Han pasado 365 días desde el inicio de la continua agresión de la ocupación «israelí» contra la ciudad de Tulkarem y sus campamentos, Tulkarem y Nour Shams [Cisjordanina ocupada], en una de las oleadas de escalada más largas y duras que ha vivido la gobernación, una agresión caracterizada por la destrucción sistemática, el desplazamiento forzoso y un asedio asfixiante.
Desde el 27 de enero de 2025, las fuerzas de ocupación han continuado su amplia agresión que comenzó en el campo de Yenin antes de extenderse a la provincia de Tulkarem, convirtiendo los campos de Tulkarem y Nour Shams en zonas casi deshabitadas tras la destrucción masiva de viviendas e infraestructuras, lo que ha impuesto una realidad humanitaria catastrófica a miles de familias.
Durante todo un año, los vehículos de ocupación no abandonaron las calles de la ciudad, sus entradas ni los callejones de los dos campamentos. Se llevaron a cabo incursiones casi diarias, se instalaron puestos de control volantes y se produjeron repetidas redadas en viviendas y comercios, acompañadas de interrogatorios sobre el terreno a los ciudadanos y del cierre de las principales carreteras, lo que restringió la vida cotidiana y paralizó la actividad comercial y educativa.
La ciudad fue testigo de repetidas incursiones militares desde sus entradas sur y oeste, acompañadas de un asedio al Hospital Público Mártir Thabet Thabet y al Hospital Especializado Al-Israa, y de la obstrucción deliberada del trabajo de las ambulancias y los equipos médicos, en flagrante violación del derecho internacional humanitario.
La agresión causó la muerte de 14 ciudadanos, entre ellos un niño y dos mujeres, una de las cuales estaba embarazada de ocho meses, además de decenas de heridos. Además, durante el último año se registraron 830 casos de detenciones en la gobernación de Tulkarem, que afectaron a diversos grupos.
La ocupación también llevó a cabo operaciones de demolición a gran escala dentro de los dos campamentos, destruyendo por completo cientos de edificios residenciales y causando daños parciales a miles más, además de arrasar calles y destruir las redes de agua, electricidad y alcantarillado, en un claro intento de cambiar las características de los dos campamentos y borrar su estructura urbana y geográfica.
Esta agresión provocó el desplazamiento forzoso de más de 5.000 familias, lo que supone más de 25.000 ciudadanos, de los cuales los niños constituyen alrededor del 38%. Se distribuyeron entre pueblos y ciudades vecinas, y algunos buscaron refugio en mezquitas, sedes de asociaciones, clubes y salones de bodas, en condiciones de vida y humanitarias extremadamente duras.
El año estuvo marcado por bombardeos, explosiones e incendios de viviendas, disparos intensos con munición real, el uso de bombas sónicas y de gas, y sobrevuelos intensivos de drones. A esto se sumaron los ataques contra vehículos y propiedades, y la conversión de decenas de viviendas en cuarteles militares y centros de interrogatorio sobre el terreno, acompañados de torturas, amenazas, el uso de ciudadanos como escudos humanos, saqueos, pillajes y sabotajes deliberados.
A pesar de la magnitud de la destrucción y el sufrimiento, la población de la gobernación de Tulkarem sigue mostrando su firmeza ante la agresión, desafiando todas las circunstancias difíciles.
Tras un año completo de agresiones, Tulkarem y sus campamentos siguen siendo testigos de la política «sionista» basada en la destrucción y el desarraigo, y de una sólida voluntad palestina que se niega a doblegarse y de una resistencia continua, sin importar cuánto tiempo dure la agresión.
Comité de Medios de Comunicación de Tulkarem
Martes, 27 de enero de 2026
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