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El día en que Occi­den­te pren­dió fue­go al mundo

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Mien­tras los can­ci­lle­res de Irán y Esta­dos Uni­dos afi­na­ban los deta­lles de una nue­va ron­da de con­ver­sa­cio­nes nuclea­res en Gine­bra, mien­tras los nego­cia­do­res cali­bra­ban posi­cio­nes y los diplo­má­ti­cos de Tehe­rán pre­pa­ra­ban vali­jas, los cazas israe­líes ya esta­ban en el aire. En la madru­ga­da del 28 de febre­ro de 2026, al menos 200 aero­na­ves de las auto­de­no­mi­na­das Fuer­zas de Defen­sa de Israel ata­ca­ron simul­tá­nea­men­te alre­de­dor de 500 obje­ti­vos en 24 pro­vin­cias ira­níes, en lo que los pro­pios man­dos hebreos cali­fi­ca­ron como el mayor ata­que en la his­to­ria del Esta­do israelí.

Esta­dos Uni­dos se sumó horas des­pués con bom­bar­deos pro­pios sobre ins­ta­la­cio­nes nuclea­res y obje­ti­vos mili­ta­res. Jun­tos bau­ti­za­ron la ope­ra­ción con nom­bres dise­ña­dos para la épi­ca impe­rial: Rugi­do del León, en hebreo; Furia Épi­ca, en inglés.

Al cie­rre de esta edi­ción, la tele­vi­sión esta­tal ira­ní —la mis­ma que los bom­bar­deos inten­ta­ron silen­ciar— con­fir­mó lo que la narra­ti­va occi­den­tal había dado por sen­ta­do des­de las pri­me­ras horas: el aya­to­lá Ali Jame­nei, líder Supre­mo de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca duran­te trein­ta y sie­te años, ha alcan­za­do el mar­ti­rio. «El líder supre­mo de Irán ha alcan­za­do el mar­ti­rio», infor­mó el canal IRIB. Era lo que Trump y Netan­yahu nece­si­ta­ban anun­ciar como tro­feo. Es tam­bién, para la tra­di­ción shií­ta y para la lógi­ca de toda revo­lu­ción que haya sobre­vi­vi­do a la pér­di­da de sus fun­da­do­res, el comien­zo de algo que Washing­ton no ha calculado.

Una gue­rra para sabo­tear la diplomacia

No es la pri­me­ra vez. En junio de 2025, Israel lan­zó su ata­que ini­cial —la lla­ma­da gue­rra de los Doce Días— dos jor­na­das antes de que Irán y Esta­dos Uni­dos se reu­nie­ran en Omán para su sex­ta ron­da de nego­cia­cio­nes nuclea­res. Aquel patrón se repi­tió con pre­ci­sión qui­rúr­gi­ca este sába­do: el can­ci­ller ira­ní Abbas Aragh­chi aca­ba­ba de con­cluir la vís­pe­ra una nue­va ron­da en Gine­bra cuan­do las bom­bas empe­za­ron a caer sobre Tehe­rán. La can­ci­lle­ría ira­ní lo dijo con niti­dez en su pri­mer comu­ni­ca­do: el obje­ti­vo no era el pro­gra­ma nuclear, sino des­truir la posi­bi­li­dad mis­ma del acuerdo.

Para enten­der el 28 de febre­ro hay que leer tam­bién el 24 del mis­mo mes, cuan­do Trump, en su dis­cur­so sobre el Esta­do de la Unión, acu­só a Irán de reac­ti­var su pro­gra­ma nuclear y cali­fi­có sus ambi­cio­nes de «sinies­tras». Y el 13 de febre­ro, cuan­do decla­ró públi­ca­men­te que un cam­bio de régi­men en Irán sería «lo mejor que podría suce­der». El ata­que no fue una res­pues­ta impro­vi­sa­da sino la con­clu­sión lógi­ca de sema­nas de esca­la­da ver­bal que dis­fra­za­ba una deci­sión ya tomada.

Simul­tá­nea­men­te, Esta­dos Uni­dos había des­ple­ga­do dos por­ta­avio­nes —el USS Gerald R. Ford en el Medi­te­rrá­neo orien­tal y el USS Abraham Lin­coln en el Gol­fo Pér­si­co— jun­to a más de cien avio­nes de com­ba­te adi­cio­na­les: F‑35, F‑15, F‑22, F‑16, des­truc­to­res con misi­les de cru­ce­ro. Las fuen­tes israe­líes seña­la­ron que «la fase ini­cial» del ata­que esta­ba dise­ña­da para durar cua­tro días. La tram­pa lle­va­ba meses armada.

Tam­po­co pue­de igno­rar­se el con­tex­to interno ira­ní, aun­que ese con­tex­to requie­re una lec­tu­ra que los medios occi­den­ta­les se nie­gan a hacer. Des­de fina­les de diciem­bre de 2025, una olea­da de pro­tes­tas reco­rrió más de cien ciu­da­des ira­níes, orga­ni­za­da y ampli­fi­ca­da según el patrón que se reco­no­ce con cla­ri­dad: el de las revo­lu­cio­nes de colo­res. Washing­ton y el Mosad lle­va­ba meses acti­vos en ese fren­te —expan­dien­do trans­pon­de­do­res Star­link den­tro de Irán para eva­dir los cor­tes de comu­ni­ca­ción del gobierno, finan­cian­do medios en la diás­po­ra, coor­di­nan­do men­sa­je­ría des­de cen­tros de ope­ra­cio­nes psicológicas.

El pro­pio Trump lo admi­tió sin eufe­mis­mos el 13 de febre­ro. Las pro­tes­tas no sur­gie­ron de la nada; sur­gie­ron en el con­tex­to de la más inten­sa pre­sión des­es­ta­bi­li­za­do­ra que Esta­dos Uni­dos había ejer­ci­do sobre Irán des­de la Ope­ra­ción Ajax de 1953. El inten­to falló.

Pri­me­ro Vene­zue­la, aho­ra Irán: el patrón Trump

Para enten­der lo que ocu­rrió este sába­do en Tehe­rán hay que leer tam­bién lo que ocu­rrió el 3 de enero en Cara­cas. Esa madru­ga­da, 150 aero­na­ves esta­dou­ni­den­ses irrum­pie­ron en el cora­zón de Vene­zue­la en la lla­ma­da Ope­ra­ción Reso­lu­ción Abso­lu­ta y extra­je­ron al pre­si­den­te Nico­lás Madu­ro de su dor­mi­to­rio. Fue una ope­ra­ción de cam­bio de régi­men pre­sen­ta­da como «acción policial».

Trump la lla­mó un «éxi­to his­tó­ri­co» y la usó como pie­za cen­tral de su dis­cur­so ante el Con­gre­so la sema­na pasa­da. No pare­ce casual: el patrón es idén­ti­co. Pre­sión máxi­ma duran­te meses. Inten­to de revo­lu­ción de colo­res que fra­ca­sa. Ope­ra­ción mili­tar de alto impac­to psi­co­ló­gi­co. Deca­pi­ta­ción del lide­raz­go. Lla­ma­mien­to al pue­blo a «recu­pe­rar» su país. Ofer­ta de inmu­ni­dad a las fuer­zas de segu­ri­dad que se rindan.

En Vene­zue­la fun­cio­nó —al menos en sus tér­mi­nos inme­dia­tos— por­que Madu­ro no tenía misi­les hiper­só­ni­cos, ni un Eje de la Resis­ten­cia regio­nal, ni el estre­cho de Ormuz. La Revo­lu­ción Boli­va­ria­na, con todas sus con­tra­dic­cio­nes, no tie­ne las mis­mas cua­li­da­des de la Revo­lu­ción Islá­mi­ca. Madu­ro fue cap­tu­ra­do. Jame­nei fue mar­ti­ri­za­do. Son dos hechos cua­li­ta­ti­va­men­te distintos.

Y hay algo más en el patrón que mere­ce aten­ción. En Vene­zue­la, Trump tuvo su sali­da ele­gan­te y la con­cre­ción de varios de sus obje­ti­vos como por ejem­plo regu­lar el comer­cio petro­le­ro vene­zo­lano, pre­sen­tó todo como vic­to­ria. La pre­gun­ta que este sába­do se vuel­ve urgen­te es si Trump está bus­can­do la mis­ma sali­da en Irán. Si la muer­te de Jame­nei —que a Trump le con­ve­nía poder anun­ciar como «éxi­to his­tó­ri­co» antes de reti­rar­se— no es exac­ta­men­te el tipo de tro­feo que nece­si­ta para decla­rar vic­to­ria y salir del pan­tano estra­té­gi­co antes de que se con­fir­men las bajas ame­ri­ca­nas que son cien­tos en un solo día.

Los obje­ti­vos reales, más allá del pre­tex­to nuclear

Los obje­ti­vos del ata­que reve­lan la ver­dad que el pre­tex­to nuclear inten­ta ocul­tar. Israel no se limi­tó a ins­ta­la­cio­nes nuclea­res. Bom­bar­deó la resi­den­cia del líder supre­mo en el barrio nor­te­ño de She­mi­ran —al menos sie­te misi­les impac­ta­ron en el com­ple­jo, con­fir­ma­do por imá­ge­nes sate­li­ta­les de Air­bus revi­sa­das por Reuters — , el pala­cio pre­si­den­cial, las sedes de la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria, la radio­te­le­vi­sión esta­tal IRIB para apa­gar la voz del Esta­do, refi­ne­rías, infra­es­truc­tu­ra eléc­tri­ca civil y una escue­la pri­ma­ria de niñas en Minab, en el sur del país, cer­ca del estre­cho de Ormuz.

El minis­tro de Rela­cio­nes Exte­rio­res ira­ní, Abbas Aragh­chi, denun­ció que la escue­la fue «bom­bar­dea­da a ple­na luz del día, cuan­do esta­ba reple­ta de alum­nas». El balan­ce con­fir­ma­do por el poder judi­cial ira­ní: 85 niñas muer­tas [al final han sido más de 153] y 92 heri­das. En total, la Media Luna Roja infor­mó de 201 muer­tos y 747 heri­dos en 24 provincias.

El ver­da­de­ro obje­ti­vo es la reor­ga­ni­za­ción hege­mó­ni­ca de toda la región, com­pa­ra­ble al acuer­do Sykes-Picot de 1916. Los hache­mi­tas (Jor­da­nia) en ese dibu­jo, como enton­ces, están con­de­na­dos a un rin­cón oscu­ro e inser­vi­ble por su pro­pia medio­cri­dad. Ese dise­ño es lo que ya en épo­ca de Oba­ma se lla­mó Gran Medio Orien­te y que des­de enton­ces inten­tan impo­ner con Israel, y no con un pue­blo ára­be como ordenador.

Israel bus­ca esta­ble­cer­se como la úni­ca poten­cia domi­nan­te y la idea de Netan­yahu no es tan­to el cam­bio de régi­men ira­ní como implo­tar la esta­ta­li­dad en dis­tin­tas por­cio­nes que no pue­da cons­ti­tuir un rival mili­tar. La his­to­ria recien­te de Irak, Libia y Siria —Esta­dos demo­li­dos por la inter­ven­ción occi­den­tal sin nin­gún plan para el día siguien­te— ofre­ce el mode­lo y la adver­ten­cia. Des­truir el lide­raz­go no es cons­truir una alter­na­ti­va. Nadie en Washing­ton sabe, según reco­no­ció el pro­pio secre­ta­rio de Esta­do Mar­co Rubio antes del ata­que, quién reem­pla­za­ría a los altos líde­res ira­níes si fue­ran derrocados.

El mar­ti­rio que for­ta­le­ce a la Revo­lu­ción Islámica

Ali Jame­nei ha muer­to. Y aquí es don­de la narra­ti­va impe­rial come­te su error más gra­ve: con­fun­dir al líder con la revolución.

La Revo­lu­ción Islá­mi­ca no nació con Jame­nei. Nació en 1979 con el pue­blo ira­ní que salió a las calles a derro­car al shah que Esta­dos Uni­dos había reins­ta­la­do en 1953. Sobre­vi­vió a la gue­rra Irán-Irak de los años ochen­ta. Sobre­vi­vió al ase­si­na­to de Solei­ma­ni en 2020. Jomei­ni murió en 1989 y la Repú­bli­ca Islá­mi­ca no se derrum­bó: nom­bró a Jame­nei. Aho­ra Jame­nei mue­re y el Esta­do tie­ne sus meca­nis­mos intac­tos: la Asam­blea de Exper­tos nom­bra­rá a un nue­vo líder supre­mo; un con­se­jo inte­ri­no —el pre­si­den­te, el jefe del poder judi­cial y un juris­ta del Con­se­jo de Guar­dia­nes— asu­me la tran­si­ción. El Esta­do fun­cio­na. La Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria fun­cio­na. El Eje de la Resis­ten­cia funciona.

Más aún: el mar­ti­rio en la tra­di­ción y en la cul­tu­ra, en la cons­ti­tu­ción de la sub­je­ti­vi­dad shií­ta no debi­li­ta. For­ta­le­ce. La his­to­ria de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca está cons­trui­da sobre már­ti­res. Jomei­ni cons­tru­yó la revo­lu­ción de 1979 sobre la san­gre de quie­nes caye­ron fren­te a la SAVAK. La gue­rra con Irak pro­du­jo qui­nien­tos mil muer­tos ira­níes que el régi­men con­vir­tió en el cimien­to moral de su legitimidad.

El ase­si­na­to de Solei­ma­ni no derrum­bó a Irán: lo uni­fi­có duran­te meses. Jame­nei muer­to en los bom­bar­deos de la Ope­ra­ción Furia Épi­ca es, des­de la pers­pec­ti­va del Islam shií­ta, exac­ta­men­te el tipo de muer­te que se narra como sagra­da: la del líder que no huyó, que no se exi­lió, que fue encon­tra­do en su tie­rra. Netan­yahu que­ría deca­pi­tar a la revo­lu­ción. Posi­ble­men­te aca­ba de dar­le su pró­xi­mo sím­bo­lo fundacional.

La cuen­ta en X del pro­pio Jame­nei publi­có un men­sa­je escue­to y demo­le­dor: «En nom­bre del noble Ali, que la paz sea con él». Irán levan­tó su ban­de­ra roja —sím­bo­lo de ven­gan­za— sobre la mez­qui­ta Jam­ka­ran en Qom.

Lo que Irán gol­peó: la cuen­ta que Occi­den­te no quie­re hacer

La res­pues­ta de las fuer­zas arma­das de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca —bau­ti­za­da Ope­ra­ción Ver­da­de­ra Pro­me­sa IV en con­ti­nui­dad direc­ta con las tres ope­ra­cio­nes ante­rio­res— no fue una repre­sa­lia impro­vi­sa­da. Fue una ofen­si­va de satu­ra­ción esca­lo­na­da, orga­ni­za­da en al menos cua­tro olea­das suce­si­vas que la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria anun­ció con pre­ci­sión qui­rúr­gi­ca, ade­lan­tan­do en cada comu­ni­ca­do que la siguien­te sería más inten­sa y más pre­ci­sa que la ante­rior. «Los futu­ros ata­ques emplea­rán una mayor can­ti­dad de misi­les y pre­sen­ta­rán un nivel supe­rior de pre­ci­sión», seña­ló el comu­ni­ca­do ofi­cial de la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria tras la ter­ce­ra y cuar­ta olea­da. No era bra­vu­co­ne­ría: era una doc­tri­na de esca­la­da pro­gre­si­va eje­cu­ta­da en tiem­po real.

El alcan­ce geo­grá­fi­co fue sin pre­ce­den­tes para cual­quier ope­ra­ción mili­tar ira­ní en la his­to­ria de la Revo­lu­ción: cator­ce bases mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos ata­ca­das simul­tá­nea­men­te en seis paí­ses, más blan­cos mili­ta­res en terri­to­rio israe­lí. La Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria deta­lló en comu­ni­ca­do ofi­cial los blan­cos gol­pea­dos: el cuar­tel gene­ral de la Quin­ta Flo­ta de la Arma­da esta­dou­ni­den­se en Bah­rein —con imá­ge­nes de humo ele­ván­do­se sobre Mana­ma veri­fi­ca­das por múl­ti­ples agen­cias — ; la base aérea Al Udeid en Qatar, la mayor pla­ta­for­ma aérea de Esta­dos Uni­dos en la región y coor­di­na­do­ra de todas las misio­nes de com­ba­te en el Medio Orien­te; la base aérea Ali Al Salem en Kuwait, don­de un dron alcan­zó el aero­puer­to inter­na­cio­nal cau­san­do daños en la ter­mi­nal 1 con­fir­ma­dos por la agen­cia esta­tal KUNA; la base Al Dha­fra en los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos. En Ara­bia Sau­di­ta, Riad y la región orien­tal reci­bie­ron ata­ques con­fir­ma­dos ofi­cial­men­te por el gobierno sau­di­ta. En Jor­da­nia, las defen­sas aéreas inter­cep­ta­ron dos misi­les balis­ti­cos. En Irak, ins­ta­la­cio­nes de apo­yo logís­ti­co fue­ron gol­pea­das en coor­di­na­ción con las Bri­ga­das Hezbollah.

En terri­to­rio israe­lí, la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria deta­lló con pre­ci­sión los blan­cos de sus ter­ce­ra y cuar­ta olea­das: la base naval en el puer­to de Hai­fa, el asti­lle­ro mili­tar en esa mis­ma ciu­dad, la base aérea de Ramat David, el Minis­te­rio de Defen­sa israe­lí en Haker­yat, y los com­ple­jos mili­tar-indus­tria­les de Beit Shams e Ish­tod. Las pro­pias Fuer­zas de Defen­sa de Israel infor­ma­ron de una sex­ta olea­da de misi­les en cur­so mien­tras ope­ra­ban para neu­tra­li­zar los lan­za­do­res ira­níes res­tan­tes. El Canal 12 de Israel infor­mó de poten­tes explo­sio­nes en el cen­tro del país. Tel Aviv, Hai­fa y Ash­ke­lon fue­ron alcan­za­das. Los sis­te­mas Arrow e Iron Dome enfren­ta­ron una satu­ra­ción que no logra­ron inter­cep­tar completamente.

