Cómo los pales­ti­nos han resis­ti­do el «desa­rro­llo» ins­tru­men­ta­li­za­do des­de el Man­da­to Bri­tá­ni­co has­ta la Jun­ta de Paz de Gaza

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El 15 de enero de 2026, la Jun­ta de Paz de Gaza, bajo la super­vi­sión del pre­si­den­te Trump y pre­sen­ta­da con un dis­cur­so de recons­truc­ción, admi­nis­tra­ción fidu­cia­ria y paz, se impu­so al pue­blo de Gaza. Sin embar­go, este plan se entien­de mejor como la últi­ma ver­sión colo­nial del pro­yec­to de la Nak­ba. Las poten­cias colo­nia­les han uti­li­za­do sis­te­má­ti­ca­men­te herra­mien­tas eco­nó­mi­cas y pla­nes de «desa­rro­llo» para con­tro­lar, frag­men­tar y des­po­jar a los pales­ti­nos. Y, en res­pues­ta, los pales­ti­nos siem­pre han resis­ti­do median­te boi­cots, movi­li­za­cio­nes masi­vas, pro­tes­tas polí­ti­cas y resis­ten­cia armada.

Al ana­li­zar cua­tro perío­dos cla­ve de los pla­nes de desa­rro­llo bajo el domi­nio bri­tá­ni­co, la judai­za­ción sio­nis­ta pos­te­rior a 1948, la era de Oslo y la Jun­ta de Paz en Gaza, que­da cla­ro que las pro­pues­tas actua­les de recons­truc­ción y admi­nis­tra­ción fidu­cia­ria son solo el últi­mo capí­tu­lo de una lar­ga y sinies­tra his­to­ria de acuer­dos de la Nak­ba que inter­cam­bian tie­rras y sobe­ra­nía pales­ti­nas en nom­bre de la pros­pe­ri­dad eco­nó­mi­ca y el desarrollo.

La elec­tri­fi­ca­ción de «Pales­ti­na»

En 1921, bajo el Man­da­to Bri­tá­ni­co en Pales­ti­na, las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas con­tra­ta­ron1 a Pinhas Ruten­berg para fun­dar la Com­pa­ñía Eléc­tri­ca de Pales­ti­na (PEC). A pri­me­ra vis­ta, esto repre­sen­tó un avan­ce tec­no­ló­gi­co cru­cial y un sal­to infra­es­truc­tu­ral que pro­por­cio­na­ría elec­tri­ci­dad a toda Pales­ti­na y la impul­sa­ría hacia una nue­va era.

En cam­bio, los bri­tá­ni­cos cedie­ron los per­mi­sos lega­les para la elec­tri­fi­ca­ción en todo el Man­da­to Bri­tá­ni­co de Pales­ti­na a una sola per­so­na: el inge­nie­ro y sio­nis­ta ruso-judío Ruten­berg. Esto pro­pi­ció la expan­sión de la elec­tri­fi­ca­ción para enri­que­cer los asen­ta­mien­tos judíos y avi­var sus ambi­cio­nes. Dichas ambi­cio­nes se mate­ria­li­za­ron a media­dos de la déca­da de 1920 con el ini­cio de la elec­tri­fi­ca­ción de Pales­ti­na. Para enton­ces, la red eléc­tri­ca de la PEC se exten­día2 rápi­da­men­te, abas­te­cien­do a los asen­ta­mien­tos judíos de Yafa, Hai­fa y Taba­ria, pero exclu­yen­do a las pobla­cio­nes pales­ti­nas de esas zonas y a impor­tan­tes ciu­da­des pales­ti­nas como Nablus.

La cla­ve del auge de estos pro­yec­tos resi­día en la pro­fun­da alian­za entre las ambi­cio­nes colo­nia­les bri­tá­ni­cas y la cre­cien­te men­ta­li­dad de los colo­nos. El resul­ta­do fue la adju­di­ca­ción de diver­sos con­tra­tos de desa­rro­llo a colo­nos sio­nis­tas, exclu­yen­do sis­te­má­ti­ca­men­te a los pales­ti­nos. Este acuer­do no se limi­tó a la asig­na­ción de un con­tra­to de ser­vi­cios públi­cos; con­cen­tró el poder de la infra­es­truc­tu­ra en manos sio­nis­tas, impi­dien­do al mis­mo tiem­po el con­trol pales­tino sobre un ser­vi­cio públi­co vital.

A pesar de ello, los pales­ti­nos resis­tie­ron. Resis­tie­ron tan­to la expan­sión del pro­yec­to de elec­tri­fi­ca­ción sio­nis­ta, faci­li­ta­do por los bri­tá­ni­cos, como, des­de el prin­ci­pio, el mono­po­lio judío de la elec­tri­ci­dad, pero fue­ron igno­ra­dos por las auto­ri­da­des del Man­da­to Bri­tá­ni­co. Este recha­zo enva­len­to­nó a los pales­ti­nos para decla­rar un boi­cot al plan de Ruten­berg en el Quin­to Con­gre­so Nacio­nal Pales­tino, cele­bra­do en Nablus en 1922. A esto le siguió una esca­la­da con­ti­nua de estra­te­gias y tác­ti­cas con­tra el pro­yec­to de Ruten­berg, que se expan­día cada vez más.

