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Trump, un autén­ti­co pro­duc­to de la lar­ga his­to­ria de vio­len­cia en la polí­ti­ca capi­ta­lis­ta estadounidense

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«El mayor gene­ra­dor de vio­len­cia en el mun­do hoy en día: mi pro­pio país»

—Mar­tin Luther King

Des­de que asu­mió el car­go el 20 de enero de 2025, Trump ha apli­ca­do una polí­ti­ca de vio­len­cia sin pre­ce­den­tes, tan­to den­tro como fue­ra de Esta­dos Unidos.

Su polí­ti­ca exte­rior se redu­ce a la con­quis­ta y el saqueo de la rique­za de las nacio­nes por la fuer­za de las armas, remi­nis­cen­te de la bue­na épo­ca colo­nial. Aho­ra mis­mo, está des­ple­gan­do su pode­río mili­tar con­tra Irán para for­zar su sumisión.

Sin embar­go, esta vio­len­cia que se des­plie­ga ante nues­tros ojos no es nue­va. Sus pro­fun­das raí­ces se encuen­tran en la lar­ga his­to­ria de vio­len­cia en la polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se. Des­de las pri­me­ras déca­das de la joven Repú­bli­ca, la vio­len­cia, en sus diver­sas for­mas, fue un com­po­nen­te cen­tral de la vida polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se. Pero detrás de esta vio­len­cia se escon­den los intere­ses eco­nó­mi­cos de la cla­se dominante.

Como dijo Engels: «Toda la vio­len­cia polí­ti­ca se basa ori­gi­nal­men­te en una fun­ción eco­nó­mi­ca»1. La vio­len­cia es, en reali­dad, sim­ple­men­te un medio para obte­ner ganan­cias y acu­mu­lar rique­za. Sin embar­go, esta vio­len­cia de los opre­so­res se ha topa­do sis­te­má­ti­ca­men­te con la resis­ten­cia y las luchas por la eman­ci­pa­ción de los oprimidos.

Esta­dos Uni­dos nació en la vio­len­cia, ha gober­na­do median­te la vio­len­cia y ha escla­vi­za­do a otros pue­blos median­te la vio­len­cia: el geno­ci­dio de las pobla­cio­nes indí­ge­nas, la escla­vi­za­ción de la pobla­ción negra, el expo­lio for­zo­so de gran par­te del terri­to­rio mexi­cano, la Gue­rra de Sece­sión, por no men­cio­nar las innu­me­ra­bles gue­rras impe­ria­lis­tas del siglo XX2, con millo­nes de hom­bres y muje­res ase­si­na­dos, muti­la­dos y torturados.

La vio­len­cia, refle­jo de la supe­rio­ri­dad eco­nó­mi­ca de Esta­dos Uni­dos, siem­pre ha esta­do pre­sen­te tan­to den­tro como fue­ra de sus fronteras.

La bru­ta­li­dad de las polí­ti­cas que Trump apli­ca hoy es una con­ti­nua­ción, en cir­cuns­tan­cias muy dife­ren­tes, de esta vio­len­cia. Por lo tan­to, no es una excep­ción, sino una cons­tan­te en la his­to­ria de Esta­dos Unidos.

Trump no sur­gió de la nada. Es, en últi­ma ins­tan­cia, el pro­duc­to de la lucha de cla­ses que sacu­de a la socie­dad esta­dou­ni­den­se. Trump sigue sien­do pro­duc­to de las rela­cio­nes socia­les y las cir­cuns­tan­cias pro­pias de la his­to­ria de este país. No debe­mos cen­trar­nos úni­ca­men­te en Trump como indi­vi­duo, a pesar de que logró con habi­li­dad vol­ver al poder por segun­da vez. Con­cen­trar­se úni­ca­men­te en él y el pre­sen­te es igno­rar el san­grien­to pasa­do de domi­na­ción de las cla­ses domi­nan­tes des­de el mis­mo naci­mien­to de la nación esta­dou­ni­den­se. Como dijo Tariq Ali, no debe­mos repri­mir «la memo­ria de la ges­ta­ción, el naci­mien­to y los pri­me­ros actos de ban­di­da­je del impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se»3. Es este pasa­do, estos «pri­me­ros actos de ban­di­da­je», lo que creó las estruc­tu­ras y las con­di­cio­nes nece­sa­rias para el ascen­so al poder de una figu­ra como Trump.

La nove­dad hoy no resi­de en la exis­ten­cia de la vio­len­cia, sino en el hecho de que esta polí­ti­ca vio­len­ta se apli­ca abier­ta­men­te, sin pre­ten­sio­nes ni disi­mu­los. Se acep­ta, inclu­so se rei­vin­di­ca. Trump la ha hecho paten­te. El dis­cur­so hipó­cri­ta de sus pre­de­ce­so­res sobre la demo­cra­cia, el res­pe­to al Esta­do de dere­cho, los valo­res uni­ver­sa­les, el mul­ti­la­te­ra­lis­mo, las ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les y la sobe­ra­nía de los Esta­dos sim­ple­men­te ha des­apa­re­ci­do. Trump sola­men­te está ace­le­ran­do y ampli­fi­can­do un pro­ce­so ini­cia­do mucho antes por otros líde­res esta­dou­ni­den­ses. Esto no es una rup­tu­ra con el pasa­do, sino una continuación.

Esta vio­len­cia que carac­te­ri­za a Esta­dos Uni­dos, ayer como hoy, no es sino un ins­tru­men­to, un medio al ser­vi­cio de los intere­ses eco­nó­mi­cos de los diri­gen­tes y, más amplia­men­te, de la cla­se diri­gen­te esta­dou­ni­den­se. El gene­ral Smed­ley Butler (1881−1940), dos veces galar­do­na­do con la Meda­lla de Honor, la más alta con­de­co­ra­ción mili­tar esta­dou­ni­den­se, ofre­ce una impac­tan­te des­crip­ción de esta sim­bio­sis entre la vio­len­cia y los intere­ses de las cla­ses domi­nan­tes4: «Pasé por todos los ran­gos de ofi­cial, des­de sub­te­nien­te has­ta mayor gene­ral. Y, duran­te ese tiem­po, pasé la mayor par­te del tiem­po como alto fun­cio­na­rio de las gran­des empre­sas, Wall Street y los ban­que­ros. En resu­men, era un mafio­so a suel­do del capi­ta­lis­mo. […] Duran­te todos esos años, diri­gí un nego­cio fan­tás­ti­co, como dirían los clien­tes habi­tua­les del bar local. Fui recom­pen­sa­do con hono­res, con­de­co­ra­cio­nes y ascen­sos. Cuan­do miro hacia atrás, sien­to que podría haber­le dado una bue­na pelea a Al Capo­ne. Mien­tras que él, como mucho, solo podía diri­gir su nego­cio en tres dis­tri­tos, noso­tros, los mari­nes, lo hacía­mos en tres continentes».

El mul­ti­mi­llo­na­rio Trump no se con­for­ma con ser­vir a su pro­pia cla­se; tam­bién explo­ta su posi­ción como pre­si­den­te para enri­que­cer­se per­so­nal­men­te: «Ha dedi­ca­do toda su ener­gía y crea­ti­vi­dad a explo­tar la pre­si­den­cia, a des­cu­brir cuán­to dine­ro están dis­pues­tos a pagar­le indi­vi­duos, cor­po­ra­cio­nes y otras nacio­nes con la espe­ran­za de poner el poder del gobierno al ser­vi­cio de sus intere­ses», escri­bió The New York Times5. La mis­ma fuen­te indi­ca que Trump acu­mu­ló más de 1.400 millo­nes de dóla­res en tan solo un año en la Casa Blan­ca. Cabe des­ta­car que su pro­pia admi­nis­tra­ción está com­pues­ta por varios mul­ti­mi­llo­na­rios, algu­nos de los cua­les figu­ran en la lis­ta de donan­tes para la tran­si­ción pre­si­den­cial, por no men­cio­nar a los empre­sa­rios extre­ma­da­men­te ricos y sus alle­ga­dos6 que finan­cia­ron gene­ro­sa­men­te su cam­pa­ña elec­to­ral. Más allá de su pro­pia fami­lia, círcu­lo de ami­gos y donan­tes, Trump sir­ve a los intere­ses eco­nó­mi­cos de la bur­gue­sía que repre­sen­ta a expen­sas de la cla­se tra­ba­ja­do­ra esta­dou­ni­den­se. Es un gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos.

Pero las luchas socia­les, aún muy tími­das y mul­ti­fa­cé­ti­cas, comien­zan a orga­ni­zar­se con­tra esta vio­len­cia de los ricos. Las movi­li­za­cio­nes en Min­nea­po­lis, las mani­fes­ta­cio­nes «Sin Reyes», las «ciu­da­des san­tua­rio», la resis­ten­cia de artis­tas y abo­ga­dos… for­man par­te de esta cre­cien­te y varia­da protesta.