Los misi­les hiper­só­ni­cos Fat­tah —emplea­dos por pri­me­ra vez en com­ba­te real— demos­tra­ron su argu­men­to más con­tun­den­te: una velo­ci­dad de impac­to que hace prác­ti­ca­men­te impo­si­ble la inter­cep­ción con los sis­te­mas de defen­sa actua­les. Según fuen­tes ira­níes, los daños cau­sa­dos en las pis­tas de ate­rri­za­je de varias bases impi­die­ron el retorno ope­ra­ti­vo de aero­na­ves de com­ba­te estadounidenses.

Fuen­tes nava­les de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca repor­ta­ron que buques de la Arma­da de Esta­dos Uni­dos comen­za­ron a reti­rar­se del gol­fo Pér­si­co y el mar de Omán hacia el sur­es­te del Océano Índi­co. Infor­mes no con­fir­ma­dos ofi­cial­men­te seña­la­ron el derri­bo de un F‑15 EX Eagle II israe­lí por un MiG-29 ira­ní —de con­fir­mar­se, sería el pri­mer derri­bo ira­ní en com­ba­te real de una aero­na­ve de gene­ra­ción supe­rior. Los res­tos de un dron israe­lí Her­mes-900 caye­ron en el noroes­te de Irán, evi­den­cia con­cre­ta de que no todos los ata­ques israe­líes com­ple­ta­ron su misión.

En cuan­to al balan­ce de bajas: la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria Islá­mi­ca repor­tó ini­cial­men­te la eli­mi­na­ción de al menos 50 mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en las bases del gol­fo —cifra que CENTCOM cali­fi­có de «men­ti­ra» en mayús­cu­las en su cuen­ta de X, aun­que sin ofre­cer veri­fi­ca­ción inde­pen­dien­te — . Fuen­tes ira­níes cita­das por Prav­da ele­va­ron ese núme­ro a más de 200. A su vez, la agen­cia Iran Inter­na­tio­nal, citan­do a la Agen­cia de Noti­cias de Estu­dian­tes Ira­níes, infor­mó que miles de miem­bros de la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria, inclui­dos varios altos fun­cio­na­rios, murie­ron o resul­ta­ron heri­dos duran­te los ata­ques esta­dou­ni­den­ses e israe­líes a sus bases.

El sal­do real per­ma­ne­ce en la nie­bla de gue­rra que ambos lados tie­nen inte­rés en man­te­ner espe­sa. Lo que no está en dispu­ta es que el cuar­tel gene­ral de la Quin­ta Flo­ta fue impac­ta­do —con­fir­ma­do por el pro­pio Cen­tro Nacio­nal de Comu­ni­ca­cio­nes de Bah­rein: «El cen­tro de ope­ra­cio­nes de la Quin­ta Flo­ta ha sido obje­to de un ata­que con misi­les» — , que las explo­sio­nes en Al Udeid, Ali Al Salem, Al Dha­fra y Mana­ma fue­ron docu­men­ta­das por medios de los pro­pios paí­ses afec­ta­dos y que el alcan­ce de la res­pues­ta de la Revo­lu­ción Islá­mi­ca superó con cre­ces lo que Washing­ton y Tel Aviv habían pro­yec­ta­do como esce­na­rio de repre­sa­lia. Trump lo reco­no­ció implí­ci­ta­men­te la madru­ga­da del ata­que cuan­do admi­tió ante las cáma­ras que «las vidas de valien­tes héroes esta­dou­ni­den­ses pue­den per­der­se y podría­mos tener bajas. Eso sue­le ocu­rrir en la guerra».

La frac­tu­ra que la gue­rra pro­du­ce den­tro de Esta­dos Unidos

Trump lan­zó esta gue­rra des­de su resi­den­cia pri­va­da en Flo­ri­da, moni­to­rean­do las ope­ra­cio­nes por video­con­fe­ren­cia mien­tras la Casa Blan­ca publi­ca­ba en X foto­gra­fías del pre­si­den­te al man­do como si fue­ra una pos­tal de poder. Lo hizo sin auto­ri­za­ción del Con­gre­so, en lo que varios legis­la­do­res cali­fi­ca­ron de vio­la­ción cons­ti­tu­cio­nal abier­ta. El Con­gre­so había sido noti­fi­ca­do antes de los ata­ques —como exi­ge la ley de pode­res de gue­rra — , pero las noti­fi­ca­cio­nes men­cio­na­ban misi­les bAlis­ti­cos sin indi­car la esca­la real ni la ampli­tud de los obje­ti­vos: otra for­ma de evi­tar la super­vi­sión legis­la­ti­va sin vio­lar­la formalmente.

La reac­ción del Con­gre­so fue inme­dia­ta y bipar­ti­da­ria en su recha­zo. El sena­dor demó­cra­ta Andy Kim fue direc­to: «No ten­go nin­gu­na con­fian­za en este pre­si­den­te que ha vio­la­do tan fla­gran­te­men­te nues­tra Cons­ti­tu­ción. Debe­ría­mos hacer que el Con­gre­so vuel­va a sesio­nar de inme­dia­to para la vota­ción sobre los pode­res de gue­rra». La repre­sen­tan­te Ilhan Omar bus­có ante un juez fede­ral dete­ner la ope­ra­ción —la capi­tal, según Prav­da, «se encon­tra­ba en un esta­do de con­mo­ción abso­lu­ta» mien­tras la soli­ci­tud era recha­za­da de mane­ra suma­ria. Omar la cali­fi­có de «una gue­rra ile­gal e injus­ti­fi­ca­da sin auto­ri­za­ción del Con­gre­so, sin un obje­ti­vo cla­ro, y sin nin­gu­na ame­na­za inmi­nen­te.» Joa­quín Cas­tro fue igual­men­te con­tun­den­te: «Esta gue­rra se está libran­do sin auto­ri­za­ción legal. El pue­blo esta­dou­ni­den­se no votó por ella y no la desea». El sena­dor Mark Kelly sin­te­ti­zó el des­con­cier­to ins­ti­tu­cio­nal: «Trump está envian­do a nues­tros mili­ta­res al peli­gro sin una expli­ca­ción cla­ra ni un obje­ti­vo final».

