Publicidad, industria de armas… ¿son productivas?

Una cues­tión que se dis­cu­te en el mar­xis­mo es has­ta qué pun­to ramas como la indus­tria de arma­men­tos, o la pro­pa­gan­da, con­tri­bu­yen al cre­ci­mien­to de las eco­no­mías o, en tér­mi­nos de Marx, a la repro­duc­ción amplia­da. Exis­te una lar­ga tra­di­ción de auto­res -tal vez los más rele­van­tes sean Baran y Sweezy- que con­si­de­ran que estas acti­vi­da­des son impro­duc­ti­vas, y for­man par­te de la «eco­no­mía del des­per­di­cio», pro­pia del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. Sin embar­go, esta pos­tu­ra pare­ce con­tra­de­cir­se con la idea de Marx, de que en tan­to un pro­duc­to sea una mer­can­cía que encie­rra plus­va­lía, el tra­ba­jos que lo pro­du­ce debe con­si­de­rar­se pro­duc­ti­vo. Por eso algu­nos mar­xis­tas afir­man que las indus­trias de armas, o de avi­sos publi­ci­ta­rios, son «pro­duc­ti­vas» en el mis­mo plano que las indus­trias de las máqui­nas herra­mien­tas o el pan.

En este nota sos­ten­go que si bien des­de el pun­to de vis­ta de la noción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo de Marx, los tra­ba­jos que pro­du­cen armas o publi­ci­dad son pro­duc­ti­vos, sin embar­go des­de el pun­to de vis­ta de la repro­duc­ción glo­bal del capi­tal, esas indus­trias no debe­rían con­si­de­rar­se pro­duc­ti­vas. Esto es, a los efec­tos de la repro­duc­ción glo­bal del capi­tal, no es lo mis­mo fabri­car armas, o avi­sos publi­ci­ta­rios, que máqui­nas herra­mien­tas o pan. Para argu­men­tar mi posi­ción, comien­zo pre­sen­tan­do, de for­ma sin­té­ti­ca, el con­cep­to de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo en Marx.

Trabajo productivo e improductivo, concepto «general»

En lo que sigue me baso esen­cial­men­te en el capí­tu­lo 4 del tomo 1 de Teo­rías de la plus­va­lía, de Marx, y en Savran y Tonak (1999), que con­tie­ne una pre­sen­ta­ción ajus­ta­da a los tex­tos de Marx, de la noción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e impro­duc­ti­vo. Para abor­dar la cues­tión, es nece­sa­rio pre­ci­sar la noción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo que se apli­ca a todos los modos de pro­duc­ción (o tra­ba­jo pro­duc­ti­vo «en gene­ral»), para lue­go ana­li­zar la dife­ren­cia espe­cí­fi­ca que carac­te­ri­za al tra­ba­jo pro­duc­ti­vo en el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta.

El tra­ba­jo pro­duc­ti­vo «en gene­ral» es aquel que debe rea­li­zar­se bajo cual­quier régi­men social, a fin de ase­gu­rar la repro­duc­ción mate­rial de los indi­vi­duos y de la orga­ni­za­ción social. Se tra­ta del tra­ba­jo emplea­do en acti­vi­da­des inelu­di­bles, que com­pren­den la pro­duc­ción, la cir­cu­la­ción y el alma­ce­na­mien­to. Este tipo de acti­vi­da­des incre­men­ta (o pre­ser­va, en el caso del alma­ce­na­mien­to) el valor de uso de los bie­nes, y por lo tan­to la rique­za mate­rial. El tra­ba­jo que trans­for­ma una made­ra en una mesa gene­ra un valor de uso, y por lo tan­to es pro­duc­ti­vo; lo mis­mo el tra­ba­jo que trans­por­ta esa mesa des­de el lugar de su pro­duc­ción al lugar de su con­su­mo, etc. Sin embar­go, exis­ten otras acti­vi­da­des que, si bien nece­sa­rias, son impro­duc­ti­vas. Marx pre­sen­ta el caso de la con­ta­bi­li­dad en anti­guas comu­ni­da­des -en nues­tro ejem­plo, el fun­cio­na­rio que toma cuen­ta de las mesas fabri­ca­das- que no agre­ga­ba valor de uso (el valor de uso de la mesa no se incre­men­ta aun­que se la cuen­te muchas veces), pero su tra­ba­jo podía aho­rrar tiem­pos y esfuer­zos (por ejem­plo, no pro­du­cir más mesas de las que nece­si­ta la comu­ni­dad). Este tipo de tra­ba­jo, sin bien nece­sa­rio, se sus­traía del tra­ba­jo social gene­ral, abo­ca­do a la gene­ra­ción de rique­za mate­rial. Marx pen­sa­ba que ese tipo de tra­ba­jos, impro­duc­ti­vos, eran nece­sa­rios, inde­pen­dien­te­men­te de la for­ma social bajo la que se orga­ni­za­ra la pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción.

Sin embar­go, en las socie­da­des cla­sis­tas exis­ten otros tra­ba­jos -ausen­tes en las socie­da­des sin cla­ses socia­les o explo­ta­ción- que están des­ti­na­dos a pre­ser­var y repro­du­cir el orden social. Por ejem­plo, si las mesas son cons­trui­das por escla­vos, habrá guar­dia­nes que ten­drán como tarea cui­dar que los escla­vos no se rebe­len y cum­plan sus tareas. El tra­ba­jo de estos guar­dia­nes no gene­ra valor de uso (ellos no fabri­can mesas), pero es nece­sa­rio para el man­te­ni­mien­to del orden social. Tenien­do en cuen­ta que hemos defi­ni­do como pro­duc­ti­vo el tra­ba­jo que incre­men­ta (o pre­ser­va) los valo­res de uso, el tra­ba­jo de los guar­dias es impro­duc­ti­vo; repre­sen­ta una sus­trac­ción del tra­ba­jo social gene­ral des­ti­na­do a incre­men­tar la rique­za mate­rial. Es tra­ba­jo nece­sa­rio, dado el orden social asen­ta­do en la explo­ta­ción del tra­ba­jo humano, pero impro­duc­ti­vo.

Trabajo en el capitalismo

Los con­cep­tos en la teo­ría de Marx se van enri­que­cien­do a medi­da que avan­za­mos hacia deter­mi­na­cio­nes más ricas en con­te­ni­dos. La noción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e impro­duc­ti­vo, que aca­ba­mos de ver, es insu­fi­cien­te cuan­do se apli­ca al sis­te­ma capi­ta­lis­ta, por­que aho­ra no bas­ta con pro­du­cir valo­res de uso para que una acti­vi­dad sea cali­fi­ca­da como «pro­duc­ti­va». La razón es que en la socie­dad capi­ta­lis­ta el obje­ti­vo de la pro­duc­ción no es la gene­ra­ción de valo­res de uso, sino la valo­ri­za­ción del capi­tal, esto es, la gene­ra­ción de plus­va­lía. La pro­duc­ción de valo­res de uso es un medio, que está subor­di­na­do al fin últi­mo de con­se­guir ganan­cias (plus­va­lía). Si no se obtie­ne plus­va­lía, el capi­ta­lis­ta no invier­te y por lo tan­to no aumen­ta la pro­duc­ción de valo­res de uso. Por este moti­vo el carác­ter pro­duc­ti­vo del tra­ba­jo esta­rá deter­mi­na­do por su rela­ción con esta carac­te­rís­ti­ca del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. Es pro­duc­ti­vo, dice Marx (siguien­do una idea que ya había anti­ci­pa­do Adam Smith) el tra­ba­jo que gene­ra plus­va­lía. En prin­ci­pio la dis­tin­ción pare­ce sen­ci­lla, pero es nece­sa­rio avan­zar con cui­da­do, por­que el camino está pla­ga­do de mati­ces y casos que no pare­cen tan cla­ros.

Vea­mos pri­me­ro el caso más sen­ci­llo, sobre el que Marx pre­sen­ta varios ejem­plos, la dis­tin­ción entre tra­ba­jos que, si bien gene­ran el mis­mo valor de uso, son pro­duc­ti­vos o impro­duc­ti­vos de acuer­do a la rela­ción social en que se encuen­tra el pro­duc­tor. Lo vemos con un ejem­plo de Marx, el tra­ba­jo del sas­tre. Si con­tra­to un sas­tre para que con­fec­cio­ne un tra­je para mi uso per­so­nal, ese tra­ba­jo no es pro­duc­ti­vo, ya que no gene­ra plus­va­lía. Al pagar el tra­ba­jo del sas­tre no valo­ri­zo mi dine­ro, ya que lo gas­to como rédi­to (esto es, para adqui­rir un bien para mi con­su­mo per­so­nal). En otras pala­bras, com­pré el ser­vi­cio del pro­duc­tor, de la mis­ma mane­ra que podía haber com­pra­do cual­quier otra mer­can­cía a un pro­duc­tor pro­pie­ta­rio de sus medios de pro­duc­ción.

