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Patria obre­ra, patria bur­gue­sa. Un aná­li­sis mar­xis­ta de la cues­tión nacio­nal, entre­vis­ta a Iña­ki Gil de San Vicente

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Entre­vis­ta rea­li­za­da por Daniel Seixo.

Iña­ki, bien­ve­ni­do. Nos gus­ta­ría agra­de­cer tu tiem­po para char­lar sobre este tema que cree­mos tan impor­tan­te. Hoy podre­mos hablar, por acla­ma­ción popu­lar, del dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción en Semen­te de Ven­cer. Te pre­gun­ta­ría direc­ta­men­te ¿tie­nen patria, los obreros?

Con­cre­te­mos tu pre­gun­ta: ¿Es impor­tan­te en estos momen­tos saber si la nación tra­ba­ja­do­ra gale­ga, su pro­le­ta­ria­do, tie­ne patria? No se tra­ta de un deba­te teó­ri­co abs­trac­to sino de una cues­tión direc­ta­men­te polí­ti­ca, es decir, de la teo­ría lle­va­da a la prác­ti­ca que, en últi­ma ins­tan­cia, es la que con­va­li­da, mejo­ra o hun­de esa teo­ría. Es obvio que sí es impor­tan­te que el pue­blo tra­ba­ja­dor sepa que no tie­ne patria, que no pue­de tener­la siem­pre que siga bajo explo­ta­ción capi­ta­lis­ta y bajo la domi­na­ción española.

Pero ¿por qué es nece­sa­ria la «patria socia­lis­ta»? Por­que es inse­pa­ra­ble de un Esta­do socia­lis­ta, que es el úni­co ins­tru­men­to que pue­de garan­ti­zar­le al pue­blo tra­ba­ja­dor que no des­apa­rez­ca como nación gale­ga que­dan­do en sim­ple tro­zo de tie­rra devas­ta­da mate­rial y cul­tu­ral­men­te, que el pue­blo no sea sobre­ex­plo­ta­do por el impe­ria­lis­mo, que pue­da desa­rro­llar­se en liber­tad inter­na­cio­na­lis­ta, que pue­da crear su cul­tu­ra popu­lar y su len­gua nacio­nal ven­cien­do a la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca y a sus medios de alienación,

En este tex­to res­pon­de­re­mos a estas y otras pre­gun­tas par­tien­do del gra­do actual de agu­di­za­ción de las con­tra­dic­cio­nes que pudren al capi­ta­lis­mo, que lle­van al impe­ria­lis­mo a pro­vo­car la gue­rra mun­dial y que, con­tra todo ello, hacen impres­cin­di­bles el socia­lis­mo y la libe­ra­ción nacio­nal de los pue­blos. Lo hare­mos uti­li­zan­do el méto­do mar­xis­ta, par­tien­do de dos tex­tos ini­cia­les en el deve­nir del mar­xis­mo: el pri­me­ro es Los deba­tes sobre la ley acer­ca del robo de leña, de 1842 – 1843, en el que un Marx con 24 años de edad sale en defen­sa del dere­cho con­sue­tu­di­na­rio, del dere­cho de los bie­nes comunales:

Rei­vin­di­ca­mos para la pobre­za el dere­cho con­sue­tu­di­na­rio, un dere­cho con­sue­tu­di­na­rio que no es local sino que per­te­ne­ce a los pobres de todos los paí­ses. Vamos aún más lejos y afir­ma­mos que el dere­cho con­sue­tu­di­na­rio, por su natu­ra­le­za, solo pue­de ser el dere­cho de esa masa infe­rior, des­po­seí­da y ele­men­tal. Lo que se entien­de por las lla­ma­das cos­tum­bres de los pri­vi­le­gia­dos son cos­tum­bres con­tra el dere­cho […] Se ha lle­ga­do real­men­te en un lugar a con­ver­tir un dere­cho con­sue­tu­di­na­rio de los pobres en mono­po­lio de los ricos. Se ha dado la prue­ba con­clu­yen­te de que se pue­de mono­po­li­zar un bien común; […] Esta lógi­ca, que trans­for­ma a los ser­vi­do­res del pro­pie­ta­rio fores­tal en auto­ri­da­des del Esta­do, trans­for­ma a las auto­ri­da­des del Esta­do en ser­vi­do­res del pro­pie­ta­rio fores­tal. La divi­sión del Esta­do, la fun­ción de cada uno de los fun­cio­na­rios admi­nis­tra­ti­vos, todo tie­ne que salir­se de qui­cio para que todo se reba­je a un medio del pro­pie­ta­rio fores­tal y su inte­rés apa­re­ce como el alma que deter­mi­na todo el meca­nis­mo. Todos los órga­nos del Esta­do se trans­for­man en oídos, bra­zos y pier­nas con los que el inte­rés del pro­pie­ta­rio fores­tal oye, espía, cal­cu­la, pro­te­ge, coge y corre.

Vere­mos la impor­tan­cia de esta cita en las res­pues­tas, pero aho­ra nos intere­sa un ade­lan­to. La opre­sión nacio­nal que sufre Gali­za va acom­pa­ña­da del saqueo de su iden­ti­dad y de sus recur­sos para aumen­tar las ganan­cias del blo­que de cla­ses domi­nan­te en el Esta­do espa­ñol, inclui­da en él la bur­gue­sía gale­ga. Cuan­do un joven Marx salió en defen­sa de la pro­pie­dad comu­nal de los bos­ques, ade­lan­ta­ba de algu­na for­ma y sin saber­lo la impre­sio­nan­te movi­li­za­ción vic­to­rio­sa gale­ga con­tra el eco­ci­dio de la trans­na­cio­nal Altri. Apro­xi­ma­da­men­te el 23% de los mon­tes gale­gos se rigen por nor­mas comu­ne­ras que tie­nen varios siglos de exis­ten­cia, y todo indi­ca que lo comu­nal debía ser más exten­so en el pasa­do, liqui­da­do por el avan­ce pri­va­ti­za­dor apo­ya­do por las fuer­zas invasoras.

Y solo habla­mos de los mon­tes y bos­ques por­que los bie­nes comu­nes, vis­tos des­de la teo­ría comu­nis­ta, son la tota­li­dad de la nación en sí mis­ma, inclui­da su len­gua y cul­tu­ra. Lo que Marx venía a decir es que solo el pue­blo es pro­pie­ta­rio colec­ti­vo de sí mis­mo, y en eso con­sis­te la patria socia­lis­ta. Vere­mos cómo lo que pode­mos defi­nir des­de el mar­xis­mo como «dere­cho al robo» de leña pri­va­ti­za­da por la vio­len­cia bur­gue­sa, es en reali­dad «dere­cho a la lucha por la inde­pen­den­cia», es decir, a que el pue­blo se libe­re así mis­mo por cual­quier medio. Sea el pue­blo gale­go o el chino, como veremos.

El segun­do es el Mani­fies­to comu­nis­ta de 1848 que sin­te­ti­za­mos aquí:

La nece­si­dad de encon­trar mer­ca­dos espo­lea a la bur­gue­sía de una pun­ta a otra del pla­ne­ta. Por todas par­tes ani­da, en todas par­tes cons­tru­ye, por doquier esta­ble­ce rela­cio­nes. […] Las vie­jas indus­trias nacio­na­les se vie­nen a tie­rra, arro­lla­das por otras nue­vas, cuya ins­tau­ra­ción es pro­ble­ma vital para todas las nacio­nes civi­li­za­das; por indus­trias que ya no trans­for­man como antes las mate­rias pri­mas del país, sino las traí­das de los cli­mas más leja­nos y cuyos pro­duc­tos encuen­tran sali­da no solo den­tro de las fron­te­ras, sino en todas las par­tes del mun­do. […] Obli­ga a todas las nacio­nes a abra­zar el régi­men de pro­duc­ción de la bur­gue­sía o pere­cer; las obli­ga a implan­tar en su pro­pio seno la lla­ma­da civi­li­za­ción, es decir, a hacer­se bur­gue­sas. Crea un mun­do hecho a su ima­gen y seme­jan­za. […] Por su for­ma, aun­que no por su con­te­ni­do, la lucha del pro­le­ta­ria­do con­tra la bur­gue­sía es pri­me­ra­men­te una lucha nacio­nal. Es natu­ral que el pro­le­ta­ria­do de cada país deba aca­bar en pri­mer lugar con su pro­pia bur­gue­sía. […] Se acu­sa tam­bién a los comu­nis­tas de que­rer abo­lir la patria, la nacio­na­li­dad. Los obre­ros no tie­nen patria. No se les pue­de arre­ba­tar lo que no poseen. Pero, en la medi­da que el pro­le­ta­ria­do debe en pri­mer lugar con­quis­tar el poder polí­ti­co, ele­var­se a la con­di­ción de cla­se nacio­nal, cons­ti­tuir­se en nación, toda­vía es nacio­nal, aun­que de nin­gu­na mane­ra en el sen­ti­do burgués.

En 1848 Marx tenía 30 años y Engels 28, mili­ta­ban en la izquier­da comu­nis­ta y dis­po­nían de infor­ma­ción muy limi­ta­da sobre las bru­ta­li­da­des colo­nia­les a esca­la mun­dial, aun­que, como hemos vis­to, un lus­tro antes Marx ya había expues­to una de las cla­ves de la expan­sión del capi­tal: lo que aho­ra se lla­ma «acu­mu­la­ción por des­po­se­sión». Del mis­mo modo, en 1845, con 27 y 25 años de edad ambos ami­gos, habían escri­to en La ideo­lo­gía ale­ma­na una muy cer­te­ra y valio­sa des­crip­ción his­tó­ri­ca sobre cómo el capi­ta­lis­mo se ha expan­di­do a la par del desa­rro­llo de la opre­sión nacio­nal, el saqueo bru­tal de los bie­nes comu­nes y la explo­ta­ción colonialista.

Es decir, ya enton­ces expli­ca­ban que la opre­sión y saqueo nacio­na­les eran una nece­si­dad cie­ga del capi­ta­lis­mo. Su inten­sa y urgen­te mili­tan­cia les obli­gó a espe­rar has­ta el Mani­fies­to para pro­fun­di­zar en lo escri­to tres años antes, con pala­bras que hemos cita­do arri­ba, pero ten­dre­mos que espe­rar has­ta 1850 y 1853 para que vuel­van a ana­li­zar con deta­lle la cues­tión nacio­nal pre­ci­sa­men­te en las agre­sio­nes con­tra una Chi­na que pade­ció la pri­me­ra gue­rra del opio de 1839 – 1842. ¿Qué tie­nen que ver aque­llas defen­sas a ultran­za de los dere­chos nacio­na­les de Chi­na con el presente?

Más aún ¿por qué en 1900, tal vez en su pri­mer tex­to sobre la opre­sión nacio­nal, Lenin tam­bién salió en defen­sa de Chi­na pro­ba­ble­men­te sin saber que muy poco antes un pre­si­den­te nor­te­ame­ri­cano, William Mckin­ley (1843−1901) había dicho que Esta­dos Uni­dos esta­ba desig­na­do por dios para apo­de­rar­se de Chi­na y Asia? Y segui­mos con pre­gun­tas: ¿qué lógi­ca inter­na conec­ta la pre­gun­ta sobre si exis­te hoy la patria obre­ra gale­ga con la defen­sa mar­xis­ta de la inde­pen­den­cia de Chi­na des­de 1850 has­ta aho­ra pasan­do por 1900? Recor­de­mos que para Chi­na Popu­lar el «siglo de la humi­lla­ción» de 1849 a 1949, fue el siglo de las agre­sio­nes san­gui­na­rias extran­je­ras, cau­san­do cen­te­na­res de millo­nes de muer­tes, saqueos inmen­sos y un empo­bre­ci­mien­to gene­ra­li­za­do. Des­de 1949 con la vic­to­ria de la revo­lu­ción socia­lis­ta, la con­cien­cia nacio­nal chi­na entró en una era nue­va en la que aún no ha entra­do el pue­blo gale­go, aún no ha crea­do una patria socia­lis­ta por­que no ha derro­ta­do ni expul­sa­do al impe­ria­lis­mo de sus tie­rras, recu­pe­ran­do sus fuer­zas productivo-reproductivas.

Pues bien, nos hemos exten­di­do un poco sobre qué hilo rojo conec­ta Gali­za con Chi­na Popu­lar por­que esto con­fir­ma tan­to la impor­tan­cia de la defen­sa de los bie­nes comu­nes como las tesis del Mani­fies­to al res­pec­to, escri­tas mucho antes de que Chi­na con­quis­ta­se su patria socia­lis­ta tras un lar­go siglo de gue­rras de libe­ra­ción. En 1849 el pue­blo tra­ba­ja­dor chino no tenía patria por­que la exis­ten­te, ofi­cial y for­mal­men­te, era de pro­pie­dad del empe­ra­dor, explo­ta­dor y sumi­so al colo­nia­lis­mo y al impe­ria­lis­mo. El pue­blo chino tar­dó un siglo en lograr­lo has­ta que la revo­lu­ción socia­lis­ta impu­so un cam­bio cua­li­ta­ti­vo en el pro­ble­ma de la patria impe­rial, aca­ban­do con ella e ini­cian­do el pro­ce­so de cons­truc­ción de la patria socia­lis­ta chi­na. Para el tema que tra­ta­mos, es fun­da­men­tal saber que el impe­ria­lis­mo no la tole­ra en abso­lu­to y que ya des­de prin­ci­pios del siglo XXI se lan­zó a ani­qui­lar­la e inte­grar sus res­tos en el capi­ta­lis­mo mundial.

Sin entrar al fal­so deba­te sobre si Chi­na Popu­lar es capi­ta­lis­ta o no, que en últi­mo extre­mo bene­fi­cia al impe­ria­lis­mo al des­orien­tar y con­fun­dir al anti­im­pe­ria­lis­mo, vemos que en este como en todos los demás casos, la patria socia­lis­ta es incon­ci­lia­ble con la patria bur­gue­sa. ¿Qué debe­mos apren­der de ese anta­go­nis­mo des­de la reali­dad gale­ga com­pa­ra­da con la chi­na? ¿Qué dife­ren­cias exis­ten entre ambas? ¿Son cua­li­ta­ti­vas, insal­va­bles, por­que no exis­ti­ría cone­xión gené­ti­co-estruc­tu­ral nin­gu­na entre ellas, o es sim­ple­men­te his­tó­ri­co-gené­ti­ca por­que afec­ta solo a las for­mas y rit­mos de dos pro­ce­sos par­ti­cu­la­res de luchas de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se, que no a la esen­cia obje­ti­va, uni­ver­sal, de la revo­lu­ción socia­lis­ta o si se quie­re: no afec­ta a la con­tra­dic­ción incon­ci­lia­ble entre el capi­tal y el tra­ba­jo que es el talón de Aqui­les del modo de pro­duc­ción capitalista.

¿Por qué te detie­nes en estas cues­tio­nes que apa­ren­tan ser insig­ni­fi­can­tes al com­pa­rar las gigan­tes­cas dife­ren­cias entre Gali­za y Chi­na Popular?

Me deten­go en ellas por­que son fun­da­men­ta­les para saber orien­tar­nos en la actual cri­sis del capi­tal, la más gra­ve y pro­lon­ga­da de su his­to­ria, median­te la apli­ca­ción del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co. Pri­me­ro debe­mos refle­xio­nar sobre la vigen­cia del méto­do mar­xis­ta para res­pon­der a esta pre­gun­ta: ¿en qué se basa­ron Marx y Engels para ase­gu­rar que el pro­le­ta­ria­do no tenía patria con­si­de­ran­do la muy limi­ta­da base lógi­ca e his­tó­ri­ca dis­po­ni­ble en 1848? En efec­to, toda­vía enton­ces esta­ba en paña­les la crí­ti­ca mar­xis­ta de la eco­no­mía polí­ti­ca bur­gue­sa, la teo­ría de la alie­na­ción esta­ba apun­ta­da des­de 1844, la de la crí­ti­ca de la socio­lo­gía y del idea­lis­mo his­tó­ri­co des­de 1845, la crí­ti­ca del refor­mis­mo des­de 1847…, el Mani­fies­to sin­te­ti­za todo ello magis­tral­men­te y ese logro tam­bién es debi­do al estu­dio de la lucha con­cre­ta de las nacio­nes por su inde­pen­den­cia. Vamos a cen­trar­nos en esta prác­ti­ca decisiva.

El pro­le­ta­ria­do era una cla­se mino­ri­ta­ria en la Euro­pa de la mitad del siglo XIX y había sido más redu­ci­da aún duran­te la revo­lu­ción de 1830. El cam­pe­si­na­do y el arte­sa­na­do eran las cla­ses tra­ba­ja­do­ras abru­ma­do­ra­men­te mayo­ri­ta­rias en la mayor par­te de Euro­pa. Pero como vere­mos más ade­lan­te, esas cla­ses y pue­blos explo­ta­dos man­te­nían creen­cias utó­pi­cas que engar­za­ban con tra­di­cio­nes sobre­vi­vien­tes en las cul­tu­ras popu­la­res pre capi­ta­lis­tas de modo que, en bas­tan­tes casos, se pue­de hablar del cho­que entre dos o más corrien­tes de mode­los de socie­dad antagónicos.

Se deba­te sobre si alre­de­dor de la gue­rra de los Cien Años entre Fran­cia e Ingla­te­rra (1337−1453) pode­mos vis­lum­brar indi­cios de un nacio­na­lis­mo pro­to­bur­gués, dis­cu­sión que tam­bién se extien­de a las gue­rras socia­les euro­peas de los siglos XIV-XV, de la jac­que­rie has­ta la husi­ta, pasan­do por la de los Irman­di­ños en Gali­za (1467−1469), aun­que sus secue­las se pro­lon­ga­ron algo más. Se dice que las gue­rras de reli­gión inme­dia­ta­men­te pos­te­rio­res ya tenían un sen­ti­mien­to nacio­nal pro­to­bur­gués. La revo­lu­ción husi­ta (1419−1434) en Bohe­mia fue la que más avan­zó del nacio­na­lis­mo pre al pro­to­bur­gués en base a un sin­cre­tis­mo ideo­ló­gi­co en el que las uto­pías libe­ra­do­ras del medie­vo se com­pe­ne­tra­ban con sen­ti­mien­tos lin­güís­ti­co-cul­tu­ra­les del pue­blo tra­ba­ja­dor che­co aplas­ta­do por el poder ale­mán del momento.

Pode­mos extraer lec­cio­nes muy valio­sas sobre el desa­rro­llo del pri­mer nacio­na­lis­mo bajo la influen­cia bur­gue­sa, ya inne­ga­ble a fina­les del siglo XVI, en lo fir­ma­do entre Por­tu­gal y el Esta­do espa­ñol en las Cor­tes de Tomar en 1581. La absor­ción mili­tar de Por­tu­gal por la monar­quía espa­ño­la en 1580 ori­gi­nó una rebe­lión inde­pen­den­tis­ta que con­ta­ba con gran apo­yo popu­lar. Cons­cien­te Feli­pe II de que era nece­sa­rio tran­qui­li­zar al levan­tis­co pue­blo por­tu­gués y de que si no se gana­ba el apo­yo de la bur­gue­sía y de la noble­za, la domi­na­ción espa­ño­la sería muy incier­ta y costosa.

Tras amnis­tiar a los suble­va­dos derro­ta­dos, el rey espa­ñol fir­mó una serie de con­ce­sio­nes en las Cor­tes de Tomar que sin­te­ti­za­mos en estos pun­tos: uso ofi­cial y públi­co de la len­gua por­tu­gue­sa, car­gos ins­ti­tu­cio­na­les por­tu­gue­ses, no crear nue­vos impues­tos, man­te­ner las leyes por­tu­gue­sas que se deci­di­rán solo en el país, admi­nis­tra­ción por­tu­gue­sa de la eco­no­mía de ultra­mar y, sobre todo, no tras­pa­sar ren­tas por­tu­gue­sas a Cas­ti­lla y sali­da del ejér­ci­to espa­ñol de Por­tu­gal. Las con­ce­sio­nes con­tu­vie­ron las ansias por­tu­gue­sas de liber­tad has­ta que en 1640 esta­lló otra suble­va­ción que sos­tu­vo una lar­ga gue­rra de libe­ra­ción con­clui­da con la vic­to­ria defi­ni­ti­va en 1668. Simul­tá­nea­men­te, en los Paí­ses Bajos e Ingla­te­rra el pri­mer nacio­na­lis­mo bur­gués derro­ta­ba al impe­rio espa­ñol y su tar­dío nacio­na­lis­mo medie­val. Recor­de­mos que hacia 1640 se refor­zó la alian­za his­tó­ri­ca entre Por­tu­gal e Inglaterra.