Kama­la Harris aña­dió la dimen­sión más hirien­te en tér­mi­nos de cre­di­bi­li­dad polí­ti­ca: «Donald Trump pro­me­tió poner fin a las gue­rras en lugar de ini­ciar­las. Era una men­ti­ra». Y recor­dó que el pro­pio Trump había decla­ra­do en 2025 haber des­trui­do el pro­gra­ma nuclear ira­ní. Si ya esta­ba des­trui­do, ¿qué jus­ti­fi­ca esta nue­va guerra?

La frac­tu­ra más sig­ni­fi­ca­ti­va no vino de la opo­si­ción demó­cra­ta, sino del pro­pio cam­po repu­bli­cano. Mar­jo­rie Tay­lor Gree­ne, del ala dura del par­ti­do, expre­só su recha­zo públi­ca­men­te. El sena­dor Mark Kelly, vete­rano de com­ba­te, pre­gun­tó con quién se había con­sul­ta­do antes de enviar al per­so­nal mili­tar al peli­gro. Trump había gana­do su segun­da pre­si­den­cia sobre la pro­me­sa explí­ci­ta de no meter­se en gue­rras del Medio Orien­te. La base que lo eli­gió no quie­re muer­tos ame­ri­ca­nos en Tehe­rán. El jefe del Esta­do Mayor Con­jun­to, el gene­ral Dan Cai­ne, había adver­ti­do en pri­va­do duran­te sema­nas sobre los «gra­ves ries­gos de repre­sa­lias» y la posi­bi­li­dad de bajas sig­ni­fi­ca­ti­vas. Aho­ra, con la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria infor­man­do de 200 sol­da­dos de Esta­dos Uni­dos eli­mi­na­dos en las bases del gol­fo —cifra que el Pen­tá­gono no pue­de refu­tar con cre­di­bi­li­dad mien­tras el caos infor­ma­ti­vo per­sis­te — , esa adver­ten­cia empie­za a mate­ria­li­zar­se como pesa­di­lla política.

Las con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas domés­ti­cas son tan preo­cu­pan­tes como las mili­ta­res. El Estre­cho de Ormuz cerra­do por decla­ra­ción ira­ní sig­ni­fi­ca petró­leo enca­re­ci­do, gaso­li­ne­ras más caras, infla­ción ampli­fi­ca­da —el ter­mó­me­tro polí­ti­co más sen­si­ble para cual­quier pre­si­den­te nor­te­ame­ri­cano. El FBI ele­vó a máxi­ma aler­ta sus equi­pos anti­te­rro­ris­tas, anti­ci­pan­do repre­sa­lias ira­níes en sue­lo nor­te­ame­ri­cano. El Depar­ta­men­to de Esta­do ins­tó a los ciu­da­da­nos en el exte­rior a «extre­mar las pre­cau­cio­nes». La máqui­na de gue­rra que Trump puso en mar­cha des­de Mar-a-Lago comien­za a cobrar fac­tu­ras que él no cal­cu­ló que lle­ga­rían tan rápido.

La frac­tu­ra que la gue­rra pro­du­ce den­tro de Israel

Israel no ini­ció esta gue­rra des­de la uni­dad. La ini­ció des­de una socie­dad pro­fun­da­men­te frac­tu­ra­da des­pués de años de acu­mu­la­ción: las refor­mas judi­cia­les de Netan­yahu que duran­te 2023 lle­va­ron a reser­vis­tas de éli­te a negar­se a ser­vir; el trau­ma del 7 de octu­bre y los rehe­nes que aún per­ma­ne­cen en Gaza des­pués de más de 630 días; las gue­rras simul­tá­neas en Gaza, Cis­jor­da­nia, Líbano, Siria y aho­ra Irán que han ago­ta­do la reser­va de mili­ta­res dis­po­ni­bles; y un pri­mer minis­tro que enfren­ta múl­ti­ples pro­ce­sos judi­cia­les por corrup­ción ante los cua­les la gue­rra per­ma­nen­te fun­cio­na como escu­do político.

El movi­mien­to de pro­tes­ta de reser­vis­tas había cre­ci­do de mane­ra sos­te­ni­da has­ta el ata­que de este sába­do. Mili­ta­res reti­ra­dos y en acti­vi­dad de la Uni­dad 8200 —la mayor uni­dad de inte­li­gen­cia del ejér­ci­to israe­lí— habían fir­ma­do car­tas de pro­tes­ta exi­gien­do el retorno de los rehe­nes de Gaza y cues­tio­nan­do la estra­te­gia de Netan­yahu. Una encues­ta recien­te mos­tra­ba que casi el 70% de la pobla­ción israe­lí apo­ya­ba el fin de la gue­rra para libe­rar a los rehe­nes res­tan­tes. Netan­yahu inten­tó neu­tra­li­zar ese movi­mien­to cali­fi­cán­do­lo de «gru­po peque­ño, corrup­to, ope­ra­do por orga­ni­za­cio­nes finan­cia­das con dine­ro extran­je­ro» —sin apor­tar prue­ba algu­na — , pero reco­no­ció implí­ci­ta­men­te su mag­ni­tud al men­cio­nar car­tas simi­la­res pro­ve­nien­tes de pilo­tos, de la Mari­na y de otras unidades.

La nue­va gue­rra con­tra Irán impo­ne a Israel 70.000 reser­vis­tas adi­cio­na­les movi­li­za­dos en un día, esta­do de emer­gen­cia decla­ra­do, espa­cio aéreo cerra­do, luga­res san­tos de Jeru­sa­lén veda­dos a los fie­les y sire­nas en toda la fran­ja cos­te­ra. Una mujer civil muer­ta en Tel Aviv. Vein­te heri­dos en la mis­ma zona. Los sis­te­mas Arrow e Iron Dome satu­ra­dos en la pri­me­ra olea­da sin poder inter­cep­tar completamente.

