Con los ojos de las mujeres. Apuntes para repensar la clase obrera

Con los ojos de las mujeres. Apuntes para repensar la clase obrera

Que el movi­mien­to de muje­res está en ascen­so ya es un hecho insos­la­ya­ble. La marea ver­de, la exis­ten­cia de Las Pibas, la sali­da del sar­có­fa­go de lo más ran­cio de las igle­sias Cató­li­ca y Evan­gé­li­ca para opo­ner­se a la liber­tad de deci­dir sobre el pro­pio cuer­po, son mues­tra de eso en Argen­ti­na. Pero está Irlan­da, Polo­nia, las mar­chas en Esta­dos Uni­dos, el Paro Inter­na­cio­nal de Muje­res. ¿Cuál es el com­po­nen­te común ? Aquí van unos apun­tes sobre la rela­ción entre la cri­sis del neo­li­be­ra­lis­mo, una cla­se tra­ba­ja­do­ra que está en apu­ros, y la posi­bi­li­dad de que las muje­res ven­gan a su res­ca­te y le inyec­ten nue­vas fuer­zas.

Apunte #1 : La metamorfosis del trabajo (más allá del mameluco)

Decir que la ver­sión neo­li­be­ral del capi­ta­lis­mo que entró en cri­sis en 2008, tra­jo para que­dar­se una pro­fun­da meta­mor­fo­sis del tra­ba­jo, no es nin­gu­na nove­dad. Esta­ble­cer la rela­ción entre esto y lo que algu­nas lla­man una «nue­va ola femi­nis­ta», segu­ra­men­te tam­po­co, pero ayu­da a pen­sar. Vea­mos.

Habi­tual­men­te la meta­mor­fo­sis del tra­ba­jo se ha ana­li­za­do des­de el pun­to de vis­ta del ámbi­to de la pro­duc­ción, y la refe­ren­cia nos­tál­gi­ca ha sido el «mun­do del tra­ba­jo de la pos­gue­rra». Desin­dus­tria­li­za­ción, pre­do­mino de los ser­vi­cios, fin de la esta­bi­li­dad labo­ral, caí­da del sala­rio real, ter­ce­ri­za­ción, fle­xi­bi­li­za­ción, desocu­pa­ción masi­va, han sido los voca­blos aso­cia­dos a este aná­li­sis. Las res­pues­tas teó­ri­cas, esque­ma­ti­zan­do un poco, fue­ron dos : a) la que, ante estos cam­bios, supu­so más/​menos que la cla­se tra­ba­ja­do­ra ya no podía pen­sar­se como suje­to cen­tral del «capi­ta­lis­mo pos­t­in­dus­trial» y mucho menos como suje­to poten­cial­men­te revo­lu­cio­na­rio1 ; b) la que, en mino­ría, siguió pen­san­do que esa pro­fun­da meta­mor­fo­sis no nega­ba la cen­tra­li­dad del tra­ba­jo ni tam­po­co la de la cla­se tra­ba­ja­do­ra como suje­to con poten­cia revo­lu­cio­na­ria e inten­tó, con más o menos crea­ti­vi­dad, expli­car los cam­bios y las alter­na­ti­vas que ellos abrían. Como par­te de este pun­to de vis­ta mar­xis­ta, quie­ro repa­rar en tres carac­te­rís­ti­cas espe­cí­fi­cas por con­si­de­rar que, de ese modo, se pue­de esta­ble­cer una rela­ción entre ese pro­ce­so y el nue­vo pro­ta­go­nis­mo de las muje­res.

La pri­me­ra y más obvia es la femi­ni­za­ción de la fuer­za de tra­ba­jo. Como seña­lan Gua­da­lu­pe Bra­vo y Vic­to­ria Sán­chez en este mis­mo dos­sier, des­de la déca­da de los 90 a la actua­li­dad se obser­va el mayor por­cen­ta­je his­tó­ri­co de par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en el mer­ca­do de tra­ba­jo. Esta incor­po­ra­ción masi­va pre­sen­ta par­ti­cu­la­ri­da­des según país, pero tie­ne un deno­mi­na­dor común a nivel inter­na­cio­nal : la mayor par­ti­ci­pa­ción de muje­res se da en «nichos» de tareas de repro­duc­ción social asa­la­ri­za­da : escue­las, hos­pi­ta­les, geriá­tri­cos, guar­de­rías, lim­pie­za, etc.