La ten­sión polí­ti­ca aumen­tó con el cre­ci­mien­to de PEC, y esta­lla­ron mani­fes­ta­cio­nes en nume­ro­sas ciu­da­des pales­ti­nas con cán­ti­cos como «Los pos­tes de Ruten­berg son nues­tra hor­ca», que reso­na­ban por todo el terri­to­rio. Esta agu­da per­cep­ción del pro­yec­to colo­nial del enemi­go, suma­da al estan­ca­mien­to diplo­má­ti­co ante la nega­ti­va de Ruten­berg y los bri­tá­ni­cos a ceder en cual­quier inten­to de «aso­cia­ción» con los pales­ti­nos, pro­pi­ció el sur­gi­mien­to de ope­ra­cio­nes de sabo­ta­je. Estas ope­ra­cio­nes tuvie­ron un gran éxi­to en los pri­me­ros años, pro­vo­can­do apa­go­nes a gran esca­la. Duran­te la Revuel­ta Ára­be se lle­vó a cabo otra olea­da de ope­ra­cio­nes más inten­sas; sin embar­go, para enton­ces, la red expan­di­da de Ruten­berg era más resis­ten­te a los apa­go­nes gra­cias a su gran depen­den­cia de las auto­ri­da­des bri­tá­ni­cas para la pro­tec­ción y el apo­yo logístico.

No fue sor­pren­den­te, pues, ver al mis­mo terra­te­nien­te colo­nial que, en pri­mer lugar, había trans­fe­ri­do los dere­chos a la PEC, regre­sar para pro­te­ger­la de los inten­tos pales­ti­nos de extir­par este tumor eléc­tri­co. Wins­ton Chur­chill se jac­tó de haber otor­ga­do la con­ce­sión eléc­tri­ca a una empre­sa judía, afir­man­do que «los ára­bes en Pales­ti­na no toma­rían medi­das efec­ti­vas para irri­gar y elec­tri­fi­car Pales­ti­na, ni siquie­ra des­pués de mil años».

Duran­te la expan­sión de PEC, los pales­ti­nos com­pren­die­ron la natu­ra­le­za sinies­tra de este pro­yec­to de desa­rro­llo. El pro­yec­to era sim­ple: implan­tar una red eléc­tri­ca en Pales­ti­na para abas­te­cer al país anfi­trión extran­je­ro. En la déca­da de 1940, el 90% de la elec­tri­ci­dad era con­su­mi­da por los asen­ta­mien­tos judíos. Para muchos pales­ti­nos, los pos­tes y cables que Ruten­berg plan­tó, y que los bri­tá­ni­cos man­tu­vie­ron, no eran más que una hor­ca que ame­na­za­ba con asfi­xiar­los a ellos y a sus tie­rras, una hor­ca a la que se enfren­ta­ron con una resis­ten­cia firme.

Los gru­pos colo­nia­lis­tas lle­ga­ron a Pales­ti­na no para vivir en paz, ni para asi­mi­lar­se al pue­blo pales­tino, sino para apo­de­rar­se de la tie­rra y sus recur­sos, y para expul­sar a madres y padres de su tie­rra con el obje­ti­vo de con­tro­lar los recur­sos de la región ára­be3.

La judai­za­ción de Palestina

Si bien la elec­tri­fi­ca­ción de los asen­ta­mien­tos en Pales­ti­na alla­nó el camino para la expul­sión masi­va de 1948, los pro­yec­tos sio­nis­tas de desa­rro­llo legal y eco­nó­mi­co de las déca­das de 1950 y 1960 explo­ta­ron rápi­da­men­te la catás­tro­fe colonial.

Pocos años des­pués de la Nak­ba, el «desa­rro­llo» sio­nis­ta en Pales­ti­na se for­ma­li­zó5. Este día des­ta­có por la par­ti­ci­pa­ción colec­ti­va en for­ma de huel­ga popu­lar, pero tam­bién por las accio­nes de soli­da­ri­dad que reper­cu­tie­ron en Cis­jor­da­nia, Gaza y los cam­pos de refu­gia­dos del Líbano.

Cabe des­ta­car que el Día de la Tie­rra no sur­gió de la nada. A prin­ci­pios de la déca­da de 1950, que­dó cla­ro que la resis­ten­cia a estos pro­yec­tos esta­ba con­di­cio­na­da por el tiem­po, el espa­cio y las con­di­cio­nes mate­ria­les impues­tas por la Nak­ba. En Gaza, los refu­gia­dos pales­ti­nos cru­za­ron la línea de armis­ti­cio para recla­mar sus tie­rras. Con el tiem­po, estos esfuer­zos cre­cie­ron y adop­ta­ron la resis­ten­cia arma­da como medio para com­ba­tir la lim­pie­za étni­ca. Por otro lado, los pales­ti­nos que vivían en los terri­to­rios recién ocu­pa­dos iden­ti­fi­ca­ron el ámbi­to legal como su cam­po de bata­lla. En 1952, se enfren­ta­ron a requi­si­tos arbi­tra­rios de ciu­da­da­nía y resi­den­cia impues­tos por su nue­vo ocu­pan­te, que ame­na­za­ban con decla­rar apá­tri­das a dece­nas de miles de pales­ti­nos. En res­pues­ta, los pales­ti­nos (jun­to con acti­vis­tas judíos de izquier­da) en la Pales­ti­na ocu­pa­da ape­la­ron al Knes­set sin éxi­to y, por lo tan­to, recu­rrie­ron al apo­yo popu­lar local. Los líde­res se reu­nie­ron con las aldeas afec­ta­das y orga­ni­za­ron pro­tes­tas que cul­mi­na­ron en una huel­ga gene­ral el día en que se pro­mul­gó la ley.

En resu­men, en los años pos­te­rio­res a la Nak­ba, los esfuer­zos de resis­ten­cia con­tra el desa­rro­llo colo­nial se carac­te­ri­za­ron por olea­das repen­ti­nas, inten­sas y reac­ti­vas en res­pues­ta a la acu­mu­la­ción de catás­tro­fes. Estas olea­das solían ser des­or­ga­ni­za­das y, a su vez, podían ser ges­tio­na­das median­te su esque­ma­ti­za­do pro­yec­to de ocu­pa­ción colonial.

El Día de la Tie­rra sur­gió de su orga­ni­za­ción en el seno de una polí­ti­ca nacio­nal que se nega­ba a ceder sus tie­rras en aras del espe­jis­mo del «desa­rro­llo de Gali­lea». Fue a tra­vés de asam­bleas comu­ni­ta­rias, mani­fes­ta­cio­nes, sen­ta­das y la for­ma­ción de comi­tés loca­les de defen­sa terri­to­rial que se for­jó esa iden­ti­dad y se defi­nió al enemi­go. Des­de esta pers­pec­ti­va, vemos que el Día de la Tie­rra se ins­cri­be en una tra­di­ción de resis­ten­cia popu­lar pales­ti­na, en la que se for­ma­ron comi­tés nacio­na­les para cana­li­zar la iden­ti­dad y los obje­ti­vos con­tra el ocupante.

Desa­rro­llo bajo ocu­pa­ción: El espe­jis­mo de las zonas indus­tria­les de Oslo

El acuer­do de Oslo fue un inten­to de lo impo­si­ble: eri­gir el sue­ño de un Esta­do sobre unos cimien­tos que ya se derrum­ba­ban bajo las fau­ces de una ocu­pa­ción sio­nis­ta en cons­tan­te expan­sión. Esta con­tra­dic­ción se hizo evi­den­te en muchos fren­tes, sobre todo en la coor­di­na­ción de la segu­ri­dad, pero tam­bién en la depen­den­cia eco­nó­mi­ca y de desa­rro­llo res­pec­to del ocu­pan­te. El desa­rro­llo se con­vir­tió en la herra­mien­ta de la Auto­ri­dad Pales­ti­na para ins­ti­tu­cio­na­li­zar la par­te ocul­ta de su pro­yec­to de nor­ma­li­za­ción esta­tal; para fusio­nar el des­tino de su futu­ro eco­nó­mi­co y de desa­rro­llo con el de Israel. Esto se obser­va espe­cial­men­te en cómo los pro­yec­tos de zonas indus­tria­les de Cis­jor­da­nia se pre­sen­ta­ron como el camino hacia la paz eco­nó­mi­ca y el desa­rro­llo de un Esta­do palestino.

El pro­yec­to de la zona indus­trial de Jenin fue uno de los muchos pro­yec­tos indus­tria­les pre­sen­ta­dos como un corre­dor eco­nó­mi­co de libre comer­cio para impul­sar el empleo y atraer inver­sio­nes al Esta­do pales­tino. La docu­men­ta­ción ofi­cial lo des­cri­bía como un entorno for­mal y pre­de­ci­ble que faci­li­ta­ría las ope­ra­cio­nes de empre­sas con­jun­tas entre empre­sas israe­líes y pales­ti­nas. Sin embar­go, este acuer­do ocul­ta­ba cla­ras estra­te­gias para con­so­li­dar los lazos eco­nó­mi­cos con la eco­no­mía sio­nis­ta y otor­gar con­ce­sio­nes a pro­mo­to­res extran­je­ros, lo que, en la prác­ti­ca, ero­sio­na­ba la auto­no­mía palestina.

Una inves­ti­ga­ción jurí­di­ca6 del Cen­tro Adalah/​Bisan reve­ló que, a pesar de que la zona indus­trial de Jenin esta­ba bajo la ple­na auto­ri­dad de la Auto­ri­dad Pales­ti­na (AP), los tér­mi­nos de la con­ce­sión pri­va­ban a la AP del dere­cho (otor­ga­do exclu­si­va­men­te al pro­mo­tor) a recha­zar inqui­li­nos y crea­ban la posi­bi­li­dad prác­ti­ca (even­tual) de arren­dar a «un colono, empre­sas que ope­ran en asen­ta­mien­tos o empre­sas israe­líes». Otra con­ce­sión vin­cu­la­da per­mi­te explí­ci­ta­men­te al pro­mo­tor enta­blar rela­cio­nes con los «israe­líes» para pro­mo­ver la zona, esta­ble­cien­do así un camino cla­ro para que el ocu­pan­te se beneficie.