Ese es el resul­ta­do inme­dia­to en terri­to­rio israe­lí de una «ope­ra­ción pre­ven­ti­va» que sus arqui­tec­tos pre­sen­ta­ron como garan­tía de segu­ri­dad. El his­to­ria­dor Marc Volo­vi­ci lo sin­te­ti­zó para Reuters des­de Hai­fa, con sire­nas sonan­do de fon­do: «Es solo una demos­tra­ción de que Israel, aun­que afir­ma con­tro­lar su pro­pio des­tino, sigue depen­dien­do com­ple­ta­men­te del apo­yo estadounidense».

La para­do­ja estra­té­gi­ca más cruel de Netan­yahu es la mis­ma de siem­pre: si el obje­ti­vo era crear un Irán inca­paz de cons­ti­tuir una ame­na­za, el vacío de poder que gene­ra­ría sería lle­na­do por acto­res sin las res­tric­cio­nes que impo­ne un Esta­do-nación fun­cio­nal. Un Irán sin Esta­do no es un Irán ino­fen­si­vo. Los mode­los de Irak, Libia y Siria —Esta­dos demo­li­dos sin plan para el día siguien­te— lo demues­tran con déca­das de con­se­cuen­cias. Pero esta ver­dad no alcan­za a Netan­yahu por­que Netan­yahu no está cal­cu­lan­do la segu­ri­dad de Israel a lar­go pla­zo. Está cal­cu­lan­do su super­vi­ven­cia polí­ti­ca a cor­to pla­zo. Y la gue­rra, mien­tras dure, es el mejor escu­do con­tra sus fiscales.

Ara­bia Sau­di­ta y la dan­za del equilibrista

El Rei­no sau­di­ta con­den­sa todas las para­do­jas del con­flic­to. Antes del ata­que, había deja­do cla­ro en comu­ni­ca­dos pri­va­dos que no per­mi­ti­ría el uso de su terri­to­rio ni de su espa­cio aéreo para ope­ra­cio­nes mili­ta­res con­tra Irán. El mie­do a repre­sa­lias, la vul­ne­ra­bi­li­dad del estre­cho de Ormuz para sus expor­ta­cio­nes y los acuer­dos de nor­ma­li­za­ción con Tehe­rán —nego­cia­dos por Chi­na en 2023— hacían de Riad un alia­do reti­cen­te. Pero cuan­do la res­pues­ta ira­ní alcan­zó la capi­tal sau­di­ta y su región orien­tal, el cálcu­lo cambió.

Riad emi­tió un comu­ni­ca­do con­de­nan­do «ata­ques gra­ves y vio­la­cio­nes fla­gran­tes» de Irán. El can­ci­ller Aragh­chi había inten­ta­do fre­nar ese des­li­za­mien­to lla­man­do per­so­nal­men­te para expli­car que los misi­les iban diri­gi­dos a bases de Esta­dos Uni­dos, no a los Esta­dos anfi­trio­nes. Cuan­do caye­ron en Riad, esa dis­tin­ción se vol­vió aca­dé­mi­ca. Moham­med bin Sal­mán lla­mó al pre­si­den­te de los EAU para expre­sar soli­da­ri­dad, pero tam­bién habló con Pezesh­kian para explo­rar sali­das de deses­ca­la­da. Es el equi­li­bris­mo de quien sabe que está sobre una cuer­da ten­di­da sobre un volcán.

Rusia y Chi­na: el eje que sos­tie­ne la resistencia

La coope­ra­ción de Mos­cú y Pekín con Tehe­rán no comen­zó esta maña­na. En enero de 2025, Rusia e Irán fir­ma­ron un Tra­ta­do de Aso­cia­ción Estra­té­gi­ca Inte­gral de vein­te años. Rusia sumi­nis­tra inte­li­gen­cia cru­cial e incor­po­ró cazas Su-35 al arse­nal ira­ní. Chi­na moder­ni­zó la defen­sa aérea con misi­les HQ-9B y coope­ró en tec­no­lo­gía de reco­no­ci­mien­to sate­li­tal para ras­trear movi­mien­tos israe­líes. Esa mejo­ra expli­ca por qué las fuer­zas israe­líes ya no logra­ban inter­cep­tar armas ira­níes con la impu­ni­dad de antes.

Putin con­vo­có una reu­nión de emer­gen­cia del Con­se­jo de Segu­ri­dad. Mos­cú y Pekín soli­ci­ta­ron con­jun­ta­men­te sesión urgen­te del Con­se­jo de la ONU y cali­fi­ca­ron la jus­ti­fi­ca­ción de Trump de «infun­da­da.» No inter­ven­drán mili­tar­men­te de for­ma direc­ta, pero el con­flic­to con­so­li­da el eje de la resis­ten­cia al uni­po­la­ris­mo y pro­fun­di­za la des­do­la­ri­za­ción en mar­cha. La muer­te de Jame­nei pue­de ace­le­rar tam­bién la entre­ga de sis­te­mas de arma­men­to más sofis­ti­ca­dos que Mos­cú y Pekín habían rete­ni­do has­ta ahora.

Ansar Allah, el mar Rojo y el momen­to en que la eco­no­mía glo­bal entró en zona de peligro

Hay gen­te a la que solo le impor­tan los nego­cios y no la huma­ni­dad. Para quie­nes mira­ron con dis­tan­cia el geno­ci­dio en Gaza, los cuer­pos en Tehe­rán o las niñas muer­tas en Minab, este 28 de febre­ro tie­ne un len­gua­je que sí entien­den: el de las pérdidas.

