The diplomats and officers of Central Powers and Russia signing the Treaty of Brest-Litovsk ratifying the exit of Russia from World War I. Brest-Litovsk, 3rd March 1918

Cara­cas no es Brest Litovsk: una res­pues­ta a la tesis que jus­ti­fi­ca la clau­di­ca­ciòn del gobierno venezolano

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Tras la agre­sión mili­tar de Esta­dos Uni­dos a Vene­zue­la del pasa­do 3 de enero, se han suce­di­do en ese país una serie de deci­sio­nes polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas y diplo­má­ti­cas de extra­or­di­na­rio cala­do, cuyo alcan­ce y sig­ni­fi­ca­do es pre­ci­so exa­mi­nar a la luz de las evi­den­cias disponibles.

Entre las prin­ci­pa­les medi­das apro­ba­das por el Gobierno de Delcy Rodrí­guez, cabe des­ta­car las siguientes:

  • La apro­ba­ción de una refor­ma exprés de la Ley de Hidro­car­bu­ros que vie­ne a satis­fa­cer las exi­gen­cias de Donald Trump para la explo­ta­ción de los recur­sos petro­le­ros por par­te de las trans­na­cio­na­les norteamericanas.
  • Una Ley de Amnis­tía que bene­fi­cia a los lla­ma­dos «gua­rim­be­ros», res­pon­sa­bles de gra­ves crí­me­nes come­ti­dos duran­te cam­pa­ñas de terro­ris­mo calle­je­ro, que ha sido acom­pa­ña­da de «una peti­ción de per­dón» hacia los amnis­tia­dos for­mu­la­da por el pre­si­den­te de la Asam­blea Nacio­nal, Jor­ge Rodríguez.
  • La recep­ción en Cara­cas, por par­te de Delcy Rodrí­guez, del direc­tor de la CIA y de la jefa de nego­cios de Esta­dos Uni­dos envia­da por el macar­tis­ta Mar­co Rubio para super­vi­sar «la tran­si­ción» en Venezuela.
  • La eli­mi­na­ción de los pre­cios máxi­mos impues­tos a pro­duc­tos esen­cia­les para per­mi­tir que estos sean fija­dos por el «mer­ca­do».
  • El cor­te de sumi­nis­tro de petró­leo a Cuba, en un momen­to crí­ti­co pro­vo­ca­do por el blo­queo ener­gé­ti­co impues­to por Donald Trump a la Isla, que está ponien­do al pue­blo cubano al bor­de de una catás­tro­fe humanitaria.
  • Y, final­men­te, la visi­ta a Cara­cas del secre­ta­rio de Ener­gía de Trump, Chris Wright, para encon­trar­se con la «pre­si­den­ta encar­ga­da» del país lati­no­ame­ri­cano y hacer públi­cos los nue­vos acuer­dos eco­nó­mi­cos para la explo­ta­ción de los recur­sos ener­gé­ti­cos del país en bene­fi­cio de las com­pa­ñías esta­dou­ni­den­ses. Según expre­só la pro­pia Delcy Rodrí­guez, la reu­nión con el repre­sen­tan­te de Trump se pro­du­jo con obje­to de «esta­ble­cer una aso­cia­ción pro­duc­ti­va, a lar­go tiem­po, que per­mi­ta una agen­da ener­gé­ti­ca que se con­vier­ta en motor de la rela­ción bila­te­ral entre ambos paí­ses»1 (1).

Estos hechos, jun­to a la abier­ta satis­fac­ción expre­sa­da por Trump ante la evo­lu­ción de los acon­te­ci­mien­tos y sus pala­bras de reco­no­ci­mien­to hacia la pre­si­den­ta Delcy Rodrí­guez, cons­ti­tu­yen un con­jun­to de fuer­tes evi­den­cias que abo­nan la tesis de que esta­ría­mos asis­tien­do a una capi­tu­la­ción del eje­cu­ti­vo vene­zo­lano ante las exi­gen­cias de Washing­ton y a la entre­ga de la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca del país a los intere­ses norteamericanos.

