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Decla­ra­ción del Líder de la Revo­lu­ción Islá­mi­ca, el Aya­to­llah Moj­ta­ba Jame­nei, en el cua­dra­gé­si­mo día de due­lo por el mar­ti­rio del Aya­to­llah Ali Jame­nei, sobre la gue­rra impuesta

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En el nom­bre de Dios, el Cle­men­te, el Misericordioso

«Entre los cre­yen­tes hay hom­bres que han sido sin­ce­ros en su com­pro­mi­so con Dios» (Coran, 33:23)

En estos días, se oye con fre­cuen­cia que diver­sos gru­pos de nues­tro que­ri­do pue­blo recuer­dan, con razón y nos­tal­gia, a aquel ser úni­co de nues­tra era, mien­tras se reve­lan gra­dual­men­te más face­tas de la joya bri­llan­te de su noble personalidad.

Asi­mis­mo, se está exten­dien­do la ten­den­cia a emu­lar sus actos par­ti­cu­la­res; entre ellos, nues­tro que­ri­do pue­blo ha extraí­do lec­cio­nes del puño cerra­do de Su Exce­len­cia en el momen­to de su mar­ti­rio, y aho­ra ese mis­mo puño cerra­do se ha con­ver­ti­do para algu­nos en un sím­bo­lo común de convicción.

Así se demues­tra, una vez más, que la influen­cia del már­tir es mayor que la del indi­vi­duo pre­sen­te, y su voz reso­nan­te al invi­tar al mono­teís­mo, a la bús­que­da de la jus­ti­cia y a la lucha con­tra la opre­sión y la corrup­ción, tie­ne más eco y su men­sa­je es más pene­tran­te que duran­te su vida.

Ade­más, el anhe­lo del cora­zón de este gran már­tir, que era la feli­ci­dad de esta nación y de las demás nacio­nes musul­ma­nas, está hoy más cer­ca de la reali­dad que antes.

¡Her­ma­nos y her­ma­nas com­pa­trio­tas! Hoy, y has­ta este pun­to de la epo­pe­ya de la «Ter­ce­ra Sagra­da Defen­sa», se pue­de decir con auda­cia que uste­des, la heroi­ca nación de Irán, han sido los ven­ce­do­res defi­ni­ti­vos de este cam­po de batalla.

Hoy, el ama­ne­cer del sur­gi­mien­to de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca como una gran poten­cia y la caí­da del impe­ria­lis­mo en la pen­dien­te de la debi­li­dad es evi­den­te ante los ojos de todos.

Esto es, sin duda, una ben­di­ción divi­na con­ce­di­da a la nación ira­ní gra­cias a la san­gre de nues­tro Líder Már­tir y de los demás már­ti­res envuel­tos en sus suda­rios car­me­síes, de los com­pa­trio­tas opri­mi­dos y de las flo­res mar­chi­tas de la escue­la Sha­ya­ra Taii­ba de Minab; como resul­ta­do de las súpli­cas y rue­gos de todo el pue­blo ante el umbral divino y su pre­sen­cia mili­tan­te en las pla­zas, barrios y mez­qui­tas; y por los sacri­fi­cios desin­te­re­sa­dos, puros y cons­tan­tes de los com­ba­tien­tes del Islam en el Cuer­po de la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria, el Ejér­ci­to, el Fara­ya (fuer­zas poli­cia­les), los sol­da­dos anó­ni­mos y los guar­dias fronterizos.

Esta ben­di­ción, como cual­quier otra, debe ser agra­de­ci­da para que per­du­re y crez­ca, pues: «Si sois agra­de­ci­dos, os daré aún más» (Corán, 14:7). El agra­de­ci­mien­to prác­ti­co de esta ben­di­ción es el esfuer­zo incan­sa­ble para alcan­zar un Irán Fuerte.

Lo que pare­ce nece­sa­rio en este momen­to para lograr este lema y obje­ti­vo estra­té­gi­co del Líder Már­tir, es la con­ti­nui­dad de la pre­sen­cia de nues­tro que­ri­do pue­blo, tal como lo han hecho en los últi­mos cua­ren­ta días. Esta pre­sen­cia es un pilar fun­da­men­tal de la posi­ción de dig­ni­dad en la que el Irán pode­ro­so se asien­ta actualmente.

