Por primera vez desde la Revolución Islámica, un ministro de Asuntos Exteriores iraní anunció públicamente en una importante cadena occidental que el fracaso de las negociaciones conduciría a la guerra, y no al revés.
Este anuncio es parte de una estrategia de presión integral que combina la disuasión militar regional, el posible estrangulamiento energético y la parálisis en la toma de decisiones estadounidense.
La declaración de Abbas Araghchi en CNN marca un cambio fundamental: «Si las negociaciones fracasan, Irán está listo para la guerra».
Este mensaje llega inmediatamente después de la advertencia del líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyyed Ali Khamenei: «Cualquier ataque estadounidense conduciría a una guerra regional total».
De este modo, Irán ya no se contenta con la disuasión, sino que condiciona explícitamente la paz a la aceptación de un acuerdo, transformando la negociación en un ultimátum estratégico.
Esta postura coloca a Washington en un impasse estructural: atacar a Irán significa desencadenar una guerra regional incontrolable; no atacar mientras se rechaza un acuerdo significa reconocer el fracaso de la máxima presión, la columna vertebral de la estrategia iraní de Donald Trump. En este sentido, Estados Unidos parece haber perdido el arma central de su poder: el control de la escalada. ¿Y cómo?
Irán ha anunciado claramente que las bases estadounidenses en los países vecinos serán atacadas; que el estrecho de Ormuz, bajo la responsabilidad del CGRI, se convertirá en una importante palanca estratégica y que la arquitectura energética global será severamente desestabilizada.
El recordatorio de Araghchi de que el CGRI garantiza la seguridad del estrecho de Ormuz no es insignificante. Significa que Estados Unidos ya no controla militarmente el golfo Pérsico o, en otras palabras, que cualquier enfrentamiento naval expondría a la Armada estadounidense a pérdidas sin precedentes y la economía mundial sufriría desde las primeras horas del conflicto.
Esta realidad explica por qué las amenazas estadounidenses siguen siendo verbales, mientras que los mensajes de las negociaciones entre Teherán y Washington ahora pasan a través de intermediarios regionales.
Pero el cambio de paradigma estratégico en el golfo Pérsico no se detiene ahí: de hecho, es de lejos la primera vez en la historia de las relaciones entre los dos países que Irán también impone su agenda: así, entre las dos partes, no habrá debate sobre misiles, ni sobre alianzas regionales, ni sobre Ansar Allah o el Eje de la Resistencia.
En la mesa de negociaciones, solo una cuestión es primordial: el nivel de enriquecimiento nuclear iraní, con el levantamiento de las sanciones como condición previa. Todo lo demás se declara «no negociable».
La presión parece haber cambiado. Esta vez, Irán lleva la voz cantante. La reunión de Araghchi no es una mera declaración diplomática. Es una señal estratégica para Washington, así como para Tel Aviv y las capitales de los Emiratos del Golfo Pérsico: Irán ya no negocia bajo amenaza; ¡negocia imponiendo su propia amenaza!
Por primera vez desde la victoria de la Revolución Islámica en Irán, Estados Unidos no busca un acuerdo para ganar, sino para evitar una gran derrota estratégica. Por lo tanto, haya o no acuerdo, una cosa es segura: Irán ha recuperado la iniciativa, y Estados Unidos ahora actúa a la defensiva, atrapado por sus propias líneas rojas. La Pax Americana se tambalea.
Alireza Bayani, analista político iraní
3 de febrero de 2026
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https://french.presstv.ir/Detail/2026/02/03/763414/L