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¿Cómo podría fra­ca­sar la gue­rra entre Esta­dos Uni­dos e Israel con­tra Irán?

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Lo que se pre­sen­tó como un ata­que rápi­do y defi­ni­ti­vo con­tra Irán se está con­vir­tien­do rápi­da­men­te en algo mucho más impre­de­ci­ble y poten­cial­men­te más peli­gro­so. La cre­cien­te gue­rra entre Esta­dos Uni­dos e Israel con­tra Irán se ven­dió, implí­ci­ta o explí­ci­ta­men­te, como un gol­pe deci­si­vo: una cam­pa­ña que derro­ca­ría al régi­men, des­en­ca­de­na­ría pro­tes­tas masi­vas, frac­tu­ra­ría el Esta­do ira­ní y reafir­ma­ría el domi­nio esta­dou­ni­den­se-israe­lí en toda la región. Más allá del ase­si­na­to del líder supre­mo del país y de un núme­ro inde­ter­mi­na­do de fun­cio­na­rios mili­ta­res y polí­ti­cos ira­níes, los bom­bar­deos esta­dou­ni­den­ses-israe­líes han cau­sa­do la muer­te de más de 1300 civi­les ira­níes, heri­do a más de 10.000 y daña­do más de 13.500 edi­fi­cios civi­les. Estos últi­mos inclu­yen más de 11 000 vivien­das, 2300 edi­fi­cios comer­cia­les, 65 cen­tros edu­ca­ti­vos, 77 cen­tros médi­cos y diver­sas pla­zas públi­cas, ins­ta­la­cio­nes depor­ti­vas, depó­si­tos de com­bus­ti­ble y otra infra­es­truc­tu­ra civil crí­ti­ca. Sin embar­go, dos sema­nas des­pués del ini­cio de la gue­rra, pare­ce estar ges­tán­do­se la diná­mi­ca opues­ta a la del supues­to gol­pe deci­si­vo. Final­men­te, la retó­ri­ca caó­ti­ca y gran­di­lo­cuen­te de los agre­so­res ha esta­ble­ci­do un están­dar rela­ti­va­men­te bajo para defi­nir el fracaso.

El régi­men ira­ní no se ha derrum­ba­do y las ten­sio­nes regio­na­les se están inten­si­fi­can­do. Irán ha daña­do 17 ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res y diplo­má­ti­cas esta­dou­ni­den­ses en Orien­te Medio, inclu­yen­do bases mili­ta­res, ins­ta­la­cio­nes de defen­sa aérea, con­su­la­dos y emba­ja­das. Si bien la cen­su­ra mili­tar israe­lí ha res­trin­gi­do la publi­ca­ción de infor­ma­ción sobre los ata­ques ira­níes, sabe­mos que al menos 6.500 edi­fi­cios, 1.400 equi­pos y 1.400 vehícu­los han resul­ta­do daña­dos. El pano­ra­ma de resis­ten­cia a la agre­sión esta­dou­ni­den­se e israe­lí se ha exten­di­do al Líbano e Irak. Los mer­ca­dos ener­gé­ti­cos se tam­ba­lean mien­tras varias com­pa­ñías petro­le­ras y gasís­ti­cas del Gol­fo decla­ran fuer­za mayor. Los alia­dos de Esta­dos Uni­dos en el Gol­fo están cada vez más inquie­tos. Y cuan­to más se pro­lon­gue la gue­rra, mayor será el ries­go de que se trans­for­me de una demos­tra­ción de poder en un pre­sa­gio con­cre­to de multipolaridad.

Estos ries­gos se mani­fies­tan en la esta­bi­li­dad inter­na de Irán, el cre­cien­te núme­ro de bajas esta­dou­ni­den­ses e israe­líes, el alza de los pre­cios del petró­leo, la cre­cien­te ansie­dad de los Esta­dos del Gol­fo, la cre­cien­te car­ga finan­cie­ra para Washing­ton, la sos­te­ni­bi­li­dad del escu­do defen­si­vo de Israel y los dis­cre­tos cálcu­los que se lle­van a cabo en Mos­cú y Pekín. En con­jun­to, estas diná­mi­cas sugie­ren que cuan­to más se pro­lon­gue este con­flic­to, mayor será el ries­go de que gene­re con­se­cuen­cias que van mucho más allá de las que sus artí­fi­ces pare­cen haber previsto.

Nin­guno de estos ries­gos supo­ne auto­má­ti­ca­men­te el fin de esta agre­sión, ya que abun­dan las incóg­ni­tas y las con­se­cuen­cias impre­vis­tas. Sin embar­go, estas pre­sio­nes están cobran­do fuer­za y se desa­rro­llan simul­tá­nea­men­te en cua­tro ámbi­tos inter­co­nec­ta­dos: den­tro de Irán; en el cam­po de bata­lla regio­nal; en el sis­te­ma ener­gé­ti­co y finan­cie­ro mun­dial; y, de for­ma laten­te, en la com­pe­ten­cia entre gran­des potencias.

Los artí­fi­ces esta­dou­ni­den­ses e israe­líes de esta gue­rra asu­mie­ron que la pre­sión mili­tar sos­te­ni­da frac­tu­ra­ría al régi­men ira­ní o des­en­ca­de­na­ría una movi­li­za­ción gene­ra­li­za­da en su con­tra. Sin embar­go, se ha pro­du­ci­do la diná­mi­ca opues­ta. Lejos de colap­sar, el régi­men ira­ní ha per­se­ve­ra­do y for­ta­le­ci­do su cohe­sión, en gran medi­da gra­cias a la elec­ción de su hijo Moj­ta­bah, suce­sor del ase­si­na­to de su Líder Supre­mo, el aya­to­lá Ali Jame­nei. Dado que el impac­to ini­cial no ha dado resul­ta­dos deci­si­vos, el rit­mo y la mag­ni­tud de los ata­ques esta­dou­ni­den­ses e israe­líes, espe­cial­men­te con­tra infra­es­truc­tu­ra civil, se han inten­si­fi­ca­do. De hecho, estos ata­ques han con­so­li­da­do aún más al régi­men, al tiem­po que han pro­vo­ca­do una res­pues­ta ira­ní más amplia. Es dis­cu­ti­ble que estos ata­ques amplia­dos con­tra infra­es­truc­tu­ra civil logren uni­fi­car o movi­li­zar a una pobla­ción frag­men­ta­da con­tra el régi­men de for­ma inmediata.

Obser­va­mos repre­sa­lias en el cre­cien­te núme­ro de ata­ques con misi­les y dro­nes de Irán con­tra terri­to­rio israe­lí y bases y per­so­nal esta­dou­ni­den­ses en el Gol­fo. Estos inter­cam­bios han refor­za­do la soli­da­ri­dad inter­na en Irán, al tiem­po que han con­tri­bui­do a la cre­cien­te inquie­tud sobre la gue­rra en Esta­dos Uni­dos y han ero­sio­na­do aún más la ya pre­ca­ria legi­ti­mi­dad que Washing­ton y Tel Aviv recla­man. Tam­bién han afian­za­do la per­cep­ción, entre la pobla­ción ára­be has­ta aho­ra apa­ci­ble, de que sus gobier­nos son socios incon­di­cio­na­les de Israel y apo­yan sus estra­te­gias, una idea que pare­ce con­tra­ria a la reali­dad bajo las actua­les for­mas de repre­sión local. La supo­si­ción de que el bom­bar­deo por sí solo debi­li­ta­ría al régi­men pare­ce, al menos por aho­ra, erró­nea y, sin duda, un error de cálculo.

Las con­se­cuen­cias no se limi­tan a la cohe­sión inter­na de Irán. Se extien­den por todo el Gol­fo y el sis­te­ma ener­gé­ti­co mun­dial. Las inte­rrup­cio­nes y obs­truc­cio­nes en torno al estre­cho de Ormuz ya han dis­pa­ra­do los pre­cios del petró­leo, tan­to a nivel mun­dial como local, con pre­vi­sio­nes creí­bles de aumen­tos mucho más pro­nun­cia­dos si la gue­rra se inten­si­fi­ca. Inclu­so la mera per­cep­ción de una ines­ta­bi­li­dad sos­te­ni­da en este corre­dor —por don­de tran­si­ta una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va del sumi­nis­tro ener­gé­ti­co mun­dial— gene­ra pre­sio­nes infla­cio­na­rias en eco­no­mías mucho más allá de la región. Y esto sin con­tar con una posi­ble esca­la­da por par­te de los hutíes, que han ame­na­za­do con entrar en la gue­rra si Ara­bia Sau­dí lo hace, inclu­so median­te el trá­fi­co marí­ti­mo en el mar Rojo, como hicie­ron duran­te el geno­ci­dio de Gaza, y poten­cial­men­te ata­can­do den­tro del terri­to­rio sau­dí. Tales acon­te­ci­mien­tos ampli­fi­ca­rían la ten­sión eco­nó­mi­ca mun­dial, agra­van­do las pre­sio­nes infla­cio­na­rias existentes.

Al mis­mo tiem­po, los Esta­dos del Gol­fo se encuen­tran en una posi­ción cada vez más pre­ca­ria. Si bien con­de­nan públi­ca­men­te a Irán, sus líde­res com­pren­den que alber­gar bases esta­dou­ni­den­ses y no impe­dir los ata­ques lan­za­dos des­de su terri­to­rio los con­vier­te tan­to en socios como en poten­cia­les obje­ti­vos. Los ata­ques de repre­sa­lia ira­níes con­tra ins­ta­la­cio­nes civi­les vin­cu­la­das a ope­ra­cio­nes esta­dou­ni­den­ses sub­ra­yan que los ata­ques lan­za­dos des­de un terri­to­rio con­tra ins­ta­la­cio­nes civi­les ira­níes con­lle­van el ries­go de reci­bir res­pues­tas equi­va­len­tes. Esto ha gene­ra­do una inquie­tud visi­ble en las socie­da­des del Gol­fo, don­de la pobla­ción obser­va cómo la ali­nea­ción de segu­ri­dad de sus gobier­nos con Washing­ton e Israel cho­ca con las con­se­cuen­cias mate­ria­les de la esca­la­da regio­nal. Por lo tan­to, la recien­te dis­cul­pa del pre­si­den­te ira­ní no fue una renun­cia a nue­vos ata­ques, sino un reco­no­ci­mien­to de que civi­les han sufri­do y segui­rán sufrien­do daños inne­ce­sa­rios, e inclu­so pere­cien­do, en Bah­réin, Qatar, Kuwait, los Emi­ra­tos Ára­bes Uni­dos y otros luga­res. Al inten­tar con­te­ner a Irán, Washing­ton podría estar trans­for­man­do su pro­pia red de alian­zas y bases regio­na­les en una fuen­te de ries­go estratégico.

Más allá de la ines­ta­bi­li­dad regio­nal, el cos­to repre­sen­ta otro pun­to de pre­sión laten­te. Por aho­ra, la car­ga finan­cie­ra dia­ria de la gue­rra para Esta­dos Uni­dos sigue sien­do polí­ti­ca­men­te mane­ja­ble. Sin embar­go, esta gue­rra impe­rial, con con­se­cuen­cias masi­vas para la vida y los recur­sos en Irán, no se vol­ve­rá insos­te­ni­ble de la noche a la maña­na. No obs­tan­te, even­tual­men­te cru­za­rá un umbral crí­ti­co. Las cam­pa­ñas aéreas sos­te­ni­das, las ope­ra­cio­nes nava­les, el des­plie­gue de fuer­zas, el reabas­te­ci­mien­to de muni­cio­nes y los paque­tes de ayu­da de emer­gen­cia se acu­mu­lan silen­cio­sa­men­te antes de que se noten con fuer­za. Cuan­to más se pro­lon­gue el con­flic­to sin avan­ces estra­té­gi­cos deci­si­vos —siem­pre difí­ci­les de medir en ausen­cia de obje­ti­vos cla­ros — , más difí­cil será jus­ti­fi­car gas­tos ili­mi­ta­dos, espe­cial­men­te en un con­tex­to interno ya afec­ta­do por la infla­ción y los défi­cits fiscales.

Israel se enfren­ta a un dile­ma simi­lar. Sus sis­te­mas de defen­sa anti­mi­si­les, inclu­yen­do la Cúpu­la de Hie­rro y pla­ta­for­mas de inter­cep­ta­ción más avan­za­das, son extra­or­di­na­ria­men­te cos­to­sos de ope­rar a gran esca­la. Estos inter­cep­to­res cues­tan mucho más que muchos de los pro­yec­ti­les ira­níes que están dise­ña­dos para des­truir. Ade­más, la entra­da de Hez­bo­lá en la gue­rra, o más bien la res­pues­ta tras meses de agre­sión israe­lí duran­te un supues­to alto el fue­go, ha agra­va­do el efec­to de esta posi­ble esca­sez. Con sus misi­les y dro­nes alcan­zan­do dia­ria­men­te ciu­da­des como Tel Aviv y Hai­fa, Israel aho­ra tie­ne que luchar en dos fren­tes, tan­to en el aire como en tie­rra en el sur del Líbano, con­tra una fuer­za dis­ci­pli­na­da que se creía gra­ve­men­te debi­li­ta­da. Apa­ren­te­men­te no lo esta­ba. En enfren­ta­mien­tos bre­ves, esta asi­me­tría es mane­ja­ble. En inter­cam­bios pro­lon­ga­dos, se vuel­ve tras­cen­den­tal y deci­si­va­men­te insos­te­ni­ble, sobre todo dado el des­plie­gue pro­gre­si­vo de misi­les más avan­za­dos por par­te de Irán. Las tasas de ago­ta­mien­to, los pla­zos de reabas­te­ci­mien­to y la sos­te­ni­bi­li­dad finan­cie­ra comien­zan a ser impor­tan­tes. El éxi­to defen­si­vo no eli­mi­na la ten­sión estra­té­gi­ca; pue­de enmas­ca­rar­lo, has­ta que ya no pueda.

En con­jun­to, el aumen­to de los cos­tos finan­cie­ros, el cre­cien­te gas­to mili­tar y el con­su­mo cons­tan­te de arma­men­to defen­si­vo podrían lle­var a que esta cam­pa­ña de agre­sión gene­re ren­di­mien­tos decre­cien­tes a una esca­la poten­cial­men­te masi­va que tras­cien­de con cre­ces Orien­te Medio. Y es pre­ci­sa­men­te en ese pun­to —cuan­do con­ver­gen la esca­la­da regio­nal y el aumen­to de los cos­tos— que se vis­lum­bran las impli­ca­cio­nes geo­po­lí­ti­cas más amplias de la gue­rra. En este con­tex­to, Rusia y Chi­na no son meros obser­va­do­res pasi­vos. Des­de Mos­cú y Pekín, este con­flic­to no es solo una con­fron­ta­ción regio­nal. Más bien, es un indi­ca­dor o una prue­ba de la resis­ten­cia de Esta­dos Uni­dos, la cohe­sión de sus alian­zas, su elas­ti­ci­dad fis­cal y su des­tre­za mili­tar en el terreno. Cada sema­na que la gue­rra con­ti­núa sin una reso­lu­ción deci­si­va ofre­ce una lec­ción sobre la dura­bi­li­dad y los lími­tes de la pro­yec­ción de poder de Esta­dos Uni­dos, así como sobre su esta­tus de gran potencia.

Exis­ten otras impli­ca­cio­nes a lar­go pla­zo. Para Rusia, la pro­lon­ga­da impli­ca­ción de Esta­dos Uni­dos en otro esce­na­rio cos­to­so podría replan­tear las estra­te­gias en Euro­pa, espe­cial­men­te en lo que res­pec­ta al equi­li­brio de pre­sión en el flan­co orien­tal de la OTAN. Para Chi­na, el con­flic­to pone de mani­fies­to las vul­ne­ra­bi­li­da­des en los pun­tos estra­té­gi­cos ener­gé­ti­cos glo­ba­les, los com­pro­mi­sos nava­les esta­dou­ni­den­ses y la ten­sión polí­ti­ca que acom­pa­ña a las cam­pa­ñas pro­lon­ga­das. Nin­guno de los dos Esta­dos nece­si­ta inter­ve­nir direc­ta­men­te para bene­fi­ciar­se de una sobre­car­ga estructural.

Por lo tan­to, lo que está en jue­go va más allá de Tehe­rán, Tel Aviv y Washing­ton. Si la gue­rra ace­le­ra la pre­sión fis­cal, expo­ne la fra­gi­li­dad de las estruc­tu­ras de segu­ri­dad basa­das en Esta­dos Uni­dos en el Gol­fo y ero­sio­na la per­cep­ción de una esca­la­da con­tro­la­da, podría ace­le­rar los cam­bios que ya se están pro­du­cien­do en el sis­te­ma inter­na­cio­nal y con­du­cir a un tipo de «mul­ti­po­la­ri­dad» dife­ren­te al que se supo­nía anteriormente.

Más allá de la estra­te­gia y la rede­fi­ni­ción de las gran­des poten­cias, sub­ya­ce la reali­dad más inme­dia­ta de la devas­ta­ción huma­na. Miles de civi­les ira­níes ya han paga­do el pre­cio de una gue­rra enmar­ca­da en el dis­cur­so de la disua­sión y la nece­si­dad, y esto se suma a los miles que pere­cie­ron a prin­ci­pios de año duran­te las pro­tes­tas con­tra el régi­men. En toda la región, des­de el sur del Líbano has­ta el Gol­fo Pér­si­co, la gen­te común sufre las con­se­cuen­cias de deci­sio­nes toma­das en capi­ta­les leja­nas. En Gaza, don­de la muer­te y la des­truc­ción masi­vas ya han trans­for­ma­do el pano­ra­ma moral de esta era, la expan­sión de la gue­rra no hace sino acen­tuar la sen­sa­ción de que la fuer­za ha sus­ti­tui­do a la mode­ra­ción como prin­ci­pio rec­tor. Esto tie­ne tan­ta impor­tan­cia estra­té­gi­ca como moral, por­que los Esta­dos que nor­ma­li­zan el daño a la pobla­ción civil a gran esca­la pue­den obte­ner bene­fi­cios a cor­to pla­zo, pero ero­sio­nan la legi­ti­mi­dad de la que depen­de el poder duradero.

Nin­gu­na de las pre­sio­nes des­cri­tas ante­rior­men­te garan­ti­za un resul­ta­do espe­cí­fi­co. Irán podría debi­li­tar­se. Los arse­na­les y lan­za­do­res cla­ve podrían sufrir gra­ves daños. La esca­la­da podría des­con­tro­lar­se de for­ma impre­de­ci­ble, mien­tras que la deses­ca­la­da sigue sien­do posi­ble, posi­ble­men­te en fun­ción de un umbral de tole­ran­cia dife­ren­te para Israel y Esta­dos Uni­dos. Sin embar­go, la supo­si­ción de que esta gue­rra sería bre­ve, con­tro­la­da y estra­té­gi­ca­men­te escla­re­ce­do­ra ya pare­ce erró­nea y pre­ca­ria. Por aho­ra, lo que sí es segu­ro es el cre­cien­te núme­ro de víc­ti­mas civi­les en toda la región, y la cre­cien­te posi­bi­li­dad de que una cam­pa­ña des­ti­na­da a refor­zar la supre­ma­cía esta­dou­ni­den­se e israe­lí mar­que, en cam­bio, otro pun­to de infle­xión en su declive.

Bas­sam Haddad

15 de mar­zo de 2026

Fuen­te: https://www.jadaliyya.com/Details/47231/How-Might-the-United-States-and-Israel%E2%80%99s-War-on-Iran-Fail

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