Como recordatorio, no olvidemos que el 3 de enero de este año Estados Unidos realizó un ataque militar contra Venezuela y secuestró al presidente Maduro y a la primera combatiente Celia Gómez.
Estados Unidos emitió una licencia que autoriza la exploración y producción de petróleo y gas en Venezuela, según el Tesoro
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió el martes una licencia general que autoriza el suministro de bienes, tecnología y software estadounidenses.
El Ministerio de Finanzas de Estados Unidos ha emitido una licencia general que permite a las empresas estadounidenses suministrar a Venezuela equipos y tecnología para aumentar la producción de petróleo y gas. Sin embargo, se les prohíbe realizar cualquier transacción con personas físicas y jurídicas de Rusia, Irán, Corea del Norte y Cuba.
La licencia también prohíbe los acuerdos con estructuras venezolanas y estadounidenses que pertenezcan o estén controladas directa o indirectamente por personas de China, o que sean empresas conjuntas con su participación. Cualquier contrato con el gobierno venezolano o la empresa petrolera estatal PDVSA debe cumplir con la legislación estadounidense y las disputas deben resolverse en los Estados Unidos.
Anteriormente, Washington afirmó que la producción de petróleo venezolano podría aumentar hasta un 20% en los próximos meses.
El jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, señaló que las empresas rusas están siendo expulsadas de Venezuela tras el derrocamiento de Nicolás Maduro.
Moscú califica de discriminación la prohibición de Estados Unidos sobre acuerdos petroleros venezolanos
De esta manera reaccionan en la Cancillería rusa a la reciente postura de la Administración Trump de emitir nuevas licencias generales que habilitan transacciones energéticas específicas, aunque mantiene vigente el marco general de sanciones contra el sector petrolero de la nación bolivariana, en concreto, prohíbe transacciones con personas o entidades de Rusia, China, Cuba, Irán y Corea del Norte.
Estados Unidos ya ha comercializado millones de dólares en petróleo venezolano
Estados Unidos ya ha comercializado más de 1.000 millones de dólares en petróleo venezolano, informó el canal NBC News, citando al secretario de Energía estadounidense, Chris Wright.
En los próximos meses, predice el ministro, Washington podrá vender combustible venezolano por otros 5.000 millones de dólares.
Wright se encuentra actualmente de visita en Venezuela, donde se reunió con representantes de la dirección del país sudamericano, incluida la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
[Y está claro que Estados Unidos lo comercializa como quiere, por ejemplo, vendiéndolo al Estado genocida y asesino de Israel.]
Secretario de Energía de Estados Unidos visita Venezuela para evaluar reforma petrolera y se le recibe amablemente
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, llegó a Caracas y se reunió con la presidenta encargada Delcy Rodríguez para evaluar la industria petrolera tras el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero. La visita tiene lugar al mismo tiempo que la administración de Donald Trump levanta sanciones y después de que Venezuela aprobara una ley que abre el sector a la inversión privada. «Traigo hoy un mensaje del presidente Trump», dijo Wright, quien aseguró que busca «transformar absolutamente la relación» bilateral y acercar a ambos países en comercio y desarrollo.
Esta es la visita de más alto nivel de la administración Trump desde la intervención militar del 3 de enero y del secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Rodríguez afirmó que la relación ha tenido «altos y bajos», pero llamó a que el «diálogo diplomático… y el diálogo energético» permitan avanzar. La nueva ley elimina el monopolio de PDVSA, otorga mayor control a empresas privadas y permite arbitraje independiente. Wright calificó la reforma como «un paso significativo en la dirección correcta», aunque dijo que aún no es suficiente para atraer grandes flujos de capital. También señaló que el bloqueo petrolero «está esencialmente terminado» y que el crudo se vende ahora «a un precio mucho más alto que antes», destinando ingresos a proyectos en el país.
Embajada de Estados Unidos en Venezuela
Hoy viajamos fuera de Caracas junto al Ministerio de energía de Estados Unidos y del secretario Wright para ver de primera mano las instalaciones de Chevron y los campos petroleros venezolanos. Trabajamos activamente para crear las condiciones que impulsen la transformación económica del país, en beneficio de venezolanos y estadounidenses.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez explicó en su cuenta de X:
Estuvimos en la Faja Petrolífera Hugo Chávez y el Complejo José Antonio Anzoátegui junto al secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright, como parte de la agenda energética bilateral. Recorrimos áreas operacionales con Chevron y PDVSA.
Estados Unidos promete un «aumento dramático» en la producción petrolera venezolana
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo el miércoles que su país cuenta con una «asociación productiva a largo plazo» con Estados Unidos, después de reunirse con el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, para conversaciones sobre el petróleo venezolano.
Tras su reunión en el palacio presidencial de Caracas, Chris Wright prometió un «aumento drástico» en la producción de petróleo, gas natural y electricidad de Venezuela que mejoraría la calidad de vida de «todos los venezolanos» . «Esto forma parte de un programa más amplio para devolver a las Américas su antigua gloria y acercar a nuestros países», añadió. Wright también afirmó que el presidente estadounidense Donald Trump estaba «fervientemente comprometido» con la transformación de las relaciones con Venezuela.
[Quien quiera entender que lo entienda.]
Delcy Rodríguez afirma que está al mando en Venezuela, defiende a Maduro y confirma invitación a Estados Unidos
En una entrevista con la periodista Kristen Welker de la NBC, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, respondió directamente a preguntas sobre quién dirige el país tras la detención de Nicolás Maduro. Al ser consultada «¿Quién está al mando en Venezuela? ¿Usted o Trump?», Rodríguez declaró: «Les puedo decir que estoy a cargo de la presidencia de Venezuela, como lo establece claramente la Constitución de Venezuela».
Sobre la legitimidad de Maduro, Rodríguez sostuvo: «Sí, puedo decir que el presidente Nicolás Maduro es el presidente legítimo. Les digo esto como abogada que soy. Tanto el presidente Maduro como Cilia Flores, la primera dama, son ambos inocentes».
[¿Es importante el que sean inocentes o no? El único hecho ha tener en cuenta es que un país extranjero capturó al presidente de Venezuela.]
Rodríguez también confirmó que ha recibido una invitación para visitar los Estados Unidos y señaló que hasta ahora ha tenido dos llamadas telefónicas «muy respetuosas» con el presidente Donald Trump.
¿Usted también se está preguntando si el gobierno venezolano traicionará la revolución bolivariana?
Lo que vive hoy Venezuela es un momento angustiante.
Está conversando con Estados Unidos. Está negociando. Pero no es un diálogo entre iguales. No es una conversación normal. Es una negociación bajo asimetría extrema. Un momento histórico y peligroso: el imperio le apunta a la cabeza con un arma.
Históricamente, Estados Unidos ha utilizado los procesos de diálogo como instrumentos tácticos: para ganar tiempo, reorganizar fuerzas o imponer condiciones que más adelante faciliten una intervención directa.
Negociar nunca ha sido, para Washington, un acto ingenuo; ha sido parte de su arquitectura estratégica.
Por eso el debate no puede reducirse a una moralina infantil: si negociar es de traidores o de revolucionarios puros. La pregunta seria es otra: ¿para qué se negocia y con qué conciencia estratégica?
En este contexto, todas esas narrativas de la «traición interna» dentro del liderazgo bolivariano cumplen una función política clara. Cuando un proceso no puede ser derrotado frontalmente, Estados Unidos intenta fracturarlo por dentro.
La historia latinoamericana y caribeña está llena de ejemplos de procesos revolucionarios debilitados mediante rumores, sospechas y acusaciones cuidadosamente amplificadas.
No es necesario que exista una traición real; basta con instalar la duda para erosionar la cohesión interna. Esa dimensión psicológica de la guerra es tan importante como la militar.
Seamos honestos: los países latinoamericanos nos dormimos. Armarnos y desarrollar tecnología propia siempre fue una necesidad estratégica. Frente a la supremacía tecnológica estadounidense, estamos rezagados. Y Venezuela no fue la excepción.
La dimensión militar ha cambiado radicalmente en el siglo XXI. Ya no se trata únicamente de invasiones clásicas. La guerra contemporánea incluye sabotaje electrónico, paralización de sistemas, guerra cibernética e inteligencia artificial aplicada a la neutralización de infraestructuras estratégicas.
Lo correcto hubiera sido haber desarrollado nuestras propias armas y tecnologías de guerra, incluso armas nucleares para disuadir al imperio. Pero ya no podemos fantasear con lo que debimos hacer.
La defensa nacional venezolana dependía en exceso de tecnologías digitales susceptibles de ser intervenidas por potencias con superioridad tecnológica. Cuando esa vulnerabilidad se activó, la capacidad defensiva pudo quedar neutralizada en cuestión de horas.
¿Se puede construir soberanía militar sobre tecnología dependiente del mismo poder que se pretende enfrentar?
De ahí la pertinencia de «descolonizar la defensa». No significa rechazar la modernidad tecnológica, sino evitar reproducir un modelo militar concebido por y para las potencias centrales.
Competir exactamente en su mismo campo —aviones de última generación, sistemas electrónicos hipersofisticados, redes digitales estructuralmente vulnerables— equivale a aceptar una carrera cuyo desenlace está condicionado desde el inicio.
Una estrategia defensiva descolonial implicaría diversificar capacidades, reducir dependencias críticas y fortalecer estructuras territoriales y organizativas menos vulnerables a la neutralización tecnológica, es decir, que por lo menos puedan ser desactivadas con un simple hackeo.
En el plano económico, el centro de todo es el petróleo
Venezuela está bloqueada, sancionada, asfixiada. En esa realidad, es comprensible que el gobierno busque oxígeno, inversión, ingresos para sostener estabilidad. Nadie serio debería moralizar desde afuera como si negociar fuera una idea de cobardes.
Por ejemplo, la flexibilización de la ley de hidrocarburos puede entenderse como una táctica para atraer capital y aumentar la producción. Pero la cuestión no es si negociar es legítimo en condiciones de asfixia.
La cuestión es si se comprende que conceder recursos estratégicos no garantiza estabilidad política ni el levantamiento automático de la presión imperial.
La experiencia histórica es clara: conceder recursos estratégicos no ha protegido a gobiernos antiimperialistas.
Libia entregó concesiones petroleras y terminó destruida. Irak fue invadido bajo el pretexto de armas inexistentes. Siria fue objeto de una guerra devastadora pese a múltiples procesos de negociación.
Estados Unidos siempre busca control estructural, no simples beneficios comerciales. Pensar que una flexibilización petrolera garantizará seguridad permanente sería caer en una ingenuidad estratégica peligrosa.
Además, la urgencia estadounidense por el petróleo venezolano no puede separarse del contexto geopolítico más amplio. La posibilidad de una guerra con Irán, el reacomodo energético global y la erosión del petrodólar colocan a Venezuela en una posición estratégica clave.
Asegurar suministro energético en dólares fortalece a Estados Unidos tanto en el plano militar como monetario. No se trata únicamente de Venezuela; se trata del lugar del dólar en el sistema mundial y de la competencia con China y otras potencias emergentes.
A esto se suma la reactivación práctica de la doctrina Monroe. Washington intenta reasegurar América Latina como su zona de control, ante la pérdida de influencia en otras regiones. Golpes institucionales, gobiernos alineados, contrarrevoluciones regionales: nada es casual. Y Venezuela, por su riqueza y su peso simbólico, es objetivo prioritario.
En este escenario, la negociación puede ser una táctica válida si su propósito es ganar tiempo.
¿Pero ganar tiempo para qué?
Si el tiempo ganado no se utiliza para corregir vulnerabilidades, fortalecer capacidades defensivas y consolidar organización popular, entonces la negociación se convierte en aumentar la vulnerabilidad para cuando el conflicto inevitable llegue y Estados Unidos mande el zarpazo.
Aquí la comuna adquiere un papel central. En caso de bloqueo total o guerra abierta, la capacidad de producir alimentos, sostener economías locales y articular defensa territorial será decisiva.
La soberanía alimentaria no es un programa social; es un componente estratégico de defensa nacional. Desmovilizar o debilitar las estructuras comunales en nombre de una liberalización económica sería comprometer la resistencia futura del país.
Sobre los aliados fuera de la región, conviene no hacerse ilusiones. Rusia y China pueden ofrecer apoyo comercial y respaldo político, pero es poco probable que se enfrenten militarmente a Estados Unidos en el hemisferio occidental.
El mundo multipolar existe, pero aún está en construcción y responde también a lógicas de interés propio. Ninguna potencia externa sustituye la capacidad interna de resistencia.
En resumen, el dilema venezolano no es negociar o no negociar. Es negociar sin olvidar la naturaleza del adversario. Es entender que el imperialismo puede aceptar acuerdos tácticos mientras prepara condiciones más favorables para convertir el país en un infierno.
Por eso la clave no es la pureza ideológica ni la rigidez absoluta, sino la claridad estratégica: toda flexibilidad económica debe ir acompañada de fortalecimiento político, territorial y defensivo.
La historia muestra que los proyectos soberanos no son derrotados únicamente por invasiones directas, sino por la combinación de asfixia económica, fractura interna y confianza excesiva en la buena fe del imperio.
El momento histórico demanda de los venezolanos una conciencia despierta
Negociar y ceder por Venezuela para evitar la destrucción del país puede ser una estrategia, siempre desde la claridad de que Estados Unidos, más temprano que tarde, irá de frente contra Venezuela y su revolución en una guerra abierta.
No habrá términos felices en esas mesas: Estados Unidos no viene a dialogar, viene a imponer; quiere todo, y pronto intentará palestinizar o libializar a Venezuela.
Patria o muerte.
[Bien, pero lo que no se puede hacer es engañar al pueblo, porque si no se explica claramente por qué se toman toda esa serie de medidas, no hay manera de avanzar en el proceso bolivariano ni de prepararse para el enfrentamiento con Estados Unidos cuando este país decida atacar Venezuela para coger todas sus riquezas. Si se engaña al pueblo no se le puede concienciar en su lucha por la supervivencia de la revolución bolivariana. Y de momento eso es lo que están haciendo la dirigencia de Venezuela, además de expresar pleitesía ante los representantes del imperialismo yanki.]
Resumen realizado por Boltxe a partir de diferentes tuits.
13 de febrero de 2026
Fuentes: @ultras_antifaa, @ReutersVzla, @GuerrasyGeop, @nuevo_orden_mundial_canal, @delcyrodriguezv, @Edisson_hilos, etc.