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La lucha con­tra el impe­ria­lis­mo: por un derro­tis­mo a esca­la de nues­tro bloque

Tabla de contenidos

Todas las ten­den­cias del capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo se expre­san de for­ma uni­ta­ria en la actual agre­sión impe­ria­lis­ta en Orien­te Medio. El tér­mino «gue­rra de Irán» es sin­té­ti­co pero impre­ci­so: esta­mos ante una gue­rra regio­nal que se extien­de por el Líbano, Irak, las petro­mo­nar­quías del Gol­fo, Yemen, etc. Aún es más: como ya suce­die­ra a comien­zos del siglo XX (gue­rra en Marrue­cos, etc.), cabe ver los con­flic­tos con­tem­po­rá­neos –Ucra­nia, Gaza, la agre­sión con­tra Vene­zue­la, el ase­dio a Cuba, la gue­rra actual– como indi­ca­do­res de que esta­mos entran­do en un perio­do his­tó­ri­co de gue­rra mun­dial, don­de los ata­ques con­tra nacio­nes opri­mi­das se entre­cru­zan con con­flic­tos más direc­tos entre poten­cias, y todo va con­fi­gu­ran­do el esce­na­rio para la con­fron­ta­ción total.

El estan­ca­mien­to eco­nó­mi­co del capi­ta­lis­mo gene­ra un jue­go de suma cero don­de el cre­ci­mien­to se con­si­gue a cos­ta de otros, crean­do un esce­na­rio de gue­rra abier­ta por los recur­sos estra­té­gi­cos, bajo la for­ma de la depre­da­ción neo­co­lo­nial, esca­la­da mili­ta­ris­ta, lucha por el esta­ble­ci­mien­to de mono­po­lios tec­no­ló­gi­cos y el domi­nio de la tec­no­lo­gía de avan­za­da, etc. El rever­so de lo ante­rior es la gue­rra eco­nó­mi­ca con­tra los tra­ba­ja­do­res del mun­do. La for­ma de Esta­do apro­pia­da para ello es el nue­vo Esta­do auto­ri­ta­rio, poli­cial y mili­ta­ris­ta que va deli­neán­do­se ante nues­tros ojos.

El blo­que impe­ria­lis­ta en decli­ve, enca­be­za­do por Esta­dos Uni­dos, ha deci­di­do lan­zar­se a la ofen­si­va para con­te­ner su deca­den­cia. La des­truc­ción de Irán era un obje­ti­vo estra­té­gi­co lar­ga­men­te codi­cia­do: el Esta­do sur­gi­do de la revo­lu­ción del 79 es a día de hoy el úni­co obs­tácu­lo a la total hege­mo­nía yan­ki­sio­nis­ta en Orien­te Medio. Todo indi­ca que la «Ope­ra­ción Furia Épi­ca» fue tor­pe­men­te pre­pa­ra­da –has­ta el pun­to en que The Eco­no­mist la ha rebau­ti­za­do como «Ope­ra­ción Furia Cie­ga» – , pero no cabe redu­cir­la a una locu­ra de Trump: no solo se asien­ta den­tro de vie­jas aspi­ra­cio­nes del impe­ria­lis­mo ame­ri­cano, sino que cuen­ta con el res­pal­do fer­vien­te del sio­nis­mo y el apo­yo de impor­tan­tes sec­to­res de la oli­gar­quía finan­cie­ra. No es un tro­pie­zo for­tui­to, es una apuesta.

Pero la apues­ta, por el momen­to, no va según lo espe­ra­do. Irán resis­tió a la cam­pa­ña de «deca­pi­ta­ción» y se embar­có en una esca­la­da hori­zon­tal que ha des­trui­do las bases ame­ri­ca­nas en Orien­te Medio, acti­va­do a sus mili­cias alia­das, cas­ti­ga­do a Israel y las petro­mo­nar­quías del Gol­fo y cerra­do el estre­cho de Ormuz, estran­gu­lan­do la eco­no­mía mun­dial. Muy resu­mi­da­men­te, el esce­na­rio resul­tan­te dibu­ja dos gran­des opcio­nes: un acuer­do de paz en el que Esta­dos Uni­dos e Israel renun­cien a sus obje­ti­vos ori­gi­na­les o una inva­sión terres­tre a gran esca­la con resul­ta­dos poten­cial­men­te catas­tró­fi­cos para sus intereses.