Ansar Allah del Yemen había man­te­ni­do una paz frá­gil con Washing­ton. Ese equi­li­brio duró lo que tar­da­ron los pri­me­ros misi­les en caer sobre Tehe­rán. Ansar Allah anun­ció la reanu­da­ción de ata­ques con­tra buques esta­dou­ni­den­ses e israe­líes. Las Bri­ga­das Hez­bo­llah de Irak decla­ra­ron inmi­nen­tes ata­ques con­tra bases de Esta­dos Uni­dos. El Eje de la Resis­ten­cia —debi­li­ta­do pero no eli­mi­na­do— se reac­ti­vó en su tota­li­dad. Con el mar Rojo recon­ver­ti­do en zona de gue­rra acti­va y el estre­cho de Ormuz cerra­do, dos de las arte­rias marí­ti­mas más crí­ti­cas del pla­ne­ta están sien­do para­li­za­das al mis­mo tiem­po. Por el mar Rojo cir­cu­la entre el 12 y el 15% del comer­cio mundial.

Por el estre­cho de Ormuz pasa apro­xi­ma­da­men­te un quin­to del petró­leo del pla­ne­ta. Cien­tos de petro­le­ros se acu­mu­la­ban al cie­rre de esta edi­ción en la entra­da del estre­cho. Las aero­lí­neas Air Fran­ce, Lufthan­sa, Tur­kish Air­li­nes, SWISS y Air India sus­pen­die­ron sus vue­los a la región. Qatar cerró su espa­cio aéreo. El gol­pe sobre los pre­cios al con­su­mi­dor lle­ga­rá con la pun­tua­li­dad cruel de siem­pre: pri­me­ro a los que menos tie­nen. Esto no es una catás­tro­fe natu­ral. Es la con­se­cuen­cia direc­ta y pre­vi­si­ble de la esca­la­da que Israel y Esta­dos Uni­dos deci­die­ron lan­zar este sába­do, sabien­do que la res­pues­ta ira­ní pasa­ría exac­ta­men­te por aquí.

De qué tra­ta esta gue­rra: asi­me­tría no es derrota

La gue­rra de la pri­me­ra y la cuar­ta poten­cia mili­tar del pla­ne­ta con­tra la Revo­lu­ción Islá­mi­ca es el ejem­plo más cla­ro de gue­rra asi­mé­tri­ca de la era con­tem­po­rá­nea. De un lado: pre­su­pues­tos infi­ni­tos, tec­no­lo­gía de pun­ta, alian­zas glo­ba­les, hege­mo­nía mediá­ti­ca. Del otro: un pue­blo orga­ni­za­do, memo­ria his­tó­ri­ca, con­vic­ción ideo­ló­gi­ca y una deci­sión de resis­tir que sobre­vi­vió cua­ren­ta y sie­te años de san­cio­nes, cons­pi­ra­cio­nes, ase­si­na­tos y dos gue­rras pre­vias. Eso es asimetría.

Pero la asi­me­tría no sig­ni­fi­ca derro­ta. Sig­ni­fi­ca que la fuer­za no se mide úni­ca­men­te en tone­la­das de explo­si­vos. Se mide tam­bién en legi­ti­mi­dad, en cohe­sión inter­na, en volun­tad colec­ti­va. Si la gue­rra asi­mé­tri­ca fue­ra impo­si­ble de ganar, no exis­ti­rían pro­ce­sos de libe­ra­ción nacio­nal, no exis­ti­rían revo­lu­cio­nes vic­to­rio­sas, no exis­ti­rían pue­blos sobe­ra­nos. Viet­nam derro­tó a Esta­dos Uni­dos. Arge­lia derro­tó a Fran­cia. Cuba sobre­vi­vió más de sesen­ta años de blo­queo. Hez­bo­llah man­tu­vo al ejér­ci­to israe­lí fue­ra del sur del Líbano duran­te años. Ansar Allah obli­gó a reti­rar­se a la coa­li­ción naval más pode­ro­sa del mun­do en el mar Rojo de 2024.

Lo que está en jue­go en el gol­fo Pér­si­co no es solo el terri­to­rio ira­ní ni el pro­gra­ma nuclear. Es la idea de que los pue­blos pue­den desa­fiar el orden impues­to por las poten­cias mili­ta­res domi­nan­tes. Cuan­do un pue­blo resis­te fren­te a fuer­zas mate­rial­men­te supe­rio­res, demues­tra que la his­to­ria no está escri­ta por ade­lan­ta­do. La asi­me­tría pue­de ser des­ven­ta­ja mate­rial, pero tam­bién pue­de ser supe­rio­ri­dad moral y estra­té­gi­ca: quien defien­de su tie­rra con todo lo que tie­ne fren­te a quien libra una gue­rra de elec­ción tie­ne una dife­ren­cia de moti­va­ción que nin­gún arse­nal tec­no­ló­gi­co pue­de com­pen­sar completamente.

Si los pue­blos no pudie­ran ven­cer en con­di­cio­nes asi­mé­tri­cas, enton­ces la civi­li­za­ción no ten­dría des­tino pro­pio: sería ape­nas la pro­lon­ga­ción eter­na del domi­nio de los más pode­ro­sos. En el gol­fo se está defi­nien­do la posi­bi­li­dad mis­ma de que las nacio­nes del Sur Glo­bal pue­dan exis­tir fue­ra de la órbi­ta de con­trol impe­rial. La vic­to­ria o derro­ta de la Revo­lu­ción Islá­mi­ca ten­drá con­se­cuen­cias que se sen­ti­rán des­de Cara­cas has­ta Pyong­yang, des­de La Paz has­ta Damasco.

Lo que pro­ba­ble­men­te pase: la sali­da que Trump necesita

Trump nece­si­ta una sali­da ele­gan­te y la muer­te de Jame­nei pue­de ser exac­ta­men­te eso. El patrón vene­zo­lano lo ilus­tra: secues­tró a Madu­ro, lo pre­sen­tó como triun­fo his­tó­ri­co, obtu­vo el petró­leo que que­ría, está nego­cian­do una tran­si­ción y pre­sen­tó todo como vic­to­ria sin ocu­pa­ción pro­lon­ga­da ni muer­tos ame­ri­ca­nos sig­ni­fi­ca­ti­vos. Aho­ra tie­ne el mis­mo pro­ble­ma en Irán pero a esca­la incom­pa­ra­ble­men­te mayor: una gue­rra que no pue­de ganar mili­tar­men­te —las ins­ta­la­cio­nes nuclea­res más pro­fun­das son indes­truc­ti­bles sin el misil GBU-57 — , cuyos cos­tos eco­nó­mi­cos domés­ti­cos ya son polí­ti­ca­men­te tóxi­cos y en la que su pro­pia base no quie­re sol­da­dos ame­ri­ca­nos muertos.