Cier­ta­men­te, acep­tar esta posi­bi­li­dad resul­ta dolo­ro­so para quie­nes duran­te años han creí­do en la natu­ra­le­za anti­im­pe­ria­lis­ta del pro­ce­so boli­va­riano, com­par­tien­do la expec­ta­ti­va de que Hugo Chá­vez había abier­to las puer­tas de un futu­ro pro­gre­sis­ta para Vene­zue­la. Resul­ta com­pren­si­ble tam­bién, por tan­to, que algu­nos, como el abo­ga­do y ana­lis­ta polí­ti­co gran­ca­na­rio José Manuel Rive­ro, plan­teen una tesis alter­na­ti­va a la de la ren­di­ción de la cúpu­la vene­zo­la­na: que no nos encon­tra­ría­mos real­men­te ante esta clau­di­ca­ción, sino tan solo ante una «reti­ra­da estra­té­gi­ca», en una situa­ción de extre­ma peli­gro­si­dad, con vis­tas a una futu­ra e hipo­té­ti­ca recom­po­si­ción del proyecto.

Brest-Litovsk: una paz one­ro­sa en el mar­co de la inci­pien­te revo­lu­ción rusa

La tesis uti­li­za­da para jus­ti­fi­car las medi­das del Gobierno de Delcy Rodrí­guez plan­tea que la situa­ción actual de Vene­zue­la sería com­pa­ra­ble a la que se enfren­ta­ron, en 1918, los diri­gen­tes bol­che­vi­ques, cuan­do se vie­ron obli­ga­dos a fir­mar el Tra­ta­do de Brest-Litovsk. Un tra­ta­do de paz one­ro­so, por el que Rusia pudo salir de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial cedien­do terri­to­rios, pobla­ción y recur­sos indus­tria­les a la Ale­ma­nia impe­rial y que Lenin acep­tó como una reti­ra­da for­za­da para sal­var al inci­pien­te Esta­do sovié­ti­co que, a pocos meses del esta­lli­do de la Revo­lu­ción, se deba­tía entre la vida y la muerte.

De acuer­do con esta ana­lo­gía, el eje­cu­ti­vo vene­zo­lano esta­ría hacien­do hoy algo simi­lar a lo que hicie­ron los rusos en 1918, con el obje­ti­vo de «ganar tiem­po y reor­ga­ni­zar las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias», para «sal­var al país de una ani­qui­la­ción total» y con­se­guir la libe­ra­ción de Nico­lás Madu­ro y su esposa.

Este plan­tea­mien­to, sos­te­ni­do por José Manuel Rive­ro en su artícu­lo «Brest-Litovsk en el Cari­be: la auda­cia leni­nis­ta fren­te a la ani­qui­la­ción», que publi­ca tam­bién este dia­rio digi­tal, es el mis­mo que defien­den otros ana­lis­tas y polí­ti­cos, como el diri­gen­te de IU Manu Pine­da o el cofun­da­dor de la for­ma­ción social­de­mó­cra­ta Pode­mos, Juan Car­los Monedero.

En este pun­to con­vie­ne evi­tar el ries­go, muy fre­cuen­te en deba­tes de esta natu­ra­le­za, de inten­tar sus­ti­tuir el aná­li­sis con­cre­to por la invo­ca­ción gené­ri­ca de supues­tos pre­ce­den­tes his­tó­ri­cos o de figu­ras revo­lu­cio­na­rias del pres­ti­gio de Lenin. Lo per­ti­nen­te no es la auto­ri­dad del nom­bre invo­ca­do, como si ello bas­ta­se para vali­dar un plan­tea­mien­to, sino eva­luar si aque­lla expe­rien­cia guar­da real­men­te algu­na rela­ción con la actual coyun­tu­ra venezolana.

Pase­mos, pues, a ana­li­zar cuál es el gra­do de per­ti­nen­cia que se podría atri­buir a la ana­lo­gía entre el tra­ta­do de paz de Brest-Litovsk y la situa­ción que se vive hoy en el cita­do país latinoamericano.