El actual «alto el fue­go» entre Esta­dos Uni­dos e Irán es poco más que un indi­ca­dor frá­gil de que Esta­dos Uni­dos podría abo­gar por la pri­me­ra opción. El fan­tas­ma que anun­cia las catás­tro­fes que una esca­la­da lle­va con­si­go sobre­vue­la hoy Washing­ton, gene­ran­do dudas y divi­sio­nes en sus pues­tos de man­do. El plan de deca­pi­ta­ción fra­ca­só, la cam­pa­ña de bom­bar­deos masi­vos se ha demos­tra­do inca­paz de fan­ta­sear siquie­ra con abrir Ormuz, la gue­rra es cara, caó­ti­ca e impo­pu­lar, y el impe­rio ame­ri­cano podría acer­car­se al pun­to de quie­bra interno y externo si se vie­ra for­za­do a inva­dir un país de 92 millo­nes de almas, un ejér­ci­to nutri­do y bien equi­pa­do, una pobla­ción cohe­sio­na­da en torno a la idea de resis­tir y una oro­gra­fía endiablada.

Sin embar­go, el rotun­do fra­ca­so de la pri­me­ra ron­da de nego­cia­cio­nes, con ambas dele­ga­cio­nes levan­tán­do­se de la mesa y Trump anun­cian­do un blo­queo naval, reve­la las difi­cul­ta­des de fon­do. La reali­dad es que cual­quier acuer­do de paz que pudie­ra satis­fa­cer Irán con­lle­va­ría un réquiem por el sta­tu quo que ha gober­na­do la región en las últi­mas déca­das. Esta­dos Uni­dos se enfren­ta­ría a la que es qui­zás la mayor derro­ta estra­té­gi­ca de su his­to­ria. En base a lo que se ha fil­tra­do sobre las nego­cia­cio­nes, por el momen­to, el man­do ame­ri­cano se resis­te a acep­tar este esce­na­rio, afa­nán­do­se por impo­ner una serie de deman­das maxi­ma­lis­tas que Irán, sim­ple­men­te, no acatará.

Ade­más, la pre­ser­va­ción del actual sta­tu quo en la región es una cues­tión exis­ten­cial para Israel y las petro­mo­nar­quías del Gol­fo. Des­de la pers­pec­ti­va de la gue­rra regio­nal, de hecho, no pue­de hablar­se de un alto el fue­go: el día en que este se anun­ció Israel lan­zó un cri­mi­nal ata­que en el Líbano y al pare­cer Emi­ra­tos ata­có infra­es­truc­tu­ras ira­níes. Tan­to unos como otros harán lo posi­ble por dina­mi­tar cual­quier pro­ce­so de nego­cia­cio­nes y empu­jar a Esta­dos Uni­dos hacia la escalada.

La cues­tión del blo­queo naval anun­cia­do por Trump apun­ta pre­ci­sa­men­te en esta direc­ción, pero todo indi­ca que se tra­ta de una manio­bra deses­pe­ra­da. El blo­queo, por supues­to, daña­ría tan­to a Irán como a quie­nes están com­pran­do su petró­leo –Chi­na, India — y, de man­te­ner­se, garan­ti­za­ría que estos acto­res aumen­ta­ran la pre­sión sobre el gobierno de Tehe­rán. Lo haría, sin embar­go, a cos­ta de pro­fun­di­zar en un jue­go en el que Irán ha demos­tra­do tener menos que per­der: empu­jar con aún más fuer­za al mun­do hacia una cri­sis eco­nó­mi­ca (y más tenien­do en cuen­ta que la res­pues­ta lógi­ca de Irán y sus alia­dos es cerrar el estre­cho de Bab el-Man­deb). La medi­da, por lo tan­to, tie­ne poco de car­ta gana­do­ra. No cabe siquie­ra des­car­tar que este­mos ante un nue­vo tru­co de manos para mani­pu­lar el mer­ca­do –esta vez for­zan­do que los pre­cios se dis­pa­ren– para pasar maña­na a rever­tir la medi­da y que algu­nos oli­gar­cas pró­xi­mos a la Casa Blan­ca, fami­lia­res de Trump inclui­dos, ganen unos cien­tos de millo­nes de dóla­res en pocas horas.

Así que, con blo­queo o sin él, el prin­ci­pal dile­ma actual con­sis­te en si Esta­dos Uni­dos aca­ba recon­ci­lián­do­se con la idea de que acep­tar la derro­ta y doble­gar la fuer­te resis­ten­cia de sus alia­dos regio­na­les es pre­fe­ri­ble a afron­tar la posi­bi­li­dad de una derro­ta de esca­la mucho mayor y con­se­cuen­cias tan impre­vi­si­bles como poten­cial­men­te fatí­di­cas. Por poner las cues­tio­nes en pers­pec­ti­va, bas­ta seña­lar que el solo hecho de ensam­blar una fuer­za capaz de tra­tar de inva­dir Irán es una tarea com­ple­jí­si­ma. Reque­ri­ría no solo de la cla­se de esca­la­da bru­tal en el gas­to mili­tar deli­nea­da en el pro­yec­to de apro­bar un pre­su­pues­to béli­co de 1,6 billo­nes de dóla­res –com­pa­ra­ble al PIB de Tur­quía, un país de 87 millo­nes de habi­tan­tes — con los con­si­guien­tes recor­tes en el ya magro sis­te­ma de pro­tec­ción social ame­ri­cano, sino una cam­pa­ña masi­va de reclu­ta­mien­tos que, en vis­ta de los bají­si­mos nive­les de popu­la­ri­dad de la gue­rra, podría dar lugar a nive­les into­le­ra­bles de ines­ta­bi­li­dad inter­na –y todo ello mien­tras se arro­ja al mun­do ente­ro, Esta­dos Uni­dos inclui­do, a una enor­me cri­sis eco­nó­mi­ca. Lo que hizo insos­te­ni­ble el esfuer­zo de gue­rra en Viet­nam, debe­mos recor­dar, fue la opo­si­ción popu­lar en Esta­dos Uni­dos, que comen­za­ba a tomar cari­ces pre-insu­rrec­cio­na­les: cen­tros de reclu­ta­mien­to incen­dia­dos, mani­fes­ta­cio­nes arma­das, cien­tos de ofi­cia­les ase­si­na­dos en el fren­te… La heroi­ca resis­ten­cia del Viet­cong hizo posi­ble lo ante­rior, cla­ro. Pero por sí mis­ma hubie­ra sido inca­paz de dete­ner los bom­bar­deos: su vic­to­ria estra­té­gi­ca tenía su cen­tro de gra­ve­dad en el des­gas­te del enemi­go, don­de ali­men­tar la opo­si­ción inter­na era una pie­za crucial.

En el caso de Irán, el con­trol sobre el estre­cho de Ormuz, que se ha rele­va­do como la cla­ve de esta gue­rra, ha per­mi­ti­do impo­ner el des­gas­te antes de que los sol­da­dos impe­ria­les comen­za­ran a vol­ver masi­va­men­te a sus casas en cajas de pino. El esce­na­rio de inva­sión, por lo tan­to, uni­ría ambas dimen­sio­nes en un cóc­tel explo­si­vo, al que debe sumar­se que la fuer­za actual de Esta­dos Uni­dos no pue­de com­pa­rar­se, en tér­mi­nos rela­ti­vos, a la que poseía en los 60, y tam­po­co los nive­les de legi­ti­mi­dad de su Esta­do ni del actual esfuer­zo de gue­rra. Esta­dos Uni­dos, por su par­te, anun­ció el jue­ves que todos los jóve­nes entre los 18 y los 25 serían, a par­tir de diciem­bre, ins­cri­tos auto­má­ti­ca­men­te en el Sis­te­ma de Ser­vi­cio Selec­ti­vo, que es bási­ca­men­te la base de datos para el reclu­ta­mien­to mili­tar. Un paso más en la esca­la­da mili­ta­ris­ta y un peso más en el lado de la balan­za que habla de la posi­bi­li­dad de una invasión.

