Diez tesis sobre la (in)justicia

Si obser­va­mos las nece­sa­rias crí­ti­cas que está reci­bien­do el apa­ra­to judi­cial en los últi­mos tiem­pos, vemos que la inmen­sa mayo­ría se cen­tran lógi­ca­men­te en la injus­ti­fi­ca­ble sen­ten­cia del «caso de la mana­da». Vemos tam­bién que algu­nas per­so­nas extien­den sus aná­li­sis a otros casos como el pro­ce­so con­tra los jóve­nes de Altsa­su, con­tra la liber­tad de expre­sión en la Red, con­tra los dere­chos de Cata­lun­ya, con­tra los cien­tos de sin­di­ca­lis­tas cuya liber­tad pen­de de un hilo, sobre la inaca­ba­ble lis­ta de mul­tas que gol­pean a las débi­les eco­no­mías popu­la­res, o la judi­cia­li­za­ción de la polí­ti­ca y la poli­ti­za­ción de la jus­ti­cia… Todas ellas son per­ti­nen­tes, abren vías de deba­te y con­cien­cia­ción, y fre­cuen­te­men­te se acer­can al pro­ble­ma de las movi­li­za­cio­nes o lo desa­rro­llan abier­ta­men­te.

Pero se echan en falta como mínimo dos perspectivas más: una, ubicar la acción represiva del aparato judicial español dentro de la totalidad del sistema imperialista, es decir, por ejemplo, los golpes de Estado llamados «judiciales» realizados por el funcionariado fiel al Estado del capital y más recientemente el papel de la justicia yanqui en la detención de Santrich, sobre la que volveremos en otro artículo; y dos, sobre todo, demostrar que no existe independencia judicial alguna, que no existe ninguna división de poderes, que en todo caso solo existiría una relativa autonomía de funciones tácticas y técnicas supeditada a las directrices estratégicas que emanan del Estado del capital y de la misma ideología reaccionaria de muchos funcionarios asalariados llamados «jueces». Vamos a presentar algunas tesis a modo de incitación al debate sobre esta cuestión cada vez más importante en la lucha de clases. 
  1. La «jus­ti­cia», el «dere­cho» y la «demo­cra­cia» en abs­trac­to, como ideas puras, sin con­te­ni­do de cla­se, de sexo-géne­ro y de pue­blo o nación domi­nan­te son impo­si­bles en todo modo de pro­duc­ción basa­do en la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Más aún, los con­cep­tos de «jus­ti­cia», «dere­cho», «demo­cra­cia» con su car­ga ideo­ló­gi­ca actual solo son posi­bles en la esfe­ra de lo abs­trac­to en la socie­dad bur­gue­sa, por­que solo esta se basa en el feti­che de la mer­can­cía, en la impla­ca­ble dic­ta­du­ra del tra­ba­jo abs­trac­to y en la ley del valor, bases de la tria­da cita­da arri­ba.
  2. En esta socie­dad, la «jus­ti­cia», el «dere­cho», la «demo­cra­cia» solo son reales en su pleno sen­ti­do para la cla­se bur­gue­sa por­que solo ella las dis­fru­ta, con­tro­la y diri­ge median­te el poder omní­mo­do que le garan­ti­za dia­ria­men­te su pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes socia­les e ideo­ló­gi­cas que sur­gen de esa pro­pie­dad; por esto mis­mo la «demo­cra­cia», el «dere­cho» y la «jus­ti­cia» son los medios más efec­ti­vos de sojuz­ga­mien­to y alie­na­ción en los perio­dos de débil lucha de cla­ses, efec­ti­vi­dad que se debi­li­ta con­for­me esta desa­rro­lla su con­te­ni­do polí­ti­co, es decir, por la des­truc­ción de la dic­ta­du­ra del sala­rio. En la medi­da en que esto suce­de el capi­tal se des­po­ja de la cada vez más inefi­caz tria­da a la vez que mul­ti­pli­ca las repre­sio­nes has­ta lle­gar al terror si fue­ra nece­sa­rio.