Según afir­ma José Manuel Rivero:

Lo que Delcy Rodrí­guez, como pre­si­den­ta encar­ga­da, eje­cu­ta hoy es una trans­po­si­ción dia­léc­ti­ca, sal­van­do las dis­tan­cias his­tó­ri­cas, de la lec­ción estra­té­gi­ca de Brest-Litovsk2 (2).

Para el letra­do y analista:

Al sen­tar­se a hablar de «jus­ti­cia comer­cial» ante las cáma­ras esta­dou­ni­den­ses, (Rodrí­guez) está apli­can­do la máxi­ma leni­nis­ta en el Cari­be: ceder «espa­cio» (recur­sos ener­gé­ti­cos, cuo­tas de mer­ca­do) para ganar «tiem­po» (la super­vi­ven­cia físi­ca del Esta­do y la reor­ga­ni­za­ción de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias)3. (3).

Lo pri­me­ro que resul­ta impres­cin­di­ble recor­dar al res­pec­to de esta com­pa­ra­ción es que el Tra­ta­do de Brest-Litovsk fue fir­ma­do por un Esta­do que ape­nas hacía unos meses aca­ba­ba de nacer de una revo­lu­ción socia­lis­ta y en un país que había sido embar­ca­do por el zar Nico­lás II en una gue­rra imperialista.

Cuan­do, el 3 de mar­zo de 1918, los bol­che­vi­ques fir­ma­ron el Tra­ta­do de Brest Litovks, Rusia lle­va­ba tres años desan­grán­do­se en la defen­sa de unos intere­ses que nada tenían que ver con los del pue­blo ruso, que se dejó en esa con­tien­da unos 2 millo­nes de muer­tos y alre­de­dor de 5 millo­nes de heri­dos. El ejér­ci­to ruso esta­ba exhaus­to, mal equi­pa­do y sin moral. Los cam­pe­si­nos, que eran la mayo­ría de los sol­da­dos, no enten­dían por qué debían morir en aque­lla gue­rra impe­ria­lis­ta, por lo que las deser­cio­nes se hicie­ron multitudinarias.

La pro­pues­ta bol­che­vi­que de con­cer­tar la «paz» con Ale­ma­nia no res­pon­dió a un cálcu­lo diplo­má­ti­co con­ven­cio­nal, sino a la nece­si­dad impe­rio­sa de poner fin a una gue­rra que el pue­blo ya recha­za­ba masi­va­men­te. Los bol­che­vi­ques habían trans­for­ma­do esa exi­gen­cia en su prin­ci­pal con­sig­na polí­ti­ca del momen­to: «Paz, pan y tie­rra». Un eslo­gan que logró sin­te­ti­zar con acier­to lo que la mayo­ría del pue­blo esta­ba recla­man­do en aque­llos días.

La Rusia revo­lu­cio­na­ria fir­mó el Tra­ta­do de Brest-Litovsk, pues, en un con­tex­to lími­te. El ejér­ci­to esta­ba prác­ti­ca­men­te des­com­pues­to tras años de gue­rra, la gue­rra civil comen­za­ba a aso­mar con fuer­za, el nue­vo poder care­cía toda­vía de una estruc­tu­ra esta­tal con­so­li­da­da y, ade­más, la inter­ven­ción extran­je­ra era una ame­na­za real e inme­dia­ta. En esas con­di­cio­nes, con­ti­nuar la gue­rra sig­ni­fi­ca­ba el colap­so del gobierno recién sur­gi­do de la revo­lu­ción. Por eso la fir­ma del tra­ta­do no fue pre­sen­ta­da como una alian­za con el impe­ria­lis­mo ale­mán, sino como todo lo con­tra­rio, y supu­so tam­bién la rup­tu­ra con los com­pro­mi­sos impe­ria­lis­tas sus­cri­tos por los gobier­nos del zar Nico­lás II con Fran­cia e Inglaterra.

En 1918, los diri­gen­tes bol­che­vi­ques, cier­ta­men­te, tuvie­ron que ceder recur­sos y terri­to­rios. Pero las cesio­nes de Brest-Litovsk no se tra­du­je­ron en un «cam­bio de rum­bo» en el pro­yec­to socia­lis­ta revo­lu­cio­na­rio, sino que posi­bi­li­ta­ron su con­ti­nui­dad y pro­fun­di­za­ción en las con­di­cio­nes más adversas.

Vene­zue­la: ¿una socie­dad capi­ta­lis­ta com­pa­ra­ble con la Rusia de Lenin?

Quie­nes sos­tie­nen la per­ti­nen­cia de com­pa­rar la polí­ti­ca de los bol­che­vi­ques rusos en 1918 con la del gobierno de Delcy Rodrí­guez par­ten de la pre­mi­sa fal­sa –explí­ci­ta o implí­ci­ta– de que Vene­zue­la esta­ría inmer­sa tam­bién en un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio de cons­truc­ción del socia­lis­mo. La reali­dad es, por el con­tra­rio, que la socie­dad vene­zo­la­na actual solo pue­de ser carac­te­ri­za­da como una for­ma­ción social capi­ta­lis­ta depen­dien­te de la ren­ta petrolera.

A pesar del dis­cur­so ofi­cial sobre el socia­lis­mo del siglo XXI, la mayor par­te de la eco­no­mía vene­zo­la­na sigue estan­do en manos del sec­tor pri­va­do. Según las cifras apor­ta­das por la eco­no­mis­ta vene­zo­la­na Pas­qua­li­na Cur­cio, los datos ofi­cia­les del INE para el año 2008 (últi­mas cifras publi­ca­das has­ta 2023), indi­ca­ban que «de las 28.222 uni­da­des eco­nó­mi­cas corres­pon­dien­tes a la acti­vi­dad indus­trial, solo el 1,2% esta­ba en manos del sec­tor públi­co, el 98,71% res­tan­te per­te­ne­cía al sec­tor pri­va­do»4. (4).

En lo rela­ti­vo a la acti­vi­dad comer­cial y de ser­vi­cios, el «0,12% y el 0,88%, res­pec­ti­va­men­te, per­te­ne­cían al sec­tor públi­co, mien­tras la indus­tria, el comer­cio y los ser­vi­cios siguen estan­do prin­ci­pal­men­te en manos del sec­tor pri­va­do»5 (5).

En lo que res­pec­ta a la dis­tri­bu­ción de la ren­ta nacio­nal, los datos ofi­cia­les del Ban­co Cen­tral de Vene­zue­la –cita­dos por el inte­lec­tual Luis Brit­to Gar­cía– refle­jan que en el año 2015 la repar­ti­ción del PIB era apro­xi­ma­da­men­te igual entre el empre­sa­ria­do y la cla­se tra­ba­ja­do­ra, mien­tras que once años des­pués «dos ter­ce­ras par­tes van a manos de los empre­sa­rios y solo una ter­ce­ra par­te a la cla­se tra­ba­ja­do­ra»6 (6). Una ten­den­cia que, obje­ti­va­men­te, apun­ta en la direc­ción con­tra­ria a la de cual­quier tipo de «pro­fun­di­za­ción revo­lu­cio­na­ria» del pro­ce­so bolivariano.

La socie­dad vene­zo­la­na, en efec­to, no ha supe­ra­do nun­ca los mar­cos del sis­te­ma capi­ta­lis­ta e inclu­so nue­vos sec­to­res de la bur­gue­sía flo­re­cie­ron vin­cu­la­dos al apa­ra­to del Esta­do duran­te los dife­ren­tes gobier­nos boli­va­ria­nos. Pese a ello, Vene­zue­la sí ha repre­sen­ta­do duran­te años un ejem­plo de resis­ten­cia anti­im­pe­ria­lis­ta que, sin embar­go, no se expli­ca cómo podría sos­te­ner­se cedien­do la ges­tión del prin­ci­pal recur­so eco­nó­mi­co del país, el petró­leo, a las empre­sas nor­te­ame­ri­ca­nas median­te la refor­ma de la Ley de Hidro­car­bu­ros y los acuer­dos fir­ma­dos con el secre­ta­rio de Ener­gía de Donald Trump.

