Creando la izquierda abertzale (II de IV)

Uno

En la pri­me­ra entre­ga de esta serie insis­ti­mos en la impor­tan­cia cla­ve de la crí­ti­ca filo­só­fi­ca del prag­ma­tis­mo anglo­sa­jón, acep­ta­do como méto­do epis­te­mo­ló­gi­co por EH Bil­du. En esta entre­ga, la segun­da, vamos a ana­li­zar la apli­ca­ción del prag­ma­tis­mo al pro­ble­ma del suje­to: ¿qué cla­se social, qué pue­blo y nación, qué suje­to diri­ge el pro­ce­so hacia la inde­pen­den­cia nacio­nal y el socia­lis­mo? La res­pues­ta que ofre­ce EH Bil­du en el docu­men­to es la siguien­te:

De la nación al pue­blo. Sin minus­va­lo­rar en abso­lu­to la impor­tan­cia de la idea de comu­ni­dad nacio­nal, la pro­fun­di­za­ción demo­crá­ti­ca en nues­tro país está liga­da al suje­to popu­lar, al con­jun­to de la ciu­da­da­nía de los terri­to­rios de Eus­kal Herria. El sobe­ra­nis­mo de izquier­das es pio­ne­ro en esta con­cep­tua­li­za­ción uni­ver­sal de la ciu­da­da­nía: «son vas­cas todas las per­so­nas que viven y tra­ba­jan en Eus­kal Herria».

Estu­diar esta res­pues­ta es cla­ve por­que según qué con­clu­sión extrai­ga­mos opta­re­mos por una vía o por la con­tra­ria. Dicho de for­ma más direc­ta: el prag­ma­tis­mo se carac­te­ri­za tam­bién por ela­bo­rar sus jus­ti­fi­ca­cio­nes ideo­ló­gi­cas des­pués de sus hechos, de mane­ra que esas jus­ti­fi­ca­cio­nes «con­fir­men» a toro pasa­do la correc­ción de las prác­ti­cas ante­rio­res. Por esto, antes de estu­diar en deta­lle la jus­ti­fi­ca­ción pos­te­rior debe­mos ver las prác­ti­cas ante­rio­res.

Vea­mos tres prác­ti­cas: una, feli­ci­tar a Trump por su vic­to­ria elec­to­ral, como ya había feli­ci­ta­do a Oba­ma ocho años antes; dos, feli­ci­tar a las fuer­zas repre­si­vas espa­ño­las por su com­por­ta­mien­to en agos­to de 2017 tras los aten­ta­dos isla­mis­tas en Bar­ce­lo­na median­te car­ta ofi­cial del Con­gre­so de los Dipu­tados de Espa­ña, jun­to con las fir­mas del PP, PSOE, Cs, Pode­mos…; y tres, invi­tar Michel Cam­des­sus, exgo­ber­na­dor del Ban­co de Fran­cia y exDi­rec­tor Geren­te del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, al acto de Kan­bo en el que se ofi­cia­li­za­ba la auto­di­so­lu­ción de ETA pos­te­rior a su ren­di­ción de armas al Esta­do ocu­pan­te. ¿Por qué se hacen estos reco­no­ci­mien­tos explí­ci­tos del peor impe­ria­lis­mo? ¿Cómo se expli­can a la mili­tan­cia, a las bases sim­pa­ti­zan­tes y votan­tes, si es que se expli­can?

Se nos dirá que son nece­si­da­des «pro­to­co­la­rias» impues­tas por la diplo­ma­cia inter­na­cio­nal. No es cier­to, de «pro­to­co­la­rias» nada. Son actos mate­ria­les con un cla­ro men­sa­je polí­ti­co y sim­bó­li­co: se acep­ta el poder del impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se, se legi­ti­ma a las fuer­zas repre­si­vas espa­ño­las y a su «demo­cra­cia», y se humi­lla ante el FMI, ver­da­de­ra fábri­ca de dolor humano que bajo la direc­ción de Cam­des­sus aplas­tó social­men­te a Méxi­co en 1994 y al sud­es­te asiá­ti­co en 1997, por citar dos casos. Las bases de EH Bil­du y del refor­mis­mo aber­tza­le reci­ben así men­sa­jes de apa­ren­te «nor­ma­li­za­ción demo­crá­ti­ca» cuan­do en reali­dad son de sumi­sión socio­po­lí­ti­ca.