Esto se arti­cu­la con la segun­da carac­te­rís­ti­ca que quie­ro des­ta­car : la pre­ca­ri­za­ción labo­ral enten­di­da como meca­nis­mos de pro­gre­si­va reduc­ción del «sala­rio fami­liar» y, por ende, como cri­sis de la capa­ci­dad de repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo que tie­ne el sala­rio obre­ro.

Por últi­mo, hay un ele­men­to que pare­ce externo al mun­do del tra­ba­jo, pero no lo es : la reduc­ción pre­su­pues­ta­ria y la ten­den­cia a la pri­va­ti­za­ción de los ser­vi­cios públi­cos, par­ti­cu­lar­men­te la Edu­ca­ción y la Salud. ¿Por qué con­si­de­rar este ele­men­to como par­te de la dis­cu­sión ? Doy aquí los moti­vos empí­ri­cos (en el Apunte#2 van los teó­ri­cos): por­que es un ata­que direc­to al nivel de vida de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en el ámbi­to de su repro­duc­ción social, y, por ende, un ata­que direc­to a las muje­res tra­ba­ja­do­ras por una doble vía : para aque­llas que son las que sos­tie­nen esos ser­vi­cios con su tra­ba­jo asa­la­ria­do, por­que las some­te a con­di­cio­nes labo­ra­les cada vez más impo­si­bles (muchos usua­rios, pocos recur­sos); para todas, por­que las some­te a alar­gar su jor­na­da de tra­ba­jo domés­ti­co en la medi­da en que dis­po­nen de cada vez menos y peo­res escue­las, guar­de­rías, hos­pi­ta­les, ins­ti­tu­cio­nes para el cui­da­do de adul­tos mayo­res. Es decir, todos esos «ser­vi­cios» que el Esta­do pres­ta cada vez menos y peor, impli­ca más tra­ba­jo para las muje­res de la cla­se obre­ra que son (muy mayo­ri­ta­ria­men­te) quie­nes se ocu­pan de las lla­ma­das «tareas del cui­da­do».

Para resu­mir, la meta­mor­fo­sis del tra­ba­jo de la que esta­mos hablan­do, impli­ca la com­bi­na­ción entre cada vez más muje­res en el mer­ca­do de tra­ba­jo, cada vez peo­res sala­rios para aten­der las nece­si­da­des de la fami­lia obre­ra a tra­vés del mer­ca­do, y cada vez menos pre­su­pues­to esta­tal para aten­der dichas nece­si­da­des a tra­vés de los ser­vi­cios públi­cos. Impli­ca, en sín­te­sis, una tre­men­da cri­sis de la repro­duc­ción social de la fuer­za de tra­ba­jo. Y esta cri­sis tie­ne un géne­ro espe­cí­fi­co : las muje­res tra­ba­ja­do­ras. Las muje­res son la mayo­ría de los cuer­pos pre­ca­ri­za­dos del tra­ba­jo asa­la­ria­do, los cuer­pos que sopor­tan los recor­tes de los ser­vi­cios públi­cos y los cuer­pos ago­ta­dos de las tareas domés­ti­cas que se rea­li­zan cada vez con menor capa­ci­dad de con­su­mo.

Apunte #2 : La Teoría de Reproducción Social como entrada analítica

En este mis­mo dos­sier habla­mos lar­ga­men­te con Tit­hi Bhat­ta­char­ya sobre la Teo­ría de la Repro­duc­ción Social (TRS), en tan­to desa­rro­llo de la teo­ría mar­xis­ta2. Y, por ende, en tan­to posi­bi­li­dad de ana­li­zar y enten­der la espe­ci­fi­ci­dad de las muje­res y sus deman­das, des­de un pun­to de vis­ta teó­ri­co que, como ella mis­ma pro­po­ne, reafir­me a la cla­se tra­ba­ja­do­ra como suje­to revo­lu­cio­na­rio. Invi­to a las y los lec­to­res a mirar esa entre­vis­ta.

