HBedFOcWAAEA4Wz

Cuba en la encru­ci­ja­da de un mul­ti­la­te­ra­lis­mo hipócrita

Tabla de contenidos

«El sín­to­ma del amo es pre­ci­sa­men­te no que­rer saber nada de lo que sos­tie­ne su poder.» — Jac­ques Lacan

El ase­dio per­fec­to: cuan­do la asfi­xia es la política

La actual cri­sis ener­gé­ti­ca que atra­vie­sa Cuba no es un acci­den­te de la natu­ra­le­za ni una mera falla de infra­es­truc­tu­ra. Es el pun­to álgi­do de un ase­dio geo­po­lí­ti­co dise­ña­do con pre­ci­sión qui­rúr­gi­ca a lo lar­go de seis déca­das. Lo que hoy vive la isla es la con­ver­gen­cia letal de la gue­rra eco­nó­mi­ca tra­di­cio­nal –el blo­queo –y un nue­vo con­tex­to inter­na­cio­nal don­de los acto­res que debe­rían equi­li­brar la balan­za han opta­do por lo que podría­mos deno­mi­nar una geo­po­lí­ti­ca de mínimos.

Cuba no solo enfren­ta la hos­ti­li­dad del impe­rio, sino el aban­dono silen­cio­so de aque­llos que, en teo­ría, debie­ran dispu­tar el orden unipolar.

Pero antes de ana­li­zar las coor­de­na­das geo­po­lí­ti­cas, es nece­sa­rio inte­rro­gar el mapa psí­qui­co que sub­ya­ce a esta situa­ción. Por­que lo que ocu­rre con Cuba no es solo un pro­ble­ma de corre­la­ción de fuer­zas; es tam­bién un pro­ble­ma de deseo, de fan­tas­ma polí­ti­co, de aque­llo que Freud lla­mó Ver­nei­nung, la nega­ción como for­ma de reco­no­ci­mien­to encu­bier­to. Los que aban­do­nan a Cuba la nie­gan, pero al negar­la, la con­fir­man, y sobre todo con­fir­man lo que nie­gan de sí mis­mos. El blo­queo exis­te por­que Cuba aún inter­pe­la, sigue sien­do un sín­to­ma incó­mo­do den­tro del sis­te­ma capi­ta­lis­ta glo­bal. Si Cuba no repre­sen­ta­ra nin­gu­na ame­na­za real, bas­ta­ría con igno­rar­la. El hecho de que haya que des­truir­la demues­tra que su mera exis­ten­cia sigue sien­do into­le­ra­ble para el orden del Amo.

La pre­gun­ta que sobre­vue­la este tex­to pue­de eno­jar a más de uno, pero es nece­sa­ria: ¿qué que­da de la soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal cuan­do los ges­tos sim­bó­li­cos reem­pla­zan a las accio­nes con­cre­tas? ¿Qué sig­ni­fi­ca real­men­te apo­yar a Cuba cuan­do el cer­co se estre­cha y la asfi­xia se vuel­ve mate­rial? Y sobre todo: ¿qué dice del con­jun­to de fuer­zas geo­po­lí­ti­cas que decla­ran que­rer otro mun­do, el hecho de que sean capa­ces de mirar ese aho­ga­mien­to sin mover una mano?

El aban­dono no decla­ra­do de los socios estratégicos

En estos días de ten­sio­nes mun­dia­les se des­em­pol­va tam­bién la teo­ría de las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les, en la que se abor­da el rea­lis­mo peri­fé­ri­co que des­cri­be la ten­den­cia de los Esta­dos a prio­ri­zar sus intere­ses inme­dia­tos –comer­cio, esta­bi­li­dad fron­te­ri­za, no inco­mo­dar al hege­món –sobre alian­zas ideo­ló­gi­cas o his­tó­ri­cas cuan­do la pre­sión del impe­rio aumen­ta. Pero el rea­lis­mo peri­fé­ri­co no alcan­za para expli­car del todo la con­duc­ta actual de Rusia y Chi­na fren­te a Cuba. Aquí ope­ra algo más pro­fun­do. Ope­ra la renun­cia al deseo pro­pio como con­di­ción para sobre­vi­vir en el sis­te­ma que, supues­ta­men­te, desean transformar.

Lacan dis­tin­gue entre la deman­da y el deseo. La deman­da es lo que se pide explí­ci­ta­men­te; el deseo es lo que sub­ya­ce y que a menu­do no pue­de arti­cu­lar­se sin cos­to. Rusia y Chi­na deman­dan, en sus dis­cur­sos, un mun­do mul­ti­po­lar, el fin de la uni­po­la­ri­dad, el res­pe­to a la sobe­ra­nía. Pero su deseo, reve­la­do por sus actos y no por sus pala­bras, es la inte­gra­ción pro­gre­si­va en las reglas del mis­mo sis­te­ma que dicen impugnar.

Por amar­go que resul­te escu­char­lo, al aban­do­nar a Cuba, no están sien­do sim­ple­men­te prag­má­ti­cos, están con­fe­san­do que su hori­zon­te real no es la trans­for­ma­ción del orden mun­dial, sino la nego­cia­ción de un lugar más cómo­do den­tro de él.

Atra­pa­dos en sus pro­pios con­flic­tos de des­gas­te –Ucra­nia para Rusia, Tai­wán y el mar de Chi­na Meri­dio­nal para Pekín – , ambas poten­cias han con­so­li­da­do una pos­tu­ra defen­si­va. Su apo­yo a Cuba se ha redu­ci­do al dis­cur­so en los foros mul­ti­la­te­ra­les y a la pro­vi­sión de deter­mi­na­dos recur­sos, sin desa­fiar estruc­tu­ral­men­te el blo­queo. No envían el petró­leo nece­sa­rio, no habi­li­tan líneas de cré­di­to que esqui­ven las san­cio­nes secun­da­rias, no escol­tan con sus buques los sumi­nis­tros hacia la isla. Si se les pre­gun­ta­ra por qué, la res­pues­ta qui­zás sería la mis­ma del gran con­for­mis­ta: el momen­to no es opor­tuno, los cos­tos son dema­sia­do altos, hay que ser realistas.

Pero el rea­lis­mo, en este con­tex­to, es otra for­ma de avan­zar hacia una capi­tu­la­ción anti­ci­pa­da. Qui­zás en su fue­ro interno creen que están aban­do­nan­do a los que pue­den caer pri­me­ro, no a los que cae­rán últi­mos, que podrían ser ellos mis­mos. Han encon­tra­do su lími­te his­tó­ri­co y, en lugar de empu­jar­lo y que­brar­lo, lo han nor­ma­li­za­do. Al hacer­lo, come­ten un error de cálcu­lo estra­té­gi­co que la his­to­ria ya ha cas­ti­ga­do antes. Cada vez que una poten­cia per­mi­te que el orden hege­mó­ni­co des­tru­ya a un esla­bón sin cos­to, ese orden sale for­ta­le­ci­do y se acer­ca un paso más al some­ti­mien­to de los que cre­ye­ron estar a sal­vo. Al per­mi­tir que un pro­yec­to sobe­rano sea des­trui­do por el impe­rio sin con­se­cuen­cias, envían un men­sa­je a sus pro­pias pobla­cio­nes y a otros acto­res secun­da­rios: la soli­da­ri­dad es un lujo que no pode­mos per­mi­tir­nos; cuan­do lle­gue tu turno, esta­rás solo.

Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be: la diplo­ma­cia de los abra­zos vacíos

La pos­tu­ra de Bra­sil y Colom­bia es, qui­zás, la más para­dig­má­ti­ca de la ban­ca­rro­ta con­tem­po­rá­nea del pro­gre­sis­mo. Lula da Sil­va y Gus­ta­vo Petro, dos líde­res que deben su capi­tal polí­ti­co a la narra­ti­va de la trans­for­ma­ción social y la sobe­ra­nía regio­nal, han opta­do por lo que podría­mos lla­mar una espe­cie de sim­bo­lis­mo de bajo cos­to con decla­ra­cio­nes de apo­yo moral, lla­ma­dos al diá­lo­go, pre­sen­cia dis­cur­si­va en los foros inter­na­cio­na­les. Pero mien­tras las pala­bras cir­cu­lan, las con­di­cio­nes estruc­tu­ra­les de asfi­xia –el blo­queo, las lis­tas de paí­ses patro­ci­na­do­res del terro­ris­mo, las san­cio­nes finan­cie­ras – per­ma­ne­cen intactas.

Todo trans­cu­rre como si ope­ra­ra una espe­cie de iden­ti­fi­ca­ción con el agre­sor, como un meca­nis­mo por el cual el suje­to some­ti­do a una fuer­za supe­rior asi­mi­la, incons­cien­te­men­te, los valo­res y las lógi­cas de ese poder para sobre­vi­vir. No se tra­ta de una trai­ción cons­cien­te sino de una adap­ta­ción que, con el tiem­po, se vuel­ve cons­ti­tu­ti­va de la pro­pia iden­ti­dad. Algo de eso ocu­rre con cier­tos gobier­nos pro­gre­sis­tas lati­no­ame­ri­ca­nos, han incor­po­ra­do tan­to la lógi­ca del cam­po de jue­go impe­rial –sus ins­ti­tu­cio­nes, sus mer­ca­dos, sus reglas– que ya no pue­den ima­gi­nar una acción polí­ti­ca que rom­pa con ese cam­po, aun­que en el dis­cur­so la pro­cla­men necesaria.

Bra­sil y Colom­bia olvi­dan que si fue­ran hoy una ver­da­de­ra reta­guar­dia estra­té­gi­ca no sería un favor el que le harían a Cuba, sería una nece­si­dad pro­pia. Si Esta­dos Uni­dos sigue incli­nan­do la balan­za a su favor en la región –como lo hace con su polí­ti­ca de san­cio­nes, su domi­nio del FMI, su con­trol de la OEA y su influen­cia sobre las dere­chas loca­les – , ¿con quién con­ta­rán Lula y Petro cuan­do la marea reac­cio­na­ria los gol­pee a ellos? Habrán que­ma­do, con su pru­den­cia, la reta­guar­dia que deses­pe­ra­da­men­te nece­si­ta­rán. En días recien­tes Lula afir­mó que podrían ser inva­di­dos «cual­quier día»; podría­mos con­tes­tar­le: «Y mien­tras más solo te que­des, más posi­bi­li­da­des reales hay de que eso ocurra».

El caso de Vene­zue­la es el más dolo­ro­so por­que repre­sen­ta la muti­la­ción de un pro­yec­to que algu­na vez fue el pilar de la soli­da­ri­dad regio­nal. Hoy, Vene­zue­la está de fac­to some­ti­da a las deci­sio­nes geo­po­lí­ti­cas de Esta­dos Unidos.

El régi­men de san­cio­nes extre­ma, el secues­tro de Madu­ro y Cilia Flo­res, han logra­do su obje­ti­vo: con­di­cio­nar al Esta­do vene­zo­lano, obli­gar­lo a nego­ciar en con­di­cio­nes de infe­rio­ri­dad y redu­cir su capa­ci­dad de pro­yec­ción inter­na­cio­nal. Vene­zue­la ya no pue­de ayu­dar a Cuba por­que ape­nas pue­de ayu­dar­se a sí mis­ma. Si el impe­rio pudo con Vene­zue­la, con las reser­vas de petró­leo más gran­des del mun­do, ¿qué espe­ran­za tie­ne un país más peque­ño sin ese recur­so? Pero los gobier­nos de la región no extraen la con­clu­sión correc­ta. En lugar de unir­se para rom­per el cer­co, se dis­per­san, nego­cian por sepa­ra­do, y caen uno tras otro.

Algu­nos de los paí­ses peque­ños que reci­bie­ron soli­da­ri­dad cuba­na –médi­cos en sus aldeas, maes­tros en sus escue­las, bri­ga­das en medio de sus catás­tro­fes– aprie­tan hoy la nariz y dan la espal­da. En rela­cio­nes inter­na­cio­na­les, es lo que se deno­mi­na band­wa­go­ning: la ten­den­cia de los acto­res débi­les a ali­near­se con el más fuer­te cuan­do per­ci­ben que el bene­fac­tor his­tó­ri­co está en reti­ra­da. Es una lógi­ca cruel pero predecible.

Lo que no entien­den es que su super­vi­ven­cia a lar­go pla­zo no depen­de de com­pla­cer al Amo, sino de la exis­ten­cia de un eco­sis­te­ma regio­nal sobe­rano. Al dar la espal­da a Cuba, están con­tri­bu­yen­do a des­man­te­lar el úni­co teji­do de soli­da­ri­dad que podría pro­te­ger­los cuan­do ellos sean los siguien­tes en la lis­ta. Es la lógi­ca del «yo me sal­vo» que con­du­ce inevi­ta­ble­men­te al «todos nos hun­di­mos». Todo el que eli­ge sal­var­se a sí mis­mo ter­mi­na ais­la­do y lue­go some­ti­do. Al final, igual le espe­ra la muer­te, pero una muer­te soli­ta­ria, sin la dig­ni­dad de haber lucha­do jun­to a los demás.

El mito de la auto­su­fi­cien­cia es una tram­pa discursiva

Fren­te a ese pano­ra­ma, la obje­ción libe­ral, y a veces inclu­so la de cier­ta izquier­da, sue­na pre­vi­si­ble: ¿por qué ape­lar a otros? ¿Aca­so Cuba no debe­ría valer­se por sí mis­ma? Esa pre­gun­ta mere­ce ser demo­li­da con rigor, por­que ope­ra como una tram­pa retó­ri­ca que natu­ra­li­za la vio­len­cia del blo­queo y cul­pa­bi­li­za a la víctima.

La autar­quía es un mito en el sis­te­ma mun­dial con­tem­po­rá­neo. Nin­gún país es una isla, ni siquie­ra las islas. Esta­dos Uni­dos no se vale por sí mis­mo, depen­de de una red glo­bal de bases mili­ta­res, del dólar como mone­da de reser­va impues­ta al mun­do median­te los acuer­dos de Bret­ton Woods y la pre­sión de sus por­ta­avio­nes, y de cade­nas de sumi­nis­tro que explo­ta sis­te­má­ti­ca­men­te. Chi­na no se vale por sí mis­ma, depen­de de mate­rias pri­mas afri­ca­nas y lati­no­ame­ri­ca­nas y de mer­ca­dos glo­ba­les para su sobre­pro­duc­ción indus­trial. Rusia no se vale por sí mis­ma, su pode­río ener­gé­ti­co es nulo sin los gaso­duc­tos y sin com­pra­do­res dis­pues­tos a pagar su tec­no­lo­gía militar.

La depen­den­cia no es la excep­ción en el sis­te­ma inter­na­cio­nal, es una regla estruc­tu­ral. Lo que varía es el tipo de depen­den­cia y el mar­gen de auto­no­mía que se pue­de cons­truir den­tro de ella. Un país como Luxem­bur­go dis­fru­ta de altos están­da­res de vida por­que está incrus­ta­do en el cora­zón del blo­que impe­rial. Un país como Cuba tie­ne que sobre­vi­vir a pesar de estar blo­quea­do por el impe­ria­lis­mo. La pre­gun­ta correc­ta, enton­ces, no es por qué Cuba no es auto­su­fi­cien­te, sino por qué se le exi­ge a Cuba un nivel de auto­su­fi­cien­cia que no se le exi­ge a nadie más. Esa exi­gen­cia asi­mé­tri­ca no es ino­cen­te, es una tram­pa dis­cur­si­va y cobar­de que colo­ca a la isla en una posi­ción onto­ló­gi­ca­men­te impo­si­ble, para lue­go pre­sen­tar su impo­si­bi­li­dad como evi­den­cia de su fracaso.

Se le impo­ne a Cuba una espe­cie de doble víncu­lo, se some­te al suje­to una con­di­ción que no pue­de cum­plir, y se le cul­pa del incum­pli­mien­to. El neu­ró­ti­co pro­du­ci­do por el doble víncu­lo no pue­de esca­par por­que la tram­pa está ins­cri­ta en el len­gua­je mis­mo con el que se le habla. Cuba está atra­pa­da en ese len­gua­je: si resis­te, es una dic­ta­du­ra que hace sufrir a su pue­blo; si nego­cia, está cedien­do al chan­ta­je impe­rial; si pide ayu­da, es un Esta­do falli­do que no pue­de sos­te­ner­se solo. No hay sali­da den­tro del dis­cur­so del Amo, por­que el dis­cur­so del Amo no está dise­ña­do para tener una sali­da, sino para atrapar.

La meto­do­lo­gía del impe­rio: nego­ciar, aho­gar, culpar

Lo que hemos des­cri­to no ocu­rre en el vacío. Res­pon­de a una meto­do­lo­gía del impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se en sus nego­cia­cio­nes con acto­res sobe­ra­nos que se nie­gan a capi­tu­lar. El libre­to his­tó­ri­co es inva­ria­ble y ha sido eje­cu­ta­do con míni­mas variaciones.

Pri­me­ro, la mesa del diá­lo­go como tram­pa. Se sien­tan a nego­ciar no para lle­gar a acuer­dos, sino para ganar tiem­po. Mien­tras la con­tra­par­te depo­si­ta espe­ran­zas en la vía diplo­má­ti­ca –mien­tras el suje­to cree que el Otro es sus­cep­ti­ble de ser con­ven­ci­do – , el impe­rio con­ti­núa apli­can­do san­cio­nes, for­ta­le­cien­do a la opo­si­ción inter­na, pre­pa­ran­do el terreno. Es el ges­to que Lacan iden­ti­fi­ca­ría como per­ver­so, la pro­me­sa que estruc­tu­ra el víncu­lo solo para per­pe­tuar la dependencia.

Segun­do, la exi­gen­cia de con­ce­sio­nes uni­la­te­ra­les. El impe­rio nun­ca nego­cia de bue­na fe; nego­cia des­de la posi­ción de fuer­za abso­lu­ta. Exi­ge que la otra par­te ceda pri­me­ro, que demues­tre volun­tad de cam­bio, que des­mon­te sus estruc­tu­ras defen­si­vas como ges­to de bue­na volun­tad. Cada con­ce­sión que hace la par­te débil es inter­pre­ta­da como signo de debi­li­dad ulte­rior y se res­pon­de con más pre­sión. El meca­nis­mo es sinies­tro en su lógi­ca: cuan­to más se cede, más se debe ceder. La nego­cia­ción se con­vier­te en un pro­ce­so de vacia­mien­to pro­gre­si­vo de la soberanía.

Ter­ce­ro, si no obtie­nen lo que quie­ren, inva­den o des­tru­yen. Cuan­do el diá­lo­go no pro­du­ce la ren­di­ción com­ple­ta, pasan a la siguien­te fase: inva­sión direc­ta –Pana­má, Gra­na­da, Irak – , gol­pe de Esta­do –Hon­du­ras, 2009; Boli­via, 2019 – , gue­rra de baja inten­si­dad –Nica­ra­gua en los ochen­ta – , o des­truc­ción eco­nó­mi­ca sis­te­má­ti­ca –Cuba, Vene­zue­la, Irán – . La diplo­ma­cia es solo la ante­sa­la de la agresión.

Quie­nes, con bue­na fe, ins­tan a Cuba a nego­ciar con Washing­ton igno­ran esa estruc­tu­ra. Cuba no es empu­ja­da a la mesa para dia­lo­gar; es empu­ja­da a la mesa para ren­dir­se en las con­di­cio­nes más des­fa­vo­ra­bles posibles.

La cri­sis huma­ni­ta­ria como arma de guerra

La ayu­da huma­ni­ta­ria que lle­ga a Cuba hoy –los envíos de ali­men­tos, medi­ci­nas, gene­ra­do­res– es vital para ali­viar el sufri­mien­to inme­dia­to. Pero en tér­mi­nos polí­ti­cos, fun­cio­na como un palia­ti­vo que corre el ries­go de des­po­li­ti­zar la cri­sis. Es el res­pi­ra­dor que se le pone a un pacien­te en coma: man­tie­ne al enfer­mo con vida, pero no repa­ra la lesión que lo lle­vó al coma. El pacien­te nece­si­ta una ope­ra­ción estruc­tu­ral, no la per­pe­tua­ción de la emergencia.

El blo­queo no es una san­ción, es un meca­nis­mo de des­gas­te dise­ña­do para pro­vo­car una implo­sión des­de aden­tro. Ofre­cer ayu­da huma­ni­ta­ria, por más valio­sa que sea, sin rom­per el cer­co finan­cie­ro y ener­gé­ti­co es como bom­bear agua de un bar­co que sigue tenien­do un boque­te abier­to por el ata­que enemigo.

El boque­te es per­ma­nen­te; y el bom­beo, ago­ta­dor. El obje­ti­vo estra­té­gi­co del blo­queo –lo que en la ter­mi­no­lo­gía mili­tar se lla­ma gue­rra de cuar­ta gene­ra­ción o cam­bio de régi­men por asfi­xia– es negar al Esta­do la capa­ci­dad de satis­fa­cer las nece­si­da­des bási­cas de su pobla­ción, para que sea la pro­pia pobla­ción la que ter­mi­ne des­bor­dan­do a su gobierno. No hay nada de acci­den­tal en esa estra­te­gia: es deli­be­ra­da, está docu­men­ta­da y ha sido apli­ca­da con dis­tin­tos gra­dos de inten­si­dad duran­te más de seis décadas.

El apa­gón no es solo ausen­cia de luz, es una peda­go­gía del mie­do, una lec­ción que el Amo impar­te día tras día. Cada hora sin elec­tri­ci­dad, cada fila para con­se­guir ali­men­tos, cada médi­co que no tie­ne insu­mos es un recor­da­to­rio de lo que cues­ta resis­tir. Es el goce del poder en su for­ma más cruel, no el goce de des­truir al enemi­go de un gol­pe, sino el goce de ver­lo degra­dar­se len­ta­men­te, de con­ver­tir su vida en una demos­tra­ción per­ma­nen­te de que la resis­ten­cia con­du­ce al sufri­mien­to. Due­le cons­ta­tar­lo, pero la mayor cruel­dad del blo­queo no es su fuer­za, es su lentitud.

La narra­ti­va del Esta­do falli­do o la cul­pa siem­pre es de la víctima

Y aquí lle­ga­mos al pun­to más per­ver­so de toda la ope­ra­ción, la cons­truc­ción del rela­to que invier­te la causalidad.

El impe­rio no solo des­tru­ye; ade­más cons­tru­ye el dis­po­si­ti­vo dis­cur­si­vo para que la des­truc­ción parez­ca mere­ci­da o inevitable.

Un Esta­do al que se le nie­ga la posi­bi­li­dad de impor­tar ali­men­tos, medi­ci­nas, com­bus­ti­ble y repues­tos; al que se le blo­quean sus finan­zas inter­na­cio­na­les; al que se le impi­de acce­der a cré­di­tos; al que se le some­te a una gue­rra mediá­ti­ca; al que se le cas­ti­ga por comer­ciar con quien sea: ese Esta­do ten­drá, por defi­ni­ción, enor­mes difi­cul­ta­des para fun­cio­nar con nor­ma­li­dad. Lue­go, cuan­do esas difi­cul­ta­des se mani­fies­tan –apa­go­nes, des­abas­te­ci­mien­to, migra­ción – , el coro impe­rial y sus voce­ros loca­les dicen: miren, es un Esta­do falli­do, el socia­lis­mo no funciona.

Se pre­sen­ta como fra­ca­so interno lo que es resul­ta­do de una agre­sión externa.

La cau­sa­li­dad se invier­te, el blo­queo no es la cau­sa de la cri­sis; la cri­sis es la prue­ba de que el régi­men es incom­pe­ten­te. Es la mis­ma lógi­ca del abu­so, se le ata las manos al suje­to, se le gol­pea duran­te horas, y lue­go se le acu­sa de no poder defen­der­se. Ese meca­nis­mo tie­ne nom­bre: pro­yec­ción. El agre­sor pro­yec­ta sobre la víc­ti­ma la res­pon­sa­bi­li­dad de lo que le hace; así exter­na­li­za su pro­pia cul­pa y man­tie­ne intac­ta su ima­gen de orden y civilización.

La cate­go­ría de Esta­do falli­do no es des­crip­ti­va, es per­for­ma­ti­va. Nom­brar a Cuba como Esta­do falli­do no cons­ta­ta una reali­dad; cons­tru­ye una reali­dad que jus­ti­fi­ca el aban­dono y even­tual­men­te la inter­ven­ción. Es el con­cep­to que hace posi­ble lo que vie­ne des­pués, la hai­tia­ni­za­ción como dije­ra Clau­dio Katz en días recien­tes. Redu­cir la isla a un esta­do de degra­da­ción tal que se con­vier­ta en vitri­na del horror, en demos­tra­ción per­ma­nen­te de lo que le ocu­rre a quie­nes se atre­ven a ele­gir un camino soberano.

El men­sa­je es per­ver­so en su trans­pa­ren­cia: miren lo que pasa si se atre­ven a ser libres.

Pero un Esta­do falli­do de ver­dad no resis­te 65 años de blo­queo. Un Esta­do falli­do de ver­dad no tie­ne una tasa de mor­ta­li­dad infan­til más baja que la de Esta­dos Uni­dos. No for­ma médi­cos que sal­van vidas en todo el mun­do. No man­tie­ne un sis­te­ma edu­ca­ti­vo uni­ver­sal, una cien­cia pro­pia –con vacu­nas inclui­das– y una cul­tu­ra vibran­te. Lo que el impe­rio lla­ma Esta­do falli­do es, en reali­dad, un Esta­do agre­di­do que se nie­ga a morir. Esa es la ver­dad incó­mo­da. Y esa es, pre­ci­sa­men­te, la razón de la furia impe­rial. Cuba en reali­dad no fra­ca­sa. Cuba insis­te. Y esa insis­ten­cia es intolerable.

