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Blas Infan­te y la teo­ría de la crisis

Tabla de contenidos


«Quie­bra de Euro­pa y de Espa­ña tra­di­cio­nal. Es la hora.»1

«Espa­ña fue y es una hacien­da uni­fi­ca­da por el dere­cho divino de los reyes.»2

«Y solo cuan­do el caci­que se pon­ga enfren­te […] debe­rá ser ata­ca­do; pero en este caso ha de ser­lo con vio­len­cia impla­ca­ble, con ira inmen­sa y des­pre­cio pro­fun­do, como si todo el virus de la dege­ne­ra­ción anda­lu­za estu­vie­se acu­mu­la­do en su repug­nan­te cabe­za.»3

Las tres citas de Blas Infan­te esco­gi­das del libro de Car­los Ríos sobre el revo­lu­cio­na­rio anda­luz, Blas Infan­te: Anda­lu­cía y revo­lu­ción, encua­dran el fin de este comen­ta­rio. La pri­me­ra cita nos abre el camino a la actua­li­dad del pen­sa­mien­to infan­tiano en el siglo XXI al plan­tear la cues­tión de la «quie­bra», de la cri­sis capi­ta­lis­ta y las pers­pec­ti­vas que se abren con ella. A par­tir de aquí, la segun­da nos lle­va a fallas estruc­tu­ra­les de «Espa­ña» que impo­si­bi­li­tan el desa­rro­llo de la liber­tad ple­na en el siglo XXI. Y la ter­ce­ra nos lle­va al deba­te clá­si­co en la his­to­ria de la eman­ci­pa­ción huma­na y cru­cial tam­bién en el pre­sen­te, sobre la vio­len­cia opre­so­ra y la opri­mi­da, y sobre la dia­léc­ti­ca entre los fines y los medios.

Car­los Ríos ha hecho una sín­te­sis impres­cin­di­ble del rico y com­ple­jo ideal anda­lu­cis­ta de Blas Infan­te, naci­do en 1885 en Casa­res, Mála­ga. Per­so­na inte­li­gen­te y metó­di­ca, hizo la carre­ra de nota­ría en la mitad de tiem­po. Para fina­les de 1913, con 28 años, era ya cono­ci­do por sus idea­les anda­lu­cis­tas. Para esos años, el nota­rio anda­luz ya cono­cía la his­to­ria de la lucha de su pue­blo en el siglo XIX como la pro­cla­ma­ción de inde­pen­den­cia en 1873 duran­te la Revo­lu­ción Can­to­nal (p. 73). Más ade­lan­te, leyó la Cons­ti­tu­ción de Ante­que­ra de 1884 y en 1919 fue tes­ti­go del tre­men­do movi­mien­to detrás del lema: «¡Viva Anda­lu­cía libre! ¡Muer­te a los caci­ques!» (p. 103).

Car­los Ríos nos advier­te de que sus obras últi­mas, las que mejor expre­san su pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio, fue­ron que­ma­das por su viu­da cuan­do él fue dete­ni­do en un vano inten­to de evi­tar su ase­si­na­to. Blas Infan­te fue fusi­la­do sin jui­cio pre­vio por los fas­cis­tas el 11 de agos­to de 1936 en Sevi­lla, se sabe exac­ta­men­te dón­de se pro­du­jo el cri­men pero aún se des­co­no­ce dón­de están sus res­tos. Se le hizo un paro­dia de jui­cio pós­tu­mo el 4 de mayo de 1940 que le con­de­nó a muer­te y tam­bién con­de­nó a su viu­da al pago de una mul­ta de 2.000 pese­tas, una for­tu­na en aque­lla épo­ca. Todo eso casi cua­tro años des­pués de su asesinato.

Inme­dia­ta­men­te des­pués el fran­quis­mo se lan­zó a deni­grar­lo acu­sán­do­le de todo para lue­go inten­tar sepul­tar­lo por segun­da vez liqui­dan­do su memo­ria. Con la «tran­si­ción» el blo­que refor­mis­ta en su con­jun­to ha fal­si­fi­ca­do las ideas infan­tia­nas en cin­co aspec­tos cen­tra­les que Car­los Ríos rei­vin­di­ca y enu­me­ra así: 1) Blas Infan­te no era «auto­no­mis­ta». 2) Blas Infan­te no era defen­sor de la «inte­gri­dad» del Esta­do espa­ñol. 3) La Anda­lu­cía libre de Blas Infan­te era una Anda­lu­cía inter­na­cio­na­lis­ta. 4) Blas Infan­te era pro­fun­da­men­te anti­ca­pi­ta­lis­ta. 5) El «hom­bre nue­vo» y el «nue­vo pue­blo anda­luz» de Blas Infan­te (pp. 21 – 31).

La quín­tu­ple carac­te­rís­ti­ca del pen­sa­mien­to infan­tiano se fusio­nan en una que des­tro­za el inten­to de pre­sen­tar al nota­rio de Casa­res como ese bur­gués (p. 48) anhe­la­do por el refor­mis­mo sea cual fue­re su care­ta exter­na. La cues­tión de la pro­pie­dad de la tie­rra fue la que sepa­ró en dos blo­ques anta­gó­ni­cos al anda­lu­cis­mo refor­mis­ta del anda­lu­cis­mo revo­lu­cio­na­rio, con el que él se iden­ti­fi­ca­ba. El pri­me­ro se limi­ta­ba a medi­das pobres y super­fi­cia­les que en el fon­do refor­za­ban el sis­te­ma explo­ta­dor; el segun­do fue resu­mi­do así en 1921 por el nota­rio de Casa­res: «Revo­lu­ción a todo tran­ce con­tra el régi­men capi­ta­lis­ta; pero revo­lu­ción no for­mal, o legis­la­ti­va, o buro­crá­ti­ca, sino revo­lu­ción hon­da, esen­cial o fun­da­men­tal del espí­ri­tu» (p. 17). La pro­pie­dad de la tie­rra o si se quie­re la pro­pie­dad de la vida, rom­pió las rela­cio­nes entre ambos sec­to­res por­que enton­ces y aho­ra la pro­pie­dad pri­va­da en sí y en espe­cial la de la tie­rra, es el nudo gor­diano del futu­ro de Anda­lu­cía y de la humanidad.

Blas Infan­te exi­gía: «la tie­rra anda­lu­za para el jor­na­le­ro anda­luz» (p. 40). Más aún, enten­día que la recu­pe­ra­ción por los cam­pe­si­nos de la tie­rra pri­va­ti­za­da por y para la bur­gue­sía, o para decir­lo direc­ta­men­te, la revo­lu­ción o refor­ma agra­ria radi­cal, era el pri­mer paso al comu­nis­mo (p. 41). No era una crí­ti­ca nue­va, ya que negó el dere­cho bur­gués de pro­pie­dad des­de los ini­cios de su con­cien­cia polí­ti­ca (p. 33), sien­do como era «un comu­nis­ta sin amba­ges» (p. 35) que se juga­ba la vida expli­can­do por qué había que orga­ni­zar «una valien­te y aún teme­ra­ria acción revo­lu­cio­na­ria» (p. 60) que ace­le­ra­ra la «revo­lu­ción que supri­ma todas las cla­ses» (p. 112).

¿Qué enten­día Blas Infan­te en 1931 por «quie­bra» de Euro­pa y del Esta­do espa­ñol? ¿Había lle­ga­do la hora de qué? Si en 1931 era la hora de un avan­ce sos­te­ni­do hacia la liber­tad de Anda­lu­cía ¿pode­mos pen­sar lo mis­mo en 2026, casi un siglo des­pués? ¿Pode­mos hablar de la mis­ma «quie­bra» capi­ta­lis­ta enton­ces y aho­ra? ¿Y si sí pode­mos hacer­lo… cómo debe­mos pro­ce­der? La refle­xión que pro­po­ne­mos apro­ve­chan­do el libro de Car­los Ríos se sos­tie­ne alre­de­dor de estas y otras preguntas.

Blas Infan­te habló de «quie­bra» euro­pea y espa­ño­la en 1931. Las escri­bió para denun­ciar el com­plot espa­ño­lis­ta con­tra un mitin de la can­di­da­tu­ra anda­lu­cis­ta de Blas Infan­te, en la base aérea de Tabla­da. Todo indi­ca que se bus­ca­ba cri­mi­na­li­zar­le de cara a las pró­xi­mas elec­cio­nes por­que el anda­lu­cis­mo revo­lu­cio­na­rio echa­ba raí­ces en el pue­blo. La for­ma­ción teó­ri­ca de Blas Infan­te era, ade­más de otras corrien­tes, sobre todo una mez­cla de socia­lis­mo utó­pi­co, teo­ría mar­xis­ta indi­rec­ta (p. 50) pero bási­ca, influen­cias de cier­to anar­quis­mo, mucho apren­di­za­je crí­ti­co de la his­to­ria rebel­de sobre todo de la revo­lu­ción rusa y otros com­po­nen­tes meno­res. En base a esto pudo sos­te­ner que el Esta­do espa­ñol y Euro­pa esta­ban en quie­bra y por tan­to había lle­ga­do la hora de actuar. Car­los Ríos hace bien en seguir los hilos que conec­tan al nota­rio de Casa­res con revo­lu­cio­na­rios pos­te­rio­res como Mar­tí, Che Gue­va­ra, Frantz Fanon, H.P. New­ton y otros.

En 1873 – 1892 la pri­me­ra Gran Depre­sión creó las con­di­cio­nes para la expan­sión impe­ria­lis­ta, el esta­lli­do de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial de 1914 – 1918 y la olea­da revo­lu­cio­na­ria azu­za­da por la revo­lu­ción sovié­ti­ca de 1917. El trie­nio bol­che­vi­que en Anda­lu­cía de 1918 – 1920 fue deci­si­vo para la pra­xis de Blas Infan­te. El PCE se creó en 1921, des­de 1923 has­ta 1931 la dic­ta­du­ra de Pri­mo de Rive­ra y lue­go de Beren­guer, inten­tó «refun­dar Espa­ña». Pese a la vic­to­ria de la Segun­da Repú­bli­ca en 1931 la dere­cha esta­ba orga­ni­za­da y en 1932 el gene­ral San­jur­jo fra­ca­só en su gol­pe de Esta­do, en 1933 apa­re­ció la Falan­ge y se pro­du­jo la matan­za de Casas Vie­jas, la Revo­lu­ción de Octu­bre de 1934 fue otro alda­bo­na­zo y por fin la con­tra­rre­vo­lu­ción de 1936.

Mien­tras tan­to, se pro­du­cían las pri­me­ras gue­rras regio­na­les de lo que des­de 1939 sería la Segun­da Gue­rra Mun­dial: en 1931 Japón inva­dió Man­chu­ria y entre 1932 y 1939 man­tu­vo una gue­rra con la URSS. La inva­sión japo­ne­sa de Chi­na en 1937 y la gue­rra entre Fin­lan­dia y la URSS en 1939 ten­sio­na­ban la «quie­bra» en su for­ma de gue­rras con­ven­cio­na­les, por­que si a este pano­ra­ma suma­mos las gue­rras socia­les con­cor­da­mos con la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis. En 1918, Blas Infan­te tenía 33 años de edad y una base teó­ri­ca sufi­cien­te para com­pren­der qué esta­ba suce­dien­do en las matan­zas pro­to­na­zis que aplas­ta­ban a los paí­ses bál­ti­cos, a Fin­lan­dia, Ale­ma­nia, Hun­gría…; qué sig­ni­fi­ca­ban el gol­pe de Kapp de Hitler en 1920 y la Mar­cha sobre Roma de Mus­so­li­ni en 1923; por qué en 1926 se suce­die­ron la Huel­ga Gene­ral bri­tá­ni­ca con la movi­li­za­ción de su ejér­ci­to y mari­na para derro­tar­la y los gol­pes fas­cis­tas en Polo­nia, Litua­nia y Por­tu­gal; por­qué inme­dia­ta­men­te des­pués de la vic­to­ria nazi en 1933 se pro­du­jo el gol­pe fas­cis­ta en Aus­tria en 1934 y se inten­si­fi­ca­ba la lucha obre­ra en el Esta­do fran­cés para derro­tar al fas­cis­mo galo pre­pa­ran­do la vic­to­ria del Fren­te Popu­lar en 1936.

La inter­co­ne­xión entre gue­rra con­ven­cio­nal y gue­rra social que­da­ba así con­fir­ma­da una vez más poco antes del ase­si­na­do de Blas Infan­te en 1936. Por tan­to es lógi­co inter­pre­tar la «quie­bra» como uno de los efec­tos más des­truc­to­res de la secuen­cia de cri­sis que va des­de 1918 has­ta la segun­da Gran Depre­sión ini­cia­da en 1929, pasan­do por la cri­sis de menor impor­tan­cia de 1921. La teo­ría de la cri­sis está pre­sen­te en el mar­xis­mo des­de sus mis­mos orí­ge­nes, enri­que­cién­do­se des­de enton­ces. Pue­de decir­se que dia­léc­ti­ca y cri­sis son sinó­ni­mos aun­que haya muchas for­mas de cri­sis pero todas ellas con­flu­yen con sus rit­mos, exten­sio­nes e inten­si­da­des en una sola: cri­sis revo­lu­cio­na­ria que abre la posi­bi­li­dad de trán­si­to al socialismo.

Hay muchas for­mas de cri­sis: finan­cie­ras, indus­tria­les, etc., loca­les o regio­na­les; de sobre­pro­duc­ción, de sub­con­su­mo, de des­pro­por­ción y de tasa de ganan­cia; rela­cio­na­das con ellas están las cri­sis polí­ti­cas con sus múl­ti­ples expre­sio­nes, ade­más de las cri­sis socio­eco­ló­gi­cas, mili­ta­res, sani­ta­rias, ener­gé­ti­cas, ali­men­ta­rias, diplo­má­ti­cas y un lar­go etcé­te­ra. Lue­go hay cri­sis eco­nó­mi­cas cada sie­te-diez años, cri­sis de ondas lar­gas, cri­sis de gran­des depre­sio­nes y cri­sis que desem­bo­can en gue­rras mun­dia­les. Aquí no tene­mos tiem­po para deta­llar el intrin­ca­do enma­ra­ña­mien­to entre ellas, su con­ca­te­na­ción y su inter­ac­ción recí­pro­ca, así como las muchas corrien­tes teó­ri­cas que deba­ten entre sí sobre esta cues­tión. Por ejem­plo, la dia­léc­ti­ca de lo «endó­geno» e «interno», lo «estric­ta­men­te» eco­nó­mi­co, con lo «exógeno» y «externo», lo «estric­ta­men­te» polí­ti­co, social, cul­tu­ral…, tam­bién pan­de­mias, cam­bios cli­má­ti­cos, desas­tres, etc.

La auto­no­mía rela­ti­va de cada una de estos pro­ce­sos se va acor­tan­do en la medi­da en que la cri­sis sis­té­mi­ca las sub­su­me y uni­fi­ca median­te el desa­rro­llo des­igual y com­bi­na­do, en una cri­sis total que res­pon­de en últi­ma ins­tan­cia al anta­go­nis­mo entre la ten­den­cia al desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y la natu­ra­le­za reac­cio­na­ria y cri­mi­nal de las rela­cio­nes socia­les de pro­pie­dad bur­gue­sa. En ese deve­nir, las fuer­zas des­truc­ti­vas, la indus­tria de la matan­za huma­na, apa­re­cen como la fuer­za últi­ma que garan­ti­za la super­vi­ven­cia del capi­tal median­te ganan­cias extra­or­di­na­rias que se obtie­nen des­tru­yen­do y recons­tru­yen­do. En ese deve­nir la dia­léc­ti­ca entre gue­rra social y gue­rra con­ven­cio­nal actúa a pleno ren­di­mien­to pre­ci­sa­men­te por las espe­ci­fi­ci­da­des de cada una den­tro de la tota­li­dad de la lucha de cla­ses como ver­da­de­ro motor de la historia.

Ha habi­do más de dos gue­rras mun­dia­les, e infi­ni­dad de con­flic­tos socia­les y gue­rras con­ven­cio­na­les meno­res, loca­les, regio­na­les… para salir de res­pec­ti­vas cri­sis según los intere­ses en pug­na. Las gue­rras son la for­ma más direc­ta de rom­per los nudos gor­dia­nos de la his­to­ria, cuan­do otras han fra­ca­sa­do. Todas las cri­sis gené­ti­co-estruc­tu­ra­les o sis­té­mi­cas se han resuel­to con espi­ra­les de vio­len­cias algu­nas de las cua­les, las vita­les para la ley gene­ral de la acu­mu­la­ción de capi­tal, han ter­mi­na­do en gue­rras mun­dia­les según lo que en su con­tex­to la ley del valor enten­día como «mun­do». Por esto el mar­xis­mo sos­tie­ne con abso­lu­ta razón his­tó­ri­ca que la vio­len­cia es la par­te­ra de la socie­dad nue­va. Por esto el paci­fis­mo a ultran­za es una abe­rra­ción ética.

En con­tra de lo que se cree super­fi­cial­men­te la esen­cia de la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis con­sis­te en el pro­ble­ma del poder, en su esen­cia polí­ti­ca: la cri­sis como posi­bi­li­dad revo­lu­cio­na­ria, den­tro de la dia­léc­ti­ca entre lo posi­ble, lo pro­ba­ble, lo nece­sa­rio y lo ineluc­ta­ble. Todas las cri­sis par­cia­les, secun­da­rias, meno­res, sub­cri­sis, etc., todas nos seña­lan por deba­jo de la pala­bre­ría al uso hacia la cues­tión del poder, del Esta­do y de la propiedad.

La acción huma­na, la lucha de cla­ses, es deci­si­va en la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis que Lenin enun­cia median­te tres con­di­cio­nes: la bur­gue­sía no pue­de man­te­ner su domi­nio polí­ti­co; la cri­sis socio­eco­nó­mi­ca hun­de la pro­le­ta­ria­do y al pue­blo tra­ba­ja­dor en la mise­ria insu­fri­ble; y la lucha de cla­ses des­bor­da todos los sis­te­mas socio­po­lí­ti­cos, repre­si­vos e ideo­ló­gi­cos que le alie­nan, ame­dren­tan e inti­mi­dan vol­vién­do­la pasi­va o cola­bo­ra­cio­nis­ta. Así se resu­me la com­ple­ji­dad del pen­sa­mien­to de Lenin al res­pec­to: «Cuan­do los de aba­jo no quie­ren y los de arri­ba no pue­den». Para­fra­sean­do al Mani­fies­to comu­nis­ta: la cri­sis de poder esta­lla cuan­do el bru­jo bur­gués que no pue­de dome­ñar las fuer­zas que ha des­en­ca­de­na­do con sus con­ju­ros, el decir, el espec­tro del comu­nis­mo, y recu­rre a la vio­len­cia más inhu­ma­na para que res­ta­ble­cer el orden y la ganancia.

Este pro­ce­so pue­de ser des­trui­do, estan­ca­do, ralen­ti­za­do o des­via­do por­que se tra­ta de lucha de cla­ses y de libe­ra­ción nacio­nal en con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas cam­bian­tes. La con­tin­gen­cia y el azar tam­bién actúan a favor o en con­tra de la liber­tad huma­na. Son difí­ci­les de pre­ver por­que deam­bu­la­mos a cie­gas en un desér­ti­co pára­mo inte­lec­tual bajo repre­sio­nes cre­cien­tes, en un cli­ma pútri­do de irra­cio­na­li­dad y sub­yu­ga­dos por los can­tos de sire­na de reformismo.

Así es lo que le suce­dió a la inte­lec­tua­li­dad bur­gue­sa cuan­do esta­lló la ter­ce­ra Gran Depre­sión en 2007, que venía pre­ce­di­da por una lar­ga lis­ta de cri­sis diver­sas y meno­res al menos des­de media­dos de la déca­da de 1990 y sobre todo des­de 2001. Es muy comen­ta­da la pre­gun­ta-repro­che que la rei­na bri­tá­ni­ca hizo a sus con­se­je­ros en 2008: «¿Por qué no la vis­teis venir?». En reali­dad, la bur­gue­sía tam­po­co vio lle­gar la cri­sis de 1929 y la de 1873 no solo en su ver­sión estric­ta­men­te eco­nó­mi­ca sino en su esen­cia de cri­sis de poder, por eso tuvo que reac­cio­nar tan sal­va­je­men­te en todas ellas.

Blas Infan­te esta­ba libre de la impo­ten­cia bur­gue­sa para pre­ver la cri­sis, y por eso plan­teó que era lle­ga­do el momen­to de luchar con­tra la «quie­bra» al decir que «Es la hora». Asu­mien­do con los hecho ese leni­nis­mo que admi­ra­ba a pesar de las crí­ti­cas pun­tua­les que le hacía «por los pasos vaci­lan­tes» (p. 49) a la hora de aca­bar con la pro­pie­dad de la tie­rra, el nota­rio era fer­vien­te impul­sor de la colec­ti­vi­za­ción inme­dia­ta (p. 50) y de otras medi­das ten­den­tes a la rápi­da con­cien­cia­ción revo­lu­cio­na­ria de las cla­ses explo­ta­das, lo cual no fue obs­tácu­lo sino incen­ti­vo para acep­tar a la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal (p. 59) decla­ran­do que «soy par­ti­da­rio de los pro­ce­di­mien­tos de ruda cruel­dad con­tra los caci­ques» (p. 60): «La revo­lu­ción pro­le­ta­ria y su fór­mu­la, la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, en pla­zo más o menos lejano, pero siem­pre bre­ve, den­tro de la mag­ni­tud de los tér­mi­nos secu­la­res de la his­to­ria, lle­ga­rá a domi­nar el mun­do» (p. 36).

Debe­mos pre­gun­tar­nos sobre cómo se hubie­ra desa­rro­lla­do tan­to el for­ta­le­ci­mien­to de la orga­ni­za­ción del pue­blo tra­ba­ja­dor anda­luz antes de 1936 como duran­te los meses de resis­ten­cia anda­lu­za a la con­tra­rre­vo­lu­ción, si se hubie­ran asi­mi­la­do las tesis de Blas Infan­te. Aquí lle­ga­mos al «pro­ble­ma espa­ñol» tal como se pre­sen­ta­ba enton­ces, un pro­ble­ma que los polí­ti­cos esta­ta­les ni quie­ren ni pue­den resol­ver por­que el polí­ti­co espa­ñol es: «un ani­mal incons­cien­te y ladrón que roba y piso­tea al pue­blo des­ga­rrán­do­le con uñas rapa­ces, sin otros méto­dos peda­gó­gi­cos y edu­ca­do­res que el libro del Códi­go Penal y el arma de la Guar­dia Civil» (p. 58). El nota­rio advir­tió que «los pode­res de Madrid no harán nada por noso­tros. Anda­lu­cía habrá de resol­ver, por sí mis­ma, sus tre­men­dos pro­ble­mas. Por esto, si en nues­tra mano estu­vie­ra la fuer­za, esta­ría tam­bién la liber­tad, a la orden de Anda­lu­cía» (p. 82).

El Esta­do espa­ñol, una «dic­ta­du­ra-medie­val» (p. 83), no esta­ba capa­ci­ta­do para siquie­ra inten­tar una solu­ción refor­mis­ta al dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos que opri­mía, lo que le lle­vó a escri­bir en 1931: «si las Cor­tes Cons­ti­tu­yen­tes no hacen caso de rei­vin­di­ca­cio­nes polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas anda­lu­zas, esta región pro­cla­ma­rá la repú­bli­ca cons­ti­tu­yen­te del Esta­do anda­luz» (p. 87).

Car­los Ríos nos acla­ra que el anda­lu­cis­mo revo­lu­cio­na­rio veía al «Esta­do espa­ñol no como una ins­ti­tu­ción neu­tral, sino como el ins­tru­men­to de la oli­gar­quía para sos­te­ner la opre­sión nacio­nal de Anda­lu­cía. Una opre­sión que, fru­to del pro­ce­so his­tó­ri­co que con­for­mó el país anda­luz, tenía y sigue tenien­do hoy un cla­ro com­po­nen­te de cla­se. Por ello enten­dían su pro­yec­to de libe­ra­ción nacio­nal anda­lu­za ponien­do en el cen­tro la explo­ta­ción del pue­blo tra­ba­ja­dor anda­luz y el pro­ce­so his­tó­ri­co que hizo esta explo­ta­ción posi­ble» (p. 95).

Pero no se tra­ta­ba solo de la ayu­da que el Esta­do espa­ñol –«nación cadá­ver» (p. 79) – . No iba a pres­tar a Anda­lu­cía, lo que sigue sien­do total­men­te cier­to, sino que tam­bién se tra­ta­ba de que Euro­pa tam­po­co iba a ayu­dar al pue­blo anda­luz (p. 69) como ocu­rrió enton­ces y ocu­rre aho­ra. Basán­do­se en esta cer­ti­dum­bre Blas Infan­te denun­ció el frau­de de la Segun­da Repú­bli­ca: había pro­me­ti­do mucho y no cum­plía nada de lo deci­si­vo, y en 1932 ame­na­zó: «Que medi­ten mucho los que tie­nen la obli­ga­ción de poner reme­dio a lo que pue­de ocu­rrir […] defrau­dan­do a la enor­me masa cam­pe­si­na de Anda­lu­cía» (p. 87). Lo medi­ta­ron muy bien y pre­pa­ra­ron la con­tra­rre­vo­lu­ción des­de 1936 has­ta 1978, según la defi­ni­ción bur­gue­sa de tiem­po político.

¿Qué pode­mos apren­der para la situa­ción actual de la visión infan­tia­na de «quie­bra», de cri­sis? Al menos cin­co lec­cio­nes. La pri­me­ra, saber qué cam­bios se han pro­du­ci­do en las leyes ten­den­cia­les y en las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo des­de enton­ces has­ta aho­ra en Anda­lu­cía y en gene­ral. Aho­ra, las «refor­mas demo­crá­ti­cas» impues­tas en 1978 han for­ta­le­ci­do la domi­na­ción nacio­nal anda­lu­za no solo por el Esta­do espa­ñol sino bajo un poder supe­rior, más letal: la OTAN y el impe­ria­lis­mo occi­den­tal diri­gi­do por Esta­dos Uni­dos. La Guar­dia Civil de los años 30 sigue como fuer­za repre­si­va, pero más efi­caz para aten­der a las nece­si­da­des del poder actual, lo mis­mo que el Códi­go Penal de enton­ces, refor­ma­do y reto­ca­do para mejo­rar su esen­cia coer­ci­ti­va. Sien­do esto cier­to, lo deci­si­vo es que la cri­sis actual del capi­ta­lis­mo es cua­li­ta­ti­va­men­te más dañi­na que la de enton­ces, por lo que sus fuer­zas repre­si­vas tam­bién lo son. Por tan­to cobran más valor aún las ideas infan­tia­nas de cohe­ren­cia éti­ca y moral, de rec­ti­tud polí­ti­ca, sus­ten­ta­do­ras de la mili­tan­cia revo­lu­cio­na­ria al esti­lo leni­nis­ta que él siem­pre defen­dió. Debe­mos estu­diar a la luz del pre­sen­te sus refe­ren­cias sobre el «altruis­mo revo­lu­cio­na­rio» (pp. 57 y ss.) y el aná­li­sis que hace Car­los Ríos sobre «sui­ci­dio revo­lu­cio­na­rio» de los Pan­te­ras Negras (pp. 62 – 64).

La segun­da, aho­ra, some­ti­dos al man­da­to dic­ta­to­rial del impe­ria­lis­mo y de la OTAN, y más aún del capi­tal finan­cie­ro-espe­cu­la­ti­vo que sobre­ex­plo­ta, saquea y arrui­na pue­blos, aho­ra el derecho/​necesidad de la inde­pen­den­cia de cla­se es inne­ga­ble. La ocu­pa­ción mili­tar de Anda­lu­cía, sus bases, sus empre­sas, sus diná­mi­cas de sojuz­ga­mien­to social, etc., ade­más de lo vis­to ante­rior­men­te, hacen que la defen­sa del dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción en gene­ral, aun sien­do bási­ca (pp. 65 y ss.), se con­vier­ta en la con­cre­ta nece­si­dad inex­cu­sa­ble de la inde­pen­den­cia socia­lis­ta: «Se pre­ci­sa y es urgen­te la revo­lu­ción, que ven­ga a hacer dis­cu­rrir la evo­lu­ción his­tó­ri­co-social por estos derro­te­ros» (p. 111).

La ter­ce­ra, Blas Infan­te estu­dió con rigor los avan­ces de la revo­lu­ción bol­che­vi­que y cri­ti­có aque­llo que le pare­cía limi­ta­do, erró­neo y peli­gro­so para el futu­ro. Enton­ces eran muy limi­ta­das las expe­rien­cias his­tó­ri­cas de tran­si­ción al socia­lis­mo, sobre todo en las nacio­nes opri­mi­das. En el poco más de un siglo trans­cu­rri­do des­de enton­ces, la pra­xis de tran­si­ción al comu­nis­mo se ha enri­que­ci­do teó­ri­ca­men­te inclu­so a pesar de las derro­tas sufri­das. Pero todas las lec­cio­nes coin­ci­den en la exi­gen­cia infan­tia­na de avan­zar en la colec­ti­vi­za­ción de las fuer­zas pro­duc­ti­vas rea­li­za­da por el pue­blo tra­ba­ja­dor auto­or­ga­ni­za­do en movi­mien­tos, clu­bes, asam­bleas, círcu­los, etc., que Blas Infan­te impul­sa­ba miran­do al futu­ro, que exten­die­ran la nece­si­dad del tra­ba­jo cons­cien­te para aumen­tar la feli­ci­dad huma­na, no el tra­ba­jo explo­ta­dor, alie­na­dor, que enri­que­ce a una mino­ría. Como nos dice Car­los Ríos: «En la Anda­lu­cía libre por la que lucha­ba el de Casa­res, el tra­ba­jo sería una obli­ga­ción para toda la pobla­ción y no habría una mino­ría que vivie­se del tra­ba­jo de los demás» (p. 108).

No debe­mos enten­der la obli­ga­ción de tra­ba­jar en el sen­ti­do bur­gués de coac­ción impues­ta, sino en el sen­ti­do de cons­cien­te nece­si­dad que se ejer­ci­ta y se sus­ten­ta en las cin­co medi­das orga­ni­za­ti­vas que Blas pro­po­ne: el muni­ci­pio como uni­dad demo­crá­ti­ca, elec­ción y des­ti­tu­ción popu­lar de los repre­sen­tan­tes, refe­rén­dums popu­la­res, reduc­ción pro­gre­si­va del dere­cho de pro­pie­dad inte­lec­tual y, en sus pala­bras: «Crear un “trust guber­na­men­tal” de “empre­sas socia­les-muni­ci­pa­les”» (pp. 43 – 44).

La cuar­ta, por su pro­pia natu­ra­le­za toda cri­sis gra­ve del capi­tal es a la vez mun­dial según cómo la ley del valor haya ido tri­tu­ran­do la liber­tad huma­na en la medi­da en la que se extien­de por el mun­do tri­tu­ran­do las resis­ten­cias de los pue­blos que se le resis­ten. Infan­te era muy pre­ci­so al res­pec­to: «Noso­tros, por quie­nes Anda­lu­cía afir­ma de nue­vo su con­cien­cia y su genio […], hemos de unir nues­tra voz imper­cep­ti­ble a la de los pue­blos que cla­man» (p.67). El inter­na­cio­na­lis­mo anda­lu­sí fue evo­lu­cio­nan­do al rit­mo de la mun­dia­li­za­ción aban­do­nan­do las refe­ren­cias a «Espa­ña» y a «Ibe­ria» en sus pri­me­ros lemas para que­dar­se con el actual: «Anda­lu­cía por sí, por los pue­blos y por la Huma­ni­dad» (pp. 88 – 90). Aquel inter­na­cio­na­lis­mo es hoy más nece­sa­rio que nun­ca, pero lle­va­do a pro­ble­mas que no exis­tían entonces.

Y la quin­ta, el anda­lu­cis­mo revo­lu­cio­na­rio hacía hin­ca­pié en la éti­ca de la resis­ten­cia y en la nece­si­dad de eje­cu­tar a caci­ques y con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios cuan­do lle­gar el momen­to pero aten­dien­do a cri­te­rios teó­ri­cos, polí­ti­cos y éti­cos que deli­mi­tan el uso de la vio­len­cia jus­ta: «[N]o tem­bla­ría nues­tro pul­so. Cons­cien­tes de lo que sig­ni­fi­ca la dic­ta­du­ra peda­gó­gi­ca, nos com­pla­ce­ría­mos en fir­mar, para defen­der la vida, muchas sen­ten­cia de muer­te» (p. 61). En otros tér­mi­nos, habla­mos del dere­cho y de la jus­ti­cia socia­lis­ta, arma vital con­tra la bar­ba­rie geno­ci­da de la civi­li­za­ción del capi­tal en sí mis­ma y en el pre­sen­te. Recu­pe­rar, des­en­gra­sar, afi­lar y emplear masi­va­men­te esta arma de liber­tad es aho­ra una prio­ri­dad éti­ca y política.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eukal Herria, 24 de abril de 2026

  1. J. Car­los Ríos Mar­tin: Blas Infan­te: Anda­lu­cía y revo­lu­ción, Hojas Mon­fíes, Gra­na­da 2026, p. 78.
  2. Ibid., p. 79.
  3. Ibid., p. 61.
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