Lo que aquí quie­ro plan­tear son algu­nos aspec­tos de esta teo­ría que, según mi opi­nión, per­mi­ten la ope­ra­ción que pro­pon­go arri­ba : la com­pren­sión del ascen­so del movi­mien­to de muje­res en el mar­co de las pro­fun­das modi­fi­ca­cio­nes del mun­do del tra­ba­jo (pro­duc­ti­vo y repro­duc­ti­vo) del capi­ta­lis­mo neo­li­be­ral. O, dicho de otro modo, per­mi­ten pen­sar la arti­cu­la­ción entre un pro­ce­so y el otro, en un momen­to en que esa arti­cu­la­ción no es evi­den­te, sino que hay que cons­truir­la. Dis­cúl­pen­me si abu­so del esque­ma den­tro del esque­ma.

No esta­mos hablan­do de una teo­ría sobre el tra­ba­jo domés­ti­co3 sino sobre la repro­duc­ción social bajo el capi­ta­lis­mo. Esa dife­ren­cia es sus­tan­cial, por­que lo pri­me­ro te lle­va a una teo­ría de las amas de casa (y a una estra­te­gia de la «revo­lu­ción de los hoga­res») y lo segun­do te lle­va a una teo­ría que pien­sa a la cla­se tra­ba­ja­do­ra en los ámbi­tos de la pro­duc­ción y la repro­duc­ción social en su con­jun­to (y a una estra­te­gia de revo­lu­ción socia­lis­ta). La TRS tie­ne la for­ta­le­za de mirar el tra­ba­jo no solo en el ámbi­to de la pro­duc­ción de mer­can­cías sino tam­bién en el de la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, y con­si­de­rar a este últi­mo como un tra­ba­jo indis­pen­sa­ble para la repro­duc­ción social en su con­jun­to. Como pue­de per­ci­bir­se, esta mira­da «rela­cio­nal» ya está en Marx4. Lo que no está es un desa­rro­llo sis­te­má­ti­co del tra­ba­jo nece­sa­rio para la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo y una con­cep­tua­li­za­ción de su impor­tan­cia para la repro­duc­ción de la socie­dad capi­ta­lis­ta. La TRS pone el foco allí, tira de esa cuer­da y la des­plie­ga, esta­ble­cien­do la rela­ción entre el cir­cui­to del tra­ba­jo de pro­duc­ción de mer­can­cías, y el cir­cui­to (subor­di­na­do5) de repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo. Eso le per­mi­te his­to­ri­zar las modi­fi­ca­cio­nes en esta segun­da dimen­sión del tra­ba­jo, ya sea que esté asa­la­ri­za­do (escue­las, hos­pi­ta­les, geriá­tri­cos, guar­de­rías, lim­pie­za, etc.) o no (tra­ba­jo de repro­duc­ción no pago en el hogar); e his­to­ri­zar tam­bién a su suje­to pro­ta­gó­ni­co : las muje­res tra­ba­ja­do­ras. Per­mi­te, en sín­te­sis, pre­gun­tar­se por su espe­ci­fi­ci­dad y por el rol que pue­den cum­plir en la lucha de cla­ses en momen­tos de pro­fun­da cri­sis de la repro­duc­ción social a la que lle­vó el capi­ta­lis­mo neo­li­be­ral.

De la doble opre­sión a suje­to peli­gro­so. Es un sen­ti­do común mar­xis­ta con­si­de­rar que las muje­res tra­ba­ja­do­ras esta­mos some­ti­das a una doble opre­sión : de géne­ro y de cla­se. Esa defi­ni­ción tie­ne un aspec­to de ver­dad inob­je­ta­ble : somos explo­ta­das en tan­to tra­ba­ja­do­ras (cosa que com­par­ti­mos con nues­tros com­pa­ñe­ros varo­nes) y somos opri­mi­das en tan­to muje­res (cosa que no com­par­ti­mos con ellos). Pero tam­bién tie­ne el peli­gro de dos inter­pre­ta­cio­nes erró­neas : una teó­ri­ca y otra polí­ti­ca. La teó­ri­ca, es la que con­si­de­ra esta doble opre­sión bajo la idea de dos sis­te­mas inde­pen­dien­tes, el patriar­cal y el capi­ta­lis­ta. Y, de ese modo, le es impo­si­ble res­pon­der a los pro­ble­mas de lo que, en el deba­te femi­nis­ta de la segun­da ola, se lla­mó las «teo­rías del sis­te­ma dual» y que podrían resu­mir­se de este modo : si el patriar­ca­do y el capi­ta­lis­mo son dos sis­te­mas inde­pen­dien­tes, ¿cuál es el que deter­mi­na las rela­cio­nes socia­les : el géne­ro o la cla­se ? ¿Cuál cons­ti­tu­ye el «enemi­go prin­ci­pal» ? ¿Cómo luchar con­tra ellos : de for­ma tam­bién inde­pen­dien­te o sub­su­mien­do uno en el otro a ries­go de negar la espe­ci­fi­ci­dad del sub­su­mi­do ?6. Como dice Iris Young, en su áci­da crí­ti­ca al artícu­lo de Hei­di Hart­mann «El infe­liz matri­mo­nio entre mar­xis­mo y femi­nis­mo : hacia una unión más pro­gre­sis­ta»7 :

