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Los BRICS: la ilu­sión más peligrosa

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Pre­sen­ta­dos como la «alter­na­ti­va al orden impe­rial occi­den­tal», los BRICS se han con­ver­ti­do en la ver­sión maqui­lla­da del mis­mo mode­lo que con retó­ri­ca con­fu­sa dicen com­ba­tir. Su jer­ga mul­ti­po­lar solo escon­de más extrac­ti­vis­mo, más explo­ta­ción y más subor­di­na­ción de los pue­blos a los intere­ses del capi­tal. ¿Sir­ve de algo cam­biar de impe­rio si no se cam­bia de lógica?

Nos dije­ron que lo que venía era un mun­do nue­vo. Que el sur glo­bal se había can­sa­do de obe­de­cer, que los impe­rios esta­ban en deca­den­cia y que se esta­ba for­jan­do una nue­va geo­gra­fía del poder.

Nos dije­ron que aho­ra los BRICS eran la res­pues­ta. Que Bra­sil, Rusia, India, Chi­na y Sudá­fri­ca, jun­to a nue­vos paí­ses aña­di­dos a la sopa, venían a plan­tar cara al dólar, a des­do­la­ri­zar los sue­ños, a demo­cra­ti­zar la economía.

Pero lo que nos dije­ron for­ma­ba par­te de una gran men­ti­ra, de una gigan­tes­ca estafa.

Cuan­do el amo cam­bia de ros­tro, no de mano

La idea de que los BRICS repre­sen­tan una alter­na­ti­va al orden capi­ta­lis­ta glo­bal no es solo inge­nua: es peligrosa.

Por­que cuan­do las cade­nas lle­van otro color, pero siguen apre­tan­do igual, cues­ta más ver­las. Y en este caso, el deco­ra­do mul­ti­po­lar ocul­ta la mis­ma fun­ción de siem­pre: explo­tar, acu­mu­lar, mandar.

Chi­na no es «el otro camino». Es la segun­da loco­mo­to­ra del mis­mo tren. Expor­ta capi­tal, com­pra tie­rras en Áfri­ca, se apro­pia de los recur­sos natu­ra­les de Lati­noa­mé­ri­ca, com­pra puer­tos en todo el mun­do e impo­ne su tec­no­lo­gía como for­ma de control.

Rusia, que se pre­sen­ta como pala­dín anti-OTAN, se mue­ve con la mis­ma lógi­ca del gran capi­tal ener­gé­ti­co y su apa­ra­to oligárquico.

India es la cuna del capi­ta­lis­mo digi­tal más sal­va­je y una de las demo­cra­cias for­ma­les más repre­si­vas del planeta.

Sudá­fri­ca man­tie­ne nive­les de des­igual­dad que aver­gon­za­rían al mis­mo neoliberalismo.

Y Bra­sil, con Lula o sin Lula, no deja de ser un expor­ta­dor de mate­rias pri­mas, soja, car­ne y mine­ra­les arran­ca­dos con san­gre indí­ge­na y devas­ta­ción de selvas.

¿Dón­de está el cam­bio? ¿En qué sitio la rup­tu­ra? ¿Dón­de la esperanza?

Un club de intere­ses, no de pueblos

Los BRICS no son un fren­te de pue­blos, sino un blo­que de bur­gue­sías nacio­na­les que bus­can ganar terreno sin modi­fi­car las reglas del jue­go. Su dis­cur­so «alter­na­ti­vo» es solo un mar­ke­ting más. Hablan de des­co­lo­ni­za­ción finan­cie­ra, pero no tocan ni una coma del mode­lo pro­duc­ti­vo basa­do en la explo­ta­ción labo­ral y el saqueo ambien­tal. Hablan de sobe­ra­nía, pero sus acuer­dos son entre Esta­dos y mul­ti­na­cio­na­les, no entre pueblos.

Lo que pro­po­nen no es un mun­do más jus­to, sino un repar­to dis­tin­to del botín. Quie­ren nego­ciar mejor con Esta­dos Uni­dos, pero en abso­lu­to enfren­tar­lo. Quie­ren una silla más gran­de en el FMI, pero ni se les ocu­rre bre­gar por su des­truc­ción. Quie­ren fir­mar tra­ta­dos en yua­nes, no abo­lir el comer­cio injusto.

Y mien­tras tan­to, los pobres siguen pobres, los cam­pe­si­nos siguen sin tie­rra y los obre­ros sin derechos.

Ni impe­rio nue­vo ni socia­lis­mo viejo

La fas­ci­na­ción que no pocos sec­to­res de «izquier­da» sien­ten por los BRICS tie­ne sus raí­ces en la deses­pe­ra­ción. Como Occi­den­te hue­le a podri­do, cual­quier no-Occi­den­te pare­ce fres­co. Pero cui­da­do: la podre­dum­bre no tie­ne pasa­por­te. Tam­bién se está cul­ti­van­do en los pala­cios de Bei­jing, en los ras­ca­cie­los de Mos­cú y en los ban­cos de Mumbai.

Los BRICS no son una resis­ten­cia al impe­ria­lis­mo. Son otro tipo de impe­ria­lis­mo: más joven, más híbri­do, pero igual de voraz. Un impe­ria­lis­mo toda­vía sin colo­nias for­ma­les, pero con zonas de sacri­fi­cio, tra­ta­dos bila­te­ra­les asfi­xian­tes, deu­da encu­bier­ta y pro­yec­tos extrac­ti­vos que repi­ten, sin cul­pa, la vie­ja fór­mu­la: tú pones los recur­sos, yo me lle­vo las ganancias.

¿Un nue­vo mun­do? NO, el mis­mo infierno

Dicen que bus­can un «nue­vo orden mun­dial». Y lo bus­can. Pero no uno que libe­re a los pue­blos, sino uno don­de ellos dis­pon­gan tam­bién de herra­mien­tas para domi­nar­los. Si antes los impe­rios tenían nom­bre y ban­de­ra, aho­ra se camu­flan bajo la idea de desa­rro­llo. Y los BRICS son exper­tos en eso: dis­fra­zar explo­ta­ción de coope­ra­ción, dis­fra­zar saqueo de inversión.

Eche­mos un vis­ta­zo a Áfri­ca. Allí, don­de las pro­me­sas chi­nas lle­na­ron titu­la­res, hoy se ven ferro­ca­rri­les que no lle­van a nin­gu­na par­te, minas que con­ta­mi­nan todo lo que tocan, y deu­das que hipo­te­can a gene­ra­cio­nes ente­ras. Mire­mos a Amé­ri­ca Lati­na, don­de el litio se entre­ga a con­sor­cios chi­nos o indios con la mis­ma faci­li­dad con que se entre­ga­ba antes a grin­gos o euro­peos. Nada ha cam­bia­do. Solo el idio­ma de los contratos.

No es mul­ti­po­la­ri­dad, es multiexplotación

Los BRICS no son el futu­ro. Son una con­ti­nua­ción del pasa­do con otro uni­for­me. Y creer que allí está la espe­ran­za es como bus­car oxí­geno en el humo. En lugar de dispu­tar­le el poder a las poten­cias tra­di­cio­na­les para devol­ver­lo a los pue­blos, lo que hacen es dispu­tar el man­do entre éli­tes para seguir dejan­do a los pue­blos aba­jo. Y si no que se lo pre­gun­ten a los vene­zo­la­nos, a los que algu­nos diri­gen­tes irres­pon­sa­bles entu­sias­ma­ron con la idea de que los cohe­tes hiper­só­ni­cos rusos y chi­nos los iban a defen­der de la agre­sión yanqui.

De mane­ra que no nos equi­vo­que­mos: el enemi­go no es solo «Occi­den­te», sino todo el con­jun­to del sis­te­ma capi­ta­lis­ta que repro­du­ce la explo­ta­ción, des­igual­dad y saqueo. Y la natu­ra­le­za ideo­ló­gi­ca de los BRICS, no pasa de ser eso mismo.

Aday Que­sa­da para Canarias-Semanal

3 de febre­ro de 2026

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