La ver­dad como con­di­ción de cual­quier reti­ra­da no claudicante

Legí­ti­ma­men­te, el lec­tor se podría pre­gun­tar si no sería posi­ble que, inclu­so en este mar­co capi­ta­lis­ta, las con­ce­sio­nes efec­tua­das por el Gobierno de Delcy Rodrí­guez a Esta­dos Uni­dos ten­gan el pro­pó­si­to de acu­mu­lar fuer­zas para un futu­ro con­tra­ata­que. ¿No podría todo for­mar par­te de una estra­te­gia, que se man­tie­ne con­ve­nien­te­men­te ocul­ta y que res­pon­da a lo que José Manuel Rive­ro cali­fi­ca en su artícu­lo como «una juga­da de una auda­cia polí­ti­ca indis­cu­ti­ble»7 (7)?

Antes de res­pon­der a esta pre­gun­ta es nece­sa­rio reco­no­cer que, efec­ti­va­men­te, en la gue­rra –y la polí­ti­ca es una for­ma de gue­rra – , exis­ten las reti­ra­das estra­té­gi­cas y las con­ce­sio­nes tác­ti­cas. Indu­da­ble­men­te, hay coyun­tu­ras en las que resul­ta pre­ci­so ceder y retro­ce­der para no per­der­lo todo.

Sin embar­go, tam­bién exis­te un fac­tor esen­cial que, sin ser infa­li­ble, ofre­ce una orien­ta­ción fun­da­men­tal para dife­ren­ciar las ver­da­de­ras reti­ra­das estra­té­gi­cas de las ren­di­cio­nes dis­fra­za­das con fra­seo­lo­gía pseu­do­rre­vo­lu­cio­na­ria: el dis­cur­so hon­ra­do y veraz de los dirigentes.

Cuan­do Lenin fir­mó el Tra­ta­do de Brest-Litovsk no lo pre­sen­tó como una vic­to­ria, ni como una opor­tu­ni­dad his­tó­ri­ca. Lo defi­nió abier­ta­men­te como una paz humi­llan­te y for­za­da, impues­ta por la debi­li­dad mili­tar de Rusia. Admi­tió que era un retro­ce­so, que se cedían terri­to­rios y recur­sos y expli­có, abier­ta­men­te, que era nece­sa­rio para pre­ser­var el poder obre­ro y seguir cons­tru­yen­do el socia­lis­mo. No maqui­lló la realidad.

Muchos años des­pués, cuan­do tras la caí­da de la URSS, Cuba se vio obli­ga­da a intro­du­cir medi­das eco­nó­mi­cas u orien­tar­se hacia acti­vi­da­des que no for­ma­ban par­te del ini­cial pro­yec­to revo­lu­cio­na­rio, Fidel Cas­tro fue cla­ro, hon­ra­do y direc­to con el pue­blo cubano.

«Con esto no esta­mos avan­zan­do en la cons­truc­ción del socia­lis­mo; esta­mos sal­van­do las con­quis­tas bási­cas de la revo­lu­ción», reco­no­ció abier­ta­men­te Fidel.

El líder cubano no ven­dió las con­ce­sio­nes nece­sa­rias como «avan­ces». Las pre­sen­tó como lo que eran: medi­das defen­si­vas en con­di­cio­nes extremas.

Este dis­cur­so veraz es con­di­ción abso­lu­ta­men­te indis­pen­sa­ble para que las reti­ra­das estra­té­gi­cas, o las «con­ce­sio­nes tác­ti­cas», pue­dan dar lugar, ver­da­de­ra­men­te, a un rear­me y reor­ga­ni­za­ción de las fuer­zas popu­la­res. De otro modo, los pue­blos que­dan ideo­ló­gi­ca­men­te des­orien­ta­dos e iner­mes ante la posi­bi­li­dad de que los retro­ce­sos se con­so­li­den definitivamente.

Para esta­ble­cer el gra­do de plau­si­bi­li­dad de la tesis «Brest-Litovsk en el Cari­be» es pre­ci­so pre­gun­tar­se, pues, qué está hacien­do, en este sen­ti­do, el Gobierno de Delcy Rodríguez.

Como se ha podi­do cons­ta­tar en las últi­mas sema­nas, jus­ta­men­te lo con­tra­rio de lo que en su día hicie­ran Lenin o Fidel Cas­tro. Dar la bien­ve­ni­da al envia­do de Donald Trump y mani­fes­tar públi­ca­men­te su deseo de que los acuer­dos fir­ma­dos para la explo­ta­ción de las rique­zas vene­zo­la­nas por par­te de los Esta­dos Unidos

sean una aso­cia­ción pro­duc­ti­va a lar­go tiem­po, que per­mi­ta una agen­da ener­gé­ti­ca que se con­vier­ta en motor de la rela­ción bila­te­ral, que sea pro­duc­ti­va y bene­fi­cio­sa para ambos paí­ses8 (8).

Así como expre­sar su con­ven­ci­mien­to de que las dife­ren­cias de Vene­zue­la con los Esta­dos Unidos

se podrán resol­ver a tra­vés de la diplo­ma­cia, asu­mien­do con madu­rez como poder seguir avan­zan­do de for­ma con­jun­ta9 (9).

El men­sa­je lan­za­do por Rodrí­guez se encuen­tra, en defi­ni­ti­va, en las antí­po­das de lo que reque­ri­rían los vene­zo­la­nos anti­im­pe­ria­lis­tas para movi­li­zar­se y reor­ga­ni­zar­se con­tra un Impe­rio que aho­ra ya no es pre­sen­ta­do como el prin­ci­pal enemi­go del país, sino como su nue­vo socio estratégico.

En el mis­mo sen­ti­do, la amnis­tía con­ce­di­da a los «gua­rim­be­ros», acom­pa­ña­da con el lla­ma­mien­to de Jor­ge Rodrí­guez a los cha­vis­tas para que «pidan per­dón» a los amnis­tia­dos, sola­men­te pue­de des­ar­mar moral e ideo­ló­gi­ca­men­te a los sec­to­res del cha­vis­mo que aún pudie­ran man­te­ner una acti­tud com­ba­ti­va. Cabe recor­dar que quie­nes aho­ra sal­drán a la calle como con­se­cuen­cia de dicha amnis­tía –que José Manuel Rive­ro cali­fi­ca como «una medi­da de Esta­do pro­fun­da­men­te sobe­ra­na y valien­te»10– (10) habían sido con­de­na­dos por come­ter algu­nos de los peo­res crí­me­nes en el mar­co del terro­ris­mo callejero.

En la izquier­da tam­bién arras­tra­mos una for­ma lai­ca de pen­sa­mien­to religioso

Con toda la evi­den­cia acu­mu­la­da des­de el pasa­do 3 de enero, y a fal­ta de que alguien apor­te otra que apun­te en un sen­ti­do con­tra­rio, la afir­ma­ción de José Manuel Rive­ro de que lo que esta­mos pre­sen­cian­do for­ma­ría par­te de una suer­te de estra­te­gia que «la his­to­ria absol­ve­rá con la pers­pec­ti­va del tiem­po»11 (11) cons­ti­tu­ye –en sen­ti­do estric­to y sin nin­gún áni­mo peyo­ra­ti­vo– una cons­truc­ción espe­cu­la­ti­va sin fundamento.

La difi­cul­tad para acep­tar una reali­dad dura, y que sin duda trae­rá con­se­cuen­cias gra­ves para toda Lati­noa­mé­ri­ca, lle­va a inven­tar otra «reali­dad» más cómo­da, aun­que los hechos demues­tren cla­ra­men­te lo contrario.

Jun­to al mie­do que todos sen­ti­mos a enfren­tar­nos a este tipo de esce­na­rios polí­ti­cos y que con­du­ce muchas veces a esta nega­ción de la evi­den­cia, esa for­ma de aná­li­sis par­te tam­bién de una fe incon­di­cio­nal en que los diri­gen­tes que iden­ti­fi­ca­mos pre­via­men­te como «los nues­tros», siem­pre «saben lo que hacen», son hon­ra­dos y «revo­lu­cio­na­rios». Se tra­ta de una for­ma lai­ca de pen­sa­mien­to reli­gio­so que con­ti­núa sien­do uno de los mayo­res las­tres de deter­mi­na­dos sec­to­res de la izquierda.

Una vez asu­mi­da esta con­cep­ción de la polí­ti­ca, cual­quier medi­da que impon­gan los gober­nan­tes de turno nace pre­via­men­te jus­ti­fi­ca­da, por recha­za­ble que esta sea y por más daño que pue­da oca­sio­nar a los pue­blos. Si Delcy Rodrí­guez acu­die­ra en los pró­xi­mos meses a ren­dir plei­te­sía a Donald Trump en la Casa Blan­ca, como está anun­cia­do que va a suce­der, la tesis de «Brest-Litovsk en el Cari­be ser­vi­ría para pre­sen­tar esa visi­ta a la capi­tal del Impe­rio como otra con­ce­sión tác­ti­ca, inclui­da en la «juga­da de una auda­cia polí­ti­ca indis­cu­ti­ble»12 (12) del gobierno venezolano.

Lo más gra­ve de esta for­ma de pen­sa­mien­to es, pre­ci­sa­men­te, ese demo­le­dor efec­to polí­ti­co. Deja a los pue­blos a mer­ced de las deci­sio­nes –y even­tua­les trai­cio­nes– de las cúpu­las diri­gen­tes. Sus­ti­tuir la vigi­lan­cia crí­ti­ca por la con­fian­za reli­gio­sa no for­ta­le­ce los pro­ce­sos eman­ci­pa­do­res, los debi­li­ta. Es, exac­ta­men­te, lo con­tra­rio del tipo de cul­tu­ra cons­cien­te, exi­gen­te y polí­ti­ca­men­te adul­ta que resul­ta impres­cin­di­ble pro­mo­ver en las bases socia­les que han de impul­sar cual­quier pro­ce­so de cam­bio poten­cial­men­te revolucionario.

Cuba, con­tra­ejem­plo de resis­ten­cia fren­te al imperialismo

En la par­te final de su artícu­lo, José Manuel Rive­ro sos­tie­ne que quie­nes no com­par­ti­mos su tesis esta­ría­mos pen­san­do des­de «pos­tu­la­dos abs­trac­tos»13 (12). Y esta­ría­mos olvi­dan­do, ade­más, que «el obje­ti­vo supre­mo en esta eta­pa no es la pure­za de una esté­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, sino dos metas con­cre­tas e irre­nun­cia­bles: evi­tar que Vene­zue­la sea redu­ci­da a ceni­zas como Gaza y lograr el regre­so con vida de Nico­lás Madu­ro y Cilia Flo­res»14 (13).

A lo lar­go de este artícu­lo cree­mos haber mos­tra­do, por el con­tra­rio, que nues­tro aná­li­sis se basa en hechos obje­ti­vos: refor­mas lega­les, acuer­dos ener­gé­ti­cos y deci­sio­nes polí­ti­cas veri­fi­ca­bles. Pero, igual de con­cre­ta, pre­sen­te y cer­ca­na, es otra expe­rien­cia que repre­sen­ta el ejem­plo con­tra­rio a la for­ma de res­pon­der a los ata­ques impe­ria­lis­tas que ha adop­ta­do el gobierno vene­zo­lano. Una que ha demos­tra­do, a lo lar­go de la his­to­ria, ser la úni­ca capaz de resis­tir los emba­tes del abu­si­vo gigan­te del Nor­te. Esa evi­den­cia con­cre­ta tie­ne un nom­bre: Cuba.

Duran­te más de seis déca­das, la peque­ña isla cari­be­ña ha sopor­ta­do el más per­ti­naz blo­queo eco­nó­mi­co, inten­tos de inva­sión, sabo­ta­jes y una pre­sión sis­te­má­ti­ca des­ti­na­da a asfi­xiar­la, sin haber clau­di­ca­do. Si la lógi­ca de la ren­di­ción «tác­ti­ca» que hoy se defien­de para Vene­zue­la se hubie­ra apli­ca­do a la revo­lu­ción cuba­na, esta debe­ría haber­se entre­ga­do a las exi­gen­cias del impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano prác­ti­ca­men­te des­de su nacimiento.

En 1962, Fidel Cas­tro debe­ría haber opta­do por el «rea­lis­mo», ya que Cuba estu­vo, lite­ral­men­te, al bor­de de la des­truc­ción nuclear. Tras la caí­da de la URSS, cuan­do la isla per­dió de gol­pe su prin­ci­pal sos­tén eco­nó­mi­co, que­dó total­men­te ais­la­da, y la nue­va Rusia de los oli­gar­cas le reti­ró cual­quier tipo de apo­yo ante el recru­de­ci­mien­to del blo­queo, la lógi­ca que hoy sir­ve para jus­ti­fi­car la clau­di­ca­ción en Vene­zue­la tam­bién debe­ría haber lle­va­do al gobierno cubano a ser «prag­má­ti­co». A aban­do­nar su «dog­ma­tis­mo» revo­lu­cio­na­rio, dan­do entra­da al capi­tal extran­je­ro, como insis­tían deter­mi­na­dos «ami­gos» espa­ño­les, miem­bros del gobierno de Feli­pe Gon­zá­lez, que se empe­ña­ron en «acon­se­jar» a Fidel Cas­tro, pre­ten­dien­do hacer­le ver «que el mun­do había cam­bia­do» y su resis­ten­cia numan­ti­na había «pasa­do de moda».

Como bien sabe­mos, Cuba no clau­di­có. No hizo con­ce­sio­nes de prin­ci­pio. Nun­ca vimos a Fidel Cas­tro dan­do la bien­ve­ni­da en La Haba­na al jefe de la CIA o ven­dien­do la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca del país. Cuba resis­tió y resis­te hoy, en las peo­res cir­cuns­tan­cias y aho­ra sin el petró­leo que el gobierno de Delcy Rodrí­guez ya no envía a la isla. Y es por esa razón por la que sigue sien­do uno de los prin­ci­pa­les ejem­plos que aún le que­dan a la izquier­da revo­lu­cio­na­ria a nivel mundial.

La expe­rien­cia cuba­na mues­tra que la super­vi­ven­cia fren­te al impe­ria­lis­mo no depen­de de ple­gar­se dócil­men­te a sus exi­gen­cias, sino de sos­te­ner una volun­tad colec­ti­va orga­ni­za­da y dis­pues­ta a asu­mir sacri­fi­cios para pre­ser­var la inde­pen­den­cia política.

Por el con­tra­rio, ape­lar a una posi­ble «des­truc­ción total» como jus­ti­fi­ca­ción para ceder en prin­ci­pios esen­cia­les es, sim­ple y lla­na­men­te, una expre­sión de que el enemi­go ya ha ven­ci­do pre­via­men­te por medio del terror, por­que la ame­na­za de estran­gu­la­mien­to y agre­sión será siem­pre una cons­tan­te para cual­quier pro­ce­so polí­ti­co que aspi­re a trans­for­mar real­men­te la sociedad.

Mucho más cues­tio­na­ble es, por supues­to, incluir en el «obje­ti­vo supre­mo»15 (14) de un país la libe­ra­ción de dos per­so­nas –como afir­ma José Manuel Rive­ro – , si ello impli­ca entre­gar la sobe­ra­nía de la nación. Ese no pue­de ser jamás el plan­tea­mien­to de una polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, en la que nin­gún indi­vi­duo pue­de situar­se por enci­ma de los pro­yec­tos colectivos.

La his­to­ria real, no la que se recons­tru­ye a par­tir de ana­lo­gías for­za­das, indi­ca cuál es el úni­co camino que ha per­mi­ti­do resis­tir y sobre­vi­vir a los emba­tes impe­ria­les. Y ese camino, des­de lue­go, nun­ca ha sido el de la claudicación.

Cris­to­bal Gar­cía Vega

18 de febre­ro de 2026

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