En cam­bio, si con­tra­to la fuer­za de tra­ba­jo del sas­tre, le entre­go los mate­ria­les y herra­mien­tas de tra­ba­jo, y ven­do los tra­jes que pro­du­ce obte­nien­do una plus­va­lía, ese tra­ba­jo del sas­tre es pro­duc­ti­vo. Aho­ra no gas­to mi dine­ro como rédi­to, sino que lo ade­lan­to como capi­tal, para reco­brar­lo en su valor ori­gi­na­rio, más un plus. El tra­ba­jo del sas­tre per­mi­te valo­ri­zar el capi­tal, y se ins­cri­be en el ciclo D-M-D’, dine­ro que da dine­ro, median­te una rela­ción de explo­ta­ción del tra­ba­jo. Todos los tra­ba­jos que gene­ral­men­te se encie­rran bajo el tér­mino «ser­vi­cios», son pro­duc­ti­vos si están inser­tos en esta rela­ción capi­ta­lis­ta, esto es, si gene­ran plus­va­lía que valo­ri­za el capi­tal. Los tra­ba­jos de una médi­ca o de una docen­te que se desem­pe­ñan en un hos­pi­tal pri­va­do, o en una escue­la pri­va­da, son pro­duc­ti­vos en tan­to gene­ran plus­va­lía. Una pro­du­ce la mer­can­cía «cura de enfer­me­da­des», la otra la mer­can­cía «edu­ca­ción». Obser­ve­mos que tie­ne que haber gene­ra­ción de mer­can­cía; el caso de la docen­te que tra­ba­ja en la escue­la públi­ca y gra­tui­ta es dis­tin­to, ya que en este caso la edu­ca­ción no se ven­de como mer­can­cía (a fin de no alar­gar más esta nota, la tra­ta­ré en otro lugar). Es impor­tan­te des­ta­car, para lo que esta­mos dis­cu­tien­do, que el carác­ter de «pro­duc­ti­vo», o «impro­duc­ti­vo» del tra­ba­jo no deri­va de la natu­ra­le­za físi­ca del pro­duc­to, sino de la rela­ción social bajo la que está el tra­ba­jo. Un tra­ba­ja­dor que pro­du­ce armas en una empre­sa capi­ta­lis­ta, es pro­duc­ti­vo; un tra­ba­ja­dor que pro­du­ce pan para su pro­pio con­su­mo, no es pro­duc­ti­vo.

Trabajos improductivos, pero subsumidos al capital

De lo dicho has­ta aquí pare­cie­ra que bas­ta­ra com­pro­bar que un tra­ba­ja­dor está sub­su­mi­do a la rela­ción capi­ta­lis­ta -ven­de su fuer­za de tra­ba­jo al capi­tal y tra­ba­ja bajo sus órde­nes- para con­cluir que rea­li­za un tra­ba­jo pro­duc­ti­vo. Sin embar­go la cosa no es tan sen­ci­lla, por­que Marx tam­bién ano­ta que exis­ten tra­ba­ja­do­res que, si bien están sub­su­mi­dos al capi­tal, y reci­ben un sala­rio igual al valor de su fuer­za de tra­ba­jo, sin embar­go rea­li­zan tra­ba­jos que no son pro­duc­ti­vos, esto es, no gene­ran plus­va­lía. El caso más típi­co y gene­ral es el de los tra­ba­ja­do­res que están invo­lu­cra­dos en la ven­ta de las mer­can­cías. Recor­de­mos que para que exis­ta crea­ción de valor, debe haber crea­ción de valo­res de uso. Como expli­ca Marx en el capí­tu­lo 1 de El Capi­tal, la base o con­te­ni­do mate­rial del valor siem­pre es el valor de uso. Si un tra­ba­jo no gene­ra valor de uso, no gene­ra valor; crear valo­res de uso es una con­di­ción nece­sa­ria (aun­que no sufi­cien­te) para que haya valor. Pero el acto de ven­ta no agre­ga valor de uso alguno. Por eso Marx habla de la meta­mor­fo­sis de la mer­can­cía (en mi opi­nión, sería más cla­ro si hubie­ra habla­do de la meta­mor­fo­sis del valor). Esto es, se tra­ta de un cam­bio de la for­ma del valor, que pri­me­ro exis­te bajo la for­ma de una mer­can­cía, lue­go bajo la for­ma de dine­ro. Lo impor­tan­te es que en este acto no pue­de haber gene­ra­ción algu­na de valor; este pun­to es cen­tral en la crí­ti­ca de Marx a la idea, pro­pia de la apo­lo­gía bur­gue­sa, de que la plus­va­lía se gene­ra en la cir­cu­la­ción. Y si esto es así, los tra­ba­ja­do­res con­tra­ta­dos por los capi­ta­lis­tas para ocu­par­se de las ven­tas, nece­sa­ria­men­te no pue­den gene­rar valor ni plus­va­lía. Por lo tan­to son impro­duc­ti­vos, a pesar de estar sub­su­mi­dos al capi­tal. Son tra­ba­jos nece­sa­rios para la rea­li­za­ción del valor, pero no son pro­duc­ti­vos, y por eso la retri­bu­ción de esta fuer­za de tra­ba­jo repre­sen­ta una deduc­ción de plus­va­lía. En la medi­da en que aumen­te este tipo de tra­ba­ja­do­res, el capi­ta­lis­ta dis­pon­drá de menos plus­va­lía para inver­tir y ampliar la esca­la de la pro­duc­ción. Natu­ral­men­te la cues­tión no cam­bia de con­te­ni­do si el tra­ba­jo de ven­ta es rea­li­za­do por tra­ba­ja­do­res con­tra­ta­dos por los capi­ta­lis­tas comer­cia­les.

El mis­mo cri­te­rio se apli­ca a los tra­ba­ja­do­res que lle­van la con­ta­bi­li­dad, cuen­tan y guar­dan el dine­ro, etc. Y tam­bién para los que son con­tra­ta­dos por el capi­ta­lis­ta para ejer­cer acti­vi­da­des de vigi­lan­cia den­tro de la empre­sa. De la mis­ma mane­ra que suce­día con el guar­dián de escla­vos, el moderno per­so­nal de vigi­lan­cia no agre­ga valor de uso al pro­duc­to que sale de la empre­sa. Pon­ga­mos aun otros dos casos, que nos serán úti­les para con­ti­nuar el aná­li­sis. Supon­ga­mos que los tra­ba­ja­do­res que están dedi­ca­dos a la ven­ta, per­te­ne­cien­tes a una empre­sa que pro­du­ce el bien X, cons­tru­yen un car­tel para hacer publi­ci­dad. El car­tel no agre­ga un ápi­ce al valor de uso de X, y por lo tan­to el tiem­po de tra­ba­jo emplea­do en cons­truir el car­tel sig­ni­fi­ca deduc­ción del tiem­po de tra­ba­jo dedi­ca­do a la pro­duc­ción. Lo mis­mo suce­de si la empre­sa dedi­ca un tra­ba­ja­dor a fabri­car armas, para que las uti­li­ce el per­so­nal de vigi­lan­cia. En todos los casos, se tra­ta de una detrac­ción de plus­va­lía que podría dedi­car­se a la acu­mu­la­ción, a ampliar la esca­la pro­duc­ti­va de la empre­sa.

¿Hay incoherencia?

A par­tir de lo expli­ca­do en el pun­to ante­rior, lle­ga­mos a una con­clu­sión apa­ren­te­men­te con­tra­dic­to­ria con lo que había­mos con­clui­do un poco más arri­ba. Es que, según la defi­ni­ción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo, si una empre­sa con­tra­ta un obre­ro para que fabri­que un arma, y este arma se ven­de en el mer­ca­do, ese tra­ba­jo es pro­duc­ti­vo; lo mis­mo pue­de decir­se del tra­ba­jo en una empre­sa dedi­ca­da a fabri­car car­te­les de pro­pa­gan­da. Son tra­ba­jos pro­duc­ti­vos, esto es, gene­ran plus­va­lía. Sin embar­go, en el ejem­plo ante­rior, si la empre­sa que fabri­ca X des­ti­na tra­ba­ja­do­res a pro­du­cir car­te­les o armas, con­cluía­mos que esos tra­ba­ja­do­res no gene­ran plus­va­lía. ¿Cómo pue­de haber dos resul­ta­dos tan dis­tin­tos, tra­tán­do­se de los mis­mos pro­duc­tos? ¿Cómo se pue­den con­ci­liar?

En pri­mer lugar, seña­le­mos que los resul­ta­dos son dis­tin­tos por­que en un caso el arma o el car­tel son mer­can­cías, y en el otro no lo son. Dado que las empre­sas dedi­ca­das a pro­du­cir armas o car­te­les publi­ci­ta­rios ven­den estos pro­duc­tos, los mis­mos son mer­can­cías, y con­tie­nen valor y plus­va­lía. Por lo tan­to los tra­ba­jos emplea­dos en su fabri­ca­ción son pro­duc­ti­vos. Pero si una empre­sa fabri­ca el arma, o el car­tel, para uti­li­zar­los en sus tareas de vigi­lan­cia, o ven­ta, esos pro­duc­tos no son mer­can­cías, y por lo tan­to no exis­te rea­li­za­ción de valor o plus­va­lía algu­na. Sin embar­go, y en segun­do lugar, des­de el pun­to de vis­ta de la gene­ra­ción de plus­va­lía, el resul­ta­do en prin­ci­pio para la empre­sa que fabri­ca X es exac­ta­men­te el mis­mo. En un caso des­vía recur­sos -horas de tra­ba­jo de los obre­ros- de la fabri­ca­ción de X a la fabri­ca­ción de armas y car­te­les; en el otro caso emplea todo el tra­ba­jo dis­po­ni­ble en fabri­car X, y des­ti­na una par­te de la plus­va­lía obte­ni­da en com­prar armas o car­te­les a las empre­sas espe­cia­li­za­das en su fabri­ca­ción. Lo mis­mo suce­de con otro tipo de acti­vi­da­des; por ejem­plo, la vigi­lan­cia. La empre­sa que pro­du­ce X pue­de des­ti­nar una par­te de la plus­va­lía a pagar tra­ba­ja­do­res que hacen vigi­lan­cia; o pue­de con­tra­tar a una empre­sa el ser­vi­cio de vigi­lan­cia (una mer­can­cía), que con­tie­ne valor y plus­va­lía (gene­ra­da por los tra­ba­ja­do­res con­tra­ta­dos por la empre­sa de vigi­lan­cia).

Por lo tan­to no solo no exis­te incohe­ren­cia teó­ri­ca en el plan­teo, sino que pare­cie­ra que no hemos avan­za­do mucho, ya que vol­vi­mos a encon­trar la noción de tra­ba­jo productivo/​improductivo, apli­ca­da esta vez a casos con­cre­tos de empre­sas capi­ta­lis­tas. Sin embar­go, a poco que se refle­xio­ne, se com­prue­ba que la dis­tin­ción entre lo que es tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e impro­duc­ti­vo den­tro de la empre­sa que fabri­ca X, sí nos per­mi­te abor­dar la cues­tión des­de una pers­pec­ti­va macro y gene­ral, que tie­ne rele­van­cia en el aná­li­sis de la repro­duc­ción amplia­da de las eco­no­mías capi­ta­lis­tas. Vea­mos por qué.

La reproducción ampliada y la industria de lujo

En el tomo II de El Capi­tal Marx pre­sen­ta sus famo­sos esque­mas de repro­duc­ción, en los que mues­tra cómo el capi­tal de con­jun­to pue­de repro­du­cir­se, a esca­la amplia­da. Para esto divi­de a la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta en dos gran­des sec­to­res, el sec­tor I que pro­du­ce medios de pro­duc­ción, y el sec­tor II que pro­du­ce medios de con­su­mo. Esta divi­sión se corres­pon­de a las dos for­mas prin­ci­pa­les en que se divi­de el capi­tal; por un lado, el capi­tal cons­tan­te, con­for­ma­do por los medios de pro­duc­ción, y por el otro el capi­tal varia­ble, que com­pra la fuer­za de tra­ba­jo. Si la plus­va­lía se gas­ta ente­ra­men­te en medios de con­su­mo para el capi­ta­lis­ta, no hay posi­bi­li­dad de que se amplíe la pro­duc­ción de un ciclo para el otro, y esta­mos ante un caso (no es lo nor­mal en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta) de repro­duc­ción sim­ple. En cam­bio, si la plus­va­lía (o una par­te de ella) se rein­vier­te en adqui­rir más medios de pro­duc­ción, y fuer­za de tra­ba­jo, esta­re­mos ante una repro­duc­ción amplia­da del capi­tal. Aumen­ta la masa de medios de pro­duc­ción y de fuer­za de tra­ba­jo, que gene­ran plus­va­lía, que a su vez pue­de acu­mu­lar­se para seguir amplian­do la pro­duc­ción. Aquí la cla­ve del pro­ce­so pasa por cuán­ta can­ti­dad de plus­va­lía se des­ti­na a ampliar el capi­tal, con­tra­tan­do más medios de pro­duc­ción, y medios de con­su­mo. Para que ello ocu­rra, debe ampliar­se la pro­duc­ción de medios de pro­duc­ción y de medios de con­su­mo sala­ria­les, de mane­ra que haya cada vez más fuer­za de tra­ba­jo asa­la­ria­da, que uti­li­za más medios de pro­duc­ción.

