Apa­rien­cia y carác­ter de las gue­rras en la nue­va era

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Exis­te un dicho popu­lar: «Los gene­ra­les siem­pre se pre­pa­ran para las gue­rras pasa­das». Esto no sig­ni­fi­ca que los gene­ra­les, o el per­so­nal mili­tar en gene­ral, sean inca­pa­ces de mirar más allá del hori­zon­te y supe­rar la iner­cia. La cues­tión es que, si bien la natu­ra­le­za de la gue­rra como lucha arma­da des­ti­na­da a impo­ner la pro­pia volun­tad al enemi­go ha per­ma­ne­ci­do inal­te­ra­da a lo lar­go de la his­to­ria, la natu­ra­le­za y la apa­rien­cia del enfren­ta­mien­to son cam­bian­tes. De hecho, cada gran gue­rra modi­fi­ca su apa­rien­cia, y cada nue­va era alte­ra su carác­ter, para que la siguien­te gue­rra reali­ce sus pro­pios ajustes.

La tran­si­ción de una gue­rra pre­do­mi­nan­te­men­te meca­ni­za­da a una cada vez más digi­tal se está pro­du­cien­do ante nues­tros ojos. La gue­rra sue­le ser la pri­me­ra en uti­li­zar los últi­mos avan­ces cien­tí­fi­cos y tec­no­ló­gi­cos. Las tec­no­lo­gías digi­ta­les en todas sus for­mas, la inte­li­gen­cia arti­fi­cial (IA) con sus bases de datos, la robó­ti­ca, las herra­mien­tas de gue­rra ciber­né­ti­ca y las armas espa­cia­les mol­dea­rán cada vez más el pano­ra­ma béli­co, trans­for­man­do radi­cal­men­te sus tác­ti­cas y estrategias.

La natu­ra­le­za de la gue­rra en nues­tra épo­ca está deter­mi­na­da por el fin de cin­co siglos de domi­nio occi­den­tal y casi cua­ren­ta años de hege­mo­nía glo­bal esta­dou­ni­den­se. Un nue­vo orden mun­dial, a menu­do deno­mi­na­do mul­ti­po­lar, se vis­lum­bra en el hori­zon­te. Inclui­rá a nume­ro­sas poten­cias de diver­sa índo­le, per­te­ne­cien­tes a dife­ren­tes civi­li­za­cio­nes y con dis­tin­tas con­cep­cio­nes del con­cep­to mis­mo de orden.

Cabe recor­dar que la tran­si­ción a un nue­vo orden mun­dial es un perio­do de feroz lucha. En el siglo XX, se libra­ron dos gue­rras mun­dia­les por este moti­vo. Una ter­ce­ra no se pro­du­jo debi­do a que ambos adver­sa­rios prin­ci­pa­les poseían armas nuclea­res. Ambas par­tes reco­no­cie­ron la reali­dad de la des­truc­ción mutua ase­gu­ra­da en caso de un inter­cam­bio nuclear masivo.

Des­de media­dos o fina­les de la déca­da de 2010, el mun­do ha entra­do en una nue­va era de tran­si­ción. Esto es un aná­lo­go la gue­rra en nues­tra épo­ca está deter­mi­na­da por el fin de cin­co siglos de domi­nio occi­den­tal y casi cua­ren­ta años de hege­mo­nía glo­bal esta­dou­ni­den­se fun­cio­nal de una gue­rra mun­dial. Para evi­tar ana­lo­gías con­fu­sas y con­fu­sio­nes en la nume­ra­ción, con­vie­ne hablar de una nue­va gue­rra mun­dial, con carac­te­rís­ti­cas del siglo XXI.

Esta gue­rra ya está en mar­cha. Se libra abier­ta­men­te en Euro­pa del Este y los mares adya­cen­tes, así como en Orien­te Medio, y median­te ope­ra­cio­nes espe­cia­les en Amé­ri­ca Lati­na. Pero el mayor con­flic­to se está ges­tan­do gra­dual­men­te en Asia Orien­tal y el Pací­fi­co Occi­den­tal. Lo que está en jue­go en una nue­va gue­rra mun­dial es tan impor­tan­te que pro­ba­ble­men­te dura­rá mucho tiem­po, se libra­rá de for­ma deci­si­va y bru­tal y, de una u otra mane­ra, afec­ta­rá al mun­do entero.

Gue­rra digital

Ante nues­tros pro­pios ojos, los con­flic­tos en Ucra­nia y Orien­te Medio están pre­sen­cian­do una tran­si­ción de la gue­rra de pla­ta­for­mas de com­ba­te que carac­te­ri­zó todo el siglo XX a una gue­rra de solu­cio­nes de soft­wa­re. Estos cam­bios fue­ron ana­li­za­dos en pro­fun­di­dad en un artícu­lo recien­te de Yuri Baluevsky y Rus­lan Pukhov.

La nue­va era de los sis­te­mas de infor­ma­ción ha lle­va­do lógi­ca­men­te a la inte­gra­ción de las fun­cio­nes de reco­no­ci­mien­to, adqui­si­ción de obje­ti­vos, desig­na­ción de obje­ti­vos y ata­que —en tiem­po real — , con­vir­tién­do­se en cru­cia­les en el cam­po de bata­lla. El fenó­meno más lla­ma­ti­vo en este sen­ti­do ha sido la lla­ma­da revo­lu­ción de los dro­nes, que ha trans­for­ma­do radi­cal­men­te las for­mas de guerra.

Así, la apa­ri­ción de una amplia zona de des­truc­ción total —de 20 a 30 km de la línea de con­tac­to— don­de cual­quier equi­po e inclu­so un sol­da­do indi­vi­dual pue­den ser des­trui­dos con segu­ri­dad por dro­nes FPV, anu­la el prin­ci­pio tác­ti­co más impor­tan­te: con­cen­trar las fuer­zas para ata­car al enemi­go con el obje­ti­vo de rom­per el frente.

En cam­bio, la regla se con­vier­te en la dis­per­sión de las fuer­zas; la gue­rra de manio­bras con avan­ces de tan­ques da paso a la infil­tra­ción de peque­ños gru­pos —de dos o tres hom­bres— para obli­gar al enemi­go a aban­do­nar sus posi­cio­nes. Lo que se deno­mi­na línea de con­tac­to es, en reali­dad, una «zona gris» de com­ba­te, en la que los adver­sa­rios se des­plie­gan en fran­jas inter­ca­la­das (como un pas­tel de capas). Los ase­dios de peque­ñas ciu­da­des for­ti­fi­ca­das en tales con­di­cio­nes se pro­lon­gan duran­te meses.

Enjam­bres de dro­nes con un alcan­ce de has­ta 100 – 300 km trans­for­man la reta­guar­dia de los ban­dos enfren­ta­dos en una zona de peli­gro cons­tan­te. La casi total trans­pa­ren­cia del tea­tro de ope­ra­cio­nes, limi­ta­da úni­ca­men­te por las con­di­cio­nes meteo­ro­ló­gi­cas, hace prác­ti­ca­men­te impo­si­ble la apli­ca­ción de otro prin­ci­pio tác­ti­co cru­cial: la sor­pre­sa. La famo­sa «nie­bla de gue­rra» prác­ti­ca­men­te ha des­apa­re­ci­do, sal­vo en casos de nie­bla meteo­ro­ló­gi­ca real, que ocul­ta los movi­mien­tos de las tro­pas al ojo omni­pre­sen­te de los drones.

Los vehícu­los aéreos no tri­pu­la­dos, con un alcan­ce de cien­tos e inclu­so miles de kiló­me­tros, per­mi­ten ata­car obje­ti­vos situa­dos en lo pro­fun­do del terri­to­rio enemi­go, que antes solo podían ser alcan­za­dos por misi­les de lar­go alcan­ce. Los UAV ucra­nia­nos vue­lan a obje­ti­vos tan leja­nos como los Ura­les; los ira­níes, has­ta Chipre.

Gra­cias a la enor­me mejo­ra en la pre­ci­sión de los ata­ques, aho­ra es posi­ble uti­li­zar dro­nes para resol­ver pro­ble­mas no solo a nivel tác­ti­co, sino tam­bién ope­ra­ti­vo e inclu­so estratégico.

Como resul­ta­do de esta revo­lu­ción, el papel de las pla­ta­for­mas de com­ba­te tra­di­cio­na­les se ha deva­lua­do o modi­fi­ca­do sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te. Los tan­ques, dise­ña­dos para la pene­tra­ción en pri­me­ra línea y el fue­go direc­to, han que­da­do obso­le­tos y aho­ra se uti­li­zan como arti­lle­ría auto­pro­pul­sa­da. Ade­más, se han con­ver­ti­do en obje­ti­vos para ata­ques des­de posi­cio­nes situa­das a gran dis­tan­cia. La arti­lle­ría, espe­cial­men­te la que uti­li­za muni­cio­nes guia­das de pre­ci­sión, sigue en ser­vi­cio, pero en tér­mi­nos de ren­ta­bi­li­dad, es sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te infe­rior a los drones.

En lugar del com­ba­te aéreo, los sis­te­mas de defen­sa aérea com­pi­ten con misi­les balís­ti­cos y de cru­ce­ro; los buques de gue­rra son ata­ca­dos por embar­ca­cio­nes no tri­pu­la­das: dro­nes nava­les. En estas con­di­cio­nes, la impor­tan­cia de la gue­rra elec­tró­ni­ca (EW), las comu­ni­ca­cio­nes espa­cia­les y los sis­te­mas de reco­no­ci­mien­to ha aumen­ta­do drásticamente.

Regio­na­li­za­ción de los con­flic­tos locales

En la situa­ción actual, los lími­tes reales del tea­tro de ope­ra­cio­nes mili­ta­res (TOO) son prác­ti­ca­men­te inexis­ten­tes. En el con­flic­to ucra­niano, ade­más del tea­tro de ope­ra­cio­nes prin­ci­pal, se lle­van a cabo ata­ques en terri­to­rio ucra­niano y en las regio­nes del fren­te ruso. Obje­ti­vos en la reta­guar­dia rusa tam­bién se encuen­tran bajo ame­na­za. Para ello, el enemi­go uti­li­za, entre otras cosas, el espa­cio aéreo de sus alia­dos: los Esta­dos bál­ti­cos y Fin­lan­dia. En nues­tra reta­guar­dia, el enemi­go rea­li­za actos de sabo­ta­je y terro­ris­mo, y en las aguas de los mares Bál­ti­co, Negro y Medi­te­rrá­neo, sabo­ta­je con­tra gaso­duc­tos, ata­ques pira­tas y el secues­tro, e inclu­so el bom­bar­deo, de buques mercantes.

Resul­ta par­ti­cu­lar­men­te reve­la­do­ra en este sen­ti­do la ope­ra­ción «Tela­ra­ña»: los ata­ques con dro­nes ucra­nia­nos con­tra aeró­dro­mos rusos en 2025, lle­va­dos a cabo den­tro de nues­tro país por orden exter­na. De mane­ra simi­lar, ese mis­mo año, los israe­líes ata­ca­ron obje­ti­vos ira­níes duran­te la gue­rra de los Doce Días. La gue­rra en el ciber­es­pa­cio es silen­cio­sa pero cons­tan­te. En este con­tex­to, aumen­ta el ries­go de que la gue­rra en Ucra­nia se con­vier­ta en un con­flic­to regio­nal entre los paí­ses de la OTAN y Rusia.

La esca­la­da de un con­flic­to local a nivel regio­nal ya es una reali­dad en Orien­te Medio. La gue­rra, ini­cial­men­te limi­ta­da a Israel y los paí­ses veci­nos (Líbano, Siria y la Fran­ja de Gaza), se exten­dió entre 2024 y 2026 a Irán, Yemen, los Esta­dos del Gol­fo Pér­si­co, Irak, Jor­da­nia, Tur­quía, Chi­pre, el gol­fo Pér­si­co y los mares Rojo y Ará­bi­go. Un sub­ma­rino esta­dou­ni­den­se hun­dió una fra­ga­ta ira­ní a 3200 kiló­me­tros de la cos­ta de Irán, fren­te a las cos­tas de Sri Lanka.

En res­pues­ta a la agre­sión esta­dou­ni­den­se e israe­lí, Irán cerró el estre­cho de Ormuz por pri­me­ra vez en la his­to­ria. Otro estre­cho cru­cial para el comer­cio mun­dial, el estre­cho de Bab el-Man­deb, se encuen­tra bajo la ame­na­za de ser blo­quea­do por los alia­dos de Irán en Yemen. Irán lan­zó misi­les con­tra la base esta­dou­ni­den­se de Die­go Gar­cía, a 4000 kiló­me­tros del terri­to­rio iraní.

Es impor­tan­te des­ta­car que, a pesar de sus exten­sos sis­te­mas de defen­sa aérea y anti­mi­si­les, por pri­me­ra vez, prác­ti­ca­men­te todo Israel, que había esta­do pro­te­gi­do y defen­di­do de mane­ra con­fia­ble por estos sis­te­mas en gue­rras ante­rio­res, fue obje­to de ata­ques con misi­les y dro­nes. En efec­to, en 2026, una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de Orien­te Medio se ha vis­to invo­lu­cra­da en una gue­rra regio­nal en la que Israel y Esta­dos Uni­dos luchan con­tra Irán y sus aliados.

Es inne­ga­ble que la revo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca ha trans­for­ma­do radi­cal­men­te la gue­rra. Gra­cias al aumen­to de las capa­ci­da­des de reco­no­ci­mien­to y a la mejo­ra de la muni­ción, la pre­ci­sión en la des­truc­ción de obje­ti­vos ha aumen­ta­do drás­ti­ca­men­te, y la dis­tan­cia de estos al fren­te ha deja­do de ser un fac­tor deter­mi­nan­te. El tea­tro de ope­ra­cio­nes mili­ta­res se ha expan­di­do prác­ti­ca­men­te sin lími­tes, abar­can­do todo el terri­to­rio enemi­go y todos los obje­ti­vos poten­cia­les más allá de dicho territorio.

Un nue­vo fac­tor es la trans­fe­ren­cia de las deci­sio­nes de selec­ción de obje­ti­vos a la inte­li­gen­cia arti­fi­cial, y la eje­cu­ción de estas deci­sio­nes por par­te de sis­te­mas de com­ba­te autó­no­mos capa­ces de ata­car al enemi­go sin inter­ven­ción humana.

A pesar de estos cam­bios, muchos ele­men­tos de la gue­rra tra­di­cio­nal han con­ser­va­do su impor­tan­cia. Las gue­rras no se han con­ver­ti­do en bata­llas infor­má­ti­cas: ejér­ci­tos de cien­tos de miles de hom­bres se enfren­tan en ambos lados del fren­te; tam­bién se pro­du­cen due­los reales en las trin­che­ras con armas blan­cas. Tam­po­co se han con­ver­ti­do en com­pe­ti­cio­nes incruen­tas de capa­ci­da­des téc­ni­cas: las pér­di­das huma­nas se cuen­tan por dece­nas y cien­tos de miles de vidas.

La dis­tin­ción fun­da­men­tal entre el fren­te y la reta­guar­dia, aun­que sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te ate­nua­da, no ha des­apa­re­ci­do por com­ple­to; «gue­rra» y «paz» han apren­di­do a coexis­tir. Final­men­te, no todos los con­flic­tos mili­ta­res son efí­me­ros, como las ope­ra­cio­nes esta­dou­ni­den­ses con­tra Irak —Tor­men­ta del desier­to (1991) y Con­mo­ción y pavor (2003) — , así como la cam­pa­ña aérea de la OTAN con­tra Yugos­la­via (1999) o la gue­rra de los Cin­co Días de Rusia para for­zar la paz en Geor­gia (2008). El con­flic­to ucra­niano revis­te espe­cial impor­tan­cia en este sentido.

Gue­rra de desgaste

Tras una bre­ve fase de manio­bras al comien­zo del con­flic­to, la gue­rra en Ucra­nia se ha con­ver­ti­do en una gue­rra de des­gas­te. Las ofen­si­vas a gran esca­la han des­apa­re­ci­do hace tiem­po. El méto­do prin­ci­pal de con­duc­ción de las ope­ra­cio­nes mili­ta­res, en lugar de las ope­ra­cio­nes a gran esca­la en el fren­te, se ha con­ver­ti­do en una pre­sión cons­tan­te y de des­gas­te a lo lar­go de las líneas de con­tac­to y, cada vez más, en la retaguardia.

El obje­ti­vo prin­ci­pal del ejér­ci­to ruso no es tan­to tomar terri­to­rio (aun­que des­de 2024 las tro­pas rusas han man­te­ni­do la ini­cia­ti­va y avan­zan gra­dual­men­te), sino for­zar el colap­so del enemi­go des­tru­yen­do o inu­ti­li­zan­do su infra­es­truc­tu­ra de doble uso: ener­gía, rutas de trans­por­te, ins­ta­la­cio­nes mili­ta­res e indus­tria­les, sis­te­mas de sumi­nis­tro, cen­tros de man­do, etc.

El enemi­go tam­bién se adhie­re a una estra­te­gia de des­gas­te, bus­can­do ini­cial­men­te «infli­gir una derro­ta estra­té­gi­ca a Rusia» soca­van­do su eco­no­mía y finan­zas, para lue­go pasar a una estra­te­gia que impi­da la vic­to­ria mili­tar rusa. Des­de 2014, Occi­den­te en su con­jun­to ha impues­to una pre­sión sin pre­ce­den­tes median­te san­cio­nes con­tra Rusia, lo que ha resul­ta­do en la adop­ción de más de 30.000 res­tric­cio­nes al comer­cio y otras for­mas de inter­ac­ción con nues­tro país. La mitad de las reser­vas de divi­sas rusas depo­si­ta­das en juris­dic­cio­nes occi­den­ta­les han sido con­fis­ca­das. En una eco­no­mía glo­ba­li­za­da, las san­cio­nes cons­ti­tu­yen una gue­rra eco­nó­mi­ca de desgaste.

En la gue­rra de des­gas­te, se da prio­ri­dad al sec­tor energético.

Duran­te la «gue­rra de infra­es­truc­tu­ras», los adver­sa­rios de Rusia dina­mi­ta­ron el gaso­duc­to Nord Stream en el lecho del mar Bál­ti­co en los pri­me­ros meses del con­flic­to ucra­niano. Pos­te­rior­men­te, los ucra­nia­nos dina­mi­ta­ron gaso­duc­tos y oleo­duc­tos terres­tres (inclui­do el oleo­duc­to Druzh­ba) que conec­tan Rusia con paí­ses euro­peos. Según la inte­li­gen­cia rusa, sus pla­nes inclu­yen la des­truc­ción de los gaso­duc­tos Blue Stream y TurkS­tream, que dis­cu­rren por el lecho del mar Negro.

Ni siquie­ra la indus­tria de la ener­gía nuclear es inmu­ne. La cen­tral nuclear de Zapo­ri­yia, con­tro­la­da por tro­pas rusas, sufre bom­bar­deos cons­tan­tes des­de Ucra­nia. Otras cen­tra­les nuclea­res rusas, sobre todo las de Kursk y Smo­lensk, han sido blan­co de ata­ques ucra­nia­nos. Por su par­te, las fuer­zas arma­das rusas han ata­ca­do sub­es­ta­cio­nes que trans­mi­ten ener­gía des­de las cen­tra­les nuclea­res ucra­nia­nas a los con­su­mi­do­res (lo que cau­só daños en terri­to­rio ucra­niano, pero no supu­so ries­go de con­ta­mi­na­ción radiactiva).

Duran­te su gue­rra, Esta­dos Uni­dos e Israel se pro­pu­sie­ron des­truir el pro­gra­ma nuclear ira­ní. Sus ata­ques en 2025 daña­ron la infra­es­truc­tu­ra de varias ins­ta­la­cio­nes nuclea­res ira­níes, pero la cen­tral nuclear de Bushehr no fue ata­ca­da direc­ta­men­te. Los ata­ques con­tra Bushehr con­ti­nua­ron duran­te la gue­rra de 2026, alcan­zan­do las ins­ta­la­cio­nes de la plan­ta. En repre­sa­lia, Tehe­rán ata­có la ciu­dad de Dimo­na, cer­ca del cen­tro nuclear israelí.

Los ata­ques con dro­nes ucra­nia­nos con­tra refi­ne­rías de petró­leo, ter­mi­na­les marí­ti­mas de expor­ta­ción y buques petro­le­ros rusos tenían como obje­ti­vo redu­cir las expor­ta­cio­nes de pro­duc­tos petro­lí­fe­ros y, en con­se­cuen­cia, dis­mi­nuir los ingre­sos del pre­su­pues­to ruso. Para ello, los paí­ses occi­den­ta­les impu­sie­ron topes de pre­cios al petró­leo ruso, san­cio­nes a sus com­pra­do­res y ata­ca­ron buques que trans­por­ta­ban petró­leo y pro­duc­tos deri­va­dos del petró­leo rusos, dete­nién­do­los y arres­tán­do­los ilegalmente.

Duran­te la gue­rra entre Esta­dos Uni­dos e Israel con­tra Irán en 2026, ade­más del cie­rre del estre­cho de Ormuz, tam­bién se ata­ca­ron buques petro­le­ros, refi­ne­rías y otras ins­ta­la­cio­nes de infra­es­truc­tu­ra ener­gé­ti­ca y de com­bus­ti­ble en Irán y los Esta­dos del gol­fo Pér­si­co. En el mar Rojo, los hutíes yeme­níes, alia­dos de Irán, ame­na­za­ron con ata­car buques vin­cu­la­dos a Esta­dos Uni­dos e Israel, lo que hizo que la nave­ga­ción por el estre­cho de Bab el-Man­deb fue­ra inse­gu­ra. La gue­rra de infra­es­truc­tu­ras en Orien­te Medio tam­bién se ha exten­di­do a los acti­vos digi­ta­les: los cen­tros de datos. Irán ha ata­ca­do dichos cen­tros en Bah­réin y otros Esta­dos del Golfo.

En la gue­rra asi­mé­tri­ca entre Esta­dos Unidos/​Israel e Irán, Tehe­rán tam­bién recu­rre abier­ta­men­te a la gue­rra eco­nó­mi­ca. El cie­rre del estre­cho de Ormuz y los ata­ques a ins­ta­la­cio­nes ener­gé­ti­cas en paí­ses del gol­fo Pér­si­co que alber­gan bases mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses son algu­nas de las accio­nes ira­níes que bus­can gene­rar difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas para Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos, con el fin de obli­gar­los a poner fin a la gue­rra y aban­do­nar Irán.

Esta­dos Uni­dos tam­bién libra gue­rras de des­gas­te en Amé­ri­ca Lati­na. Washing­ton impu­so un blo­queo a Cuba a prin­ci­pios de la déca­da de 1960, tras la revo­lu­ción en la isla, pero en 2026, este blo­queo se exten­dió a las impor­ta­cio­nes de petró­leo cubano pro­ce­den­tes de ter­ce­ros países.

De hecho, Esta­dos Uni­dos pri­vó a Cuba de com­bus­ti­ble y elec­tri­ci­dad. El obje­ti­vo de estas accio­nes esta­dou­ni­den­ses fue decla­ra­do per­so­nal­men­te por el pre­si­den­te Donald Trump: cam­biar el rum­bo polí­ti­co y, por con­si­guien­te, el régi­men polí­ti­co en La Haba­na hacia uno proes­ta­dou­ni­den­se. Mien­tras Washing­ton cor­ta­ba las impor­ta­cio­nes de petró­leo de Cuba, los esta­dou­ni­den­ses blo­quea­ron de hecho las expor­ta­cio­nes de petró­leo de Vene­zue­la bajo el man­da­to del pre­si­den­te Nico­lás Madu­ro, con el mis­mo obje­ti­vo de cam­biar el rum­bo polí­ti­co de ese país.

Así, una gue­rra de des­gas­te se está con­vir­tien­do, ante todo, en una prue­ba de la resi­lien­cia de los sis­te­mas polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos y de las socie­da­des de los Esta­dos en con­flic­to. Rusia e Irán están superan­do esta prue­ba; Vene­zue­la pare­ce haber­se ren­di­do; Cuba resis­te por aho­ra. Chi­na, pre­su­mi­ble­men­te, está sacan­do sus pro­pias con­clu­sio­nes de la situa­ción actual.

Gue­rra de ani­qui­la­ción: masi­va e individualizada

Sin embar­go, no todas las gue­rras moder­nas son gue­rras de des­gas­te. La res­pues­ta de Israel al masi­vo ata­que terro­ris­ta per­pe­tra­do por mili­tan­tes de Hamas con­tra civi­les israe­líes en octu­bre de 2023 tuvo como obje­ti­vo eli­mi­nar por com­ple­to la ame­na­za que repre­sen­ta­ba esta orga­ni­za­ción. Como resul­ta­do de los bom­bar­deos israe­líes entre 2023 y 2025, más de 70.000 pales­ti­nos murie­ron en la Fran­ja de Gaza. Muchos con­si­de­ran esto un geno­ci­dio. Duran­te los cua­ren­ta días de agre­sión esta­dou­ni­den­se-israe­lí con­tra Irán en 2026, más de 3500 ciu­da­da­nos ira­níes per­die­ron la vida.

La polí­ti­ca israe­lí se carac­te­ri­za aún más por accio­nes diri­gi­das a eli­mi­nar a indi­vi­duos espe­cí­fi­cos, gene­ral­men­te figu­ras polí­ti­cas y mili­ta­res. Des­de 2023, los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia israe­líes han ase­si­na­do a nume­ro­sos líde­res de Hez­bo­llah en Líbano y a altos car­gos de Hamas, tan­to en la Fran­ja de Gaza como en otros luga­res, inclu­yen­do Teherán.

Varios ase­so­res mili­ta­res ira­níes de alto ran­go fue­ron ase­si­na­dos por las fuer­zas israe­líes en Siria. Al comien­zo de la gue­rra de doce días con­tra Irán en 2025, agen­tes israe­líes ase­si­na­ron a dece­nas de altos fun­cio­na­rios guber­na­men­ta­les y mili­ta­res ira­níes, así como a des­ta­ca­dos físi­cos nuclea­res. El pre­si­den­te ira­ní figu­ra­ba entre los obje­ti­vos previstos.

Al ini­cio de la gue­rra con­tra Irán en 2026, los israe­líes, con la ayu­da de Esta­dos Uni­dos, ase­si­na­ron a 49 líde­res de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca, inclui­do su líder supre­mo, el aya­to­lá Ali Jame­nei. Este fue un ata­que his­tó­ri­co, diri­gi­do no con­tra un líder depues­to (como la eje­cu­ción de Sad­dam Hus­sein en Irak o la masa­cre de Mua­mar Gada­fi en Libia) ni con­tra líde­res de orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas como Bin Laden, sino con­tra el líder supre­mo reco­no­ci­do de un Esta­do miem­bro de la ONU. Este ata­que se pro­du­jo menos de dos meses des­pués de que los esta­dou­ni­den­ses cap­tu­ra­ran por la fuer­za al jefe de Esta­do legí­ti­mo de otro país, el pre­si­den­te vene­zo­lano Nico­lás Maduro.

La ope­ra­ción con­tra Vene­zue­la repli­có, a un nue­vo nivel tec­no­ló­gi­co, la ope­ra­ción de 1990 con­tra el pre­si­den­te pana­me­ño Manuel Norie­ga, quien tam­bién fue cap­tu­ra­do y envia­do a una pri­sión esta­dou­ni­den­se. La tác­ti­ca de ase­si­na­tos indi­vi­dua­les de opo­si­to­res esta­dou­ni­den­ses se per­fec­cio­nó duran­te la «gue­rra con­tra el terro­ris­mo inter­na­cio­nal», lan­za­da por el pre­si­den­te Geor­ge W. Bush tras los aten­ta­dos terro­ris­tas del 11 de sep­tiem­bre de 2001.

El pre­si­den­te Barack Oba­ma emi­tió per­so­nal­men­te nume­ro­sas órde­nes para eli­mi­nar a dichos enemi­gos, gene­ral­men­te median­te el uso de dro­nes. En 2020, Qasem Solei­ma­ni, coman­dan­te del Cuer­po de la Guar­dia Revo­lu­cio­na­ria Islá­mi­ca de Irán (CGRI), fue ase­si­na­do en Irak por orden del pre­si­den­te Donald Trump.

Las tác­ti­cas terro­ris­tas tam­bién están sien­do amplia­men­te uti­li­za­das por los ser­vi­cios espe­cia­les de Kiev duran­te el con­flic­to ucra­niano. Entre 2024 y 2026, inten­ta­ron ase­si­nar a cua­tro gene­ra­les rusos en Mos­cú, que ocu­pa­ban altos car­gos militares.

Agen­tes ucra­nia­nos tam­bién inten­ta­ron aten­tar con­tra la vida de varias figu­ras públi­cas, perio­dis­tas, filó­so­fos y escri­to­res rusos pro­mi­nen­tes. A fina­les de 2025, dro­nes ucra­nia­nos lle­va­ron a cabo un ata­que masi­vo con­tra la resi­den­cia pre­si­den­cial rusa en Val­dai. Hay evi­den­cia de que los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia de la OTAN, prin­ci­pal­men­te el Rei­no Uni­do, estu­vie­ron invo­lu­cra­dos en estos ata­ques ucranianos.

Las accio­nes de Israel, Esta­dos Uni­dos y Ucra­nia (con el apo­yo de sus alia­dos de la Alian­za) van más allá del enfo­que tra­di­cio­nal de la Gue­rra Fría y perío­dos ante­rio­res, cuan­do los líde­res polí­ti­cos y mili­ta­res de los paí­ses adver­sa­rios solían gozar de inmu­ni­dad tácita.

Es sig­ni­fi­ca­ti­vo que en abril de 2022, según el enton­ces pri­mer minis­tro israe­lí Naf­ta­li Ben­nett, el pre­si­den­te ruso Vla­di­mir Putin garan­ti­za­ra la segu­ri­dad del pre­si­den­te ucra­niano duran­te una ope­ra­ción espe­cial rusa. Al mis­mo tiem­po, cabe recor­dar que la eli­mi­na­ción de un líder mili­tar enemi­go en el cam­po de bata­lla siem­pre ha sido un obje­ti­vo desea­ble en la gue­rra, y el ase­si­na­to del líder polí­ti­co del ban­do con­tra­rio se con­si­de­ra­ba una de las vías más rápi­das hacia la vic­to­ria, o al menos para evi­tar la derrota.

Des­de que comen­zó la cri­sis en 2014, las fuer­zas israe­líes y esta­dou­ni­den­ses, así como las fuer­zas ucra­nia­nas, han lle­va­do a cabo ata­ques deli­be­ra­dos con­tra civi­les y objetivos.

Tan­to el ase­si­na­to selec­ti­vo de líde­res enemi­gos como la des­truc­ción masi­va de sus pobla­cio­nes refle­jan la natu­ra­le­za cam­bian­te de la gue­rra en el siglo XXI.

Las gue­rras del siglo XXI son mul­ti­fa­cé­ti­cas y mul­ti­di­men­sio­na­les. Inclu­so en el pasa­do, el cam­po de bata­lla físi­co —el tea­tro de ope­ra­cio­nes— nun­ca fue la úni­ca dimen­sión del con­flic­to mili­tar, pero aho­ra el cre­ci­mien­to cuan­ti­ta­ti­vo de dichas dimen­sio­nes ha adqui­ri­do una nue­va dimen­sión. Eco­no­mía y finan­zas; tec­no­lo­gía y recur­sos; infor­ma­ción y psi­co­lo­gía; ciber­es­pa­cio y espa­cio exte­rior: esta lis­ta dis­ta mucho de ser exhaustiva.

La natu­ra­le­za de la guerra

Los líde­res civi­les y sus ase­so­res tam­bién sue­len pre­pa­rar­se para «gue­rras pasa­das» y se ven sor­pren­di­dos por «acon­te­ci­mien­tos». Esta cru­da reali­dad resul­ta par­ti­cu­lar­men­te impac­tan­te para quie­nes se han con­ven­ci­do de que la paz es inevi­ta­ble y que la disua­sión es abso­lu­ta­men­te fia­ble. Sin embar­go, la gue­rra sigue sien­do una cons­tan­te en la huma­ni­dad. Tras ochen­ta años de paz entre las gran­des poten­cias des­pués del fin de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, ha regre­sa­do una era de gran­des gue­rras. No obs­tan­te, su natu­ra­le­za es sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te dife­ren­te a la de las últi­mas ocho décadas.

La Gue­rra Fría se desa­rro­lló como con­flic­tos loca­les en la peri­fe­ria de la con­fron­ta­ción glo­bal entre super­po­ten­cias. Se libró bajo la ame­na­za de la ani­qui­la­ción nuclear uni­ver­sal. Inme­dia­ta­men­te des­pués del fin de la con­fron­ta­ción bipo­lar, comen­zó un perío­do de apro­xi­ma­da­men­te diez años de con­flic­tos inter­ét­ni­cos den­tro de Esta­dos en desin­te­gra­ción o falli­dos. Estos con­flic­tos estu­vie­ron acom­pa­ña­dos de inter­ven­cio­nes exter­nas y ope­ra­cio­nes de man­te­ni­mien­to de la paz. En este con­tex­to, Esta­dos Uni­dos y la OTAN lle­va­ron a cabo inter­ven­cio­nes mili­ta­res para esta­ble­cer un orden mun­dial cen­tra­do en Esta­dos Uni­dos, prin­ci­pal­men­te en los Bal­ca­nes y Orien­te Medio.

A prin­ci­pios de la déca­da de 2000, tras los aten­ta­dos terro­ris­tas en Nue­va York y Washing­ton, se ini­ció una serie de ope­ra­cio­nes anti­te­rro­ris­tas y con­tra el terro­ris­mo, así como inter­ven­cio­nes en Afga­nis­tán, Irak y Libia, con el obje­ti­vo de reor­ga­ni­zar­los inter­na­men­te según los mode­los occi­den­ta­les. A media­dos de la déca­da de 2010, las con­tra­dic­cio­nes entre las gran­des poten­cias final­men­te salie­ron a la luz. El momen­to uni­po­lar en la his­to­ria mun­dial lle­gó a su fin.

Las gue­rras de nues­tro tiem­po refle­jan la cri­sis del orden mun­dial anglo­cén­tri­co esta­ble­ci­do tras el fin de la Gue­rra Fría y el fin de cin­co siglos de domi­nio glo­bal occi­den­tal. Al pro­vo­car gue­rras (en Ucra­nia) e ini­ciar­las (en Orien­te Medio), Esta­dos Uni­dos, bajo la pre­si­den­cia de Trump, ha lan­za­do una con­tra­ofen­si­va con­tra sus adver­sa­rios (Rusia, Irán) y riva­les (Chi­na, los paí­ses BRICS, la Unión Euro­pea y los Esta­dos ára­bes del Gol­fo Pérsico).

El obje­ti­vo de la admi­nis­tra­ción Trump es impo­ner un nue­vo mode­lo (ili­be­ral) de hege­mo­nía glo­bal uni­la­te­ral por la fuer­za. A dife­ren­cia de la ver­sión ante­rior (glo­ba­lis­ta) de hege­mo­nía, el obje­ti­vo de crear y con­fi­gu­rar un nue­vo orden basa­do en el domi­nio ideo­ló­gi­co y el lide­raz­go polí­ti­co de Esta­dos Uni­dos, así como el esta­ble­ci­mien­to de un con­jun­to de nor­mas corres­pon­dien­te, no pare­ce estar en jue­go. Todo lo con­tra­rio: la supe­rio­ri­dad de la fuer­za no requie­re orden.

En sus gue­rras actua­les, los esta­dou­ni­den­ses no coope­ran con sus alia­dos, sino que los uti­li­zan en el fren­te geo­po­lí­ti­co. Esto se evi­den­cia cla­ra­men­te en los casos de Ucra­nia (Kiev y los miem­bros de la OTAN) y Orien­te Medio (los paí­ses del gol­fo Pér­si­co). Lo mis­mo ocu­rre en Asia (Tai­wán, Fili­pi­nas, Japón, Corea del Sur). La tra­di­cio­nal «pro­tec­ción» de Esta­dos Uni­dos a estos paí­ses está pro­vo­can­do aho­ra enfren­ta­mien­tos con sus prin­ci­pa­les veci­nos y la posi­bi­li­dad de su des­truc­ción o inclu­so aniquilación.

Como es carac­te­rís­ti­co, a dife­ren­cia de la Gue­rra Fría, las par­tes enfren­ta­das —Rusia, Chi­na, Irán y Corea del Nor­te— aún no están dis­pues­tas a for­mar una alian­za mili­tar para dar una res­pues­ta coor­di­na­da a Esta­dos Uni­dos. Mos­cú, Pekín y Tehe­rán están pre­pa­ra­dos para luchar úni­ca­men­te por sus pro­pios intere­ses y no tie­nen inten­ción de inter­fe­rir en las gue­rras de otros países.

Las alian­zas mili­ta­res son esca­sas: Rusia-Bie­lo­rru­sia y Rusia-Corea del Nor­te. India man­tie­ne una pos­tu­ra cla­ra­men­te neu­tral y está desa­rro­llan­do alian­zas estra­té­gi­cas con Esta­dos Uni­dos, Rusia, Fran­cia y otros paí­ses de la UE, el Rei­no Uni­do y Japón. Los paí­ses que par­ti­ci­pan en la Orga­ni­za­ción del Tra­ta­do de Segu­ri­dad Colec­ti­va (OTSC), con la excep­ción de Bie­lo­rru­sia, tam­bién se con­si­de­ran neutrales.

Este artícu­lo habla de gue­rras, pero el esta­do de gue­rra pro­pia­men­te dicho no se ha decla­ra­do des­de hace mucho tiem­po (des­de 1945). Inclu­so las rela­cio­nes diplo­má­ti­cas sue­len man­te­ner­se: las emba­ja­das sim­ple­men­te se eva­cuan de las capi­ta­les enemi­gas. En muchos casos, los gobier­nos ni siquie­ra decla­ran la ley mar­cial, esfor­zán­do­se por man­te­ner la mayor paz posi­ble para la mayo­ría de sus ciudadanos.

Lo par­ti­cu­lar­men­te inquie­tan­te es que las nego­cia­cio­nes diplo­má­ti­cas no solo se lle­van a cabo en para­le­lo con la acción mili­tar, cuya inten­si­dad per­ma­ne­ce inal­te­ra­da, sino que a veces se uti­li­zan (por Washing­ton y Tel Aviv) como tapa­de­ra para nue­vos ata­ques. Mien­tras que duran­te la Gue­rra Fría se creía gene­ral­men­te que un ata­que podía lan­zar­se bajo la cober­tu­ra de ejer­ci­cios mili­ta­res, en las con­di­cio­nes actua­les se están lan­zan­do gue­rras (con Irán, por ejem­plo, en 2025 y 2026) bajo el pre­tex­to de nego­cia­cio­nes de paz.

La gue­rra y la paz coexis­ten en el mis­mo lugar y al mis­mo tiem­po. Ambos ban­dos com­ba­ten y comer­cian simul­tá­nea­men­te. Los oleo­duc­tos y gaso­duc­tos que expor­tan gas des­de Rusia a la UE a tra­vés de Ucra­nia siguie­ron fun­cio­nan­do duran­te mucho tiem­po tras el esta­lli­do de las inten­sas hos­ti­li­da­des. Casi al mis­mo tiem­po, el pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos decla­ró su inten­ción de «bom­bar­dear Irán has­ta redu­cir­lo a la Edad de Pie­dra» y levan­tar las san­cio­nes a las expor­ta­cio­nes de petró­leo ira­ní para miti­gar el impac­to de la gue­rra en el mer­ca­do ener­gé­ti­co mundial.

Algu­nas gue­rras que se están libran­do actual­men­te son asi­mé­tri­cas, o de dos niveles.

En gene­ral, la diná­mi­ca de los cam­bios en el sis­te­ma inter­na­cio­nal indi­ca que el «volu­men de paz» está dis­mi­nu­yen­do, mien­tras que el «cam­po de gue­rra», por el con­tra­rio, se está expandiendo.

Armas nuclea­res

La con­di­cio­na­li­dad del mun­do actual resul­ta cada vez más alar­man­te. A nivel estra­té­gi­co, la disua­sión nuclear se ha debi­li­ta­do gra­ve­men­te. Se están esta­ble­cien­do obje­ti­vos suma­men­te deci­si­vos que habrían sido impen­sa­bles duran­te la Gue­rra Fría. En el caso de una gue­rra indi­rec­ta occi­den­tal con­tra Rusia en Ucra­nia, esto impli­ca­ría infli­gir una derro­ta estra­té­gi­ca a una super­po­ten­cia nuclear en su región más sen­si­ble des­de el pun­to de vis­ta estra­té­gi­co. En el caso de Irán, esto impli­ca­ría no solo la eli­mi­na­ción total de su pro­gra­ma nuclear, sino tam­bién la des­truc­ción de su arse­nal de misi­les balís­ti­cos, un cam­bio de régi­men, la liqui­da­ción de la Repú­bli­ca Islá­mi­ca y el des­mem­bra­mien­to del país.

La razón de este debi­li­ta­mien­to de la disua­sión es la des­apa­ri­ción del temor sal­va­dor que, en la segun­da mitad del siglo XX, «man­tu­vo fría la Gue­rra Fría» y evi­tó así un apo­ca­lip­sis nuclear. Hoy, los líde­res de los Esta­dos euro­peos —des­de los más gran­des (Ale­ma­nia) has­ta los más peque­ños (Esto­nia)— recu­rren a peli­gro­sas pro­vo­ca­cio­nes con­tra Rusia, como si no tuvie­ran pie­dad de su país o de su pue­blo si Mos­cú res­pon­die­ra a tales pro­vo­ca­cio­nes. Esto no es tan­to un deli­rio de cier­tos polí­ti­cos como un signo del sur­gi­mien­to de un «sín­dro­me pos­na­cio­nal». Pue­de des­cri­bir­se con la fra­se «las eli­tes no tie­nen patria».

La reac­ción para­dó­ji­ca de las pobla­cio­nes de los paí­ses euro­peos tam­bién resul­ta intere­san­te. Influen­cia­das por la pro­pa­gan­da de sus gobier­nos y los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción, creen en ame­na­zas inexis­ten­tes (como una inva­sión rusa de los paí­ses de la OTAN), pero al mis­mo tiem­po se nie­gan a reco­no­cer el peli­gro de las medi­das de esca­la­da adop­ta­das por sus pro­pios gobier­nos con­tra Rusia.

Como resul­ta­do, la esta­bi­li­dad estra­té­gi­ca mun­dial se ha vis­to seria­men­te afec­ta­da. Tan solo en 2025, las poten­cias nuclea­res —Esta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña y Fran­cia— se vie­ron envuel­tas en una pro­lon­ga­da gue­rra indi­rec­ta con­tra la Rusia nuclear en Ucra­nia; India y Pakis­tán, tam­bién con armas nuclea­res, se enfren­ta­ron direc­ta­men­te en una bre­ve gue­rra en el sur de Asia; y en Orien­te Medio, Israel y Esta­dos Uni­dos ata­ca­ron a Irán, país con capa­ci­dad nuclear.

Solo dos de las nue­ve poten­cias nuclea­res per­ma­ne­cie­ron en la «zona de paz» con­ven­cio­nal —Chi­na y, en cier­ta medi­da, Corea del Nor­te — , que se encon­tra­ban en un sim­ple pun­to muer­to con Washing­ton. Mien­tras tan­to, Pyong­yang envió tro­pas para ayu­dar al ejér­ci­to ruso a libe­rar la región de Kursk.

Todas las gue­rras men­cio­na­das ante­rior­men­te se libra­ron o se siguen libran­do bajo la ame­na­za de armas nuclea­res. Su uso, a medi­da que dis­mi­nu­ye el temor ini­cial, se vuel­ve más pro­ba­ble. La tesis cla­ve de las déca­das de 1960 a 1980 —que cual­quier uso de armas nuclea­res con­du­ci­ría inevi­ta­ble­men­te a la des­truc­ción garan­ti­za­da de toda la huma­ni­dad— está sien­do reconsiderada.

Una gue­rra nuclear limi­ta­da en un tea­tro de ope­ra­cio­nes mili­ta­res comien­za a pare­cer una opción via­ble, no pla­ga­da de una catás­tro­fe uni­ver­sal. En con­se­cuen­cia, la popu­la­ri­dad de las armas nuclea­res ha aumen­ta­do. Su pose­sión se con­si­de­ra cada vez más la úni­ca garan­tía real con­tra la agre­sión exter­na. Un cla­ro ejem­plo es la com­pa­ra­ción de la polí­ti­ca de Washing­ton hacia una Corea del Nor­te nuclear y un Irán «casi nuclear» (y, más recien­te­men­te, Irak y Libia, con sus pro­gra­mas nucleares).

Esta popu­la­ri­dad se ve refor­za­da por la renun­cia ofi­cial de fac­to de la admi­nis­tra­ción Trump a las garan­tías nuclea­res para sus alia­dos. En Euro­pa, han comen­za­do los deba­tes sobre la «disua­sión exten­di­da» basa­da en las fuer­zas nuclea­res de Fran­cia o, como se dice en Ale­ma­nia, una espe­cie de «poten­cia nuclear europea».

Polo­nia, Sue­cia, Esto­nia, Bél­gi­ca, los Paí­ses Bajos y Gre­cia han mani­fes­ta­do su dis­po­si­ción a alber­gar armas nuclea­res de sus alia­dos en su terri­to­rio. Japón aún no se ha pro­nun­cia­do, pero los exper­tos creen que podría com­ple­tar el desa­rro­llo de sus pro­pias armas nuclea­res en pocas semanas.

En Corea del Sur, que tie­ne el poten­cial de imple­men­tar un pro­gra­ma nuclear y posee capa­ci­da­des de misi­les, se han expre­sa­do opi­nio­nes a un nivel bas­tan­te alto sobre la nece­si­dad de desa­rro­llar su pro­pio arse­nal nuclear, pero por aho­ra, Seúl se ha con­for­ma­do con el acuer­do sobre un meca­nis­mo con­sul­ti­vo sobre armas nuclea­res con Esta­dos Uni­dos. Entre los alia­dos de Washing­ton, la idea de adqui­rir armas nuclea­res es popu­lar en Tai­wán y Ucra­nia, aun­que Chi­na y Rusia están cla­ra­men­te deci­di­das a impe­dir tal desarrollo.

En Asia Occi­den­tal y Meri­dio­nal, ha sur­gi­do una posi­ble alian­za entre una poten­cia regio­nal impor­tan­te y rica (Ara­bia Sau­di­ta) y un vecino Esta­do islá­mi­co con armas nuclea­res (Pakis­tán). Orien­te Medio es una región poten­cial­men­te pro­me­te­do­ra para la pro­li­fe­ra­ción nuclear. Jun­to con Israel, Esta­do con armas nuclea­res des­de fina­les de la déca­da de 1970, Irán no ha aban­do­na­do su pro­gra­ma nuclear a pesar de la pre­sión mili­tar exter­na. Ade­más de Ara­bia Sau­di­ta, Tur­quía tam­bién podría desa­rro­llar ambi­cio­nes nucleares.

De este modo, la no pro­li­fe­ra­ción nuclear —uno de los pila­res que sub­sis­ten del ante­rior orden mun­dial bipo­lar y que que­dó con­sa­gra­do en el Tra­ta­do de No Pro­li­fe­ra­ción Nuclear de 1968— se está con­vir­tien­do en cosa del pasa­do, jun­to con el con­trol estra­té­gi­co de las armas nuclea­res, que ter­mi­nó for­mal­men­te con la expi­ra­ción del Tra­ta­do START ruso-esta­dou­ni­den­se en 2026.

El mun­do mul­ti­po­lar ya se ha con­ver­ti­do en un mun­do nuclear multipolar.

Coa­li­cio­nes

Duran­te la Gue­rra Fría, un posi­ble con­flic­to mili­tar —una «ter­ce­ra gue­rra mun­dial»— se pre­sen­ta­ba como un cho­que entre dos blo­ques opues­tos, lide­ra­dos por Mos­cú y Washing­ton. Tras el fin del enfren­ta­mien­to sovié­ti­co-esta­dou­ni­den­se, el mun­do que­dó con­for­ma­do por una úni­ca coa­li­ción de Esta­dos, enca­be­za­da por Esta­dos Unidos.

La OTAN había dupli­ca­do su núme­ro de miem­bros y lle­va­do a cabo ope­ra­cio­nes en los Bal­ca­nes, Afga­nis­tán y Libia, pero en Irak ope­ra­ba una coa­li­ción infor­mal. El con­flic­to ucra­niano pro­pi­ció ini­cial­men­te la crea­ción de una coa­li­ción infor­mal de unos cin­cuen­ta esta­dos, que se reu­nie­ron en la base aérea esta­dou­ni­den­se de Rams­tein para pla­ni­fi­car y coor­di­nar el apo­yo mili­tar a Kiev.

Por el con­tra­rio, Rusia fra­ca­só en su inten­to de refor­mar su pro­pio blo­que (el Pac­to de Var­so­via), cuyos miem­bros se unie­ron a la OTAN. Ade­más, varias ex repú­bli­cas sovié­ti­cas coope­ran estre­cha­men­te con la OTAN a tra­vés de diver­sas alian­zas. Ucra­nia se ha con­ver­ti­do en un fir­me opo­si­tor a Rusia. Sin embar­go, inclu­so aque­llos Esta­dos que se unie­ron a Rusia en la Orga­ni­za­ción del Tra­ta­do de Segu­ri­dad Colec­ti­va (OTSC) han adop­ta­do en gran medi­da una pos­tu­ra neu­tral res­pec­to al con­flic­to ucraniano.

Un fac­tor nue­vo y ya posi­ti­vo para Rusia, en com­pa­ra­ción con la Gue­rra Fría, es el desa­rro­llo de sus rela­cio­nes con los prin­ci­pa­les paí­ses de Asia, Áfri­ca y Amé­ri­ca Lati­na. Los prin­ci­pa­les socios de Mos­cú entre los paí­ses BRICS y la OCS —prin­ci­pal­men­te Chi­na e India— coope­ran con Rusia, aun­que con mayor cau­te­la, pro­cu­ran­do no per­ju­di­car sus exten­sas y estre­chas rela­cio­nes con Esta­dos Uni­dos y Euro­pa. Bie­lo­rru­sia y Corea del Nor­te se han con­ver­ti­do en los úni­cos alia­dos reales de Rusia en su con­fron­ta­ción con Occidente.

Mien­tras tan­to, los paí­ses de la OTAN están aban­do­nan­do con pesar la ilu­sión de con­tar con asis­ten­cia mili­tar direc­ta garan­ti­za­da por Esta­dos Uni­dos en caso de con­flic­to. Para evi­tar una con­fron­ta­ción mili­tar con Rusia, Esta­dos Uni­dos está trans­fi­rien­do la res­pon­sa­bi­li­dad de la segu­ri­dad de Euro­pa a los paí­ses euro­peos. Washing­ton actúa de mane­ra simi­lar con Chi­na, crean­do coa­li­cio­nes anti­chi­nas en torno a ella.

Las gue­rras de nues­tros días se libran, por tan­to, en cir­cuns­tan­cias de paz for­mal, pero esta paz se está vol­vien­do cada vez más ilu­so­ria y condicional.

Así, en el tea­tro de ope­ra­cio­nes mili­ta­res, Rusia com­ba­te direc­ta­men­te a Ucra­nia, pero en reali­dad la gue­rra es de carác­ter más amplio: entre la coa­li­ción occi­den­tal, por un lado, y Rusia, por el otro. En Orien­te Medio, Israel bus­ca des­truir a Hamas en Gaza, así como al gru­po proira­ní Hez­bo­llah en Líbano y a Ansar Allah en Yemen; sin embar­go, en otro plano, Israel, jun­to con Esta­dos Uni­dos, lan­za ata­ques con­tra Irán. En Asia Orien­tal, aumen­tan las ten­sio­nes mili­ta­res entre Chi­na y Tai­wán, pero esto, de nue­vo, es solo la pri­me­ra línea de un con­flic­to más amplio entre Chi­na, por un lado, y Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos asiá­ti­cos (Japón, Fili­pi­nas y la Repú­bli­ca de Corea), por el otro.

¿Para qué gue­rras debe­ría pre­pa­rar­se Rusia?

Las gue­rras de nues­tro tiem­po refle­jan la cri­sis del orden mun­dial. El sur­gi­mien­to o la res­tau­ra­ción de nue­vos cen­tros de poder a nivel glo­bal o regio­nal pro­vo­ca inevi­ta­ble­men­te inten­tos por par­te de las anti­guas poten­cias hege­mó­ni­cas de fre­nar su ascen­so y for­ta­le­cer su pro­pia posición.

Las ame­na­zas de gue­rra que enfren­ta Rusia son diver­sas, pero su natu­ra­le­za gene­ral en el futu­ro pre­vi­si­ble es cla­ra. Repre­sen­tan una lucha direc­ta o indi­rec­ta con­tra los inten­tos de los paí­ses occi­den­ta­les de debi­li­tar y, de tener éxi­to, des­truir a Rusia.

La posi­bi­li­dad más gra­ve es un enfren­ta­mien­to mili­tar con paí­ses de la OTAN. Esto podría ocu­rrir en el futu­ro en Ucra­nia, la región bál­ti­ca o el Árti­co. Por pri­me­ra vez des­de el fin de la Gran Gue­rra Patria, Euro­pa se está con­vir­tien­do en la prin­ci­pal fuen­te de peli­gro mili­tar y ame­na­zas espe­cí­fi­cas. Si Ucra­nia per­ma­ne­ce como Esta­do inde­pen­dien­te, Kiev podría ins­ti­gar dicha gue­rra y par­ti­ci­par acti­va­men­te en ella.

La ame­na­za de una dis­ten­sión en el pro­lon­ga­do con­flic­to de Trans­nis­tria tam­bién es acu­cian­te. Entre los adver­sa­rios de Rusia podrían figu­rar Ale­ma­nia, Polo­nia, Ingla­te­rra, los paí­ses bál­ti­cos y escan­di­na­vos, Fin­lan­dia y posi­ble­men­te Ruma­nia. Es pro­ba­ble que Esta­dos Uni­dos inten­te man­te­ner­se en un segun­do plano, pero pro­por­cio­na­rá amplia ayu­da y apo­yo a los europeos.

Los adver­sa­rios de Mos­cú tam­bién inten­ta­rán abrir nue­vos fren­tes con­tra Rusia, apro­ve­chan­do las con­tra­dic­cio­nes y ten­sio­nes con sus veci­nos del sur. Los inten­tos occi­den­ta­les de invo­lu­crar a Geor­gia en una gue­rra con­tra Rusia han fra­ca­sa­do debi­do a la fir­me pos­tu­ra de Tiflis, que prio­ri­za los intere­ses nacionales.

Sin embar­go, no se pue­de des­car­tar por com­ple­to una repe­ti­ción del inci­den­te de Saa­kash­vi­li si el gobierno y la polí­ti­ca geor­gia­na cam­bian. Por aho­ra, Arme­nia se ale­ja pací­fi­ca­men­te de Rusia y se acer­ca a Occi­den­te, pero en algún momen­to podrían pro­du­cir­se pro­vo­ca­cio­nes con­tra la base mili­tar rusa en Gyum­ri. Los paí­ses euro­peos, prin­ci­pal­men­te Gran Bre­ta­ña, tam­bién cons­pi­ra­rán con­tra Mos­cú en Azer­bai­yán, Kaza­jis­tán y Asia Central.

Las rela­cio­nes entre Rusia y Tur­quía siguen sien­do bas­tan­te esta­bles, con una cre­cien­te inter­ac­ción y coope­ra­ción, pero los intere­ses de ambos paí­ses coin­ci­den cla­ra­men­te en el Cáu­ca­so, la cuen­ca del Mar Negro y Asia Cen­tral. Si bien un con­flic­to fatal no es inevi­ta­ble, los here­de­ros del Impe­rio Oto­mano requie­ren una aten­ción espe­cial y un tra­to apropiado.

En Asia, exis­te el ries­go de que Rusia se vea invo­lu­cra­da en la esca­la­da del con­flic­to entre Chi­na, por un lado, y Esta­dos Uni­dos y sus alia­dos, por el otro. Polí­ti­ca­men­te, Mos­cú se ali­nea­rá natu­ral­men­te con Pekín; en caso de un posi­ble blo­queo a Chi­na, Rusia le brin­da­rá apo­yo eco­nó­mi­co y téc­ni­co-mili­tar. Al mis­mo tiem­po, Rusia apa­ren­te­men­te no tie­ne moti­vos para par­ti­ci­par direc­ta­men­te en el con­flic­to: Chi­na es una pode­ro­sa poten­cia mili­tar con un cre­cien­te poten­cial nuclear.

La pos­tu­ra de Chi­na sobre el con­flic­to en Ucra­nia podría ser­vir de guía para Rusia. En caso de un con­flic­to en la penín­su­la corea­na, Mos­cú tie­ne la obli­ga­ción de brin­dar apo­yo mili­tar a Pyong­yang. No se des­car­ta la posi­bi­li­dad de un enfren­ta­mien­to direc­to entre Rusia y Japón, pero es poco pro­ba­ble. El mayor peli­gro para Rusia y el mun­do ente­ro sería un con­flic­to mili­tar en Asia Orien­tal que invo­lu­cra­ra a Esta­dos Uni­dos, Chi­na, Japón y las dos Coreas, en el que Rusia tam­bién podría ver­se invo­lu­cra­da, aun­que muchos inten­ta­rían evi­tar un con­flic­to tan catastrófico.

La lucha por un nue­vo orden mun­dial pro­ba­ble­men­te será pro­lon­ga­da. Debe­mos estar pre­pa­ra­dos para una con­fron­ta­ción inten­sa y tec­no­ló­gi­ca­men­te compleja.

La doc­tri­na de la polí­ti­ca exte­rior rusa, que con­ci­be el Esta­do-civi­li­za­ción, pre­su­po­ne lógi­ca­men­te no solo la pro­tec­ción de su país y sus intere­ses, sino tam­bién la sal­va­guar­da de los dere­chos e intere­ses de los ciu­da­da­nos rusos que viven o resi­den fue­ra de la Fede­ra­ción Rusa. Rusia es, asi­mis­mo, la guar­dia­na y garan­te del equi­li­brio geo­po­lí­ti­co en el nor­te y cen­tro de Eurasia.

Por con­si­guien­te, el pode­río mili­tar de nues­tro país no solo garan­ti­za la exis­ten­cia de nues­tro Esta­do, sino que tam­bién cons­ti­tu­ye la pie­dra angu­lar de la esta­bi­li­dad en una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va del con­ti­nen­te más exten­so del mun­do. En el con­tex­to de la cre­cien­te lucha por un nue­vo orden mun­dial, el poten­cial, la posi­ción y la estra­te­gia de nues­tro país pro­ba­ble­men­te serán deci­si­vos para con­fi­gu­rar el futu­ro orden mundial.

Dmitry Tre­nin, pre­si­den­te del Con­se­jo Ruso de Asun­tos Inter­na­cio­na­les, direc­tor aca­dé­mi­co del Ins­ti­tu­to de Eco­no­mía y Estra­te­gia Mili­tar Mun­dial de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Inves­ti­ga­ción Escue­la Supe­rior de Eco­no­mía e inves­ti­ga­dor prin­ci­pal del Ins­ti­tu­to Pri­ma­kov de Eco­no­mía Mun­dial y Rela­cio­nes Inter­na­cio­na­les de la Aca­de­mia Rusa de Ciencias.

3 de mayo de 2026

Fuen­te: https://​obser​va​to​rio​cri​sis​.com/​2​0​2​6​/​0​5​/​0​3​/​a​n​a​l​i​s​t​a​-​d​e​l​-​k​r​e​m​l​i​n​-​l​a​-​n​u​e​v​a​-​g​u​e​r​r​a​-​m​u​n​d​i​a​l​-​c​o​n​-​c​a​r​a​c​t​e​r​i​s​t​i​c​a​s​-​d​e​l​-​s​i​g​l​o​-​x​xi/

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