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La abru­ma­do­ra res­pon­sa­bi­li­dad de los euro­peos en el des­tino de Palestina

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En el habi­tual pozo negro mediá­ti­co que nos con­ta­mi­na a dia­rio, la extre­ma gra­ve­dad del con­flic­to exis­ten­cial entre Irán y el eje del mal esta­dou­ni­den­se-israe­lí, y el orden injus­to que impo­nen al mun­do, rele­ga una vez más a un segun­do plano el geno­ci­dio que se está pro­du­cien­do en Gaza y la lim­pie­za étni­ca de Cisjordania.

La Pales­ti­na sacri­fi­ca­da for­ma par­te del pai­sa­je fami­liar para los ciu­da­da­nos occi­den­ta­les. El régi­men colo­nial israe­lí, siem­pre dis­pues­to a ir a por todas, se apro­ve­cha de ello para pro­mul­gar leyes cada vez más abo­mi­na­bles con­tra los pales­ti­nos, quie­nes han sido aban­do­na­dos a su trá­gi­co des­tino duran­te déca­das a pesar de las hipó­cri­tas decla­ra­cio­nes de nues­tros gobiernos.

La ley más recien­te, impul­sa­da por minis­tros abier­ta­men­te racis­tas, algu­nos de los cua­les (pocos, dada su amplia par­ti­ci­pa­ción en crí­me­nes masi­vos con­tra la socie­dad civil) están suje­tos a órde­nes de arres­to inter­na­cio­na­les, aca­ba de ser apro­ba­da en ter­ce­ra lec­tu­ra en la Knes­set. Por 62 votos a favor y 48 en con­tra, con­sa­gra la pena de muer­te por ahor­ca­mien­to para cual­quier pales­tino que come­ta un «cri­men terro­ris­ta» con­tra un ciu­da­dano israe­lí o que haya «aten­ta­do con­tra la segu­ri­dad» del Esta­do de Israel. La sen­ten­cia inclu­ye un perío­do de gra­cia de 90 días entre el vere­dic­to y su eje­cu­ción, sin posi­bi­li­dad de indul­to. Dada la fle­xi­bi­li­dad en la inter­pre­ta­ción de la ley israe­lí a la hora de juz­gar a un pales­tino, resul­ta evi­den­te lo que les espe­ra a los condenados.

Los dipu­tados, eufó­ri­cos, cele­bra­ron la apro­ba­ción ofi­cial de su sór­di­do pro­yec­to de ley des­cor­chan­do cham­pán en el acto. Esto dice mucho sobre el nivel de neu­ro­sis de estos indi­vi­duos, la mayo­ría de los cua­les son de extre­ma dere­cha y autén­ti­cos psi­có­pa­tas en el sen­ti­do más estric­to de la pala­bra. Y, sin duda, irredimibles.

Algu­nos argu­men­tan que esto no difie­re del tra­to suma­rio que muchos pales­ti­nos ya sufren duran­te las reda­das mili­ta­res en sus barrios, cuan­do son aba­ti­dos arbi­tra­ria­men­te por algún fran­co­ti­ra­dor sedien­to de san­gre, o cuan­do son olvi­da­dos en las pro­fun­di­da­des de sus oscu­ras pri­sio­nes colo­nia­les. Es un error pen­sar así. Lega­li­zar la pena de muer­te con pre­tex­tos tan fala­ces repre­sen­ta un paso más en el colap­so de los valo­res mora­les de una socie­dad que nues­tros líde­res defien­den bajo el man­to de la demo­cra­cia. Y es, ade­más, otra arma que faci­li­ta la eli­mi­na­ción de los pales­ti­nos nati­vos. Esto jamás debe con­si­de­rar­se tri­vial, sino todo lo con­tra­rio: una peli­gro­sa nor­ma­li­za­ción del borra­do de la his­to­ria pales­ti­na, per­pe­tra­da por este régi­men sinies­tro y sus partidarios.

Al mis­mo tiem­po, esta ley lle­ga en un momen­to en que la vio­len­cia del ejér­ci­to pare­ce más legí­ti­ma que nun­ca. Aho­ra, ni los sol­da­dos ni los colo­nos, que actúan cada vez más en con­ni­ven­cia, pare­cen ren­dir cuen­tas. Pue­den actuar con total impu­ni­dad, come­tien­do sus atro­ci­da­des más bru­ta­les; nin­guno de sus crí­me­nes pare­ce jus­ti­fi­car una inves­ti­ga­ción seria, y todos los actos, por atro­ces que sean, se tole­ran, que­dan impu­nes y sin ver­güen­za. La pena de muer­te está lega­li­za­da para algu­nos, la liber­tad abso­lu­ta para otros. La «úni­ca demo­cra­cia» de la región, repiten…

Este es el pre­cio de con­ce­der impu­ni­dad abso­lu­ta a un régi­men cri­mi­nal sin lími­tes que se hun­de cada día más en la depra­va­ción. Duran­te déca­das, esto ha sido denun­cia­do por todos aque­llos que com­pren­den los obje­ti­vos de este «Esta­do israe­lí», que basa su legi­ti­mi­dad úni­ca­men­te en fomen­tar la cul­pa hacia los euro­peos por los horri­bles crí­me­nes del régi­men nazi. Gene­ra­cio­nes de pales­ti­nos, que no tuvie­ron nada que ver con estos crí­me­nes, siguen pagan­do las con­se­cuen­cias. Des­de la Nak­ba en 1948, el pue­blo pales­tino no ha cono­ci­do la paz. En cada oca­sión, los gobier­nos israe­líes de todas las ten­den­cias, impul­sa­dos por la ideo­lo­gía sio­nis­ta cri­mi­nal, han imple­men­ta­do una polí­ti­ca de erra­di­ca­ción de la pobla­ción ára­be pales­ti­na. Y Euro­pa, para­li­za­da por su pasa­do, hacien­do la vis­ta gor­da, se ha limi­ta­do a aten­der los pro­ble­mas huma­ni­ta­rios de las pobla­cio­nes des­po­seí­das con la ayu­da de orga­nis­mos inter­na­cio­na­les, cuan­do se nece­si­ta­ban deci­sio­nes polí­ti­cas fir­mes para evi­tar lo que vemos hoy: el geno­ci­dio en Gaza y la lim­pie­za étni­ca median­te un sin­fín de prác­ti­cas sola­pa­das de los sio­nis­tas en Cisjordania.

Así, embria­ga­dos por la abso­lu­ta impu­ni­dad de la que gozan, este «ejér­ci­to el más inmo­ral del mun­do» tor­tu­ra y vio­la a ciu­da­da­nos des­ar­ma­dos que no repre­sen­tan nin­gu­na ame­na­za, inclu­yen­do muje­res y niños; colo­nos des­qui­cia­dos obs­tru­yen y blo­quean pozos de agua, roban gana­do, que­man y expul­san a fami­lias de sus hoga­res, obli­gán­do­las a reubi­car­se en nom­bre de un regis­tro de tie­rras bíbli­co; los más faná­ti­cos entre estos sio­nis­tas mul­ti­pli­can sus incur­sio­nes en el recin­to de la mez­qui­ta de Al-Aqsa para lle­var a cabo sus ritos tal­mú­di­cos, desa­fian­do así los luga­res más sagra­dos del Islam, con la idea de eri­gir algún día allí su nue­vo Tem­plo, etc. Y todos se enor­gu­lle­cen de ello, tomán­do­se fotos y videos como si fue­ran tro­feos. Pero, ¿qué sor­pren­de de tales exce­sos, cuan­do las leyes más cri­mi­na­les son apro­ba­das y cele­bra­das por las mis­mas per­so­nas que se supo­ne deben garan­ti­zar la res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do y dar ejem­plo de pro­bi­dad intachable?

Como he afir­ma­do en nume­ro­sas oca­sio­nes, jun­to con otros inte­lec­tua­les judíos, es la socie­dad israe­lí en su con­jun­to la que está pro­fun­da­men­te enfer­ma. Des­de muy tem­pra­na edad, los niños son bom­bar­dea­dos con esta ideo­lo­gía sio­nis­ta, tan­to en casa como en la escue­la, ade­más de estar cons­tan­te­men­te pre­sen­te en los medios de comu­ni­ca­ción, lo que pro­du­ce, en la edad adul­ta, los imbé­ci­les que vemos tra­ba­jan­do en todos los estra­tos de la sociedad.

Y a nues­tro alre­de­dor rei­na el silen­cio. Nues­tros gobier­nos, hábil­men­te recor­da­dos de for­ma cons­tan­te de su oscu­ro pasa­do, miran hacia otro lado, sin atre­ver­se a pro­nun­ciar la más míni­ma crí­ti­ca a las auto­ri­da­des israe­líes por temor a ser acu­sa­dos de anti­se­mi­tis­mo, ins­tru­yen­do a los medios que abor­dan el tema para que glo­ri­fi­quen, en cada opor­tu­ni­dad y con una sobre­abun­dan­cia de pro­gra­ma­ción audio­vi­sual, las haza­ñas de una comu­ni­dad mar­ti­ri­za­da bajo el régi­men nazi y reco­no­ci­da como «ele­gi­da», una excep­ción. Esto demues­tra que, en el fon­do, su anti­se­mi­tis­mo sigue sien­do un pro­ble­ma sin resol­ver, pero se ha reno­va­do en for­ma de xeno­fo­bia hacia todo aque­llo que no parez­ca inma­cu­la­da­men­te blan­co, uti­li­zán­do­los como chi­vos expia­to­rios de su racis­mo arrai­ga­do, con espe­cial aten­ción a los musul­ma­nes ára­bes. Hipo­cre­sía en su máxi­ma expresión…

La abru­ma­do­ra res­pon­sa­bi­li­dad de los euro­peos en la difí­cil situa­ción de una Pales­ti­na sin derra­ma­mien­to de san­gre no es casua­li­dad. Vemos el resul­ta­do de un racis­mo colo­nial que per­ma­ne­ce siem­pre pre­sen­te y muy vivo en la men­te de muchos, y más aún, en aque­llos a quie­nes aho­ra se deno­mi­na el «Occi­den­te colec­ti­vo». Y nada bueno pare­ce que pue­da sur­gir de ese sec­tor que miti­gue o mejo­re esta situa­ción. Occi­den­te no solo pre­sen­cia la len­ta ago­nía de toda una socie­dad, sino que par­ti­ci­pa acti­va­men­te en ella a tra­vés de diver­sos meca­nis­mos, a menu­do ocul­tos. Los sin­ver­güen­zas nun­ca son valien­tes. Y cuan­to más se les con­fron­ta, menos lo admi­ten. Por­que, en reali­dad, las herra­mien­tas exis­ten. El dere­cho inter­na­cio­nal es acce­si­ble para todos. Y solo depen­de del valor de los líde­res polí­ti­cos hacer cum­plir lo que reco­no­cen ofi­cial­men­te… en teo­ría. Pero, pre­sas del páni­co, pre­fie­ren mul­ti­pli­car las leyes repre­si­vas, inten­tan­do silen­ciar las voces disi­den­tes que los seña­lan con el dedo. Y cen­su­ran sin repa­ro alguno, como en los momen­tos más oscu­ros de su his­to­ria, muy ale­ja­dos de la «ilus­tra­ción» y los «valo­res» de los que pre­go­nan como un mantra.

En cuan­to a los gobier­nos de los paí­ses ára­bes y musul­ma­nes, no se que­dan atrás, optan­do por acuer­dos de «nor­ma­li­za­ción» dudo­sos y lucra­ti­vos con­tra­tos de armas con el impe­rio, en lugar de mos­trar soli­da­ri­dad con sus her­ma­nos y her­ma­nas ára­bes, tan mal­tra­ta­dos, para quie­nes la Ummah es solo una ilu­sión. Afor­tu­na­da­men­te, Irán inter­vie­ne y reafir­ma ante sus pares y el mun­do su inque­bran­ta­ble soli­da­ri­dad con Pales­ti­na, con el apo­yo del Eje de la Resis­ten­cia, inte­gra­do por algu­nos paí­ses selec­tos, que han espe­ra­do pacien­te­men­te y se pre­pa­ran para la inter­ven­ción deci­si­va que mar­ca­rá un pun­to de infle­xión cru­cial. Esto tam­bién silen­cia­rá a todos los occi­den­ta­les igno­ran­tes que, como ellos, solo tie­nen este­reo­ti­pos sim­plis­tas de este país.

Así pues, no se equi­vo­quen ni se deses­pe­ren: la resis­ten­cia al orden hege­mó­ni­co occi­den­tal que ha pre­va­le­ci­do des­de el final de la Segun­da Gue­rra Mun­dial y se inten­si­fi­có tras la caí­da de la URSS está en mar­cha, y la ter­ce­ra olea­da ya ha comen­za­do. Algu­nos pre­di­cen que ocu­rri­rá pron­to, sin dar­se cuen­ta de que ya está aquí, ante sus pro­pios ojos, pero bajo for­mas dis­tin­tas a las que espe­ra­ban, afe­rrán­do­se aún a las imá­ge­nes obso­le­tas del orden ante­rior y sin com­pren­der que las for­mas han cam­bia­do. Qui­zás sean los mis­mos que creen que el impe­ria­lis­mo actual per­du­ra­rá y no podrá ser derro­ca­do. O que espe­ran el fin de los tiem­pos… que pro­ba­ble­men­te solo pre­sen­cia­rán ellos mismos.

Por muy pode­ro­sos que sean, por muy ame­na­zan­tes que se pre­sen­ten, por muy peli­gro­sos que pro­cla­men, los defen­so­res de lo que aho­ra pare­ce ser el vie­jo orden no podrán resis­tir inde­fi­ni­da­men­te los nue­vos para­dig­mas. Las injus­tas reglas del orden mun­dial no solo serán desa­fia­das, sino derro­ca­das. El domi­nio abso­lu­to de Esta­dos Uni­dos, su devas­ta­dor poder mili­tar y su todo­po­de­ro­so dólar, que ha aplas­ta­do a tan­tos pue­blos, deja­rán de ser el prin­ci­pio rec­tor al que todas las nacio­nes han esta­do some­ti­das. El cam­bio ya está en mar­cha, y cuan­to más per­sis­tan nues­tros paí­ses en negar­lo y reco­no­cer­lo, ¡mayor será el pre­cio que pagarán!

Daniel Vanho­ve

4 de abril de 2026

Fuen­te: https://www.legrandsoir.info/l‑ecrasante-responsablilite-des-europeens-dans-le-destin-de-la-palestine.html

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