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Cómo Israel redi­bu­ja Cis­jor­da­nia sin decla­rar la anexión

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Hay un pro­ce­so silen­cio­so pero sis­te­má­ti­co que está trans­for­man­do la geo­gra­fía de Cis­jor­da­nia. Se tra­ta de un engra­na­je buro­crá­ti­co-finan­cie­ro que, pie­za por pie­za, está hacien­do irre­ver­si­ble la ocupación.

El gobierno israe­lí ha inyec­ta­do más de 244 millo­nes de she­kels para ace­le­rar el levan­ta­mien­to catas­tral en la zona C, la fran­ja que abar­ca cer­ca del 60% del terri­to­rio cis­jor­dano y que per­ma­ne­ce bajo con­trol mili­tar pleno. El obje­ti­vo: tras­la­dar la com­pe­ten­cia sobre esos sue­los des­de la Admi­nis­tra­ción Civil mili­tar al Regis­tro de Tie­rras israe­lí, un cam­bio de cate­go­ría que, en la prác­ti­ca, con­vier­te terre­nos ocu­pa­dos en pro­pie­dad ges­tio­na­da con los mis­mos códi­gos que cual­quier muni­ci­pio de Israel.

De los casi 1.900 kiló­me­tros cua­dra­dos que aún care­cen de ins­crip­ción for­mal, el plan pre­ten­de cubrir alre­de­dor del 15% antes de que ter­mi­ne la déca­da. Para un pro­pie­ta­rio pales­tino, recla­mar su tie­rra ante este nue­vo regis­tro es una carre­ra de obs­tácu­los: exi­ge pla­nos mili­mé­tri­cos y cade­nas docu­men­ta­les que a veces se pier­den en la memo­ria oral de varias gene­ra­cio­nes. Mien­tras tan­to, las tran­sac­cio­nes de tie­rras han sido des­ata­das de sus anti­guas tra­bas —se han eli­mi­na­do requi­si­tos de apro­ba­ción pre­via que data­ban de la épo­ca jor­da­na pre­via a 1967— y los regis­tros se han abier­to a con­sul­ta públi­ca, faci­li­tan­do que inver­so­res y colo­nos iden­ti­fi­quen par­ce­las con rapidez.

El alcan­ce del meca­nis­mo no se detie­ne en la zona C. Con el nue­vo mar­co, agen­cias israe­líes han gana­do capa­ci­dad de inter­ve­nir en las zonas don­de la Auto­ri­dad Pales­ti­na tie­ne auto­no­mía nomi­nal (áreas A y B), uti­li­zan­do argu­cias como nor­ma­ti­vas ambien­ta­les o pro­tec­ción del patri­mo­nio his­tó­ri­co para orde­nar demo­li­cio­nes de vivien­das y estruc­tu­ras pales­ti­nas. Es una judi­cia­li­za­ción de la ocu­pa­ción: lo que antes se logra­ba con tan­ques, hoy se con­si­gue con expe­dien­tes técnicos.

El pro­yec­to estre­lla de esta estra­te­gia es el corre­dor E1, al este de Jeru­sa­lén. Allí se han lici­ta­do más de 3.400 vivien­das para colo­nos —par­te de un paque­te mayor que supera las 7.600 uni­da­des en toda el área de Ma’a­le Adu­mim — . Su tra­za­do, si se com­ple­ta, cor­ta­rá el con­ti­nuo terri­to­rial entre Rama­llah, Jeru­sa­lén Este y Belén, par­tien­do Cis­jor­da­nia en dos mita­des inco­mu­ni­ca­das. Nacio­nes Uni­das lo ha cali­fi­ca­do como una ame­na­za exis­ten­cial para la solu­ción de dos Esta­dos; sobre el terreno, sig­ni­fi­ca­ría el des­pla­za­mien­to for­za­do de miles de bedui­nos y la asfi­xia eco­nó­mi­ca de las comu­ni­da­des pales­ti­nas circundantes.

Des­de 2022, el rit­mo de cons­truc­ción de asen­ta­mien­tos ha cre­ci­do un 80%, según el segui­mien­to de Pea­ce Now. Pero el dato más reve­la­dor no es la velo­ci­dad, sino el méto­do. Muchos pues­tos de avan­za­da que duran­te años fue­ron con­si­de­ra­dos «ile­ga­les» inclu­so bajo la legis­la­ción israe­lí han reci­bi­do aho­ra el vis­to bueno retro­ac­ti­vo, con­vir­tién­do­se en asen­ta­mien­tos de pleno dere­cho. En abril de 2026, el gabi­ne­te apro­bó en secre­to 34 nue­vos asen­ta­mien­tos en la zona C, una deci­sión que se man­tu­vo ocul­ta duran­te días antes de filtrarse.

Las res­pues­tas de la comu­ni­dad inter­na­cio­nal se repi­ten como un dis­co raya­do: decla­ra­cio­nes de preo­cu­pa­ción, lla­ma­mien­tos a la mode­ra­ción y recor­da­to­rios del dere­cho inter­na­cio­nal. Pero nin­gún meca­nis­mo efec­ti­vo fre­na el avan­ce sobre el terreno. El gobierno israe­lí jue­ga con la pacien­cia occi­den­tal, sabien­do que cada nue­va carre­te­ra, cada regis­tro catas­tral y cada vivien­da cons­trui­da crea una reali­dad que nin­gún comu­ni­ca­do diplo­má­ti­co pue­de deshacer.

No hay una decla­ra­ción for­mal de ane­xión. No hay una línea roja que se cru­ce de una vez. Hay, en cam­bio, un pro­ce­so incre­men­tal, admi­nis­tra­ti­vo, pre­su­pues­ta­rio, que va recor­tan­do las posi­bi­li­da­des de un Esta­do pales­tino via­ble sin nece­si­dad de ocu­par por­ta­das. La ocu­pa­ción se vuel­ve per­ma­nen­te no por un gol­pe de efec­to, sino por el peso de los expe­dien­tes, los pla­nos y los con­tra­tos. El mapa de Cis­jor­da­nia se está redi­bu­jan­do en silen­cio, y cuan­do el mun­do quie­ra reac­cio­nar, qui­zá ya no que­de nada que discutir.

4 de julio de 2026

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