El mun­do, en defi­ni­ti­va, es hoy un funam­bu­lis­ta reco­rrien­do una cuer­da estre­cha, y esa incer­ti­dum­bre se tras­la­da a la situa­ción eco­nó­mi­ca futu­ra. La reduc­ción de los efec­tos de esta gue­rra a la «subi­da del pre­cio de la gaso­li­na» es doble­men­te sim­plis­ta: por un lado, por­que la gaso­li­na no es el úni­co bien estra­té­gi­co en jue­go (hay que aña­dir el gas natu­ral, los fer­ti­li­zan­tes, y otros mate­ria­les cla­ve que tran­si­tan por Ormuz); en segun­do lugar, por­que inclu­so toma­do ais­la­da­men­te, el «pre­cio de la gaso­li­na» es vir­tual­men­te el pre­cio de todo. La figu­ra de la gaso­li­ne­ra con pre­cios astro­nó­mi­cos es la pun­ta de un ice­berg en cuyo estra­to infe­rior habi­tan millo­nes de habi­tan­tes del Sur glo­bal para quie­nes el alza de los cos­tes de los ali­men­tos impli­ca­rá des­de ya la hambruna.

De nue­vo, esto dibu­ja dos esce­na­rios. El pri­me­ro, que con­tem­pla un acuer­do de paz inme­dia­to o pró­xi­mo, no esta­ría exen­to de con­se­cuen­cias: ham­bru­nas loca­li­za­das, cri­sis de las con­di­cio­nes de vida en paí­ses del Sur glo­bal, infla­ción gene­ra­li­za­da, revi­sión a la baja de las ya magras tasas de cre­ci­mien­to glo­bal, con ries­go muy real de rece­sión, pre­vi­si­bles medi­das de aus­te­ri­dad en la for­ma, como míni­mo, de subi­das de los tipos de inte­rés, etc. El segun­do, que con­tem­pla la pro­lon­ga­ción y esca­la­da de la gue­rra, dibu­ja un con­tex­to catas­tró­fi­co. Infla­ción por las nubes, cri­sis huma­ni­ta­ria a gran esca­la en el Sur glo­bal, pro­ce­sos migra­to­rios masi­vos, cri­sis eco­nó­mi­ca mun­dial. En el caso de Euro­pa, podría tra­tar­se de una sen­ten­cia de muer­te para el lla­ma­do «mode­lo social euro­peo». La retar­da­da indus­tria del con­ti­nen­te, que ya san­gra­ba por la heri­da del cor­te del gas ruso y el con­flic­to impe­ria­lis­ta en Ucra­nia, sus altos cos­tes y su retra­so tec­no­ló­gi­co con res­pec­to a Esta­dos Uni­dos y Chi­na, tie­ne altas pape­le­tas para ser sacri­fi­ca­da en el altar de la com­pe­ti­ti­vi­dad, mien­tras una gua­da­ña reco­rre el teji­do de la media­na empre­sa y la cla­se tra­ba­ja­do­ra asu­me la mayo­ría del cos­te. Podría­mos estar ante un 2008 a mayor escala.

No hay duda de que la oli­gar­quía ya está pre­pa­rán­do­se para ambos esce­na­rios, car­gan­do en cual­quie­ra de ellos el peso de la car­ga sobre las espal­das de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Tam­po­co pode­mos dudar de que, en sin­to­nía con la famo­sa «doc­tri­na del shock», pre­ten­de­rá uti­li­zar­los para impo­ner sus obje­ti­vos estra­té­gi­cos. Los gober­nan­tes euro­peos, por lo pron­to, ya han anun­cia­do su volun­tad de con­ti­nuar por la sen­da del mili­ta­ris­mo, lo que se tra­du­ci­rá en aus­te­ri­dad y sufri­mien­to para los trabajadores.

En resu­men, el esce­na­rio al que nos enfren­ta­mos expre­sa la uni­dad de la gue­rra impe­ria­lis­ta, el giro auto­ri­ta­rio y mili­ta­ris­ta de los Esta­dos, y la ofen­si­va eco­nó­mi­ca con­tra la mayo­ría tra­ba­ja­do­ra. En este esce­na­rio, a los comu­nis­tas euro­peos nos corres­pon­de hon­rar la vie­ja máxi­ma según la cual el prin­ci­pal enemi­go está en casa, y cons­truir una for­ma efec­ti­va de opo­si­ción fren­te a nues­tro pro­pio blo­que imperialista.

Urge, por lo tan­to, un mode­lo de derro­tis­mo occi­den­tal. Pues nues­tro blo­que no deja de ser el blo­que impe­rial de Occi­den­te, que tie­ne en Esta­dos Uni­dos y la UE sus pues­tos de man­do, en la OTAN su alian­za mili­tar y en el sio­nis­mo su pun­ta de lan­za. No pode­mos dejar­nos con­fun­dir por sus ten­sio­nes inter­nas, ni las muy reales ni las apa­ren­tes, pues sus raí­ces son pro­fun­das. La pro­pia UE nació para gene­rar un man­do uni­fi­ca­do para el impe­ria­lis­mo occi­den­tal en Euro­pa, per­mi­tien­do que los paí­ses euro­peos asu­mie­ran una car­ga mayor de los cos­tes de sos­te­ner el poder bur­gués (en con­tras­te con la pos­gue­rra inme­dia­ta, cuan­do Esta­dos Uni­dos tuvo que res­ca­tar eco­nó­mi­ca­men­te a una Euro­pa divi­di­da y arrui­na­da para con­te­ner el avan­ce del socia­lis­mo). Des­de su crea­ción, el gra­do de inte­gra­ción eco­nó­mi­ca del eje atlán­ti­co no ha deja­do de aumen­tar, has­ta el pun­to de dejar obso­le­ta la idea de una serie de bur­gue­sías nacio­na­les níti­da­men­te sepa­ra­das. Una ima­gen más ade­cua­da sería la de una pirá­mi­de, en cuya cús­pi­de encon­tra­mos una oli­gar­quía finan­cie­ra alta­men­te inte­gra­da como cla­se trans­atlán­ti­ca, y don­de el gra­do de inte­gra­ción va dis­mi­nu­yen­do a medi­da que se des­cien­de has­ta una base com­pues­ta por el peque­ño empre­sa­ria­do (este sí más mar­ca­da­men­te nacio­nal). Esto no exclu­ye la exis­ten­cia de con­flic­tos inter­bur­gue­ses, pero ayu­da a acla­rar su con­torno, y muy espe­cial­men­te el del blo­que domi­nan­te. La OTAN es el corre­la­to mili­tar for­mal de esta inte­gra­ción eco­nó­mi­ca: per­mi­tió refor­zar el cor­dón sani­ta­rio con­tra el socia­lis­mo real, man­te­ner una vía de defen­sa últi­ma ante la emer­gen­cia de gobier­nos incó­mo­dos en Euro­pa, y atar a los paí­ses euro­peos a la polí­ti­ca exte­rior de Washing­ton –insis­tien­do de paso en que car­ga­ran con par­te de los cos­tes. Por mucho que Trump ladre, la infra­es­truc­tu­ra mate­rial que sub­ya­ce a los acuer­dos diplo­má­ti­cos que con­for­man la OTAN está com­pues­ta, entre otras cues­tio­nes, por las 275 ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res y los 84.000 sol­da­dos que Esta­dos Uni­dos man­tie­ne en Euro­pa, que qui­zá esté dis­pues­to a remo­ver, pero difí­cil­men­te a erradicar.

His­tó­ri­ca­men­te, la OTAN no es aje­na a los momen­tos de ten­sión: duran­te los años 80, un Washing­ton preo­cu­pa­do por el auge del anti­mi­li­ta­ris­mo en Euro­pa comen­zó a ame­na­zar con su diso­lu­ción como medio para incen­ti­var a los gobier­nos euro­peos a refor­zar sus com­pro­mi­sos mili­ta­res. Sal­van­do las dis­tan­cias, la estra­te­gia de Trump pasa por agi­gan­tar esta lógi­ca. La para­do­ja es que mien­tras los gobier­nos euro­peos acep­ten su papel –car­gar con los cos­tes de sos­te­ner el impe­ria­lis­mo occi­den­tal en Euro­pa– inclu­so una rees­cri­tu­ra radi­cal de los acuer­dos de la OTAN –o su diso­lu­ción for­mal– impli­ca­ría el refor­za­mien­to de la lógi­ca que gene­ró la OTAN. Prue­ba de ello es cómo la com­pul­sión por for­zar a Euro­pa a aumen­tar sus pre­su­pues­tos mili­ta­res es la otra cara de la mone­da de los insul­tos trum­pis­tas con­tra la alian­za atlán­ti­ca. En otras pala­bras: el mili­ta­ris­mo euro­peo no es una for­ma de auto­no­mía, sino de fide­li­dad a la agen­da atlan­tis­ta (a lo que hay que aña­dir, por des­con­ta­do, que los inten­tos de refor­zar el impe­ria­lis­mo euro­peo por cuen­ta pro­pia –esta­mos vien­do algu­nas manio­bras, inci­pien­tes toda­vía, en esa direc­ción– tam­po­co serían en nin­gún caso algo a cele­brar por los comunistas).

De ahí la nece­si­dad de un derro­tis­mo occi­den­tal, en tan­to que polí­ti­ca de des­leal­tad hacia nues­tro blo­que y pro­mo­ción, median­te la lucha de cla­ses, de su derro­ta. Esta polí­ti­ca tie­ne dos ejes. Por un lado, la defen­sa del hecho y el dere­cho a la resis­ten­cia de los pue­blos opri­mi­dos fren­te a las agre­sio­nes impe­ria­lis­tas, así como la nece­si­dad de des­truir el sio­nis­mo geno­ci­da. En con­so­nan­cia con la vie­ja doc­tri­na bol­che­vi­que, sabe­mos que inclu­so bajo un lide­raz­go reac­cio­na­rio, los paí­ses que enfren­tan una agre­sión impe­ria­lis­ta libran una gue­rra pro­gre­sis­ta. Se impo­ne, en esos casos, un mode­lo de defen­sis­mo revo­lu­cio­na­rio don­de la resis­ten­cia está vin­cu­la­da con seguir enun­cian­do los obje­ti­vos comu­nis­tas, tra­tan­do de desa­rro­llar y ampliar su inde­pen­den­cia –«por embrio­na­ria que sea», según la for­mu­la­ción de Lenin — y ponien­do sobre la mesa deman­das de cla­se. El segun­do eje es la opo­si­ción direc­ta al esfuer­zo de gue­rra del Eje geno­ci­da y a los pues­tos de man­do del impe­ria­lis­mo occi­den­tal en nues­tro terri­to­rio, lo que en nues­tro con­tex­to se tra­du­ce direc­ta­men­te en la UE y la OTAN (así como, por supues­to, los dife­ren­tes esta­dos capi­ta­lis­tas que los inte­gran). La gue­rra impe­ria­lis­ta y sus efec­tos demos­tra­rán una vez más la urgen­cia de una acción uni­ta­ria de los tra­ba­ja­do­res euro­peos, más allá de la ten­ta­ción fútil hacia el replie­gue nacio­na­lis­ta. A su vez, esta acción uni­ta­ria nece­si­ta el res­pal­do de un pro­gra­ma revo­lu­cio­na­rio, del pro­gre­so de una alter­na­ti­va polí­ti­ca socia­lis­ta para los tra­ba­ja­do­res euro­peos, cons­cien­te del carác­ter inter­na­cio­nal de sus tareas. En lo inme­dia­to, esto requie­re, por un lado, tra­tar de impul­sar un movi­mien­to anti­im­pe­ria­lis­ta de masas, así como las luchas eco­nó­mi­cas que vayan suce­dién­do­se ante los efec­tos de la cri­sis veni­de­ra, tra­tan­do de unir ambos con estos obje­ti­vos. Por otro lado, y vin­cu­lán­do­lo con lo ante­rior, requie­re refor­zar, cla­ri­fi­car e impul­sar las pos­tu­ras comu­nis­tas, luchan­do por su hegemonía.

El movi­mien­to obre­ro es hoy débil a ambos lados del Atlán­ti­co. No se dan, en lo inme­dia­to, siquie­ra las posi­bi­li­da­des para hacer invia­ble el esfuer­zo de gue­rra, y no hable­mos de las de con­ver­tir la gue­rra impe­ria­lis­ta en una toma del poder. Pero las con­tra­dic­cio­nes no dejan de agi­gan­tar­se, y el impul­so de estas líneas, por embrio­na­rio que sea el pro­ce­so, podría ser­vir para un rápi­do avan­ce de posi­cio­nes, y que la deri­va de un capi­ta­lis­mo cre­cien­te­men­te catas­tró­fi­co sir­vie­ra para la recons­truc­ción de un movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio internacional.

Mario Agui­riano

13 de abril de 2026

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