Yo plan­tea­ré, sin embar­go, que la teo­ría del sis­te­ma dual no pue­de repa­rar el infe­liz matri­mo­nio del mar­xis­mo y el femi­nis­mo. Hay bue­nas razo­nes para creer que la situa­ción de la mujer no está con­di­cio­na­da por dos sis­te­mas dis­tin­tos de rela­cio­nes socia­les que tie­nen estruc­tu­ras, diná­mi­cas e his­to­rias dis­tin­tas. Es más, el mar­xis­mo femi­nis­ta no pue­de con­ten­tar­se con un mero «matri­mo­nio» de dos teo­rías –mar­xis­mo y femi­nis­mo– que refle­jan dos sis­te­mas : el capi­ta­lis­mo y el patriar­ca­do. Por el con­tra­rio, el pro­yec­to del femi­nis­mo socia­lis­ta debe ser el desa­rro­llar una teo­ría úni­ca, apro­ve­chan­do lo mejor del mar­xis­mo y del femi­nis­mo radi­cal, para com­pren­der el patriar­ca­do capi­ta­lis­ta como un sis­te­ma en el cual la opre­sión de la mujer es un atri­bu­to cen­tral8.

Un inten­to de teo­ría uni­ta­ria es el que desa­rro­lla Lise Vogel, en Mar­xis­mo y Opre­sión de la Mujer9, sen­tan­do las bases de un desa­rro­llo mar­xis­ta de la Teo­ría de la Repro­duc­ción Social. No está demás decir, que los esfuer­zos por pen­sar la espe­ci­fi­ci­dad de la opre­sión de las muje­res en el capi­ta­lis­mo, no impli­ca negar el carác­ter pre­vio (his­tó­ri­ca­men­te hablan­do) de la opre­sión de géne­ro, sino com­pren­der las modi­fi­ca­cio­nes sus­tan­cia­les que ésta sufre bajo el capi­ta­lis­mo a los fines de no com­ba­tir con­tra una domi­na­ción que, por «ances­tral», se vuel­va abs­trac­ta (el patriar­ca­do sin más) y cons­tru­ya un enemi­go tam­bién abs­trac­to y escu­rri­di­zo. Pero ade­más, sin el aná­li­sis de esta espe­ci­fi­ci­dad, la idea que sos­te­ne­mos las mar­xis­tas de que no hay libe­ra­ción de las muje­res sin des­truc­ción del capi­ta­lis­mo, tam­bién se vuel­ve abs­trac­ta y por ende, arbi­tra­ria. En sín­te­sis, dada la impor­tan­cia del asun­to, la impor­tan­cia de mirar con aten­ción a quie­nes inten­tan desa­rro­llar esta teo­ría uni­ta­ria des­de el cam­po del mar­xis­mo.

Pero hay una segun­da cues­tión que es de carác­ter polí­ti­co : la idea de doble opre­sión pue­de malin­ter­pre­tar­se y colo­car a las muje­res de la cla­se obre­ra en lugar de víc­ti­mas. Hay dos res­pues­tas que sue­len dar­se a esta ubi­ca­ción. La pri­me­ra y más de dere­cha, lla­man­do a los hom­bres de la cla­se obre­ra a que las «res­ca­ten» e invi­tan­do a las muje­res a que se sumen a la lucha con­tra el capi­ta­lis­mo como si esa invi­ta­ción sin más fue­ra la lla­ve para su libe­ra­ción. No hace fal­ta ahon­dar en el carác­ter machis­ta de esta res­pues­ta y en el lugar de par­te­ner, de acom­pa­ñan­te, en que colo­ca a las muje­res de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. La segun­da y más de izquier­da, lla­man­do a las muje­res a que sean (jun­to a sus com­pa­ñe­ros de cla­se varo­nes) suje­tos de su pro­pia libe­ra­ción com­ba­tien­do al capi­tal y al patriar­ca­do, lo que, sin mayo­res pre­ci­sio­nes, apa­re­ce como una tarea no impo­si­ble, pero sí titá­ni­ca (por­que la opre­sión es tiem­po que no se tie­ne, es expe­rien­cia que no se acu­mu­ló, es cuer­po que está ago­ta­do y es mate­ria de vio­len­cia). La pre­gun­ta, enton­ces, es : ¿dón­de resi­den las bases obje­ti­vas de la poten­cia de las muje­res tra­ba­ja­do­ras bajo el capi­ta­lis­mo para pen­sar­las no solo como víc­ti­mas (que lo son) sino tam­bién como sepul­tu­re­ras ?