Insis­ti­mos en el con­te­ni­do social de la sumi­sión polí­ti­ca por­que es esen­cial­men­te de cla­se, nacio­nal y patriar­cal ante el impe­ria­lis­mo en su con­jun­to. Por ejem­plo, las muje­res tra­ba­ja­do­ras, la infan­cia y la ter­ce­ra edad es la par­te del pue­blo obre­ro más gol­pea­da por la devas­ta­ción que impo­ne el FMI bajo el patro­naz­go de Oba­ma y Trump, y la pro­tec­ción de las fuer­zas repre­si­vas espa­ño­las. Hable­mos de reali­da­des: una inves­ti­ga­ción de la OIT ha demos­tra­do el impa­ra­ble avan­ce de la escla­vi­tud moder­na o neo escla­vi­tud que, por su rigu­ro­sa vera­ci­dad, ha apa­re­ci­do refle­ja­do has­ta en la pren­sa más dere­chis­ta como es el dia­rio ABC de 12 de mayo de 2018. Y es que la neo escla­vi­tud nos remi­te de inme­dia­to a la explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo sea asa­la­ria­da o no, sea domés­ti­ca, sexual, nacio­nal, etcé­te­ra, y sobre todo nos remi­te a la dic­ta­du­ra del tiem­po bur­gués.

Sin entrar aho­ra al deba­te sobre qué méto­dos esta­dís­ti­cos se uti­li­zan, estu­dios sobre la com­po­si­ción de cla­ses en Euro­pa mues­tran que la frac­ción con peo­res sala­rios de la cla­se tra­ba­ja­do­ra cons­ti­tu­ye el 43% de la pobla­ción acti­va, tam­bién lla­ma­da de for­ma más gené­ri­ca e impre­ci­sa como «cla­ses popu­la­res»; la frac­ción de la cla­se obre­ra con sala­rios más altos, mejo­res con­di­cio­nes de vida y tra­ba­jo, erró­nea­men­te lla­ma­da «cla­se media», cons­ti­tu­ye el 38% de la pobla­ción acti­va, mien­tras que el 19% res­tan­te es la bur­gue­sía con sus diver­sos nive­les: entre la mino­ri­ta­ria por­ción de gran­des pro­pie­ta­rios de capi­tal has­ta los admi­nis­tra­ti­vos con sala­rios muy altos, con su corres­pon­dien­te inser­ción en la estruc­tu­ra de poder. Como míni­mo, el 81% de la pobla­ción acti­va euro­pea com­po­nen la cla­se tra­ba­ja­do­ra vis­ta en su sen­ti­do total. Otro estu­dio cal­cu­la que en el Esta­do espa­ñol la cla­se asa­la­ria­da en su con­jun­to repre­sen­ta alre­de­dor del 90% de la pobla­ción.

Si de la pobla­ción labo­ral­men­te acti­va que vive de la explo­ta­ción asa­la­ria­da nos exten­de­mos a la pobla­ción des­em­plea­da o subem­plea­da, en paro de lar­ga dura­ción o estruc­tu­ral, y por últi­mo a la ya impo­si­bi­li­ta­da por su edad para sufrir explo­ta­ción direc­ta o que vive de una míse­ra pen­sión, de limos­nas socia­les sean pri­va­das o públi­cas, etc., dis­pon­dre­mos de una visión muy real y crí­ti­ca de la diná­mi­ca y estruc­tu­ra de cla­ses anta­gó­ni­cas de una socie­dad, de un pue­blo o de una nación, sin mayo­res pre­ci­sio­nes por aho­ra. Por ejem­plo, la bur­gue­sía nor­te­ame­ri­ca­na vive 15 años más de pro­me­dio que el pro­le­ta­ria­do yan­qui. Por ejem­plo, el barrio bur­gués de Saint Ger­va­si en Bar­ce­lo­na tie­ne un pro­me­dio de edad de 81 años, pero el barrio pro­le­ta­rio del Raval de 73 años. La bur­gue­sía vive más años y con mejor cali­dad de vida que el pue­blo obre­ro: eso es una dife­ren­cia obje­ti­va de cla­se. Los datos son aún más estre­me­ce­do­res al com­pa­rar la for­ma de vida de la mujer tra­ba­ja­do­ra en los pue­blos empo­bre­ci­dos y explo­ta­dos: dife­ren­cia de cla­se, de nación y de sexo-géne­ro.

La teo­ría de las cla­ses socia­les en lucha, es impres­cin­di­ble para enten­der, ade­más de la his­to­ria del pen­sa­mien­to en gene­ral, la com­ple­ja imbri­ca­ción mutua entre con­cep­tos en sí mis­mos com­ple­jos como son los de «comu­ni­dad», «iden­ti­dad», «pue­blo», «nación»… La teo­ría de la lucha de cla­ses es nece­sa­ria para des­cu­brir el movi­mien­to per­ma­nen­te en la his­to­ria de estas reali­da­des, sus con­tra­dic­cio­nes e inter­re­la­cio­nes con­ti­nuas, y la acción en el inte­rior de cada uno de ellas de los lla­ma­dos «mun­dos sub­je­ti­vos» como los valo­res refe­ren­cia­les, la car­ga afec­ti­va del com­ple­jo lin­güís­ti­co-cul­tu­ral, las tra­di­cio­nes popu­la­res, etc. Y des­de lue­go sin olvi­dar­nos de la exis­ten­cia del «mun­do obje­ti­vo» que es el patriar­ca­do en cuan­to exis­ten­cia obje­ti­va, es decir, de lo que está fue­ra y den­tro de cada per­so­na aun­que no lo desee.

Des­gra­cia­da o muy sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te en Eus­kal Herria no dis­po­ne­mos de un rigu­ro­so estu­dio de la com­po­si­ción de cla­ses y de su lucha per­ma­nen­te, aun­que sí de unos borra­do­res muy avan­za­dos ela­bo­ra­dor por un peque­ño colec­ti­vo mar­xis­ta. Sin duda, esta deser­ti­za­ción inte­lec­tual que veni­mos denun­cian­do des­de el pri­me­ro de nues­tros tex­tos sobre la deri­va de sec­to­res del MLNV, faci­li­ta el avan­ce de la ideo­lo­gía refor­mis­ta. Es por esto por lo que hemos pre­sen­ta­do algu­nos datos ele­men­ta­les rela­ti­vos a la reali­dad cla­sis­ta para, sobre ellos, ana­li­zar lue­go la incon­sis­ten­cia de la defi­ni­ción de ciu­da­da­nía dada por EH Bil­du.

Dos

A la luz de estos datos, relea­mos la defi­ni­ción ofre­ci­da por EH Bil­du:

De la nación al pue­blo. Sin minus­va­lo­rar en abso­lu­to la impor­tan­cia de la idea de comu­ni­dad nacio­nal, la pro­fun­di­za­ción demo­crá­ti­ca en nues­tro país está liga­da al suje­to popu­lar, al con­jun­to de la ciu­da­da­nía de los terri­to­rios de Eus­kal Herria. El sobe­ra­nis­mo de izquier­das es pio­ne­ro en esta con­cep­tua­li­za­ción uni­ver­sal de la ciu­da­da­nía: «son vas­cas todas las per­so­nas que viven y tra­ba­jan en Eus­kal Herria».

La res­pues­ta de EH Bil­du está pen­sa­da des­de la ideo­lo­gía prag­má­ti­ca que, como vimos en la pri­me­ra entre­ga, recha­za con­tun­den­te­men­te el méto­do mar­xis­ta. Es por esto que el tér­mino más usa­do en el docu­men­to es el ambi­guo de «ciu­da­dano» a secas, que ni siquie­ra el de «ciu­da­dano-tra­ba­ja­dor» emplea­do por algu­nos inte­lec­tua­les pro­gre­sis­tas para sal­var­se de las jus­tas crí­ti­cas.

Una lec­tu­ra super­fi­cial de la cita nos haría caer en varios erro­res de prio­ri­dad al creer que lo fun­da­men­tal es acla­rar qué se entien­de por trán­si­to «de la nación al pue­blo», o por «comu­ni­dad nacio­nal», o qué es eso de «pro­fun­di­za­ción demo­crá­ti­ca» tal como está el capi­ta­lis­mo, o la defi­ni­ción del «suje­to popu­lar» como «el con­jun­to de la ciu­da­da­nía», o qué es el «sobe­ra­nis­mo de izquier­das»… Son deba­tes impor­tan­tes, des­de lue­go, pero secun­da­rios con res­pec­to al nudo gor­diano ocul­to el final de la cita: «[…] esta con­cep­tua­li­za­ción uni­ver­sal de la ciu­da­da­nía: “son vas­cas todas las per­so­nas que viven y tra­ba­jan en Eus­kal Herria”».

Deci­mos que el nudo gor­diano está ocul­to deba­jo de las pala­bras por dos razo­nes: una, EH Bil­du inten­ta pro­te­ger­se en la supues­ta «con­cep­tua­li­za­ción uni­ver­sal de la ciu­da­da­nía» de modo que las bases crean que la defi­ni­ción que sigue es cier­ta por­que es uni­ver­sal­men­te acep­ta­da, pero no es ver­dad: hay tan­tas defi­ni­cio­nes de «ciu­da­da­nía» como corrien­tes polí­ti­cas e inte­lec­tua­les exis­ten, pero sobre todo hay dos gran­des líneas total­men­te con­tra­rias, la que habla solo de «ciu­da­da­nos» y la que habla de «cla­ses socia­les» en lucha per­ma­nen­te entre ellas. Lo que dice EH Bil­du sobre la uni­ver­sa­li­dad del con­cep­to de ciu­da­da­nía que pre­sen­ta solo sería cier­to negan­do la otra corrien­te, negan­do que exis­ta, lo que es mani­fies­ta­men­te impo­si­ble.

Y dos, la otra razón que ocul­ta la reali­dad es que la defi­ni­ción que ofre­ce EH Bil­du –«son vas­cas todas las per­so­nas que viven y tra­ba­jan en Eus­kal Herria»– esca­mo­tea y elu­de pre­ci­sa­men­te el anta­go­nis­mo incon­ci­lia­ble entre la «ciu­da­da­nía» abs­trac­ta y el de «cla­se social y lucha de cla­ses» que gira alre­de­dor de las rela­cio­nes de pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, de explo­tar o sufrir explo­ta­ción asa­la­ria­da, de opri­mir o de sufrir opre­sión polí­ti­ca, y de ser domi­na­dor o sufrir domi­na­ción cul­tu­ral. Alre­de­dor de la expec­ta­ti­va de vida inclu­so, como hemos vis­to. El con­cep­to de cla­se social, ade­más de estas rela­cio­nes, tam­bién inser­ta las rela­cio­nes de explo­ta­ción u opre­sión patriar­cal y nacio­nal siem­pre den­tro de una per­ma­nen­te uni­dad y lucha de con­tra­rios.

En reali­dad, la izquier­da aber­tza­le pro­pu­so otro con­cep­to muy dife­ren­te, tan­to que es el que sepa­ra la visión refor­mis­ta de la revo­lu­cio­na­ria. Según la V Asam­blea: «vas­co es quien ven­de su fuer­za de tra­ba­jo en Eus­ka­di» y «pue­blo tra­ba­ja­dor» es el con­jun­to de cla­ses, frac­cio­nes de cla­se y per­so­nas que solo tie­nen su fuer­za de tra­ba­jo para sobre­vi­vir, que no viven de la explo­ta­ción de otras per­so­nas sino que ellas mis­mas son explo­ta­das y que tie­nen con­cien­cia nacio­nal de cla­se, que saben que for­man la «nación tra­ba­ja­do­ra» vas­ca. El núcleo deci­si­vo del pue­blo tra­ba­ja­dor es la cla­se obre­ra que pro­du­ce valor y plus­va­lía. Ambos con­cep­tos, que for­man uno, son el ins­tru­men­to meto­do­ló­gi­co crea­do por la V Asam­blea de ETA adap­tan­do crea­ti­va­men­te la teo­ría mar­xis­ta a las con­di­cio­nes del capi­ta­lis­mo vas­co.