Por lo tan­to, no se debe pen­sar que con el anun­cio de la dis­po­si­ción a nego­ciar con el enemi­go, la pre­sen­cia en las calles ya no es nece­sa­ria. Al con­tra­rio, si hipo­té­ti­ca­men­te lle­ga­ra el momen­to de un perio­do de silen­cio en el cam­po de bata­lla mili­tar, el deber de cada ciu­da­dano que ten­ga la posi­bi­li­dad de estar pre­sen­te en pla­zas, barrios y mez­qui­tas será más pesa­do que antes. Cier­ta­men­te, sus gri­tos en las pla­zas son efec­ti­vos en el resul­ta­do de las nego­cia­cio­nes; así como el asom­bro­so y cre­cien­te núme­ro de millo­nes en la cam­pa­ña «Yan-fada» (Sacri­fi­cio por Irán) es uno de los ele­men­tos influ­yen­tes en este ámbi­to. Con el favor de Dios, gra­cias a estas accio­nes y su con­ti­nui­dad, el hori­zon­te que se pre­sen­ta ante la nación ira­ní augu­ra el sur­gi­mien­to de una era glo­rio­sa, bri­llan­te y lle­na de honor, orgu­llo y prosperidad.

Cuan­do nues­tro Líder Már­tir asu­mió el lide­raz­go, el sis­te­ma de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca era como un reto­ño que había reci­bi­do múl­ti­ples heri­das de los enemi­gos del Islam e Irán, y por supues­to, las sopor­tó todas con entereza.

Pero cuan­do, des­pués de casi 37 años, dejó el sitial del lide­raz­go de la Ummah, legó un «Árbol Sagra­do» (Sha­ya­ra Taii­ba) cuyas raí­ces son fir­mes y cuyas ramas extien­den su som­bra sobre par­tes impor­tan­tes de la región y del mundo

El enfo­que para alcan­zar un «Irán cada vez más fuer­te» pasa por la sen­da de la uni­dad entre los diver­sos estra­tos de la socie­dad, algo que él enfa­ti­zó repetidamente.

Una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de esta uni­dad se ha mate­ria­li­za­do en estos cua­ren­ta días: los cora­zo­nes del pue­blo se han acer­ca­do, el hie­lo entre los dife­ren­tes sec­to­res con diver­sas ten­den­cias ha comen­za­do a derre­tir­se, todos se han reu­ni­do bajo la ban­de­ra de la patria y día tras día aumen­ta el núme­ro y la cali­dad de esta unión. Muchos de los que aún no se han suma­do a esta pre­sen­cia, están de cora­zón jun­to a las mul­ti­tu­des pre­sen­tes en las plazas.

En estos días, muchos están expe­ri­men­tan­do una visión civi­li­za­to­ria al mirar hacia hori­zon­tes leja­nos, crean­do para sí mis­mos una ima­gen que no es ilu­so­ria, sino basa­da en las reali­da­des del pre­sen­te y del futuro.

Esta es una carac­te­rís­ti­ca que has­ta hace poco se veía en unos pocos, enca­be­za­dos por el Líder Már­tir. Es así como cual­quier obser­va­dor per­ci­be el cre­ci­mien­to rápi­do y mila­gro­so de esta nación, y no es en vano que en estos días, el renom­bra­do Sabio de la épo­ca y el Emi­nen­te Juris­ta, cuan­do les habla de esta dig­ni­dad, a menu­do sien­te que un nudo en la gar­gan­ta inte­rrum­pe sus palabras.

En este mis­mo espa­cio, digo a los veci­nos del sur de Irán que están sien­do tes­ti­gos de un milagro.

Por lo tan­to, vean correc­ta­men­te, entien­dan correc­ta­men­te, sitúen­se en el lugar correc­to y des­con­fíen de las fal­sas pro­me­sas de los demo­nios. Toda­vía espe­ra­mos una reac­ción ade­cua­da de su par­te para mos­trar­les nues­tra fra­ter­ni­dad y bue­na volun­tad. Esto no suce­de­rá a menos que se apar­ten de los arro­gan­tes que no pier­den opor­tu­ni­dad para humi­llar­los y explotarlos.

Todos deben saber que, con el favor de Dios, cier­ta­men­te no deja­re­mos impu­nes a los cri­mi­na­les agre­so­res que ata­ca­ron nues­tro país. Exi­gi­re­mos sin fal­ta la indem­ni­za­ción por cada daño cau­sa­do, el pre­cio de la san­gre de los már­ti­res y la com­pen­sa­ción por los vete­ra­nos de esta gue­rra, y lle­va­re­mos la ges­tión del estre­cho de Ormuz a una nue­va etapa.

No hemos bus­ca­do ni bus­ca­mos la gue­rra, pero bajo nin­gu­na cir­cuns­tan­cia renun­cia­re­mos a nues­tros dere­chos legí­ti­mos y, en este sen­ti­do, con­si­de­ra­mos a todo el Fren­te de Resis­ten­cia como una uni­dad integrada.

En esta eta­pa, has­ta alcan­zar lo que nos pertenece:

Pri­me­ro: que todos los ciu­da­da­nos tra­ten de ser soli­da­rios entre sí para que la pre­sión de las caren­cias ‑que son efec­to natu­ral de cual­quier gue­rra- sea menor sobre los dis­tin­tos estratos.

Por supues­to, estas caren­cias, que en el ban­do opues­to son mucho mayo­res, han sido ges­tio­na­das de mane­ra nota­ble gra­cias a los esfuer­zos de sus her­ma­nos y her­ma­nas en el gobierno y otras instituciones.

Segun­do: es nece­sa­rio cui­dar nues­tros oídos, que son las ven­ta­nas del cere­bro y del cora­zón, fren­te a los medios de comu­ni­ca­ción res­pal­da­dos por el enemi­go o ali­nea­dos con ellos.

Cier­ta­men­te, esos medios no bus­can el bien del país ni de la nación de Irán, y esto se ha demos­tra­do repe­ti­da­men­te. Por lo tan­to, o deja­mos de con­su­mir­los por com­ple­to, o al menos abor­da­mos con gran sos­pe­cha cual­quier cosa que presenten.

Ter­ce­ro: aun­que la que­ri­da nación se qui­ta­rá las ves­ti­du­ras de luto al fina­li­zar el perio­do ofi­cial por el mar­ti­rio de su gran Líder, man­ten­drá viva en su alma y cora­zón la fir­me deter­mi­na­ción de ven­gar su san­gre pura y la de todos los már­ti­res de la segun­da y ter­ce­ra gue­rra impues­ta, y esta­rá cons­tan­te­men­te aten­ta para cumplirlo.

Al final, me diri­jo a nues­tro Señor (que Dios apre­su­re su lle­ga­da) expre­san­do que, con fe en Dios Todo­po­de­ro­so y recu­rrien­do a los Ima­mes Infa­li­bles (la paz sea con ellos), y emu­lan­do a nues­tro Líder Már­tir, nos man­te­ne­mos fir­mes bajo vues­tra ban­de­ra fren­te al fren­te de la incre­du­li­dad y la arrogancia.

En este camino, hemos ofre­ci­do valio­sos már­ti­res de diver­sas cla­ses socia­les por la sen­da del honor, la inde­pen­den­cia del país y la exal­ta­ción del Islam y la Revo­lu­ción Islá­mi­ca, y hemos sufri­do otros daños. Aho­ra, con todo nues­tro ser, con­fia­mos en vues­tra ora­ción espe­cial para una vic­to­ria defi­ni­ti­va sobre el enemi­go, tan­to en la mesa de nego­cia­cio­nes como en el cam­po de bata­lla, y espe­ra­mos que lo antes posi­ble, tan­to noso­tros como nues­tros enemi­gos, sea­mos tes­ti­gos de su efec­to mila­gro­so, si Dios quiere.

Que la paz, la mise­ri­cor­dia y las ben­di­cio­nes de Dios sean con todos ustedes.

Seyd Muy­ta­ba Husei­ni Jamenei

9 de abril de 2026

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