La zona indus­trial de Jenin no se cons­tru­yó sobre terre­nos bal­díos, sino sobre tie­rras agrí­co­las pales­ti­nas en Marj Ibn Amer, tie­rras que ya esta­ban sien­do expro­pia­das por los colo­nos. Por lo tan­to, cuan­do la Auto­ri­dad Pales­ti­na impo­ne por la fuer­za una zona indus­trial orien­ta­da a la expor­ta­ción sobre estas tie­rras, que­da cla­ro que se tra­ta de un ata­que con­tra las tie­rras agrí­co­las y la auto­su­fi­cien­cia de los pales­ti­nos. Este es el pri­mer aspec­to del ata­que: con­tra la tie­rra mis­ma, median­te la reca­li­fi­ca­ción urba­nís­ti­ca, la expro­pia­ción y el menos­ca­bo de la auto­su­fi­cien­cia agrícola.

El segun­do aspec­to es eco­nó­mi­co. Se con­vier­te en un ata­que doble (por par­te de la ocu­pa­ción sio­nis­ta y su títe­re admi­nis­tra­ti­vo): con­tra la tie­rra mis­ma, median­te la rezo­ni­fi­ca­ción, la expro­pia­ción y la ero­sión de la auto­su­fi­cien­cia agrí­co­la; y con­tra la eco­no­mía, median­te la reor­ga­ni­za­ción de la pro­duc­ción pales­ti­na en torno a un sis­te­ma que depen­de de los cru­ces fron­te­ri­zos del ocu­pan­te, el acce­so al mer­ca­do y la pro­xi­mi­dad a sus cen­tros eco­nó­mi­cos, como Hai­fa. A medi­da que estos pro­yec­tos se con­so­li­da­ban, se hizo más evi­den­te que una fun­ción inevi­ta­ble de los mis­mos era pri­var al pue­blo pales­tino de su auto­de­ter­mi­na­ción sobre su tie­rra y some­ter­la al ocupante.

La resis­ten­cia a estos esfuer­zos se mani­fes­tó de diver­sas for­mas. Por un lado, se vio sofo­ca­da por la espe­ran­za que gene­ra­ban las pers­pec­ti­vas de desa­rro­llo deri­va­das del sue­ño de la cons­truc­ción del Esta­do, pero, de mane­ra más sus­tan­cial, por su opo­si­ción a los intere­ses del ocu­pan­te y de la Auto­ri­dad Pales­ti­na, que sus­ten­ta este orden de desa­rro­llo. Por ello, la resis­ten­cia a menu­do se pre­sen­tó frag­men­ta­da: agri­cul­to­res y terra­te­nien­tes inter­pu­sie­ron deman­das, inves­ti­ga­do­res y abo­ga­dos expu­sie­ron la estruc­tu­ra ocul­ta de los acuer­dos de con­ce­sión, y comi­tés nacio­na­les pales­ti­nos denun­cia­ron los esfuer­zos de nor­ma­li­za­ción. En una decla­ra­ción7 de 2008 emi­ti­da por el Órgano Coor­di­na­dor del Dis­tri­to y el Comi­té Nacio­nal Supre­mo para la Memo­ria de la Nak­ba, los pro­yec­tos indus­tria­les pro­pues­tos se iden­ti­fi­ca­ron cla­ra­men­te como un paso pre­vio a una nor­ma­li­za­ción defi­ni­ti­va con la enti­dad sio­nis­ta. La decla­ra­ción con­cluía8 que debían adop­tar­se medi­das adi­cio­na­les basa­das en la auto­de­ter­mi­na­ción pales­ti­na, «para for­ta­le­cer la fir­me­za del pue­blo pales­tino y dar un paso hacia la libe­ra­ción de la depen­den­cia de la ocu­pa­ción y su economía».

En lugar de apo­yar el recha­zo pales­tino a estos pro­yec­tos, la Auto­ri­dad Pales­ti­na se posi­cio­nó como un obs­tácu­lo para la resis­ten­cia a estos esfuer­zos de desa­rro­llo. El resul­ta­do fue la con­ten­ción y el con­trol de la resis­ten­cia pales­ti­na por par­te del apa­ra­to esta­tal, que pro­me­tía un espe­jis­mo de cons­truc­ción esta­tal median­te el desa­rro­llo jun­to al ocu­pan­te; un apa­ra­to que, en lugar de cons­truir la libe­ra­ción, nego­ció el des­po­jo para el amo sionista.