Fijé­mo­nos que la izquier­da aber­tza­le habla de «ven­der la fuer­za de tra­ba­jo», algo que no apa­re­ce de modo alguno en la defi­ni­ción de EH Bil­du que solo habla de «tra­ba­jo», a secas, sin con­cre­ción algu­na. La eco­no­mía polí­ti­ca bur­gue­sa se sos­tie­ne, entre otras bases, en la ideo­lo­gía del tra­ba­jo, con­cep­to que empie­za a sur­gir alre­de­dor del siglo XVII cuan­do va impo­nién­do­se el capi­ta­lis­mo comer­cial. Has­ta enton­ces, lo que aho­ra lla­ma­mos «tra­ba­jo» tenía varias acep­cio­nes, todas malas: tor­men­to, con­de­na y cas­ti­go para los escla­vos y más tar­de los cam­pe­si­nos; con­de­na bíbli­ca para «ganar el pan con el sudor de la fren­te», etcé­te­ra. El tra­ba­jo era una cosa mala que las cla­ses domi­nan­tes des­pre­cia­ban y evi­ta­ban, y que las cla­ses explo­ta­das odia­ban a muer­te, como aho­ra odian el tra­ba­jo asa­la­ria­do una vez que se des­alie­nan y toman con­cien­cia median­te la lucha de cla­ses. El arte y la cul­tu­ra se desa­rro­lla­ban fue­ra del tra­ba­jo por­que este los con­ta­mi­na­ba: la téc­ni­ca ape­nas tenía que ver con el tra­ba­jo por­que no exis­tía aún el impe­ra­ti­vo de la acu­mu­la­ción amplia­da de capi­tal, que empe­zó en el siglo XVI.

Los colo­nia­lis­tas euro­peos se sor­pren­dían por­que los pue­blos «atra­sa­dos» se nega­ban a tra­ba­jar más allá de lo nece­sa­rio para man­te­ner un nivel de vida tran­qui­lo. La bur­gue­sía euro­pea tuvo que recu­rrir a méto­dos terro­ris­tas para impo­ner a los pue­blos el tra­ba­jo asa­la­ria­do. Las y los cam­pe­si­nos, arte­sa­nos, etc., se afe­rra­ban a las for­mas de tra­ba­jo pre­ca­pi­ta­lis­tas que, en mayor o menor medi­da, se basa­ba en que ellas y ellos tenían algu­na for­ma de pro­pie­dad sobre sus ins­tru­men­tos de pro­duc­ción, es decir, podían garan­ti­zar una super­vi­ven­cia autó­no­ma ele­men­tal. Tam­bién solían tener una espe­cie de «segu­ri­dad social colec­ti­va» basa­da en la exis­ten­cia de tie­rras y bie­nes comu­na­les, de cos­tum­bres de reci­pro­ci­dad y apo­yo mutuo, de leyes que exi­gían a la Igle­sia y a la noble­za un asis­ten­cia­lis­mo en momen­tos de ham­bru­na y cri­sis, o sino el pue­blo podía apli­car el dere­cho al tira­ni­ci­dio, a eje­cu­tar al rey si no cum­plía sus obli­ga­cio­nes con res­pec­to al pue­blo.

El capi­ta­lis­mo barrió con san­gre, ham­bre y depor­ta­cio­nes a otros con­ti­nen­tes de la pobla­ción rebel­de, este mun­do pre­ca­pi­ta­lis­ta e impu­so la neo escla­vi­tud, la escla­vi­tud asa­la­ria­da sobre la que hemos dado algu­nas cifras arri­ba. Lo que EH Bil­du y la ideo­lo­gía bur­gue­sa lla­man «tra­ba­jo» no es sino la con­de­na de por vida, la cade­na per­pe­tua que sufre la inmen­sa mayo­ría de la pobla­ción por­que, para sobre­vi­vir, debe acep­tar la explo­ta­ción asa­la­ria­da ya que no tie­ne nin­gún otro recur­so que su fuer­za de tra­ba­jo. Y lo que lla­man «ven­der» su tra­ba­jo no es sino acep­tar esa explo­ta­ción per­pe­tua.

La ideo­lo­gía bur­gue­sa del tra­ba­jo se fue crean­do en medio de la lucha de cla­ses, de las inva­sio­nes colo­nia­les y de la impo­si­ción del patriar­ca­do bur­gués en los siglos XVI-XVIII, cuan­do la bur­gue­sía defi­ne el tra­ba­jo como una vir­tud que le enri­que­ce por­que «crea pues­tos de tra­ba­jo y rique­za», le hace vivir bien y «triun­far en la vida» según sus valo­res domi­nan­tes, capi­ta­lis­tas, que le dis­tan­cian y enfren­tan a la moli­cie de la noble­za y a la vagan­cia del pue­blo llano que se resis­te por todos los medios a sufrir la nue­va escla­vi­tud del sala­rio. A par­tir de aquí el tra­ba­jo será defi­ni­do como una capa­ci­dad psi­co­fí­si­ca neu­tra que inter­cam­bia­mos por una «remu­ne­ra­ción eco­nó­mi­ca» pre­via nego­cia­ción «entre ciu­da­da­nos igua­les en dere­chos». Inclu­so lo que podría enten­der­se como la ideo­lo­gía deci­si­va en los momen­tos de cri­sis del capi­ta­lis­mo, la fas­cis­ta, sos­tie­ne que el tra­ba­jo nos hace libres.