Pode­mos extraer cua­tro gran­des lec­cio­nes de las Cor­tes de Tomar:

Una, el pro­ce­so de for­ma­ción de la iden­ti­dad nacio­nal bur­gue­sa en 1580 y 1668 está conec­ta­do por un lado a la evo­lu­ción de las con­tra­dic­cio­nes inter­nas de la nación ocu­pa­da y del Esta­do ocu­pan­te, y por otro a la evo­lu­ción del con­tex­to inter­na­cio­nal que envuel­ve esa lucha.

Dos, la com­pa­ra­ción de Por­tu­gal con la Gali­za de aquel momen­to, que demues­tra el valor crí­ti­co que tie­ne para el pue­blo opri­mi­do dis­po­ner de pode­res pro­pios de auto­or­ga­ni­za­ción nacio­nal, sobre todo el poder mili­tar suficiente.

Tres, la impor­tan­cia de com­pa­rar aquel nacio­na­lis­mo bur­gués ini­cial explo­ta­dor de «sus» tra­ba­ja­do­res, escla­vis­ta y colo­nia­lis­ta, con las medi­das pro­pues­tas por Marx y Engels para la inde­pen­den­cia de Polo­nia e Irlan­da, en las que des­ta­can la nece­si­dad de la revo­lu­ción agra­ria, saber qué per­ma­ne­ce y qué no per­ma­ne­ce por­que ha sido supe­ra­do por el desa­rro­llo capi­ta­lis­ta, como veremos.

Y cua­tro, y aún más impor­tan­te, con el desa­rro­llo del mer­ca­do bur­gués, de la ley del valor y del tra­ba­jo abs­trac­to, fun­da­men­tal­men­te, los pue­blos van dan­do más impor­tan­cia casi siem­pre a sus len­guas y cul­tu­ras pro­pias. No es casua­li­dad que tra­du­cir la Biblia en latín a las len­guas nacio­na­les, dejan­do el latín para la buro­cra­cia vati­ca­na, fue des­de fina­les del siglo XV una rei­vin­di­ca­ción cre­cien­te que refor­za­ba otras rei­vin­di­ca­cio­nes pre­vias: con­tro­lar los gas­tos y las finan­zas reales y no renun­ciar nun­ca al dere­cho a la rebe­lión con­tra la injusticia.

No nos debe extra­ñar, por tan­to, que en ese siglo XVII se sen­ta­ran las bases mate­ria­les para que des­de lord Boling­bro­ke (1678−1751) empe­za­ran las refle­xio­nes bur­gue­sas sobre «nación», «nacio­na­li­dad», «nacio­na­lis­mo» y sus rela­cio­nes con el Esta­do, con lo que podía enten­der­se como «pue­blo», etc., y menos aún que se gene­ra­li­za­ran des­de el siglo XVIII con auto­res que iban des­de Hume (1711−1776) en ade­lan­te, adap­tan­do las tesis del Boling­bro­ke a las nue­vas nece­si­da­des de sus res­pec­ti­vas cla­ses domi­nan­tes. Los lími­tes del nacio­na­lis­mo bur­gués des­de aquel momen­to lo encon­tra­mos en la obra de Siè­yes (1748−1836) sobre el ter­cer esta­do publi­ca­do en 1789: un aglo­me­ra­do inter­cla­sis­ta uni­fi­ca­do por la timi­dez bur­gue­sa a la noble­za y a la Igle­sia, que apo­ya con la boca peque­ña la eje­cu­ción del rey, pero com­ba­te el radi­ca­lis­mo de Robes­pie­rre, que es par­ti­da­rio de un gol­pe mili­tar que res­ta­blez­ca el orden y que impul­se el expan­sio­nis­mo napoleónico.

Lue­go, por fin, la revo­lu­ción fran­ce­sa redac­tó en 1789 la decla­ra­ción de los «dere­chos del hom­bre y del ciu­da­dano» que pode­mos defi­nir como la sín­te­sis de la nación bur­gue­sa: solo reco­no­cía los dere­chos del hom­bre blan­co a par­tir de una deter­mi­na­da can­ti­dad de bie­nes, su dere­cho a la segu­ri­dad para defen­der sus pro­pie­da­des y su dere­cho a una exclu­si­va jus­ti­cia e igual­dad. Era el dere­cho de liber­tad de explo­ta­ción. Ha sido la lucha de cla­ses la que ha impues­to la amplia­ción de esos dere­chos a otras fran­jas socia­les y son las vic­to­rias bur­gue­sas en esa lucha las que vuel­ven redu­cir esos dere­chos o inclu­so a anu­lar­los; es decir, la patria bur­gue­sa se amplía o se empe­que­ñe­ce por la lucha de cla­ses. Como vere­mos, des­de la fina­li­za­ción de la segun­da olea­da de revo­lu­cio­nes bur­gue­sas, las nacio­nes opri­mi­das sola­men­te pue­den cons­truir su nue­va patria median­te la libe­ra­ción nacio­nal de cla­se, revolucionaria.

Par­tien­do de los pri­me­ros desa­rro­llos en los siglo XVII y XVIII –Paí­ses Bajos, Ingla­te­rra y las Tre­ce Colo­nias – , esta era la esen­cial defi­ni­ción del patrio­tis­mo bur­gués y sus «dere­chos huma­nos» colo­nia­les e impe­ria­lis­tas, a par­tir de la cual han sur­gi­do todas sus varian­tes pos­te­rio­res. Cada una de las cua­tro revo­lu­cio­nes bur­gue­sas avan­za­ba paso a paso en la crea­ción del parad­Pri­me­ra Gue­rra Mun­dia­la defi­ni­ti­vo del patrio­tis­mo bur­gués, pero cada una de ellas tuvo que repri­mir las movi­li­za­cio­nes popu­la­res que cada vez sur­gían más en sus paí­ses, cada vez más radi­ca­les y cada vez más macha­ca­das. Si nos ade­lan­ta­mos un poco en el tiem­po, el pri­mer cho­que bru­tal entre los mode­los de nación con­tra­rios se dio en la Comu­na de París de 1871, como veremos.

Vol­vien­do a la épo­ca que nos intere­sa, las con­quis­tas logra­das por la revo­lu­ción fran­ce­sa gene­ra­ron sim­pa­tías, espe­ran­zas e ilu­sio­nes en fran­jas bur­gue­sas euro­peas y de Nues­tra­mé­ri­ca: en muchos sitios se les lla­mó «afran­ce­sa­dos», inclu­yén­do­los en la corrien­te «moder­nis­ta»; a la vez que aque­llas vic­to­rias de la revo­lu­ción bur­gue­sa mul­ti­pli­ca­ban las fuer­zas expan­si­vas del capi­ta­lis­mo fran­cés y de sus ejér­ci­tos napo­leó­ni­cos que con­ta­ron con el apo­yo de tro­pas de otros paí­ses. Pero su for­ma de gue­rra saquea­do­ra y esquil­ma­do­ra, al car­gar sobre los pue­blos ocu­pa­dos el pre­cio de la ocu­pa­ción, hizo que sur­gie­ran resis­ten­cias más o menos orga­ni­za­das. A la vez, sus obje­ti­vos socio­po­lí­ti­cos gene­ra­ron movi­mien­tos de recha­zo reac­cio­na­rios y cle­ri­ca­les que inten­ta­ron res­ta­ble­cer el abso­lu­tis­mo y los pri­vi­le­gios medie­va­les, des­tru­yen­do las limi­ta­das con­quis­tas democrático-burguesas.

Tam­bién, pero en sen­ti­do con­tra­rio, des­de una reali­dad social anta­gó­ni­ca, sur­gie­ron a la vez res­pues­tas popu­la­res que no que­rían ni la reins­tau­ra­ción abso­lu­tis­ta que mul­ti­pli­ca­ría la explo­ta­ción, ni tam­po­co desea­ban la ocu­pa­ción fran­ce­sa que bene­fi­cia­ba a las cla­ses ricas cola­bo­ra­cio­nis­tas que se enri­que­cían con esa domi­na­ción. Esta pos­tu­ra tenía muchas varia­bles, pero no era inter­me­dia entre dos extre­mos de la mis­ma lógi­ca basa­da en la dic­ta­du­ra de la pro­pie­dad pri­va­da, sino que se movía en otra dimen­sión cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­te ya que anun­cia­ba de mane­ra aún borro­sa ten­den­cias radi­ca­les basa­das en pro­fun­das refor­mas socia­les y en el rear­me del pue­blo. Gue­rri­llas y movi­mien­tos popu­la­res anti­fran­ce­ses, arma­dos mal que bien en un prin­ci­pio, sur­gie­ron en varios paí­ses euro­peos. Vere­mos que muchos de ellos ni eran ni podían ser aún siquie­ra pre­so­cia­lis­tas y menos pro­to­so­cia­lis­tas, pero tan­to sus rei­vin­di­ca­cio­nes como sus armas podrían abrir cier­tas posi­bi­li­da­des de futu­ro que asus­ta­ban a las bur­gue­sías antifrancesas.

Des­de la impo­si­ción de la pro­pie­dad pri­va­da, las cla­ses pro­pie­ta­rias han prohi­bi­do de una u otra for­ma que las cla­ses y nacio­nes explo­ta­das estu­vie­ran arma­das y supie­ran usar­las. Ya en el capi­ta­lis­mo, exis­tía y exis­te el mie­do páni­co de la bur­gue­sía a armar a las cla­ses explo­ta­das en for­ma de mili­cias popu­la­res y gue­rri­llas autó­no­mas del ejér­ci­to ofi­cial, aun­que lucha­ran con­tra el inva­sor, sobre todo en su reta­guar­dia, creán­do­le serios pro­ble­mas. Clau­se­witz (1780−1831), espe­cial­men­te, vis­lum­bró las con­tra­dic­cio­nes que se esta­ban ges­tan­do den­tro de Esta­dos inva­di­dos por Napo­león en los que sur­gie­ron gue­rri­llas y mili­cias fue­ra del ejér­ci­to regu­lar o poco con­tro­la­das por este. Deba­tes y dis­cu­sio­nes áspe­ras se die­ron en los Esta­dos enfren­ta­dos a Napo­león sobre bene­fi­cios y peli­gros para sus cla­ses domi­nan­tes de impul­sar estos gru­pos armados.

El poder apro­ba­ba con reti­cen­cias la ayu­da popu­lar arma­da con­tra los fran­ce­ses, pero insis­tía en con­tro­lar­la férrea­men­te, difi­cul­ta­ba todo lo posi­ble su arma­men­to y orga­ni­za­ción autó­no­ma por mie­do a su radi­ca­li­za­ción social, o los des­ar­ma­ba y disol­vía. Los gobier­nos, aun estan­do en gue­rra con­tra el ocu­pan­te, no que­rían que las cla­ses explo­ta­das apren­die­ran la expe­rien­cia polí­ti­co-mili­tar de luchar a muer­te por su nación por­que sabían que, siem­pre, den­tro del pue­blo latían con más o menos con­cre­ción uto­pías y sue­ños libe­ra­do­res, que podrían des­bor­dar los ridícu­los dere­chos bur­gue­ses. Temían que se repi­tie­ran en las con­di­cio­nes de ini­cios del siglo XIX los pro­ce­sos de radi­ca­li­za­ción social de luchas cam­pe­si­nas medie­va­les en los que se enfren­ta­ban tam­bién dos mode­los de socie­dad incon­ci­lia­bles: la seño­rial y feu­dal, y la heré­ti­ca que que­ría implan­tar el rei­no de dios en la Tierra.

Aun­que a comien­zos del siglo XIX el socia­lis­mo utó­pi­co y el anar­quis­mo ape­nas aso­ma­ban en el hori­zon­te socio­po­lí­ti­co, sí exis­tían ya uto­pías radi­ca­les de comu­nis­mo utó­pi­co como la Cons­pi­ra­ción de los igua­les de 1796 y otras que actua­li­za­ban uto­pías ante­rio­res, abrien­do la vía para el desa­rro­llo de con­cep­tos social­men­te más con­cre­tos de «pue­blo», «nación», «dere­cho», «poder», etc., lo que cau­sa­ba terror en las cla­ses domi­nan­tes sobre todo las ocu­pa­das por otras bur­gue­sías. En 1832 William Ben­bow publi­có Gran fies­ta nacio­nal y con­gre­so de las cla­ses pro­duc­to­ras, en el que reafir­ma­ba la capa­ci­dad obre­ra para diri­gir­se a sí mis­ma, o sea, la inde­pen­den­cia polí­ti­ca de la cla­se pro­le­ta­ria, lo que nos lle­va a la pre­gun­ta: ¿no esta­ba sugi­rien­do su autor la exis­ten­cia de otro con­cep­to de «nación tra­ba­ja­do­ra» inde­pen­dien­te de la burguesa?

En casi todas esas uto­pías había rei­vin­di­ca­cio­nes cen­tra­les nuclea­das fun­da­men­tal­men­te alre­de­dor de cin­co deman­das que a su vez nos lle­van hacia la pre­gun­ta de si no exis­tía para enton­ces un embrio­na­rio con­cep­to de nación y de patria obre­ra que se con­cre­ta­rá con las lec­cio­nes de la lucha de cla­ses. Las cin­co deman­das son estas: una, el pro­ble­ma de la pro­pie­dad de la tie­rra; dos, el aca­pa­ra­mien­to de inmen­sas rique­zas por una mino­ría monár­qui­ca y ecle­siás­ti­ca arma­da has­ta los dien­tes; tres, la recu­pe­ra­ción de los dere­chos comu­na­les y de la ley con­sue­tu­di­na­ria; cua­tro, aca­bar con los duros dere­chos patriar­ca­les sobre la mujer tra­ba­ja­do­ra; y cin­co, defen­sa de las cul­tu­ras popu­la­res redu­ci­das a sim­ples patois o «dia­lec­tos» por las cul­tu­ras domi­nan­tes. Algu­nas de ellas esta­ban a su vez influen­cia­das más o menos por rei­vin­di­ca­cio­nes bur­gue­sas o peque­ño bur­gue­sas lo que les aña­día un con­te­ni­do de «moder­ni­dad» que les acer­ca­ba a pos­te­rio­res rei­vin­di­ca­cio­nes más radicales.

Bien, estas luchas y rei­vin­di­ca­cio­nes se rea­li­za­ban en Euro­pa, Nor­te­amé­ri­ca y en menor medi­da en Nues­tra­mé­ri­ca a fina­les del siglo XVIII y comien­zos del siglo XIX pero su influen­cia era míni­ma o nula sobre la inmen­sa Chi­na y, a otra esca­la, sobre nues­tra peque­ña Gali­za. ¿Enton­ces?

No te impa­cien­tes. Hemos vis­to cómo sur­gie­ron mili­cias y gue­rri­llas que mos­tra­ban la ten­den­cia a la apa­ri­ción de mode­los de nación popu­lar anta­gó­ni­cos a la nación ofi­cial que se ple­ga­ban a las exi­gen­cias del ocu­pan­te. Care­ce­mos de espa­cio para exten­der nues­tra res­pues­ta a las lec­cio­nes de Esta­dos Uni­dos en el últi­mo ter­cio del siglo XIX y de Nues­tra­mé­ri­ca años des­pués, así que vamos a limi­tar­nos a Euro­pa para ver cómo las luchas nacio­na­les entre 1801 y 1848 crea­ron las bases mate­ria­les que con­fir­ma­ron con hechos incues­tio­na­bles la tesis mar­xis­tas for­ma­das a par­tir de estu­dios abs­trac­tos de la his­to­ria des­de las pri­me­ras ideas revo­lu­cio­na­rias de la joven izquier­da hegeliana.

Sin pro­fun­di­zar mucho y hacien­do un aná­li­sis cro­no­ló­gi­co, vemos que la supre­sión de la auto­no­mía de Irlan­da en 1801 por Ingla­te­rra hizo que su borro­sa iden­ti­dad fue­ra con­cre­tán­do­se has­ta tomar for­ma en 1823 sobre todo en el cam­pe­si­na­do más pobre. En 1829 Ingla­te­rra tuvo que acep­tar la pre­sen­cia irlan­de­sa en el Par­la­men­to lon­di­nen­se lo que faci­li­tó la radi­ca­li­za­ción nacio­nal y social en Irlan­da en las déca­das de 1830 lle­gán­do­se a una situa­ción pre insu­rrec­cio­nal que fue trai­cio­na­da en 1843 por el nacio­na­lis­mo refor­mis­ta al renun­ciar este al dere­cho a la insu­rrec­ción, acep­tan­do solo el paci­fis­mo par­la­men­ta­ris­ta bri­tá­ni­co. La revo­lu­ción de 1848 reac­ti­vó las ansias de inde­pen­den­cia esta­llan­do peque­ñas suble­va­cio­nes loca­les, pero otra vez más la direc­ción refor­mis­ta se negó a dar la orden insu­rrec­cio­nal uni­ta­ria, faci­li­tan­do la vic­to­ria de la repre­sión bri­tá­ni­ca. Mien­tras tan­to, Ser­bia se había suble­va­do en 1804 con­tra el Impe­rio oto­mano logran­do un gobierno autó­no­mo en 1817 que no resol­vía la reali­dad de la explo­ta­ción de cla­se aun­que sí bene­fi­cia­ba a la cla­se domi­nan­te serbia.

A la vez, entre 1815 y 1817 tomó fuer­za en Ale­ma­nia un nacio­na­lis­mo mayor­men­te cul­tu­ral repri­mi­do rápi­da­men­te, lo que pro­vo­có des­unión y mie­do duran­te años de mane­ra que la par­ti­ci­pa­ción ale­ma­na en la revo­lu­ción de 1830 fue menor y más inco­ne­xa que en otros paí­ses: solo en el noroc­ci­den­te de Ale­ma­nia se for­mó una espe­cie de Esta­dos Uni­dos de Ale­ma­nia, derro­ta­dos fácil­men­te. La bur­gue­sía indus­trial pru­sia­na giró hacia un nacio­na­lis­mo de dere­chas, auto­ri­ta­rio, con pre­ten­sio­nes de que fue­ra Pru­sia la que diri­gie­ra la uni­fi­ca­ción de una Ale­ma­nia auto­ri­ta­ria. Solo la joven izquier­da hege­lia­na, en la que mili­ta­ban Marx y Engels, luchó por una Ale­ma­nia repu­bli­ca­na alre­de­dor del Par­la­men­to de Fránc­fort defen­di­do por mili­cias popu­la­res, pero en 1848 el rey de Pru­sia trai­cio­nó su pala­bre­ría nacio­na­lis­ta res­ta­ble­cien­do a caño­na­zos el abso­lu­tis­mo más reac­cio­na­rio, pro­ce­dien­do a man­te­ner el orden con auto­ri­ta­ris­mo, cen­su­ra y cár­cel, obli­gan­do al exi­lio a muchas per­so­nas revolucionarias.

Gre­cia se suble­vó con­tra el mis­mo impe­rio oto­mano en 1821 duran­te una pro­lon­ga­da gue­rra de libe­ra­ción has­ta 1830 movi­li­zan­do una amplia base social, des­de cam­pe­si­nos has­ta bur­gue­ses libe­ra­les, pasan­do por sacer­do­tes orto­do­xos e inte­lec­tua­les, con­tan­do ade­más con el apo­yo del roman­ti­cis­mo de izquier­das euro­peo, pero las con­tra­dic­cio­nes de cla­se siguie­ron ten­sio­nan­do la his­to­ria inter­na de Gre­cia a pesar de la inde­pen­den­cia bur­gue­sa logra­da en 1833. Apar­te de su deci­sión de lucha, Ser­bia y Gre­cia se bene­fi­cia­ron de la impa­ra­ble debi­li­dad oto­ma­na y de los intere­ses de poten­cias euro­peas por que­dar­se con tro­zos de ese impe­rio moribundo.

Tam­bién en 1821 sur­gie­ron revuel­tas en Ita­lia con­tra la ocu­pa­ción aus­tría­ca, que se incu­ba­ban des­de años antes orga­ni­za­das por sec­tas secre­tas entre la que des­ta­ca­ban los Car­bo­na­rios. La revo­lu­ción de 1830 pre­ci­pi­tó esa resis­ten­cia que se plas­mó en 1831 en insu­rrec­cio­nes en las prin­ci­pa­les ciu­da­des, pero cho­ca­ron con la fuer­za reac­cio­na­ria mate­rial y moral del Esta­do vati­cano que, ade­más de opo­ner­se al pue­blo con su ejér­ci­to, tam­bién pidió y legi­ti­mó la dura repre­sión aus­tría­ca. Como en otras par­tes, la revo­lu­ción de 1848 tam­bién refor­zó las ansias de liber­tad ita­lia­na con tres gran­des insu­rrec­cio­nes urba­nas en Nápo­les, Lom­bar­día y Pia­mon­te en don­de su monar­quía pro­gre­sis­ta se sumó a la gue­rra de libe­ra­ción que, pese a su heroís­mo, fue aplas­ta­da. Roma, el Esta­do vati­cano, vol­vió a ser cla­ve en la vic­to­ria del inva­sor austríaco.

Des­de 1825, los magia­res exi­gie­ron más dere­chos y liber­ta­des a la muy reac­cio­na­ria Aus­tria que tuvo que con­ce­der algu­nas de ellas ante la fuer­za del movi­mien­to hún­ga­ro. Pero el nacio­na­lis­mo hún­ga­ro era opre­si­vo, que­ría explo­tar a otros pue­blos esla­vos y sobre todo a Ruma­nia. La revo­lu­ción de 1830 ten­sio­nó esos con­flic­tos, pero la repre­sión los con­de­nó a per­ma­ne­cer enca­de­na­dos a Aus­tria, aun­que en 1847 los hún­ga­ros logra­ron impo­ner el magiar como la len­gua ofi­cial en su par­te del impe­rio, lo que pro­vo­có la res­pues­ta de Croa­cia para lega­li­zar su len­gua en su nación. La revo­lu­ción de 1848 dio nue­vas fuer­zas a los hún­ga­ros que crea­ron leyes demo­crá­ti­co-bur­gue­sas fun­da­men­ta­les, aun­que limi­ta­ban los dere­chos nacio­na­les de Croa­cia, el Bána­to y Tran­sil­va­nia, en don­de dece­nas de miles de cam­pe­si­nos ruma­nos se pusie­ron en pie con­tra los terra­te­nien­tes hún­ga­ros y alemanes.

Tene­mos aquí otro ejem­plo de libro sobre cómo una libe­ra­ción nacio­nal bur­gue­sa, la hún­ga­ra, con­lle­va a la vez la opre­sión de otras nacio­nes que son opri­mi­das en bene­fi­cio de la cla­se domi­nan­te del país recién inde­pen­di­za­do, más pode­ro­so en todos los sen­ti­dos –eco­nó­mi­co, mili­tar, cul­tu­ral…– que los otros. En aque­llas con­di­cio­nes, los pue­blos opri­mi­dos por la libe­ra­da Hun­gría se alia­ron entre sí bajo la égi­da de Ser­bia enfren­tán­do­se a sus nue­vos opre­so­res y abrien­do muy ini­cial­men­te la vía a lo que más tar­de sería Yugos­la­via des­de 1918. Pero todo se hun­dió cuan­do el ejér­ci­to zaris­ta ayu­dó a Aus­tria en el exter­mi­nio de las rei­vin­di­ca­cio­nes, ya debi­li­ta­das pre­via­men­te por la gue­rra de Croa­cia y Ruma­nia con­tra la opre­sión hún­ga­ra. Tam­bién Che­quia, que se indus­tria­li­za­ba rápi­da­men­te, se suble­vó con­tra terra­te­nien­tes ale­ma­nes y con­tra Aus­tria en 1848 anhe­lan­do la unión con Eslo­va­quia, pero la glo­ria duró poco y en 1867 fue ofi­cial­men­te absor­bi­da por el nue­vo Impe­rio austrohúngaro.

Mien­tras tan­to, Bél­gi­ca logró su inde­pen­den­cia en 1830 azu­za­da por la revo­lu­ción de ese año, por­que poseía una fuer­te deter­mi­na­ción anti holan­de­sa y por­que Gran Bre­ta­ña y Pru­sia le apo­ya­ron al que­rer cons­truir un «Esta­do tapón» para fre­nar el ascen­so holan­dés y nue­vas ope­ra­cio­nes mili­ta­res fran­ce­sas hacia el nor­te de Euro­pa; pero des­de enton­ces se abrió otra fase en la his­to­ria bel­ga, la del cho­que entre la pobla­ción valo­na deten­ta­do­ra de la mayor par­te del poder y la pobla­ción fla­men­ca, más empo­bre­ci­da y mar­gi­na­da. Una for­ma de explo­ta­ción nacio­nal y social inter­na garan­ti­za­ba el poder de la bur­gue­sía valo­na de cul­tu­ra y len­gua francesa.

El Con­gre­so de Vie­na de 1815 san­cio­nó la par­ti­ción de Polo­nia entre Rusia, Aus­tria y Pru­sia, sien­do la peque­ña Cra­co­via el úni­co terri­to­rio inde­pen­dien­te. En los tres terri­to­rios el cam­pe­si­na­do sufría una explo­ta­ción impla­ca­ble, lo que hacía que el cam­pe­si­na­do no apo­ya­se ape­nas las rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les de sus res­pec­ti­vas cla­ses domi­nan­tes como se vio en la insu­rrec­ción de 1830 en la Polo­nia rusa diri­gi­da por mili­ta­res, la bur­gue­sía libe­ral y par­te de los terra­te­nien­tes, pero al con­tar con esca­so apo­yo cam­pe­sino, fue des­tro­za­da por Rusia ayu­da­da por gra­nes pro­pie­ta­rios cola­bo­ra­cio­nis­tas más el apo­yo de Pru­sia y Aus­tria. En 1846 la noble­za de la Polo­nia aus­tría­ca se insu­rrec­cio­nó, pero de nue­vo el grue­so del cam­pe­si­na­do explo­ta­do por ella mis­ma se negó a dar su vida a favor de una noble­za sal­va­je. Vie­na, cono­ce­do­ra de este mutuo odio de cla­se, recom­pen­só con dine­ro cada noble pola­co eje­cu­ta­do o apre­sa­do por el pue­blo, lo que dio paso a matan­zas de explo­ta­do­res pola­cos a manos de cam­pe­si­nos sedien­tos de ven­gan­za. Aus­tria apro­ve­cho el aplas­ta­mien­to de la insu­rrec­ción para liqui­dar la inde­pen­den­cia de la peque­ña Cracovia.

Enten­de­mos aho­ra por qué Marx y Engels sos­te­nían inclu­so meses antes de la publi­ca­ción del Mani­fies­to que la revo­lu­ción agra­ria y otras medi­das socio­po­lí­ti­cas que faci­li­ta­ran la liqui­da­ción de los pila­res de la opre­sión nacio­nal y del capi­ta­lis­mo en sus pro­pias nacio­nes era un requi­si­to nece­sa­rio para la inde­pen­den­cia de Polo­nia, y más ade­lan­te vere­mos lo mis­mo con res­pec­to a Irlan­da. Estas medi­das mos­tra­ban que la nue­va patria popu­lar irlan­de­sa y la pola­ca era incom­pa­ti­ble con la patria bur­gue­sa y terra­te­nien­te. Las lec­cio­nes apren­di­das antes y duran­te 1848 les per­mi­tie­ron com­pren­der que la bur­gue­sía, estu­vie­ra o no opri­mi­da nacio­nal­men­te, siem­pre supe­di­ta­ba la suer­te de «sus» cla­ses tra­ba­ja­do­ras a los intere­ses del capi­tal, siem­pre sacri­fi­ca­ba al pro­le­ta­ria­do en bene­fi­cio de la bur­gue­sía. Tam­bién les ense­ñó que cuan­do las cla­ses tra­ba­ja­do­ras empe­za­ban a tomar con­cien­cia polí­ti­ca más tem­prano que tar­de se aden­tra­ba en el apren­di­za­je de la teo­ría polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria y con ella su con­cep­to de nación, lo que le per­mi­tió que habla­ra de la exis­ten­cia de la «nación tra­ba­ja­do­ra» enfren­ta­da a la bur­gue­sa en El 18 Bru­ma­rio de Luís Bona­par­te de 1852.

Aho­ra bien, tales logros lle­va­ban las cade­nas de las limi­ta­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas, por ejem­plo: su incom­pren­sión del des­pe­da­za­mien­to de Méxi­co por Esta­dos Uni­dos en la gue­rra de 1846 – 1848, inclui­das expre­sio­nes racis­tas sobre las y los meji­ca­nos; o las tesis de Engels con los pue­blos «sin his­to­ria» con­de­na­dos a la des­apa­ri­ción, aun­que las rebe­lio­nes che­ca, croa­ta, ser­bia, etc., mos­tra­ran una radi­ca­li­dad demo­crá­ti­ca envi­dia­ble. Según el Engels de aque­llos años Eus­kal Herria tam­bién debe­ría des­apa­re­cer. Las limi­ta­cio­nes del pen­sa­mien­to de Marx en aque­llos años apa­re­cie­ron de nue­vo en sus escri­tos sobre el colo­nia­lis­mo en la India, sobre todo en 1853: en con­tra de lo que él pen­sa­ba, las cla­ses domi­nan­tes indias se alia­ron con los inva­so­res bri­tá­ni­cos ayu­dán­do­les a saquear el país has­ta su alien­to, que­dán­do­se con par­te del bene­fi­cio. Las limi­ta­cio­nes se mani­fes­ta­ron inclu­so en 1858, una déca­da des­pués, en las opi­nio­nes muy nega­ti­vas de Marx sobre Bolí­var, por citar otro ejem­plo. La lucha de cla­ses pos­te­rior a la cri­sis de 1857, demos­tró la nece­si­dad de estu­diar el nue­vo desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo a par­tir de los efec­tos sís­mi­cos del lla­ma­do «páni­co de 1857».

¿Qué impor­tan­cia tie­ne la cri­sis de 1857, teni­da por muchos como la pri­me­ra a esca­la mun­dial, en la cues­tión de la patria obre­ra y del hilo que conec­ta Chi­na Popu­lar con Galiza?

Entre otras con­se­cuen­cias, la cri­sis impul­só y endu­re­ció el colo­nia­lis­mo nacien­te des­de el siglo XVI como una de las tres gran­des alter­na­ti­vas del capi­tal, sien­do las otras dos la sobre­ex­plo­ta­ción inter­na y el cani­ba­lis­mo de cla­se de las gran­des empre­sas que se comen a las peque­ñas. En cuan­to al tema que nos con­cier­te, es a par­tir de 1857 que Marx aumen­tó su soli­da­ri­dad con el pue­blo chino que sufría la segun­da Gue­rra del Opio entre 1856 y 1860. Marx defen­dió la nece­si­dad de una «gue­rra popu­lar» para la super­vi­ven­cia de la nación chi­na y Engels hizo una ver­da­de­ra «apo­lo­gía del terro­ris­mo», como diría hoy la pro­pa­gan­da bur­gue­sa, expli­can­do y jus­ti­fi­can­do la muy dura vio­len­cia defen­si­va chi­na. Tam­bién salie­ron en defen­sa a ultran­za de la rebe­lión de los cipa­yos indios en 1857 que pro­vo­có un exter­mi­nio sal­va­je por par­te bri­tá­ni­ca. Esta­mos citan­do unos pocos ejem­plos sobre cómo mejo­ra­ban su pen­sa­mien­to según aumen­ta­ban las luchas anti­co­lo­nia­les, pero a la vez, Marx reali­zó 1859 el céle­bre «Pre­fa­cio» a la Crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca que resul­ta fun­da­men­tal para com­pren­der las con­tra­dic­cio­nes pro­fun­das e irre­so­lu­bles den­tro del capi­ta­lis­mo que, entre otras cues­tio­nes, expli­can por qué las nacio­nes explo­ta­das tien­den cada vez más a crear sus patrias proletarias.

En el «Pre­fa­cio» Marx sos­tie­ne que lle­ga un momen­to en el que desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas entra en con­tra­dic­ción con las rela­cio­nes socia­les de pro­pie­dad, abrién­do­se enton­ces un perío­do de revo­lu­ción social. La his­to­ria indi­ca que las nacio­nes opri­mi­das apro­ve­chan esta con­tra­dic­ción para for­ta­le­cer su lucha de libe­ra­ción. Si en la gue­rra de los Cien Años (siglos XIV-XV) empe­zó a sur­gir el pro­to­na­cio­na­lis­mo bur­gués fue por­que la inci­pien­te eco­no­mía bur­gue­sa en Ingla­te­rra y Fran­cia crea­ba otros sen­ti­mien­tos nacio­na­les dife­ren­tes a los feu­da­les, gene­ra­dos por la nue­va ideo­lo­gía fun­cio­nal a la ace­le­ra­ción de la ley del valor y al feti­chis­mo de la mer­can­cía inhe­ren­te al capi­ta­lis­mo del momen­to, por poco desa­rro­lla­do que estu­vie­ra. Las dos pri­me­ras revo­lu­cio­nes bur­gue­sas, Paí­ses Bajos e Ingla­te­rra del siglo XVII, ya tenían sufi­cien­te soli­dez nacio­nal como para ven­cer a los ejér­ci­tos ocu­pan­tes y reac­cio­na­rios; el Tra­ta­do de West­fa­lia de 1648 refle­ja el avan­ce del pri­mer nacio­na­lis­mo bur­gués y el retro­ce­so del nacio­na­lis­mo abso­lu­tis­ta. Las revo­lu­cio­nes yan­qui y fran­ce­sa mues­tran ya la esen­cia del nacio­na­lis­mo bur­gués del capi­ta­lis­mo expan­si­vo: el Con­gre­so de Vie­na de 1815 mues­tra el cho­que final entre ese nacio­na­lis­mo al alza y el abso­lu­tis­ta en impa­ra­ble retroceso.

El nacio­na­lis­mo bur­gués, sea demo­crá­ti­co, reac­cio­na­rio o fas­cis­ta, es la expre­sión ideo­ló­gi­ca nor­ma­li­za­da y coti­dia­na del feti­chis­mo de la mer­can­cía por­que la dia­léc­ti­ca entre pro­duc­ción y ganan­cia exi­ge un espa­cio natu­ral y sim­bó­li­co para rea­li­zar­se, y ese espa­cio es la patria bur­gue­sa sen­ti­da como mer­can­cía y como ganan­cia a ampliar. Pero es esa dia­léc­ti­ca con su uni­dad y lucha de con­tra­rios la que expli­ca a su vez que tam­bién se gene­ren embrio­nes de la patria socia­lis­ta den­tro del capi­ta­lis­mo. En 1845 Ben­ja­min Dis­rae­li admi­tió ese anta­go­nis­mo incon­ci­lia­ble al hablar de «dos» Lon­dres: el bur­gués y el obre­ro en lucha sote­rra­da o públi­ca per­ma­nen­te. En 1859 Marx expli­có la razón pro­fun­da de ese anta­go­nis­mo: la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes de propiedad.

En El Capi­tal de 1867, Marx ofre­ce una teo­ría más sis­te­má­ti­ca y abar­ca­do­ra sobre la patria bur­gue­sa que pode­mos resu­mir así: la con­tra­dic­ción expansivo/​constrictiva inhe­ren­te al con­cep­to sim­ple de capi­tal hace que la bur­gue­sía nece­si­te un espa­cio mate­rial y moral, polí­ti­co-mili­tar y cul­tu­ral, en el que ase­gu­rar su pro­pie­dad pri­va­da y a par­tir del cual reini­ciar nue­vos ciclos de pro­duc­ción amplia­da de capi­tal. El Esta­do-nación bur­gués, su patrio­te­ris­mo expan­sio­nis­ta, es el espa­cio socio­eco­nó­mi­co, polí­ti­co-mili­tar, cul­tu­ral y lin­güís­ti­co, etc., que refuer­za la explo­ta­ción social inter­na y la expan­sión exter­na para con­quis­tar mer­ca­dos, recur­sos y paí­ses. En ambos movi­mien­tos están garan­ti­za­dos e impul­sa­dos por la vio­len­cia repre­si­va inter­na y la exter­na mili­tar acti­va o pre­ven­ti­va, mono­po­li­za­da celo­sa­men­te por el Esta­do bur­gués. La ideo­lo­gía nacio­na­lis­ta bur­gue­sa es la estruc­tu­ra que une los pro­ce­sos de la acu­mu­la­ción, los lubri­ca y legitima.

Podría­mos decir que el capi­tal en cuan­to rela­ción social se mue­ve como el cora­zón: la sís­to­le es la fuer­za que impul­sa la pro­duc­ción para obte­ner ganan­cia amplia­da den­tro del Esta­do-nación median­te leyes y repre­sio­nes, pero tam­bién como fuer­za cen­trí­fu­ga hacia la mun­dia­li­za­ción colo­nia­lis­ta e impe­ria­lis­ta para maxi­mi­zar la ganan­cia uti­li­zan­do la vio­len­cia mili­tar del Esta­do-nación pro­pio cuan­do lo nece­si­te; la diás­to­le el regre­so de la ganan­cia a la segu­ri­dad Esta­do-cuna, a su buro­cra­cia minis­te­rial, para con­ta­bi­li­zar las ganan­cias y tomar las medi­das ade­cua­das siem­pre con el apo­yo esta­tal, pero fuer­za cen­trí­pe­ta hacia la garan­tía del Esta­do-nación aun­que sean gran­des trans­na­cio­na­les, capi­ta­les finan­cie­ros y espe­cu­la­ti­vos, etc., que nece­si­tan refu­giar­se en un puer­to segu­ro apro­ve­chán­do­se de su vio­len­cia militar.

En el céle­bre capí­tu­lo XXIV del libro I de El Capi­tal sobre la «lla­ma­da acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria» se resu­me la ensan­gren­ta­da y bes­tial his­to­ria de la for­ma­ción del capi­ta­lis­mo a par­tir de todo lo que esta­mos vien­do. La sís­to­le y la diás­to­le, ese vai­vén ascen­den­te, esa espi­ral expan­si­va car­ga­da de des­truc­ti­vas vio­len­cias terro­ris­tas sin par, apa­re­cen sin nom­brar­las en cada párra­fo y en el fon­do mate­rial del sufri­mien­to humano cau­sa­do por la pro­pie­dad pri­va­da, hier­ve el espec­tro de la rei­vin­di­ca­ción siquie­ra utó­pi­ca del comu­nis­mo ori­gi­na­rio. Uni­da a este anhe­lo mile­na­rio, apa­re­ce el otro deseo de una patria común de la espe­cie huma­na gené­ri­ca cuyas plas­ma­cio­nes con­cre­tas en el modo capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción son las patrias socia­lis­tas como ante­sa­la de la her­man­dad comunista.

Pero mien­tras tan­to, hay que des­truir las patrias impe­ria­lis­tas. Natu­ral­men­te, has­ta aquí habla­mos de bur­gue­sías no opri­mi­das nacio­nal­men­te, con sus Esta­dos inde­pen­dien­tes, pero la situa­ción cam­bia cuan­do se tra­ta de pue­blos opri­mi­dos como hemos vis­to arri­ba: en todos ellos, el obje­ti­vo de los pue­blos era pre­ci­sa­men­te con­quis­tar ese Esta­do o en el peor de los casos ampliar sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te sus liber­ta­des y dere­chos auto­nó­mi­cos den­tro del Esta­do o impe­rio domi­nan­tes. Vea­mos el caso de Chi­na: la revo­lu­ción de los Tai­ping chi­nos en 1851 debi­li­tó pro­fun­da­men­te las bases mate­ria­les y mora­les del poder impe­rial des­pres­ti­gia­do por su pasi­vi­dad ante el colo­nia­lis­mo y por­que los Tai­ping (Gran Paz) exi­gían radi­ca­les refor­mas socio­eco­nó­mi­cas en el repar­to de las tie­rras recu­pe­ra­das a los terra­te­nien­tes y al empe­ra­dor, refor­mas en las que las muje­res tenían exac­ta­men­te los mis­mos dere­chos que los hom­bres. Com­pren­de­mos así por qué la cri­sis de 1857 y los hechos pos­te­rio­res pusie­ron al des­cu­bier­to la impo­si­bi­li­dad de la cla­se impe­rial chi­na para derro­tar las suce­si­vas inva­sio­nes y ganar­se la con­fian­za de su pue­blo que se suble­va­ba con­tra la explo­ta­ción inter­na y con­tra las inva­sio­nes externas.

La iden­ti­dad polí­ti­ca gale­ga se afir­mó con fuer­za en 1845 y 1846 como res­pues­ta al pro­ce­so de cen­tra­li­za­ción del Esta­do libe­ral espa­ñol y al des­man­te­la­mien­to de la uni­dad polí­ti­co-terri­to­rial del anti­guo Rei­no de Gali­cia median­te la divi­sión pro­vin­cial. En el con­tex­to de la cri­sis eco­nó­mi­ca y social que sacu­día la facha­da atlán­ti­ca euro­pea (subi­das de impues­tos, pes­tes que diez­ma­ban la cose­cha de pata­ta), la crea­ción de la Jun­ta Supe­rior del Rei­no de Gali­za dio expre­sión polí­ti­ca a un movi­mien­to que des­bor­dó el mar­co de un sim­ple pro­nun­cia­mien­to mili­tar: jun­to al alza­mien­to de Miguel Solís se desa­rro­lló una amplia insu­rrec­ción civil y popu­lar, exten­di­da por nume­ro­sas villas y ayun­ta­mien­tos, que recla­ma­ba pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes polí­ti­cas, socia­les y eco­nó­mi­cas. Ins­pi­ra­do por las corrien­tes del socia­lis­mo utó­pi­co y del repu­bli­ca­nis­mo demo­crá­ti­co, el pen­sa­mien­to de Anto­lín Faral­do con­tri­bu­yó a for­mu­lar un pro­yec­to que rei­vin­di­ca­ba a Gali­cia como suje­to polí­ti­co y cues­tio­na­ba la legi­ti­mi­dad del orden esta­tal vigen­te. Derro­ta­da por la supe­rio­ri­dad mili­tar del ejér­ci­to espa­ñol, la revo­lu­ción fue repri­mi­da con el fusi­la­mien­to de los már­ti­res de Carral, el exi­lio de cen­te­na­res de par­ti­ci­pan­tes y la diso­lu­ción de la Jun­ta. Aun­que duran­te mucho tiem­po estos acon­te­ci­mien­tos fue­ron inter­pre­ta­dos como una mani­fes­ta­ción de regio­na­lis­mo román­ti­co o de un pri­mer pro­vin­cia­lis­mo galle­guis­ta, una par­te de la his­to­rio­gra­fía recien­te ha des­ta­ca­do su dimen­sión nacio­nal, popu­lar y revo­lu­cio­na­ria, con­si­de­rán­do­los un ante­ce­den­te fun­da­men­tal del Rexur­di­men­to y de la pos­te­rior arti­cu­la­ción del nacio­na­lis­mo gallego.

Empe­za­mos a vis­lum­brar el hilo rojo que conec­ta a Gali­za y Chi­na Popu­lar, y a otras muchas nacio­nes, con el pro­ce­so de for­ma­ción de la patria pro­le­ta­ria a media­dos del siglo XIX, al mar­gen de las dife­ren­cias espa­cia­les y tem­po­ra­les que les dis­tan­cia­ban. Pero ¿cómo evolucionó?

La Comu­na de París de 1871 fue el esta­lli­do revo­lu­cio­na­rio que aña­dió una luz nue­va a la teo­ría mar­xis­ta. Fue la res­pues­ta del blo­que de cla­ses explo­ta­das y sec­to­res repu­bli­ca­nos a la cri­sis de hun­di­mien­to de la nación impe­rial impues­ta tras la derro­ta de la revo­lu­ción de 1848, pre­ci­pi­ta­da por la aplas­tan­te vic­to­ria mili­tar de Pru­sia en la gue­rra de 1870. Miles de sol­da­dos y mili­cia­nos de gue­rri­llas de reta­guar­dia pere­cie­ron en la gue­rra, a lo que hay que sumar los más de 30.000 obre­ros y obre­ras ase­si­na­dos en la masa­cre de la Comu­na y de otras ciu­da­des insu­rrec­tas, así como la quie­bra eco­nó­mi­ca mul­ti­pli­ca­da por la indem­ni­za­ción de gue­rra a Pru­sia. En res­pues­ta, y de mane­ra idén­ti­ca a lo que suce­de­ría en Ale­ma­nia y otros Esta­dos, la bur­gue­sía fran­ce­sa ini­ció des­de 1872 una dura y sis­te­má­ti­ca cons­truc­ción de la nación fran­ce­sa que nece­si­ta­ba urgen­te­men­te, remo­de­lan­do el ejér­ci­to, la cul­tu­ra y edu­ca­ción, la diplo­ma­cia, la buro­cra­cia esta­tal, la pren­sa, el expan­sio­nis­mo impe­ria­lis­ta, la pro­duc­ción, etc.

Los rigu­ro­sos aná­li­sis crí­ti­cos sobre la Comu­na hechos por Marx y Engels mues­tran que, para ellos, era el mode­lo de poder obre­ro «por fin encon­tra­do». Poder tra­ba­ja­dor que era el ver­da­de­ro repre­sen­tan­te de la nación tra­ba­ja­do­ra defen­di­da por el pue­blo en armas y auto­ad­mi­nis­tra­da por un gobierno bara­to y trans­pa­ren­te, ele­gi­ble y revo­ca­ble direc­ta­men­te por la cla­se tra­ba­ja­do­ra orga­ni­za­da en coope­ra­ti­vas que con su prác­ti­ca ense­ña­ban al pue­blo que los patro­nos están de sobra, que la bur­gue­sía no es necesaria.

Sin embar­go, hicie­ron una crí­ti­ca fun­da­men­tal siem­pre, enton­ces y aho­ra: la Comu­na no se atre­vió a recu­pe­rar los fon­dos eco­nó­mi­cos, los capi­ta­les guar­da­dos en el Ban­co de Fran­cia, detu­vo su avan­ce ante el núcleo duro de la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta, la ban­ca, lo que le pri­vó de medios impres­cin­di­bles para sos­te­ner la resis­ten­cia. El pro­ce­so hacia la patria socia­lis­ta que se esta­ba expe­ri­men­tan­do en la Comu­na se detu­vo en seco por su pro­pia inca­pa­ci­dad teó­ri­ca y polí­ti­ca para saber que la nación tra­ba­ja­do­ra no pue­de cons­ti­tuir­se en Esta­do socia­lis­ta, comu­nal, si no des­tru­ye la pro­pie­dad bur­gue­sa. Ade­lan­tán­do­nos un poco, el mis­mo error estra­té­gi­co lo come­tió en verano de 1936 la Comu­na de Donos­tia: tam­po­co se atre­vió a recu­pe­rar los capi­ta­les guar­da­dos en el ban­co de Gipuz­koa mien­tras lucha­ba ape­nas sin armas duran­te tres meses con­tra el fas­cis­mo, sien­do aho­ga­da en un mar de sangre.

Engels y Marx hicie­ron otra apor­ta­ción auto­crí­ti­ca que va adqui­rien­do valor con­for­me los pue­blos toman con­cien­cia y pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca. Par­tien­do de las lec­cio­nes de la Comu­na de 1871, Engels reco­no­ció en 1875 que él y Marx habían come­ti­do un error al uti­li­zar siem­pre el con­cep­to de Esta­do cuan­do debie­ran haber uti­li­za­do el de Comu­na, más correc­to y con más poten­cial revo­lu­cio­na­rio. Hemos vis­to al ini­cio del tex­to la impor­tan­cia que en 1842 – 1843 daba Marx al dere­cho con­sue­tu­di­na­rio, a la pro­pie­dad colec­ti­va de los bie­nes comu­na­les arra­sa­dos por las pri­va­ti­za­cio­nes bur­gue­sas. Con más o menos inten­si­dad, esa defen­sa se man­tu­vo siem­pre y medio siglo des­pués Engels vol­vió a rei­vin­di­car­la. El deba­te ruso sobre el valor revo­lu­cio­na­rio de las comu­nas cam­pe­si­nas fue simul­tá­neo a los estu­dios que ambos ami­gos hicie­ron sobre las socie­da­des anti­guas, sin pro­pie­dad privada.

Mien­tras suce­día esto, en 1871 Wilhelm Liebk­necht dijo a la bur­gue­sía ale­ma­na que «nos acu­sáis de no tener patria, voso­tros que nos la habéis qui­ta­do». Recor­de­mos que Ale­ma­nia no pudo reuni­fi­car­se demo­crá­ti­ca­men­te en la revo­lu­ción de 1848, que fue la bur­gue­sía y los jun­kers mili­ta­res de Pru­sia quie­nes la uni­fi­ca­ron dic­ta­to­rial y ver­ti­cal­men­te des­de arri­ba, impo­nien­do la patria mili­ta­ris­ta con poli­cías y caño­nes. W. Liebk­necht denun­ció pre­ci­sa­men­te eso: en 1848 se le arran­có a bom­ba­zos al pro­le­ta­ria­do la posi­bi­li­dad de crear una patria demo­crá­ti­co-radi­cal que fue­ra la puer­ta que abrie­ra el camino a la patria socia­lis­ta. La explo­ta­ción asa­la­ria­da, la opre­sión polí­ti­ca y patriar­cal, y la domi­na­ción ideo­ló­gi­ca monár­qui­co-bur­gue­sa, impe­dían con la repre­sión y con la alie­na­ción feti­chis­ta que el pro­le­ta­ria­do par­ti­ci­pa­ra siquie­ra super­fi­cial­men­te en las cues­tio­nes deci­si­vas de la patria pru­sia­na, mili­ta­ri­za­da e impe­ria­lis­ta. Peor aún, como se vería defi­ni­ti­va­men­te en 1914, la bur­gue­sía dro­ga­ba poco a poco al pro­le­ta­ria­do con el opio de su nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta no com­ba­ti­do por el refor­mis­mo social­de­mó­cra­ta des­de fina­les del siglo XIX.

Hemos vis­to arri­ba que a fina­les del siglo XVIII ter­mi­nó de afian­zar­se el nacio­na­lis­mo bur­gués en su esen­cia. Vamos a poner aho­ra otro ejem­plo sobre la com­ple­ji­dad del tema que tra­ta­mos, muy fre­cuen­te en la his­to­ria: gue­rras entre poten­cias opre­so­ras para que­dar­se con terri­to­rios que no les per­te­ne­cen. A fina­les de 1880 se ini­ció en Sudá­fri­ca la lar­ga gue­rra entre Gran Bre­ta­ña y las dos repú­bli­cas boers, que duró con alti­ba­jos y fases has­ta la vic­to­ria bri­tá­ni­ca en 1902. La fuer­za de los bri­tá­ni­cos venía de su capi­ta­lis­mo indus­trial y la debi­li­dad de los Boers de sus limi­ta­cio­nes agrí­co­las, todo lo cual se refle­ja­ba en sus dife­ren­cias cul­tu­ra­les: anglo­sa­jo­na la pri­me­ra, ger­mano-holan­de­sa la segunda.

Pero lo que nos intere­sa es que los pue­blos afri­ca­nos se enfren­ta­ban a un úni­co enemi­go a pesar de que se mata­ban entre ellos por sus intere­ses opues­tos. Ese enemi­go úni­co era el capi­ta­lis­mo euro­peo y su nacio­na­lis­mo expan­si­vo que olvi­da­ba sus intere­ses con­tra­rios para impo­ner una mis­ma ideo­lo­gía bási­ca, la de la dic­ta­du­ra de la pro­pie­dad pri­va­da con su cul­tu­ra basa­da en el feti­chis­mo de la mer­can­cía. Natu­ral­men­te, los pue­blos afri­ca­nos tam­bién tenían sus con­tra­dic­cio­nes y tam­bién se enfren­ta­ban entre ellos e inclu­so, como en el res­to de con­ti­nen­tes, algu­nos pue­blos cola­bo­ra­ban con los inva­so­res ayu­dán­do­les a exter­mi­nar o al menos explo­tar a otros por las razo­nes que fueran.

Para el tema que tra­ta­mos, la patria obre­ra fren­te a la patria bur­gue­sa, estas gue­rras a varias ban­das libra­das por poten­cias capi­ta­lis­tas tan­to entre ellas como simul­tá­nea­men­te con­tra pue­blos comu­na­les, tri­bu­ta­rios, escla­vis­tas, feu­da­les y en trán­si­to al capi­ta­lis­mo tie­nen gran impor­tan­cia por­que ade­lan­tan pro­ble­mas recu­rren­tes: el papel en las iden­ti­da­des actua­les de los res­tos de tra­di­cio­nes y de las memo­rias del pasa­do aun­que hayan sido mani­pu­la­das, per­se­gui­das y/​o actua­li­za­das por los suce­si­vos pode­res. En la medi­da en que Marx y Engels estu­dia­ban estas socie­da­des com­pren­dían la impor­tan­cia de estas cues­tio­nes para la lucha de cla­ses en su for­ma de lucha de libe­ra­ción. Su colec­ción de artícu­los sobre el colo­nia­lis­mo son un ejem­plo aplastante.

La lucha irlan­de­sa hizo que des­de 1870 Marx y Engels vol­vie­ran a pres­tar­le una gran aten­ción lle­gan­do a con­clu­sio­nes cru­cia­les para el tema que tra­ta­mos: la inde­pen­den­cia del pue­blo irlan­dés no ven­drá de la revo­lu­ción ingle­sa sino de la mis­ma lucha irlan­de­sa. La razón de lo dicho es más pro­fun­da y des­bor­da al caso con­cre­to por­que ambos ami­gos insis­tían en que los bene­fi­cios del saqueo colo­nial, por ejem­plo de la India, alie­na­ban a los obre­ros ingle­ses. En 1867 Marx le dijo a Engels que el pro­le­ta­ria­do inglés debía exi­gir la diso­lu­ción de la Unión y que Irlan­da ten­dría que apli­car tres medi­das para ase­gu­rar su liber­tad: gobierno inde­pen­dien­te, revo­lu­ción agra­ria y pro­tec­ción adua­ne­ra con­tra Inglaterra.

Antes de ana­li­zar con algo de deta­lle esta opi­nión de Marx sobre Irlan­da, que nos ilu­mi­na sobre las tareas de la patria socia­lis­ta, debe­mos saber que en la pre­sen­ta­ción del Mani­fies­to en 1892, Engels ase­gu­ró que la inde­pen­den­cia pola­ca no la logra­ría ni la noble­za ni la bur­gue­sía, sino un pro­le­ta­ria­do joven y deci­di­do siguien­do la lógi­ca del plan­tea­mien­to ante­rior sobre la nece­si­dad de una revo­lu­ción agra­ria en Polo­nia. Igual­men­te, nos con­vie­ne saber que en su visi­ta a Lon­dres en 1902 Lenin con­fir­mó lo dicho por Ben­ja­min Dis­rae­li en 1845 sobre la exis­ten­cia de «dos» Lon­dres enemi­gos entre sí, el bur­gués y el obre­ro. Tene­mos así tres pun­tos de par­ti­da para un aná­li­sis más pre­ci­so sobre el trán­si­to revo­lu­cio­na­rio a la patria pro­le­ta­ria. Pero hemos de sumar­le otros más: ¿exis­tían «dos» nacio­nes con­tra­rias den­tro de Gali­za y de Chi­na en esos momen­tos? Deci­di­da­men­te, sí.

De hecho, hacia 1891 apa­re­ció la pri­me­ra ban­de­ra gale­ga con una raya obli­cua azul sobre fon­do blan­co den­tro del pro­ce­so lla­ma­do Rexur­di­men­to no bien vis­to por la eli­te pro espa­ño­la. Debe­mos valo­rar en su jus­ta impor­tan­cia la crea­ción de este emble­ma nacio­nal y para ello recu­rra­mos al ejem­plo heroi­co del muy dis­tan­te pue­blo mao­rí en Nue­va Zelan­da que jus­to esta­ba salien­do de la cul­tu­ra paleo­lí­ti­ca. Des­de 1840 se recru­de­ció la resis­ten­cia mao­rí a la inva­sión bri­tá­ni­ca: en las gue­rras con­tra el inva­sor, los mao­ríes derri­ba­ron cua­tro veces la ban­de­ra bri­tá­ni­ca por­que odia­ban su sim­bo­lo­gía opre­so­ra. Los bri­tá­ni­cos tenían mao­ríes cola­bo­ra­cio­nis­tas en su ejér­ci­to, ase­si­nos a suel­do de sus her­ma­nos para impo­ner la ban­de­ra bri­tá­ni­ca. Vemos así la con­tra­dic­ción inhe­ren­te a cual­quier nación inva­di­da entre un sec­tor inde­pen­den­tis­ta y otro cipa­yo, y el papel de los sím­bo­los y emble­mas anta­gó­ni­cos que repre­sen­tan a ambos. La crea­ción de la pri­me­ra ban­de­ra gale­ga indi­ca­ba el ini­cio de la ace­le­ra­ción de las con­tra­dic­cio­nes inter­nas a la nación opri­mi­da por­que más ade­lan­te se crea­ría la ban­de­ra inde­pen­den­tis­ta con una estre­lla roja que expre­sa­ba la esen­cia socia­lis­ta de la nación tra­ba­ja­do­ra galega.

En Chi­na las nue­vas inva­sio­nes occi­den­ta­les des­de 1883 y 1885 debi­li­ta­ron a un gobierno pusi­lá­ni­me aplas­ta­do por Japón en 1894, todo lo cual reani­mó el odio popu­lar a la cla­se domi­nan­te. Tam­bién exis­tían «dos» Eus­kal Herria como se con­fir­ma­ba cada vez más des­de fina­les del siglo XVIII y comien­zos del XIX, aun­que fue con la irrup­ción de las huel­gas gene­ra­les obre­ras des­de 1890 en ade­lan­te cuan­do sur­gió el embrión de la «otra Eus­kal Herria», la inde­pen­den­tis­ta y socia­lis­ta. El hun­di­mien­to defi­ni­ti­vo del impe­rio espa­ñol en 1898 pro­pi­ció el lla­ma­do rege­ne­ra­cio­nis­mo para «reavi­var Espa­ña», repri­mir el nacio­na­lis­mo cata­lán y vas­co, refor­zar el cato­li­cis­mo, vigi­lar al movi­mien­to obre­ro, rear­mar el ejér­ci­to, etc.

Como vemos, los prin­ci­pa­les Esta­dos bur­gue­ses euro­peos se encon­tra­ban en una inten­sa cam­pa­ña de readap­ta­ción de sus nacio­na­lis­mos y patrio­te­ris­mos opre­so­res a las nue­vas exi­gen­cias que sur­gían del trán­si­to de la fase colo­nia­lis­ta del capi­ta­lis­mo a su fase impe­ria­lis­ta que se esta­ba dan­do en aque­llos tiem­pos. ¿Qué ocu­rría en otros pue­blos y por qué?

Fijé­mo­nos que en 1905 se crea en la aplas­ta­da Chi­na la orga­ni­za­ción Tung Meng-hui para recu­pe­rar la inde­pen­den­cia bur­gue­sa. Tam­bién, en 1907 el cam­pe­si­na­do gale­go ya empe­za­ba a crear redes de coope­ra­ción defen­si­va uni­das a la emer­gen­cia cul­tu­ral y lin­güís­ti­ca para fre­nar el avan­ce de la domi­na­ción espa­ño­la. Pues bien, en ese 1907 el zaris­mo ter­mi­na de aplas­tar median­te el terror mili­tar la revo­lu­ción de 1905 que jus­to había empe­za­do tres años des­pués de que Lenin redac­ta­ra bue­na par­te del ¿Qué hacer? impre­sio­na­do por los «dos» Lon­dres enfren­ta­dos entre sí. Y la pre­gun­ta es: ¿qué dia­léc­ti­ca inter­na pue­de exis­tir en esos momen­tos entre el ascen­so de nacio­na­lis­mos demo­crá­ti­cos y popu­la­res cada vez más enfren­ta­dos al nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta en reor­ga­ni­za­ción, y la pro­fun­di­za­ción de la teo­ría marxista?

Entre 1867, fecha de la car­ta de Marx a Engels sobre las tres medi­das para Irlan­da, y 1905 – 1907 años que mar­can la reor­ga­ni­za­ción de las iden­ti­da­des gale­ga y chi­na en aque­lla épo­ca, trans­cu­rren cua­ren­ta años en los que irrum­pe defi­ni­ti­va­men­te la fase impe­ria­lis­ta cuya fecha ofi­cial de naci­mien­to pode­mos datar, a ojo de buen cube­ro, con la des­truc­ción de la inde­pen­den­cia for­mal de Chi­na a par­tir de la fir­ma el clau­di­can­te «Pro­to­co­lo de 1901» que entre­ga­ba la nación ata­da de pies y manos al saqueo occi­den­tal pro­te­gi­do por sus cri­mi­na­les ejér­ci­tos, lo que pro­vo­ca­rá nue­vas resis­ten­cias popu­la­res. Gali­za no le iba a la zaga, el males­tar cam­pe­sino agu­di­za­do por las suce­si­vas cri­sis des­de fina­les del siglo XIX ter­mi­nó crean­do las ligas y aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas hacia 1907 en una atmós­fe­ra de lucha por la len­gua y cul­tu­ra galega.

Pero lo deci­si­vo fue que en 1873 esta­lló la pri­me­ra Gran Depre­sión has­ta 1896. Había habi­do otras cri­sis eco­nó­mi­cas ante­rio­res, como la de 1857 e inclu­so en el siglo XVII, pero esta era «nue­va» en el sen­ti­do de que sur­gía de las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo indus­trial que for­za­ba una sobre­pro­duc­ción exce­den­ta­ria que no podía ser resuel­ta por el sub­con­su­mo de las cla­ses empo­bre­ci­das, ade­más de otras cau­sas. La defla­ción, es decir caí­da de pre­cios, poca pro­duc­ción y hun­di­mien­to de sala­rios, asfi­xia­ba la tasa de ganan­cia crean­do una espi­ral des­truc­ti­va de la que solo podía salir­se apli­can­do la solu­ción que Marx ya expu­so nada menos que en 1847: des­truc­ción de rique­za pro­du­ci­da para, sobre ese desier­to de pobre­za impues­ta, abrir una nue­va fase expansiva.

La tría­da bási­ca de des­truc­ción no es otra que: sobre­ex­plo­ta­ción de la nación tra­ba­ja­do­ra por la nación bur­gue­sa así como cani­ba­lis­mo intra­bur­gués, es decir, las gran­des empre­sas se comen a las peque­ñas; expan­dir­se mun­dial­men­te saquean­do pue­blos y esquil­man­do la natu­ra­le­za; y mul­ti­pli­can­do la indus­tria de la matan­za huma­na, el papel de la vio­len­cia injus­ta en la civi­li­za­ción capi­ta­lis­ta. Es decir la pri­me­ra Gran Depre­sión de 1873 a 1896 con­fir­ma­ba la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis enun­cia­da entre 1859 y 1867, con ade­lan­tos pre­mo­ni­to­res en 1847 – 1848. Las dos gran­des depre­sio­nes pos­te­rio­res, la de 1923 – 1939 y la de 2007 has­ta hoy se move­rán den­tro de estas coor­de­na­das teó­ri­cas aun­que son sus varian­tes y nove­da­des espe­cí­fi­cas. Vere­mos cómo este deve­nir his­tó­ri­co va enri­que­cien­do las lec­cio­nes que pue­den faci­li­tar la cons­truc­ción de las patrias socialistas.

Quie­re esto decir, pri­me­ro, que cuan­do Marx expu­so sus tres pun­tos sobre Irlan­da, inde­pen­den­cia, revo­lu­ción y pro­tec­cio­nis­mo, lo hacía des­de una teo­ría no solo con­fir­ma­da ya por la his­to­ria sino que ade­más fue reva­li­da­da por la pri­me­ra «gran cri­sis» ini­cia­da seis años des­pués de la edi­ción de El Capi­tal. Y segun­do, quie­re decir que los tres requi­si­tos, que a su vez son la base impres­cin­di­ble de la patria socia­lis­ta, se man­ten­drán ina­mo­vi­bles en su esen­cia por­que a par­tir de aque­lla pri­me­ra Gran Depre­sión el capi­ta­lis­mo entró defi­ni­ti­va­men­te en otra fase, la impe­ria­lis­ta, en la que cual­quier pue­blo que qui­sie­ra ser real­men­te libre tenía, tie­ne y ten­drá que con­quis­tar su inde­pen­den­cia revolucionaria.

Pero las sobre­ga­nan­cias impe­ria­lis­tas ace­le­ra­ron pro­ce­sos alie­na­do­res que ya venían del colo­nia­lis­mo y que refor­za­ron el poder men­tal que la bur­gue­sía tenía sobre el pro­le­ta­ria­do. La indus­tria­li­za­ción impa­ra­ble hizo que el feti­chis­mo de la mer­can­cía fue­se pene­tran­do en la estruc­tu­ra psí­qui­ca pre­ca­pi­ta­lis­ta que sobre­vi­vía en las masas tra­ba­ja­do­ras y que la sub­sun­ción for­mal del tra­ba­jo en el capi­tal fue­ra des­pla­za­da por la sub­sun­ción real. De mane­ra sim­ple, a este pro­ce­so se le lla­ma «abur­gue­sa­mien­to del pro­le­ta­ria­do» y en lo que nos con­cier­ne en este tex­to «nacio­na­lis­mo bur­gués e impe­ria­lis­ta». Marx y Engels se die­ron cuen­ta muy pron­to de esos peli­gros reac­cio­na­rios inser­tos en la capa­ci­dad del capi­tal para mani­pu­lar la ideo­lo­gía pro­le­ta­ria mez­clan­do tra­di­cio­nes reac­cio­na­rias con inno­va­cio­nes bur­gue­sas. Una obra mar­xis­ta que ya en 1852 mar­ca­ba el encua­dre con­cep­tual de este pro­ble­ma per­ma­nen­te es El 18 Bru­ma­rio de Luís Bona­par­te, al que ya nos hemos referido.

Pon­ga­mos un ejem­plo: entre 1876 y la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dal los gran­des Esta­dos euro­peos se repar­tie­ron casi toda Áfri­ca median­te nego­cia­cio­nes inter­nas y terror sal­va­je externo. Tam­bién se lan­za­ron con­tra Chi­na impo­nién­do­le la clau­di­ca­ción del «Pro­to­co­lo 1901» como hemos vis­to, y no deci­mos nada de la expan­sión cri­mi­nal por gran­des zonas de Asia, irre­ver­si­ble des­de la pri­me­ra mitad del siglo XIX como en la India. Una eufó­ri­ca bur­gue­sía occi­den­tal se creía pro­pie­ta­ria del mun­do y en cier­ta for­ma lo esta­ba con­si­guien­do; a la vez algu­nas miga­jas de las cuan­tio­sas ganan­cias eran repar­ti­das entre «sus» cla­ses tra­ba­ja­do­ras aumen­tan­do la efi­ca­cia alie­na­do­ra de los medios de sumi­sión inhe­ren­tes al capi­tal. Cada vez más explo­ta­dos se creían miem­bros de la nación bur­gue­sa que les garan­ti­za­ba una peque­ña mejo­ra social gra­cias al impe­ria­lis­mo, asu­mien­do que podían asu­mir pasi­va­men­te mayor explo­ta­ción de cla­se a cam­bio de esos bene­fi­cios; peor aún, debían apo­yar ese impe­ria­lis­mo para, así, aumen­tar esas migajas.

Pon­ga­mos otro ejem­plo: en sus car­tas sobre Irlan­da, Marx y Engels advier­ten que su opre­sión nacio­nal, explo­ta­ción social y domi­na­ción reli­gio­so-cul­tu­ral por Ingla­te­rra es desas­tro­sa para la cla­se obre­ra ingle­sa por­que le con­vier­te en suje­to reac­cio­na­rio acti­vo en la lucha de cla­ses a favor de la bur­gue­sía bri­tá­ni­ca: enfren­ta los obre­ros irlan­de­ses que defien­den sus dere­chos con los ingle­ses que los des­pre­cian, rom­pe la uni­dad de cla­se con­vir­tien­do a los ingle­ses en ins­tru­men­tos repre­so­res a favor de patria ingle­sa y les con­vier­te en explo­ta­do­res de Irlan­da al bene­fi­ciar­se de su sufri­mien­to sal­va­je. Estas adver­ten­cias venían des­de el saqueo de la India a media­dos del siglo XIX y tam­bién están pre­sen­tes, pero apli­ca­das a toda Euro­pa sobre todo, en el plano direc­ta­men­te polí­ti­co por los efec­tos desas­tro­sos de la opre­sión de Polo­nia que for­ta­le­ce el poder reac­cio­na­rio de las tres poten­cias que la ocu­pan: Pru­sia, Aus­tria y Rusia.

Vemos así la con­cep­ción dia­léc­ti­ca del lla­ma­do «pro­ble­ma nacio­nal» de Marx y Engels: la inde­pen­den­cia revo­lu­cio­na­ria de los pue­blos opri­mi­dos era nece­sa­ria para esos pue­blos y a la vez para los que les opri­men. En reali­dad, no hacían sino apli­car a su tiem­po la adver­ten­cia de un repre­sen­tan­te de Nues­tra­mé­ri­ca en las reunio­nes de 1812 en Cádiz: un pue­blo que opri­me a otro pue­blo nun­ca será libre. Pero la apor­ta­ción cua­li­ta­ti­va de Marx y Engels con­sis­tió en ofre­cer la lla­ve que abría el cerro­jo de la inde­pen­den­cia al menos en aque­llos tiempos.

Antes de ver si aque­llas tres lla­ves –inde­pen­den­cia, revo­lu­ción agra­ria y pro­tec­ción adua­ne­ra– sir­ven para la inde­pen­den­cia anti­im­pe­ria­lis­ta actual, debe­mos com­pa­rar en qué avan­za­ron con res­pec­to al pri­mer nacio­na­lis­mo tal cual lo vimos en la lucha por­tu­gue­sa por su inde­pen­den­cia des­de 1580 a 1668, por citar este caso. Entre fina­les del siglo XVI y pri­me­ra mitad del siglo XVII, el poder esta­ba en manos casi exclu­si­vas de las monar­quías abso­lu­tis­tas sien­do la nación una pro­pie­dad del rey con más o menos apo­yo de la noble­za y de la bur­gue­sía, y con bas­tan­te indi­fe­ren­cia del pue­blo excep­to cuan­do este veía que la explo­ta­ción inter­na y exter­na, una inva­sión por ejem­plo, empeo­ra­ban drás­ti­ca­men­te sus ya malas con­di­cio­nes de vida. En estos casos la lucha de cla­ses inter­na y la resis­ten­cia a la inva­sión o inclu­so su apo­yo al inva­sor para derro­car al rey, exi­gen aná­li­sis par­ti­cu­la­res y singulares.

A fina­les del siglo XIX y comien­zos del XX, por el con­tra­rio, el abso­lu­tis­mo está derro­ta­do en toda regla por­que la bur­gue­sía ha logra­do qui­tar­le el poder deján­do­lo en fuer­za sim­bó­li­ca de uni­dad de un Esta­do-nación dife­ren­te al de tres siglos antes. Es así por­que el capi­ta­lis­mo indus­trial e impe­ria­lis­ta ya no es como aquel mer­can­til y colo­nia­lis­ta: aho­ra el pro­le­ta­ria­do irrum­pe con fuer­za sufi­cien­te para crear la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal, para lan­zar­se al pri­mer inten­to de hacer una patria socia­lis­ta: la Comu­na; para unir la inde­pen­den­cia de los pue­blos con la nece­si­dad de la revo­lu­ción como ya se apre­cia en 1905 en Euro­pa y con un poco más de retra­so en Chi­na y en Galiza.

Pero a la vez, el opio del patrio­te­ris­mo bur­gués se expan­día en las cla­ses explo­ta­das más rápi­da y pro­fun­da­men­te que en el capi­ta­lis­mo de los siglos XVI-XVII, por­que la rápi­da indus­tria­li­za­ción y el impe­ria­lis­mo ace­le­ra­ban la sub­sun­ción real del tra­ba­jo en el capi­tal, expan­día el feti­chis­mo de la mer­can­cía que alie­na­ba al pro­le­ta­ria­do, crea­ba las bases para la explo­sión racis­ta, para el auto­ri­ta­ris­mo mili­ta­ris­ta y machis­ta, para los Frei­korps, pila­res todos ellos del pro­to­fas­cis­mo que lla­ma­rá a las puer­tas en 1918. La reor­ga­ni­za­ción del nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta bus­ca­ba cor­tar de raíz los bro­tes revo­lu­cio­na­rios, del comu­nis­mo y de su defen­sa de la inde­pen­den­cia tra­ba­ja­do­ra, y man­te­ner en la reser­va una fuer­za irra­cio­nal de masas que pudie­ra acti­var­se en el momen­to nece­sa­rio para el capital.

Cuan­do en 1867 Marx plan­tea­ba la nece­si­dad de la inde­pen­den­cia, de la revo­lu­ción agra­ria y del pro­tec­cio­nis­mo ante el ava­sa­lla­mien­to eco­nó­mi­co inglés ade­lan­ta­ba tres medi­das que otros pue­blos no ten­drían más reme­dio que adap­tar en su momen­to. Los dos ami­gos sabían que las tres medi­das impli­ca­ban un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio que podría con­lle­var una gue­rra entre la Irlan­da libre y la Ingla­te­rra opre­so­ra; sabían que el pro­le­ta­ria­do pola­co no obten­dría la uni­fi­ca­ción nacio­nal y la revo­lu­ción agra­ria sin arries­gar­se a una gue­rra de liberación.

Ya enton­ces la inde­pen­den­cia, la revo­lu­ción agra­ria y el pro­tec­cio­nis­mo, aun­que solo fue­ran una pro­pues­ta, anun­cia­ban un cho­que fron­tal con las bur­gue­sías ocu­pan­tes. De hecho eso mis­mo esta­ba suce­dien­do en Sudán, país pre­ca­pi­ta­lis­ta que defen­día su inde­pen­den­cia con­tra la ocu­pa­ción anglo-egip­cia, que apli­ca­ba las nor­mas comu­na­les y jus­tas del islam y cuya vida eco­nó­mi­ca había roto con el colo­nia­lis­mo. En 1898 el pue­blo suda­nés, muy mal arma­do, sin noción algu­na de las tác­ti­cas mili­ta­res occi­den­ta­les, se enfren­tó con un heroís­mo deses­pe­ra­do a las moder­nas ame­tra­lla­do­ras, caño­nes y fusi­les bri­tá­ni­cos. Omdur­mán no fue una bata­lla, fue una masa­cre espe­luz­nan­te, con casi 30.000 muer­tos, heri­dos y pri­sio­ne­ros suda­ne­ses con­tra poco más de 400 bajas bri­tá­ni­cas. A este cri­men, y otros tan­tos, se le debe apli­car la mis­ma con­de­na que lan­zó Marx con­tra la civi­li­za­ción capi­ta­lis­ta que exter­mi­nó a 30.000 comu­ne­ros en 1871.

Pero la teo­ría mar­xis­ta que expli­ca­ba por qué había que luchar por la inde­pen­den­cia, por la revo­lu­ción agra­ria y por rom­per con el capi­ta­lis­mo tam­bién valía para la lucha de cla­ses en el impe­rio zaris­ta de 1905 a 1908. La expre­sión sin­té­ti­ca de esta teo­ría fue­ron los soviets. Si la Comu­na ense­ñó al mun­do que el pro­le­ta­ria­do se atre­vía a inten­tar cons­truir su patria socia­lis­ta, los soviets rusos de 1905 ense­ña­ron que las cla­ses y nacio­nes opri­mi­das habían dado pasos deci­si­vos en la auto­or­ga­ni­za­ción hori­zon­tal, direc­ta e inde­pen­dien­te de las ins­ti­tu­cio­nes bur­gue­sas, de sus par­ti­dos de orden y buro­cra­cias sin­di­ca­les. Los soviets diri­gían la revo­lu­ción en los cuar­te­les y en las fábri­cas, en los cam­pos y en las barria­das popu­la­res. Los soviets deci­dían cómo había que prac­ti­car la inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca del mer­ca­do capi­ta­lis­ta: eran el pue­blo en armas, colum­na ver­te­bral de la patria socialista.

Los soviets sur­gie­ron por varias razo­nes de entre las que des­ta­ca­mos estas tres por su impor­tan­cia para el tema de la patria obre­ra: una, la mayo­ría de la cla­se tra­ba­ja­do­ra aún man­te­nía rela­cio­nes direc­tas o indi­rec­tas con la cul­tu­ra popu­lar cam­pe­si­na en la que era muy fuer­te la memo­ria de lucha anti­za­ris­ta, como cons­ta­tó Lenin en 1902; dos, la derro­ta en la gue­rra con­tra el Japón meses antes de la revo­lu­ción des­tro­zó la poca legi­ti­mi­dad que le que­da­ba al zaris­mo plan­tean­do la urgen­cia de pro­fun­das refor­mas de moder­ni­za­ción, abrien­do las bre­chas por las que salie­ron a la luz las ansias obre­ras y cam­pe­si­nas por otra socie­dad total­men­te dife­ren­te; y tres, la debi­li­dad del refor­mis­mo polí­ti­co-sin­di­cal y cul­tu­ral en el seno del pue­blo obre­ro y espe­cial­men­te en las fábri­cas, lo que expli­ca que ape­nas exis­tie­ran meca­nis­mos de con­trol y para­li­za­ción refor­mis­ta de toda radi­ca­li­dad, así como la inexis­ten­cia de un pro­yec­to nacio­nal bur­gués alter­na­ti­vo al zaris­ta o que pudie­ra reade­cuar­lo a la terri­ble cri­sis de super­vi­ven­cia del imperio.

Pero si bien la teo­ría mar­xis­ta se desa­rro­lla­ba al son de las con­tra­dic­cio­nes obje­ti­vas, era apre­cia­ble el retra­so sub­je­ti­vo de las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias para estar a la altu­ra de las nue­vas prác­ti­cas del pue­blo tra­ba­ja­dor, como los soviets: pocos bol­che­vi­ques vie­ron al ins­tan­te lo que estos supo­nían, aun­que lo des­cu­brie­ron más ade­lan­te y supie­ron inte­grar­se en ellos.

¿Qué impor­tan­cia tie­ne para nues­tro pre­sen­te y futu­ro como pue­blos opri­mi­dos este retra­so a comien­zos del siglo XX de la sub­je­ti­vi­dad revo­lu­cio­na­ria con res­pec­to al avan­ce de la lucha de cla­ses en gene­ral y con­cre­ta­men­te con las luchas de liberación?

Ten­ga­mos en cuen­ta que en 1905 – 1908 fue muy impor­tan­te la irrup­ción de las luchas nacio­na­les anti­za­ris­tas fine­sas, bál­ti­cas, pola­cas…, tam­bién que aumen­ta­ban las luchas anti­co­lo­nia­les y que, por el lado con­tra­rio, se refor­za­ba de mane­ra imper­cep­ti­ble el opio nacio­na­lis­ta bur­gués en el pro­le­ta­ria­do occi­den­tal y de for­ma muy per­cep­ti­ble el refor­mis­mo social­de­mó­cra­ta, al que volveremos.

La revo­lu­ción rusa fue total­men­te aplas­ta­da en 1908 muy poco antes de que esta­lla­ra la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial en 1914. La Segun­da Inter­na­cio­nal deba­tía sobre qué hacer con­tra la gue­rra, pero las diver­sas pro­pues­tas no pudie­ron evi­tar el apo­yo masi­vo de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras a sus res­pec­ti­vas bur­gue­sías en los dos pri­me­ros años de la gue­rra. Todo suge­ría que la patria obre­ra había des­apa­re­ci­do de las rei­vin­di­ca­cio­nes en Occi­den­te antes de las pro­tes­tas socia­les des­de 1916. Apro­ve­chan­do el con­tex­to mun­dial, en 1915 Japón ulti­mó a Chi­na para que fir­ma­se el docu­men­to «Las 21 con­di­cio­nes» que con­ver­tían al agó­ni­co país en su pro­tec­to­ra­do, humi­lla­ción que Pekín cum­plió. En Irlan­da se pro­du­jo el Alza­mien­to de Pas­cua de 1916 y en Gali­za avan­za­ba la con­cien­cia nacio­nal con las movi­li­za­cio­nes polí­ti­co-cul­tu­ra­les: entre 1916 y 1918 se fun­dan la Irman­da­de de la Fala y la I Asam­blea Nacio­na­lis­ta Gale­ga, por citar dos ejemplos.

Resul­ta muy escla­re­ce­dor que a par­tir de 1912 el gru­po bol­che­vi­que en el que mili­ta­ba Lenin empe­za­ra a adver­tir que se reini­cia­ba una nue­va olea­da de luchas nacio­na­les tras la derro­ta de la revo­lu­ción de 1905 – 1908. Esto era cier­to, pero tam­bién lo era su con­tra­rio: en agos­to de 1914 casi la tota­li­dad de los pue­blos tra­ba­ja­do­res empe­za­ron a matar­se entre ellos para aumen­tar la rique­za de sus bur­gue­sías res­pec­ti­vas. ¿Qué había suce­di­do? La res­pues­ta es com­ple­ja por­que se tra­ta de pene­trar en la con­tra­dic­to­ria iden­ti­dad nacio­nal de los pue­blos, aun­que hemos ade­lan­ta­do ya bas­tan­tes ideas al res­pec­to y otras que vere­mos más adelante.

Has­ta 1914 se des­co­no­cían muchas de las obras mar­xis­tas nece­sa­rias para estu­diar qué era el feti­chis­mo, qué era la alie­na­ción, qué era la sub­sun­ción for­mal y la sub­sun­ción real y qué impor­tan­cia tie­nen para el tema que nos ata­ñe, qué impli­ca­cio­nes tie­nen los Grun­dris­se para la mis­ma cues­tión, etc. Bas­ta saber que el lla­ma­do cuar­to libro de El Capi­tal o «His­to­ria crí­ti­ca de la teo­ría de la plus­va­lía» ter­mi­nó de impri­mir­se en 1910 por lo que su estu­dio fue muy super­fi­cial y úni­ca­men­te por una mino­ría. Ade­más, esta­ban sin publi­car un sin­fín de car­tas entre ambos ami­gos y de estos con muchos cono­ci­dos. Tam­bién eran des­co­no­ci­dos los borra­do­res sobre etno­gra­fía, sobre pue­blos que des­co­no­cían la pro­pie­dad, sobre tie­rras comu­na­les en muchos con­ti­nen­tes, no solo en Rusia, y un sin­fín de otros manus­cri­tos que aún están sin edi­tar. Seme­jan­te masa de ideas nos van des­cu­brien­do un méto­do de pen­sa­mien­to de ambos ami­gos en el que la dia­léc­ti­ca de sus tex­tos ini­cia­les adquie­re una poten­cia­li­dad cog­ni­ti­va y de acción cons­cien­te que asom­bra cada vez más según se estudia.

Peor suer­te corrió la recu­pe­ra­ción de la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta y su apli­ca­ción metó­di­ca a la his­to­ria de la lucha de cla­ses. En sus últi­mos años Engels se auto­cri­ti­có en su nom­bre y en el de Marx por la prio­ri­dad que habían dado a lo que aho­ra se lla­man «fac­to­res obje­ti­vos» dejan­do en segun­do plano los «fac­to­res sub­je­ti­vos», impres­cin­di­bles para enten­der las luchas y gue­rras de libe­ra­ción nacio­nal. Por citar un solo caso, la deci­si­va Car­ta a Bloch fue escri­ta en 1890, pero tar­dó en publi­car­se bas­tan­tes años. Y si nos exten­de­mos a la vital dia­léc­ti­ca, vemos que Dia­léc­ti­ca de la natu­ra­le­za, borra­dor escri­to por Engels entre 1873 y 1883 con la ayu­da de Marx, solo se publi­có en 1925, y el deci­si­vo borra­dor de Lenin Cua­der­nos filo­só­fi­cos, redac­ta­do entre 1914 y 1916, solo se cono­ció en ruso en 1934.

Par­tien­do de estos vacíos com­pren­de­mos mejor las lagu­nas inevi­ta­bles en los tex­tos mar­xis­tas sobre las con­tra­dic­cio­nes inhe­ren­tes a la con­cien­cia nacio­nal de los pue­blos, al mar­gen aho­ra de que estu­vie­ran opri­mi­dos o fue­ran opre­so­res. El pri­mer tex­to con­ser­va­do de Rosa Luxem­burg sobre la cues­tión nacio­nal es de 1896. Lenin ya salió en defen­sa de Chi­na en 1900 que esta­ba sien­do ata­ca­da por la Rusia zaris­ta. Las tesis de la social­de­mo­cra­cia inter­na­cio­nal sobre la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos eran for­ma­les y gene­ra­les. Otto Bauer había publi­ca­do en 1907 La cues­tión de las nacio­na­li­da­des y la social­de­mo­cra­cia, dan­do mucha impor­tan­cia al peso de la cul­tu­ra. Lenin advir­tió en 1912 que se reac­ti­va­ban las luchas nacio­na­les tras su derro­ta en 1905 – 1908, pidien­do a Sta­lin que hicie­ra un tex­to sobre el tema que reci­bió el títu­lo El mar­xis­mo y la cues­tión nacio­nal publi­ca­do en enero de en 1913. Inme­dia­ta­men­te des­pués Lenin escri­bió su pro­pio tex­to El dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción en mayo de 1914, tres meses antes de la Pri­me­ra Gue­rra Mundial.

Es decir, la prác­ti­ca tota­li­dad de las diver­sas tesis de las izquier­das sobre la cues­tión nacio­nal en agos­to de 1914 se movían en la super­fi­cie del pro­fun­do y oscu­ro océano de las con­tra­dic­cio­nes nacio­na­les, no por igno­ran­cia o indi­fe­ren­cia ante el pro­ble­ma sino por las limi­ta­cio­nes obje­ti­vas enton­ces insu­pe­ra­bles. Inclu­so la insis­ten­cia en 1907 de Otto Bauer en la impor­tan­cia de la cul­tu­ra nacio­nal que­da­ron des­bor­da­das des­de el pri­mer día de la gue­rra sie­te años des­pués. La amar­ga incre­du­li­dad de Lenin al ente­rar­se de los masi­vos apo­yos obre­ros a sus bur­gue­sías es un ejem­plo concluyente.

Nos hace­mos una idea apro­xi­ma­da de la res­pues­ta a la pre­gun­ta sobre qué había suce­di­do vien­do lo que hizo Lenin: se lan­zó a releer a Hegel, pro­fun­di­zó el estu­dio de la opre­sión nacio­nal y de la gue­rra, empe­zó a estu­diar el impe­ria­lis­mo y el Esta­do, sin dejar de hacer una crí­ti­ca demo­le­do­ra de la social­de­mo­cra­cia y redo­blan­do los esfuer­zos para con­ver­tir la gue­rra inter­im­pe­ria­lis­ta en gue­rra revo­lu­cio­na­ria anti­ca­pi­tas­lis­ta y, más ade­lan­te, des­de 1919, impul­só la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta como direc­ción revo­lu­cio­na­ria mun­dial, lo que fue un acier­to incues­tio­na­ble para el tema que nos ocu­pa, para avan­zar en la crea­ción de las patrias obreras.

Como vere­mos, las patrias socia­lis­tas tie­nen en el euro­cen­tris­mo y en el reac­cio­na­ris­mo de la patria impe­ria­lis­ta, uno de los mayo­res obs­tácu­los para triun­far, entre otras cosas por­que el patrio­te­ris­mo euro­cén­tri­co no solo se opo­ne con­tra los pue­blos sino tam­bién hun­de en la igno­ran­cia his­tó­ri­ca a sus cla­ses explo­ta­das y es sabi­do que la igno­ran­cia refuer­za el irra­cio­na­lis­mo y el reac­cio­na­ris­mo. Un ejem­plo lo tene­mos en la indi­fe­ren­cia de las izquier­das ante la revo­lu­ción mexi­ca­na de 1910 a 1917 que era una rebe­lión masi­va del cam­pe­si­na­do y de etnias aplas­ta­das con­tra un poder que ellas sen­tían como extran­je­ros que les arre­ba­ta­ba a san­gre y fue­gos su cul­tu­ra pre­co­lom­bi­na y sus tie­rras comunales.

El Plan de Aya­la de 1911 exi­gía entre otras rei­vin­di­ca­cio­nes la devo­lu­ción de los comu­na­les, la expro­pia­ción de las tie­rras y su repar­to a los cam­pe­si­nos pobres, nacio­na­li­zar los bie­nes de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios para sufra­gar las pen­sio­nes de gue­rra e indem­ni­zar a las y los pobres, etc. Había otras cla­ses y fac­cio­nes de cla­se, des­de la gran bur­gue­sía has­ta los peque­ños terra­te­nien­tes, comer­cian­tes y pro­fe­sio­nes libe­ra­les, pero aho­ra no pode­mos exten­der­nos en más deta­lles, solo decir que el pue­blo explo­ta­do dio mues­tras de una impre­sio­nan­te crea­ti­vi­dad militar.

La revo­lu­ción mexi­ca­na tenía pun­tos en común con la chi­na pero pade­cía de una debi­li­dad mor­tal: no dis­po­nía de un par­ti­do comu­nis­ta que la guia­ra, lo que impi­dió que sur­gie­ra una nación mexi­ca­na tra­ba­ja­do­ra. Recu­pe­rar los comu­na­les, ríos, bos­ques, pas­tos, recu­pe­rar los bie­nes crea­dos por el sudor del pue­blo, nacio­na­li­zar la rique­za de los explo­ta­do­res, resol­ver la vejez de las y los revo­lu­cio­na­rios heri­dos y ayu­dar de por vida a las fami­lias y viu­das de los héroes ase­si­na­dos en com­ba­te…, todo esto y más eran los pila­res bási­cos de la patria cam­pe­si­na, indí­ge­na y obre­ra: pero falló el «fac­tor subjetivo».

Lo que había ocu­rri­do era que el pro­le­ta­ria­do euro­peo que no sufría opre­sión nacio­nal había sido infec­ta­do por el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta de sus res­pec­ti­vas bur­gue­sías duran­te más o menos tres lus­tros, a pesar de las lec­cio­nes de la revo­lu­ción rusa de 1905. La Segun­da Inter­na­cio­nal ni sabía ni podía com­ba­tir ese avan­ce reac­cio­na­rio por­que tal reali­dad ape­nas per­cep­ti­ble a sim­ple vis­ta no entra­ba en su meca­ni­cis­mo lineal y en su des­pre­cio del «fac­tor sub­je­ti­vo». La pode­ro­sa y exten­sa buro­cra­cia social­de­mó­cra­ta, así como la fuer­za inter­na, pero no ofi­cial de la corrien­te berns­tei­nia­na, exten­die­ron la domi­na­ción ideo­ló­gi­ca bur­gue­sa has­ta el pun­to de arras­trar al pro­le­ta­ria­do a la esca­be­chi­na en medio de la per­ple­ji­dad de la izquier­da internacionalista.

Pero para comien­zos de 1916 apa­re­cie­ron sín­to­mas de duda en varios ejér­ci­tos, ten­sión que se fue exten­dien­do con las inex­pli­ca­bles matan­zas del Som­me y Ver­dún en el fren­te occi­den­tal, en el orien­tal con la derro­ta de la ofen­si­va Bru­si­lov en oto­ño de ese año, y tam­bién en las reta­guar­dias obre­ras y cam­pe­si­nas. Muchos sol­da­dos pro­tes­ta­ron, des­obe­de­cie­ron y se insu­bor­di­na­ron en diver­sos fren­tes. En febre­ro de 1917 irrum­pió la pri­me­ra fase de la revo­lu­ción rusa, la demo­crá­ti­co-bur­gue­sa, que daría el sal­to a revo­lu­ción socia­lis­ta en octu­bre de ese año anun­cian­do la pri­ma­ve­ra de la patria socia­lis­ta en la que la libe­ra­ción de los pue­blos opri­mi­dos por el zaris­mo jugó un gran papel. Si en el males­tar social de 1916 en la Euro­pa occi­den­tal se empe­za­ban a per­fi­lar atis­bos de otro mode­lo de nación «no en el sen­ti­do bur­gués», ten­den­cia que se con­cre­ta­ría más a par­tir de 1943, fue en las dos fases de la revo­lu­ción rusa en don­de apa­re­ció definitivamente.

Las limi­ta­cio­nes del mar­xis­mo de la épo­ca para com­pren­der la ini­cial sumi­sión pro­le­ta­ria has­ta 1916 se con­fir­ma­ron en el caso con­tra­rio, en el de la suble­va­ción irlan­de­sa de Pas­cua del 24 de abril de 1916. Insu­rrec­ción tan sor­pre­si­va que Lenin fue uno de los muy pocos inter­na­cio­na­lis­tas que salió en su defen­sa. Irlan­da siem­pre había lucha­do de un modo u otro, o de todos, por sus dere­chos nacio­na­les y socia­les. En Dublín, por ejem­plo, se die­ron duras luchas en una huel­ga des­de agos­to de 1913 que lle­va­ron a los tra­ba­ja­do­res a crear una mili­cia de auto­de­fen­sa pre­pa­ra­da mili­tar­men­te. La huel­ga fue derro­ta­da tras medio año de encar­ni­za­das luchas, pero la lec­ción de auto­de­fen­sa mili­tar no se olvi­dó ya que vol­vió a sur­gir con fuer­za en la Pas­cua de 1916.

Mien­tras tan­to, la gue­rra de 1914 impi­dió que Lon­dres con­ce­die­ra la auto­no­mía a Irlan­da. Las dos gran­des ciu­da­des, Bel­fast y Dublín, eran focos indus­tria­les en expan­sión con un pro­le­ta­ria­do muy moderno que empe­za­ba a abrir­se a las ideas socia­lis­tas des­de la reali­dad de opre­sión nacio­nal en un país con un cam­pe­si­na­do cató­li­co en el sur. Des­pués de una sema­na de lucha total­men­te des­igual en la que murien­do algo más de 300 per­so­nas, la insu­rrec­ción popu­lar de 1916 fue liqui­da­da y muchos de sus diri­gen­tes fusi­la­dos, sien­do el más influ­yen­te de ellos el mar­xis­ta James Con­nolly orga­ni­za­dor de un ejér­ci­to obre­ro que sabía que inde­pen­den­cia y socia­lis­mo son las dos caras de la mis­ma moneda.

Pero la repre­sión solo mul­ti­pli­có el odio anti­bri­tá­ni­co de modo que la lucha arma­da se reac­ti­vó en 1919 con una dure­za tre­men­da que obli­gó en 1921 a Gran Bre­ta­ña a ofre­cer una solu­ción tram­po­sa que bene­fi­cia­ba a la bur­gue­sía del sur de Irlan­da: rom­per la isla entre el nor­te más indus­tria­li­za­do y obre­ro, y el sur cam­pe­sino y con­ser­va­dor. El pro­yec­to bri­tá­ni­co de divi­dir la nación fue la cau­sa de una dura gue­rra civil en la que Gran Bre­ta­ña ayu­do al sec­tor que acep­ta­ba inte­grar­se en la Comu­ni­dad Bri­tá­ni­ca de Nacio­nes como «Esta­do libre» suje­to al con­trol bri­tá­ni­co, depen­den­cia total­men­te con­tra­ria al plan­tea­mien­to de Marx y de Con­nolly. Al final, la gue­rra civil aca­bó con la ten­den­cia al for­ta­le­ci­mien­to del inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta en Bel­fast y en Dublín por muchos años garan­ti­zan­do el poder del capi­tal en ambos territorios.

La Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial mos­tró que se esta­ban inten­si­fi­can­do las con­tra­dic­cio­nes que azu­zan la exten­sión de las luchas nacio­na­les, pero tam­bién ense­ñó el retra­so de las izquier­das para com­pren­der teó­ri­ca­men­te por qué suce­día eso. La pri­me­ra fase de la solu­ción, recu­pe­ran­do par­te del poder teó­ri­co, ven­dría con la labor de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta en 1919. Mien­tras tan­to, los pue­blos opri­mi­dos seguían avan­zan­do por su cuen­ta: en la Gali­za de 1920 apa­re­ció la revis­ta Nos entre tan­tos ejem­plos de recu­pe­ra­ción de su iden­ti­dad y para 1921 ya se esta­ban orga­ni­zan­do los pri­me­ros comu­nis­tas gale­gos. En la Chi­na de ese mis­mo tiem­po se cons­ti­tu­yó el Movi­mien­to 4 de mayo del que sur­gi­ría el PCCH en verano de 1921.

Como sín­te­sis defi­ni­ti­va de este perío­do que expre­sa el ini­cio defi­ni­ti­vo de una nue­va fase en la crea­ción de las patrias obre­ras bajo el impe­ria­lis­mo, tene­mos el famo­so docu­men­to de febre­ro de 1918 redac­ta­do por Trots­ki y fir­ma­do por el pri­mer gobierno sovié­ti­co diri­gi­do por Lenin: ¡La patria socia­lis­ta en peligro!

¿Qué hori­zon­te se abría fren­te a las cla­ses y pue­blos explo­ta­dos con este llamamiento?

El lla­ma­mien­to sovié­ti­co a defen­der a cual­quier pre­cio la pri­me­ra patria socia­lis­ta de la his­to­ria, patria inter­na­cio­na­lis­ta basa­da en el poder arma­do de los soviets, fue un ver­da­de­ro terre­mo­to en la con­cien­cia de los pue­blos tra­ba­ja­do­res sufrie­ran o no opre­sión nacio­nal. Para los que no la sufrían, pero eran explo­ta­dos por «sus» bur­gue­sías el lla­ma­do sovié­ti­co les abrió la con­cien­cia ante el hecho con­su­man­do de que podía haber otra patria anta­gó­ni­ca, incon­ci­lia­ble, con la que ellos pade­cían y sufrían a dia­rio: la de «su» bur­gue­sía. Las izquier­das de estos pue­blos cono­cían el gran­dio­so sig­ni­fi­ca­do his­tó­ri­co de la Comu­na de 1871 pero de pron­to vie­ron que des­de octu­bre de 1917 había sur­gi­do algo supe­rior a la Comu­na, algo que explo­ra­ba mate­rial­men­te los sen­de­ros comu­ne­ros e ini­cia­ba otros nuevos.

Las revo­lu­cio­nes inme­dia­ta­men­te pos­te­rio­res a la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial en Ale­ma­nia, Fin­lan­dia, Ita­lia, Hun­gría… y el ascen­so de movi­li­za­cio­nes y enfren­ta­mien­tos en otros paí­ses como la lar­ga rebe­lión en India des­de 1919 que fue sofo­ca­da de nue­vo por el terror bri­tá­ni­co con el apo­yo del paci­fis­mo de Gandhi que lla­mó a la para­li­za­ción de las luchas y a la des­mo­vi­li­za­ción del pue­blo insu­rrec­to faci­li­tan­do la vic­to­ria bri­tá­ni­ca con su fero­ci­dad criminal.

Para las izquier­das de los pue­blos opri­mi­dos el terre­mo­to sovié­ti­co remo­vió mon­ta­ñas y océa­nos sacan­do a la luz que la patria obre­ra es una nece­si­dad rea­li­za­ble con la revo­lu­ción, en vez de una uto­pía mile­na­ris­ta al esti­lo del paraí­so en la Tie­rra: bella pero impo­si­ble. Más aún, cuan­do esa patria sovié­ti­ca orga­ni­zó la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta e hizo un esfuer­zo titá­ni­co por dar un sal­to cua­li­ta­ti­vo en la teo­ría mar­xis­ta de la liber­tad de los pue­blos, estos com­pren­die­ron que sus pro­pios sacri­fi­cios y luchas debe­rían ser la base de ese avan­ce teó­ri­co impres­cin­di­ble. Por tan­to, com­pren­die­ron que ellos tam­bién eran par­te sus­tan­ti­va en el avan­ce al comu­nis­mo, en inten­tar tomar el cie­lo por asalto.

Los obre­ros ingle­ses no habían lle­ga­do en 1926 al nivel de con­cien­cia de Liebk­necht de 1871 sobre recu­pe­rar su patria expro­pia­da por la bur­gue­sía ale­ma­na, como hemos vis­to arri­ba. Pero con alti­ba­jos lle­va­ban una lucha de cla­ses ascen­den­te des­de 1921 que dio un sal­to en 1924, lle­gan­do a con­vo­car una huel­ga gene­ral para el 3 de mayo de 1926. La bur­gue­sía y su gobierno acu­sa­ban a la cla­se obre­ra de estar pre­pa­ran­do una gue­rra civil y tomó medi­das para derro­tar­la con el esta­do de excep­ción, movi­li­zan­do el ejér­ci­to y la mari­na. Tenía mie­do del con­ta­gio de la revo­lu­ción sovié­ti­ca y esta­ba dis­pues­ta a todo para ven­cer en esa gue­rra civil. Muchos de los con­se­jos de acción crea­dos por los obre­ros tenían plan­tea­mien­tos revo­lu­cio­na­rios. Pero el PCGB era muy peque­ño y aun­que paso de 6000 a 10.000 mili­tan­tes no pudo con­tra­rres­tar el refor­mis­mo de la buro­cra­cia sin­di­cal obse­sio­na­da en debi­li­tar la Huel­ga antes inclu­so de que esta­lla­se y en hacer­la fra­ca­sar des­pués. Por un bre­ve tiem­po aso­mó en lon­ta­nan­za una posi­bi­li­dad de la patria ingle­sa socialista.

En efec­to, la nece­si­dad del comu­nis­mo se vol­vió más impe­rio­sa des­pués de ter­mi­nar la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial por­que resur­gió con más fuer­za que antes el anta­go­nis­mo entre el enri­que­ci­mien­to bur­gués y el empo­bre­ci­mien­to de la cla­se tra­ba­ja­do­ra: los «feli­ces años vein­te» de cham­pan y vicio de la gran oli­gar­quía ocul­ta­ban median­te una incon­tro­la­ble bur­bu­ja finan­cie­ro-espe­cu­la­ti­va el estan­ca­mien­to eco­nó­mi­co real, has­ta que la bur­bu­ja gigan­tes­ca, el glo­bo espe­cu­la­ti­vo esta­lló en octu­bre de 1929 sumien­do al mun­do, menos a la URSS, en la segun­da Gran Depre­sión. Pero en aque­llos paí­ses empo­bre­ci­dos por el saqueo colo­nial e impe­ria­lis­ta, por la bru­ta­li­dad de las cla­ses domi­nan­tes, etc., no hizo fal­ta la cri­sis de 1929 para que los pue­blos se alza­ran con­tra la insu­fri­ble explo­ta­ción ilu­sio­na­dos con el ejem­plo sovié­ti­co y la labor de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta. Vea­mos el caso de China.

Sabe­mos que en 1921 se creó el PCCh deci­di­do a lograr la inde­pen­den­cia real de un país en el que los extran­je­ros expo­lia­do­res no podían ser juz­ga­dos por las leyes chi­nas por­que tenían el pri­vi­le­gio de la extra­te­rri­to­ria­li­dad, por citar uno solo de una lis­ta inso­por­ta­ble de pre­ben­das y bru­ta­li­da­des. La mili­tan­cia comu­nis­ta cre­ció luchan­do con­tra los seño­res de la gue­rra, la bur­gue­sía chi­na y el impe­ria­lis­mo. En 1927 suble­va­cio­nes popu­la­res espe­cial­men­te en Shan­gai en abril fue­ron masa­cra­das con dece­nas de miles de muer­tos. El PCCh obe­de­ció la direc­triz de Mos­cú de supe­di­tar­se a la bur­gue­sía que incum­plió los acuer­dos, dio un gol­pe mili­tar y pro­ce­dió a la dego­lli­na de los comu­nis­tas. La bur­gue­sía creó escua­dro­nes de la muer­te con miem­bros de las mafias en una per­fec­ta divi­sión del tra­ba­jo represivo.

La bur­gue­sía «demo­crá­ti­ca» tam­bién pasó a cuchi­llo en diciem­bre de 1927 la Comu­na de Can­tón, mien­tras en áreas rura­les sur­gían «repú­bli­cas sovié­ti­cas» que resis­tían los ata­ques del Kuo­min­tang has­ta su exter­mi­nio. Las ban­das arma­das de los seño­res de la gue­rra y los ban­do­le­ros y gru­pos cri­mi­na­les del cam­po ayu­da­ban en la lucha anti­co­mu­nis­ta por­que sus intere­ses coin­ci­dían con los de la bur­gue­sía y terratenientes.

La divi­sión del tra­ba­jo repre­si­vo entre cri­mi­na­les mafio­sos y cri­mi­na­les mili­ta­res acti­va en Shan­gai y en gran­des áreas de Chi­na había teni­do el pre­ce­den­te de la con­tra­rre­vo­lu­ción fran­ce­sa de 1848 como cons­ta­tó Marx, tam­bién en par­te de los Frei­korps ale­ma­nes de 1918, las Cami­sas Negras fas­cis­tas des­de 1919 y las SA nazis des­de 1920. Por tan­to no debe sor­pren­der­nos que reapa­re­cie­ran en Chi­na. El patrio­tis­mo bur­gués ren­ta­bi­li­za a «sus» cri­mi­na­les como el rever­so tene­bro­so de las esen­cias patrias que no son otras que las del capi­tal. Hemos hecho este bre­ve repa­so his­tó­ri­co para com­pren­der mejor la com­ple­ji­dad del fas­cis­mo, su papel en el patrio­tis­mo bur­gués y las difi­cul­ta­des de amplios sec­to­res mar­xis­tas del momen­to para enten­der­lo. Entra­mos así en la segun­da inca­pa­ci­dad de muchos mar­xis­tas para impul­sar la patria obrera.

La Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta se lan­zó des­de 1919 a estu­diar, entre otras cosas, las razo­nes de las derro­tas suce­si­vas de las revo­lu­cio­nes que habían esta­lla­do des­pués de la sovié­ti­ca. Alre­de­dor de 1922 apa­re­cie­ron el fas­cis­mo ita­liano y mili­ta­ris­mos varios en otros paí­ses. Un poco más tar­de las ambi­güe­da­des del freu­dis­mo faci­li­ta­ron la apa­ri­ción de ver­sio­nes con ten­den­cias revo­lu­cio­na­rias que se radi­ca­li­za­ron tras la cri­sis de 1929 dan­do for­ma al freu­do-mar­xis­mo que plan­tea­ba refle­xio­nes suge­ren­tes sobre cómo inter­ve­nir en el «fac­tor sub­je­ti­vo», pero su influen­cia en la izquier­da fue míni­ma en par­te tam­bién por el recha­zo que sufrió por los par­ti­dos comunistas.

Pre­via­men­te, mar­xis­tas como Bor­di­ga, Cla­ra Zet­kin, Grams­ci, Trots­ki, Dimi­trov y otros muchos ana­li­za­ron el fas­cis­mo con rigor, pero la mayo­ría de ellos no pudie­ron o no qui­sie­ron exten­der sus estu­dios a la reser­va de irra­cio­na­li­dad que el fas­cis­mo acti­vó enri­que­cien­do las lec­cio­nes que la bur­gue­sía euro­pea había apren­di­do des­de 1830 – 1848: bona­par­tis­mo, cesa­ris­mo, mafias reac­cio­na­rias, terror pre y pro­to­fas­cis­ta, mani­pu­la­ción de ansie­da­des y mie­dos en la peque­ña bur­gue­sía, mani­pu­la­ción de la psi­co­lo­gía de masas y de la estruc­tu­ra psí­qui­ca alie­na­da, exal­ta­ción del racis­mo y del nacio­na­lis­mo patriar­cal, obe­dien­cia incon­di­cio­nal al líder pro­tec­tor, dere­chos de la raza supe­rior, etc. Como hemos dicho, peque­ñas corrien­tes freu­do-mar­xis­tas inten­ta­ron ganar influen­cia y abrir nue­vos fren­tes de lucha de cla­ses anti­fas­cis­tas, pero les macha­có la repre­sión inter­na y externa.

El fra­ca­so de la peque­ña corrien­te freu­do-mar­xis­ta tuvo dos gran­des efec­tos nega­ti­vos: no enri­que­cer el mar­xis­mo en esta pro­ble­má­ti­ca has­ta fina­les de la déca­da de 1960, con lo que se per­die­ron unos años impor­tan­tes en la lucha de cla­ses; y mien­tras tan­to dejar vía abier­ta a la «cien­cia» de la mer­can­ti­li­za­ción de la polí­ti­ca mani­pu­lan­do la estruc­tu­ra psí­qui­ca de las masas alie­na­das con téc­ni­cas de már­que­tin comer­cial. Los dos efec­tos nega­ti­vos for­ta­le­cie­ron la patria bur­gue­sa en momen­tos crí­ti­cos para el capital.

Si en 1914 la social­de­mo­cra­cia fue inca­paz de acti­var la con­cien­cia inter­na­cio­na­lis­ta que había pro­cla­ma­do pom­po­sa­men­te en sus con­gre­sos, en los años trein­ta ella más los par­ti­dos comu­nis­tas no supie­ron com­ba­tir al fas­cis­mo por varias razo­nes, des­ta­can­do entre ellas la incom­pren­sión de que la lucha de cla­ses tam­bién se libra en la sub­je­ti­vi­dad del pro­le­ta­ria­do y del pue­blo opri­mi­do en su tota­li­dad. Lo gobier­nos de la Repú­bli­ca de Wei­mar no qui­sie­ron movi­li­zar al pue­blo con­tra el fas­cis­mo en ascen­so des­de 1929 y eso cuan­do el pro­le­ta­ria­do ale­mán podía acer­car­se al momen­to crí­ti­co de crear su patria socia­lis­ta. El KPD pen­sa­ba que se esta­ban crean­do las con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas para una insu­rrec­ción obre­ra que die­ra el poder al pro­le­ta­ria­do, pero la vic­to­ria nazi des­ba­ra­tó y des­tro­zó el deci­si­vo proyecto.

Hitler había sido infor­man­te del ser­vi­cio de inte­li­gen­cia mili­tar y es pro­ba­ble que la segu­ri­dad ale­ma­na estu­vie­ra más o menos al tan­to de que los comu­nis­tas pre­pa­ra­ban «algo», lo que ayu­da a expli­car la rapi­dez en los cam­bios intro­du­ci­dos en la suce­sión de gobier­nos has­ta dar­le el poder a Hitler, ade­más tenien­do en cuan­ta que empe­za­ba a bajar el apo­yo elec­to­ral al nazis­mo mien­tras se man­te­nía o aumen­ta­ba el de la social­de­mo­cra­cia y los comu­nis­tas. Para ani­qui­lar de raíz el avan­ce del pue­blo obre­ro, el capi­tal lan­zó al perro fas­cis­ta para impe­dir­lo no solo con un terror geno­ci­da des­co­no­ci­do has­ta enton­ces sino tam­bién con una ideo­lo­gía nacio­na­lis­ta en la que la «nue­va patria» se sus­ten­ta­ba en una efi­caz téc­ni­ca de pro­vo­ca­ción de mie­dos, ansie­da­des y anhe­los reprimidos.

Si la repre­sión fas­cis­ta gol­peó en Ale­ma­nia des­de 1933 a 1945, en Chi­na en 1932 el mili­ta­ris­mo japo­nés ata­có Shanghái y sus alre­de­do­res con un ejér­ci­to de 200.000 sol­da­dos con­tra un ejér­ci­to chino de 40.000. La bata­lla fue sal­va­je, pero las zonas más des­tro­za­das fue­ron las popu­la­res, la de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras, mien­tras que las zonas ricas, las de la bur­gue­sía, sufrie­ron mucho menos. ¿Casua­li­dad? Enton­ces se deba­tía en el Kuo­min­tang, par­ti­do de la bur­gue­sía nacio­na­lis­ta, sobre si lo pri­me­ro era aplas­tar a los comu­nis­tas y lue­go a los japo­ne­ses como se esta­ba hacien­do o, si a la inver­sa, unir fuer­zas con los comu­nis­tas para expul­sar a los inva­so­res. Lo cier­to es que bajo la fero­ci­dad japo­ne­sa, los bur­gue­ses sufrie­ron menos que los trabajadores.

Japón com­pren­día que los comu­nis­tas eran el ver­da­de­ro enemi­go nacio­nal de cla­se para su impe­ria­lis­mo. El Kuo­min­tang, defen­sor a ultran­za del capi­ta­lis­mo, podía nego­ciar con­ce­sio­nes y de hecho en varios momen­tos se alió con Japón con­tra los comu­nis­tas. El Kuo­min­tang hacía todo lo que esta­ba en sus manos para asfi­xiar al PCCh en el sumi­nis­tro de armas, dine­ro, infor­ma­ción, etc., inclu­so en las fases en las que cola­bo­ra­ron jun­tos con­tra los japo­ne­ses. Por eso cuan­do para 1933 – 1934 apa­re­ció la «repú­bli­ca sovié­ti­ca» en Jui­chin y otras comu­nas rojas con miles de miem­bros, el Kuo­min­tang vio que se esta­ba ges­tan­do algo más que un embrión de patria obre­ra que pre­fi­gu­ra­ba el futu­ro de la Chi­na Popu­lar, y las ata­có has­ta destruirlas,

En Gali­za la vic­to­ria de la II Repú­bli­ca en 1931 acti­vó las luchas cam­pe­si­nas y obre­ras que se fue­ron orga­ni­zan­do con más liber­tad, uni­da al desa­rro­llo de la con­cien­cia lin­güís­ti­co-cul­tu­ral que era allí, como en tan­tas otras nacio­nes opri­mi­das, uno de los pasos ini­cia­les para el desa­rro­llo de la con­cien­cia nacio­nal. La lucha de maes­tros y maes­tras gale­gas sobre todo en Oren­se, fue una de las que más con­cien­cia­ron al pue­blo tra­ba­ja­dor. Es muy sig­ni­fi­ca­ti­vo que en 1932 el alcal­de de Com­pos­te­la ini­cia­se un movi­mien­to muni­ci­pa­lis­ta orien­ta­do al logro de la auto­no­mía gale­ga, vic­to­ria que se logró ofi­cial­men­te en 1936, pocos días antes de la suble­va­ción fran­quis­ta. Lo que nos intere­sa de estos pri­me­ros años de la déca­da de 1930 es que el Esta­do bien pron­to empe­zó a orga­ni­zar un pri­mer gol­pe mili­tar diri­gi­do por el gene­ral San­jur­jo falli­do en agos­to de 1932.

Vol­vien­do a Ale­ma­nia, la «nue­va patria» nazi no era una nega­ción total de la patria bur­gue­sa ale­ma­na, era su sal­va­je adap­ta­ción nece­sa­ria para derro­tar la patria obre­ra que lla­ma­ba a la puer­ta. Los pila­res esta­ban inclu­so refor­za­dos por el terror y la pro­pa­gan­da. ¿Qué pila­res? El de la into­ca­ble pro­pie­dad capi­ta­lis­ta, el de la nece­si­dad de expan­dir el terri­to­rio esta­tal aun a cos­ta de exter­mi­nios geno­ci­das, etc. El gran capi­tal, la Igle­sia y el ejér­ci­to lo enten­die­ron inme­dia­ta­men­te, como antes lo habían hecho en Ita­lia y lue­go, al ins­tan­te casi, lo harían en los Esta­dos fran­cés y espa­ñol, por no hablar del apo­yo de la fami­lia real bri­tá­ni­ca, de oli­gar­cas norteamericanos…

La capa­ci­dad nazi para atraer a la peque­ña y media­na bur­gue­sía, a sec­to­res libe­ra­les y cam­pe­si­nos, y a algu­nos obre­ros, indi­ca­ba que había dado con la cla­ve mani­pu­la­do­ra para aglu­ti­nar a la «Gran Ale­ma­nia» de cara a supe­rar la cri­sis de 1929 recu­pe­ran­do el poder impe­ria­lis­ta que tuvo. Para esta pobla­ción no exis­tían gran­des dife­ren­cias entre el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta pru­siano y el nazi, como no exis­te opo­si­ción fuer­te entre esta lar­ga ideo­lo­gía con el auto­ri­ta­ris­mo mili­ta­ris­ta ale­mán actual. Cual­quier bur­gue­sía intro­du­ce adap­ta­cio­nes en su nacio­na­lis­mo siem­pre y cuan­do se refuer­cen sus obje­ti­vos de poder o al menos se man­ten­gan con la mis­ma efec­ti­vi­dad que antes. Cen­te­na­res de miles de bur­gue­ses se acos­ta­ron fas­cis­tas, nazis, fran­quis­tas, así como jue­ces, poli­cías, perio­dis­tas, tor­tu­ra­do­res, mafio­sos… y ama­ne­cie­ron «demó­cra­tas de toda la vida», acep­tan­do que podrían vol­ver a «cam­biar de cha­que­ta»: todo sea por la ganancia.

El patrio­tis­mo bur­gués gira alre­de­dor de la cuen­ta corrien­te, del bol­si­llo en suma. Al menos, cin­co bur­gue­sías euro­peas –aus­tría­ca, fran­ce­sa, espa­ño­la, gale­ga y vas­ca– endu­re­cie­ron o aca­ba­ron con su demo­cra­cia para recom­po­ner la tasa de ganan­cia: a comien­zos de 1933 la dere­cha cató­li­ca filo­na­zi aus­tría­ca dio un gol­pe de Esta­do redu­cien­do drás­ti­ca­men­te dere­chos y liber­ta­des, pero la social­de­mo­cra­cia se negó a com­ba­tir el gol­pe y luchar con­tra el nazis­mo enva­len­to­na­do por la pasi­vi­dad social. La social­de­mo­cra­cia espe­ra­ba ven­cer al fas­cis­mo en las pró­xi­mas elec­cio­nes pero la dere­cha filo­na­zi pasó al ata­que en febre­ro de 1934, la cla­se obre­ra resis­tió cua­tro días en la Comu­na de Vie­na fun­cio­nan­do como una peque­ña «patria socia­lis­ta» has­ta su exterminio.

En ese mis­mo mes de febre­ro de 1934 una mani­fes­ta­ción de extre­ma dere­cha en París exi­gió el cese del gobierno con­ser­va­dor. Hubo tre­men­dos enfren­ta­mien­tos con muer­tos y heri­dos has­ta que el gobierno cedió a su exi­gen­cia, pero la izquier­da polí­ti­co-sin­di­cal con­tra­ata­có con gran­des movi­li­za­cio­nes derro­tan­do el inten­to fas­cis­ta. Deba­tes inter­nos y la estra­te­gia fren­te popu­lis­ta de la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal pro­pi­cia­ron la vic­to­ria elec­to­ral del Fren­te Popu­lar en mayo de 1936. Si ya exis­tía un avan­ce de la lucha de cla­ses, la vic­to­ria elec­to­ral mul­ti­pli­có expo­nen­cial­men­te la fuer­za obre­ra que impu­so gran­des con­quis­tas al capi­tal, ocu­pan­do fábri­cas, etc.

La bur­gue­sía tuvo mie­do y con el apo­yo del Fren­te Popu­lar fre­na­ron la lucha de cla­ses dicien­do que no se podía con­se­guir más mejo­ras. A la vez, el Fren­te Popu­lar se sumó al plan de no inter­ven­ción a favor de la II Repú­bli­ca espa­ño­la que resis­tía sin ape­nas medios al fas­cis­mo. Poco a poco, se fue debi­li­tan­do la moral obre­ra y cre­cien­do la bur­gue­sa lo que faci­li­tó que el gobierno fren­te popu­lis­ta recor­ta­se muchas con­quis­tas socia­les y la patro­nal pre­sio­na­ra con la fuga de capi­ta­les. León Blum dimi­tió en junio de 1937 y en abril de 1938 Dala­dier vol­vió al poder, el mis­mo pre­si­den­te que en 1934 cedió ante la extre­ma dere­cha. Fran­jas obre­ras se nega­ron a acep­tar la derro­ta, pero fue­ron ven­ci­das. Los obre­ros de la Renault fue­ron obli­ga­dos a salir de la fábri­ca salu­dan­do al esti­lo nazi gri­tan­do «¡Viva la poli­cía!». Se des­en­ca­de­nó la repre­sión y muchas sedes de izquier­das fue­ron cerra­das. En mayo de 1940 los nazis ocu­pa­ron el Esta­do fran­cés encon­tran­do una extre­ma dere­cha fuer­te que les ayu­dó a repri­mir atroz­men­te a las guerrillas.

El 18 de julio de 1936 una coa­li­ción con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria inten­tó derro­car al gobierno de la II Repú­bli­ca espa­ño­la demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­do. Mus­so­li­ni, Hitler, Sala­zar, gran­des capi­ta­lis­tas espa­ño­les e inter­na­cio­na­les, y el Vati­cano, ayu­da­ban a los gol­pis­tas con dine­ro, gaso­li­na, armas, tro­pas, apo­yo polí­ti­co-reli­gio­so y diplo­ma­cia inter­na­cio­nal. Avio­nes mili­ta­res nazis tras­la­da­ron tro­pas de Áfri­ca a Anda­lu­cía, ope­ra­ción que evi­tó la derro­ta inme­dia­ta de los suble­va­dos. Las «demo­cra­cias occi­den­ta­les» y el Fren­te Popu­lar fran­cés se decla­ra­ron «neu­tra­les», no sola­men­te no envia­ron ni una bala sino que vigi­la­ron para que no lle­ga­se nin­gu­na de otros sitios. Sola­men­te la URSS, la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal y volun­ta­rios anti­fas­cis­tas extran­je­ros lucha­ron con ella.

El gobierno de Madrid tenía datos sufi­cien­tes para al menos inten­tar des­ca­be­zar la direc­ción mili­tar del gol­pe pero no lo hizo; ade­más, lue­go per­dió unos días vita­les retra­san­do armar al pue­blo y pasar a la ofen­si­va. Si el arte de la insu­rrec­ción exi­ge auda­cia, rapi­dez y coor­di­na­ción, el arte de aplas­tar un gol­pe mili­tar reac­cio­na­rio exi­ge anti­ci­pa­ción repre­si­va, auda­cia, rapi­dez, coor­di­na­ción y movi­li­zar al pue­blo arma­do. En muchas ciu­da­des y nacio­nes opri­mi­das hubo insu­rrec­cio­nes, for­mán­do­se comu­nas, con­se­jos y mili­cias popu­la­res que ase­gu­ra­ban cam­bios socio­eco­nó­mi­cos y cul­tu­ra­les a veces revo­lu­cio­na­rios pero otras se que­da­ban a la mitad.

La débil bur­gue­sía repu­bli­ca­na bus­có ampu­tar la ini­cial demo­cra­cia obre­ra para inte­grar­la en su demo­cra­cia bur­gue­sa, revir­tien­do poco a poco las con­quis­tas nacio­na­les y socia­les que se habían logra­do con la excu­sa de que pri­me­ro era ganar la gue­rra y lue­go ganar la revo­lu­ción. Lo cier­to es que se per­dió la gue­rra y la revo­lu­ción se apa­gó des­de mayo de 1937. Aun así, el fas­cis­mo inter­na­cio­nal nece­si­to tres años, una impre­sio­nan­te ayu­da impe­ria­lis­ta y un terror interno metó­di­co para aplas­tar a la III Repú­bli­ca y a las nacio­nes que lucha­ban por sus liber­ta­des y derechos.

En Gali­za el Esta­tu­to de Auto­no­mía se había vota­do el 28 de junio de 1936, pero no pudo entrar en fun­cio­na­mien­to por­que el 18 de julio se pro­du­jo el gol­pe fas­cis­ta. El pue­blo tra­ba­ja­dor, la izquier­da revo­lu­cio­na­ria y repu­bli­ca­nos fie­les resis­tió des­de el 19 de julio en muchas zonas des­ta­can­do A Coru­ña, Ferrol y otras, sobre todo en la comar­ca de Vigo, la más impor­tan­te del momen­to, don­de se crea­ron mili­cias que com­ba­tie­ron a los mili­ta­res entre el 20 y el 28 con muy con­ta­das armas lige­ras y bom­bas case­ras. La derro­ta popu­lar fue segui­da de una repre­sión masi­va; cien­tos de per­so­nas tuvie­ron que escon­der­se, huir al mon­te o a Por­tu­gal. Dece­nas de ellas crea­ron gue­rri­llas en las altas cor­di­lle­ras que conec­tan Gali­za, León y Zamo­ra, e inclu­so otras lle­ga­ron a Asturias.

En Eus­kal Herria, la Comu­na de Donos­tia de verano de 1936 no superó el mie­do perruno al dere­cho de pro­pie­dad bur­gue­sa al no recu­pe­rar los capi­ta­les guar­da­dos en el ban­co de Gipuz­koa, lo que impo­si­bi­li­tó com­prar armas, per­tre­chos, ali­men­tos, etc., pese a lo cual resis­tió tres meses. La izquier­da tam­po­co se atre­vió a mili­ta­ri­zar total­men­te la moder­na indus­tria de Biz­kaia, entre­gán­do­la intac­ta a los inva­so­res que a los pocos días la pusie­ron en manos de téc­ni­cos nazis lle­ga­dos des­de Ale­ma­nia. En agos­to de 1937 la par­te del ejér­ci­to vas­co man­da­da por el PNV, la bur­gue­sía auto­no­mis­ta, se rin­dió en San­to­ña al fas­cis­mo ita­liano, pero el res­to siguió resis­tien­do. La crea­ción de la patria socia­lis­ta vas­ca solo se hubie­ra logra­do median­te la vic­to­ria revo­lu­cio­na­ria del pue­blo tra­ba­ja­dor lo que hubie­ra supues­to la lucha de cla­ses inter­na y la lucha con­tra la inva­sión externa.

Los cin­co casos ana­li­za­dos, Aus­tria, Esta­dos fran­cés y espa­ñol, Gali­za y Eus­kal Herria, nos lle­van al desa­rro­llo des­igual y com­bi­na­do de la patria obre­ra en los diver­sos paí­ses en los que la lucha de cla­ses des­bor­da­ba los cau­ces del orden impues­to. En el caso de Gali­za y Eus­kal Herria, nacio­nes opri­mi­das, la patria obre­ra era un peli­gro mayor para el Esta­do ocu­pan­te pre­ci­sa­men­te por­que esa patria obre­ra exi­gía la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo, es decir, des­tro­za­ba las raí­ces de la patria bur­gue­sa española.

En Chi­na, los comu­nis­tas orga­ni­za­ron muy pron­to comu­nas y repú­bli­cas sovié­ti­cas allí don­de libe­ra­ban un terri­to­rio has­ta que tenían que aban­do­nar­lo. La Lar­ga Mar­cha entre 1934 y 1935 fue un ejem­plo de cómo en las zonas libe­ra­das a lo lar­go de 12.500 kiló­me­tros sur­gían pode­res cam­pe­si­nos arma­dos, se ajus­ti­cia­ba a explo­ta­do­res y cola­bo­ra­cio­nis­tas, se socia­li­za­ban tie­rras y gana­dos que se repar­tían equi­ta­ti­va­men­te entre el cam­pe­si­na­do, se ini­cia­ba la edu­ca­ción inten­si­va y la sani­dad social, se cola­bo­ra­ba acti­va­men­te en la lucha gue­rri­lle­ra y, cuan­do no había más opción que la reti­ra­da del Ejér­ci­to Popu­lar de Libe­ra­ción, que­da­ban redes gue­rri­lle­ras clan­des­ti­nas que con­ti­nua­ban la gue­rra y que apa­re­ce­rían públi­ca­men­te en la ofen­si­va final.

Los comu­nis­tas chi­nos cono­cían la his­to­ria de soli­da­ri­dad comu­nal del cam­pe­si­na­do, su memo­ria de lucha, y se basa­ron en ellas para pre­fi­gu­rar la patria cam­pe­si­na y estre­char lazos con las luchas obre­ras. Hicie­ron lo que tan­tas fuer­zas revo­lu­cio­na­rias han hecho y hacían en ple­na Segun­da Gue­rra Mun­dial mien­tras com­ba­tían al inva­sor: for­mar al pue­blo y al ejér­ci­to, crear bases socio­eco­nó­mi­cas, pre­ci­sar los pro­gra­mas socio­po­lí­ti­cos para des­pués de la gue­rra y una vez con­quis­ta­do el poder. La pre­fi­gu­ra­ción de la patria obre­ra y su sal­to a patria socia­lis­ta. Sería lar­go siquie­ra enu­me­rar la lar­ga lis­ta de pue­blos que se enfren­ta­ron al impe­ria­lis­mo duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial y déca­das posteriores.

¿Pier­de vigen­cia la patria obre­ra con los cam­bios acae­ci­dos en los últi­mos tiempos?

Una men­ti­ra de la pro­pa­gan­da neo­li­be­ral decía que el Esta­do ya no era nece­sa­rio por­que la lla­ma­da «glo­ba­li­za­ción» había desa­rro­lla­do sis­te­mas pro­duc­ti­vos, finan­cie­ros y de direc­ción mun­dia­li­za­dos que per­mi­tían admi­nis­trar fábri­cas, mer­ca­dos y socie­da­des casi en tiem­po real, en cues­tión de minu­tos median­te las nue­vas tec­no­lo­gías de comu­ni­ca­ción. Esta men­ti­ra inten­ta­ba argu­men­tar la inevi­ta­bi­li­dad del des­man­te­la­mien­to de los Esta­dos que exi­gía el Con­sen­so de Washing­ton de 1988 – 1990 que el impe­ria­lis­mo que­ría impo­ner a los pue­blos inclu­so a caño­na­zos si fue­ra nece­sa­rio. Iba refor­za­da la men­ti­ra por una pla­ga de plu­mí­fe­ros inte­lec­tua­les, perio­dis­tas y sier­vos del capi­tal que des­de la déca­da de 1970 habla­ban de la «muer­te del pro­le­ta­ria­do», el «fin de la his­to­ria», la «extin­ción del impe­ria­lis­mo», etc. La derro­ta de la OLP pales­ti­na en Bei­rut en 1982 pare­cía confirmarlo.

En el Esta­do espa­ñol, la famo­sa «inte­gra­ción en Euro­pa» impues­ta por el PSOE por man­da­to del capi­tal trans­na­cio­nal en la déca­da de 1980 tenía como fun­ción bási­ca crear una fuer­te pun­ta de lan­za en una pre­vi­si­ble gue­rra con el Pac­to de Var­so­via. Era la lla­ma­da «segun­da Gue­rra Fría» con el neo­li­be­ra­lis­mo des­ata­do de That­cher y Reagan, la fan­tas­ma­da de la «gue­rra de las gala­xias» y sobre todo la gue­rra nuclear tác­ti­ca inser­ta en la doc­tri­na mili­tar de la OTAN. En ella la penín­su­la ibé­ri­ca, el sur del Por­tu­gal, Anda­lu­cía y sobre todo Gali­za, cum­plían el papel de puer­tos de des­em­bar­co de la «ayu­da» de Esta­dos Uni­dos por­que eran más segu­ros que los puer­tos del nor­te de Europa.

Inse­pa­ra­ble de esta estra­te­gia era el enca­de­na­mien­to eco­nó­mi­co de Gali­za a los pla­nes de recon­ver­sión eco­nó­mi­ca impues­tos por Bru­se­las, por la CEE, para sacar al mer­ca­do los sobran­tes de leche, car­ne, pes­ca, etc., del nor­te. Gali­za sufrió una des­in­dus­tria­li­za­ción naval y del metal, para dedi­car­se al papel, ener­gía, alu­mi­nio y otras ramas en algu­nos sitios como Vigo, el Ferrol, etc., y al nar­co­ca­pi­ta­lis­mo que empe­zó a pudrir el país pre­ci­sa­men­te en esa déca­da de 1980. En 1984 el pue­blo tra­ba­ja­dor de Vigo sos­tu­vo una masi­va lucha con­tra la des­in­dus­tria­li­za­ción duran­te la cual se reali­zó una impre­sio­nan­te mani­fes­ta­ción de 300.000 per­so­nas el 14 de febre­ro de ese año. Pero Gali­za esta­ba inde­fen­sa a pesar de su fuer­te patrio­tis­mo obre­ro por­que el ocu­pan­te espa­ñol repri­mía la Repú­bli­ca Gale­ga y su Esta­do socia­lis­ta, y a pesar de que una par­te de ese patrio­tis­mo apli­ca­se en esa épo­ca la inter­ac­ción de todas las for­mas de lucha.

La implo­sión de la URSS y el cor­to perío­do de eufo­ria eco­nó­mi­ca de comien­zos de la déca­da de 1990, daba a enten­der que todo lo dicho sobre la «extin­ción del Esta­do», era ver­dad. Se decía que la «caí­da de Cuba», de Viet­nam, Corea del Nor­te, Laos y la vuel­ta del capi­ta­lis­mo a Chi­na Popu­lar, eran inme­dia­tas. Pero este mon­ta­je tenía dos fallos garra­fa­les: uno, los gran­des paí­ses no renun­cia­ban a sus Esta­dos y sí exi­gían a los demás que lo hicie­ran; y, dos, la mar­cha real de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta vol­ve­ría a demos­trar al poco tiem­po que aque­llos pue­blos que no se defen­dían eran aplas­ta­dos. La demo­le­do­ra cri­sis de los Cua­tro Tigres asiá­ti­cos de 1996 – 1997, Tai­wán, Corea del Sur, Sin­ga­pur y Hong Kong, y de los Tigres Meno­res, Mala­sia, Tai­lan­dia, Indo­ne­sia y Fili­pi­nas, cri­sis indu­ci­da des­de Esta­dos Uni­dos, indi­ca­ba que inclu­so los Esta­dos bur­gue­ses en rápi­da expan­sión debían tener pode­res inter­ven­cio­nis­tas mucho más fuer­tes que los dis­po­ni­bles. Jus­to lo opues­to al Con­sen­so de Washington.

El hun­di­mien­to de las Bol­sas impe­ria­lis­tas en 2001 que tenía su razón inme­dia­ta en los sor­pren­den­tes aten­ta­dos del 11‑S, demos­tra­ba sobre todo que el impe­ria­lis­mo era más débil de lo que apa­ren­ta­ba. La derro­ta del gol­pe de Esta­do con­tra Chá­vez por la acción de masas boli­va­ria­nas refor­zó la cer­ti­dum­bre de que el patrio­tis­mo obre­ro y popu­lar no había des­apa­re­ci­do en el mun­do, lo que se con­fir­mó tam­bién con la lar­ga movi­li­za­ción patrió­ti­ca de la Gali­za popu­lar con la cam­pa­ña Nun­ca Máis en ese mis­mo 2002. Esta movi­li­za­ción glo­rio­sa demos­tra­ba que el patrio­tis­mo obre­ro y popu­lar tie­ne muchas mane­ras de expre­sar­se aun­que según la lega­li­dad bur­gue­sa, el poder ofi­cial estu­vie­ra en manos de la dere­cha más reac­cio­na­ria, cega­ta e irracional

Muy poco des­pués esta­lló la ter­ce­ra Gran Depre­sión en 2007 – 2008 que ha ido agra­ván­do­se por fases de alza y baja has­ta encon­trar­se aho­ra en su peor momen­to. En mayo de 2009 el pue­blo tra­ba­ja­dor se puso en pie en Vigo con­tra la des­truc­ción de sus con­di­cio­nes vida y tra­ba­jo median­te la liqui­da­ción de bue­na par­te de su base indus­trial: 2.500 empre­sas y 27.000 tra­ba­ja­do­res, al prin­ci­pio, mos­tra­ban que se man­te­nía vivo el patrio­tis­mo obre­ro y popu­lar de Nun­ca Máis. Una vez más, la domi­na­ción espa­ño­la, incon­di­cio­nal­men­te apo­ya­da por la bur­gue­sía gale­ga, cas­ti­ga­ba al pue­blo obre­ro para bien el capi­tal y de rebo­te de su Esta­do nacio­nal-bur­gués ya supe­di­ta­do dócil­men­te a los intere­ses del imperialismo.

Si hace­mos un repa­so rápi­do de los prin­ci­pa­les fren­tes de com­ba­te obre­ro y popu­lar en la Gali­za de los últi­mos cua­tro años, des­de junio de 2022, cuan­do el des­plo­me de la indus­tria del país fue el más dra­má­ti­co del capi­ta­lis­mo esta­tal con una caí­da del 8%, vemos que tie­nen una unión direc­ta con la com­ple­ja con­cien­cia nacio­nal que es la base sobre la que se ele­va el patrio­tis­mo obre­ro. Ade­más de la poli­fa­cé­ti­ca lucha nacio­nal de cla­se cuyas for­mas reco­rren con diver­sa inten­si­dad todo el país, tam­bién tene­mos la defen­sa y recu­pe­ra­ción de la len­gua y cul­tu­ra popu­lar gale­ga; la lucha con­tra la devas­ta­ción socio­eco­ló­gi­ca en con­tra de bru­ta­li­da­des como Altri y en exi­gen­cia de que se aca­be con los incen­dios; las movi­li­za­cio­nes recien­tes con­tra el mili­ta­ris­mo y la OTAN; la defen­sa de ser­vi­cios públi­cos de salud, edu­ca­ción, trans­por­te, infraestructuras…

Espe­cial aten­ción debe­mos dar­le al deba­te estra­té­gi­co para el patrio­tis­mo gale­go que se ha libra­do y se segui­rá libran­do sobre el sig­ni­fi­ca­do y la vigen­cia de Cas­te­lao (1886−1950) como pri­mer pre­si­den­te de Gali­za. Al mar­gen aho­ra de lo que pen­se­mos sobre su idea­rio, lo cier­to es que su influen­cia sim­bó­li­ca siem­pre ha preo­cu­pa­do al Esta­do, por eso el impe­ria­lis­mo espa­ñol lo repri­mió o mani­pu­ló, pero no tuvo más reme­dio que tole­rar que en 2011 fue­ra decla­ra­do por la Jun­ta como «bien cul­tu­ral». Por deba­jo, mien­tras tan­to, la con­cien­cia gale­ga siguió libe­ran­do la his­to­ria nacio­nal has­ta lograr que en noviem­bre de 2024 el Par­la­men­to lo reco­no­cie­ra como pri­mer pre­si­den­te galego.

Cas­te­lao nos con­du­ce direc­ta­men­te al enfren­ta­mien­to his­tó­ri­co entre los intere­ses del pue­blo tra­ba­ja­dor galle­go y los de la bur­gue­sía domi­nan­te, sos­te­ni­da por el Esta­do espa­ñol. El desa­rro­llo pos­te­rior de las con­tra­dic­cio­nes nacio­na­les y de cla­se que atra­vie­san a la nación tra­ba­ja­do­ra galle­ga, algu­nas de las cua­les hemos expues­to sucin­ta­men­te, encuen­tra en Mon­cho Reboi­ras su con­ti­nui­dad. En él con­ver­gen la resis­ten­cia orga­ni­za­da fren­te al fas­cis­mo y la opre­sión nacio­nal y la afir­ma­ción de un hori­zon­te estra­té­gi­co de eman­ci­pa­ción: la inde­pen­den­cia socia­lis­ta. La uni­dad dia­léc­ti­ca entre pasa­do, pre­sen­te y futu­ro con­vier­te así a Reboi­ras en la supera­ción his­tó­ri­ca de Cas­te­lao, en el desa­rro­llo polí­ti­co y tác­ti­co que el pen­sa­mien­to del rian­xei­ro había abierto.

Cas­te­lao murió en el exi­lio en 1950 y Reboi­ras fue ase­si­na­do por la poli­cía espa­ño­la en 1975. En ese cuar­to de siglo, la nación galle­ga expe­ri­men­tó pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes eco­nó­mi­cas, socia­les y polí­ti­cas que cris­ta­li­za­ron en el sur­gi­mien­to de un movi­mien­to de libe­ra­ción nacio­nal de carác­ter inde­pen­den­tis­ta, socia­lis­ta y de cla­se. Fue en ese con­tex­to don­de la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria impul­sa­da por Reboi­ras tras­la­dó el nacio­na­lis­mo galle­go al terreno de la auto­or­ga­ni­za­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, del sin­di­ca­lis­mo nacio­na­lis­ta de cla­se y de la cons­truc­ción de movi­mien­tos nacio­nal-popu­la­res capa­ces de arti­cu­lar la lucha por la sobe­ra­nía con las rei­vin­di­ca­cio­nes socia­les de las mayo­rías explo­ta­das. Esa orien­ta­ción tác­ti­ca, lejos de per­te­ne­cer úni­ca­men­te a una eta­pa his­tó­ri­ca ya con­clui­da, con­ti­núa vigen­te como uno de los ejes fun­da­men­ta­les de la lucha del pue­blo galle­go por su emancipación.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 20 de junio de 2026

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