  3. No exis­te una «sepa­ra­ción de pode­res» entre el eje­cu­ti­vo, el judi­cial y el legis­la­ti­vo, sino una autén­ti­ca divi­sión téc­ni­ca del tra­ba­jo entre los tres bajo la direc­ción estra­té­gi­ca del Esta­do. La efec­ti­vi­dad ideo­ló­gi­ca de alie­na­ción de seme­jan­te divi­sión del tra­ba­jo es inne­ga­ble por­que ocul­ta la dic­ta­du­ra de fac­to del capi­tal. La «inde­pen­den­cia judi­cial» es una fic­ción, una ente­le­quia sis­te­má­ti­ca­men­te ali­men­ta­da por la cla­se bur­gue­sa para refor­zar su poder. En la prác­ti­ca, solo exis­te una mayor o menor auto­no­mía rela­ti­va del apa­ra­to judi­cial con res­pec­to al poder esta­tal, el deci­so­rio, y a los intere­ses del capi­tal. La judi­ca­tu­ra es solo un sub-poder que el Esta­do dele­ga en algu­nas per­so­nas fie­les al capi­tal, selec­cio­na­das con cre­cien­te rigor según asu­men tareas de orden y repre­sión más altas. Los fil­tros garan­tes de su leal­tad al capi­tal empie­zan bas­tan­te pron­to en el sis­te­ma edu­ca­ti­vo median­te la selec­ción ideo­ló­gi­ca con­ser­va­do­ra que se rea­li­za en el entorno social, fami­liar, uni­ver­si­ta­rio y fun­cio­na­rial. El sala­rio, las pre­ben­das y hono­res apun­ta­lan la fide­li­dad al orden esta­ble­ci­do.
  4. La auto­no­mía rela­ti­va del apa­ra­to judi­cial depen­de de múl­ti­ples fac­to­res impo­si­ble de expo­ner aquí, como por ejem­plo la ideo­lo­gía per­so­nal más o menos reac­cio­na­ria, misó­gi­na, racis­ta de los jue­ces, o en algu­nos casos su ideo­lo­gía de «neu­tra­li­dad axio­ló­gi­ca» o tal vez en cier­tas indi­vi­dua­li­da­des un demo­cra­ti­cis­mo bási­co, etc., de modo que en apa­rien­cia el apa­ra­to judi­cial mues­tra una diver­si­dad en cir­cuns­tan­cias deter­mi­na­das que no tie­ne en su con­jun­to. Otra razón más amplia de la auto­no­mía rela­ti­va es la his­to­ria de la lucha de cla­ses en cada Esta­do, en espe­cial las dife­ren­cias entre frac­cio­nes de la bur­gue­sía, de modo que depen­dien­do de la fuer­za obre­ra y popu­lar y de las diver­gen­cias inter­nas en el poder, el capi­tal ha teni­do que aflo­jar, ceder en su rigor repre­si­vo y abrir espi­tas que sua­vi­cen algu­nas ten­sio­nes o el cli­ma de pre-cri­sis estruc­tu­ral: refor­mar o morir.
  5. Pue­de inclu­so lle­gar un momen­to en el que el apa­ra­to judi­cial esté cuar­tea­do en su fide­li­dad a sec­to­res dife­ren­tes de la bur­gue­sía, fisu­ras que refle­jan la exis­ten­cia de una cri­sis estruc­tu­ral más pro­fun­da: en tales situa­cio­nes es el deve­nir de la lucha de cla­ses y de las luchas cai­ni­tas en la bur­gue­sía el que deci­de en resul­ta­do últi­mo, en sín­te­sis, revo­lu­ción o con­tra­rre­vo­lu­ción. Sin lle­gar a esta situa­ción, el apa­ra­to judi­cial sufre una pará­li­sis cre­cien­te, expre­sión de la cri­sis del Esta­do. Deli­be­ra­da­men­te, la bur­gue­sía espa­ño­la ape­nas ha poten­cia­do una judi­ca­tu­ra efec­ti­va, rápi­da y ágil: poco gas­to públi­co, esca­sos medios y mucha defen­sa de la pro­pie­dad pri­va­da, del patriar­ca­do y de la uni­dad nacio­nal espa­ño­la. Así se expli­ca que en 2009 se rea­li­za­ran dos huel­gas de jue­ces, en 2012 muchos jue­ces apo­ya­ron la huel­ga gene­ral, aho­ra mis­mo en Gali­za se pro­tes­ta por el colap­so prác­ti­co y casi la tota­li­dad de jue­ces y fis­ca­les haya anun­cia­do una huel­ga para este 22 de mayo.
