whitehouseprayer

Fun­da­men­ta­lis­mo evan­ge­lis­ta: indi­vi­dua­lis­mo, des­po­li­ti­za­ción y «meri­to­cra­cia»

Tabla de contenidos

En poco más de un siglo, el pen­te­cos­ta­lis­mo reco­rrió la dis­tan­cia que sepa­ra los menos de un millón de fie­les que reu­nía en 1900 de los más de 663 millo­nes que el Cen­ter for the Study of Glo­bal Chris­tia­nity le atri­bu­ye en 2025. A esa corrien­te se suman otras fami­lias evan­gé­li­cas que, con­gre­ga­das en octu­bre de 2025 bajo el para­guas de la World Evan­ge­li­cal Allian­ce, afir­ma­ron hablar en nom­bre de más de 600 millo­nes de per­so­nas repar­ti­das por 161 paí­ses. La mag­ni­tud del incre­men­to reve­la una fuer­za real, pero lo intere­san­te vie­ne de la mano del aná­li­sis geo­grá­fi­co y socio­eco­nó­mi­co de la com­po­si­ción de dicho cre­ci­mien­to, que se acen­túa jus­to allí don­de la mar­gi­na­li­dad y las con­di­cio­nes de vida son peores.

Bajo el tér­mino evan­ge­lis­mo caben miles de deno­mi­na­cio­nes e igle­sias inde­pen­dien­tes que com­par­ten un puña­do de con­vic­cio­nes, a saber, la Biblia como auto­ri­dad supre­ma, la con­ver­sión per­so­nal enten­di­da como un «nue­vo naci­mien­to», la cen­tra­li­dad de la cruz de Cris­to y el deber de difun­dir la fe. A ese tron­co pro­tes­tan­te se ha super­pues­to, duran­te el últi­mo siglo, el énfa­sis pen­te­cos­tal en la «acción direc­ta del Espí­ri­tu San­to», con sus dones de len­guas, sani­dad y pro­fe­cía, y con unos dis­cur­sos que indi­vi­dua­li­zan y lle­van al cam­po de lo abs­trac­to todo el peso de la miseria.

Qué es el evan­ge­lis­mo y de dón­de viene

El lina­je arran­ca en la Refor­ma pro­tes­tan­te de 1517, cuan­do la rup­tu­ra con Roma con­sa­gró la idea de que el cre­yen­te acce­de a Dios sin más media­ción que las Escri­tu­ras. De aquel tron­co bro­tó, en los gran­des des­per­ta­res reli­gio­sos del siglo XVIII y de la mano de pre­di­ca­do­res como John Wes­ley y Geor­ge Whi­te­field, el impul­so pro­pia­men­te evan­gé­li­co, que el his­to­ria­dor David Beb­bing­ton resu­mió en cua­tro ras­gos: la con­ver­sión per­so­nal, el amor a la Biblia, la insis­ten­cia en la cruz y el acti­vis­mo misio­ne­ro. Ser evan­gé­li­co, for­mal­men­te y en sen­ti­do amplio, se pue­de des­cri­bir con ese esti­lo de fe antes que en aso­cia­ción direc­ta a la cons­truc­ción de una sola institución.

El pun­to de infle­xión lle­gó en 1906. En una misión modes­ta de la calle Azu­sa de Los Ánge­les, delan­te de una con­gre­ga­ción de per­so­nas mar­gi­na­das y negras, bajo la direc­ción del pre­di­ca­dor William J. Sey­mour (hijo de escla­vos libe­ra­dos) esta­lló un avi­va­mien­to cuya mar­ca dis­tin­ti­va se ven­día como el bau­tis­mo en el Espí­ri­tu San­to, expre­sa­do en el hablar en len­guas, la sani­dad por la fe y la pro­fe­cía. Jun­to con ello, el con­tex­to del acon­te­ci­mien­to es lo que defi­ne en cier­ta mane­ra la for­ma en la que el evan­ge­lis­mo, y en con­cre­to el pen­te­cos­ta­lis­mo y sus deri­va­dos, han con­se­gui­do expan­dir­se de mane­ra tan ace­le­ra­da, ya que es pre­ci­sa­men­te ese públi­co –el más des­fa­vo­re­ci­do, el que que­da ais­la­do de la socie­dad– el suje­to «pre­fe­ri­do» del movi­mien­to para cap­tar en sus filas y seguir expandiéndose.

Los espe­cia­lis­tas sue­len orde­nar esa expan­sión en tres olas suce­si­vas, una cla­si­fi­ca­ción acu­ña­da por el teó­lo­go C. Peter Wag­ner que pue­de tomar­se como mapa apro­xi­ma­do. La pri­me­ra ola es el pen­te­cos­ta­lis­mo clá­si­co naci­do en 1906, orga­ni­za­do en deno­mi­na­cio­nes como las Asam­bleas de Dios, hoy la mayor del mun­do con más de 85 millo­nes de fie­les repar­ti­dos por casi cien­to cin­cuen­ta paí­ses. La segun­da es el movi­mien­to caris­má­ti­co que, des­de 1960, intro­du­jo la prác­ti­ca pen­te­cos­tal en las igle­sias his­tó­ri­cas, inclui­da la Reno­va­ción Caris­má­ti­ca Cató­li­ca sur­gi­da en 1967, que reúne al grue­so de los caris­má­ti­cos del mun­do den­tro de igle­sias tra­di­cio­na­les. La ter­ce­ra, el neo­pen­te­cos­ta­lis­mo o movi­mien­to neo­ca­ris­má­ti­co, des­pe­gó hacia 1980 con el énfa­sis en «seña­les y pro­di­gios» y agru­pa un con­jun­to de «mega­igle­sias» inde­pen­dien­tes y redes de «após­to­les y pro­fe­tas», entre ellas la lla­ma­da Nue­va Refor­ma Apos­tó­li­ca. Es la más recien­te y, a la vez, la que más depri­sa crece.

