A menudo, el debate en torno a la decisión de Estados Unidos de emprender una guerra contra Irán se reduce a la mera influencia del lobby sionista o a las presiones ejercidas por Netanyahu sobre Trump.
Esta interpretación resulta atractiva por la facilidad con que simplifica los acontecimientos; sin embargo, omite el fundamento material de la violencia imperialista: los intereses económicos y militares globales de Estados Unidos.
Las decisiones estratégicas de una gran potencia capitalista se configuran dentro de la estructura de las fuerzas productivas y de las relaciones de clase a escala internacional.
Estados Unidos, en tanto que centro imperial, no actúa guiado por impulsos circunstanciales ni por presiones externas, sino conforme a las exigencias del sistema capitalista mundial de asegurar mercados, fuentes de energía y rutas comerciales.
Cualquier decisión de guerra constituye, en esencia, una medida orientada a salvaguardar sus intereses económicos y de clase, y no un servicio prestado a un aliado específico, por influyente que este sea.
La vinculación entre la guerra e «Israel» o Netanyahu no puede desligarse de la convergencia entre los intereses estadounidenses en Asi Occidental y la función del ente ocupante como instrumento de dominación imperialista a escala regional.
Ello convierte la influencia israelí en un factor coadyuvante, pero no en el determinante principal.
La presión o el lobby operan dentro del marco de los intereses de Estados Unidos y no generan decisiones nuevas salvo cuando estas se ajustan a dichos intereses.
Cada escalada militar de Estados Unidos es el resultado de una acumulación de poder económico y militar, y constituye un indicador de la naturaleza imperialista del capitalismo estadounidense: un intento de reconfigurar los equilibrios regionales de modo que se garantice la continuidad de la hegemonía del sistema capitalista global y la protección de sus intereses frente a cualquier amenaza, ya provenga de Irán o de otra potencia competidora.
Las interpretaciones alternativas que omiten esta realidad económica y social corren el riesgo de desarraigar el análisis político de su fundamento material.
En conclusión: la guerra no es exclusivamente el producto de los deseos de Netanyahu ni de las presiones del lobby sionista, sino una manifestación directa de la conducta imperialista de Estados Unidos, que actúa para preservar sus intereses económicos y estratégicos en Asia Occidental, mientras que sus aliados («Israel», los regímenes árabes, Turquía) constituyen instrumentos para reforzar dichos intereses, y no su fuente originaria.
Tannous Shalhoub
21 de marzo de 2026