Apunte #3 : Las mujeres como puente entre producción y reproducción

« Cuan­to peor, mejor», no fun­cio­na. Pero el hecho de sufrir una doble opre­sión no impli­ca en sí mis­mo dis­po­ner de las fuer­zas para enfren­tar­la. Lo que sí pue­de pen­sar­se como una posi­ción de fuer­za pri­vi­le­gia­da es la ubi­ca­ción que ocu­pan en rela­ción a una sepa­ra­ción fun­da­men­tal del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta : la sepa­ra­ción entre el ámbi­to de la pro­duc­ción y el de la repro­duc­ción. Esa fron­te­ra no es con­tin­gen­te en el capi­ta­lis­mo, es su «alma per­ma­nen­te» por­que de allí se deri­van las diso­cia­cio­nes entre la esfe­ra de lo eco­nó­mi­co y lo polí­ti­co, lo pri­va­do y lo públi­co, del tra­ba­ja­dor y del ciu­da­dano. Por ende, el aná­li­sis de los modos en que esa fron­te­ra se per­fo­ra es cen­tral. Y las muje­res tra­ba­ja­do­ras jue­gan allí un rol que no jue­gan los varo­nes de su cla­se, ellas son suje­tos pro­ta­gó­ni­cos de ambos espa­cios : de la fábri­ca (como metá­fo­ra del ámbi­to de la pro­duc­ción) y del barrio (como metá­fo­ra de la repro­duc­ción). Esa ubi­ca­ción anfi­bia pue­de pen­sar­se como poten­cial fuer­za en la medi­da en que sea usa­da para esta­ble­cer lazos entre la fábri­ca y el barrio, entre las deman­das labo­ra­les de la cla­se obre­ra y aque­llas que exce­den lo «labo­ral» pero son par­te cen­tral de su con­di­ción obre­ra. En ese sen­ti­do, es una posi­ción poten­cial­men­te revul­si­va si se la tra­du­ce en polí­ti­ca. A eso me refie­ro con la idea de las muje­res como puen­te.

La base obje­ti­va e his­tó­ri­ca de la idea de puen­te resi­de en dos ele­men­tos que seña­la­mos más arri­ba y que cons­ti­tu­yen las carac­te­rís­ti­cas del tra­ba­jo en la actua­li­dad10 : la masi­va par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en el mer­ca­do de tra­ba­jo y su abso­lu­to pro­ta­go­nis­mo en el tra­ba­jo repro­duc­ti­vo (asa­la­ria­do y no asa­la­ria­do), ámbi­to que las refor­mas neo­li­be­ra­les lle­va­ron a una cri­sis pro­fun­da. Esa doble par­ti­ci­pa­ción y el pro­ta­go­nis­mo his­tó­ri­co en que esta diná­mi­ca las colo­ca, no es com­par­ti­da con los tra­ba­ja­do­res varo­nes. Es una posi­ción espe­cí­fi­ca de las muje­res tra­ba­ja­do­ras que pue­de trans­for­mar­se en fuer­za social. Un ejem­plo recien­te en el que esta posi­ción espe­cí­fi­ca se trans­for­mó en fuer­za social, es la lla­ma­da «Teacher’s Spring» en Esta­dos Uni­dos en la que, en el cie­lo sereno de la lucha de cla­ses nor­te­ame­ri­ca­na, las maes­tras desa­yu­na­ron a pro­pios y aje­nos con una olea­da de huel­gas que obli­gó a la izquier­da nor­te­ame­ri­ca­na a vol­ver a hablar de cla­se obre­ra, de sin­di­ca­tos y de paros. ¿Cuál es la espe­ci­fi­ci­dad de las huel­gas docen­tes nor­te­ame­ri­ca­nas ? Que fue­ron medi­das de lucha diri­gi­das por las muje­res (abru­ma­do­ra mayo­ría en ese sec­tor de la repro­duc­ción social) pero que invo­lu­cra­ron a un sec­tor de comu­ni­dad tra­ba­ja­do­ra local : fue­ron lo más pare­ci­do a «huel­gas de la comu­ni­dad obre­ra» en defen­sa de su cali­dad de vida, una cali­dad de vida que no se mide solo en sala­rio sino, tam­bién, en ele­men­tos cen­tra­les para la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo : ser­vi­cio edu­ca­ti­vo, ser­vi­cio de pen­sio­nes, ser­vi­cio de salud (todos tópi­cos que estu­vie­ron sobre la mesa en las huel­gas docen­tes).