El fas­cis­mo pue­de decir esto por­que la ideo­lo­gía del tra­ba­jo se lo per­mi­te. Pero la reali­dad es mucho más com­pli­ca­da; por eso los mar­xis­tas, habla­mos de «tra­ba­jo explo­ta­do», que es el que que­da en manos de la bur­gue­sía, ya sea en los cam­pos de exter­mi­nio, en las fábri­cas, en los domi­ci­lios…, que debe des­apa­re­cer cuan­to antes; habla­mos del «tra­ba­jo social­men­te nece­sa­rio», que es el impres­cin­di­ble para sobre­vi­vir en cada modo de pro­duc­ción y que debe ir redu­cién­do­se al míni­mo obje­ti­va­men­te impres­cin­di­ble con el desa­rro­llo téc­ni­co y cien­tí­fi­co según cri­te­rios socio­eco­ló­gi­cos; habla­mos de «tra­ba­jo con­cre­to», que es el que se plas­ma en cosas espe­cí­fi­cas como una mesa o un ace­le­ra­dor de neu­tri­nos.

Y sobre todo habla­mos de «tra­ba­jo abs­trac­to», uno de los prin­ci­pa­les des­cu­bri­mien­tos de Marx, que desig­na en la socie­dad capi­ta­lis­ta a la iden­ti­dad abs­trac­ta medi­da en valor que reco­rre a todos los tra­ba­jos con­cre­tos: una de las prio­ri­da­des libe­ra­do­ras a lograr en el trán­si­to al socia­lis­mo es aca­bar con el tra­ba­jo abs­trac­to y a la vez con el valor, que son una de las esen­cias del capi­ta­lis­mo. Más con­cre­ta­men­te, el «tra­ba­jo» a secas es un tér­mino bur­gués que ocul­ta la explo­ta­ción social y la lucha de cla­ses; la «fuer­za de tra­ba­jo» es uno de los con­cep­tos mar­xis­tas que ayu­dan a inter­ve­nir en la lucha de cla­ses, por ejem­plo, en la lucha sin­di­cal ya que la teo­ría de la plus­va­lía y del sala­rio exi­gen el con­cep­to de «fuer­za de tra­ba­jo», de «valor de la fuer­za de tra­ba­jo», de «tra­ba­jo abs­trac­to», etcé­te­ra. La expli­ca­ción de estos con­cep­tos des­bor­da este escri­to, pero los enun­cia­mos para mos­trar la con­tra­po­si­ción irre­con­ci­lia­ble del méto­do mar­xis­ta con el sim­plis­mo ideo­ló­gi­co del prag­ma­tis­mo.

La izquier­da aber­tza­le, a dife­ren­cia de EH Bil­du, asu­me el con­cep­to mar­xis­ta de «fuer­za de tra­ba­jo» que es la capa­ci­dad psi­co­fí­si­ca y cul­tu­ral de trans­for­mar algo en otra cosa median­te un gas­to de esa fuer­za de tra­ba­jo. La nue­va cosa crea­da se mate­ria­li­za en el tra­ba­jo con­cre­to. Por tan­to la dife­ren­cia fun­da­men­tal que sepa­ra por un lado a la fuer­za de tra­ba­jo y por otro lado al tra­ba­jo pro­du­ci­do es que la pri­me­ra, la fuer­za de tra­ba­jo, es una cua­li­dad ani­mal y huma­na que tie­ne un poten­cial crea­ti­vo que en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas se deno­mi­na tra­ba­jo y que en el capi­ta­lis­mo se deno­mi­na mer­can­cía; mien­tras que la segun­da, el tra­ba­jo en cuan­to tal, depen­de del con­tex­to socio­his­tó­ri­co para mate­ria­li­zar­se.