La muer­te de Jame­nei le da la vic­to­ria sim­bó­li­ca que nece­si­ta para anun­ciar un alto el fue­go y reti­rar­se con la narra­ti­va del éxi­to: «Eli­mi­na­mos al peor terro­ris­ta del mun­do. Des­trui­mos su pro­gra­ma nuclear. El pue­blo ira­ní es libre». Irán, des­de su lado, pue­de acep­tar esa narra­ti­va sin ren­dir­se: la Revo­lu­ción sobre­vi­ve, el pro­gra­ma nuclear con­ti­nua­rá y el mar­ti­rio del Líder Supre­mo ali­men­ta­rá la movi­li­za­ción inter­na duran­te años. Ambos lados decla­ran vic­to­ria. El pro­pio Trump insi­nuó esa sali­da al decla­rar a Axios que podría «reti­rar­se den­tro de dos o tres días».

Exis­te la posi­bi­li­dad, menos pro­ba­ble pero no des­car­ta­ble, de que la esca­la­da se pro­lon­gue más allá de cual­quier umbral cal­cu­la­do. Si se con­fir­man bajas mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses sig­ni­fi­ca­ti­vas en las bases del gol­fo, la pre­sión sobre Trump para rees­ca­lar sería enor­me. Pero Trump no quie­re una gue­rra lar­ga. Nun­ca la quiso.

La ter­ce­ra ten­den­cia es la más sig­ni­fi­ca­ti­va para el lar­go pla­zo: cada bom­ba que cae sobre Tehe­rán es un argu­men­to más para que Irán ace­le­re su pro­gra­ma nuclear. La lec­ción de Corea del Nor­te es per­fec­ta­men­te legi­ble des­de Tehe­rán: nadie ata­ca a quien tie­ne la bom­ba. Los ata­ques de junio de 2025 lle­va­ron a Irán a inau­gu­rar nue­vos sitios de enri­que­ci­mien­to. Los de este sába­do pro­du­ci­rán el mis­mo efec­to. La para­do­ja estra­té­gi­ca cen­tral de esta gue­rra es que sus arqui­tec­tos están fabri­can­do exac­ta­men­te lo que dicen que­rer impedir.

El cora­zón del pro­ble­ma que nadie nombra

Lo que está ocu­rrien­do este 28 de febre­ro de 2026 no pue­de enten­der­se fue­ra del con­tex­to de seten­ta años de polí­ti­ca exte­rior occi­den­tal en Orien­te Medio. La Ope­ra­ción Ajax de 1953, cuan­do la CIA derro­có al pri­mer minis­tro demo­crá­ti­co ira­ní Mos­sa­degh para reins­ta­lar al Shah. Las déca­das de san­cio­nes que empo­bre­cie­ron al pue­blo ira­ní. El apo­yo a Sad­dam Hus­sein duran­te la gue­rra Irán-Irak de los años ochen­ta, cuan­do Esta­dos Uni­dos sabía que Bag­dad usa­ba armas químicas.La reti­ra­da uni­la­te­ral del acuer­do nuclear JCPOA por Trump en 2018. El ase­si­na­to del gene­ral Solei­ma­ni en 2020. Los ata­ques de 2024 y la gue­rra de los Doce Días de 2025. El inten­to de revo­lu­ción de colo­res de diciem­bre-enero que fra­ca­só por­que el pue­blo ira­ní no se pres­tó a ser el ins­tru­men­to del cam­bio de régi­men que Washing­ton nece­si­ta­ba. Y aho­ra esto, lan­za­do mien­tras las nego­cia­cio­nes esta­ban acti­vas, mien­tras los diplo­má­ti­cos aca­ba­ban de con­cluir una ron­da en Gine­bra. Es la mis­ma lógi­ca colo­nial de siem­pre: pri­me­ro el guan­te de seda, des­pués el puño de hierro.

Des­de la pers­pec­ti­va ira­ní —y des­de la del Sur Glo­bal que la com­par­te— no se tra­ta de un con­flic­to sobre armas nuclea­res. Se tra­ta de si la Revo­lu­ción Islá­mi­ca tie­ne dere­cho a exis­tir. Si un Esta­do no occi­den­tal tie­ne dere­cho a exis­tir fue­ra de la órbi­ta de con­trol impe­rial nor­te­ame­ri­cano. El emba­ja­dor ira­ní ante el Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de la ONU, Ali Bah­rei­ni, lo for­mu­ló sin eufe­mis­mos: «Esto no es un acto de gue­rra con­tra nues­tro país, es una gue­rra con­tra la humanidad».

Ali Jame­nei ha alcan­za­do el mar­ti­rio. La Revo­lu­ción Islá­mi­ca, no. La ban­de­ra roja que fla­mea sobre la mez­qui­ta Jam­ka­ran en Qom —sím­bo­lo de que la san­gre derra­ma­da no que­da­rá sin res­pues­ta— no fue iza­da por un hom­bre. Fue iza­da por una revo­lu­ción. Y las revo­lu­cio­nes no mue­ren con sus líde­res. Se hacen más peligrosas.

El mun­do está pagan­do el pre­cio de la lógi­ca de la supre­ma­cía mili­tar. Lo pagan los que no lo deci­den. Siem­pre es así.

La his­to­ria no ha ter­mi­na­do. Ape­nas comenzó.

De nue­vo deci­mos, la gue­rra en el gol­fo ofre­ce la posi­bi­li­dad de mos­trar a los pue­blos del mun­do que las gue­rras asi­mé­tri­cas pue­den librar­se y pue­den ganar­se, que en esa vic­to­ria hay una posi­bi­li­dad para la con­ti­nui­dad civi­li­za­to­ria y para elu­dir la iner­cia al abis­mo auto­des­truc­ti­vo que pro­po­ne el guerrerismo.

Fer­nan­do Esteche

1 de mar­zo de 2026

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