Por supues­to, que la cons­truc­ción de la «Teacher’s Spring» no pue­de expli­car­se úni­ca­men­te por esta ubi­ca­ción obje­ti­va de las muje­res tra­ba­ja­do­ras. Exis­tie­ron orien­ta­cio­nes polí­ti­cas que hicie­ron posi­ble la cons­ti­tu­ción de dichas alian­zas al inte­rior de la comu­ni­dad de cla­se. Pero sería un error leer esas orien­ta­cio­nes en el vacío, en lugar de ins­cri­bir­las en sus con­di­cio­nes obje­ti­vas espe­cí­fi­cas : la posi­ción anfi­bia de las muje­res como pro­ta­go­nis­tas de la pro­duc­ción y la repro­duc­ción social. Esto per­mi­te pen­sar mejor las poten­cia­li­da­des que esa par­ti­cu­la­ri­dad pre­sen­ta a la diná­mi­ca de la lucha de cla­ses, y para pen­sar a las muje­res tra­ba­ja­do­ras, ya no como víc­ti­mas, sino como suje­tas peli­gro­sas.

Apunte #4 : La reproducción de la fuerza de trabajo como una preocupación central en el programa y en las luchas de la clase trabajadora

Por últi­mo, quie­ro plan­tear que esta luz echa­da sobre el ámbi­to de la repro­duc­ción social como ámbi­to cen­tral de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, impli­ca dis­cu­tir los pro­gra­mas de las orga­ni­za­cio­nes obre­ras y, par­ti­cu­lar­men­te, de los mar­xis­tas que inter­ve­ni­mos en ellas. Pero tam­bién impli­ca dis­cu­tir los pro­gra­mas de los movi­mien­tos socia­les que apa­re­cen como aje­nos a los recla­mos y dolen­cias de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, pero que no lo son, como el movi­mien­to femi­nis­ta. La nue­va ola del femi­nis­mo inter­na­cio­nal pre­sen­ta una sin­gu­lar opor­tu­ni­dad para ambas dis­cu­sio­nes. En el terreno de las orga­ni­za­cio­nes obre­ras, la reduc­ción de las deman­das a lo estric­ta­men­te sala­rial (o, en el mejor de los casos, a las con­di­cio­nes de tra­ba­jo en las pari­ta­rias) no solo ha sido un modo de natu­ra­li­zar la pro­fun­da frag­men­ta­ción, sino un modo de invi­si­bi­li­zar el tra­ba­jo repro­duc­ti­vo (asa­la­ria­do y no) y el pro­ta­go­nis­mo de las muje­res de la cla­se obre­ra en él. Nancy Fra­ser, no sin cier­to humor en rela­ción a las crí­ti­cas de diver­sos sec­to­res femi­nis­tas a Engels, dice :

Habien­do dic­ta­do recien­te­men­te un semi­na­rio de pos­gra­do en los Esta­dos Uni­dos sobre Los Orí­ge­nes de la Fami­lia, la Pro­pie­dad Pri­va­da y el Esta­do, ten­go que decir que, más allá de las obje­cio­nes que pue­den hacer­se, mucho de lo que Engels dice es bri­llan­te. Él insis­te, y sos­pe­cho que Marx hubie­ra esta­do de acuer­do, en que el socia­lis­mo no pue­de sig­ni­fi­car úni­ca­men­te la socia­li­za­ción de los medios de pro­duc­ción sino que tam­bién sig­ni­fi­ca la colec­ti­vi­za­ción del tra­ba­jo domés­ti­co y de la repro­duc­ción social. Engels sale a decir eso : que se tra­ta de una defi­ni­ción doble que reco­no­ce la cen­tra­li­dad de lo que lla­ma­mos el tra­ba­jo repro­duc­ti­vo jun­to con el pro­duc­ti­vo y la impor­tan­cia de desa­rro­llar una com­pren­sión inte­gral de cómo se cru­zan y se deter­mi­nan mutua­men­te11.