La crí­ti­ca mar­xis­ta del capi­ta­lis­mo se basa entre otras cosas en esta dife­ren­cia entre la fuer­za de tra­ba­jo y el tra­ba­jo a secas. La explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo crea más o menos mer­can­cías según sea mayor o menor la inten­si­dad y el tiem­po de tra­ba­jo, según la tec­no­lo­gía, etc., por­que la fuer­za de tra­ba­jo tie­ne la cua­li­dad de pro­du­cir más o menos según se la estru­je. Un con­tra­to esti­pu­la que sean 8 las horas al día de tra­ba­jo, pero res­pe­tan­do ese tiem­po el patrón pue­de hacer tra­ba­jar más a la cla­se obre­ra aumen­tan­do la inten­si­dad, pro­duc­ti­vi­dad y rit­mo, y con ello el can­san­cio psi­co­so­má­ti­co de la fuer­za de tra­ba­jo: pero así el empre­sa­rio aumen­ta su plus­va­lía, que es la dife­ren­cia entre los gas­tos tota­les inver­ti­dos en el nego­cio y la ganan­cia obte­ni­da con la ven­ta de lo pro­du­ci­do.

Si espo­lea­mos a un asno pue­de que ter­mi­ne arras­tran­do mil kilos en con­di­cio­nes nor­ma­les, pero si le pone­mos una zanaho­ria delan­te y le gol­pea­mos por detrás arras­tra­rá dos mil kilos. En esto con­sis­te la explo­ta­ción del ani­mal humano, en que el amo nos pro­me­te una zanaho­ria, el sala­rio, y lue­go nos explo­ta inten­sa­men­te para que arras­tre­mos las dos tone­la­das, o más inclu­so. Des­pués de nues­tro esfuer­zo de asnos, el amo ha con­se­gui­do la ganan­cia que bus­ca­ba, la plus­va­lía, que ha obte­ni­do expri­mien­do como un limón nues­tra fuer­za de tra­ba­jo. Jugan­do con la zanaho­ria y el palo, la bur­gue­sía logra que la cla­se tra­ba­ja­do­ra sea lo más pare­ci­do a un asno feliz en su igno­ran­cia, tan­to que lle­ga a creer que ha deja­do de ser un asno para ser un «ciu­da­dano» con los mis­mos dere­chos reales que su amo, que la bur­gue­sía.

La ciu­da­da­nía vas­ca que pro­po­ne EH Bil­du es la del pue­blo feliz en su escla­vi­tud alie­na­da, incons­cien­te y sumi­sa. Un pue­blo tra­ba­ja­dor que des­co­no­ce la impla­ca­ble lógi­ca bur­gue­sa de la ganan­cia máxi­ma a cual­quier pre­cio, sin repa­rar en sus efec­tos des­truc­ti­vos. Igno­ra esa férrea lógi­ca, aun­que la sufre a dia­rio duran­te toda su vida, por­que la cla­se domi­nan­te dis­po­ne de medios de coer­ción y con­sen­ti­mien­to muy efec­ti­vos, des­ta­can­do entre ellos el feti­chis­mo de la demo­cra­cia, de la lega­li­dad y del paci­fis­mo. Tam­bién igno­ra el fun­cio­na­mien­to real de la socie­dad que le macha­ca por­que la izquier­da no hace la peda­go­gía revo­lu­cio­na­ria sufi­cien­te y, sobre todo, por­que el refor­mis­mo ino­cu­la la ideo­lo­gía bur­gue­sa del tra­ba­jo en la nación obre­ra.

En las dos entre­gas hemos ana­li­za­do el prag­ma­tis­mo y la ideo­lo­gía del tra­ba­jo en EH Bil­du. Era nece­sa­rio empe­zar por estas cues­tio­nes por­que nos per­mi­ti­rán avan­zar en las dos entre­gas res­tan­tes: la ter­ce­ra sobre con­cep­to de «nación tra­ba­ja­do­ra» emplea­do por Marx y sobre los medios polí­ti­cos que debe prac­ti­car para la toma del poder, sobre las inter­re­la­cio­nes entre la lucha de cla­ses eco­nó­mi­ca, anti­pa­triar­cal, popu­lar, demo­crá­ti­ca, lin­güís­ti­ca y cul­tu­ra, socio­eco­ló­gi­ca… e ins­ti­tu­cio­nal, es decir, una crí­ti­ca de la vía ins­ti­tu­cio­nal de EH Bil­du. Y la cuar­ta y últi­ma, sobre el paci­fis­mo.

Petri Reka­ba­rren

18 de mayo de 2018

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