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Comu­ni­dad de bie­nes y pre­fi­gu­ra­ción socialista

Tabla de contenidos

Nota: tex­to para la char­la-deba­te con el títu­lo: Luchas por la defen­sa de lo comu­nal en Eus­kal Herria. Lo comu­nal en el capi­ta­lis­mo actual en Eus­kal Herria. Lo comu­nal en el capi­ta­lis­mo inter­na­cio­nal, Alda­be Gizar­te Etxea-Cen­tro Cul­tu­ral Alda­be el 8 de mayo a las 18h30.

«Antes que nada, ten­drá que qui­tar la explo­ta­ción de la indus­tria y de todos los ramos de la pro­duc­ción en gene­ral de manos de los indi­vi­duos ais­la­dos y en com­pe­ten­cia entre sí, hacien­do que en cam­bio los explo­te toda la socie­dad, es decir por cuen­ta de la colec­ti­vi­dad, con­for­me a un plan colec­ti­vo […] abo­li­rá la com­pe­ten­cia y la sus­ti­tui­rá por la aso­cia­ción. […] debe­rá abo­lir así mis­mo la pro­pie­dad pri­va­da, y su lugar será ocu­pa­do por la uti­li­za­ción colec­ti­va de todos los ins­tru­men­tos de pro­duc­ción y la dis­tri­bu­ción de todos los pro­duc­tos por acuer­do común, o sea por la así lla­ma­da comu­ni­dad de bie­nes. La abo­li­ción de la pro­pie­dad pri­va­da es, inclu­so, el resu­men más bre­ve y carac­te­rís­ti­co de la trans­for­ma­ción de todo el orden social nece­sa­ria­men­te ema­na­do del desa­rro­llo de la indus­tria, y por ello los comu­nis­tas la des­ta­can, con razón, como su exi­gen­cia fundamental.»

Comu­ni­dad de bie­nes y dere­cho consuetudinario

Engels escri­bió estas pala­bras en noviem­bre de 1847 en el borra­dor lla­ma­do Prin­ci­pios del comu­nis­mo que debía ser ter­mi­na­do al poco tiem­po para cum­plir el encar­go que la Liga de los Comu­nis­ta le había hecho a él y a Marx. El males­tar obre­ro y cam­pe­sino aumen­ta­ba en Euro­pa y los comu­nis­tas espe­ra­ban un pró­xi­mo esta­lli­do revo­lu­cio­na­rio como suce­de­ría al cabo de pocos meses. Los­Prin­ci­pios debían for­mar teó­ri­ca y polí­ti­ca­men­te a las cla­ses explo­ta­das para ven­cer en esa bata­lla que se veía inmi­nen­te pero su pro­ver­bial espí­ri­tu auto­crí­ti­co les hizo releer­lo de nue­vo y uti­li­zar­lo des­de fina­les de 1847 para publi­car­lo en febre­ro de 1848 con el títu­lo de Mani­fies­to del Par­ti­do Comunista.

La cone­xión entre ambos tex­tos es tan obvia que no mere­ce la pena exten­der­se en ella, pero sí es impor­tan­te recor­dar que pocos años antes, en los escri­tos de 1842 – 1843, Marx había defen­di­do abier­ta y radi­cal­men­te el dere­cho con­sue­tu­di­na­rio, el dere­cho pre­ca­pi­ta­lis­ta de los y las cam­pe­si­nas a hacer uso de las rique­zas de las tie­rras y bie­nes comu­nes pri­va­ti­za­dos por la ascen­den­te bur­gue­sía ale­ma­na. Pero Marx no solo defen­dió ese dere­cho pre­ca­pi­ta­lis­ta, tam­bién cri­ti­có áspe­ra­men­te la bru­ta­li­dad repre­si­va de la poli­cía encar­ga­da de defen­der el dere­cho de pro­pie­dad burguesa.

Os haréis la pre­gun­ta: ¿qué impor­tan­cia tie­ne para nues­tro tema retro­ce­der a la Euro­pa de hace alre­de­dor de 184 años? Solo hay una res­pues­ta, como ima­gi­na­réis: toda. Una de las razo­nes fun­da­men­ta­les de la pri­me­ra gue­rra car­lis­ta con­clui­da en 1840 había sido la defen­sa de los comu­na­les ame­na­za­dos por el libe­ra­lis­mo pri­va­ti­za­dor diri­gi­do des­de Madrid con el apo­yo de la bur­gue­sía vas­ca. En reali­dad, la defen­sa de los comu­na­les fue una cons­tan­te que reco­rre direc­ta o indi­rec­ta­men­te la lar­ga his­to­ria de las matxi­na­das des­de el siglo XVI, por no retro­ce­der más en los tiem­pos, pero se agu­di­za des­de fina­les del siglo XVIII e ini­cios del siglo XIX con los ata­ques nacio­na­lis­tas franco-españoles.

Si segui­mos el pro­ce­so de cen­tra­li­za­ción esta­tal del nacio­na­lis­mo espa­ñol des­de fina­les del siglo XVIII des­cu­bri­mos que, como en todo país capi­ta­lis­ta, la expro­pia­ción y la pri­va­ti­za­ción de los bie­nes comu­na­les, de las pro­pie­da­des de la Igle­sia, etc., las tie­rras de las «manos muer­tas», fue inten­si­fi­cán­do­se en la medi­da en que el Esta­do nece­si­ta­ba más y más recur­sos por­que no le bas­ta­ba con lo obte­ni­do con la explo­ta­ción de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras. La des­amor­ti­za­ción de Godoy entre 1799 y 1808 iba fun­da­men­tal­men­te diri­gi­da a la expro­pia­ción de los bie­nes ecle­siás­ti­cos, algu­nos de los cua­les ayu­da­ban a sobre­vi­vir al cam­pe­si­na­do. Algo muy pare­ci­do suce­día con la des­amor­ti­za­ción de Men­di­zá­bal de 1836 que sí tenía un obje­ti­vo cen­tral: for­ta­le­cer al ejér­ci­to espa­ñol que sufría serias difi­cul­ta­des en la gue­rra car­lis­ta de 1833 – 1840 más aun tenien­do en cuen­ta la des­pro­por­ción de medios a favor del Esta­do lla­ma­do «libe­ral». En esta gue­rra, el com­po­nen­te cam­pe­sino del car­lis­mo vas­co era muy cons­cien­te de que uno de sus fines más cru­cia­les, si no el que más, era la defen­sa de los comu­na­les y de otros dere­chos reco­gi­dos en las Leyes Forales.

La des­amor­ti­za­ción de Madoz en 1855 per­ju­di­có mucho al cam­pe­si­na­do por­que se cen­tró en los bie­nes públi­cos de los ayun­ta­mien­tos, endeu­da­dos por múl­ti­ples razo­nes de entre las que des­ta­ca la ava­ri­cia acu­mu­la­ti­va de bur­gue­sías loca­les enva­len­to­na­das por la debi­li­dad cre­cien­te del cam­pe­si­na­do del Esta­do. Fue un inten­to de reba­ñar el fon­do de la cazue­la de los bie­nes muni­ci­pa­les que la bur­gue­sía nece­si­ta­ba con urgen­cia dada la situa­ción de la Hacien­da esta­tal, pero para Eus­kal Herria fue tam­bién una adver­ten­cia de que el Esta­do no se iba a dete­ner en la liqui­da­ción de las Leyes Fora­les que garan­ti­za­ban los comunales.

Ocu­pa­cion mili­tar y privatización

La abo­li­ción de los Fue­ros en 1877 se reali­zó bajo ocu­pa­ción mili­tar tras la derro­ta de la gue­rra de 1872 – 1876, en la que el pue­blo tra­ba­ja­dor del momen­to sabía que se juga­ba la con­ti­nui­dad de los bie­nes comu­na­les y de las mis­mas Leyes Fora­les. Pero el desas­tre fue mayor de lo espe­ra­do por­que se impu­so la repre­sión lin­güís­ti­ca y cul­tu­ral, se pro­du­jo la para­li­za­ción casi total de las admi­nis­tra­cio­nes fora­les, varios miles de per­so­nas se exi­lia­ron en Ipa­rral­de, Esta­do fran­cés, Nues­tra­mé­ri­ca, etc. La bur­gue­sía espa­ño­la no espe­ra­ba encon­trar tan­tas difi­cul­ta­des en la admi­nis­tra­ción de la nación ocu­pa­da y por eso nego­ció en 1878 el Con­cier­to Eco­nó­mi­co con la eli­te vas­ca, una alian­za de cla­se sin la cual ape­nas fun­cio­na­ría la administración.

Mien­tras, el cam­pe­si­na­do se enfren­ta­ba a un pano­ra­ma demo­le­dor tenien­do que acep­tar la explo­ta­ción asa­la­ria­da en las fábri­cas para pagar deu­das, los comu­na­les eran saquea­dos y pri­va­ti­za­dos, la cla­se obre­ra empe­zó a reor­ga­ni­zar­se len­ta­men­te de modo que ya en 1890 esta­lló la pri­me­ra huel­ga gene­ral no solo en el país sino pro­ba­ble­men­te en Euro­pa. La peque­ña bur­gue­sía arrui­na­da por la cri­sis empe­zó a pasar del fue­ris­mo al nacio­na­lis­mo bur­gués. El sen­ti­mien­to nacio­nal ante­rior a la derro­ta de 1876, cuyo sím­bo­lo era el Ger­ni­ka­ko Arbo­la de Ipa­rra­gi­rre, encar­ce­la­do en 1853 y su himno prohi­bi­do, se fue adap­tan­do a las nue­vas con­di­cio­nes: la impre­sio­nan­te movi­li­za­ción popu­lar de la Gama­za­da de 1893 – 1894 con espe­cial fuer­za en Nafa­rroa, lo demostraba.

La cul­tu­ra popu­lar se negó a olvi­dar la impor­tan­cia refe­ren­cial de lo comu­nal en las nor­mas socia­les del país sien­do esta iden­ti­dad popu­lar uno de los secre­tos de la arrai­ga­da cos­tum­bre auto­or­ga­ni­za­ti­va, comu­ni­ta­ria y hori­zon­tal de las prác­ti­cas de resis­ten­cia y de lucha del pue­blo tra­ba­ja­dor, tam­bién en la gue­rra cul­tu­ral. Los inten­tos del roman­ti­cis­mo año­ran­te de la inte­lec­tua­li­dad nacio­na­lis­ta bur­gue­sa, ensal­zan­do mitos cam­pe­si­nos, no pudie­ron borrar la per­vi­ven­cia del recuer­do comu­na­lis­ta en el pue­blo obre­ro en unos años de dura lucha de cla­ses, de cri­sis como las de 1921 y 1929, de dic­ta­du­ra mili­tar como la de 1923 – 1931, etc.

Pues bien, el desa­rro­llo del mar­xis­mo vas­co des­de 1921 faci­li­tó que en mayo de 1933 el docu­men­to pro­gra­má­ti­co de la Fede­ra­ción Vas­co-Nava­rra del Par­ti­do Comu­nis­ta de Eus­ka­di hicie­ra un per­ma­nen­te lla­ma­mien­to a aca­bar con los terra­te­nien­tes y gran­des pro­pie­ta­rios de tie­rras, a exi­gir su nacio­na­li­za­ción y su repar­to entre el cam­pe­si­na­do, a anu­lar las deu­das que les asfi­xia­ban cada vez más, etc., sin indem­ni­za­ción a los anti­guos pro­pie­ta­rios. Ade­más, este lla­ma­mien­to era par­te de la lucha con­tra el Esta­tu­to de Auto­no­mía y el Con­cier­to Eco­nó­mi­co y a favor de la Amnis­tía, para aca­bar con el «impe­ria­lis­mo espa­ñol» (sic) que opri­mía a Eus­kal Herria avan­zan­do en la «inde­pen­den­cia nacio­nal» según el cri­te­rio leni­nis­ta del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción. Has­ta hace pocos años no se han estu­dia­do las lec­cio­nes de la Comu­na de Donos­tia, y de otras meno­res, del verano de 1936 orga­ni­zan­do al pue­blo obre­ro para resis­tir duran­te tres deci­si­vos meses al avan­ce de la con­tra­rre­vo­lu­ción fran­quis­ta que, a su vez, era lucha de cla­ses en el inte­rior de Eus­kal Herria.

La dic­ta­du­ra fran­quis­ta faci­li­tó des­de 1958 el desa­rro­llo del coope­ra­ti­vis­mo capi­ta­lis­ta repre­sen­ta­do por MCC-Arra­sa­te como muro de con­ten­ción e inte­gra­ción de la nue­va lucha de cla­ses que se ini­cia­ba. Se inten­si­fi­có así el muy nece­sa­rio deba­te sobre las rela­cio­nes entre coope­ra­ti­vis­mos varios, auto­ges­tión, coges­tión, etc., y el poten­cial eman­ci­pa­dor de lo comu­nal, de la per­ma­nen­te uto­pía roja de la «comu­ni­dad de bie­nes» rei­vin­di­ca­da por Engels en la cita de arri­ba. Recor­de­mos que en aque­llos años la lla­ma­da «doc­tri­na social» (¿?) de la Igle­sia defen­día una «jus­ti­cia social» que nega­ba la lucha de cla­ses a pesar de que muchos curas obre­ros y mili­tan­tes deba­tían las rela­cio­nes entre el cris­tia­nis­mo y el mar­xis­mo en las que las uto­pías rojas eran una refe­ren­cia: los curas defen­so­res del coope­ra­ti­vis­mo capi­ta­lis­ta eran pre­mia­dos y los curas mili­tan­tes y obre­ros eran encarcelados.

Comu­nas y revolución

La dis­cu­sión sobre el poten­cial revo­lu­cio­na­rio de la sim­ple idea del poder comu­nal se inten­si­fi­có des­de la segun­da mitad del siglo XX has­ta aho­ra. Y es que hay que decir que si bien, como hemos vis­to, ya des­de el ini­cio del mar­xis­mo la defen­sa a ultran­za del dere­cho con­sue­tu­di­na­rio es inne­ga­ble, su ade­cua­ción y exten­sión dio un sal­to a raíz de la cons­ta­ta­ción por Marx hecha en 1867 en El Capi­tal sobre la capa­ci­dad de resis­ten­cia anti­co­lo­nial de las comu­nas cam­pe­si­nas y de las socie­da­des india y chi­na, así como su visi­ta a Arge­lia poco antes de su muer­te. Lec­ción que se exten­dió a Euro­pa en la Comu­na de París de 1871 lo que lle­vó a Engels a auto­cri­ti­car­se en 1875 sobre que no se debe­ría hablar de Esta­do sino de Comu­na. Los deba­tes sobre el poten­cial revo­lu­cio­na­rio de la comu­na cam­pe­si­na rusa poco tiem­po des­pués, sobre los soviets y las comu­nas revo­lu­cio­na­rias como la de Bavie­ra y otras pos­te­rio­res, etc., no hicie­ron sino mos­trar la urgen­cia de una refle­xión más pro­fun­da y abar­ca­do­ra, tal cual vol­vió a ver­se en las gue­rras de libe­ra­ción anti­im­pe­ria­lis­ta des­de la Chi­na de fina­les de la déca­da de 1920 has­ta el presente.

Las luchas de libe­ra­ción anti­im­pe­ria­lis­ta toma­ron fuer­za por­que tam­bién y ade­más de otras razo­nes peren­to­rias como aca­bar con la explo­ta­ción, igual­men­te por­que rei­vin­di­ca­ban la recu­pe­ra­ción de las rique­zas del país saquea­das por el impe­ria­lis­mo, no solo por­que pro­po­nían una socie­dad mejor que supe­ra­se el empo­bre­ci­mien­to y la enfer­me­dad. La recu­pe­ra­ción de los recur­sos expo­lia­dos era una nece­si­dad en sí mis­ma pero tam­bién lo era la recu­pe­ra­ción de la cul­tu­ra y de la len­gua pro­pia des­pla­za­da cuan­do no humi­lla­da por la indus­tria polí­ti­co-cul­tu­ral de Occi­den­te sos­te­ni­da por el impe­ria­lis­mo. De una u otra for­ma, lo que se movía por deba­jo de estas rei­vin­di­ca­cio­nes era la exi­gen­cia de los pue­blos de ser pro­pie­ta­rios de ellos mis­mos y de sus recursos.

Así, la recu­pe­ra­ción de los bie­nes comu­na­les apa­re­cía de nue­vo en la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta como una nece­si­dad inelu­di­ble, pero tam­bién en las luchas de cla­ses den­tro de los paí­ses impe­ria­lis­tas en los que sus bur­gue­sías quie­ren aca­bar de una vez por todas con los gas­tos socia­les y públi­cos que entien­den como un «des­pil­fa­rro» que mal­edu­ca a las cla­ses obre­ras a no tra­ba­jar, a gan­du­lear, a vivir de la limos­na de los «empren­de­do­res», de los empre­sa­rios que dicen que han «triun­fa­do» en la vida gra­cias a sus esfuer­zos personales.

Des­de fina­les de la Edad Media, la noble­za, la bur­gue­sía y los cam­pe­si­nos ricos que­rían apro­piar­se de los comu­na­les pero tam­bién des­truir la míni­ma inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca, pro­duc­ti­va, de cam­pe­si­nos y arte­sa­nos, las peque­ñas huer­tas y talle­res, el poco gana­do domés­ti­co, etc., deján­do­los al bor­de del ham­bre, sin vivien­da, en la indi­gen­cia total para que tuvie­ran que acep­tar las con­di­cio­nes de tra­ba­jo explo­ta­do, inclu­so aban­do­nán­do­los a la ina­ni­ción. El mal­tu­sia­nis­mo es una jus­ti­fi­ca­ción inmo­ral de por qué hay que lle­var al extre­mo el empo­bre­ci­mien­to de las cla­ses tra­ba­do­ras para que acep­ten la más bru­tal explo­ta­ción sin resis­tir­se, sin luchar, con resig­na­ción cris­tia­na. Por algo, Mal­thus era un eru­di­to sacer­do­te angli­cano. El mal­tu­sia­nis­mo está sien­do actua­li­za­do direc­ta­men­te o con otros nom­bres por corrien­tes cris­tiano-sio­nis­tas, evan­ge­lis­tas, etc., actuales.

Las cla­ses explo­ta­do­ras pre­sio­nan para hun­dir en la inde­fen­sión total a las explo­ta­das para que no ten­gan más reme­dio que acep­tar sus exi­gen­cias opre­so­ras. El ham­bre y la enfer­me­dad son ins­tru­men­tos de domi­na­ción. La pri­va­ti­za­ción de los bie­nes comu­nes es par­te de esta estra­te­gia por­que aumen­tan el ham­bre y la mise­ria de las pobla­cio­nes. La cla­se pro­pie­ta­ria siem­pre ha ata­ca­do el dere­cho con­sue­tu­di­na­rio por­que amplia­ba la inde­pen­den­cia de las cla­ses explo­ta­das para sobre­vi­vir sin ser explo­ta­das o sién­do­lo menos.

Los comu­na­les de 1842 – 1843 defen­di­dos por Marx ser­vían para solu­cio­nar urgen­cias vita­les como comi­da y calor, y por ello salud y un poco de auto­de­fen­sa con las armas que podían fabri­car por las minas de hie­rro, car­bón, etc., de uso común en tie­rras comu­na­les, pero ape­nas más. Pri­va­ti­zar un río pri­va­ba y pri­va de pes­ca y de agua pota­ble para las per­so­nas y para el gana­do, tam­bién impi­de el trán­si­to libre de mer­can­cías y el dis­fru­te lúdi­co. Aho­ra, pri­va­ti­zar auto­pis­tas, tre­nes, pla­yas, hos­pi­ta­les, escue­las y uni­ver­si­da­des, etc., supo­ne lo mis­mo pero peor.

La razón es muy sim­ple: antes de la indus­tria­li­za­ción defi­ni­ti­va, cuan­do la eco­no­mía euro­pea tenía gran­des exten­sio­nes agra­rias y pocas indus­trias, los comu­na­les faci­li­ta­ban jus­to la recom­po­si­ción de una fuer­za de tra­ba­jo que se des­gas­ta­ba mucho más en lo físi­co que en lo psi­co­so­má­ti­co, más en el tra­ba­jo sim­ple de la agri­cul­tu­ra con su mayor car­ga de ago­ta­mien­to cor­po­ral que en el tra­ba­jo com­ple­jo de la explo­ta­ción indus­trial con mucho mayor des­gas­te psi­co­so­má­ti­co, ner­vio­so, men­tal. En la medi­da en que la indus­tria­li­za­ción des­tro­za­ba y des­tro­za más rápi­da e inten­sa­men­te la fuer­za psi­co­so­má­ti­ca, la cla­se obre­ra fue pre­sio­nan­do y vuel­ve a pre­sio­nar con sus luchas para que en los lla­ma­dos «gas­tos públi­cos» se intro­du­je­ran e intro­duz­can de nue­vo todas aque­llas medi­das sani­ta­rias e higié­ni­cas, edu­ca­ti­vas y cul­tu­ra­les, de trans­por­te, de infra­es­truc­tu­ras, de ayu­das y ser­vi­cios socia­les, y sobre todo de reduc­ción drás­ti­ca del tiem­po de tra­ba­jo para aumen­tar el tiem­po libre, con­quis­tas que faci­li­ta­sen una mejor y más rápi­da recu­pe­ra­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, no solo físi­ca sino emo­cio­nal, psi­co­ló­gi­ca, afec­ti­va, artística.

Todos los estu­dios con­fir­man los efec­tos des­truc­to­res que la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta cau­sa en la estruc­tu­ra psi­co­fí­si­ca de los y las tra­ba­ja­do­ras, y de rebo­te en sus fami­lias. En la medi­da en la que esa pro­duc­ción se inten­si­fi­ca median­te el aumen­to pro­gra­ma­do de la plus­va­lía rela­ti­va y abso­lu­ta, median­te la res­tric­ción de dere­chos sin­di­ca­les y demo­crá­ti­cos, jun­to a los recor­tes en gas­tos socia­les y ayu­das públi­cas a guar­de­rías, escue­las, trans­por­tes, ali­men­ta­ción, espec­tácu­los, dere­chos bási­cos y un lar­go etcé­te­ra, en esta medi­da empeo­ra inevi­ta­ble­men­te la salud de las y los tra­ba­ja­do­res afec­ta­dos y tam­bién las per­so­nas de su entorno aun­que a otro nivel.

La bur­gue­sía odia el gas­to social, las inver­sio­nes públi­cas en sani­dad y en todas aque­llas áreas que exi­gen a su Esta­do des­em­bol­sar fon­dos para man­te­ner ins­ti­tu­cio­nes y «ser­vi­cios públi­cos» por los que el pro­le­ta­ria­do no paga nada o paga poco en el momen­to, sino lo que se le des­cuen­ta del sala­rio y en los impues­tos, sien­do el Esta­do y las ganan­cias del capi­tal las que abo­nan el res­to. Se tra­ta de la tram­pa del sala­rio dife­ri­do que ocul­ta el hecho real de que es la cla­se tra­ba­ja­do­ra la que, al final del pro­ce­so, car­ga con todos los gas­tos ya que solo ella, su fuer­za de tra­ba­jo explo­ta­da, es la úni­ca que crea rique­za, una de cuya par­te mayo­ri­ta­ria, la plus­va­lía, se apro­pia el capi­tal. No exis­te nada gra­tis para el pue­blo trabajador.

Para la bur­gue­sía cual­quier tipo de «ser­vi­cio públi­co» es un «dine­ro mal­gas­ta­do» por­que no le rin­de bene­fi­cio: gana más con hos­pi­ta­les pri­va­dos, con mon­tes pri­va­ti­za­dos que sobre­ex­plo­ta y los que­ma para cons­truir man­sio­nes de lujo o cobrar los segu­ros, con la indus­tria de la matan­za huma­na que con uni­ver­si­da­des gra­tui­tas bien dota­das, con los trans­por­tes pri­va­ti­za­dos aun­que ten­gan acci­den­tes que con bue­nos y segu­ros ser­vi­cios públi­cos, con las guar­de­rías pri­va­das aun­que peda­gó­gi­ca­men­te reac­cio­na­rias… Gana más invir­tien­do esas masas de capi­tal en sus corrup­cio­nes pri­va­das que en alum­bra­do, trans­por­te, ser­vi­cios higié­ni­cos y sani­ta­rios, cen­tros juve­ni­les, etc., en las barria­das empo­bre­ci­das en las que man­dan las dro­gas y los gru­pos fascistas.

Ante este dete­rio­ro impa­ra­ble de las con­di­cio­nes de vida y tra­ba­jo, la pacien­cia sumi­sa de la cla­se tra­ba­ja­do­ra tie­ne dos lími­tes: uno es el lími­te bio­ló­gi­co y social a par­tir del cual la vida es pues­ta en peli­gro; el otro es el lími­te de con­cien­cia alie­na­da, aco­bar­da­da o sumi­sa a par­tir del cual pue­de pro­du­cir­se el efec­to rebo­te comen­zan­do la resis­ten­cia a tan­ta injus­ti­cia. La his­to­ria de la lucha de cla­ses mues­tra que esos lími­tes varían según con­tex­tos, cir­cuns­tan­cias, bru­ta­li­dad repre­si­va, capa­ci­dad revo­lu­cio­na­ria, etc., pero tar­de o tem­prano siem­pre ter­mi­nan gene­ran­do resistencias.

Aquí es fun­da­men­tal la mili­tan­cia teó­ri­ca y polí­ti­ca para demos­trar que prác­ti­ca­men­te todas las rei­vin­di­ca­cio­nes que ata­ñen a la cali­dad de vida en su sen­ti­do socia­lis­ta, deben ser inclui­das en la defi­ni­ción de bie­nes comu­na­les, de comu­ni­dad de bie­nes por­que ata­ñen a la vida colec­ti­va e indi­vi­dual, por­que su socia­li­za­ción per­mi­ti­rá ganar tiem­po libre y adqui­rir más con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria siem­pre que haya una ágil inter­ac­ción entre la lucha por los comu­nes y la lucha con­tra el Esta­do como for­ma polí­ti­co-mili­tar del capi­tal, o sea por el poder socia­lis­ta. ¿Por qué?

No es lo mis­mo lla­mar a la edu­ca­ción, sani­dad, vivien­da, etc., «ser­vi­cios públi­cos» o «bie­nes comu­na­les». No lo es por­que la pri­me­ra se mue­ve en el mar­co de la ideo­lo­gía bur­gue­sa según la cual el Esta­do es una ins­ti­tu­ción bene­fac­to­ra que pres­ta «ser­vi­cios» a la «ciu­da­da­nía» –«Esta­do del bien­es­tar» – , mien­tras que la segun­da expre­sa la pro­pie­dad comu­nal, que no bur­gue­sa sino anti­bur­gue­sa, de las fuer­zas repro­duc­ti­vas, que son com­po­nen­tes inter­nos a las fuer­zas pro­duc­ti­vas –«productivo/​reproductivas»– de pro­pie­dad comu­nal, o en todo caso pro­pie­dad del Estado-comuna.

Sin repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo no pue­den exis­tir fuer­zas pro­duc­ti­vas, las pri­me­ras son impres­cin­di­bles para las segun­das y estas inter­ac­túan con las pri­me­ras para refor­zar­las. La repro­duc­ción que se rea­li­za den­tro del mar­co ideo­ló­gi­co bur­gués, el de los «ser­vi­cios a la ciu­da­da­nía» no ata­ca la pro­pie­dad pri­va­da por­que está en fun­ción de los intere­ses del capi­tal y de su Esta­do de cla­se, y está supe­di­ta­da al már­que­tin elec­to­ral de los par­ti­dos bur­gue­ses que uti­li­zan las pro­me­sas de esos ser­vi­cios como chan­ta­je y como recla­mo, como zanaho­ria para obte­ner más pol­tro­nas y como palos para que otros par­ti­dos obten­gan menos.

Por el con­tra­rio, luchar por los bie­nes comu­na­les, por vol­ver a comu­na­li­zar un bos­que, un mon­te, una fábri­ca aban­do­na­da por la patro­nal y recu­pe­ra­da por los tra­ba­ja­do­res uni­dos al movi­mien­to popu­lar y veci­nal, para, sobre esos espa­cios libe­ra­dos, crear luga­res de asam­bleas, ikas­to­las, come­do­res, dor­mi­to­rios, impren­tas y medios de comu­ni­ca­ción, cen­tro de arte, talle­res cien­tí­fi­cos, salas de salud psi­co­so­má­ti­ca, escue­las de auto­de­fen­sa, guar­de­rías, uni­ver­si­da­des rojas, ban­ca éti­ca, coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción y con­su­mo, seme­jan­te pra­xis crea expec­ta­ti­vas mate­ria­les de socia­lis­mo, lo va pre­fi­gu­ran­do en cier­ta for­ma, mul­ti­pli­ca la auto­con­fian­za y el pla­cer de la subversión.

Por eso, estas con­quis­tas son vili­pen­dia­das, ata­ca­das, repri­mi­das y cerra­das por la bur­gue­sía. Comu­nas, gaz­tetxes, cen­tros socia­les como Aska­ta­su­na de Turín y otros muchos, fábri­cas y cen­tros recu­pe­ra­dos y libe­ra­dos… son, a diver­sos nive­les, mues­tras del poten­cial de eman­ci­pa­ción de los bie­nes comu­na­les como pre­fi­gu­ra­cio­nes limi­ta­das pero reales del socia­lis­mo. Es a par­tir de lo leí­do has­ta aquí que pode­mos enten­der en su pleno sen­ti­do lo que nos que­ría decir Engels en la cita que ini­cia el texto.

La expe­rien­cia vas­ca como la de otros pue­blos es aplas­tan­te. La Repú­bli­ca Socia­lis­ta Vas­ca no exis­ti­rá si no es median­te la for­ma de un Estado-comuna.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 5 de mayo de 2026.

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