  6. En reali­dad, lo que bus­can estas movi­li­za­cio­nes es mejo­rar los medios para ser­vir al capi­tal y al Esta­do. Los jue­ces y fis­ca­les saben que el hun­di­mien­to de su legi­ti­mi­dad sería una catás­tro­fe socio­po­lí­ti­ca para ellos y para el sis­te­ma al que sir­ven, como ya se está vien­do en las pro­tes­tas con­tra la Mana­da y el terro­ris­mo machis­ta, con­tra el endu­re­ci­mien­to repre­si­vo gene­ra­li­za­do, con­tra la impu­ni­dad de la corrup­ción, con­tra la devas­ta­ción de dere­chos ele­men­ta­les como el de las pen­sio­nes y los sala­rios direc­tos y dife­ri­dos, con­tra la tran­qui­li­dad del capi­ta­lis­mo cri­mi­nal (¿?), con­tra el terro­ris­mo empre­sa­rial con el aumen­to de los «acci­den­tes» de tra­ba­jo, con­tra la nor­ma­li­za­ción de los malos tra­tos y tor­tu­ras, con­tra el auge fas­cis­ta y racis­ta, con­tra el poder de la buro­cra­cia ecle­siás­ti­ca…
  7. Una fun­ción bási­ca del refor­mis­mo en estas situa­cio­nes es la de hacer de bom­be­ro. Des­de su ori­gen, el refor­mis­mo asu­me y pro­pa­ga la ideo­lo­gía bur­gue­sa de la apa­ren­te «divi­sión de pode­res» que tomó cuer­po defi­ni­ti­vo a media­dos del siglo XVIII. Aho­ra mis­mo tene­mos tres ejem­plos: en los Paï­sos Cata­lans un sec­tor de la cas­ta inte­lec­tual año­ra la lla­ma­da «jus­ti­cia trans­pa­ren­te», fan­ta­sía impo­si­ble en el capi­ta­lis­mo. En Eus­kal Herria, EH Bil­du plan­tea en su pro­yec­to de sobe­ra­nía dotar­se de los «tres pode­res que con­for­man el Esta­do demo­crá­ti­co de dere­cho» más un «cuar­to poder social-ciu­da­dano que per­mi­ta vehi­cu­lar pro­pues­tas de la ciu­da­da­nía». En el Esta­do espa­ñol Pode­mos ni siquie­ra se atre­va a reivin­di­car la Repú­bli­ca. ¿Qué jus­ti­cia, dere­cho y demo­cra­cia caben en una monar­quía que ancla el impe­ria­lis­mo espa­ñol en lo más pro­fun­do del ata­vis­mo polí­ti­co-reli­gio­so pre­ca­pi­ta­lis­ta?
  8. Con sus dife­ren­cias obvias, la «jus­ti­cia», el «dere­cho» y la «demo­cra­cia» son otros tan­tos cam­pos de bata­lla de cla­se, de sexo-géne­ro y nacio­nal en la lucha entre el capi­tal y el tra­ba­jo. Las mil for­mas que adquie­re esa lucha se rami­fi­can entre todas las opre­sio­nes y explo­ta­cio­nes, entre el con­jun­to de la mer­can­ti­li­za­ción de la natu­ra­le­za y de la vida, entre los veri­cue­tos lega­les de la pri­va­ti­za­ción del pen­sa­mien­to y de la cien­cia crí­ti­ca. Quie­re esto decir que las izquier­das han de asu­mir la acción dia­ria en estos con­flic­tos median­te los cua­les el capi­tal for­ta­le­ce su domi­na­ción. Han de cues­tio­nar radi­cal­men­te la tria­da en sí mis­ma para com­ba­tir cada una de sus expre­sio­nes par­ti­cu­la­res y sin­gu­la­res y, a la vez, dia­léc­ti­ca­men­te, ha de luchar con­tra cada una de sus expre­sio­nes según una estra­te­gia orien­ta­da a con­quis­tar otra demo­cra­cia, dere­cho y jus­ti­cia –otro poder– cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­te, anta­gó­ni­co.
  9. Hay reivin­di­ca­cio­nes per­ma­nen­tes: los jue­ces han de ren­dir cuen­tas a su entorno social y popu­lar, han de ser ele­gi­dos y revo­ca­dos por este entorno que podrá acce­der a su queha­cer sin menos­ca­bo de la segu­ri­dad nece­sa­ria; orga­ni­za­cio­nes y colec­ti­vos sin­di­ca­les, socia­les, polí­ti­cos, cul­tu­ra­les pro­gre­sis­tas tie­nen dere­cho de inter­ven­ción en los pro­ce­sos judi­cia­les y tie­nen dere­cho de con­trol sobre el queha­cer poli­cial y la elec­ción y revo­ca­ción de sus man­dos, etcé­te­ra. Obje­ti­vos inser­tos en una estra­te­gia más amplia sobre con­trol obre­ro, demo­cra­cia direc­ta, con­trol por los con­su­mi­do­res y usua­rios de los ser­vi­cios y gas­tos públi­cos; publi­ci­dad del secre­to ban­ca­rio, con­trol de la indus­tria mediá­ti­co-cul­tu­ral; dere­cho a recu­pe­rar fábri­cas y loca­les… Son las lla­ma­das «refor­mas revo­lu­cio­na­rias» que refuer­zan la auto­or­ga­ni­za­ción obre­ra y popu­lar.
  10. Estas y otras reivin­di­ca­cio­nes no sur­gen de la nada: la his­to­ria de los pue­blos, cla­ses y muje­res opri­mi­das demues­tra que exis­te otra jus­ti­cia. Las uto­pías rojas, las here­jías mile­na­ris­tas y comu­na­lis­tas, las «mon­jas» insu­rrec­tas en la anti­gua Chi­na, las revuel­tas y rebe­lio­nes escla­vas y cam­pe­si­nas, el dere­cho de tira­ni­ci­dio deba­ti­do en la Igle­sia y prac­ti­ca­do por la bur­gue­sía revo­lu­cio­na­ria, la revo­lu­ción hai­tia­na, la jus­ti­cia de los ludi­tas y las leyes de Bolí­var, la expe­rien­cia de las luchas entre 1830-1848, la suble­va­ción india de 1857 y la rebe­lión Tai­ping chi­na, la actua­li­dad de la Comu­na de 1871, la revo­lu­ción de 1905, la revo­lu­ción mexi­ca­na de 1910-1917, la revo­lu­ción bol­che­vi­que, la Bavie­ra sovié­ti­ca de 1918, la Comu­na de Donos­tia de 1936 y los logros de Cata­lun­ya y Ara­gón en 1936-1937, el dere­cho a la rebe­lión con­tra la injus­ti­cia y la opre­sión san­cio­na­do en el Preám­bu­lo de la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de los Dere­chos Huma­nos fir­ma­da por las Nacio­nes Uni­das en 1948, las expe­rien­cias anti­co­lo­nia­les, anti­im­pe­ria­lis­tas y socia­lis­tas… Debe­mos actua­li­zar esta bri­llan­te his­to­ria éti­ca e inte­lec­tual de la Huma­ni­dad explo­ta­da.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

3 de mayo de 2018

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