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Tor­tu­ra impune

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Gra­cias a una inves­ti­ga­ción lle­va­da a cabo por perio­dis­tas del dia­rio La Van­guar­dia, se ha sabi­do que en un aten­ta­do que tuvo lugar hace cua­ren­ta años en el res­tau­ran­te El Des­can­so, pró­xi­mo a la base mili­tar de Torre­jón de Ardoz, hubo tres mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses muer­tos, uno de ellos de gran impor­tan­cia en la estruc­tu­ra de la OTAN.

Dichos muer­tos han sido ocul­ta­dos has­ta aho­ra debi­do a una deci­sión que toma­ron la OTAN y las auto­ri­da­des de Esta­dos Uni­dos que con­ta­ron con la com­pli­ci­dad de las espa­ño­las. Han sido nece­sa­rios cua­ren­ta años para que sea cono­ci­da la ver­dad. O par­te de ella.

Ten­go sobra­das razo­nes para sos­pe­char que las auto­ri­da­des espa­ño­las hicie­ron otro tan­to diez años más tar­de, en 1994. Ocul­ta­ron que un impor­tan­te man­do de la poli­cía espa­ño­la, Anto­nio San­tos Mar­tí­nez, resul­tó muy gra­ve­men­te heri­do en un aten­ta­do que ETA reali­zó en Córdoba.

Las razo­nes por las que ocul­ta­ron el hecho me pare­cen cla­ras. Poco des­pués, se iba a cele­brar el refe­rén­dum sobre la OTAN y dicho poli­cía iba a ser juz­ga­do por tor­tu­ras, en el caso de Ana Ere­ño, cono­ci­da mili­tan­te femi­nis­ta y tra­ba­ja­do­ra de Egin, que fue dete­ni­da el 28 de abril de 1982, cuan­do tenía 55 años.

Tras los diez días de inco­mu­ni­ca­ción en depen­den­cias poli­cia­les, Ere­ño pre­sen­ta­ba nume­ro­sas con­tu­sio­nes, tume­fac­cio­nes, equi­mo­sis y hema­to­mas, que fue­ron reco­gi­das en los infor­mes foren­ses, y la Audien­cia de Biz­kaia con­de­nó a cin­co agen­tes por tor­tu­ras. Una con­de­na que se vol­vió fir­me tras ser rati­fi­ca­da por el Supre­mo en enero de 1999.

Se indul­tó a dos de ellos y con los otros tres tor­tu­ra­do­res uti­li­za­ron todo tipo de sub­ter­fu­gios para evi­tar apli­car la pena, que con­lle­va­ba su inme­dia­ta expul­sión del Cuer­po Nacio­nal de Poli­cía. A dos les con­ce­die­ron la jubi­la­ción anti­ci­pa­da y al ter­ce­ro le apli­ca­ron la pena con más de cator­ce años de retra­so, cuan­do el agen­te ya esta­ba en con­di­cio­nes de acce­der nor­mal­men­te a la jubilación.

Los dos agen­tes a quie­nes se con­ce­dió la jubi­la­ción anti­ci­pa­da fue­ron Anto­nio San­tos, que era enton­ces jefe de una uni­dad espe­cial de la poli­cía, y José Paz Casas quien, cua­tro años des­pués de que la sen­ten­cia fue­ra fir­me, seguía sien­do Secre­ta­rio Gene­ral de la Jefa­tu­ra Supe­rior de Poli­cía de Gali­za. Así lo denun­ció en el Con­gre­so el enton­ces dipu­tado del BNG Car­los Ayme­rich, en 2003. Cin­co días des­pués, lejos de eje­cu­tar de una vez por todas la sen­ten­cia, lo que hicie­ron fue con­ce­der­le la jubi­la­ción anti­ci­pa­da quin­ce años antes de que alcan­za­ra la edad reglamentaria.

Uno de los agen­tes con­de­na­dos por tor­tu­rar a Ana Ere­ño estu­vo invo­lu­cra­do en la gue­rra sucia. Se tra­ta de Leon­cio Cas­tro gran ami­go de Ame­do, ambos son de Lugo, quien según un artícu­lo publi­ca­do por el dia­rio El Mun­do el 10 de octu­bre de 1995 era «el jefe de ope­ra­cio­nes del GAL» en Nafarroa.

Leo Cas­tro no fue, ade­más, el úni­co con­de­na­do por tor­tu­rar a Ana Ere­ño que estu­vo direc­ta­men­te impli­ca­do en la gue­rra sucia. Tam­bién lo estu­vo uno de los agen­tes indul­ta­dos, Julio Hie­rro, quien fue asi­mis­mo con­de­na­do en el caso del secues­tro de Segun­do Marey, la pri­me­ra acción de gue­rra sucia rei­vin­di­ca­da usan­do las siglas GAL.

Hie­rro fue indul­ta­do en ambos casos, el de tor­tu­ras y el de gue­rra sucia, y tras dejar la poli­cía fue duran­te muchos años jefe de segu­ri­dad en Espa­ña de una de las gran­des mar­cas de auto­mó­vi­les fran­ce­sa, Peu­geot. Sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te, la segu­ri­dad de la prin­ci­pal mar­ca fran­ce­sa, Renault, estu­vo a car­go del famo­so tor­tu­ra­dor fran­quis­ta José Anto­nio Gon­zá­lez Pache­co «Billy el Niño».

Como se ve, en el caso de Ana Ere­ño, de cin­co tor­tu­ra­do­res con­de­na­dos en fir­me, dos reci­bie­ron el indul­to guber­na­men­tal y a otros dos nun­ca se les apli­có la pena, ya que se les acor­dó la jubi­la­ción anti­ci­pa­da, muchos años antes de la edad regla­men­ta­ria. Así, tan solo apli­ca­ron una de las con­de­nas y ade­más con cator­ce años de retra­so. Ha pasa­do tres cuar­tos de lo mis­mo en el res­to de casos de tor­tu­ras rela­cio­na­dos con el con­flic­to polí­ti­co que sufre Eus­kal Herria en los que ha habi­do con­de­nas firmes.

Ade­más, según demues­tran cua­tro sen­ten­cias judi­cia­les refe­ri­das a dos casos de tor­tu­ras y otros tan­tos de gue­rra sucia, suce­di­dos entre agos­to de 1983 y febre­ro de 1984, guar­dias civi­les y poli­cías se dedi­ca­ron al mis­mo tiem­po a tor­tu­rar en cuar­te­les y comi­sa­rías espa­ño­les y a eje­cu­tar accio­nes de gue­rra sucia que incluían tam­bién la tortura.

En lo que res­pec­ta a la Guar­dia Civil, Galin­do y varios de sus hom­bres de máxi­ma con­fian­za en el cuar­tel de Intxau­rron­do fue­ron con­de­na­dos por la que se con­si­de­ra pri­me­ra acción de los GAL, el secues­tro en Baio­na, en octu­bre de 1983, de los refu­gia­dos tolo­sa­rras Josean Lasa y Joxi Zaba­la. Ambos fue­ron des­pués tor­tu­ra­dos, ase­si­na­dos y ente­rra­dos en cal viva, y dos de los agen­tes con­de­na­dos por ello, Enri­que Dora­do y Feli­pe Bayo, tam­bién lo fue­ron por tor­tu­rar dos meses antes a Jokin Olano.

Por otra par­te, la pla­na mayor de la poli­cía de Bil­bo y algu­nos de sus agen­tes fue­ron con­de­na­dos por secues­trar en Hen­daia, en diciem­bre de 1983, al ciu­da­dano fran­cés Segun­do Marey. Se tra­tó de un error, ya que su obje­ti­vo era un refu­gia­do que hubie­se teni­do el mis­mo horri­ble final que Lasa y Zaba­la. Fue la pri­me­ra acción rei­vin­di­ca­da usan­do las siglas GAL y uno de los con­de­na­dos por ello, el jefe de la Bri­ga­da Regio­nal de Infor­ma­ción de Biz­kaia, Julio Hie­rro, fue asi­mis­mo con­de­na­do por tor­tu­rar dos meses des­pués per­so­nal­men­te a Jose Ramon Quin­ta­na y Kepa Otero.

Por lo tan­to, que­dó judi­cial­men­te pro­ba­do, en dos sen­ten­cias dife­ren­tes, que los hom­bres de Galin­do secues­tra­ron a Lasa y Zaba­la dos meses des­pués de tor­tu­rar a Jokin Olano. Y en otras dos sen­ten­cias, que Julio Hie­rro par­ti­ci­pó en el secues­tro de Marey, al que some­tie­ron a tor­tu­ras has­ta que se die­ron cuen­ta que nada tenía que ver con ETA, dos meses antes de tor­tu­rar a Ote­ro y Quintana.

Ade­más, bien raras han sido las oca­sio­nes en que se han eje­cu­ta­do real­men­te las sen­ten­cias cuan­do no ha habi­do indul­tos. He ahí otra fla­gran­te prue­ba de la impu­ni­dad y los pri­vi­le­gios de que han goza­do y siguen gozan­do los tor­tu­ra­do­res en el Esta­do español.

Xabier Maka­za­ga, inves­ti­ga­dor del terro­ris­mo de Estado

13 de mar­zo de 2025

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