Efec­ti­va­men­te, la socia­li­za­ción del tra­ba­jo repro­duc­ti­vo es una deman­da que «ade­lan­ta» ras­gos cen­tra­les del pro­gra­ma de los socia­lis­tas y reco­no­ce la indi­so­cia­bi­li­dad entre un ámbi­to y el otro. Si eso era cier­to hace 150 años, hoy es par­te urgen­te de la agen­da de las luchas socia­les. Y es así, por­que la meta­mor­fo­sis del tra­ba­jo bajo el neo­li­be­ra­lis­mo pro­du­jo una pro­fun­da cri­sis de la repro­duc­ción social, ponien­do este pro­ble­ma en su cen­tro y a las muje­res (sus hace­do­ras) en su direc­ción. ¿Cómo no recla­mar jar­di­nes materno-paren­ta­les en todos los luga­res de tra­ba­jo, estu­dio y en los barrios, si de eso depen­den los cuer­pos de la mitad de la cla­se obre­ra ? ¿Cómo no incor­po­rar la deman­da por la lega­li­za­ción del abor­to si el abor­to es una deci­sión de las muje­res y de los cuer­pos ges­tan­tes, pero su clan­des­ti­ni­dad es un pro­ble­ma del con­jun­to de la cla­se tra­ba­ja­do­ra ? En defi­ni­ti­va : ¿Cómo no exi­gir luga­res de direc­ción en las orga­ni­za­cio­nes obre­ras para las muje­res si son ellas las que pue­den trans­for­mar la cri­sis de la repro­duc­ción social en moti­vo de lucha y en pro­gra­ma para su supera­ción ? Ese pro­gra­ma es, por defi­ni­ción, ni cor­po­ra­ti­vo ni sin­di­ca­lis­ta. Y eso, en el actual esta­do con­ser­va­dor de los sin­di­ca­tos, en el cli­ma de garan­tes de la frag­men­ta­ción que asu­mie­ron las direc­cio­nes buro­crá­ti­cas, impli­ca­ría una con­mo­ción. Impli­ca­ría obli­gar a las orga­ni­za­cio­nes obre­ras a que miren la reali­dad con los ojos de las muje­res.

Pero la cri­sis de la repro­duc­ción social impli­ca tam­bién un cim­bro­na­zo para el movi­mien­to de muje­res por­que pone sobre la mesa el pro­ble­ma de cla­se. Ni la edu­ca­ción y la salud, ni el tra­ba­jo domés­ti­co, ni las tareas del cui­da­do son pro­ble­mas equi­va­len­tes para una bur­gue­sa que para una tra­ba­ja­do­ra. Unas pue­den ter­ce­ri­zar­lo en los cuer­pos de otras muje­res, las otras los sopor­tan en sus pro­pios cuer­pos. La pre­ca­ri­za­ción del tra­ba­jo, la fal­ta de fon­dos públi­cos para la salud y la edu­ca­ción (que hace tan poco se lle­vó la vida de una maes­tra y un auxi­liar), la exten­sión de la jor­na­da labo­ral (que hace que la doble jor­na­da sea impo­si­ble de lle­var ade­lan­te), todas esas deman­das tie­nen que ser luchas del femi­nis­mo : ¿Cómo no van a ser­lo si las pri­me­ras afec­ta­das por esos ata­ques del capi­ta­lis­mo son las muje­res ? ¿Cómo podría pen­sar­se un femi­nis­mo que no se pro­pon­ga, a su vez, des­truir esa explo­ta­ción que nos des­tru­ye a noso­tras ?

Pau­la Vare­la

2 de sep­tiem­bre de 2018

Fuen­te : http://​www​.laiz​quier​da​dia​rio​.com/​C​o​n​–​l​o​s​–​o​j​o​s​–​d​e​–​l​a​s​–​m​u​j​e​r​e​s​?​v​a​r​_​m​o​d​e​=​c​a​l​cul

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