Sin embar­go, esta situa­ción no es nue­va. Des­de sus ini­cios, Esta­dos Uni­dos ha teni­do pre­si­den­tes muy ricos cuya misión prin­ci­pal, inclu­so si se bene­fi­cia­ban per­so­nal­men­te del sis­te­ma, era ser­vir a su cla­se social. Esta «misión», sin embar­go, encon­tró una resis­ten­cia tan heroi­ca como trá­gi­ca por par­te de los escla­vos7, los nati­vos ame­ri­ca­nos8, los blan­cos pobres9, los mexi­ca­nos y muchos otros. Los pri­me­ros pre­si­den­tes esta­dou­ni­den­ses, des­de Geor­ge Washing­ton (1789−1797) has­ta Zachary Tay­lor (1849−1850), inclu­yen­do a Tho­mas Jef­fer­son (1801−1809), James Madi­son (1809−1817), James Mon­roe (1817−1825) y Andrew Jack­son (1829−1837), eran ricos y due­ños de escla­vos. Recien­te­men­te, la admi­nis­tra­ción Trump inten­tó borrar la ver­dad his­tó­ri­ca10 y ente­rrar el pasa­do escla­vis­ta de su ilus­tre pre­de­ce­sor reti­ran­do de su anti­gua resi­den­cia en Fila­del­fia las exhi­bi­cio­nes rela­cio­na­das con la pro­pie­dad de escla­vos del pri­mer pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se, Geor­ge Washing­ton. La escla­vi­tud esta­dou­ni­den­se, escri­bió Howard Zinn, fue «la más cruel de toda la his­to­ria de la huma­ni­dad»11.

Sin embar­go, el famo­so párra­fo de la Decla­ra­ción de Inde­pen­den­cia12 de 1776 afir­ma cla­ra­men­te: «Con­si­de­ra­mos como evi­den­tes estas ver­da­des: que todos los hom­bres son crea­dos igua­les; que son dota­dos por su Crea­dor de cier­tos dere­chos inalie­na­bles; que entre estos están la vida, la liber­tad y la bús­que­da de la feli­ci­dad». Cabe des­ta­car que el prin­ci­pal autor de esta Decla­ra­ción fue nada menos que el ter­cer pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos, Tho­mas Jef­fer­son, quien poseía varios cien­tos de escla­vos. Si bien la nación esta­dou­ni­den­se se fun­da en la idea de la liber­tad y la igual­dad entre los hom­bres, esto no impi­dió en abso­lu­to que sus líde­res obtu­vie­ran gran par­te de sus ingre­sos de la explo­ta­ción de escla­vos en con­di­cio­nes infrahumanas.

El des­tino de los nati­vos ame­ri­ca­nos no fue más envi­dia­ble. Tres pre­si­den­tes se dis­tin­guie­ron por su vio­len­cia y cruel­dad hacia las pobla­cio­nes indí­ge­nas con el fin de obte­ner el con­trol total de los recur­sos, la tie­rra y el asen­ta­mien­to de los colo­nos esta­dou­ni­den­ses. Estos fue­ron Andrew Jack­son (sép­ti­mo pre­si­den­te), William Henry Harri­son (noveno pre­si­den­te) y Zachary Tay­lor (duo­dé­ci­mo pre­si­den­te). En su momen­to, estas masa­cres y depor­ta­cio­nes13 se jus­ti­fi­ca­ron con la afir­ma­ción de que Esta­dos Uni­dos tenía la misión divi­na de exten­der su civi­li­za­ción y demo­cra­cia por todo el terri­to­rio nor­te­ame­ri­cano, des­de el Atlán­ti­co has­ta el Pací­fi­co; esta es la doc­tri­na del «Des­tino Manifiesto».

Fue esta mis­ma doc­tri­na la que uti­li­zó el pre­si­den­te James K. Polck para jus­ti­fi­car la con­quis­ta de terri­to­rio mexi­cano, ade­más de una serie de medi­das toma­das por este pre­si­den­te demó­cra­ta que los his­to­ria­do­res han des­cri­to como mani­pu­la­cio­nes y pro­vo­ca­cio­nes14. Fue una gue­rra de inva­sión mar­ca­da por una inten­sa vio­len­cia, no solo en tér­mi­nos de enfren­ta­mien­tos mili­ta­res y pér­di­das huma­nas, sino tam­bién por sus con­se­cuen­cias terri­to­ria­les. El Tra­ta­do de Gua­da­lu­pe Hidal­go15, rati­fi­ca­do en 1848, obli­gó a Méxi­co a ceder el 55% de su terri­to­rio: Cali­for­nia, Neva­da, Utah, la mayor par­te de Ari­zo­na y Colo­ra­do, Nue­vo Méxi­co y par­tes de Oklaho­ma, Kan­sas y Wyoming.

La gue­rra tam­bién se vio impul­sa­da por un sen­ti­mien­to de supe­rio­ri­dad racial y vio­len­tas cam­pa­ñas anti­me­xi­ca­nas. La ane­xión masi­va de terri­to­rios mexi­ca­nos plan­teó de inme­dia­to la cues­tión del esta­tus de la escla­vi­tud entre el Sur, escla­vis­ta, y el Nor­te, en rápi­da indus­tria­li­za­ción. Por­que detrás de la gue­rra entre Méxi­co y Esta­dos Uni­dos se encon­tra­ba la deter­mi­na­ción de los sure­ños de exten­der la escla­vi­tud a los nue­vos terri­to­rios, mien­tras que el Nor­te se opo­nía feroz­men­te. La gue­rra con­tra Méxi­co per­mi­tió a Esta­dos Uni­dos expan­dir su terri­to­rio, a la vez que exa­cer­ba­ba las con­tra­dic­cio­nes inter­nas en torno a la escla­vi­tud, con­tri­bu­yen­do a des­en­ca­de­nar, una déca­da des­pués, la gue­rra civil, «una de las más san­grien­tas que la huma­ni­dad haya cono­ci­do»16.

En febre­ro de 2026, la Casa Blan­ca publi­có una decla­ra­ción fir­ma­da por Trump titu­la­da Nues­tra vic­to­ria en la gue­rra entre Méxi­co y Esta­dos Uni­dos17, que pre­sen­ta­ba un rela­to muy con­tro­ver­ti­do de la gue­rra. Median­te esta mani­pu­la­ción de la his­to­ria, Trump bus­ca enmas­ca­rar las con­tra­dic­cio­nes socia­les inter­nas que des­ga­rran la socie­dad esta­dou­ni­den­se con gue­rras expan­sio­nis­tas externas.

La vio­len­cia polí­ti­ca per­pe­tra­da por Trump hoy no pue­de enten­der­se sin situar­la en su con­tex­to histórico.

Es, en cier­to modo, un resur­gi­mien­to, en con­di­cio­nes y cir­cuns­tan­cias muy dife­ren­tes, de la vio­len­cia de las pri­me­ras déca­das de Esta­dos Uni­dos. Trump es el resul­ta­do inevi­ta­ble del desa­rro­llo de rela­cio­nes socia­les pre­vias. Es bene­fi­cia­rio de una lar­ga y vio­len­ta tra­di­ción en la polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se. Hoy en el poder, bus­ca, median­te su bru­ta­li­dad, radi­ca­lis­mo y exce­sos, per­pe­tuar esta tra­di­ción en un nue­vo contexto.

En últi­ma ins­tan­cia, al inven­tar cons­tan­te­men­te chi­vos expia­to­rios en casa y enemi­gos en el extran­je­ro, se esfuer­za por ocul­tar la con­tra­dic­ción fun­da­men­tal entre ricos y pobres para ser­vir mejor a su pro­pia cla­se, la cla­se adi­ne­ra­da que lo impul­só a la jefa­tu­ra del Estado.

Moha­med Belaali

5 de mar­zo de 2026

Fuen­te: https://​alba​gra​na​da​northa​fri​ca​.word​press​.com/​2​0​2​6​/​0​3​/​0​5​/​m​o​h​a​m​e​d​-​b​e​l​a​a​l​i​-​t​r​u​m​p​-​u​n​-​a​u​t​e​n​t​i​c​o​-​p​r​o​d​u​c​t​o​-​d​e​-​l​a​-​l​a​r​g​a​-​h​i​s​t​o​r​i​a​-​d​e​-​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​e​n​-​l​a​-​p​o​l​i​t​i​c​a​-​c​a​p​i​t​a​l​i​s​t​a​-​e​s​t​a​d​o​u​n​i​d​e​n​se/

  1. F. Engels: El papel de la vio­len­cia en la his­to­ria. Edi­cio­nes Socia­les, 1976, p. 37.
  2. https://​www​.belaa​li​.com/​2​0​2​6​/​0​1​/​v​e​n​e​z​u​e​l​a​-​l​-​i​m​p​e​r​i​a​l​i​s​m​e​-​a​m​e​r​i​c​a​i​n​-​e​s​t​-​t​o​u​j​o​u​r​s​-​e​t​-​p​a​r​t​o​u​t​-​l​-​e​n​n​e​m​i​-​d​e​s​-​p​e​u​p​l​e​s​.​h​tml
  3. Tariq Ali: El cho­que de fun­da­men­ta­lis­mos. Tex­to, 2002, p. 295.
  4. https://​www​.mon​de​-diplo​ma​ti​que​.fr/​1​9​8​3​/​0​6​/​B​U​T​L​E​R​/​3​7​395
  5. https://​www​.nyti​mes​.com/​i​n​t​e​r​a​c​t​i​v​e​/​2​0​2​6​/​0​1​/​2​0​/​o​p​i​n​i​o​n​/​e​d​i​t​o​r​i​a​l​s​/​t​r​u​m​p​-​w​e​a​l​t​h​-​c​r​y​p​t​o​-​g​r​a​f​t​.​h​tml
  6. https://​www​.for​bes​.fr/​p​o​l​i​t​i​q​u​e​/​p​r​e​s​i​d​e​n​t​i​e​l​l​e​-​a​m​e​r​i​c​a​i​n​e​-​q​u​i​-​s​o​n​t​-​l​e​s​-​d​i​x​-​p​l​u​s​-​g​r​o​s​-​d​o​n​a​t​e​u​r​s​-​m​i​l​l​i​a​r​d​a​i​r​e​s​-​d​e​-​l​a​-​c​a​m​p​a​g​n​e​-​d​e​-​d​o​n​a​l​d​-​t​r​u​mp/
  7. https://​www​.worldhis​tory​.org/​t​r​a​n​s​/​f​r/2 – 2677/dix-importantes-revoltes-desclaves-en-amerique-col/#:~:text=Le%20r%C3%A9volte%20de%20la%20Nouvelle,d’aujourd’hui).
  8. Howard Zinn: His­to­ria popu­lar de los Esta­dos Uni­dos, Ago­ne, 2003, cap. 7, p. 149.
  9. Ibid., cap. 10, p. 245.
  10. https://​www​.nyti​mes​.com/​2​0​2​6​/​0​2​/​1​6​/​u​s​/​p​o​l​i​t​i​c​s​/​p​r​e​s​i​d​e​n​t​s​-​h​o​u​s​e​-​p​h​i​l​a​d​e​l​p​h​i​a​-​w​a​s​h​i​n​g​t​o​n​-​s​l​a​v​e​r​y​-​i​n​j​u​n​c​t​i​o​n​.​h​tml
  11. Howard Zinn: His­to­ria popu­lar de los Esta­dos Uni­dos, Ago­ne, 2003, p. 37.
  12. https://​www​.archi​ves​.gov/​f​o​u​n​d​i​n​g​-​d​o​c​s​/​d​e​c​l​a​r​a​t​i​o​n​-​t​r​a​n​s​c​r​ipt
  13. https://en.wikipedia.org/wiki/Indian_Removal_Act#:~:text=The%20Indian%20Removal%20Act%20was%20put%20in%20place%20to%20annex,possibility%20of%20such%20an%20act.
  14. https://​usme​xi​can​war​.kera​.org/​p​r​e​l​u​d​e​/​j​p​_​j​p​_​a​n​d​_​t​h​e​_​m​e​x​i​c​a​n​_​w​a​r​.​php
  15. https://​www​.archi​ves​.gov/​m​i​l​e​s​t​o​n​e​-​d​o​c​u​m​e​n​t​s​/​t​r​e​a​t​y​-​o​f​-​g​u​a​d​a​l​u​p​e​-​h​i​d​a​lgo
  16. Howard Zinn: His­to­ria popu­lar de los Esta­dos Uni­dos, Ago­ne, 2003, p. 223.
  17. https://​www​.whi​tehou​se​.gov/​b​r​i​e​f​i​n​g​s​-​s​t​a​t​e​m​e​n​t​s​/​2​0​2​6​/​0​2​/​a​m​e​r​i​c​a​-​2​5​0​-​p​r​e​s​i​d​e​n​t​i​a​l​-​m​e​s​s​a​g​e​-​o​n​-​t​h​e​-​a​n​n​i​v​e​r​s​a​r​y​-​o​f​-​o​u​r​-​v​i​c​t​o​r​y​-​i​n​-​t​h​e​-​m​e​x​i​c​a​n​-​a​m​e​r​i​c​a​n​-​w​ar/
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