Lo intere­san­te es que la plus­va­lía que gas­tan los capi­ta­lis­tas en su con­su­mo cons­ti­tu­ye una detrac­ción de la plus­va­lía que se des­ti­na a la repro­duc­ción amplia­da. Por este moti­vo en algu­nos pasa­jes Marx ha divi­di­do al sec­tor II, pro­duc­tor de medios de con­su­mo, en dos sub­sec­to­res, el que pro­du­ce medios de con­su­mo para los tra­ba­ja­do­res, o sec­tor IIa, y el que pro­du­ce los medios de con­su­mo (o de lujo) para los capi­ta­lis­tas, el sec­tor IIb. El cre­ci­mien­to de IIb por lo tan­to va en detri­men­to del poten­cial de repro­duc­ción amplia­da. Para poner­lo con un ejem­plo, si en una eco­no­mía capi­ta­lis­ta se pro­du­cen muchos yates de lujo, esto no con­tri­bu­ye en nada a la repro­duc­ción amplia­da; el con­su­mo de yates es puro con­su­mo impro­duc­ti­vo. Si en cam­bio en una eco­no­mía capi­ta­lis­ta se pro­du­cen máqui­nas, su con­su­mo es pro­duc­ti­vo, ya que per­mi­te pro­du­cir más bie­nes, que con­tie­nen valor y plus­va­lía. Lo mis­mo si se pro­du­ce pan, o cual­quier otro bien sala­rial; su con­su­mo es pro­duc­ti­vo, ya que per­mi­te repro­du­cir la fuer­za de tra­ba­jo, que a su vez gene­ra más valo­res de uso, y plus­va­lía. Dejo ano­ta­do que por bie­nes sala­ria­les no entien­do solo los bie­nes nece­sa­rios para la repro­duc­ción fisio­ló­gi­ca del obre­ro, sino aque­llos que entran en lo que se con­si­de­ra la canas­ta «nor­mal» (con­di­cio­na­da his­tó­ri­ca y social­men­te) de repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo.

Cita de Marx, y sectores «no reproductivos»

Es cla­ro que des­de el pun­to de vis­ta de la repro­duc­ción amplia­da, las indus­trias de arma­men­tos, de publi­ci­dad, o simi­la­res, com­par­ten en esen­cia la mis­ma posi­ción que la indus­tria de lujo. Si bien Marx no tra­tó la cues­tión de mane­ra sis­te­má­ti­ca, exis­te un pasa­je de sus borra­do­res, en el que plan­tea que los pro­duc­tos que se con­su­men por gas­to de plus­va­lía (por rédi­to) para satis­fac­ción del capi­ta­lis­ta (sus capri­chos, pasio­nes, etc.) son, lógi­ca­men­te, gene­ra­dos por tra­ba­jo pro­duc­ti­vo, pero dado que no se con­vier­ten nue­va­men­te en medios de pro­duc­ción o de sub­sis­ten­cia, no se con­su­men pro­duc­ti­va­men­te, sino impro­duc­ti­va­men­te. «Care­cen de valor para el pro­ce­so de pro­duc­ción», afir­ma. Dada su impor­tan­cia, y que es rela­ti­va­men­te des­co­no­ci­da, trans­cri­bo el pasa­je:

Gran par­te del pro­duc­to anual que se con­su­me como rédi­to y ya no ingre­sa al pro­ce­so pro­duc­ti­vo en cali­dad de medios de pro­duc­ción, está com­pues­to de los pro­duc­tos (valor de uso) más nefas­tos, que satis­fa­cen las pasio­nes, capri­chos, etc., más deplo­ra­bles. Este con­te­ni­do es del todo indi­fe­ren­te para la deter­mi­na­ción del tra­ba­jo pro­duc­ti­vo (aun­que, natu­ral­men­te, al desa­rro­llo de la rique­za se le apli­ca­ría un freno si una par­te des­pro­por­cio­na­da se repro­du­je­ra de esta suer­te, en lugar de con­ver­tir­se nue­va­men­te en medios de pro­duc­ción y de sub­sis­ten­cia que vuel­van a entrar en la repro­duc­ción ora de mer­can­cías ora de la capa­ci­dad labo­ral mis­ma; en pocas pala­bras, en lugar de con­su­mir­se pro­duc­ti­va­men­te), Este géne­ro de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo pro­du­ce valo­res de uso, se obje­ti­va en pro­duc­tos que están des­ti­na­dos sola­men­te para el con­su­mo impro­duc­ti­vo y que, en su reali­dad, en cuan­to artícu­los, care­cen de todo valor de uso para el pro­ce­so de repro­duc­ción…

«[…] a la eco­no­mía vul­gar le es impo­si­ble decir una sola pala­bra sen­sa­ta, des­de el pun­to de vis­ta de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, acer­ca de las tra­bas a la pro­duc­ción de lujo. Des­de el pun­to de vis­ta de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta el lujo es con­de­na­ble si el pro­ce­so de repro­duc­ción se ve obs­ta­cu­li­za­do, o cuan­do su pro­gre­so… tro­pie­za con el empleo des­pro­por­cio­na­do de ese sec­tor pro­duc­ti­vo que se pre­sen­ta en artícu­los no repro­duc­ti­vos, con lo cual se repro­du­cen dema­sia­do pocos medios de sub­sis­ten­cias nece­sa­rios o medios de pro­duc­ción, etc. Por lo demás el lujo cons­ti­tu­ye una abso­lu­ta nece­si­dad en un modo de pro­duc­ción que crea la rique­za para los no-pro­duc­to­res…» (Marx, 1983, pp. 85-86).

Lo plan­tea­do con refe­ren­cia a los bie­nes de lujo se apli­ca ente­ra­men­te a la pro­duc­ción de armas, y de otros bie­nes que no vuel­ven a entrar en el pro­ce­so pro­duc­ti­vo, sea para repro­du­cir medios de con­su­mo para la fuer­za de tra­ba­jo, o medios de pro­duc­ción. Una bala, o un fusil, se pro­du­cen con vis­tas a un con­su­mo impro­duc­ti­vo. Los tra­ba­jos que fabri­can las balas o los fusi­les, son pro­duc­ti­vos (a igual que suce­de con los que pro­du­cen bie­nes de lujo), pero los balas y fusi­les son com­pra­dos con plus­va­lía, y son con­su­mi­das sin que pue­dan con­tri­buir a ampliar la pro­duc­ción. Por este moti­vo podría­mos lla­mar­los sec­to­res «no repro­duc­ti­vos».

