La cons­pi­ra­ción del Líbano

Tabla de contenidos

La últi­ma gue­rra de Israel con­tra el Líbano no solo se libra des­de el aire. Se está refor­zan­do polí­ti­ca­men­te des­de den­tro, a medi­da que Bei­rut avan­za en el paso con los esfuer­zos entre Esta­dos Uni­dos e Israel para ais­lar a Hez­bo­llah y debi­li­tar la posi­ción nego­cia­do­ra de Irán.

En un artícu­lo ante­rior, exa­mi­na­mos los sie­te men­sa­jes que el pri­mer minis­tro israe­lí, Ben­ja­min Netan­yahu, tra­tó de comu­ni­car a tra­vés de ase­si­na­tos en masa en el Líbano.

Estos men­sa­jes tenían por obje­to remo­de­lar la diná­mi­ca regio­nal, afir­mar la disua­sión y for­zar nue­vas reali­da­des polí­ti­cas sobre el terreno.

Esas masa­cres ya han cau­sa­do cien­tos de muer­tos y más de mil heri­dos, jun­to con una gran des­truc­ción de la infra­es­truc­tu­ra civil, según figu­ras de la defen­sa civil libanesa.

Sin embar­go, la esca­la y la inten­si­dad de la vio­len­cia no fue­ron inci­den­ta­les. Esta­ban des­ti­na­dos a crear urgen­cia, mie­do y, en últi­ma ins­tan­cia, cumplimiento.

En ese momen­to, argu­men­ta­mos que las accio­nes de Israel eran par­te de un inten­to más amplio de impo­ner un nue­vo orden regio­nal a tra­vés de la san­gre. Des­de enton­ces, los nue­vos acon­te­ci­mien­tos han con­fir­ma­do que esta esca­la­da mili­tar se coor­di­nó con movi­mien­tos polí­ti­cos para­le­los, espe­cí­fi­ca­men­te, un esfuer­zo para sepa­rar la pis­ta de nego­cia­ción Irán-Esta­dos Uni­dos en Pakis­tán de la gue­rra con­tra el Líbano.

Esta sepa­ra­ción no es un deta­lle téc­ni­co. Es el núcleo de la lucha geo­po­lí­ti­ca actual.

A medi­da que las bom­bas israe­líes con­ti­núan cayen­do en todo el Líbano, Netan­yahu anun­ció que había ins­trui­do a su gobierno para que comen­za­ra nego­cia­cio­nes direc­tas con el Líbano «tan pron­to como fue­ra posi­ble», remar­can­do que estas con­ver­sa­cio­nes se cen­tra­rían en des­ar­mar a Hez­bo­llah y esta­ble­cer «rela­cio­nes pacíficas».

Este cam­bio no pasó en el vacío. Siguió a una de las olea­das más mor­tí­fe­ras de ata­ques israe­líes con­tra el Líbano en años y lle­gó en un momen­to en que Irán había vin­cu­la­do explí­ci­ta­men­te su par­ti­ci­pa­ción en las con­ver­sa­cio­nes de Isla­ma­bad con un alto el fue­go en el Líbano.

En otras pala­bras, Israel se inten­si­fi­có mili­tar­men­te al mis­mo tiem­po que abrió un canal polí­ti­co dise­ña­do para elu­dir las con­di­cio­nes de Irán.

Lo que hace que esta estra­te­gia sea par­ti­cu­lar­men­te con­se­cuen­cial, sin embar­go, no es el papel de Israel solo, sino la res­pues­ta de Beirut.

Des­de el comien­zo de la gue­rra israe­lí en el Líbano, el gobierno del pri­mer minis­tro Nawaf Salam ha toma­do medi­das que se ali­nean estre­cha­men­te con los obje­ti­vos de Esta­dos Uni­dos e Israel.

En lugar de enmar­car el con­flic­to prin­ci­pal­men­te como una agre­sión israe­lí, fun­cio­na­rios liba­ne­ses cla­ve han enfa­ti­za­do la nece­si­dad de con­tro­lar la resis­ten­cia, plan­tean­do repe­ti­da­men­te el tema de las armas de Hez­bo­llah y la nece­si­dad de poner todas las armas bajo con­trol estatal.

Esta posi­ción no es neu­tral. Se refle­ja una elec­ción polí­ti­ca. Más impor­tan­te aún, crea el mar­co mis­mo que Israel bus­ca impo­ner: uno en el que la cues­tión cen­tral ya no es la ocu­pa­ción, la agre­sión o las masa­cres civi­les, sino más bien el «pro­ble­ma» de la resis­ten­cia misma.

La volun­tad del gobierno liba­nés de par­ti­ci­par en nego­cia­cio­nes direc­tas con Israel, algo his­tó­ri­ca­men­te evi­ta­do fue­ra del estre­cho mar­co de con­tac­tos indi­rec­tos o media­dos, mar­ca un pre­ce­den­te peligroso.

Inclu­so si se enmar­ca como con­di­cio­nal o tác­ti­co, tal com­pro­mi­so cons­ti­tu­ye un reco­no­ci­mien­to polí­ti­co implí­ci­to de Israel en un momen­to en que los civi­les liba­ne­ses toda­vía están sien­do ente­rra­dos bajo los escom­bros de los ata­ques israelíes.

Esta con­tra­dic­ción no se pier­de en los acto­res nacionales.

Según Al Maya­deen, las figu­ras afi­lia­das a Hez­bo­llah han cri­ti­ca­do dura­men­te la direc­ción del gobierno, y algu­nos lo des­cri­ben como una trai­ción al más alto orden. La crí­ti­ca refle­ja un temor más pro­fun­do de que el Líbano se vea arras­tra­do por una pis­ta polí­ti­ca que final­men­te ser­vi­rá para des­le­gi­ti­mar la resis­ten­cia y remo­de­lar el equi­li­brio de poder interno del país.

Esta preo­cu­pa­ción se ve refor­za­da por la secuen­cia de los acon­te­ci­mien­tos en sí. Líbano aún no ha reci­bi­do una fecha for­mal de Esta­dos Uni­dos para comen­zar las nego­cia­cio­nes, según el corres­pon­sal de Al Maya­deen en Bei­rut. Los fun­cio­na­rios liba­ne­ses han insis­ti­do en que un alto el fue­go debe pre­ce­der a cual­quier con­ver­sa­ción, sin embar­go, Israel ha deja­do cla­ro que su obje­ti­vo es pre­ci­sa­men­te lo con­tra­rio: uti­li­zar las nego­cia­cio­nes como una herra­mien­ta para impo­ner nue­vas reali­da­des, inclui­do el desar­me de Hezbollah.

En el mis­mo momen­to, Irán ha deja­do su pos­tu­ra ine­quí­vo­ca­men­te cla­ra. Su dele­ga­ción ha con­di­cio­na­do la par­ti­ci­pa­ción en las con­ver­sa­cio­nes de Isla­ma­bad sobre la vin­cu­la­ción de cual­quier cesa­ción del fue­go con el pleno cese de las ope­ra­cio­nes israe­líes en el Líbano. Los fun­cio­na­rios ira­níes han ido más allá, enfa­ti­zan­do que no es posi­ble un acuer­do a lar­go pla­zo sin poner fin a la agre­sión israe­lí por completo.

Esto crea un cho­que direc­to de visio­nes polí­ti­cas. Por un lado, Irán está tra­tan­do de inte­grar al Líbano en un acuer­do regio­nal más amplio que pre­ser­ve el papel de la resis­ten­cia como actor cen­tral. Por otro lado, Esta­dos Uni­dos, Israel y sus alia­dos regio­na­les están tra­ba­jan­do para frag­men­tar ese mar­co: ais­lar al Líbano, mar­gi­nar a Hez­bo­llah y reafir­mar una orden lide­ra­da por Esta­dos Unidos.

En este con­tex­to, el com­por­ta­mien­to del gobierno liba­nés no pue­de enten­der­se como independiente.

El esta­blish­ment polí­ti­co de Bei­rut ha ope­ra­do duran­te mucho tiem­po den­tro de un sis­te­ma for­ma­do por pre­sio­nes exter­nas, par­ti­cu­lar­men­te de Washing­ton y sus alia­dos regio­na­les. El momen­to actual no es la excep­ción. El impul­so hacia las nego­cia­cio­nes, el énfa­sis en el desar­me y el encua­dre polí­ti­co del con­flic­to refle­jan una ali­nea­ción más amplia con el cam­po pro-americano.

Este cam­pa­men­to se enfren­ta a un dile­ma estra­té­gi­co. Su inca­pa­ci­dad para impo­ner un resul­ta­do deci­si­vo a Irán, ya sea mili­tar o eco­nó­mi­ca­men­te, ya ha cam­bia­do el equi­li­brio de poder. La cri­sis del estre­cho de Ormuz, la resis­ten­cia del Esta­do ira­ní y la fal­ta de neu­tra­li­za­ción de Hez­bo­llah han expues­to los lími­tes de la influen­cia estadounidense.

Per­mi­tir que el Líbano se inclu­ya en un mar­co de nego­cia­ción lide­ra­do por Irán pro­fun­di­za­ría ese cambio.

Efec­ti­va­men­te mar­gi­na­ría a los acto­res pro-occi­den­ta­les en Bei­rut y abri­ría la puer­ta a un nue­vo acuer­do regio­nal en el que Irán tie­ne una influen­cia sig­ni­fi­ca­ti­va. Para Washing­ton, Tel Aviv y sus alia­dos, este es un resul­ta­do inaceptable.

Por lo tan­to, la estra­te­gia actual: bom­bar­dear el Líbano, des­pués apre­su­rar­se a nego­ciar con el pro­pio gobierno libanés.

Este doble enfo­que no es con­tra­dic­to­rio. Es deli­be­ra­do. Las masa­cres crean pre­sión. Las nego­cia­cio­nes crean un camino polí­ti­co alter­na­ti­vo, uno que exclu­ye a Irán y replan­tea el con­flic­to en torno al desar­me y la normalización.

De mane­ra cru­cial, tan­to Israel como los seg­men­tos del esta­blish­ment polí­ti­co liba­nés com­par­ten un obje­ti­vo común: el debi­li­ta­mien­to y, en últi­ma ins­tan­cia, la derro­ta de Hez­bo­llah. Las con­ver­sa­cio­nes direc­tas son solo el pri­mer paso.

En el esce­na­rio ideal pre­vis­to por los Esta­dos Uni­dos e Israel, este pro­ce­so se con­ver­ti­ría en un con­sen­so inter­na­cio­nal, posi­ble­men­te a tra­vés de las Nacio­nes Uni­das, que des­le­gi­ti­ma for­mal­men­te a Hez­bo­llah y, por exten­sión, a todas las for­mas de resis­ten­cia arma­da. Tal cam­bio no solo remo­de­la­ría el Líbano inter­na­men­te, sino que tam­bién ata­ca­ría el núcleo del eje de resis­ten­cia más amplio.

Pero tales esce­na­rios rara vez se desa­rro­llan como esta­ba previsto.

El prin­ci­pal obs­tácu­lo sigue sien­do la insis­ten­cia de Irán en vin­cu­lar al Líbano con cual­quier acuer­do más amplio. Mien­tras se man­ten­ga este víncu­lo, los inten­tos de ais­lar al Líbano se enfren­ta­rán a una resis­ten­cia sig­ni­fi­ca­ti­va, no solo de Tehe­rán sino de los acto­res den­tro del pro­pio Líbano.

El resul­ta­do de esta lucha no se limi­ta­rá al Líbano.

Deter­mi­na­rá si la región se mue­ve hacia un orden frag­men­ta­do domi­na­do por los esta­dos res­pal­da­dos por Esta­dos Uni­dos, o hacia un nue­vo equi­li­brio en el que los movi­mien­tos de resis­ten­cia y sus alia­dos man­ten­gan un papel decisivo.

Ramzy Baroud es perio­dis­ta, autor y edi­tor de The Pales­ti­ne Chronicle

10 de agos­to de 2026

Fuen­te: https://​anda​lu​cia​mo​ris​ca​.org/​l​a​-​c​o​n​s​p​i​r​a​c​i​o​n​-​d​e​l​-​l​i​b​a​no/

Twitter
Facebook
Telegram

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *