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Bas­sem Khan­dak­ji: Un fren­te cul­tu­ral que tras­cien­de el cautiverio

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El escri­tor pales­tino y pre­so libe­ra­do Basem Khan­dak­ji (naci­do en 1983) fue arres­ta­do en 2004 y pasó 21 años en cár­ce­les de la ocu­pa­ción israe­lí. Duran­te su encar­ce­la­mien­to, pro­du­jo varias obras lite­ra­rias y aca­dé­mi­cas, a la vez que par­ti­ci­pó en las luchas del Movi­mien­to de Pre­sos Pales­ti­nos, inclu­yen­do huel­gas de ham­bre colectivas.

Jun­to a pri­sio­ne­ros como el már­tir Walid Daq­qa, Mar­wan Barghou­ti, Kamil Abu Hanish, Wael al-Jaghoub, Nas­ser Abu Srour y Abbas al-Say­yid, Khan­dak­ji lle­gó a repre­sen­tar un fren­te cul­tu­ral e inte­lec­tual com­ba­ti­vo. Jun­tos, los pri­sio­ne­ros pales­ti­nos for­ja­ron nue­vos con­cep­tos rela­cio­na­dos con la pro­duc­ción de cono­ci­mien­to anti­co­lo­nial, gene­ran­do un con­tra­co­no­ci­mien­to de la pri­sión que tras­cen­dió sus muros y se exten­dió al mundo.

Entre las obras publi­ca­das de Khan­dak­ji se encuen­tran dos colec­cio­nes de poe­sía: Ritua­les de la pri­me­ra vez (2009) y Res­pi­ra­cio­nes de un poe­ma noc­turno (2013), y seis nove­las: Almiz­cle de sufi­cien­cia: bio­gra­fía de la dama de las som­bras libres (2014), Nar­ci­so de la sole­dad (2017), El eclip­se de Badr al-Din (2019), que el poe­ta y crí­ti­co Abdul Rahim al-Shaikh des­cri­bió como una obra lite­ra­ria crea­ti­va en la que un pri­sio­ne­ro pales­tino logró ima­gi­nar even­tos del siglo XV mien­tras vivía en el siglo XXI den­tro de una cel­da sionista.

Ade­más de Alien­tos de mujer trai­cio­na­da (2020), Una más­ca­ra del color del cie­lo (2023), que ganó el Pre­mio Inter­na­cio­nal de Fic­ción Ára­be (Boo­ker) en 2024; y La prue­ba de los locos (2024).

Su pró­xi­ma nove­la, Mari­po­sas de Mar­yam al-Jali­li­ya, fue escri­ta en pri­sión antes de su libe­ra­ción en 2025 como par­te de un acuer­do entre la resis­ten­cia pales­ti­na en Gaza y la ocu­pa­ción israe­lí. Actual­men­te espe­ra su pos­te­rior depor­ta­ción a Egipto.

Me reu­ní con él para una entre­vis­ta sobre la cul­tu­ra mili­tan­te, la escri­tu­ra, la ocu­pa­ción y, por supues­to, Palestina.

Al-Akh­bar: Eres indes­crip­ti­ble: de estu­dian­te de perio­dis­mo en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Al-Najah de Nablus, a pri­sio­ne­ro, escri­tor y líder nacio­nal, y aho­ra, pri­sio­ne­ro libe­ra­do y exi­lia­do en Egip­to. En esta com­ple­ji­dad, ¿cómo des­cri­be la vida de Basem Khan­dak­ji a lo lar­go de estas tres etapas?

Bas­sem Khan­dak­ji: Veo mi vida en sus múl­ti­ples eta­pas —antes del arres­to, duran­te la pri­sión y aho­ra en el exi­lio— como una vida de car­ne y hue­so. Es una bús­que­da de liber­tad, una lucha por la exis­ten­cia y un esfuer­zo cons­tan­te por remo­de­lar los con­tor­nos de la huma­ni­dad, aque­lla de la que el colo­ni­za­dor sio­nis­ta pre­ten­de des­po­jar­nos. Cada una de estas eta­pas tie­ne su pro­pio con­tex­to espe­cí­fi­co, pero todas con­ver­gen en un fun­da­men­to esen­cial: la prio­ri­dad de la lucha con­tra este colo­ni­za­dor. Esto fue así duran­te mis estu­dios en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Al-Najah, duran­te la Segun­da Inti­fa­da, fue así en pri­sión y sigue sien­do así aquí en el exi­lio. El deno­mi­na­dor común que une estas tres eta­pas es que, para mí, sigue sien­do una vida de ardua bús­que­da, una bús­que­da urgen­te e incan­sa­ble de la liber­tad desea­da y de una for­ma de exis­ten­cia huma­na intrín­se­ca­men­te liga­da a la ple­na libe­ra­ción de la patria.

En tu obra, sue­les hablar del con­cep­to de mili­tan­cia a tra­vés de la lite­ra­tu­ra. ¿Cómo expli­cas este concepto?

La lite­ra­tu­ra mili­tan­te se arrai­ga en la lite­ra­tu­ra de resis­ten­cia y sur­ge de ella. La prin­ci­pal dife­ren­cia radi­ca en que la lite­ra­tu­ra mili­tan­te sur­ge del con­tex­to colo­nial y bus­ca res­pon­der a una pre­gun­ta cen­tral: ¿cómo pro­du­ci­mos lite­ra­tu­ra anti­co­lo­nial cuan­do vivi­mos en la reali­dad colonial?

Esta noción se basa prin­ci­pal­men­te en expo­ner el con­te­ni­do y los fun­da­men­tos epis­te­mo­ló­gi­cos del sis­te­ma sio­nis­ta. Por ello, los inte­lec­tua­les y escri­to­res pales­ti­nos y ára­bes con­fron­tan direc­ta­men­te la colum­na ver­te­bral inte­lec­tual sio­nis­ta en todas sus mani­fes­ta­cio­nes, des­de la cul­tu­ral y lite­ra­ria has­ta la epis­te­mo­ló­gi­ca, filo­só­fi­ca y política.

Las pers­pec­ti­vas femi­nis­tas y de cla­se son fun­da­men­ta­les en la lite­ra­tu­ra mili­tan­te. Se cen­tran en encar­nar las luchas de las muje­res y su capa­ci­dad para inter­ac­tuar direc­ta­men­te con la reali­dad patriar­cal domi­nan­te, ya sea en el dis­cur­so lite­ra­rio y cul­tu­ral o en la reali­dad social tan­gi­ble de las muje­res pales­ti­nas y árabes.

Asi­mis­mo, la lite­ra­tu­ra mili­tan­te abor­da la dimen­sión uni­ver­sal de la cau­sa pales­ti­na y expo­ne cómo este dolor ya no recae solo sobre los pales­ti­nos. Esto gene­ra una rela­ción dia­léc­ti­ca entre lo per­so­nal y lo uni­ver­sal: cómo tras­la­dar la cau­sa pales­ti­na del ámbi­to de la indi­vi­dua­li­dad a la esfe­ra uni­ver­sal, no median­te un enfo­que este­reo­ti­pa­do, sino median­te un nue­vo enfo­que que resal­ta la rela­ción entre el mar­gen y el cen­tro, y entre el núcleo y la peri­fe­ria den­tro de la expe­rien­cia palestina.

La lite­ra­tu­ra mili­tan­te tam­bién des­ta­ca la impor­tan­cia de las polí­ti­cas de iden­ti­dad y del cono­ci­mien­to en las prác­ti­cas de escri­tu­ra e inves­ti­ga­ción. Des­man­te­la el mito de la neu­tra­li­dad, afir­man­do que no exis­te neu­tra­li­dad en la lite­ra­tu­ra, la cul­tu­ra, el pen­sa­mien­to ni siquie­ra en las cien­cias. El mar­co cul­tu­ral e inte­lec­tual occi­den­tal moderno intro­du­ci­do en Orien­te no era neu­tral; esta­ba orgá­ni­ca­men­te liga­do al sis­te­ma de poder colo­nial euro­peo. Por esta razón, la lite­ra­tu­ra com­pro­me­ti­da recha­za esta fal­sa «neu­tra­li­dad» aca­dé­mi­ca que retra­ta al escri­tor tra­ba­jan­do con pre­ci­sión qui­rúr­gi­ca para evi­tar el con­tac­to direc­to con el tema. Por el con­tra­rio, insis­te en un pro­fun­do com­pro­mi­so con el mate­rial en cues­tión, así como con los obje­ti­vos que el escri­tor bus­ca alcan­zar con su trabajo.

El nove­lis­ta y mili­tan­te Walid al-Hou­da­li ha des­cri­to su nove­la gana­do­ra del Pre­mio Boo­ker, Una más­ca­ra del color del cie­lo, como la nove­la que la Cúpu­la de Hie­rro no logró inter­cep­tar. Aho­ra, fue­ra de la pri­sión, tra­ba­ja en varios pro­yec­tos nue­vos, entre ellos Mari­po­sas de Mar­yam al-Jali­li­ya» y una nove­la sobre el pri­sio­ne­ro már­tir Walid Daq­qa. ¿Pue­de hablar­nos de ellos? ¿Y qué sig­ni­fi­can la escri­tu­ra anti­co­lo­nial y la huma­ni­za­ción del otro en la lite­ra­tu­ra palestina?

La expre­sión de Walid al-Hou­da­li es ver­da­de­ra­men­te her­mo­sa. Con «Una más­ca­ra del color del cie­lo» no solo «gané», sino que pre­va­le­ci­mos para el pue­blo pales­tino duran­te el apo­geo del geno­ci­dio. Este es uno de los gol­pes deci­si­vos con­tra el sis­te­ma colo­nial sio­nis­ta que teme la com­pe­ten­cia pales­ti­na en las narra­ti­vas y en el ámbi­to cultural.

En cuan­to a mis nove­las, Mari­po­sas de Mar­yam al-Jali­li­ya se publi­ca­rá en mar­zo pró­xi­mo en Dar al-Adab. La escri­bí antes del geno­ci­dio en Gaza.

Mi pró­xi­mo pro­yec­to, sin embar­go, es una nove­la sobre mi ami­go, el már­tir y mi difun­to cama­ra­da Walid Daq­qa. La escri­bí seis meses antes de mi libe­ra­ción. Sin bolí­gra­fo ni cua­derno, la memoricé.

Todos los días en pri­sión, cuan­do la pri­va­ción lle­ga­ba a su pun­to máxi­mo, me des­per­ta­ba y escri­bía men­tal­men­te. Me entre­né para escri­bir men­tal­men­te a dia­rio. Sen­tía con­sue­lo y orgu­llo al ven­cer al car­ce­le­ro que me con­fis­có la plu­ma y el cua­derno, pero no pudo pri­var­me de mi men­te, mi inte­lec­to ni de ese fer­vor inte­rior con el que bus­co desafiarlo.

En cuan­to al sig­ni­fi­ca­do de la escri­tu­ra anti­co­lo­nial y la huma­ni­za­ción del otro en la lite­ra­tu­ra pales­ti­na, este es uno de los pila­res cen­tra­les de la lite­ra­tu­ra mili­tan­te: escri­bir para des­man­te­lar el sis­te­ma colo­nial. En otras pala­bras, la escri­tu­ra se con­vier­te en un fren­te cultural.

Abri­mos este fren­te cul­tu­ral hacia el «otro» median­te la huma­ni­za­ción. Huma­ni­zar no sig­ni­fi­ca nor­ma­li­zar. Impli­ca plan­tear una pre­gun­ta fun­da­men­tal: ¿Cómo es posi­ble que un sol­da­do se des­pier­te por la maña­na, bese a sus hijos antes de ir a la escue­la y, por la noche, mate a niños en Gaza?

Hay una dimen­sión huma­na en este sol­da­do. Arro­jar luz sobre el teji­do social de la expe­rien­cia israe­lí, su teji­do cul­tu­ral y sus deter­mi­nan­tes epis­te­mo­ló­gi­cos y cul­tu­ra­les inte­gra­les, otor­ga al pales­tino una supe­rio­ri­dad sobre el otro sio­nis­ta y la capa­ci­dad de des­man­te­lar este sis­te­ma des­de den­tro. Esto es lo que se entien­de por humanización.

No pue­do derro­tar a un dino­sau­rio mien­tras lo ima­gi­ne como tal, ni pue­do derro­tar a un mons­truo mien­tras lo tra­te como tal. El israe­lí no es ni un mons­truo ni un dino­sau­rio. Sus prác­ti­cas sobre el terreno son bru­ta­les e inhu­ma­nas, pero sur­gen de una dimen­sión huma­na, de seres huma­nos, de los hijos de Adán.

Por esta razón, debe­mos huma­ni­zar a este otro para derro­tar­lo den­tro de nues­tra narra­ti­va pales­ti­na, y tam­bién para ir más allá de la ima­gen este­reo­ti­pa­da que ha esta­do arrai­ga­da duran­te mucho tiem­po en la lite­ra­tu­ra ára­be: una ima­gen que es en gran medi­da mise­ra­ble, tra­di­cio­nal y pro­fun­da­men­te limitante.

Uno de tus com­pa­ñe­ros de pri­sión ha nota­do que escri­to­res ára­bes como Han­na Mina, Abdul Rah­man Munif y Ghas­san Kana­fa­ni siem­pre están pre­sen­tes entre los pre­sos. Inclu­so te han des­cri­to como «el lec­tor más joven de Han­na Mina». ¿Qué hay en la biblio­te­ca de la prisión?

Mi cul­tu­ra lec­to­ra, y qui­zás mi tran­si­ción hacia una for­ma más pro­fe­sio­nal de leer, se for­jó en pri­sión. La vida cul­tu­ral en pri­sión tie­ne sus pro­pias carac­te­rís­ti­cas. Es una prác­ti­ca inten­si­va y muy cen­tra­da, espe­cial­men­te en la lectura.

En pri­sión, mi lec­tu­ra se cen­tró prin­ci­pal­men­te en obras inte­lec­tua­les y teó­ri­cas de socio­lo­gía, his­to­ria, mito­lo­gía y filo­so­fía. Esto tuvo un impac­to direc­to y posi­ti­vo en mi escri­tu­ra lite­ra­ria y en el desa­rro­llo de mi capa­ci­dad narrativa.

La biblio­te­ca de la pri­sión, pue­do decir, es un espa­cio dis­tin­to, libe­ra­do de la ruti­na. Cada pri­sión está divi­di­da en varias sec­cio­nes, y cada sec­ción con­tie­ne su pro­pia biblioteca.

Antes del 7 de octu­bre de 2023, las biblio­te­cas peni­ten­cia­rias cons­ti­tuían un autén­ti­co teso­ro inte­lec­tual para los pre­sos pales­ti­nos. Los libros nos lle­ga­ban recién lle­ga­dos del exte­rior, no como un rega­lo del car­ce­le­ro, sino algo que con­se­gui­mos median­te lar­gas huel­gas de hambre.

Como tal, las biblio­te­cas peni­ten­cia­rias desem­pe­ña­ron un papel deci­si­vo y fun­da­men­tal en el desa­rro­llo de la cul­tu­ra de los reclu­sos en gene­ral. Escri­to­res, hom­bres y muje­res, estu­vie­ron pre­sen­tes en nues­tras dis­cu­sio­nes. Estos reco­no­ci­dos escri­to­res, teó­ri­cos y filó­so­fos par­ti­ci­pa­ron en nues­tros deba­tes dia­rios den­tro de la pri­sión. A tra­vés de sus libros y artícu­los, que a menu­do memo­ri­zá­ba­mos, nos ayu­da­ron a pro­te­ger­nos y a sal­va­guar­dar nues­tras ideas.

Duran­te el geno­ci­dio, el enemi­go des­tru­yó museos, ase­si­nó artis­tas y demo­lió uni­ver­si­da­des, escue­las e ins­ti­tu­cio­nes cul­tu­ra­les. ¿Es este geno­ci­dio cul­tu­ral simi­lar a los esfuer­zos sio­nis­tas por ata­car la estruc­tu­ra cul­tu­ral del movi­mien­to de pri­sio­ne­ros palestinos?

Des­pués del 7 de octu­bre y con el lan­za­mien­to del geno­ci­dio más horren­do con­tra nues­tro pue­blo en Gaza, la admi­nis­tra­ción del Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio de Israel, jun­to con su minis­tro colono extre­mis­ta Ita­mar Ben Gvir, apro­ve­chó el momen­to para lle­var a cabo el exter­mi­nio de pri­sio­ne­ros palestinos.

Una de las prin­ci­pa­les mani­fes­ta­cio­nes de esto fue el geno­ci­dio cul­tu­ral. Los car­ce­le­ros des­po­ja­ron a los pre­sos de todos sus logros en el ámbi­to cul­tu­ral y lite­ra­rio. Con­fis­ca­ron libros, obras de con­sul­ta, bolí­gra­fos, cua­der­nos: todo lo rela­cio­na­do con la pro­duc­ción cul­tu­ral, lite­ra­ria, inte­lec­tual, de inves­ti­ga­ción y aca­dé­mi­ca. Des­de el pri­mer día, con­fis­ca­ron todos los libros e inclu­so los quemaron.

Esto me afec­tó pro­fun­da­men­te, no solo como pre­so y mili­tan­te, sino tam­bién como inte­lec­tual. Des­per­tar por la maña­na y vivir la vida coti­dia­na en pri­sión, rodea­do de pape­les, libros y bolí­gra­fos, y que de repen­te, en un ins­tan­te, me lo arre­ba­ta­ran, fue extre­ma­da­men­te difí­cil. Exis­tía una polí­ti­ca cla­ra y sis­te­má­ti­ca diri­gi­da a ata­car toda la estruc­tu­ra cul­tu­ral y lite­ra­ria de las prisiones.

Lamen­ta­ble­men­te, per­di­mos muchos borra­do­res y notas escri­tas a mano, en cuya ela­bo­ra­ción los pre­sos dedi­ca­ron mucho tiem­po y esfuer­zo. Todo lo que había reco­pi­la­do y escri­to fue con­fis­ca­do y que­ma­do. Aun así, algu­nos tex­tos y borra­do­res sobre­vi­vie­ron a la bru­ta­li­dad del car­ce­le­ro sio­nis­ta, cuyo obje­ti­vo es ani­qui­lar toda la huma­ni­dad del pre­so pales­tino des­po­ján­do­lo de sus logros en prisión.

«Segui­ré aman­do, pues es mi modes­ta vic­to­ria sobre mi car­ce­le­ro». En sus escri­tos, el már­tir e inte­lec­tual Walid Daq­qa otor­ga al amor un papel cen­tral en la trans­for­ma­ción del tiem­po y los momen­tos del pri­sio­ne­ro, des­cri­bien­do su rela­ción con Sanaa como el ini­cio de un nue­vo hori­zon­te tem­po­ral. ¿Cómo des­cri­be el amor en pri­sión? Y en cuan­to a su pró­xi­ma obra sobre Walid, ¿apa­re­cen Sanaa y Milad en la novela?

Antes de ser un inte­lec­tual en pri­sión, el inte­lec­tual es pri­me­ro un mili­tan­te, y un mili­tan­te que no ama no es humano. El amor pue­de, a veces, ser una prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, sobre todo cuan­do vemos cómo pro­te­ge. Esta fra­se inmor­tal de mi ami­go már­tir Walid Daq­qa es pro­fun­da­men­te pre­ci­sa. El amor pro­te­ge den­tro de la pri­sión, sal­va­guar­da el yo y con­tri­bu­ye a la res­tau­ra­ción de la humanidad.

En cuan­to al tiem­po del amor, es un tiem­po libe­ra­do de la car­ga de la cel­da y de los deta­lles del encarcelamiento.

Para mí, sin embar­go, la pri­sión no pue­de expre­sar ple­na­men­te el sig­ni­fi­ca­do del amor. La pri­sión es, en defi­ni­ti­va, una reali­dad dis­tor­sio­na­da, que impo­ne y qui­zás pro­du­ce emo­cio­nes dis­tor­sio­na­das. Creo que el amor genuino se rea­li­za fue­ra. En pri­sión, exis­te un anhe­lo de amor, un amor pres­ta­do, un amor meta­fó­ri­co, sal­vo en casos excep­cio­na­les como el de Walid y Sanaa. Su rela­ción no era sim­ple­men­te una his­to­ria de amor, era una rela­ción de liber­tad. Walid bus­ca­ba la liber­tad y cier­tos deta­lles que encon­tró en Sanaa. Siem­pre he dicho que veo a Sanaa como «otro Walid». Qui­zás Sanaa sea el ver­da­de­ro yo de Walid, o su otra cara que lo completa.

En cuan­to a la nove­la sobre Walid, no es bio­grá­fi­ca. Por eso, Sanaa y Milad pue­den apa­re­cer indi­rec­ta­men­te, pero el espí­ri­tu de la nove­la resi­de en Walid.

En el estu­dio de Abdul Rahim al-Shaikh sobre el inte­lec­tual már­tir Walid Daq­qa, «El espa­cio para­le­lo: Car­to­gra­fian­do el tiem­po en el pen­sa­mien­to de Walid Daq­qa» (Estu­dios Pales­ti­nos, núme­ro 135, verano de 2023), el dibu­jo en pri­sión se des­cri­be como una for­ma de tras­cen­der muros y un inten­to de libe­ra­ción visual. En una entre­vis­ta ante­rior, usted habló sobre la den­si­dad de colo­res fue­ra de la pri­sión en com­pa­ra­ción con la vida den­tro. ¿Pue­de con­tar­nos más sobre esta dimen­sión visual y cro­má­ti­ca? O, si tuvié­ra­mos que des­cri­bir la liber­tad visual­men­te, ¿cómo lo haríamos?

Dibu­jar en pri­sión es, en muchos sen­ti­dos, simi­lar a escri­bir en pri­sión. Sin embar­go, dibu­jar, en este sen­ti­do, se mue­ve des­de la pri­sión hacia afue­ra, al igual que las pala­bras o la lite­ra­tu­ra atra­vie­san los muros de la pri­sión para con­ver­tir­se en lite­ra­tu­ra uni­ver­sal y tras­cen­der la lite­ra­tu­ra car­ce­la­ria. Veo los colo­res de la liber­tad como colo­res ima­gi­na­rios, no colo­res que se pue­dan des­cri­bir o men­cio­nar fácil­men­te. En este sen­ti­do, los colo­res de la pri­sión son neu­tros y limitados.

Un pre­so pue­de crear usan­do múl­ti­ples colo­res, pero la vida fue­ra de la pri­sión —esta explo­sión de color, si pode­mos lla­mar­la así— a veces es más de lo que la vis­ta pue­de absor­ber de gol­pe. Tras más de 21 años, el pre­so se aden­tra en un mun­do satu­ra­do y vibran­te de color, y comien­za a bus­car sus pro­pios colo­res. Una inten­sa bús­que­da para dibu­jar su liber­tad con estos nue­vos matices.

Uno de los pro­ble­mas que sue­len seña­lar los pre­sos es la com­ple­ja rela­ción que se desa­rro­lla con la tec­no­lo­gía. Usted ingre­só en pri­sión en 2004, en los albo­res de la era de la tele­fo­nía móvil, y salió a un mun­do aho­ra satu­ra­do de inte­li­gen­cia arti­fi­cial. ¿Se ha refle­ja­do esta com­ple­ja rela­ción con la tec­no­lo­gía en su obra literaria?

Qui­zás el mayor desa­fío para mí sea la inte­li­gen­cia arti­fi­cial y la tec­no­lo­gía. Es inclu­so más inquie­tan­te que el pro­pio desa­fío de segu­ri­dad israe­lí. Has­ta el día de hoy, me nie­go a ins­ta­lar apli­ca­cio­nes de inte­li­gen­cia arti­fi­cial en mi telé­fono o compu­tado­ra. Me nie­go a inter­ac­tuar con ellas por completo.

Cuan­do empe­cé a usar una lap­top, lo hice solo des­pués de hacer­me una pre­gun­ta per­so­nal: ¿pue­do escri­bir en un tecla­do de letras y núme­ros? ¿Pue­do hacer­lo des­pués de haber­me acos­tum­bra­do al papel, la tin­ta y la expe­rien­cia tác­til de tocar la página?

Sigo enfren­tán­do­me a este desa­fío hoy. Sin embar­go, inten­to abor­dar la tec­no­lo­gía de otra mane­ra, como si fue­ra un paso obli­ga­do que debo cru­zar sin sumer­gir­me en los deta­lles de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, que con­si­de­ro la inven­ción huma­na más absur­da, dada la des­igual­dad y la vio­len­cia que conlleva.

Sus mani­fes­ta­cio­nes más cla­ras y horro­ro­sas fue­ron evi­den­tes en lo que esta lla­ma­da «inte­li­gen­cia arti­fi­cial» per­pe­tró con­tra nues­tro pue­blo en Gaza y Líbano duran­te la gue­rra más reciente.

Ahmad Mofeed

14 de febre­ro de 2026

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