tar sus pro­pia natu­ra­le­za.

La expe­rien­cia del Tea­tro Valle Occu­pa­to ter­mi­nó, por el momen­to, el 11 de Agos­to pasa­do, tras la ame­na­za de des­alo­jo del ayun­ta­mien­to romano, gober­na­do por el social­de­mó­cra­ta Par­ti­to Demo­cra­ti­co. Se deci­dió, enton­ces, no resis­tir, sino espe­rar a nego­ciar una futu­ra ges­tión del espa­cio. David Har­vey, Sla­voj Zizek o el juris­ta ita­liano Ste­fano Rodo­tà esta­ban entre los fir­man­tes del mani­fies­to de apo­yo: ‘La expe­rien­cia ita­lia­na, naci­da en el 2011, es el ejem­plo de cómo se trans­for­ma un pres­ti­gio­so tea­tro en un bien común’.

Aquí ter­mi­na por el momen­to la con­ver­sa­ción con Gerald Rau­nig, mien­tras algu­nas de las ideas toman cuer­po pro­pio…

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