La rein­ter­pre­ta­ción impe­rial de Gaza: La Jun­ta del Genocidio

La Jun­ta de Paz de Gaza repre­sen­ta el inten­to del impe­rio de usur­par el poder tras una cam­pa­ña geno­ci­da cuyo obje­ti­vo era des­arrai­gar al pue­blo pales­tino por todos los medios bru­ta­les posi­bles. Para com­pren­der esta rein­ter­pre­ta­ción colo­nial de Gaza, debe­mos enten­der la estruc­tu­ra que se cons­tru­yó sis­te­má­ti­ca­men­te duran­te el pro­pio geno­ci­dio. Hoy en día, es evi­den­te que la estruc­tu­ra del geno­ci­dio, ade­más de la matan­za y la muti­la­ción masi­vas, tuvo otra con­se­cuen­cia. Bus­ca­ba iden­ti­fi­car los sis­te­mas que per­mi­ten la sub­sis­ten­cia de los pales­ti­nos de Gaza, un pue­blo que ha sufri­do más de una déca­da de ocu­pa­ción y ase­dio y que sigue sien­do una espi­na cla­va­da para el ocu­pan­te, y ata­car­los y des­truir­los sis­te­má­ti­ca­men­te. Es aquí don­de vemos la devas­ta­ción masi­va de tie­rras agrí­co­las, plan­tas pota­bi­li­za­do­ras, mer­ca­dos loca­les, come­do­res comu­ni­ta­rios, infra­es­truc­tu­ra muni­ci­pal, carre­te­ras, hos­pi­ta­les, mez­qui­tas, escue­las, uni­ver­si­da­des y los uni­ver­sos socia­les y comu­ni­ta­rios coti­dia­nos a tra­vés de los cua­les los pales­ti­nos de Gaza sub­sis­ten y per­ma­ne­cen arrai­ga­dos a la tie­rra. Este era el plan sio­nis­ta-impe­rial para diez­mar toda base de pro­duc­ción colec­ti­va e impo­ner una hiper­de­pen­den­cia de lo que sur­gie­ra tras las rui­nas, la ayu­da exter­na y la infra­es­truc­tu­ra de desa­rro­llo. Infra­es­truc­tu­ra de ayu­da que podía ser racio­na­da, rete­ni­da, redi­ri­gi­da y uti­li­za­da como arma en cual­quier momen­to como par­te de un régi­men de cas­ti­go colec­ti­vo des­ti­na­do a lograr obje­ti­vos polí­ti­cos que el ocu­pan­te no podría impo­ner de otro modo.

Este era el plan maes­tro del ocu­pan­te, orques­ta­do median­te la arqui­tec­tu­ra del geno­ci­dio: crear un vacío tan des­pro­vis­to de vida que la mera res­tau­ra­ción de un frag­men­to de ella pudie­ra uti­li­zar­se pos­te­rior­men­te como mani­pu­la­ción, extor­sión y cebo para un pue­blo sumi­do en una nece­si­dad deses­pe­ra­da. Tras este vacío, no sur­gió ni un alto el fue­go ni ayu­da huma­ni­ta­ria, sino la secue­la admi­nis­tra­ti­va del geno­ci­dio. La Jun­ta de Paz sim­ple­men­te refor­mu­la la des­truc­ción de la base mate­rial de la vida pales­ti­na en Gaza, segui­da de la ges­tión con­di­cio­nal de lo que se per­mi­te que regrese.

Esa lógi­ca ya era evi­den­te en la arqui­tec­tu­ra de la ham­bru­na y en los corre­do­res de la muer­te de la «Fun­da­ción Huma­ni­ta­ria de Gaza» (FHG), idea­da por Bos­ton Con­sul­ting Group. La pro­duc­ción de ham­bru­na, la des­truc­ción de la capa­ci­dad local y la con­cen­tra­ción del acce­so a los ali­men­tos, si bien limi­ta­do, se con­cen­tra­ban en pun­tos de estran­gu­la­mien­to ges­tio­na­dos exter­na­men­te, reve­la­ron la fun­ción polí­ti­ca de la ayu­da en un con­tex­to de geno­ci­dio. Lo que se pre­sen­ta­ba como ayu­da huma­ni­ta­ria fun­cio­na­ba, en reali­dad, como cas­ti­go, con­ten­ción y con­trol. La FHG demos­tró, en la prác­ti­ca, cómo una pobla­ción empu­ja­da a la deses­pe­ra­ción podía ser for­za­da a uti­li­zar cana­les de super­vi­ven­cia admi­nis­tra­dos por extran­je­ros y vol­ver­se vul­ne­ra­ble a la mani­pu­la­ción, la extor­sión y el enga­ño. En ese sen­ti­do, la Jun­ta de Paz for­ma­li­za, a nivel de admi­nis­tra­ción polí­ti­ca, lo que la FHG ya había pues­to en prác­ti­ca median­te la ges­tión del ham­bre y la ayuda.

Des­de esta pers­pec­ti­va, se des­cu­bre el velo que envuel­ve a la Jun­ta de Paz, y lo vemos como un inten­to de cas­ti­gar la cuna popu­lar de la resis­ten­cia e impo­ner­le el cos­to de la resis­ten­cia a la libe­ra­ción. El cos­to sigue aumen­tan­do para el pue­blo pales­tino a tra­vés del ham­bre, la des­truc­ción y el des­pla­za­mien­to, y el inten­to de con­ver­tir la super­vi­ven­cia mis­ma en una herra­mien­ta de nego­cia­ción. La sinies­tra apues­ta de los geno­ci­das de la Jun­ta es que un pue­blo exhaus­to por el geno­ci­dio pue­de ser for­za­do a acep­tar un plan de recons­truc­ción como un caba­llo de Tro­ya que con­tie­ne otro tipo de ocu­pa­ción con­tro­la­da. Pero esto tam­bién reve­la la últi­ma heri­da que el pue­blo de Gaza dejó en el cuer­po del impe­rio, las cri­sis acu­mu­la­das de la enti­dad sio­nis­ta y los patro­ci­na­do­res impe­ria­les del geno­ci­dio. Todo el plan nace de su fra­ca­so en lograr el con­trol de Gaza median­te nive­les masi­vos de vio­len­cia. Por eso, la via­bi­li­dad de la Jun­ta se ha dis­cu­ti­do repe­ti­da­men­te en rela­ción con el desar­me, los acuer­dos de segu­ri­dad exter­na y la lucha sin resol­ver sobre quién con­tro­la­rá Gaza «des­pués de la gue­rra». Por­que el plan no es la expre­sión de un con­trol logra­do, sino más bien un res­ca­te por la fuer­za ante la ausen­cia de con­trol. Al final, Gaza se negó a entre­gar su futu­ro al ocu­pan­te, a los admi­nis­tra­do­res impe­ria­les o a las fan­ta­sías de los inversores.

Gaza res­pon­dió a sus geno­ci­dios con un rotun­do y des­ga­rra­dor «¡no!». El pue­blo de Gaza y el pue­blo pales­tino, tan­to loca­les como inter­na­cio­na­les, recha­za­ron estos pla­nes en cada eta­pa. Recha­za­ron la arqui­tec­tu­ra de la ham­bru­na. Recha­za­ron los corre­do­res de la muer­te del GHF. Recha­za­ron el dis­cur­so de la tute­la, ya fue­ra ára­be o no ára­be, y recha­za­ron la fan­ta­sía de que Gaza pudie­ra recons­truir­se sin su pue­blo y su auto­de­ter­mi­na­ción. Este recha­zo9 sur­gió pri­me­ro en la pro­pia Pales­ti­na: en decla­ra­cio­nes ofi­cia­les de las fac­cio­nes de la resis­ten­cia pales­ti­na, en lemas popu­la­res, en denun­cias de la socie­dad civil y en reite­ra­das nega­ti­vas a los acuer­dos impues­tos exter­na­men­te. Tam­bién se mani­fes­tó a tra­vés de orga­ni­za­cio­nes socia­les loca­les y fami­lias en Gaza, en medio de repe­ti­dos inten­tos de pre­sio­nar­las, elu­dir­las o coac­cio­nar­las para que adop­ta­ran for­mas de gobierno cola­bo­ra­cio­nis­tas o apro­ba­das por donan­tes. Como resul­ta­do, vimos casos docu­men­ta­dos10 de fami­lias bom­bar­dea­das tras negar­se a coope­rar con los pla­nes de las mili­cias res­pal­da­das por Israel, lo que acen­tuó que se tra­ta­ba de cla­ros esfuer­zos por crear una base social alter­na­ti­va en con­di­cio­nes de genocidio.

El recha­zo tam­bién se mani­fes­tó en las calles duran­te las pro­tes­tas mun­dia­les y sur­gió de encuen­tros de la diás­po­ra pales­ti­na, como la Con­fe­ren­cia Popu­lar por Pales­ti­na en Detroit, cele­bra­da en agos­to de 2025. La con­fe­ren­cia se cen­tró explí­ci­ta­men­te en el con­tex­to polí­ti­co actual de Gaza y la libe­ra­ción pales­ti­na. Otros encuen­tros y redes de la diás­po­ra, con sede en Tur­quía y otros paí­ses, como la Con­fe­ren­cia Popu­lar para los Pales­ti­nos en el Extran­je­ro, denun­cia­ron públi­ca­men­te a la Jun­ta de Paz de Esta­dos Uni­dos y las san­cio­nes vin­cu­la­das a ella en enero de 2026. El hilo con­duc­tor de estos recha­zos gira­ba en torno a que Gaza no sería some­ti­da ni recons­trui­da median­te la con­fis­ca­ción de la volun­tad polí­ti­ca palestina.

En defi­ni­ti­va, Gaza se negó a entre­gar su futu­ro al ocu­pan­te, a los admi­nis­tra­do­res impe­ria­les ni a las fan­ta­sías de los inver­so­res. Y Gaza sigue resis­tien­do estos inten­tos median­te la tenaz recons­truc­ción de la vida mis­ma: fami­lias que recons­tru­yen sus refu­gios con barro y escom­bros por­que los mate­ria­les de cons­truc­ción siguen blo­quea­dos, y esfuer­zos loca­les de recons­truc­ción que reuti­li­zan los escom­bros en con­di­cio­nes de ase­dio y esca­sez. Estos son ejem­plos11 de sumud12 bajo asedio.

Este momen­to exi­ge que sin­te­ti­ce­mos lo que nues­tra his­to­ria ya nos ha ense­ña­do sobre la sub­yu­ga­ción sio­nis­ta-impe­rial de nues­tro pue­blo y nues­tra tie­rra. Tam­bién exi­ge que trans­for­me­mos estas expe­rien­cias en lec­cio­nes con­cre­tas: estra­te­gias polí­ti­cas, estruc­tu­ra­les y orga­ni­za­ti­vas para afron­tar las ame­na­zas que se cier­nen sobre nues­tro pue­blo. Exi­ge una com­pren­sión cla­ra del enemi­go, un recha­zo rotun­do al desa­rro­llo des­vin­cu­la­do de la libe­ra­ción y un arrai­go mate­rial sóli­do que apo­ye la fir­me­za de nues­tro pue­blo para recons­truir­se y man­te­ner­se en el camino hacia la libe­ra­ción. Este momen­to exi­ge una reeva­lua­ción reno­va­da y sen­sa­ta de cómo desa­rro­llar­nos hacia una eco­no­mía y una cuna de sumud capa­ces de resis­tir la ocu­pa­ción y la extor­sión desa­rro­llis­ta. Y, sobre todo, exi­ge una visión pales­ti­na uni­fi­ca­da capaz de afron­tar cada ata­que colo­nial que se pre­sen­te vela­do en el len­gua­je de la paz, el desa­rro­llo y la ayu­da. Gaza no es aje­na al patrón his­tó­ri­co des­cri­to en este artícu­lo: Gaza reve­la las ambi­cio­nes colo­nia­les en su for­ma más bru­tal y con­cen­tra­da. Des­de la elec­tri­fi­ca­ción has­ta la judai­za­ción, pasan­do por la indus­tria­li­za­ción de Oslo, el Foro Huma­ni­ta­rio Mun­dial y la Jun­ta de Paz, los temas de la con­quis­ta median­te el desa­rro­llo siguen sien­do los mis­mos. El poder colo­nial des­tru­ye o se apro­pia de la base mate­rial de la vida pales­ti­na, para lue­go reapa­re­cer ofre­cien­do un desa­rro­llo con­tro­la­do o la super­vi­ven­cia a cam­bio de la capi­tu­la­ción. Estas lec­cio­nes, y su acu­mu­la­ción, deben brin­dar­nos una com­pren­sión cla­ra de nues­tra misión, como lo han hecho las gene­ra­cio­nes de pales­ti­nos que resis­tie­ron: que la libe­ra­ción es la con­di­ción pre­via, no el resul­ta­do secun­da­rio, de cual­quier cons­truc­ción nacio­nal o desa­rro­llo real en Palestina.

Saleh Abbas, es un escri­tor, inves­ti­ga­dor y acti­vis­ta palestino.

8 de agos­to de 2026

Fuen­te: https://​mon​do​weiss​.net/​2​0​2​6​/​0​8​/​h​o​w​-​p​a​l​e​s​t​i​n​i​a​n​s​-​h​a​v​e​-​r​e​s​i​s​t​e​d​-​w​e​a​p​o​n​i​z​e​d​-​d​e​v​e​l​o​p​m​e​n​t​-​f​r​o​m​-​t​h​e​-​b​r​i​t​i​s​h​-​m​a​n​d​a​t​e​-​t​o​-​t​h​e​-​g​a​z​a​-​b​o​a​r​d​-​o​f​-​p​e​a​ce/

  1. https://api.parliament.uk/historic-hansard/lords/1924/may/28/palestine-the-rutenberg-concessions#:~:text=,of%2520places%2520in%2520the%2520southern
  2. https://babelwad.com/article/%25D8%25A3%25D8%25B9%25D9%2585%25D8%25AF%25D8%25A9%25D9%258F-%25D8%25B1%25D9%2588%25D8%25AA%25D9%2586%25D8%25A8%25D8%25B1%25D8%25BA-%25D9%2585%25D8%25B4%25D8%25A7%25D9%2586%25D9%2582%25D9%258F%25D9%2586%25D8%25A7-%25D8%25A7%25D8%25B3%25D8%25AA%25D8%25B9%25D9%2585%25D8%25A7%25D8%25B1-%25D9%2581%25D9%2584%25D8%25B3%25D8%25B7#:~:text=%25D8%25B1%25D8%25AD%25D9%2584%25D8%25A9%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D8%25A8%25D8%25AD%25D8%25AB%2520%25D8%25B9%25D9%2586%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D9%2585%25D8%25B3%25D8%25AA%25D9%2587%25D9%2584%25D9%2583%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D8%25A3%25D9%2583%25D8%25A8%25D8%25B1
  3. Geor­ge Habash:«La juven­tud cons­trui­rá nues­tro futu­ro», 1979, Bole­tín del PFLP, n.° 31.
  4. https://www.palquest.org/ar/overallchronology?synopses%255B0%255D=14375&nid=14375#:~:text=%25D9%2586%25D8%25B5%25D9%2591%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D9%2582%25D8%25A7%25D9%2586%25D9%2588%25D9%2586%2520%25D8%25B9%25D9%2584%25D9%2589%2520%25D8%25A3%25D9%2587%25D9%2584%25D9%258A%25D8%25A9%2520%25D8%25B3%25D9%2584%25D8%25B7%25D8%25A9,1960%25D8%258C%2520%25D9%2588%25D8%25A7%25D9%2581%25D9%2582%25D8%25AA%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D8%25AF%25D9%2588%25D9%2584%25D8%25A9%2520%25D9%2588%25D8%25A7%25D9%2584%25D8%25B5%25D9%2586%25D8%25AF%25D9%2588%25D9%2582%2520%25D8%25A7%25D9%2584%25D9%2582%25D9%2588%25D9%2585%25D9%258Anote] median­te una serie de leyes que des­po­ja­ron a los pales­ti­nos de sus dere­chos y otor­ga­ron a los colo­nos judíos el dere­cho a explo­tar estas tie­rras. Esto cul­mi­nó con la crea­ción de la Auto­ri­dad de Desa­rro­llo de 1950, que trans­fi­rió tie­rras pales­ti­nas roba­das a la nue­va enti­dad sio­nis­ta. El resul­ta­do fue el robo masi­vo de un millón de dunams (apro­xi­ma­da­men­te el 16,6 % de la super­fi­cie total de Pales­ti­na), que fue­ron trans­fe­ri­dos a pro­pie­ta­rios e ins­ti­tu­cio­nes judías como el Fon­do Nacio­nal Judío.

    Un pro­yec­to sio­nis­ta tem­prano ejem­pli­fi­ca esta arqui­tec­tu­ra de la Nak­ba en cur­so. Bajo el lema del «Desa­rro­llo de Gali­lea», nue­vas olea­das de asen­ta­mien­tos en las déca­das de 1960 y 1970 comen­za­ron a afian­zar­se en el nores­te de Pales­ti­na, jun­to con un cin­tu­rón cada vez mayor de pues­tos de segu­ri­dad y vigi­lan­cia. El pro­yec­to de Desa­rro­llo de Gali­lea absor­bió dece­nas de miles de dunams de tie­rra pales­ti­na y con­fi­nó a los pales­ti­nos en islas ais­la­das y vigi­la­das. Esta metás­ta­sis sir­vió para pro­te­ger los asen­ta­mien­tos de los esfuer­zos de resis­ten­cia pales­ti­na y para moni­to­rear el cre­ci­mien­to pales­tino. Esta polí­ti­ca alcan­zó su máxi­ma inten­si­dad en 1976, cuan­do se con­fis­ca­ron más de 20.000 dunams adi­cio­na­les alre­de­dor de Deir Han­na, Arra­ba, Sakh­neen y Al Nasra.

    La resis­ten­cia pales­ti­na coor­di­na­da con­tra este robo es lo que cono­ce­mos como el Día de la Tie­rra4 pales​ti​ne​-stu​dies​.org/​a​r​/​n​o​d​e​/​1​6​5​8​3​2​4​?​_​_​c​f​_​c​h​l​_​t​k​=​W​O​E​e​k​O​4​N​a​t​h​K​G​A​P​Y​8​T​D​M​k​Q​0​R​W​O​D​f​r​6​w​4​4​B​f​_​c​U​G​j​r​E​M​-​1​7​8​6​3​5​5​310 – 1.0.1.1‑vG7kmPrWjOAcCMzUy974ehDJs9bGIEk5Kh1QbR9KkzQ#_ftn165

  5. https://www.bisan.org/wp-content/uploads/2020/09/%25D8%25A7%25D9%2588%25D8%25B1%25D8%25A7%25D9%2582-%25D8%25AA%25D9%2586%25D9%2585%25D9%2588%25D9%258A%25D8%25A9‑5.pdf
  6. https://​badil​.org/​a​r​/​p​r​e​s​s​-​r​e​l​e​a​s​e​s​/​3​8​6​7​.​h​tml
  7. https://www.rosalux.ps/wp-content/uploads/2015/06/%25D8%25AF%25D8%25B1%25D8%25A7%25D8%25B3%25D8%25A9-%25D8%25A7%25D9%2584%25D9%2585%25D9%2586%25D8%25B7%25D9%2582%25D8%25A9-%25D8%25A7%25D9%2584%25D8%25B5%25D9%2586%25D8%25A7%25D8%25B9%25D9%258A%25D8%25A9-%25D9%2581%25D9%258A-%25D8%25AC%25D9%2586%25D9%258A%25D9%2586.pdf
  8. https://www.aljazeera.net/news/2025/10/11/%d8%ad%d9%85%d8%a7%d8%b3-%d9%88%d8%a7%d9%84%d8%ac%d9%87%d8%a7%d8%af-%d9%88%d8%a7%d9%84%d8%ac%d8%a8%d9%87%d8%a9-%d8%a7%d9%84%d8%b4%d8%b9%d8%a8%d9%8a%d8%a9-%d9%86%d8%b1%d9%81%d8%b6-%d8%a3%d9%8a
  9. https://​www​.midd​leeas​te​ye​.net/​n​e​w​s​/​g​a​z​a​-​f​a​m​i​l​i​e​s​-​b​o​m​b​e​d​-​a​f​t​e​r​-​r​e​f​u​s​i​n​g​-​c​o​o​p​e​r​a​t​e​-​i​s​r​ael
  10. https://www.aljazeera.net/politics/2026/2/24/%d8%a5%d8%b9%d9%85%d8%a7%d8%b1-%d8%b4%d8%b9%d8%a8%d9%8a-%d9%85%d9%86-%d8%b1%d9%83%d8%a7%d9%85-%d8%a7%d9%84%d8%a8%d9%8a%d9%88%d8%aa-%d9%8a%d8%ac%d8%a8%d8%b1-%d9%83%d8%b3%d8%b1
  11. https://​palin​fo​.com/​n​e​w​s​/​2​0​2​5​/​1​2​/​1​8​/​9​8​5​8​16/
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