¿Qué opcio­nes le han deja­do a Cuba?

Ana­li­za­das las coor­de­na­das del ase­dio, la pre­gun­ta se vuel­ve inelu­di­ble, ¿qué opcio­nes tie­ne en ver­dad la con­duc­ción polí­ti­ca cuba­na? O para ser más pre­ci­so: ¿qué opcio­nes le han dejado?

La pri­me­ra es la nego­cia­ción en con­di­cio­nes de asfixia.

Es la que reco­mien­dan los bien­in­ten­cio­na­dos, los que quie­ren que Cuba dia­lo­gue y nego­cie con Esta­dos Uni­dos. Pero nego­ciar con un impe­rio que tie­ne el pie en tu cue­llo no es diá­lo­go, pue­de ser ren­di­ción con­di­cio­na­da. Cuba ha demos­tra­do volun­tad de diá­lo­go his­tó­ri­co en múl­ti­ples momen­tos, pero siem­pre des­de posi­cio­nes de dig­ni­dad. Sen­tar­se hoy a nego­ciar sin haber roto antes el cer­co ener­gé­ti­co y finan­cie­ro es acep­tar la nego­cia­ción del aho­ga­do, acep­tar cual­quier cláu­su­la por una boca­na­da de aire. El resul­ta­do sería una nor­ma­li­za­ción que equi­val­dría a la liqui­da­ción del pro­yec­to revo­lu­cio­na­rio por goteo, como ocu­rrió en Euro­pa del Este tras la caí­da del muro, pero con el agra­van­te de tener al impe­rio a 90 millas.

La segun­da opción es la resis­ten­cia heroi­ca pero solitaria.

Es la que Cuba ha prac­ti­ca­do duran­te déca­das: inno­var, resis­tir, bus­car ren­di­jas, diver­si­fi­car rela­cio­nes. Pero esa opción, que fue via­ble cuan­do exis­tía un cam­po socia­lis­ta dis­pues­to a sos­te­ner el flu­jo de recur­sos, hoy se enfren­ta a un lími­te mate­rial con­cre­to. La resis­ten­cia heroi­ca sin reta­guar­dia se con­vier­te, con el tiem­po, en resis­ten­cia agó­ni­ca. No por­que el pue­blo cubano haya per­di­do la volun­tad, sino por­que la volun­tad sola no mue­ve tur­bi­nas ni lle­na estantes.

La ter­ce­ra opción es la que el impe­rio dise­ña como esce­na­rio desea­do: la implo­sión.

El esta­lli­do indu­ci­do por la acu­mu­la­ción de sufri­mien­to, ampli­fi­ca­do por las redes de opo­si­ción finan­cia­das des­de el exte­rior, que per­mi­ta una inter­ven­ción huma­ni­ta­ria o una tran­si­ción pac­ta­da. Esta no es una opción para Cuba; es la tram­pa que se le tiende.

La cuar­ta, la úni­ca que cam­bia­ría en ver­dad el table­ro, no depen­de de Cuba.

Depen­de de que quie­nes dicen apo­yar­la pasen de las pala­bras a los hechos. Depen­de de que envíen el petró­leo nece­sa­rio, de que pon­gan los buques, de que escol­ten los sumi­nis­tros, de que rom­pan el cer­co finan­cie­ro con meca­nis­mos con­cre­tos. Depen­de de que pre­gun­ten a Cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metá­fo­ras. Es el petró­leo o la asfi­xia. Son los buques o el blo­queo. Es la acción o la complicidad.

Las lec­cio­nes de la his­to­ria que el mun­do pre­fie­re olvidar

El olvi­do no es pasi­vo. El olvi­do es un acto: la repre­sión acti­va de aque­llo que, si fue­ra recor­da­do, obli­ga­ría a actuar de otra mane­ra. La comu­ni­dad inter­na­cio­nal olvi­da a con­ve­nien­cia los para­le­lis­mos his­tó­ri­cos, por­que recor­dar­los haría insos­te­ni­ble la pos­tu­ra actual.

En 1941, los tan­ques ale­ma­nes esta­ban a las puer­tas de Mos­cú. ¿Cuán­to tiem­po estu­vie­ron sin reac­cio­nar? ¿Cómo saben que no irán lue­go por uste­des? Hoy, nadie pare­ce enten­der que la reta­guar­dia cuba­na es la reta­guar­dia del mun­do ente­ro. Algu­nos qui­zás la ven como un cadá­ver polí­ti­co ade­lan­ta­do y se com­por­tan en consecuencia.

Duran­te déca­das, Esta­dos Uni­dos sos­tu­vo al régi­men de Chiang Kai-shek en Tai­wán con dine­ro, armas y flo­ta naval, inclu­so cuan­do era evi­den­te su derro­ta en la gue­rra civil Chi­na. Lo hicie­ron por­que Tai­wán era un por­ta­avio­nes estra­té­gi­co con­tra la Chi­na popu­lar. Es decir, el impe­rio sos­tie­ne a sus alia­dos has­ta el final, por­que entien­de que la fide­li­dad a los suyos es una con­di­ción de su pro­pio poder. Pero los alia­dos de Cuba hacen lo con­tra­rio: la aban­do­nan cuan­do el cos­to polí­ti­co de sos­te­ner­la supera el bene­fi­cio de no hacerlo.

La Repú­bli­ca espa­ño­la es el recuer­do más exac­to de la situa­ción que hoy vive Cuba. Lucha­ba con­tra el fas­cis­mo, pero las demo­cra­cias occi­den­ta­les –Fran­cia y Rei­no Uni­do, prin­ci­pal­men­te– fir­ma­ron el Comi­té de No Inter­ven­ción mien­tras Ale­ma­nia e Ita­lia envia­ban tro­pas, avio­nes y arti­lle­ría a las fuer­zas de Fran­co. Esta­dos Uni­dos por su par­te, pro­mo­vió el embar­go de armas. La no inter­ven­ción fue el nom­bre ele­gan­te para la com­pli­ci­dad. La Repú­bli­ca fue aban­do­na­da, asfi­xia­da y final­men­te derrotada.