En esta cate­go­ría tam­bién entra­rían muchas otras actividades,que con­su­men plus­va­lía. Tome­mos el caso de la vigi­lan­cia. Si una empre­sa capi­ta­lis­ta se dedi­ca a ven­der el ser­vi­cio de vigi­lan­cia, está ven­dien­do una mer­can­cía («segu­ri­dad») que con­tie­ne valor y plus­va­lía. Los tra­ba­ja­do­res vigi­lan­tes son, en este res­pec­to, tra­ba­ja­do­res pro­duc­ti­vos. Sin embar­go, des­de el pun­to de vis­ta de la repro­duc­ción glo­bal del capi­tal, se tra­ta de una acti­vi­dad «no repro­duc­ti­va»; es decir, pro­du­ce un ser­vi­cio que no vuel­ve a entrar en la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, ni de los medios de pro­duc­ción. El con­su­mo de «segu­ri­dad» es, des­de la lógi­ca de la repro­duc­ción amplia­da, con­su­mo impro­duc­ti­vo por el con­jun­to del capi­tal. Algo simi­lar pode­mos decir de otras acti­vi­da­des. Por ejem­plo, la pro­duc­ción de bie­nes para ser con­su­mi­dos en el sec­tor finan­cie­ro o comer­cial (en este últi­mo caso, nos refe­ri­mos a la acti­vi­dad dedi­ca­da exclu­si­va­men­te a la comer­cia­li­za­ción) sig­ni­fi­ca la exis­ten­cia de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo en las empre­sas que los fabri­can. Pero des­de el pun­to de vis­ta de la repro­duc­ción del capi­tal glo­bal, su con­su­mo repre­sen­ta con­su­mo de plus­va­lía. Esto se apli­ca tam­bién a acti­vi­da­des vin­cu­la­das con las tran­sac­cio­nes mone­ta­rias, o que tie­nen rela­ción con el cam­bio de for­ma del valor. Para ver­lo con un ejem­plo, supon­ga­mos que la empre­sa que pro­du­ce X y lo ven­de, deba des­ti­nar un tra­ba­ja­dor a con­tar el dine­ro, trans­por­tar­lo has­ta una caja de segu­ri­dad den­tro de la empre­sa, y cui­dar de ella. Este tra­ba­jo no agre­ga un ápi­ce de valor a X, pero es nece­sa­rio para el capi­tal. Marx sos­tie­ne que es un «cos­to de cir­cu­la­ción, y no un tra­ba­jo que crea valor» (Marx, 1999, p. 404. t. 3). Evi­den­te­men­te, se tie­ne que pagar con una deduc­ción de la plus­va­lía que pue­de ser rein­ver­ti­da en pro­du­cir más X. Supon­ga­mos aho­ra que este tra­ba­jo de con­tar dine­ro, trans­por­tar­lo y guar­dar­lo, lo rea­li­za un ban­co. Si bien Marx pare­ce con­si­de­rar que el caso sigue sien­do el mis­mo que el ante­rior (por lo menos no lo dis­tin­gue), pien­so sin embar­go que hay una dife­ren­cia. Es que el capi­ta­lis­ta que emplea al tra­ba­ja­dor que cuen­ta el dine­ro, lo trans­por­ta y guar­da, está ofre­cien­do una mer­can­cía, que tie­ne un valor de uso (con­teo, trans­por­te de dine­ro, etc.) y por lo tan­to tam­bién un valor. Y para el capi­ta­lis­ta que com­pra el ser­vi­cio, la plus­va­lía des­em­bol­sa­da en el mis­mo sigue repre­sen­tan­do un cos­to de cir­cu­la­ción, como antes. Por este moti­vo el tra­ba­jo de «con­tar y trans­por­tar dine­ro» aho­ra es pro­duc­ti­vo, aun­que no es repro­duc­ti­vo. Glo­bal­men­te se sigue pagan­do con par­te de la plus­va­lía total, que por lo tan­to no pue­de ali­men­tar la repro­duc­ción amplia­da.

En con­clu­sión, las cate­go­rías de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e impro­duc­ti­vo en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta pue­den arti­cu­lar­se con la idea de qué es pro­duc­ti­vo des­de el pun­to de vis­ta de la repro­duc­ción glo­bal del capi­tal. Por lo tan­to, no habría con­tra­dic­ción lógi­ca entre la noción de tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e impro­duc­ti­vo expli­ca­da por Marx en Teo­rías… o El Capi­tal, y la idea de auto­res como Baran y Sweezy (1982) que pusie­ron el énfa­sis en la exis­ten­cia de enor­mes sec­to­res de indus­trias impro­duc­ti­vas, tales como la de arma­men­tos o pro­pa­gan­da.

Rolan­do Asta­ri­ta

6 de abril de 2011

Bibliografía

Baran, P. y P. Sweezy (1982): El capi­tal mono­po­lis­ta, Méxi­co, Siglo XXI.

Marx, K. (1999): El Capi­tal, Madrid, Siglo XXI.

Marx, K. (1983): El Capi­tal, libro I, capí­tu­lo VI Iné­di­to, Méxi­co, Siglo XXI.

Marx, K. (1975): Teo­rías de la plus­va­lía, Bue­nos Aires, Car­ta­go.

Savran, S. y E. A. Tonak (1999): «Pro­duc­ti­ve and Unpro­duc­ti­ve Labour», Capi­tal & Class nº 68, pp. 113-152.

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