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El Ejér­ci­to Rojo Japo­nés lamen­ta el falle­ci­mien­to del gran lucha­dor inter­na­cio­na­lis­ta y revo­lu­cio­na­rio Kozu Okamoto

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Con pro­fun­do dolor y tris­te­za, lamen­ta­mos el falle­ci­mien­to de nues­tro que­ri­do com­pa­ñe­ro Kozu Oka­mo­to, que nos ha deja­do tras una lucha con­tra la enfer­me­dad. Al recor­dar hoy su tra­yec­to­ria, la pro­fun­da tris­te­za se mez­cla con una amar­gu­ra que no nos abandona.

Ade­más del dolor por la pér­di­da de un com­pa­ñe­ro al que que­ría­mos, nos opri­me el cora­zón la impo­ten­cia de no haber podi­do estar a su lado en sus últi­mos días, des­pués de que el poder opre­sor nos sepa­ra­ra de él y se inter­pu­sie­ra entre noso­tros y él has­ta el momen­to de su partida.

El cama­ra­da Kozo Oka­mo­to (naci­do en diciem­bre de 1943) fue uno de los pri­me­ros soli­da­rios y volun­ta­rios japo­ne­ses que res­pon­die­ron al lla­ma­mien­to de la cau­sa palestina.

Par­tió de Japón en febre­ro de 1972 y, el 30 de mayo de ese mis­mo año, par­ti­ci­pó, en cali­dad de volun­ta­rio japo­nés, en la ope­ra­ción del Fren­te Popu­lar para la Libe­ra­ción de Pales­ti­na en el aero­puer­to de Lyd­da. Fue cap­tu­ra­do por Israel y con­de­na­do a cade­na per­pe­tua. En 1985, tras pasar tre­ce años en las cár­ce­les de la ocu­pa­ción, some­ti­dos a tor­tu­ras dia­rias, fue pues­to en liber­tad en el mar­co de un acuer­do de inter­cam­bio de pri­sio­ne­ros media­do por el Comi­té Inter­na­cio­nal de la Cruz Roja, gra­cias a los esfuer­zos de nues­tros com­pa­ñe­ros del movi­mien­to de libe­ra­ción pales­tino, para reu­nir­se con sus compañeros.

A pesar de las secue­las per­ma­nen­tes que le dejó la tor­tu­ra físi­ca y psi­co­ló­gi­ca a la que fue some­ti­do duran­te sus años de cau­ti­ve­rio en Israel, logró recu­pe­rar­se gra­dual­men­te gra­cias a la soli­da­ri­dad de sus com­pa­ñe­ros pales­ti­nos y del Ejér­ci­to Rojo Japo­nés, y con­ti­nuó con su vida y su acti­vi­dad con el apo­yo y el cari­ño de sus ami­gos en Pales­ti­na y Líbano.

Tras el colap­so de la Unión Sovié­ti­ca y del sis­te­ma socia­lis­ta en Euro­pa del Este, y los cam­bios polí­ti­cos que ello con­lle­vó, el Ejér­ci­to Rojo Japo­nés sufrió en 1997 una cam­pa­ña de deten­cio­nes en el Líbano bajo la pre­sión de los Gobier­nos esta­dou­ni­den­se y japonés.

Sin embar­go, las huel­gas y mani­fes­ta­cio­nes orga­ni­za­das por liba­ne­ses y pales­ti­nos en soli­da­ri­dad con el Ejér­ci­to Rojo Japo­nés die­ron como resul­ta­do la con­ce­sión del dere­cho de asi­lo polí­ti­co al cama­ra­da Oka­mo­to, y en abril de 2000 el Gobierno liba­nés reco­no­ció su dere­cho de resi­den­cia, con­vir­tién­do­se así en el pri­mer refu­gia­do polí­ti­co reco­no­ci­do ofi­cial­men­te por el Esta­do liba­nés. Des­de enton­ces, ha lle­va­do una vida tran­qui­la en el Líbano, rodea­do de sus ami­gos pales­ti­nos y libaneses.

El Gobierno japo­nés siguió exi­gien­do su extra­di­ción, basán­do­se en el caso del aero­puer­to de Lyd­da de 1972 e igno­ran­do el prin­ci­pio de que no se pue­de juz­gar dos veces por el mis­mo deli­to según el dere­cho inter­na­cio­nal, ade­más de que su pues­ta en liber­tad se pro­du­jo en el mar­co de un inter­cam­bio de pri­sio­ne­ros con­for­me a los Con­ve­nios de Ginebra.

A pesar de haber recu­pe­ra­do su liber­tad gra­cias al inter­cam­bio, al cama­ra­da Oka­mo­to no se le per­mi­tió regre­sar a Japón. La orden de deten­ción siguió pri­ván­do­le de su liber­tad. Ante esta per­se­cu­ción con­ti­nua, el cama­ra­da Oka­mo­to optó por que­dar­se en el Líbano, entre los pue­blos pales­tino y libanés.

En 1972, mien­tras con­tem­pla­ba con sus dos com­pa­ñe­ros japo­ne­ses el cie­lo estre­lla­do sobre los tem­plos de Baal­bek, los com­ba­tien­tes que más tar­de par­ti­ci­pa­rían en la ope­ra­ción de Lyd­da dije­ron: «Si cae­mos como már­ti­res en la lucha, nos con­ver­ti­re­mos en estre­llas entre las estre­llas de Orión». Oka­mo­to recor­dó estas pala­bras más tar­de ante el tri­bu­nal mili­tar israe­lí, reafir­man­do su com­pro­mi­so de seguir sien­do, en espí­ri­tu y en acti­tud, un com­ba­tien­te al lado de todos aque­llos que resis­ten la ocu­pa­ción israe­lí por la libe­ra­ción de Palestina.

Hoy, aho­ra que su espí­ri­tu ha supe­ra­do las penas, no cabe duda de que se ha reu­ni­do con los com­pa­ñe­ros que le precedieron.

En un momen­to en que con­ti­núa el geno­ci­dio en Gaza y en la Cis­jor­da­nia ocu­pa­da, jun­to con la ocu­pa­ción de los terri­to­rios ára­bes y la agre­sión con­tra Irán, el enti­dad sio­nis­ta pro­si­gue sus crí­me­nes sin tre­gua. No obs­tan­te, cree­mos que la vic­to­ria será, en últi­ma ins­tan­cia, del pue­blo pales­tino, y que nues­tros com­pa­ñe­ros falle­ci­dos vis­lum­bran ese día.

La resis­ten­cia del pue­blo pales­tino a la ocu­pa­ción ins­pi­ra a los libres de todo el mun­do, vin­cu­la la lucha de los pales­ti­nos con las luchas de todos los pue­blos fren­te a la injus­ti­cia, la dis­cri­mi­na­ción y el colo­nia­lis­mo, y da fuer­za a nues­tras luchas don­de­quie­ra que estemos.

La par­ti­da del cama­ra­da Oka­mo­to nos trae a la memo­ria una eta­pa de inter­na­cio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio que encar­na­ron los com­ba­tien­tes de Lydda.

Cama­ra­da Oka­mo­to, des­can­sa en paz.

A nues­tros ami­gos de Pales­ti­na y de todo el mun­do ára­be, les expre­sa­mos nues­tro más sin­ce­ro agra­de­ci­mien­to por el cui­da­do, la soli­da­ri­dad y la leal­tad que han brin­da­do al cama­ra­da Oka­mo­to a lo lar­go de todos estos años. Asi­mis­mo, con moti­vo de su falle­ci­mien­to, expre­sa­mos nues­tro agra­de­ci­mien­to a los suce­si­vos gobier­nos liba­ne­ses que le con­ce­die­ron el dere­cho de asi­lo político.

Fusa­ko Shi­ge­no­bu, exco­man­dan­te del Ejér­ci­to Rojo Japonés

23 de julio de 2026

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