Situar cada rama exi­ge bajar a las cifras. El cris­tia­nis­mo reúne hoy unos 2.645 millo­nes de per­so­nas. De ellas, los cató­li­cos son alre­de­dor de 1.273 millo­nes, los pro­tes­tan­tes unos 629 millo­nes y los lla­ma­dos inde­pen­dien­tes otros 409 millo­nes, en su mayo­ría pen­te­cos­ta­les que no se reco­no­cen en la eti­que­ta pro­tes­tan­te, mien­tras que los orto­do­xos ron­dan los 292 millo­nes. Sobre esos gran­des tron­cos se super­po­nen dos cate­go­rías trans­ver­sa­les que no deben sumar­se a las ante­rio­res ni entre sí, los evan­gé­li­cos, unos 420 millo­nes, y los pen­te­cos­ta­les y caris­má­ti­cos, alre­de­dor de 663 millo­nes que las pro­yec­cio­nes empu­jan por enci­ma de los mil millo­nes en 2050. El con­jun­to se frag­men­ta, ade­más, en unas cin­cuen­ta mil deno­mi­na­cio­nes y cer­ca de cua­tro millo­nes y medio de congregaciones.

Bajo esa diver­si­dad reli­gio­sa late un mis­mo motor de supues­tos teo­ló­gi­cos com­par­ti­dos. El cre­yen­te da por sen­ta­da una rela­ción direc­ta y sin inter­me­dia­rios con la divi­ni­dad, lee la Biblia de for­ma lite­ral, vive la con­ver­sión como una rup­tu­ra per­so­nal, espe­ra que la fe pro­duz­ca efec­tos visi­bles –la cura­ción, la pros­pe­ri­dad, una vida trans­for­ma­da– y se sien­te obli­ga­do a pro­pa­gar­la. A esos supues­tos se aña­de una con­di­ción social muy con­cre­ta, la de que el movi­mien­to pren­de con más fuer­za allí don­de el sala­rio, tan­to de mane­ra direc­ta (en for­ma de suel­dos) como indi­rec­ta (por medio de ayu­das y ser­vi­cios) es menor, ofre­cien­do una comu­ni­dad y un con­sue­lo moral que la pro­pia socie­dad no ha sido capaz de aportar.

De esta mane­ra, se for­man comu­ni­da­des ente­ras cuya úni­ca espe­ran­za para mejo­rar sus con­di­cio­nes de vida se basa en tér­mi­nos com­ple­ta­men­te abs­trac­tos e inma­te­ria­les, y que expan­den una visión indi­vi­dua­li­za­da de afron­tar los pro­ble­mas, prin­ci­pal­men­te median­te el cul­to y los actos de fe en gene­ral. Todo ello, sin que entre en nin­gún momen­to en con­flic­to con la pro­pia for­ma­cion de dichas comu­ni­da­des o redes de apo­yo para «ayu­dar al pró­ji­mo», ya que se hace en pos de la expan­sión ideo­ló­gi­co-reli­gio­sa y de la rea­li­za­ción indi­vi­dual de cara a cum­plir con los pre­su­pues­tos mora­les que pro­me­ten un «retorno de prosperidad».

El mapa del crecimiento

El pri­mer ras­go que orde­na el fenó­meno es geo­grá­fi­co. En 2025, el 69% de los cris­tia­nos del pla­ne­ta resi­de en el Sur glo­bal, una pro­por­ción que en 1900 ape­nas alcan­za­ba el 17,6% y que las pro­yec­cio­nes del CSGC empu­jan has­ta el 78% en 2050. Áfri­ca reba­só a Amé­ri­ca Lati­na como el con­ti­nen­te con más cris­tia­nos en 2018 y absor­be ya cer­ca del 70% de todo el cre­ci­mien­to cris­tiano mun­dial. El evan­ge­lis­mo, sin embar­go, no avan­za de mane­ra uni­for­me, sino que se ace­le­ra –en torno al 1,3 o el 1,5% anual, fren­te al 1% que regis­tra el cris­tia­nis­mo en su con­jun­to– pre­ci­sa­men­te en las regio­nes don­de la des­igual­dad y la urba­ni­za­ción corren más deprisa.

Amé­ri­ca Lati­na ofre­ce la radio­gra­fía más níti­da de ese tras­va­se. Duran­te casi todo el siglo XX, des­de 1900 has­ta los años sesen­ta, al menos nue­ve de cada diez lati­no­ame­ri­ca­nos se decla­ra­ban cató­li­cos. Para 2014, según el estu­dio de refe­ren­cia del Pew Research Cen­ter, la iden­ti­fi­ca­ción cató­li­ca había caí­do al 69% de los adul­tos, mien­tras los pro­tes­tan­tes tre­pa­ban has­ta el 19% y los no afi­lia­dos alcan­za­ban el 8%. El movi­mien­to de fon­do es un «mer­ca­do» reli­gio­so en el que la gen­te cam­bia de ads­crip­ción y dife­ren­tes ins­ti­tu­cio­nes o esta­dos favo­re­cen a unos y a otros en fun­ción de sus intere­ses, ya que quie­nes fue­ron cria­dos como cató­li­cos pasa­ron del 84% al 69% y quie­nes fue­ron cria­dos como pro­tes­tan­tes tre­pa­ron del 9% al 19%. En paí­ses como Nica­ra­gua, uno de cada cua­tro habi­tan­tes es hoy un exca­tó­li­co, una pro­por­ción que ron­da el 20% en Bra­sil y el 14% en Venezuela.

Den­tro de esas regio­nes, el cre­ci­mien­to tam­bién se sos­tie­ne sobre los sec­to­res más expues­tos. En Bra­sil, don­de los evan­gé­li­cos repre­sen­tan hoy el 26,9% de la pobla­ción, el 55,4% de ellos son muje­res, su com­po­si­ción es menos blan­ca que la media nacio­nal y su empu­je resul­ta más inten­so en la peri­fe­ria ama­zó­ni­ca en expan­sión, has­ta el pun­to de que en los esta­dos de Acre y Ron­dô­nia ya supe­ran a los cató­li­cos. La con­ver­sión, ade­más, vie­ne mar­ca­da por el des­pla­za­mien­to, pues en Bra­sil, la Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na o Nica­ra­gua los con­ver­sos han cam­bia­do de lugar de resi­den­cia con mucha más fre­cuen­cia que los cató­li­cos, y la mayo­ría aban­do­na el cato­li­cis­mo antes de cum­plir los vein­ti­cin­co años. Los estu­dios que sen­ta­ron las bases de este cam­po, los de David Mar­tin y Andrew Ches­nut, anu­dan la con­ver­sión a la urba­ni­za­ción, al des­arrai­go que impo­ne la pobre­za y al imán que ejer­cen unas comu­ni­da­des de ayuda.

La eco­no­mía inter­na del movimiento

Si el cre­ci­mien­to se nutre de los de aba­jo, los recur­sos se con­cen­tran arri­ba. El caso mejor docu­men­ta­do es el de Edir Mace­do, que fun­dó en 1977 la Igre­ja Uni­ver­sal do Rei­no de Deus y con­tro­la un impe­rio mediá­ti­co en el que des­ta­ca la cade­na RecordTV. For­bes lo incor­po­ró por pri­me­ra vez a su lis­ta de mul­ti­mi­llo­na­rios entre 2013 y 2015, con 1.100 millo­nes de dóla­res, y las esti­ma­cio­nes de 2025 que reco­gen Ministry­Watch y Fox Busi­ness sitúan su for­tu­na en torno a los 1.900 millo­nes, una cifra que lo colo­ca cer­ca del pues­to 1.950 entre los mayo­res patri­mo­nios del mun­do. La mis­ma igle­sia inau­gu­ró en 2014, en São Pau­lo, una répli­ca del Tem­plo de Salo­món cuyo cos­te se cal­cu­ló en 300 millo­nes de dóla­res y que se alza al doble de altu­ra que el Cris­to Redentor.

La for­tu­na de Mace­do es el vér­ti­ce más visi­ble, pero la pre­gun­ta de fon­do es si la extrac­ción de recur­sos de los más pobres en for­ma de esta­fa pira­midal cons­ti­tu­ye un ras­go de raíz o una suma de casos ais­la­dos. En el cen­tro de la cues­tión está el diez­mo, la entre­ga del diez por cien­to de los ingre­sos pre­sen­ta­da a menu­do como una «obli­ga­ción bíbli­ca inne­go­cia­ble», a la que se aña­de la siem­bra de fe, esto es, la idea de que la dona­ción se devuel­ve mul­ti­pli­ca­da, en oca­sio­nes pro­me­ti­da como un «cien­to por uno». La con­fe­sión posi­ti­va, que ense­ña a decla­rar en voz alta la rique­za y la salud para hacer­las venir, com­ple­ta un dis­po­si­ti­vo cuyo arma­zón teo­ló­gi­co, for­mu­la­do por figu­ras como Ken­neth Hagin y Ken­neth Cope­land, des­cri­be «un con­tra­to entre el fiel y Dios» por el cual la fe y el dine­ro se can­jean por la pro­me­sa del bien­es­tar material.

Esa teo­lo­gía de la pros­pe­ri­dad goza de una acep­ta­ción abru­ma­do­ra, ya que el 65% de los pen­te­cos­ta­les del mun­do afir­ma que Dios «con­ce­de­rá rique­za y salud a quien ten­ga fe sufi­cien­te». El giro doc­tri­nal es nota­ble, pues invier­te la vie­ja tra­di­ción cris­tia­na que veía en la pobre­za y el sufri­mien­to una for­ma de «noble­za espi­ri­tual» y los con­vier­te aho­ra en una ano­ma­lía, casi en una mal­di­ción, que el cre­yen­te debe ven­cer apor­tan­do de mane­ra indi­vi­dual. El resul­ta­do no es el mon­to de cada ofren­da, sino la direc­ción del flu­jo, ya que mul­ti­tud de apor­ta­cio­nes menu­das de fie­les de ren­ta baja con­ver­gen en patri­mo­nios y medios de comu­ni­ca­ción reu­ni­dos en muy pocas manos, a menu­do al ampa­ro de exen­cio­nes fis­ca­les. En 2007, una inves­ti­ga­ción del Sena­do de Esta­dos Uni­dos impul­sa­da por el sena­dor Chuck Grass­ley exa­mi­nó las finan­zas de seis de estos minis­te­rios y orga­ni­za­cio­nes de raíz cris­tia­na como el Movi­mien­to de Lau­sa­na han des­cri­to el mode­lo, sin rodeos, como una for­ma de extrac­ción de recur­sos de los más necesitados.

El engra­na­je enca­ja, ade­más, con una trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca más amplia. A medi­da que el neo­li­be­ra­lis­mo impu­so des­re­gu­la­cio­nes eco­nó­mi­cas duran­te las últi­mas déca­das del siglo XX, con pri­va­ti­za­cio­nes y recor­tes, el pen­te­cos­ta­lis­mo ocu­pó el vacío asis­ten­cial y se ofre­ció como una red de pro­tec­ción pri­va­da allí don­de la públi­ca no exis­tía. Diver­sos eco­no­mis­tas han des­cri­to la teo­lo­gía de la pros­pe­ri­dad como un meca­nis­mo de repro­duc­ción del pro­pio neo­li­be­ra­lis­mo, ya que ino­cu­la un opti­mis­mo de mer­ca­do sin el cual el apo­yo masi­vo a un sis­te­ma pro­fun­da­men­te des­igual difí­cil­men­te se sos­ten­dría, mien­tras anu­la cual­quier posi­bi­li­dad de orga­ni­za­ción en cla­ves revo­lu­cio­na­rias y eman­ci­pa­do­ras. El terreno natu­ral de esa fe es la eco­no­mía infor­mal, que en el Áfri­ca sub­saha­ria­na supo­ne el 72% del empleo no agrí­co­la, el 71% en Asia, el 51% en Amé­ri­ca Lati­na y el 47% en Orien­te Medio y el nor­te de África.

En ese mun­do de tra­ba­jo pre­ca­rio y sin con­tra­to, la igle­sia fun­cio­na como una incu­ba­do­ra de empren­de­do­res. Fren­te al pro­tes­tan­tis­mo clá­si­co, pen­sa­do para el obre­ro indus­trial dis­ci­pli­na­do, el pen­te­cos­ta­lis­mo pre­mia la inde­pen­den­cia, la ini­cia­ti­va y la auto­mo­ti­va­ción, las cua­li­da­des que exi­ge sobre­vi­vir en un mer­ca­do sin red. La creen­cia en la meri­to­cra­cia es, por ello, casi uná­ni­me entre sus fie­les, y alcan­za al 89% de los pro­tes­tan­tes en Perú, al 83% en Puer­to Rico o al 77% en Hon­du­ras cuan­do se les pre­gun­ta si el esfuer­zo bas­ta para triun­far. La doc­tri­na, que en sus orí­ge­nes era una pros­pe­ri­dad dura cen­tra­da en la con­fe­sión y el diez­mo, ha deri­va­do hacia una pros­pe­ri­dad blan­da, una éti­ca del tra­ba­jo que san­ti­fi­ca la adqui­si­ción de habi­li­da­des y la acu­mu­la­ción de capi­tal humano y con­sa­gra, en suma, al tra­ba­ja­dor bajo el capi­ta­lis­mo, espe­cial­men­te en sus for­mas más desreguladas.

Pen­te­cos­ta­lis­mo y neopentecostalismo

Con­vie­ne dis­tin­guir las dos gran­des corrien­tes que el len­gua­je corrien­te con­fun­de. El pen­te­cos­ta­lis­mo clá­si­co, naci­do en 1906 y encar­na­do en deno­mi­na­cio­nes como las Asam­bleas de Dios o las Assem­bleias de Deus bra­si­le­ñas, gira en torno al bau­tis­mo del Espí­ri­tu, el don de len­guas, la sani­dad y una éti­ca de sobrie­dad, y arrai­gó sobre todo entre las cla­ses popu­la­res. El neo­pen­te­cos­ta­lis­mo, sur­gi­do medio siglo des­pués, con­ser­va esos dones pero los reorien­ta hacia la pros­pe­ri­dad mate­rial, la esté­ti­ca empre­sa­rial, las mega­igle­sias y los gran­des medios, adap­tan­do el movi­mien­to a las for­mas más agre­si­vas del neoliberalismo.

El pri­me­ro es la gue­rra espi­ri­tual, una visión del mun­do como «cam­po de bata­lla entre Dios y los demo­nios» en la que la pobre­za, la enfer­me­dad, la adic­ción e inclu­so el adver­sa­rio polí­ti­co se inter­pre­tan como for­ta­le­zas demo­nía­cas que hay que com­ba­tir y atar. El segun­do es la teo­lo­gía del domi­nio, que orde­na a los cre­yen­tes ocu­par las lla­ma­das sie­te mon­ta­ñas de la socie­dad –el gobierno, los medios, la edu­ca­ción, la fami­lia, la reli­gión, la eco­no­mía y la cul­tu­ra– en lugar de reti­rar­se del mun­do. Don­de el pen­te­cos­ta­lis­mo anti­guo invi­ta­ba a apar­tar­se de lo terre­nal, el neo­pen­te­cos­ta­lis­mo pre­di­ca abier­ta­men­te la con­quis­ta del poder, y en esa muta­ción resi­de bue­na par­te de su empu­je político.

Esas ideas adop­tan for­mas dis­tin­tas en cada lugar. En Bra­sil cris­ta­li­zan en la Uni­ver­sal de Mace­do, en las Assem­bleias de Deus, en la cade­na RecordTV y en un Tem­plo de Salo­món eri­za­do de meno­rás. En Esta­dos Uni­dos toman el ros­tro de los tele­pre­di­ca­do­res de la pros­pe­ri­dad y de las redes apos­tó­li­cas que ganan peso en la polí­ti­ca. En el Áfri­ca sub­saha­ria­na o en Nige­ria ali­men­tan mega­igle­sias autóc­to­nas de enor­me tama­ño. Y en Euro­pa repli­can, con asom­bro­sa fide­li­dad, el mode­lo lati­no­ame­ri­cano. El Esta­do espa­ñol es hoy uno de los esce­na­rios más cla­ros de esa influen­cia, con cer­ca de 1,5 millo­nes de evan­gé­li­cos y una red de luga­res de cul­to que ha pasa­do de menos de mil en 2004 a 4.455 en 2024.

El epi­cen­tro es la Comu­ni­dad de Madrid, don­de los más de 800 tem­plos evan­gé­li­cos —en torno al 70% de todos los luga­res de cul­to mino­ri­ta­rios— han supe­ra­do ya a las 702 parro­quias cató­li­cas de la capi­tal. No son cate­dra­les, sino bajos comer­cia­les, anti­guos talle­res y naves de polí­gono en barrios obre­ros como Use­ra, Valle­cas o Cara­ban­chel, una geo­gra­fía que cal­ca la lógi­ca de la eco­no­mía infor­mal y bus­ca la pro­xi­mi­dad con la pobla­ción inmi­gran­te y tra­ba­ja­do­ra que más nece­si­ta la red de apo­yo. Y, como en Amé­ri­ca Lati­na, esa masa crí­ti­ca ha atraí­do al poder polí­ti­co. La dere­cha madri­le­ña, y en par­ti­cu­lar el gobierno de Isa­bel Díaz Ayu­so, ha teji­do alian­zas rápi­das con estas redes para cap­tu­rar el lla­ma­do voto latino, según han docu­men­ta­do soció­lo­gas como Mar Grie­ra. El Par­ti­do Popu­lar incor­po­ró a su apa­ra­to a Gus­ta­vo Eus­ta­che, un inmi­gran­te vene­zo­lano con un pasa­do labo­ral dis­per­so que encar­na al tra­ba­ja­dor neo­li­be­ral móvil y que en 2023 lle­gó a dipu­tado de la Asam­blea de Madrid, y la pas­to­ra neo­pen­te­cos­tal Yadi­ra Maes­tre, pre­sen­ta­da por car­gos del par­ti­do como la uni­fi­ca­do­ra de las igle­sias evan­gé­li­cas de la región, ben­di­jo en un acto tele­vi­sa­do diri­gi­do a los his­pa­nos al alcal­de José Luis Mar­tí­nez-Almei­da, a la pro­pia Ayu­so y al líder esta­tal Alber­to Núñez Feijóo.

De ese con­jun­to se des­pren­den los peli­gros polí­ti­cos e ideo­ló­gi­cos del fenó­meno. El pri­me­ro es la con­ver­sión de un elec­to­ra­do dis­ci­pli­na­do y dócil a la con­sig­na de sus pas­to­res en un poder de veto reac­cio­na­rio, movi­li­za­do con­tra el abor­to, el matri­mo­nio igua­li­ta­rio y lo que inclu­yen en lo que lla­man «ideo­lo­gía de géne­ro». El segun­do es la des­po­li­ti­za­ción de la cla­se obre­ra, ya que al tra­du­cir el males­tar estruc­tu­ral a un len­gua­je indi­vi­dua­li­zan­te y espi­ri­tual se des­ac­ti­va la pro­tes­ta y se des­di­bu­ja a los res­pon­sa­bles de la des­igual­dad y des­pla­za a quien inten­ta com­ba­tir­la. El ter­ce­ro es la afi­ni­dad auto­ri­ta­ria de la teo­lo­gía del domi­nio, pues una doc­tri­na que sacra­li­za la toma del poder y tra­ta al adver­sa­rio como una fuer­za demo­nía­ca resul­ta, por cons­truc­ción, hos­til. A ello se suman la fusión con el etno­na­cio­na­lis­mo, la teo­cra­cia mile­na­ris­ta y el mili­ta­ris­mo que impor­ta el «sio­nis­mo cris­tiano», los ata­ques a otras reli­gio­nes, el nega­cio­nis­mo cien­tí­fi­co y el daño a la salud pública.

El poder político

El peso demo­grá­fi­co se ha tra­du­ci­do en poder ins­ti­tu­cio­nal medi­ble. La ban­ca­da evan­gé­li­ca del Con­gre­so bra­si­le­ño, el Fren­te Par­la­men­ta­rio Evan­gé­li­co acti­vo des­de 1986 y for­ma­li­za­do en 2003, ron­da los 203 dipu­tados y sena­do­res, y si fue­ra un par­ti­do sería el ter­ce­ro del país, por detrás solo del MDB y del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res. Ese blo­que actúa de la mano de los lob­bies del agro­ne­go­cio y de las armas, en la alian­za cono­ci­da como BBB por las ini­cia­les de boi, bala y bíblia —buey, bala y Biblia — , y se opo­ne de for­ma sis­te­má­ti­ca al abor­to, al matri­mo­nio igua­li­ta­rio y a lo que deno­mi­na «ideo­lo­gía de género».

Su capa­ci­dad para inl­fuir en las elec­cio­nes está docu­men­ta­da. En 2018, Jair Bol­so­na­ro obtu­vo el voto evan­gé­li­co en una pro­por­ción de 68 a 32, mien­tras el voto cató­li­co se repar­tía casi por igual entre él y Fer­nan­do Had­dad, y los mode­los apli­ca­dos a los datos de LAPOP cal­cu­lan que cer­ca del 16% del efec­to total de votar a Bol­so­na­ro se expli­ca úni­ca­men­te por la iden­ti­dad evan­gé­li­ca y la asis­ten­cia al cul­to, de modo que sin ese blo­que su vic­to­ria habría sido mate­má­ti­ca­men­te impo­si­ble. Bol­so­na­ro, bau­ti­za­do en el río Jor­dán en 2016 por un pas­tor de las Assem­bleias de Deus, había pro­me­ti­do un juez del Supre­mo terri­ble­men­te fun­da­men­ta­lis­ta, y par­te de ese lide­raz­go figu­ró entre los movi­li­za­dos en el inten­to de rup­tu­ra ins­ti­tu­cio­nal de comien­zos de 2023.

El patrón se repi­te por toda la región. En Colom­bia, que cuen­ta con unas 6.000 igle­sias evan­gé­li­cas y cer­ca de diez millo­nes de fie­les, los pas­to­res movi­li­za­ron des­de el púl­pi­to el voto con­tra el acuer­do con las FARC en el ple­bis­ci­to de 2016, con el argu­men­to de que los pac­tos escon­dían (de nue­vo) «ideo­lo­gía de géne­ro», y la vic­to­ria del No se atri­bu­yó en bue­na medi­da a esa cam­pa­ña. En Cos­ta Rica, el pre­di­ca­dor Fabri­cio Alva­ra­do alcan­zó la segun­da vuel­ta pre­si­den­cial en 2018; en Chi­le, diri­gen­tes como José Anto­nio Kast inte­gra­ron a pas­to­res en el núcleo de sus cam­pa­ñas; y duran­te la cri­sis que derri­bó a Evo Mora­les en Boli­via en 2019, varios líde­res entra­ron en el pala­cio pre­si­den­cial blan­dien­do biblias. El voto evan­gé­li­co no es mono­lí­ti­co, pues alber­ga algu­nos lide­raz­gos «pro­gre­sis­tas» y mino­rías de izquier­da, pero su ten­den­cia agre­ga­da y domi­nan­te es ine­quí­vo­ca­men­te con­ser­va­do­ra y reaccionaria.

El ejem­plo más para­dig­má­ti­co se dio tam­bién en Lati­noa­mé­ri­ca. Gua­te­ma­la dio a la región su pri­mer jefe de Esta­do evan­gé­li­co, el gene­ral Efraín Ríos Montt, en el poder entre 1982 y 1983 y con­de­na­do más tar­de por geno­ci­dio con­tra la pobla­ción maya en una gue­rra que dejó cer­ca de 200.000 muer­tos. Aque­lla expan­sión no fue en abso­lu­to espon­tá­nea, ya que en mayo de 1980 el lla­ma­do Docu­men­to de San­ta Fe, redac­ta­do por ase­so­res de Ronald Reagan, reco­men­dó com­ba­tir la teo­lo­gía de la libe­ra­ción y pro­mo­ver en su lugar a las igle­sias pro­tes­tan­tes con­ser­va­do­ras lle­ga­das de Esta­dos Uni­dos, con el obje­ti­vo decla­ra­do de sus­ti­tuir a unos cató­li­cos social­men­te acti­vos por una pobla­ción que vie­ra el cam­bio social en cla­ve indi­vi­dual y espiritual.

Esta­dos Uni­dos, el voto en bloque

En Esta­dos Uni­dos, don­de el movi­mien­to está más y mejor estu­dia­do, la ali­nea­ción resul­ta esta­ble y cuan­ti­fi­ca­ble. El voto evan­gé­li­co blan­co a los can­di­da­tos repu­bli­ca­nos a la pre­si­den­cia se ha sos­te­ni­do alre­de­dor del 80% duran­te dos déca­das, con un 79% para Bush en 2004, un 73% para McCain en 2008, un 79% para Rom­ney en 2012 y entre el 80% y el 82% para Donald Trump en 2016, 2020 y 2024. En los comi­cios de 2024, los son­deos a pie de urna de Edi­son Research otor­ga­ron a Trump un 82% fren­te al 17%, con los evan­gé­li­cos como el 27% del elec­to­ra­do. El PRRI esti­ma que los cris­tia­nos blan­cos supo­nen alre­de­dor del 41% del país, pero cer­ca del 70% del Par­ti­do Republicano.

Esta arqui­tec­tu­ra tie­ne su pro­pia genea­lo­gía. La Mayo­ría Moral, fun­da­da en junio de 1979 por Jerry Fal­well y disuel­ta en 1989, y más tar­de la Coa­li­ción Cris­tia­na de Pat Rober­tson, orga­ni­za­ron a este elec­to­ra­do en torno al recha­zo del abor­to y de los dere­chos LGTB. El con­tras­te interno tam­bién se deja con­tar, pues los pro­tes­tan­tes negros vota­ron en torno al 90% por la can­di­da­ta demó­cra­ta en 2016 y un 83% en 2024, mien­tras que el 63% de los pro­tes­tan­tes his­pa­nos res­pal­dó a Trump en 2024. La eti­que­ta evan­gé­li­ca tam­bién cobi­ja, por tan­to, reali­da­des polí­ti­cas opues­tas, aun­que su núcleo más nume­ro­so y movi­li­za­do sea el del votan­te blan­co conservador.

Con­vie­ne aña­dir, no obs­tan­te, que el blo­que mues­tra un peque­ño retro­ce­so en el últi­mo año. Una encues­ta del Pew Research Cen­ter de enero de 2026 reve­ló que la apro­ba­ción de Trump entre los evan­gé­li­cos blan­cos había caí­do del 78% regis­tra­do a comien­zos de 2025 al 69%, mien­tras que el res­pal­do a la tota­li­dad o a la mayor par­te de su pro­gra­ma retro­ce­día ocho pun­tos y la con­fian­za en su con­duc­ta éti­ca se des­plo­ma­ba quin­ce. Otros son­deos pos­te­rio­res reba­ja­ron esa apro­ba­ción has­ta el 64% en la pri­ma­ve­ra de 2026, en un cli­ma de ten­sión eco­nó­mi­ca y de des­con­ten­to por la gue­rra con Irán. La cifra sigue muy por enci­ma del 37% que Trump cose­cha entre el con­jun­to de los esta­dou­ni­den­ses, de modo que la leal­tad evan­gé­li­ca per­ma­ne­ce fir­me como dato comparativo.

Polí­ti­ca exterior

El movi­mien­to pro­yec­ta tam­bién su influen­cia más allá de las fron­te­ras nacio­na­les. El sio­nis­mo cris­tiano, ancla­do en la teo­lo­gía dis­pen­sa­cio­na­lis­ta del siglo XIX según la cual «el regre­so de los judíos a su tie­rra» y la fun­da­ción del Esta­do de Israel en 1948 anti­ci­pan «el fin de los tiem­pos», ele­va el apo­yo polí­ti­co, finan­cie­ro y mili­tar a Israel de la diplo­ma­cia ordi­na­ria a un man­da­to espi­ri­tual inne­go­cia­ble. Esa visión se ins­ti­tu­cio­na­li­zó en 1980 con la Emba­ja­da Cris­tia­na Inter­na­cio­nal de Jeru­sa­lén y se ha ampli­fi­ca­do con orga­ni­za­cio­nes como Chris­tians Uni­ted for Israel, fun­da­da en 2006 por el pas­tor y tele­van­ge­lis­ta John Hagee, que afir­ma con­tar con más de 10 millo­nes de miem­bros. Según la Jewish Vir­tual Library, la enti­dad reba­só el millón en mar­zo de 2012, los 5,1 millo­nes en diciem­bre de 2018 y los 10 millo­nes en 2023.

La orga­ni­za­ción pre­sio­nó a favor del tras­la­do de la emba­ja­da esta­dou­ni­den­se a Jeru­sa­lén en 2018 y de la ayu­da mili­tar de urgen­cia tras la ope­ra­ción de la resis­ten­cia pales­ti­na en octu­bre de 2023, y su répli­ca lati­no­ame­ri­ca­na ha alte­ra­do las posi­cio­nes de varios Esta­dos, ya que Gua­te­ma­la, bajo el evan­gé­li­co Jimmy Mora­les, fue de los pri­me­ros en seguir a Washing­ton tras­la­dan­do su emba­ja­da, y Bol­so­na­ro pro­me­tió hacer lo pro­pio en Bra­sil por exi­gen­cia de su base caris­má­ti­ca. El Tem­plo de Salo­món de São Pau­lo, con sus meno­rás gigan­tes y ban­de­ras israe­líes en los actos de la dere­cha, con­den­sa esa iden­ti­dad de «nación judeo-cris­tia­na» que impor­ta a la polí­ti­ca domés­ti­ca un mar­co etno­na­cio­na­lis­ta, fun­da­men­ta­lis­ta y mili­ta­ris­ta. Lo que con­vie­ne rete­ner es que una base de millo­nes de fie­les se ha trans­for­ma­do en res­pal­do orga­ni­za­do para una polí­ti­ca exte­rior muy con­cre­ta: el apo­yo incon­di­cio­nal a Israel. Pero ese apo­yo no pue­de ven­der­se sim­ple­men­te des­de la «sim­pa­tía hacia el pue­blo judío», sino de una creen­cia mile­na­ris­ta sobre el fin de los tiem­pos según la cual «el regre­so de los judíos a Tie­rra San­ta es el paso pre­vio a la segun­da veni­da de Cris­to», momen­to en el que –según esa doc­tri­na– «los judíos debe­rán con­ver­tir­se al cris­tia­nis­mo o pere­cer». Es decir, iro­ni­ca­men­te, los fie­les defien­den a Israel como ins­tru­men­to de un rela­to reli­gio­so cuyo final no con­tem­pla la super­vi­ven­cia ni de los judíos como tales ni de los palestinos.

Bra­sil como caso de estudio

El caso bra­si­le­ño con­cen­tra casi todas las ten­den­cias ante­rio­res y per­mi­te seguir­las en serie his­tó­ri­ca. Los evan­gé­li­cos pasa­ron del 6,6% de la pobla­ción en 1980 al 9% en 1991, al 15,4% en 2000, al 21,6% en 2010 y al 26,9% en 2022, esto es, 47,4 millo­nes de per­so­nas, según el cen­so del IBGE. En ese mis­mo lap­so, los cató­li­cos se des­plo­ma­ron des­de cer­ca del 90% en 1970 has­ta el 56,7% en 2022, equi­va­len­te a 100,2 millo­nes de fie­les. El IBGE ha con­ta­bi­li­za­do la aper­tu­ra de unas 14.000 nue­vas igle­sias evan­gé­li­cas cada año.

El cre­ci­mien­to, con todo, pier­de fue­lle. La varia­ción fue del 6,0% en 2000, del 6,3% en 2010 y del 5,2% en 2022, de mane­ra que la pro­yec­ción sobre el momen­to en que los evan­gé­li­cos supe­ra­rán a los cató­li­cos se ha retra­sa­do del año 2032 a alre­de­dor de 2049, según los cálcu­los del demó­gra­fo José Eus­tá­quio Diniz Alves. La foto­gra­fía de con­jun­to mues­tra un tras­va­se reli­gio­so masi­vo y sos­te­ni­do, pero a un rit­mo que ya no se acelera.

Una mira­da más recien­te com­pli­ca toda­vía más el rela­to. Un estu­dio cons­ta­tó en enero de 2026 que, en bue­na par­te de Amé­ri­ca Lati­na, quie­nes aban­do­nan el cato­li­cis­mo no engro­san nece­sa­ria­men­te las filas pro­tes­tan­tes, sino que se decla­ran sin reli­gión, has­ta el pun­to de que los no afi­lia­dos ya supe­ran a los pro­tes­tan­tes en Argen­ti­na, Chi­le, Colom­bia y Méxi­co. El pro­tes­tan­tis­mo, lejos de barrer el con­ti­nen­te, se ha man­te­ni­do rela­ti­va­men­te esta­ble duran­te la últi­ma déca­da, con Bra­sil como gran excep­ción, pues allí los pro­tes­tan­tes tre­pa­ron has­ta el 29% en 2024. La ola evan­gé­li­ca, en suma, ni es uni­for­me ni avan­za en línea recta.

El pre­cio de la expansión

El avan­ce del movi­mien­to ha deja­do hue­llas, aun cuan­do par­te de la evi­den­cia sea más cua­li­ta­ti­va que numé­ri­ca. En Bra­sil, varios tem­plos de reli­gio­nes afro­bra­si­le­ñas han sufri­do ata­ques y una sacer­do­ti­sa afro­bra­si­le­ña fue ase­si­na­da, y las encues­tas de 2024 seña­la­ron a los sec­to­res evan­gé­li­cos como el gru­po reli­gio­so per­ci­bi­do como más into­le­ran­te del país. En el terreno sani­ta­rio se han docu­men­ta­do casos en que la ense­ñan­za de la cura­ción por la fe inter­fi­rió con tra­ta­mien­tos médi­cos al pre­sen­tar dolen­cias como el VIH o la epi­lep­sia en cla­ve «demo­nía­ca». En el plano del cono­ci­mien­to, algu­nas figu­ras pro­mi­nen­tes han recha­za­do la cien­cia del cli­ma y pro­mo­vi­do el crea­cio­nis­mo fren­te a la ense­ñan­za de la evo­lu­ción. Y en el plano eco­nó­mi­co, dis­tin­tos estu­dios repa­ran en la para­do­ja de una base de ren­ta baja que res­pal­da agen­das de recor­te del Esta­do social —resu­mi­das en la fór­mu­la «más Dios, menos Esta­do»— del que esa mis­ma base depende.

Fuen­tes de interés

Pew Research Cen­ter (Reli­gion in Latin Ame­ri­ca, 2014, y su capí­tu­lo sobre creen­cias; Catho­li­cism Has Decli­ned in Latin Ame­ri­ca, enero de 2026.

Whi­te Evan­ge­li­cals Remain Among Trump’s Stron­gest Sup­por­ters, febre­ro de 2026; Glo­bal Chris­tia­nity, 2011).

Cen­ter for the Study of Glo­bal Chris­tia­nity, World Chris­tian Data­ba­se y World Chris­tian Ency­clo­pe­dia, 2025.

Bri­tan­ni­ca y World Assem­blies of God Fellowship para las Asam­bleas de Dios.

Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­ba­jo para la eco­no­mía informal.

14 de junio de 2026

Fuen­te: https://​dia​rio​so​cia​lis​ta​.net/​2​0​2​6​/​0​6​/​1​4​/​f​u​n​d​a​m​e​n​t​a​l​i​s​m​o​-​e​v​a​n​g​e​l​i​s​t​a​-​i​n​d​i​v​i​d​u​a​l​i​s​m​o​-​d​e​s​p​o​l​i​t​i​z​a​c​i​o​n​-​y​-​m​e​r​i​t​o​c​r​a​c​i​a​/​?​u​t​m​_​s​o​u​r​c​e​=​t​e​l​e​g​ram

Twitter
Facebook
Telegram

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *