México.  «Estoy en el abismo … No sé que va a pasar», el mantra de millones de migrantes

Méxi­co. «Estoy en el abis­mo … No sé que va a pasar», el man­tra de millo­nes de migrantes

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Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de julio de 2020

A prin­ci­pios de junio, el soli­ci­tan­te de asi­lo José Muñoz deci­dió que era hora de huir a su natal El Sal­va­dor para sal­var su vida, tras aban­do­nar su caso y acep­tar ser depor­ta­do de un cen­tro de deten­ción de inmi­gran­tes en Texas, don­de el coro­na­vi­rus esta­ba arra­san­do con la población.

Mien­tras cre­cía el núme­ro de casos de COVID-19 en el Cen­tro de Deten­ción por Con­tra­to de Hous­ton ‑don­de se han regis­tra­do 105 infec­cio­nes según el Ser­vi­cio de Inmi­gra­ción y Con­trol de Adua­nas de Esta­dos Uni­dos (ICE, por su sigla en inglés)-, Muñoz dijo que sólo tenía una más­ca­ra de tela para protegerse.

El 1 de junio, había 375 dete­ni­dos alo­ja­dos en la ins­ta­la­ción, de acuer­do a datos de ICE.

Aun­que a los 19 años nor­mal­men­te no esta­ría en ries­go de com­pli­ca­cio­nes por la enfer­me­dad res­pi­ra­to­ria cau­sa­da por el coro­na­vi­rus, Muñoz se preo­cu­pó por­que su coles­te­rol alto, una comor­bi­li­dad encon­tra­da en algu­nos pacien­tes que murie­ron, lo hacía vulnerable.

Meses antes, el estu­dian­te sal­va­do­re­ño había pedi­do asi­lo en Esta­dos Uni­dos tras rela­tar que fue ata­ca­do por negar­se a trans­por­tar dro­gas a una pan­di­lla, a la que no qui­so nom­brar citan­do preo­cu­pa­cio­nes por su segu­ri­dad. Su abo­ga­do y una decla­ra­ción jura­da fir­ma­da por Muñoz y revi­sa­da por Reuters fue­ron con­sis­ten­tes con su historia.

Pero para junio, ya temía que su vida estu­vie­ra en ries­go, sabien­do que el pró­xi­mo fallo en su caso de asi­lo tar­da­ría meses si deci­día seguir luchando.

«Sen­tí que era más peli­gro­so que en mi país», dijo en una entre­vis­ta tele­fó­ni­ca el mes pasa­do des­de El Salvador.

Reuters habló con más de 30 abo­ga­dos, defen­so­res de inmi­gra­ción, dete­ni­dos y sus fami­lia­res, quie­nes dije­ron que los ries­gos de con­traer COVID-19 den­tro de las ins­ta­la­cio­nes de deten­ción han lle­va­do a las per­so­nas a bus­car la deportación.

Quin­ce abo­ga­dos y defen­so­res de inmi­gra­ción, que en con­jun­to dicen han reci­bi­do cien­tos de soli­ci­tu­des de dete­ni­dos que bus­can aban­do­nar ins­ta­la­cio­nes en ocho enti­da­des esta­dou­ni­den­ses por cau­sas de salud, dije­ron a Reuters que están vien­do un alza en la cifra de per­so­nas que con­si­de­ran aban­do­nar sus casos.

Reuters encon­tró 12 dete­ni­dos que deja­ron de pelear sus casos y, en cam­bio, acep­ta­ron la depor­ta­ción o la sali­da volun­ta­ria debi­do a la pandemia.

Una por­ta­voz de ICE dijo a Reuters que la agen­cia res­pe­ta los dere­chos de los inmi­gran­tes a tomar deci­sio­nes sobre si per­se­guir o renun­ciar a sus casos.

Reuters no pudo deter­mi­nar si el núme­ro total de per­so­nas que bus­can depor­ta­ción volun­ta­ria­men­te está en aumento.

Samuel Cole, de la Aso­cia­ción Nacio­nal de Jue­ces de Inmi­gra­ción, dijo que vio un alza en los inmi­gran­tes que bus­ca­ron aban­do­nar los cen­tros de deten­ción en los pri­me­ros meses de la pan­de­mia, inclu­so si eso sig­ni­fi­ca­ba desis­tir de sus casos.

«Defi­ni­ti­va­men­te hubo encues­ta­dos que expre­sa­ron temor de enfer­mar­se en deten­ción y que­rían salir por­que el mie­do al COVID-19 esta­ba arra­san­do el país», dijo Cole.

ACCESO A MASCARILLAS Y ALCOHOL EN GEL

EL ICE ha retra­sa­do las ope­ra­cio­nes de arres­to y ha libe­ra­do a algu­nos inmi­gran­tes en liber­tad con­di­cio­nal, pero ha sido cri­ti­ca­do por tras­la­dar dete­ni­dos entre las ins­ta­la­cio­nes duran­te la pan­de­mia lo que, según ellos, es par­te de su esfuer­zo para fre­nar al virus y pro­mo­ver el dis­tan­cia­mien­to social.

La agen­cia tam­bién ha sido cri­ti­ca­da por depor­tar a más de 100 per­so­nas infec­ta­das a sus paí­ses de ori­gen. Los datos de ICE mues­tran que 2,742 per­so­nas en cen­tros de deten­ción y 45 emplea­dos de la agen­cia han dado posi­ti­vo al COVID-19.

Dos migran­tes con la enfer­me­dad han muer­to en sus ins­ta­la­cio­nes. Miles de per­so­nas que podrían ser más vul­ne­ra­bles si se infec­tan per­ma­ne­cen bajo cus­to­dia, según datos de ICE inclui­dos en una pre­sen­ta­ción judi­cial del 24 de junio.

La por­ta­voz de ICE dijo que la agen­cia sope­sa los ante­ce­den­tes pena­les de una per­so­na, la ame­na­za poten­cial para la segu­ri­dad públi­ca y el ries­go de que vue­le, así como cual­quier preo­cu­pa­ción de segu­ri­dad nacio­nal, al eva­luar si se le otor­ga la libertad.

Un migran­te entre­vis­ta­do para esta his­to­ria dio posi­ti­vo por COVID-19 mien­tras esta­ba dete­ni­do en el Cen­tro de Pro­ce­sa­mien­to del Con­da­do de Ote­ro en Nue­vo Méxi­co, según ICE.

Un segun­do migran­te tuvo igual resul­ta­do a la prue­ba el 14 de mayo, según El Rio Health en Ari­zo­na. El mis­mo día, docu­men­tos esta­dou­ni­den­ses reve­la­ron que fue libe­ra­do de la cus­to­dia de ICE.

Muchos de los 14 dete­ni­dos actua­les y ante­rio­res entre­vis­ta­dos por Reuters dije­ron que no tenían acce­so a pro­duc­tos de higie­ne como jabón de manos y desinfectantes.

Seis dije­ron que esta­ban expues­tos a otros que tenían fie­bre, tos per­sis­ten­te o dolor de cuer­po, que pue­den ser sín­to­mas del virus.

Un dete­ni­do actual dijo que aque­llos que exter­na­ron sus que­jas rela­cio­na­das a pro­ble­mas de salud fue­ron cas­ti­ga­dos con con­fi­na­mien­to soli­ta­rio, un recla­mo del que se hicie­ron eco abo­ga­dos y defen­so­res que tra­ba­jan en cen­tros de deten­ción en cua­tro esta­dos estadounidenses.

«ICE res­pe­ta ple­na­men­te los dere­chos de los dete­ni­dos a expre­sar sus preo­cu­pa­cio­nes sin inter­fe­ren­cia y no toma repre­sa­lias de nin­gu­na mane­ra», dijo a Reuters la por­ta­voz de la agencia.

Una segun­da por­ta­voz de ICE dijo que la agen­cia pro­por­cio­nó jabón en áreas de lava­do y desin­fec­tan­te en todos los cen­tros «siem­pre que fue posi­ble», y agre­gó que esa agen­cia migra­to­ria había toma­do medi­das para miti­gar la pro­pa­ga­ción de COVID-19 y «sal­va­guar­dar la salud y el bien­es­tar de los dete­ni­dos, el per­so­nal y otros en nues­tros cen­tros de detención».

«He lle­ga­do a pen­sar que es una estra­te­gia para hacer que la gen­te diga: ‘Ten­go mie­do a la muer­te, no pue­do sopor­tar­lo más, solo depór­tar­me”», ase­gu­ró Mar­go Cowan, super­vi­so­ra​de la Ofi­ci­na del Defen­sor Públi­co del Con­da­do de Pima en Arizona.

La pri­me­ra por­ta­voz de ICE dijo a Reuters que la agen­cia res­pe­ta ple­na­men­te los dere­chos de los inmi­gran­tes al debi­do pro­ce­so. «Cual­quier extran­je­ro que ten­ga un recla­mo de auxi­lio, pro­tec­ción legal o base para per­ma­ne­cer en Esta­dos Uni­dos pue­de per­ma­ne­cer legal­men­te en Esta­dos Uni­dos», sostuvo.

Un infor­me de vigi­lan­cia inter­na del Depar­ta­men­to de Segu­ri­dad Nacio­nal esta­dou­ni­den­se, basa­do en una encues­ta de 188 cen­tros de deten­ción de ICE, mues­tra que alre­de­dor del 90% de estas ins­ta­la­cio­nes dije­ron que tenían sufi­cien­tes mas­ca­ri­llas y jabón líqui­do para los dete­ni­dos. Más de un ter­cio infor­mó que no tenía sufi­cien­te gel antibacterial.

El 12% de las ins­ta­la­cio­nes con­fe­sa­ron que no tenían la capa­ci­dad de ais­lar o poner en cua­ren­te­na a un dete­ni­do que dio posi­ti­vo a prue­bas para COVID-19. Varias ins­ta­la­cio­nes reco­no­cie­ron que el dis­tan­cia­mien­to social era un desa­fío dadas las res­tric­cio­nes de espacio.

«ESTOY EN EL ABISMO»

Patri­cia Jimé­nez, una soli­ci­tan­te de asi­lo mexi­ca­na que dijo que huyó a Esta­dos Uni­dos tras haber sido secues­tra­da por pis­to­le­ros des­co­no­ci­dos, deci­dió aban­do­nar su caso y bus­car la depor­ta­ción a medi­da que el coro­na­vi­rus se exten­día por el cen­tro de deten­ción Eloy, en Arizona.

Este cen­tro de deten­ción ha repor­ta­do 222 casos de COVID-19, el segun­do bro­te más gran­de en ins­ta­la­cio­nes de ICE.

«Es que a mí me da mucho mie­do de enfer­mar­me y al final no poder ver a mi hijo», dijo a Reuters en una lla­ma­da a fines de junio des­de el cen­tro, don­de espe­ra ser depor­ta­da. «Pero en este momen­to me da más mie­do estar aquí».

Lucas Cas­tro, un soli­ci­tan­te de asi­lo mexi­cano con dia­be­tes, enfer­me­dad que hace a las per­so­nas vul­ne­ra­bles a las com­pli­ca­cio­nes del COVID-19, dijo que tam­bién soli­ci­tó la depor­ta­ción al temer más por su vida en deten­ción que en casa, don­de dijo que fue bru­tal­men­te gol­pea­do por nar­co­tra­fi­can­tes el año pasado.

Ocho migran­tes, inclui­do Cas­tro, dije­ron a Reuters que los fun­cio­na­rios tra­ta­ron de usar las preo­cu­pa­cio­nes de salud de los dete­ni­dos para pre­sio­nar­los a acep­tar su deportación.

En las ins­ta­la­cio­nes correc­cio­na­les de La Pal­ma en Ari­zo­na don­de se encon­tra­ba, Cas­tro dijo que los dete­ni­dos con fre­cuen­cia soli­ci­ta­ban infor­ma­ción sobre la pan­de­mia y si les podían otor­gar liber­tad con­di­cio­nal huma­ni­ta­ria u otras for­mas de liberación.

«Siem­pre lle­ga­ba un ofi­cial de depor­ta­ción y lo úni­co que nos decía era que si noso­tros de ver­dad tenía­mos mie­do, debe­ría­mos pedir nues­tra depor­ta­ción», rela­tó Castro.

El migran­te con­fe­só que su mie­do al virus lo lle­vó a pedir la depor­ta­ción a un juez, que regis­tros de Esta­dos Uni­dos demues­tran fue orde­na­da a fines de mayo.

La segun­da por­ta­voz de ICE dijo que la agen­cia no tie­ne la polí­ti­ca de alen­tar a los dete­ni­dos que plan­tean pro­ble­mas de salud rela­cio­na­dos con COVID-19 a fir­mar la deportación.

Las difi­cul­ta­des rela­cio­na­das con la pan­de­mia den­tro del sis­te­ma de inmi­gra­ción tam­bién han retra­sa­do la repa­tria­ción de algu­nos migrantes.

El soli­ci­tan­te de asi­lo gua­te­mal­te­co Timo­teo Vicen­te dijo que eli­gió no ape­lar un fallo nega­ti­vo en su caso en mar­zo, en par­te por­que con­si­de­ra­ba que la aten­ción médi­ca en el Cen­tro de Pro­ce­sa­mien­to de ICE Taco­ma, en el esta­do de Washing­ton era inade­cua­da, lo que lo hizo preo­cu­par­se por su capa­ci­dad para res­pon­der a la pandemia.

En un comu­ni­ca­do, un repre­sen­tan­te de GEO Group, la com­pa­ñía que con­tra­ta ICE para admi­nis­trar las ins­ta­la­cio­nes, dijo: «Asu­mi­mos nues­tra res­pon­sa­bi­li­dad de garan­ti­zar la salud y segu­ri­dad de todos los que están bajo nues­tro cui­da­do y nues­tros emplea­dos con la mayor seriedad».

Tres meses des­pués, Vicen­te toda­vía está dete­ni­do espe­ran­do su depor­ta­ción. «Aho­ra estoy en el abis­mo», dijo a Reuters en una lla­ma­da tele­fó­ni­ca. «No sé qué va a pasar».

FUENTE: La Jornada

Itu­rria /​Fuen­te

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