¿El resul­ta­do? Cua­ren­ta años de dic­ta­du­ra fran­quis­ta. Pero el mun­do pagó ade­más un pre­cio mayor, la impu­ni­dad con que triun­fó el fas­cis­mo en Espa­ña alen­tó al nazis­mo en tan­to refor­zó la impu­ni­dad fas­cis­ta y con­tri­bu­yó al ini­cio de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. El aban­dono de la Repú­bli­ca no fue inin­ten­cio­nal; fue una deci­sión con con­se­cuen­cias his­tó­ri­cas catas­tró­fi­cas. Hoy algu­nos gobier­nos pro­gre­sis­tas prac­ti­can la mis­ma no inter­ven­ción fren­te a Cuba, mien­tras el impe­rio ejer­ce su inter­ven­ción per­ma­nen­te a tra­vés del blo­queo. No hay lec­ción apren­di­da. El olvi­do es pro­duc­ti­vo y per­mi­te repetir.

Lo que el impe­rio olvi­da: los pue­blos no se rinden

Y sin embar­go, fren­te a este pano­ra­ma deso­la­dor, exis­te un con­tra­pun­to que el aná­li­sis geo­po­lí­ti­co clá­si­co tien­de a sub­es­ti­mar. Cuba cuen­ta con algo que nin­gún blo­queo pue­de estran­gu­lar del todo: cuen­ta con los pue­blos del mun­do más que con los Esta­dos. Con los movi­mien­tos de soli­da­ri­dad que en cada país se reúnen, orga­ni­zan y pre­pa­ran envíos de ayu­da. Con la memo­ria viva de millo­nes de per­so­nas que saben lo que Cuba ha dado al mun­do y no están dis­pues­tas a per­mi­tir que sea redu­ci­da a escom­bros en silencio.

Los Esta­dos cal­cu­lan, miden cos­tos, eva­lúan ries­gos, sope­san san­cio­nes. Los pue­blos, cuan­do están orga­ni­za­dos y cons­cien­tes, actúan por convicción.

La soli­da­ri­dad inter­es­ta­tal es frá­gil por­que depen­de de gobier­nos, de ciclos elec­to­ra­les, de alian­zas cam­bian­tes, alian­zas que hoy están muer­tas. La soli­da­ri­dad de los pue­blos es más len­ta, más difí­cil de arti­cu­lar, pero cuan­do se acti­va es dife­ren­te: no pue­de ser san­cio­na­da por el FMI ni coac­cio­na­da por la OTAN.

No hay otro país en el mun­do que ten­ga una red de movi­mien­tos de soli­da­ri­dad tan exten­di­da, per­sis­ten­te y arrai­ga­da en múl­ti­ples gene­ra­cio­nes como Cuba. Ese teji­do humano es un acti­vo estra­té­gi­co que no apa­re­ce en nin­gún balan­ce convencional.

La diás­po­ra como quin­ta colum­na inversa

Hay un fac­tor que el Pen­tá­gono pare­ce igno­rar, qui­zás por­que no entra en sus mode­los de aná­li­sis: la com­po­si­ción demo­grá­fi­ca de la emi­gra­ción cuba­na en Esta­dos Uni­dos ha cam­bia­do mucho en las últi­mas déca­das. Los cuba­nos de Mia­mi en los años sesen­ta eran la eli­te blan­ca que huyó de la revo­lu­ción, pro­pie­ta­rios expro­pia­dos, pro­fe­sio­na­les de cla­se alta, figu­ras del anti­guo régi­men batis­tiano. Eran el lobby más feroz con­tra la revo­lu­ción, el motor del blo­queo, la base social del exi­lio duro.

Hoy la mayo­ría de los cuba­nos en los Esta­dos Uni­dos son emi­gran­tes eco­nó­mi­cos de las últi­mas déca­das, lle­ga­dos en bal­sas o por ter­ce­ros paí­ses, con fami­lia en la isla, con víncu­los afec­ti­vos y cul­tu­ra­les intac­tos, con una visión mucho más mati­za­da de la reali­dad cubana.

Si el impe­rio osa­ra inva­dir, las bom­bas cae­rían sobre sus pue­blos, sobre sus abue­las, sobre sus her­ma­nos. ¿De ver­dad alguien cree que los miles de cuba­no­ame­ri­ca­nos –sus hijos y sus nie­tos– reci­bi­rían esa gue­rra con entusiasmo?

El cálcu­lo polí­ti­co es el inver­so: lo que el impe­rio ten­dría no es una reta­guar­dia en Mia­mi, sino una quin­ta colum­na den­tro de sus pro­pias fron­te­ras, una comu­ni­dad dis­pues­ta a rebe­lar­se des­de aden­tro del Amo.

Eso es lo que el aná­li­sis pura­men­te ins­ti­tu­cio­nal no pue­de ver, por­que tra­ba­ja con cate­go­rías frías, alian­zas, intere­ses y recur­sos. Lo que esca­pa a esas cate­go­rías es la dimen­sión libi­di­nal de la polí­ti­ca: el amor, el due­lo, la per­te­nen­cia. Un pue­blo no es una varia­ble geo­po­lí­ti­ca. Un pue­blo tie­ne madre. Y cuan­do las bom­bas caen sobre la madre, el cálcu­lo racio­nal se disuel­ve en algo más anti­guo y poderoso.

Irán y Viet­nam: lec­cio­nes de la resis­ten­cia asimétrica

La heroi­ca resis­ten­cia de Irán fren­te al impe­ria­lis­mo nos ha mos­tra­do el camino: don­de cai­ga alguien, apa­re­ce­rán cien dis­pues­tos a empu­ñar las armas y defen­der a la patria. No es retó­ri­ca, es la des­crip­ción de una socie­dad que ha inte­rio­ri­za­do la defen­sa de la nación como valor irre­nun­cia­ble, que ha hecho de la resis­ten­cia una iden­ti­dad colec­ti­va más fuer­te que el miedo.

Cuba tie­ne ese mis­mo ADN: es una nación en armas no por cons­crip­ción for­zo­sa, sino por la con­cien­cia his­tó­ri­ca acu­mu­la­da en sesen­ta y cin­co años de asedio.

Viet­nam ense­ñó que una gue­rra no se deci­de úni­ca­men­te en el plano militar.

La Ofen­si­va del Tet de 1968 fue una derro­ta tác­ti­ca para el Viet Cong1 y el ejér­ci­to de Viet­nam del Nor­te, que sufrie­ron enor­mes pér­di­das y no logra­ron sos­te­ner las posi­cio­nes toma­das. Pero fue una vic­to­ria polí­ti­ca estra­té­gi­ca: demos­tró que podían ata­car en cual­quier pun­to del país, inclu­so en los cen­tros del poder sud­viet­na­mi­ta, y que­bró la narra­ti­va de Washing­ton de que la gue­rra esta­ba cer­ca de ganar­se. A par­tir de enton­ces, la con­fian­za de la socie­dad esta­dou­ni­den­se en la gue­rra comen­zó a des­mo­ro­nar­se. La gue­rra no se gana ocu­pan­do terri­to­rio; se gana des­gas­tan­do la volun­tad polí­ti­ca del inva­sor. Y esa volun­tad, en las demo­cra­cias libe­ra­les con opi­nión públi­ca y elec­cio­nes perió­di­cas, tie­ne un lími­te medi­ble en ataú­des y en pun­tos de apro­ba­ción pre­si­den­cial. Cuba, con su geo­gra­fía com­ple­ja, con su pobla­ción pre­pa­ra­da duran­te déca­das de defen­sa terri­to­rial, podría repro­du­cir ese escenario.

Una inva­sión a Cuba no sería la ope­ra­ción qui­rúr­gi­ca de Gra­na­da ni el paseo de Pana­má. Sería un ato­lla­de­ro san­grien­to y pro­lon­ga­do, que dura­ría años y cos­ta­ría miles de vidas estadounidenses.

La para­do­ja del ais­la­mien­to pre­ven­ti­vo, morir solo para no morir juntos

Lle­ga­dos a este pun­to, debe­mos inte­rro­gar el meca­nis­mo pro­fun­do que lle­va a las poten­cias que debe­rían dispu­tar el orden uni­po­lar a aban­do­nar a Cuba. La res­pues­ta super­fi­cial es el cálcu­lo de cos­tos: sos­te­ner a Cuba tie­ne un pre­cio en tér­mi­nos de san­cio­nes secun­da­rias, de ten­sión con Washing­ton, de ries­go comer­cial. Pero esa expli­ca­ción es insu­fi­cien­te, por­que el aban­dono no es solo racio­nal, tie­ne una dimen­sión de satis­fac­ción, de ali­vio, que qui­zás solo el psi­co­aná­li­sis pue­de iluminar.

Exis­te en la polí­ti­ca inter­na­cio­nal algo aná­lo­go a lo que Freud des­cri­bió como pul­sión de muer­te en el indi­vi­duo: la ten­den­cia a la auto­des­truc­ción, al retorno a un esta­do de quie­tud que se alcan­za a cos­ta de la vida misma.

Los acto­res que aban­do­nan a Cuba no solo están cal­cu­lan­do sus intere­ses; están tam­bién, de algu­na mane­ra, renun­cian­do a su pro­pio deseo de trans­for­ma­ción. El aban­dono de Cuba es la renun­cia a la posi­bi­li­dad de otro mun­do. Es la acep­ta­ción, en el fon­do, de que el orden del Amo es el úni­co orden posi­ble, de que el capi­ta­lis­mo glo­bal es el hori­zon­te insu­pe­ra­ble de la historia.

Hay en esa renun­cia algo de lo que Mar­cu­se lla­mó la desubli­ma­ción repre­si­va, que es la inte­gra­ción del suje­to en el sis­te­ma a tra­vés de la pro­me­sa de peque­ñas satis­fac­cio­nes que neu­tra­li­zan el impul­so radi­cal. Los gobier­nos pro­gre­sis­tas lati­no­ame­ri­ca­nos, las poten­cias del BRICS, los par­ti­dos de izquier­da euro­peos, las orga­ni­za­cio­nes soli­da­rias que hoy miran para otro lado: todos han encon­tra­do, de una mane­ra u otra, su nicho den­tro del orden. Han obte­ni­do su cuo­ta de reco­no­ci­mien­to, su espa­cio de cómo­da disi­den­cia, sus ges­tos per­mi­ti­dos. Y en ese pro­ce­so, han deja­do de ver a Cuba como un espe­jo de lo que podrían ser, para ver­la enton­ces como un recor­da­to­rio incó­mo­do de lo que han deja­do de ser.

Por­que Cuba inter­pe­la: eso es lo inso­por­ta­ble. No que sea un fra­ca­so, sino que sea una pre­gun­ta per­ma­nen­te, diri­gi­da a todos los que, en algún momen­to, cre­ye­ron que otro mun­do era posi­ble y lue­go deci­die­ron que era dema­sia­do cos­to­so. Cuba les pre­gun­ta: ¿en qué momen­to exac­to deci­dis­te que la nor­ma­li­dad capi­ta­lis­ta era pre­fe­ri­ble a la lucha? ¿En qué momen­to exac­to entre­gas­te el deseo? Esa pre­gun­ta es la razón pro­fun­da del blo­queo y del abandono.

Al aban­do­nar a Cuba, no están evi­tan­do su pro­pio final; solo lo están apla­zan­do y ase­gu­rán­do­se de que, cuan­do lle­gue, se encuen­tren en la más abso­lu­ta sole­dad. Están cavan­do su pro­pia tum­ba con la excu­sa de no man­char­se las manos con la tie­rra de la tum­ba de Cuba. Por­que el que eli­ge sal­var­se a sí mis­mo en una tor­men­ta colec­ti­va ter­mi­na ais­la­do y lue­go some­ti­do. El Amo, una vez que ter­mi­na con el her­mano, no fir­ma la paz con los que mira­ron, los incor­po­ra a la lis­ta de los siguien­tes. Siem­pre nece­si­ta nue­vas víc­ti­mas para legi­ti­mar su existencia.

La soli­da­ri­dad como nece­si­dad estra­té­gi­ca y acto de dignidad

Lo que hemos pre­sen­cia­do en este aná­li­sis no es una serie de erro­res tác­ti­cos ais­la­dos, sino una pro­fun­da cri­sis de con­cien­cia geo­po­lí­ti­ca y moral en el pro­gre­sis­mo glo­bal. Se ha per­di­do la noción de que la soli­da­ri­dad no es un lujo moral reser­va­do para los tiem­pos bue­nos, es una nece­si­dad estra­té­gi­ca y, al mis­mo tiem­po, la defi­ni­ción mis­ma de lo que sig­ni­fi­ca per­te­ne­cer a un pro­yec­to polí­ti­co que aspi­ra a algo más que la admi­nis­tra­ción del orden existente.

Cuba no es solo Cuba: es la demos­tra­ción viva de que es posi­ble resis­tir duran­te déca­das el ase­dio del poder más gran­de del mun­do y man­te­ner en pie un sis­te­ma de salud uni­ver­sal, una edu­ca­ción gra­tui­ta, una cul­tu­ra pro­pia, una dig­ni­dad irrenunciable.

Eso no prue­ba que el mode­lo cubano sea per­fec­to: prue­ba que la alter­na­ti­va al capi­ta­lis­mo glo­bal no es el caos ni el fra­ca­so auto­má­ti­co, sino que es posi­ble y vale la pena cons­truir algo dife­ren­te e inclu­so her­mo­so. Al des­truir a Cuba, el impe­rio no está eli­mi­nan­do una ame­na­za mili­tar, está eli­mi­nan­do una prue­ba, está borran­do un ejem­plo. Pre­ten­de demos­trar que fue­ra de la nor­ma­li­dad capi­ta­lis­ta no hay vida posible.

Los que entre­gan a Cuba se entre­gan a sí mis­mos. No como metá­fo­ra, sino en el orden estra­té­gi­co. Un orden mun­dial que dice lla­mar­se mul­ti­po­lar, pero no pro­te­ge a sus miem­bros más vul­ne­ra­bles cuan­do el Amo aprie­ta, no es un orden alter­na­ti­vo, es una exten­sión des­cen­tra­li­za­da del mis­mo domi­nio, un sis­te­ma don­de la mul­ti­po­la­ri­dad es la for­ma deco­ra­ti­va de la uni­po­la­ri­dad efec­ti­va. Al trai­cio­nar a Cuba le dicen al Sur Glo­bal: «si no tie­nes petró­leo o una posi­ción geo­grá­fi­ca vital para noso­tros, no espe­res nada». Eso, a lar­go pla­zo, los pri­va de alia­dos autén­ti­cos y los deja en un mun­do don­de solo impor­ta la fuer­za bru­ta: un mun­do don­de ellos tam­bién, aun­que gran­des, son vulnerables.

Cuan­do el impe­rio mira a Cuba, ve una isla peque­ña que pue­de blo­quear y asfi­xiar casi sin con­se­cuen­cias. Lo que no ve –o lo que no quie­re ver– es que esa isla es un vol­cán dor­mi­do sobre una falla tec­tó­ni­ca global.

Cuba no es solo su geo­gra­fía, es su his­to­ria, es su ejem­plo, es el sue­ño de millo­nes de per­so­nas que en algún rin­cón del mun­do toda­vía creen que otro mun­do es posi­ble. Y mien­tras ese sue­ño exis­ta, mien­tras haya un pue­blo que lo encar­ne con su resis­ten­cia coti­dia­na, el orden del Amo no esta­rá com­ple­to. Siem­pre habrá una grie­ta. Siem­pre habrá una pre­gun­ta sin responder.

Si algún día el impe­rio olvi­da Viet­nam, olvi­da Irán, olvi­da que los pue­blos no se rin­den y se atre­ve a inva­dir la isla, des­cu­bri­rá que la gue­rra no se gana con por­ta­avio­nes. Se gana con la capa­ci­dad de un pue­blo para decir «no» aun­que le cues­te la vida. Y ese «no» de Cuba, mul­ti­pli­ca­do por millo­nes den­tro y fue­ra de la isla, será su tumba.

Mien­tras tan­to, la bata­lla es otra. Es la bata­lla por la vida coti­dia­na, por la luz, por la comi­da, por la espe­ran­za. Y en esa bata­lla, los pue­blos del mun­do tie­nen la pala­bra. No para reem­pla­zar a los Esta­dos, sino para obli­gar­los a actuar. Para recor­dar­les que la his­to­ria juz­ga. Que el jui­cio sobre los que aban­do­na­ron a la Repú­bli­ca espa­ño­la fue seve­ro y permanente.

Que el silen­cio, cuan­do pue­de rom­per­se, es una deci­sión. Y que las deci­sio­nes tie­nen consecuencias.

Cuba pide accio­nes con­cre­tas: el petró­leo nece­sa­rio, los buques, la cus­to­dia, la rup­tu­ra del cer­co finan­cie­ro, la pro­tec­ción del espa­cio marí­ti­mo, la pre­sión real en los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les. Pide que quie­nes dicen apo­yar­la pre­gun­ten qué hay que hacer y lo hagan. No es una peti­ción de cari­dad, es una exi­gen­cia de cohe­ren­cia. Bas­ta de decla­ra­cio­nes. Bas­ta de men­sa­jes de apo­yo que fun­cio­nan como coar­ta­da para la inacción.

La pre­gun­ta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su res­pues­ta con 67 años de Revo­lu­ción. La pre­gun­ta es para el mun­do. Para los que dicen que­rer otro orden.

Para los que fir­ma­ron decla­ra­cio­nes y envia­ron men­sa­jes. Para los que tie­nen petró­leo y buques, pero no los envían, o votos rele­van­tes en la ONU que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿Del lado de los que espe­ran a que los Esta­dos se deci­dan, o del lado de los que ya están actuan­do? ¿Del lado de los que envían men­sa­jes de apo­yo, o del lado de los que envían los buques y deci­den enfren­tar­se de una vez a los desig­nios del imperialismo?

Josué Veloz Serrade

17 de mar­zo de 2026

Fuen­te: https://​bole​tin​de​la​tiz​za​.subs​tack​.com/​p​/​c​u​b​a​-​e​n​-​l​a​-​e​n​c​r​u​c​i​j​a​d​a​-​d​e​-​u​n​-​m​u​l​t​i​l​a​t​e​r​a​l​i​s​m​o​?​u​t​m​_​s​o​u​r​c​e​=​p​o​s​t​-​e​m​a​i​l​-​t​i​t​l​e​&​p​u​b​l​i​c​a​t​i​o​n​_​i​d​=​4​5​2​6​0​2​&​p​o​s​t​_​i​d​=​1​9​1​2​8​7​9​1​8​&​u​t​m​_​c​a​m​p​a​i​g​n​=​e​m​a​i​l​-​p​o​s​t​-​t​i​t​l​e​&​i​s​F​r​e​e​m​a​i​l​=​t​r​u​e​&​r​=​1​n​4​s​s​3​&​t​r​i​e​d​R​e​d​i​r​e​c​t​=​t​r​u​e​&​u​t​m​_​m​e​d​i​u​m​=​e​m​ail

  1. El autor se refie­re al Fren­te de Libe­ra­ción Nacio­nal de Viet­nam (nota de Boltxe).
Twitter
Facebook
Telegram

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *